Si que les recomiendo buscar esta pieza, es preciosa. Oh, no me había dado cuenta de que el próximo cap va a ser el número cuarenta oh!
Si, ya lo sé, ya viene el final, es que como es Konoha Gakuen, es decir, la preparatoria Konoha, pues la historia se queda cuando los dos se graduan, pero la cosa es ¿en que circunstancias y situaciones lo harán?...
Oh, veo sangre, lemon, acción, mafia, disparos, balas, lazos de freternidad, amistad, amor, dolor, lágrimas, tensión, nervios, desventura, unión e infinidad de imágenes en mi cabeza para los últimos capítulos...
Estad preparados, a penas estoy afilando las garras...
Al abrir sus cansados y desubicados ojos solo se topó con el techo cuidadosamente labrado de su cuarto. Su cabello estaba esparcido por todas las almohadas y cojines que componían parte de su pieza encerrada en esas más de cuatro paredes de dimensiones extensas y hasta un balcón a unos cuentos pasos fuera de la cama bajando los escalones que componían su habitación.
Se arrulló de nuevo en su cama, -que de hecho tendría un tamaño matrimonial para ser solamente su cuarto-, guardándose entre sus brazos para solo volver a dormir como sospechaba lo había estado haciendo durante un par de horas.
Konoha Gakuen:
Los caminos de la vida en Naruto
No sabía como había llegado ahí y no le llamaba la atención averiguarlo, solo podía pensar en Gaara en esos momentos con el sueño acabado y con bastantes imágenes surcándole la mente y dejando mucho a la imaginación aunque no lo quisiere con respecto a Gaara y que este se fuere de viaje. Lo había visto en el aeropuerto y eso había sido lo último que había sabido de él, y, al parecer, sabría.
Capítulo 39: Melodía de caos
Pero por el momento no quería ocupar su mente en ello, recordando que tenían invitados en casa y que de seguro se habría desmayado en presencia de ellos la hizo levantarse y bajar a buscar a su padre y a su primo pidiendo una disculpa por haber preocupado a su socio y a la familia del mismo, así como ofendido por su decaimiento en pleno sitio público.
Solo que al bajar al segundo piso, pasando por el despacho a puertas cerradas de su padre pudo escuchar que debía estar muy ocupado con Madara Uchiha hablando de negocios y asuntos importantes de sus bancos como para no querer ser interrumpidos por ella. Así que mejor prefirió bajar hasta el segundo piso para buscar a su primo y también a Sasuke, quien de seguro debería estar muy lejano por estar cerca de su hermano mayor en el mismo punto geográfico del planeta.
Recordaba, no hacía muchos meses que Itachi había regresado a Japón para estar en su casa una temporada y a la vez con su hermano menor siendo esta su más grande preocupación. Pero lo que era el caso de estos dos Uchihas en específico, no se podía decir a ciencia cierta si lo que había era odio o amor, pues Itachi quería a Sasuke, pero este parecía odiarle con toda el alma.
Aunque los ánimos de Hinata se vieron muy aminorados al no encontrar a ninguno en el salón ni en comedor ni en las habitaciones consecutivas a estos, dudando bastante salir a buscarlos a los jardines de la mansión, prefirió regresar a la entrada para calzarse sus sandalias afelpadas de color azul marino que siempre usaba en casa para regresar al salón y tocar, aunque solo fuere un poco, alguna pieza que se supiere de memoria en el piano blanco marfil que su madre le había heredado al morir, pues muy niña la habían mandado a estudiar al extranjero, y después de regreso la trajo su padre a Japón de nuevo y poco había podido practicar con el. Cosa que cambiara en las últimas semanas...
Subió la tapa de las teclas, tocando con delicadeza y dulzura una así como sentándose en el banquillo a una distancia buena para alcanzar los pedales del piano. Recordaba ese sitio con mucho anhelo y melancolía. Antes de que su madre muriera y su hermana naciera, Hinata pasaba tardes enteras, aún con solo cinco años de edad, viendo a su madre tocar piezas y piezas y hasta obras enteras en aquel antiguo, cuidado y precioso piano blanco que ambas consideraban su recinto.
Estiró las manos y respiro profundo embebida en sus recuerdos cuando se tronó los dedos de las manos preparándose para tocar. Podía hacerlo sin partitura, y secretamente, solo para ella misma, y hasta hacía unas semanas también oculta de Naruto practicaba constantemente el piano por lo menos una vez a la semana tratando de resguardarse de la tristeza que la abatía al recordar la situación en la que se encontraba entre la espada y la pared con respecto a su vida.
No le había puesto interés laboral a esta actividad hasta que Sai se lo hubiere mencionado, y aunque no le gustara presumir su habilidad, lo cierto era que a pesar de haber abandonado la música por años al volver a retomarla en tiempo presente se mostraba en sus manos de pianista un talento nato abandonado en un rincón dedicado solo a empolvarse pero no desvirtuado.
A la vez, sin que se diera por enterada hasta después, un accidentado invitado pasaría por el salón precisamente en el momento en que ella se preparara para tocar una de las piezas que más le gustaba escuchar e interpretar con energía y sentimiento…
Colocó los dedos en su lugar incluso conociendo que notas seguir con los dedos aún si tuviere los ojos cerrados o vedados y tocó las primeras teclas produciendo un armonioso sonido deleitable al oído.
Una precisión increíble que demostraba Hinata, una velocidad, un talento, un corazón para la música asombroso. Rápida, correcta, sintiendo la música con cada nota, con cada alta y baja, con todo, tanto, que podría hacer sentir a cualquiera que le estuviere escuchando parte del cielo o del espacio en donde solo aquella melodía envolviera todos los sentidos con colores, sensaciones y sentimientos tan profundos que le arrancarían lágrimas a medio mundo.
Con el tiempo perfecto en su interpretación y sin poner atención a alguna otra cosa que hubiere en el ambiente o en la habitación, Hinata siguió tocando, abstraída en la música y con dedos prodigiosos en el piano ante un sublime ritmo en las manos, teniendo a Itachi mirándola desde atrás al haberse adentrado a la habitación cautivado por el talento y astucia de la Hyuuga con tanta pasión al tocar el piano sin partituras y solo de memoria una de las más bellas piezas que hubiere conocido y escuchado antes.
Atraídos por la música, bella y misteriosa proveniente de esa parte de la mansión Hyuuga, Sasuke se topó con Neji en la entrada del salón entrando juntos y en silencio al percatarse de que era Hinata la que esta sentada frente al piano tocando con tanta emoción y cordura para expresar todo lo que se pudiese elevar del alma con esas notas. Ambos se quedaron quietos al ver a Itachi detrás de Hinata pensando miles de cosas, pero aún con la atención sometida a la música de Hinata.
Extrañados también, mientras Hiashi y Madara bajaban juntos las escaleras, pudieron captar, reconociendo el talento y el sentimiento de aquella melodía, una preciosa interpretación saliendo a viva voz del salón de la mansión. No fue raro tampoco para Hiashi ver a alguno que otro sirviente embelesado por la música perdido fuera del planeta y descuidando sus labores para después retomarlas y fingir que no había pasado nada en su descuido en cuanto el y su socio se hacían presentes en la estancia.
Por alguna razón a Hiashi Hyuuga le pareció sentir y respirar la esencia de su difunta esposa en la mansión de nuevo.
Hinata seguía tocando, sintiéndose una con la música que ella misma estaba interpretando y que de nuevo se estaba sintiendo, como en muchas ocasiones, incrédula a que fuere ella la que la estuviere tocando, pero así era. Tenía talento y aptitudes y debía reconocerlo ella misma.
Incluso al oírse, con el volumen adecuado, podía sentir su alma saliéndose del pecho o más bien de las manos al expresarse de manera más hermosa posible.
Entonces pasó, con la mano en teclas graves presionando notas a la vez, sonó la primera parte final de la pieza. Y con su mano izquierda al compás de esta interpretó con lentitud, ceremonia y ritmo, las últimas notas deteniéndose precisamente en la última queriéndola alargar como si fuere posible, más de un segundo.
-Bravo- sonaron las primeras palmas que la alabaran, las únicas que sonaran en la habitación y bastante lentas y espaciadas detrás de ella obligándola a girar con los pelos de punta por la impresión y topándose con que era Itachi el que la estaba vanagloriando, aunque no solo él estaba en la habitación, sino también Sasuke, Neji, su padre y el socio del mismo. Eso la ruborizó como solo ella podría ponerse –No te conocía este talento Hinata san- se apagaron los pocos aplausos sinceros pero respetables y cuerdos para Hiashi y Madara que Itachi dio con educación y porte, aunque para él resultaba ser parte de su personalidad.
Algo apenada y con la mirada gacha Hinata se puso de pie reverenciándose más como disculpa que como agradecimiento.
-Si no me equivoco esa pieza debe ser Poema sin palabras ¿verdad?- comenzó a hablar Itachi de nuevo.
-Si, es esa- siguió reverenciada Hinata sin saber como tomar aquella situación de otra forma que no fuere sonrojándose al máximo.
-En vida mi madre solía tocar el piano también, es muy poco lo que se de partituras, pero esa me pareció muy familiar- sonrió con veracidad -¿No lo crees Sasuke?- acabó desconcertándolo y enfadándolo por hablarle, más si lo hacía enfrente de Hinata, pues a Sasuke no se le podría quitar la idea de la cabeza de que Itachi había sentenciado a sus padres a la muerte por haber arreglado el auto que ellos conducirían esa noche.
De haber sabido que el verdadero responsable era otro, Sasuke hubiere podido haber aprovechado todos los años que su hermano estuviere con él, y que incluso serían más. Pero como el hubiera no existe y este ínfimo detalle en la historia hubiere alterado por completo el rumbo del tiempo en el presente, las cosas hubieran sido muy distintas en ese caso.
-¿Tu madre tocaba el piano también?- lanzó a preguntarle Hinata.
-La verdad es que muy poco, pero sí, lo hacía-
-No sabía que tu hija tuviera ese talento…- divagó Madara con Hiashi al verlo tan entretenido midiendo parecidos mentalmente entre Hinata y su difunta esposa.
-Yo casi olvido mencionártelo-.
-Señor- se acercó una de las mucamas de la casa con una carta doblada en la mano –Es verdad, olvide darle esto a su hija, lo encontré en la basura y me parece es importante. Tal vez lo tiró en un descuido…- se lo daba con chaleco en mano al acabar su turno en la mansión e irse a casa.
-¿Qué es esto…?- se le quedó viendo el dirigente Hyuuga sin afán, pero al abrirlo descomunalmente sus ojos recibieron la noticia…
Señorita Hinata Hyuuga
Por medio de la presente nos es grato informarle que su solicitud para entrar a la academia ha sido aceptada…
-Tampoco habías mencionado nada de esto ¿verdad?- se portó con cizaña el Uchiha con él. Había alcanzado a ver de que se trataba la carta -¿Acaso se te olvidó que tenemos un trato? Socio.- en la mano de Hiashi la hoja se vio arrugada por la fuerza con la que la apretaba, casi similar a la que se desataba entre sus dientes al apretarlos mientras dirigía la vista furiosa hacia su hija ¿Desde hacía cuanto le estaba ocultando aquello? Era su padre ¿Por qué no había ido a hablarlo con él?
-¡Hinata!- se aproximó horrendo hacia ella, quien al verlo en ese estado perdió el color sintiendo como la fuerza abandonaba su cuerpo. Ni siquiera podía percibir la vergüenza que se sentiría al ser regañada por su padre frente a su amigo y el hermano de este, frente a sus amigos, no, nada de eso, solo el miedo que desde niña se le había aferrado a los huesos y a pedazos muy pequeños se le podría quitar.
Itachi pudo ver el respingo de la ojiperla con la voz de Hiashi. Tenía que ser un hombre de mano de hierro incluso con sus hijas o haberles infundado ese infame terror desde muy niñas, pues casi desde donde estaba a unos cuantos pasos de ella podía escuchar los gritos de una débil y pequeña niña golpeando el cristal del interior de los ojos de la Hyuuga pidiendo ayuda y libertad, llorando a lágrima viva y pidiendo clemencia. Como reacción no sabía si odiar a Hiashi o compadecer a Hinata. Quizas ambas.
-¿Qué… que pasa padre?- bajó hasta él con la mirada baja, casi como si se tratara de un perro regañado por su dueño.
-¿Por qué no me habías hablado de esto antes?- le entregó la carta de aceptación a su hija quien se quedara clavada al piso con fervor, e, instantes después reaccionara arrebatándosela de las manos a su padre como si fuere algo maldito o indecoroso para su persona, pues con ese ahínco lo apretó contra su pecho, ocultándolo de todo lo demás.
-¡Es mía!- gritó con desesperación para sorpresa de su padre. Y viendo lo indecente que se había portado su hija con él acabara frunciera el ceño con ira. –Yo…- trató de verlo a la cara, pero ya era tarde para pedir disculpas por lo que había hecho. Ni ella misma podía creerse haber actuado así.
-Esto…- se mordía la lengua en la boca al verla, por nada se enteraría de los ojos de Itachi sobre él a la espera de ayudar a Hinata si intentaba algo que pudiera dañarla, de la pesadumbre de Neji viendo la situación, de los puños cerrados de Sasuke ni mucho menos de la sádica sonrisa de Madara.
Si otra hubiere sido la escena Hiashi no se habría atrevido a detenerse en quitarle la carta a la ojiperla y gritarle en cara de nuevo, pero tenía visitas y no quería perturbar más el ambiente. Después de todo se encontraba amenazado como padre en caso de que Hinata quisiere huir o escapar de la mansión, pues podía hacerlo, tenía los medios y a la personas en cuerpo. Ya era mayor de edad. Así que no le convenía atacarla si ya había sido olvidado, al menos por esos meses, aquella charla en la que le había ocultado demasiado a su hija con respecto a Akatsuki.
Él ya no solo quería tener aliados en la mafia, quería ser parte de Akatsuki completamente. Un socio. Una cabecilla.
Y la ambición de Madara no se lo quería permitir. No hasta poder quitarlo del camino teniendo entre sus manos su empresa, ya que la quería suya…
Así como la completa colaboración y forjamiento de su prometedor pupilo si lo convencía de unirse y aceptar Akatsuki en su vida, pues de los tratos de Madara con la mafia solo Itachi estaba enterado…
-Sasuke tiene planeado estudiar economía en Europa- se desplazó una voz grave por toda la habitación rompiendo las barreras peligrosas y cortantes del aire que se habían creado. Escuchando la voz de su tío en aquella afirmación el Uchiha mencionado volteó a verlo con inseguridad. -¿No es así?- ladeo la cabeza con una perversa sonrisa aún dibujada en la cara. Estaba matando con eso dos pájaros de un tiro…
-Maldito hijo de…- se encerraron las palabras de maldición de Itachi para su tío sin poder salir de su boca. Su hermano era el títere de Madara. No podía permitírselo, pero tenía las manos atadas en ese momento…
-¿En verdad?- se tranquilizó Hiashi al escuchar a su socio. No quería armar una escena y dejar en ridículo la honorabilidad de su propia sangre frente a los Uchiha.
-Sasuke…- hizo una insinuación Madara.
-Si- se vio obligado a responderle aún si tenía que ocultar sus palabras dichas entre dientes. Odiaba cuando alguien más hablaba con respecto a él en su lugar, además de que ese tema lo había apenas si tocado. Estudiara donde estudiara iría para atacar y ser dueño legítimo de los Bancos Sharingan a pesar de estar su hermano mayor todavía...
-Aún no ha decidido en donde, pero será pronto. Y como ya esta acabándose el año escolar y se tiene que pensar en el futuro…- sonrió Madara aún más viendo la cohibición de Hinata frente a su padre con las manos enfrente de su pecho protegiéndose a ella misma y la carta de la cual el Uchiha ya sabía su contenido.
Afortunadamente para ella su primo salió a su rescate.
-Pero Hinata debe elegir bien con respecto a lo que quiera hacer con su vida. Esa decisión es solo suya…- proclamó. Sentía que en cualquier momento su prima podría soltarse a llorar en silencio.
-Neji…- lo miro dudosa en hablar. –Gracias…-
Pero era caso contrario con respecto a su padre y a su socio.
-En caso de que Hinata vaya a estudiar al extranjero podría estar en contacto contigo ¿no Sasuke?- volvió de nuevo con su sobrino. El azabache no sabía en donde meterse, pero no permitió que las palabras de su tío dejaran al descubierto su impertinente e inapropiado sonrojo.
-Eso pasaría solo si fuera a estudiar en otro país- respondió dolido en secreto –Cosa que no creo…- volteó a mirarla suspicazmente, sabía que era novia de Naruto, y a veces las novias sacrifican mucho por amor…
Aunque tal vez por eso le dio un brinco el alma en el pecho a Sasuke… pues la novia del estudiante no era la esposa del profesionista…
Mientras tanto el estar en medio de una conversación acerca del rumbo de su vida era bastante incómodo para Hinata, pues parecían hablar de ella como si solo fuera el objeto con el que iban a tirar a las dianas del andén y no quien tomara la decisión final.
Eso la hartaba, estaba hastiada de tener que afirmar con la cabeza diciendo sí a todo lo que su padre dijera e insinuara.
No podía soportarlo más.
-Yo no voy a estudiar en el ex…-
-En el país- La calló Hiashi antes de poder terminar, podía ver en los ojos de Madara sus intenciones, y en el encrespamiento de Itachi la resolución.
Si las cosas iban viento en popa Itachi tendría que actuar rápido entregándole a Hinata en bandeja de plata a su hermano…
...y después morir…
Sabiendo esto al deducirlo, Itachi solo pudo cerrar los puños con horror al saberse víctima del juego. Sasuke había sido la carnada y también partícipe de la misma, pues el interés de este por la Hyuuga no se veía totalmente sesgado aún para sus ojos a pesar de saberla prohibida.
-Papá- se acercó corriendo la peliazul a su padre con rencor y la boca seca, quería reclamarle.
-Señor Hyuuga, sus invitados llegaron ya- entró un mayordomo al salón seguido de dos hombres.
-Hazlos pasar- ordenó Madara en su lugar antes de dirigirle una mirada funesta y entera a Hiashi. Si bien las intenciones de Hinata en un principio eran de reclamo al ver al rubio que entraba por la habitación al lado de un pelirrojo se quedó muda.
No tenía ayuda ni salida en esos momentos. Ningún aliado, ni siquiera su primo, pues solo ella sabía lo que detrás de las presentaciones formales habría: mucho miedo y cero abnegaciones para su persona.
-Hiashi, son ellos…- señaló Madara con una mano a los recién llegados de traje.
Sasuke y Neji solo pudieron ver como Hinata callaba y ahogaba un grito en su garganta para que no saliera.
-Yahiko, Deidara, es un placer para mí presentarles a Hiashi Hyuuga, dueño de la firma de los bancos Byakugan…-
*8*8*8*
Al llegar a su casa trayendo ramen instantáneo en bolsas del supermercado, Naruto no paraba de pensar con disgusto en lo que le había hecho su padrino en la mañana. Sabiendo que iba a salir de compras le había llenado la cartera con una tira entera de condones que de tan apretada que estaba y tanta prisa que llevaba por salir a dotarse de nuevo de ramen para la alacena, le había hecho pasar un terriblemente vergonzoso momento frente a la cajera y a las demás mujeres de la fila en la caja al querer sacar dinero para pagar y que la tira saliera volando de la misma ante las caretas que ponían todas tachándolo de pervertido y hasta fetishista mostrando aquello en un sitio público como queriendo presumir estar superdotado y con una energía soberana.
Y lo peor de todo fue el tener que correr del supermercado a su casa al ser perseguido por más de tres niñas de secundaria y preparatoria con interés en algo con él así fuere rápido, pues según ellas y sus rumores no le veían tan malos bigotes… El problema con él no había sido sentirse deseado, sino pensar en Hinata y lo que diría si supiera semejante percance y aventura, y todo por culpa de su padrino. Al parecer no se había quedado conforme con lo que le había respondido respecto a si se estaban cuidando, ya que según Jiraya la respuesta de Naruto diciendo "Esta tomando la píldora" no lo convenció del todo, pero de lo que si sirvió fue para ponerle semejante cara de pervertido y malpensado con una sonrisa de oreja a oreja diciéndole "Entonces es muy freguente ¿Verdad?" antes de seguir anotando cosas en aquella libreta que parecía formarse en al aire junto con pluma y sus lentes para anotar notas y notas y que segundos más tarde Naruto lo tuviera en el piso a patadas gritándole que no volviera a entrometerse.
Si para eso había regresado su padrino prefería tenerlo lejos un rato más… y sus deseos no serían del todo ignorados al llegar a casa, solo que de una forma muy drástica para su gusto.
-Tadaima- decía mientras cerraba la puerta y se descalzaba los tenis y ponía las sandalias para andar en casa -¿Ero sennin?- le extrañó no recibir respuesta de él.
-En la cocina- recibió de su parte caminando hacia allá. Y cual no fue siendo su sorpresa al descubrir quien más estaba con él en esos momentos. La bolsa del mandado casi se le cae al piso por la impresión, pero como resultado apretó el puño en el que la llevaba… -Espero no te moleste que haya invitado a Shion…- le decía, pero más de coraje u odio el que tuviera al sujetar de esa forma la bolsa era más tensión que nada.
El silencio se quedo en la habitación unos segundos, quizás cerca de un minuto, pero tratando de evitarlo el rubio pasó de largo hacia la alacena a guardar las compras tratando de evitar lo que acontecía.
-¿No vas a preguntar nada Naruto?- sorbió un poco de su café Jiraya volteando a verlo. Shion por su parte solo miraba el té sin ganas de probarlo…
-No debería ¿O si?- se levanto cerrando las puertas del mueble.
-Quizás estés en lo correcto…- dejo la taza en la mesa. Naruto caminaba hacia la salida tranquilamente mirando la nada, como si sus ojos estuvieren invisibles –Pero esta vez te equivocas- detuvo el viejo de cano cabello al Uzumaki en la puerta, justo a cinco pasos de donde Shion estaba sentada.
No quiso preguntar, y tampoco fue necesario, pues Jiraya respondió todo sin necesidad de que él hablara.
-Shion vendrá conmigo en mi próximo viaje- explicó, un sudor frio comenzó a escurrir por la espalda del rubio de ojos azules –Tal vez tu tengas buena tinta, pero no estas interesado en la escritura para dedicarte a ello, eso me lo has dejado más que claro…-
-No los necesito a ninguno de los dos…-
Había arremetido con esas dolientes palabras hacía unos días. Naruto sintió una patada en el estómago, pero sabía que las cosas eran así. Así que salió de la habitación con paso diurno para marcharse a su habitación. No quería ver ni saber de nada ni nadie, sentía un extenso vacio en su interior.
-Será cuando te mudes al campus de la universidad- alcanzó a decirle mientras se iba. El portazo de su puerta fue más declarativo que cualquier otra cosa o palabra dicha por él.
-Creo que… no lo tomó bien…- meció la cuchara de su te en el caliente líquido la rubia con rastros de querer llorar.
-No te lo tomes tan a pecho Shion, solo dale tiempo ¿si?- trató de animarla Jiraya.
-No, usted no entiende Ero senin…- se le desprendieron las lágrimas sin ser capaz de retenerlas. –Yo… hice muchas cosas de las cuales me arrepiento ahora…, mentí, casi juego con la vida de las personas, traté de infundar duda, engañe..., y solo por capricho mío… Yo…-
No continuó, la mano de su maestro sobre la suya dándole tranquilidad la calló.
Solo así, escuchando las palabras de su maestro pudo perdonarse a si misma para comenzar de nuevo. Dar el primer paso y empezar con una renovada fuerza en su interior.
Volver a empezar desce cero...
Dando vueltas en su cama, mirando al techo con la cabeza recargada en los brazos sin dejar de pensar, Naruto regresó a su buró a buscar su teléfono junto a la lámpara para hurgar en su lista de direcciones y números telefónicos el de Hinata, pero por más que ponía el dedo en marcar no hallaba las fuerzas para apretar la tecla del teléfono. Lo tiró en la cama y se volteó, pero pasaron solo cinco segundos para que volviera a buscar su celular para de nuevo no atreverse. No sabía como sentirse. No sabía que hacer. Solo quería escapar…
Pero de nada le sirvió llamar una vez hubiera adquirido valor, pues el celular de su querida novia yacía en la cama de la misma vibrando y sonando sin sentido al no estar nadie cerca para atender, y al paso de tres llamadas acumuladas estando en la orilla del colchón acabó cayendo a la alfombra de tal manera que se metiera debajo de la cama con el golpe.
Teniendo la luz del atardecer entrando por su ventana prefirió buscar el control remoto del estéreo en el escritorio y poner música a un volumen estridente al grado de hacer sentir las vibraciones de las canciones en el piso y las paredes, como si con eso pudiere calmarse. Y hasta cierto punto así era, pues por extraño que pareciere se quedó dormido.
*8*8*8*
-Realmente son buenas noticias Hiashi, no me lo esperaba en esta visita tan cordial, pero he de felicitarte, no esperaba que tuvieras una hija tan noble y prodigiosa- alzó su copa de vino Yahiko brindando ante una Hinata descompuesta con una sonrisa de miedo ocultando el terror que tenía al ser observada por el rubio de coleta a un lado del pelirrojo que la felicitaba a ella y a su padre.
Cuando Sasori no estaba cerca podía esperar cualquier cosa de él, no por que tuviere un interés hacia ella como mujer sino como presa para matar. A Dedidara le fascinaba hacer estallar cosas, el término correcto era piromaniaco para el desazón que provocaba a primera instancia, pero lo demás, era cuestión de tratarlo y así llegar a saber aunque nunca comprenderlo.
Sasuke por su parte no podía quitarle la vista de encima a Hinata, parecía zombi con la espalda erguida, como luciendo perfecta siendo un adorno de la habitación que hiciera conjunto con todo lo demás y permitiera a los presentes alagar. El Uchiha simplemente no la comprendía, pero a la vez no paraba de admirar los ojos perla que tanto misterio resguardaban. Estaba sentado a su lado a una silla de diferencia, pero hasta allá le llegaba la sensación de poder oler el perfume de su cabello cuando se movía o asentía con la cabeza. Odiaba sentirse así. La odiaba a ella. Pero en realidad solo negaba lo que traía dentro palpitandole con fervor.
-Itachi, ¿Por qué no sales a dar una vuelta con Hinata?- sugirió su tío de forma discreta cuando Hiashi charlaba con Pein, pues sabía que él era una de las cabecillas de Akatsuki, tenía que portarse amigable y fuerte a la vez. Digno de ser parte de ellos y también un igual.
Para Itachi escuchar a Madara le era enfermizo, incluso se recriminaba el no haberle pedido a Kisame que lo acompañara ese día a ir a la mansión Hyuuga, pero eran cosas de familia, y tenía que seguirle la jugada a su tío le gustara o no para manipular a Sasuke. Definitivamente le urgía tener las pruebas contundentes que lo desenmascararan ante su hermano menor, de lo contrario seguiría en el juego y continuaría cayendo y perdiendo.
Como respuesta Itachi simplemente se levanto de su asiento dejando su copa de lado y caminando hacia Hinata.
A los ojos de Deidara solo se podía captar la amabilidad de Itachi con la Hyuuga y los celos de su hermano menor por esto. La sonrisa le iba y venía, pensaba en Sasori y volvía a sonreír, podían ser sádicos y maquiavélicos los planes que tenía con respecto a Hinata Hyuuga, pero con todo y eso seguía manteniendo sus dudas con ello. ¿Que tan dócil y manipulable podía resultar ser ella? ¿Llegaría al grado de dar su vida por alguien? ¿Verdaderamente Sasori podría penetrar en su mente a su antojo para cambiarla? No lo sabía…
-Te ves algo cansada- caminaron juntos por el jardín hacia el kiosco del centro con varios rosales en enredadera por los pilares del mismo. Rojas y blancas eran las flores, eso era lo que podía ver, y también que había rocío en ellas. No quería pensar en ninguna otra cosa…
-Itachi…- admiró la suavidad de los pétalos de una rosa que seguramente hacía no poco acababa de abrirse.
-Dime- se recargó en el barandal tallado de madera mirándola con escrutinio. Era bella, lo admitía, pero muy joven seguía pensando, pues si otra hubiere sido la circunstancia por ella hubiera esperado al ser tan dulce y dedicada, una chica de la cual resultaba muy difícil no mirar distinto que a las demás. Más sabía su corazón le pertenecía a alguien más, y también que el corazón de su hermano había sido robado por ella a pesar de saberla muy lejana.
Quizás por eso pensaba en dejarle el camino libre a él, por que lo quería más que a cualquier otro sentimiento vano que pudiere generarle la ojiperla…
… pero antes necesitaba asegurar que Hinata estuviere dispuesta a amar a su hermano también, lo cual no haría si ella pensaba en alguien más y lo guardaba con tanto afecto y pasión en lo profundo de su corazón…
-Mi padre pudo haber dicho que estudiaré en París ahora que me han aceptado en la escuela superior de música, … pero yo… no voy a ir- volteó resuelta a mirarlo con firmeza.
Bingo, la campana de la solución sonaba para Itachi. No pudo evitar sonreír para si mismo. Podría engancharla solo con decirlo…
-Si, lo mismo decía mi madre, que el corazón encadena y nubla la mente…- se cruzó de brazos mirando a sus espaldas la noche que ya había caído con un cielo en tonos anaranjados y rosas ya muy disminuido.
Al escucharlo Hinata no supo que pensar.
-Naruto no me esta nublando la mente- arremetió aunque con bastante cortesía, mencionando incluso el nombre de su novio en el proceso –Yo se lo que quiero para mi vida. Eso es todo- negó mirando hacia el mismo punto que miraba Itachi, se sentía segura de si misma, pero eso estaba a punto de cambiar…
El Uchiha suspiró.
-Eso era exactamente lo que decía mi madre- Hinata lo miró consternada –Quizas debería contarte la historia de Mikoto Uchiha antes de que siga hablando de algo que no conoces.- sonrió de medio lado antes de empezar... -Verás, cuando mi madre era joven, quizás de tu misma edad o unos años mayor, recibió una oportunidad igual o parecida a la tuya para estudiar en una importante academia la carrera que a ella le gustaba: administración, pues aunque no le veía sentido ni modo acabo aceptando que aquello era en realidad una gran oportunidad para acceder a todo el mundo que ella quería conocer y que se le abrirían las puertas estudiando… pero, ¿Sabes que fue lo que se lo impidió?-
Hinata negó con la cabeza. Itachi sonrió de nueva cuenta, suspiro al aire con resfrío, y volvió a mirarla con tranquilidad, era dulce en todo aspecto, como algo capaz de ser herido con solo tocarla… y él lo iba a hacer, pues desencadenaría una serie de sucesos aún más densos de los que había tenido que soportar su pobre corazón al escucharlo.
-Lo que detuvo a mi madre aquella vez de estudiar fue el amor que le tenía a mi padre…- volvió a mirar el jardín sabiendo perfectamente que la pelinegra que estaba a su lado había abierto los ojos por la impresión. No pudo parar de hablar entonces, podía funcionar lo que estaba haciendo… -Se casó con él tiempo después y nos tuvieron a Sasuke y a mi, tal vez él no este enterado del todo pero mamá ansiaba con anhelo haber podido regresar el tiempo y cambiar sus decisiones, pues aunque el amor que sentía por mi padre era grande con el paso de los años meditaba mucho sobre que tan diferente hubiera sido su vida de haber elegido estudiar… Pero siempre que nos miraba a Sasuke y a mi decía que había valido la pena- calló un segundo, solo un segundo para verla... tan tensa la había puesto con su plática... De verdad funcionaba... -Tu no eres madre ahora Hinata, puedes ver con mayor claridad...-
Hinata permanecía abstraída al voltear a mirar el horizonte de la noche con los grillos comenzando a amenizar la vegetación de la mansión así como el frio a aparecer por la disminución de la temperatura. Más todo eso se le resbalaba, no podía parar de pensar en aquello…
¿Y si ella, por quedarse a ser feliz con Naruto acababa acallando después su melancolía por no haber seguido estudiando y dedicarse de lleno a ello solo por casarse?…
Podía pensar en ello después si ya formando una familia lo dejaba en términos menores, y lo más probable era que la alegría y procura por los hijos la tuviere. En este punto agitó la cabeza con alteración… ¿Hijos? ¿Hasta allá se había proyectado con Naruto? A penas estaba acabando la preparatoria.
No podía entenderse, quizás por eso las palabras de Itachi la habían alterado tanto, por ser directas y sinceras, por hacerla dudar de su propio raciocinio y decisiones…
¿Y si lo mejor era estudiar? No, no quería dejar a Naruto…
Y si que quedaba con Naruto, ¿Ya no podría estudiar? Estaba rechazando una oferta de una sola vez en la vida. Era joven, por eso la habían querido, para pulirla y hacerla brillar como pianista, querer empezar más tarde sería difícil. Ese era su momento...
*8*8*8*
-Luces desanimada…- la abrazaba Naruto entre sus piernas a la sombra de un árbol descansando los dos después de clases, sentados en el pasto y con las mochilas a un lado.
Beso su cuello y la atrapó de nuevo entre sus brazos, menos de un mes era lo que quedaba de escuela; se iría a la universidad… No quería despegarse de ella. También tenía conflictos en su interior por ello. De lo que estaba seguro era que no renunciaría a Hinata pasara lo que pasara, pero ¿y ella? No le había dicho nada de donde estudiaría cocina ni de sus demás planes, estaba ida, muy ausente de su lado a pesar de estarle hablando al oído en esos instantes. No sabía que hacer.
-No es nada…- repetía como siempre, se le había hecho costumbre negar lo sumergida que estaba pensando en lo que Itachi le había dicho. Se creía clara y madura para tomar esas decisiones, pero muy en el fondo, aún usando el uniforme de preparatoria, abrazada a su novio de la preparatoria bajo la sombra de un árbol dentro de las instalaciones de la preparatoria, se sentía con deseos de no crecer, queriéndose quedar para siempre en ese tiempo, junto a Naruto y sus amigas, a los recuerdos que a pesar de haber llegado en el último año de escuela se habían hecho muy fuertes y demasiado innegables…
Por eso apretó la mano de Naruto entrelazada a la suya de esa manera, por que no quería decidir, por que estaba confusa y no quería escoger mal. Solo tenía dieciocho años, no podría arrepentirse después si estaba viendo todas las aristas del asunto en esos momentos… quería estudiar, ya lo veía ahora con claridad, quería tocar el piano, pero no quería alejarse de Naruto, y si lo hacía la distancia le dolería mucho.
No tenía cabeza para razonar nada, incluso sus maestros lo notaron cuando un solo día Hinata Hyuuga, la favorita del maestro de ingles, Kakashi, olvidara un trabajo. No era ella.
-Nos vemos mañana- entró a la mansión después de despedirlo con un beso en la mejilla a pesar de que se considerara inapropiado visto a los ojos de cualquiera, casi como exhibicionistas según las cultura y los estándares japoneses.
-Hasta mañana- susurró el rubio, justo para después preguntarle a su primo en la entrada –He, Neji- lo detuvo a pesar de no llevarse muy bien con él, pero con lo que a Hinata correspondía una tácita tregua se anunciaba entre ambos.
-¿Qué pasa Naruto?-
-¿No… No has notado a Hinata algo distante?- preguntó. Neji se le quedo viendo raro, creía que ya estaba enterado…
-¿Significa que no lo sabes?- Si, Neji sabía lo que producía los desvelos de su prima frente al piano o redactando partituras en el escritorio de su alcoba de puño y letra mientras veía, escuchaba y sentía la música, aún si solo la estaba escribiendo, y que después tiraba a la basura en un mar de lágrimas, confundida. Estresada.
-¿Saber que?- volvió a interrogarlo con preocupación. Hinata no le ocultaba nada ¿Por qué ahora parecía no querer hablarle?
Neji miró hacia los lados, casi como verificando que nadie estuviere cerca, menos su tío.
-Hinata recibió una carta de aceptación del conservatorio de música de París…-
El rubio se sintió helado, clavado a la tierra, a la madera del pórtico de la mansión, con el aire pasando por el moviéndole mas el interior que lo de afuera…
¿Hinata quería renunciar a su sueño por él?
La culpa se dejó cernir sobre su espalda sin permisos ni palabras, solo, sintiéndola…
No quería perderla, pero tampoco quería hacerla infeliz…
Entonces, ¿Qué iba a hacer?
Pues hasta aqui hoy, por que solo pude hacer la conti de esta historia en la semana. Es que tengo que acabar la última parte de un proyecto cuyos planos ya estan más que puesto para empezar a trabajar, pero se necesita hacer la presentación y blah blah blah, burocracia, trámites, firmas, confirmaciones y todo lo demás...
¿Por que yo no tengo vacaciones? TToTT snif snif Y-Y
