Nota de la Autora: He decidido continuar esta historia. ¡Nunca tuve tantos reviews en un primer capítulo! ¡Estoy tan feliz!
Sin embargo, están advertidos, si continuo esto será escrito a mi manera. Esto no va a ser tu acostumbrado viaje en el tiempo donde el autor escribe la trama de "Naruto", hay un montón de historias como esas ya y no es algo que me gustaría hacer. Además de forzar a todos para cambiar sus caminos una segunda vez, como Naruto hizo la primera vez es demasiado aburrido…
Itachi recuerda su pasado. ¿Él es el único? No.
¿Todos los demás recuerdan también? No. Algunas personas recuerdan, otras no. Lo verán a lo largo del camino.
Mi regla al escribir una historia: al autor debe gustarle su propia historia. No puedo escribir una historia que no me guste.
Siento divagar. Aquí está el siguiente capítulo, espero que les guste. ¡Disfrútenlo!
Nota de la Traductora: Aquí vengo con el capítulo dos. Si quieren que continúe traduciendo esta historia, por favor dejen sus comentarios, al fin y al cabo que esa es la única recompensa de quienes escriben o traducen estas maravillosas historias.
Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto. La trama de esta historia pertenece a Kai Maciel.
Esperanza en el Dolor
悲しみでお願い致します (Kanashimi de onegaiitashimasu)
10 de Octubre, dos meses después
Minato despertó lentamente de un sueño sin descanso. Parecía que desde ese fatídico día de Julio 23, él siempre se sentía intranquilo, cansado y absolutamente drenado de felicidad.
Cuando estiró su mano al lado de su esposa en la cama, sólo sintió las frías sábanas, lo que significaba que Kushina ya estaba levantada. Ella había estado sufriendo de terrible insomnio, y cuando ella podía dormir, parecía que siempre estaba plagada de terribles pesadillas.
Con un suspiro, Minato se levantó, se vistió y fue hacia su cocina. Como esperaba, Kushina estaba sentada a la mesa, todavía en su camisón. Su largo cabello rojo estaba desaliñado y opaco, parcialmente cubriendo sus vacíos ojos y su pálido rostro. Ella había perdido mucho peso y se veía más enferma que nunca.
Kushina se veía completamente diferente de la mujer poco femenina, alegre y feroz que Minato había conocido y amado la mayor parte de su vida. Esta mujer parecía su fantasma, su cuerpo roto reflejaba su corazón destrozado. Viéndola así, observarla marchitarse cada día, destruía un poco del alma de Minato también.
"Buenos días, Kushina" dijo Minato, tratando de sonreír cuando se sentó frente a ella. Sin embargo, su esposa ni siquiera reaccionó a su presencia. "¿Lograste dormir algo?"
Ella lentamente negó con su cabeza, sus ojos se reusaban a mirar a su esposo. "Traté… pero no pude dormir."
Minato asintió. "Pudiste haberme despertado. Podría haber ayudado."
"No. Tú necesitas dormir" dijo Kushina en una voz monótona que hizo que el pecho de Minato doliera. "No serías capaz de ayudar."
El rubio Hokage cerró sus puños bajo la mesa. No importaba cuán duro trataba, Kushina simplemente no lo dejaba ayudarla. Ella literalmente le había cerrado la puerta de su corazón desde que perdieron a Naruto; ella estaba demasiado concentrada en su propio dolor como para verlo.
A pesar de que él la había llevado al hospital en un segundo, a pesar de todos los intentos realizados por el mejor ninja médico e incluso con un equipo de sellado listo con el Tercer Hokage, Naruto nació muerto. Minato nunca olvidaría cómo su hijo se veía tan hermoso y perfecto. Él era rubio como Minato y tenía las más lindas marcas de bigotes en su cara. Parecía que él sólo estaba durmiendo, es por eso que era tan difícil para él y Kushina aceptar que él había muerto.
Incluso con el bebé afuera, Kushina no paraba de sangrar. En consecuencia, debido a que él no quería perder a su esposa también, Minato dio a los doctores el permiso de remover el útero de Kushina y salvar su vida. Kushina se desmayó y la primera cosa que pidió cuando despertó fue ver y abrazar a Naruto, negándose a creer que él había muerto.
"¡Sólo está durmiendo! ¿Están todos ciegos?" ella gritó a los doctores y al corazón roto de Minato. "¡Mira, Minato! ¡Míralo! ¡Él está bien, está perfecto! ¡Él no está muerto! ¡Diles que no está muerto!"
Pero Naruto estaba muerto. Su pequeño bebé ni siquiera tuvo el derecho a respirar por primera vez. Cuando los doctores finalmente se lo llevaron, Minato tuvo que contener a Kushina de seguirlos mientras la escuchaba gritar que se estaban robando a su bebé de ellos. La siguiente noticia destruyó absolutamente el corazón de Kushina; ella nunca tendría otro hijo; no habría segundo intento.
Ambos padres afligidos trataron de descubrir por qué había ocurrido esta tragedia. Sus almas necesitaban a alguien o algo para culpar y dirigir su ira. La primera opción fue el Kyuubi y el sello, ya que estaba tan cerca del bebé y el útero, pero nadie fue capaz de encontrar la prueba de que el Zorro era el responsable del aborto involuntario de Naruto. El sello estaba intacto y no había actividad de la bestia con cola dentro de Kushina.
Uno pensaría que la bestia monstruosa escogería ese momento para tratar de liberarse, pero no lo hizo. El Sandaime y los ancianos estaban perplejos por el extraño comportamiento pacifico del Zorro. Kushina, después de finalmente aceptar la muerte de su hijo, fue a su subconsciente para gritar al Kyuubi, seguro que era su culpa que Naruto había muerto. El Nueve Colas, sin embargo, ni siquiera reaccionó a su furia y acusaciones, él en realidad se veía triste. La única cosa que logró decir después de que Kushina estaba demasiado exhausta para seguir gritando, fue que él no haría nada para lastimar a Naruto, lo cual sorprendió a la pelirroja porque el Kyuubi que ella conocía no le importaría menos su bebé e incluso menos llamarlo por el nombre que ellos habían escogido para él. Luego, el Zorro bajó su cabeza y susurró:
"¿Por qué, Naruto? ¿Por qué no volviste tú también?"
Kushina estaba tan cansada que pensó que ella había escuchado mal al Zorro. Sus palabras no tenían sentido. Después de eso, ella nunca habló de nuevo a la bestia.
La autopsia de Naruto fue inconcluyente. No había nada absolutamente malo con el infante. Parecía perfectamente saludable además de estar muerto. Parecía que su corazón sólo se había detenido por ninguna razón aparente. Era una ocurrencia rara pero pasó, ellos lo llamaron síndrome de muerte súbita prenatal, un nombre largo para algo que no tenía respuestas.
Namikaze Naruto fue enterrado en el cementerio de Konoha, en la presencia de sus padres y muchos de sus amigos. La ceremonia fue tan dolorosa para Kushina que ella rompió en llanto y se desmayó, llamando el nombre de su bebé. Esa había sido su última esperanza de que todo había sido un error, que Naruto despertaría en cualquier momento. Cuando él fue enterrado, toda esperanza murió.
Después de eso, Kushina parecía haber muerto por dentro también. No podía dormir o comer, deambulaba por la casa como un fantasma o llorando junto a la cuna de Naruto, abrazando las ropas que ella había escogido para él con tanto cuidado. Minato tenía miedo de dejarla sola debido a que su comportamiento se estaba volviendo peor. Una vez él había sido llamado en su oficina debido a que algunos ninjas habían encontrado a su esposa en el techo más alto de la aldea, como si ella iba a saltar.
Minato no gritó y trató con todo el amor y entendimiento que tenía, pero él estaba llegando a sus límites. Él también estaba dolido, pero no podía desmoronarse porque Kushina lo necesitaba para ser sus pies en la tierra. Se tragó sus lágrimas y apoyó a su amada esposa, aunque ella nunca pareciera apreciarlo o incluso verlo.
Ayer, Minato había mencionado que tal vez era tiempo de quitar la cuna y las cosas de Naruto, con la esperanza de que eso ayudaría a Kushina a tratar con la perdida. Sin embargo, ella reaccionó como si él estuviera tratando de hacerla olvidar a Naruto y se reusó a dejarlo llevarse las cosas de su bebé.
Su bebé. No más "nuestro" bebé. Naruto era su perdida y Minato no participaba en ello. Ella no lo dejaría llorar con ella.
Minato hizo el desayuno y colocó una taza de leche caliente en frente de Kushina, esperando que por lo menos la probaría.
"Kushina, por favor… necesitas comer." Dijo Minato suavemente, sus ojos azules llenos de tristeza. "Por favor, inténtalo. Sé que es difícil pero tienes que intentarlo."
"¿Por qué?" preguntó ella mirando sus manos. Su dolor estaba más allá de las lágrimas ahora. "¿Por qué tengo que intentarlo? Yo no quiero."
Minato se estremeció, pero permaneció calmado. "Tienes que comer, Kushina. Esto no puede continuar; te vas a enfermar."
Kushina permaneció en silencio. Era evidente que la muerte no le asustaba en absoluto, ella le daría la bienvenida. "Tal vez es el destino. Tal vez estoy destinada a morir también."
El Yondaime apretó sus puños, los rastros de miedo y furia finalmente mostrándose en su habitualmente rostro sonriente. "No digas eso, Kushina. Por favor, no digas eso…"
"¿Por qué no? Es la verdad." Dijo ella en una voz monótona. "Me siento vacía, Minato. Mi corazón está vacío… Mi hijo se ha ido."
"¡Nuestro hijo, Kushina!" exclamó Minato, semanas de paciencia llegando a su fin. "¡Por el amor de Dios, Naruto también era mi hijo! ¿No ves cuán triste estoy? ¿No puedes ver que lo extraño también?"
A pesar de que era la primera vez que Minato le había gritado desde que Naruto murió, Kushina permaneció inafectada por sus palabras o su dolor. "Minato… no hay nada que yo pueda darte ahora. No puedo ser madre; no puedo ser una esposa… no soy nada. Mereces una familia y una mujer que pueda darte toneladas de hijos. No puedo darte eso."
Por un momento, Minato estaba demasiado sorprendido para hablar. Cuando fue capaz de comprender lo que Kushina había dicho, finalmente estalló. "¿Qué diablos estás diciendo, Kushina? ¿Quieres que yo encuentre otra mujer porque tú no puedes tener más hijos? ¿Estás loca?"
"Perdí todo… no tengo nada que darte Minato. Deberías encontrar a alguien que no esté rota e incompleta como yo."
"¡No quiero a nadie más excepto a ti! ¿Por qué no puedes ver eso?" gritó Minato, enfureciéndose más debido a que Kushina todavía permanecía impasible. "¡Perdí a mi hijo también! ¡Lo amaba y no pude hacer nada para salvarlo! ¡Eso duele! Duele aún más porque siento como si hubiera perdido más que a mi hijo ese día. ¡Te perdí también! ¡Tú no me ves, Kushina, a pesar de que estoy justo aquí para ti! ¡Siempre lo he estado! ¡Perdí a mi esposa, mi amante, mi mejor amiga… por favor, vuelve a mí. ¡Por favor no me excluyas! Quiero que nos apoyemos el uno al otro, déjame llorar contigo."
Kushina poco a poco miró a Minato y lo miró con sus ojos cansados. "Voy a ir al hospital hoy; tengo una cita con el médico. Deberías irte también… vas a llegar tarde."
Los labios de Minato temblaron. Quería agarrar a su esposa y sacudirla. Quería hacerla entender cuánto la amaba y extrañaba. En su lugar, golpeó la mesa y la rompió en dos, rompiendo las tazas y derramando el agua y la leche en el piso.
A parte del único parpadeo de sorpresa, Kushina todavía no reaccionó.
Furioso, Minato agarró su manto y dejó la casa. Escogió saltar por los techos para así no tratar con las personas. No podía hablar con nadie justo ahora y estaba demasiado molesto como para decir algo. No había duda de que él terminaría gritando algo odioso y lastimaría los sentimientos de alguien. Por otro lado, sentía ganas de moler a golpes a alguien. Sólo quiera encontrar una manera de dar rienda suelta a su furia y tristeza, o de lo contrario él iba a explotar.
Cuando llegó a la Oficina del Hokage, los guardias y los otros ninjas se quedaban fuera de su camino tan pronto como veían su rostro enfurecido. Menos mal, él no quería ver o hablar con nadie ahora mismo. Sólo quería estar solo.
Sin embargo, cuando abrió la puerta de su oficina, vio a una persona alta apoyada contra su escritorio. Minato había abierto su boca para pedir a la persona que saliera de su oficina, el hombre se dio vuelta y sonrió amablemente al rubio Hokage.
"¡Hola Minato!" dijo Jiraiya sonriendo, aunque sus ojos permanecieron tristes. "Pensé que te encontraría aquí."
Minato sintió sus músculos relajarse, su ira cediendo a un sentimiento completamente diferente.
"¿Sensei?"
Jiraiya puso abajo su pergamino. "Siento no poder haber estado aquí más pronto. De verdad desearía haber estado aquí."
Minato vagamente notó la puerta cerrarse detrás de él. Sus pies se sentían pegados al suelo.
"Sensei… Sensei, Naruto está muerto." Dijo Minato, las lágrimas detrás de sus ojos azules.
El ninja mayor asintió. "Lo sé Minato. Lo siento."
"Él nació muerto" continuó Minato. "No pude hacer nada. Nadie pudo hacer nada. Yo iba a ser Papá, ahora mi hijo está muerto. ¿Por qué? ¿Por qué murió? ¿Por qué tuvo que morir? Era tan perfecto. Todo iba tan bien… ¿Por qué mi bebé? ¿Por qué mi familia?"
Cuando Jiraiya abrió sus brazos y caminó hacia Minato, el rubio ni siquiera dudo y abrazó a su antiguo maestro y lo más cercano que tenía a un padre. Se sentía tan cansado y dolido, por sólo una vez quería ser consolado.
Jiraiya no dijo nada, simplemente abrazó a su aprendiz llorando y frotó su espalda. Como escritor, sabía cuándo las palabras no tenían efecto.
"Sensei… no sé qué más hacer" sollozó Minato. "Ya perdí a Naruto y ahora estoy perdiendo a Kushina también. Ella no me escucha, es como si ella hubiera perdido la voluntad de vivir. Estoy asustado sensei. ¡No quiero perderla también!"
Kushina dejó la oficina de la doctora aún más preocupada. Su doctora había sido comprensiva, paciente y muy profesional, ella no podía quejarse de ella. Sin embargo, Kushina sabía que no iba a seguir ninguno de los consejos de la doctora aunque ella había prometido que lo intentaría.
Su doctora le dijo que ella estaba sanando bien de su histerectomía, pero estaba preocupada porque ella había perdido peso de nuevo. Prescribió a Kushina más vitaminas y le dijo de lo importante que era comer y dormir y de cómo podría enfermarse. Kushina no tenía la fuerza para justificarse y dijo a la doctora que ella iba a tratar de comer más. La doctora también preguntó si Kushina había cambiado de parecer y quería hablar con alguien más, como un psicólogo o un psiquiatra. Como siempre, ella se negó.
"Pruebe al menos hablar con su esposo" dijo la doctora amablemente. "No tiene que pasar por todo esto sola."
Kushina no dijo nada, pero las palabras de la doctora todavía estaban repitiéndose en su mente. Se sintió culpable por causar a Minato tanto dolor, por no ser capaz de ayudarlo como él la ayudaba. Sin embargo, ella no se persuadía a hacer nada. Se sentía vacía e incompleta ahora que su bebé se había ido. Se sentía responsable. Ella era la que estaba llevándolo en su interior y había fallado en traerlo sano y salvo a este mundo.
Minato nunca entendería sus sentimientos. Él no era el que sintió al bebé moverse y patear por ocho meses. Él no era el que nunca sería capaz de tener hijos. Él podía y debía encontrar otra mujer, una mujer completa, que sería capaz de darle la feliz familia que él merecía. Kushina era sólo un fracaso, como madre y esposa, él debería dejarla sola. Su corazón estaba demasiado roto como para sentir amor y alegría de nuevo.
Kushina sabía que ella iba a llorar la muerte de Naruto toda su vida. Ella deseaba haber muerto en lugar de él.
"Por favor… tiene que haber alguien. ¡Quien sea!" la angustiada voz de una mujer resonó por los blancos corredores del hospital, atrapando la atención de Kushina.
Cuando la roja cabeza miró hacia arriba, vio a una mujer de cabello azabache hablando… no, suplicando a un doctor, quien negaba con su cabeza con tristeza. Los ojos ónix de la mujer se volvieron rojos y llenos con lágrimas, sus manos agarraban la bata blanca del doctor con creciente desesperación.
"Por favor… se lo ruego… tiene que haber una manera" declaró ella, las lágrimas corriendo por sus mejillas. "¿Ha tratado con todos los donantes? Tal vez podamos encontrar otro donante fuera del clan. ¡Tiene que haber alguien!"
"Uchiha-san…" dijo el doctor, agarrando sus manos temblando y mirando sus ojos llenos de lágrimas. "No le mentiré. Si no hay un solo donante compatible en su clan, las oportunidades de que encontremos uno afuera son muy bajas. Mientras tanto, el bebé está sufriendo, día y noche. Cada vez que lo mantengamos vivo esperando por un donante compatible, él seguirá sufriendo."
La mujer bajó su cabeza, sus brazos se cruzaron sobre su pecho como si estuviera protegiendo su corazón. "Lo sé. Sé que él está sufriendo, pero no puedo sólo dejarlo morir. ¡Él es mi bebé! ¿Cómo puedo dejar que mi bebé muera? Si hay una oportunidad de salvarlo, la tomaré. No me rendiré."
"Uchiha-san… siento decir esto, pero debería preparase para lo peor. Haremos todo lo posible para mantenerlo con vida, pero esta forma de vivir es muy dolorosa. Por favor… piense en ello."
El doctor dejó a la mujer llorando, quien presionó sus pálidos dedos en el vidrio de la puerta. Estaba tan afectada que parecía que estaba a punto de desmayarse.
"¿Mikoto?" preguntó Kushina, caminando hacia su amiga llorando.
Mikoto se dio vuelta, sus ojos oscuros se abrieron mucho cuando vio a Kushina. "Kushina…"
Curiosa y sorprendida, tal vez porque ella nunca había visto a Mikoto llorar tan desesperadamente antes y tal vez porque, por primera vez en semanas, estaba mirando a alguien más sufriendo, Kushina estaba junto a Mikoto y miró profundamente en sus ojos desesperados.
"¿Estás bien?" preguntó Kushina.
"Estoy bien… sólo estoy un poco alterada, eso es todo." Dijo Mikoto, limpiando las lágrimas de sus ojos.
Kushina se dio cuenta de que su amiga también parecía haber perdido peso y sus ojos estaban enrojecidos e hinchados de la falta de sueño. Ella también parecía muy cansada, física y emocionalmente. Entonces, Kushina recordó la última vez que ella había visto a Mikoto. Se habían encontrado en una tienda de bebés, cuando Kushina estaba buscando ropa de bebé hace tres meses. El vientre embarazado de Mikoto era mucho más grande que el suyo y las dos hablaron sobre sus bebés. Mikoto no sabía el sexo de su bebé y bromeaba diciendo que esperaba tener una niña ahora.
Kushina no había visto a la mayoría de sus amigas desde la muerte de Naruto, sobre todo porque ella no quería ver a nadie y también porque era muy doloroso verlas con sus bebés mientras el suyo había muerto. Mikoto evidentemente había dado a luz ahora.
"Kushina…" dijo Mikoto con timidez. "Escuché sobre tu bebé… lo siento mucho. Sé que las palabras no significan nada en una situación como esta, pero de verdad lo siento por tu perdida."
Kushina ya había escuchado eso miles de veces, así que sólo bajó su cabeza. Después de unos segundos de vergonzoso silencio, miró a Mikoto de nuevo. "¿Por qué estás aquí Mikoto? ¿Qué pasó?"
La mujer de cabello azabache miró a través del vidrio de la ventana en la puerta, sus ojos se volvieron a humedecer una vez más. Kushina siguió su mirada y sus ojos azul oscuro se ampliaron con sorpresa cuando vio un pequeño bebé pálido en una incubadora, con tubos de líquidos atrapados en sus magullados brazos y varias máquinas pitando y registrando su ritmo cardiaco y respiración. Había tantos cables y tubos conectados al pequeño bebé que él no sería capaz de moverse, si él pudiera. El infante parecía tan frágil y enfermo, incluso su rostro se contraía con dolor en su sueño.
"Mi bebé está enfermo, Kushina" dijo Mikoto. "Él está muy, muy enfermo. Hay un problema con su sangre… su medula ósea no funciona como debería. Si lo sacamos de esas máquinas, morirá en horas. Él ha estado en el hospital por casi dos meses. Sólo estuvo en casa por dos días antes de que me diera cuenta de que algo estaba mal… Ahora, él está tan débil que ni siquiera puedo sostenerlo en mis brazos. Él tiene que permanecer en esa habitación porque puede atrapar una infección muy fácilmente, está sufriendo cada día… y no hay nada que yo pueda hacer para calmarlo, ni siquiera puedo tocarlo o besarlo. Todo lo que puedo hacer es ver como sufre y se marchita ante mis ojos."
De repente, Mikoto dejó de hablar y su cuerpo se volvió rígido. Kushina miró dentro de la habitación aislada y vio una enfermera cubierta con guantes de protección y una máscara en su cara. Se movió hacia el bebé y abrió la incubadora; sus ojos parecían doloridos cuando bajó la aguja de la jeringa hacia la cabeza del bebé.
"Lo siento, cariño. Tengo que hacer esto." Susurró la enfermera, tratando de no temblar cuando el bebé comenzó a lloriquear, demasiado débil para llorar más fuerte. "Lo siento tanto…"
Mikoto palideció aún más y trató de agarrar la manija de la puerta y detener a la enfermera de lastimar a su bebé, pero Kushina, sintiendo su cabeza clara después de un largo tiempo, agarró y abrazó a su amiga mientras ella lloraba y sollozaba.
"¡Está sufriendo! Oh bebé…" lloró Mikoto.
"Ella le está dando medicina, Mikoto" dijo Kushina, alejando a su amiga de la puerta. "Ella tiene que hacer esto."
La enfermera frotó el delgado cabello azabache del bebé hasta que él dejó de llorar y se fue. Mikoto se sentó en una silla en el corredor y enterró su rostro en sus manos.
"Es todo mi culpa." Sollozó la Uchiha. "Debí haber sido más atenta durante mi embarazo. Fui descuidada y ahora mi bebé…"
Kushina se sentó junto a Mikoto y esperó hasta que los gritos de la morena se suavizaron. "¿Qué quieres decir, Mikoto? ¿Cómo puede ser su enfermedad tu culpa?"
"Yo… yo no sabía que iba a tener gemelos. Nadie encontró nada y yo no pregunté…"
"¿Gemelos? ¿Tuviste gemelos?" preguntó Kushina.
Mikoto asintió. "Sí… dos niños. Gemelos idénticos… son iguales como dos gotas de agua. El mayor, Sasuke… lo nombré Sasuke, fue un parto normal y él es sano y fuerte, tan hermoso. Pensé que había terminado cuando sentí más contracciones, no tenía idea de que tenía otro bebé dentro de mí."
Mikoto miró hacia la puerta, donde su bebé estaba durmiendo una vez más.
"Este fue mucho más difícil, porque venía de nalgas. Tomó treinta minutos para que él naciera… el sol se estaba poniendo; nació exactamente durante el crepúsculo. Estaba llorando tan fuerte también, no como Sasuke. Pensé que estaba llorando tan fuerte porque él quería que todos supieran que él estaba allí también."
La mirada de Kushina también se enfocó en la puerta, su mente divagaba a ese horrible día cuando Naruto murió. Había sido en el crepúsculo también cuando salió, hace dos meses, en Julio…
"Cuando los doctores me dijeron que estaba enfermo y la única manera de salvarlo era a través de un trasplante de medula ósea, Fugaku y yo pedimos a cada miembro de nuestro clan dar una muestra de sangre." Continuó Mikoto. "Nadie era compatible. Ni yo, ni Fugaku, ni Itachi… ¡ni siquiera el pequeño Sasuke y él es su gemelo! Los doctores me dijeron que las oportunidades de encontrar un donante fuera de la familia eran muy bajas y el bebé seguiría debilitándose. Pasó la mayor parte del tiempo aquí… No puedo dejarlo aquí solo y sufriendo, pero Sasuke me necesita también… e Itachi" una lágrima corrió por la mejilla de Mikoto cuando pensó en sus otros dos hijo. "Mi Itachi es tan amable y maduro, tan dulce a pesar de que es casi un bebé él mismo. Él ha estado cuidando de Sasuke mientras estoy aquí, pero siento como si los estuviera abandonando. Fugaku piensa eso también…"
"¿Qué?" preguntó Kushina con un ceño. "¿Cómo puede él decir eso? ¿Viene al hospital también para que tú puedas ir a casa y estar con los niños?"
Mikoto negó con su cabeza, triste pero resignada. "Conoces a Fugaku… ama a nuestros hijos, pero el clan es su principal prioridad. Se sumerge en el trabajo cada vez que esto pasa. Él no quiere apegarse a un hijo que él está seguro va a morir. Me dijo que deberíamos dejarlo ir… que es cruel y egoísta mantenerlo vivo así y que Sasuke e Itachi me necesitan también. Quiero estar con ellos, Kushina… desearía poder estar con ellos y ser una familia y darles toda la atención y amor que se merecen… No sé qué hacer. No puedo ni siquiera concentrarme lo suficiente para crear un Bunshin para ayudarme."
Kushina se puso de pie y caminó hacia el cristal. Sus ojos estaban fijos en el pobre bebé, quien estaba sufriendo tanto en su corta vida. Ella pensó en Naruto, quien había muerto a pesar de que él estaba saludable, mientras este pequeño había nacido enfermo. Ambos niños habían llegado a este mundo injusto en el crepúsculo, entre el día y la noche.
"¿Cuál es su nombre?" preguntó Kushina, todavía mirando al infante.
Mikoto sorbió por la nariz y miró la espalda de su amiga.
"Izana. Su nombre es Izana… mi pequeño bebé sorpresa." Dijo Mikoto. Ella había pensado en el jutsu prohibido de los Uchiha: Izanami e Izanagi. Ambos increíblemente poderosos y capaces de cambiar o crear la realidad, justo como la aparición de su bebé había sido. Una existencia que desafió la realidad.
"Izana…" Kushina susurró el nombre con suavidad, deseando poder tocar al bebé e introducirse a sí misma. Se sintió atraída hacia él, como si compartieran algo importante. "Dime Mikoto… ¿nació el 23 de Julio?"
Mikoto parpadeó sorprendida. "Sí… ¿cómo lo sabes? ¿Te lo he dicho?"
"No, no tienes que decirme. Lo sentí" dijo Kushina, confundiendo a su amiga. Su bebé había muerto en el mismo día y al mismo tiempo este había nacido. Tal vez sólo era una coincidencia, pero ella no sentía que lo era. Al igual que ella no sentía que su encuentro con Mikoto hoy, debido al día de Naruto, el día que finalmente Minato se había quebrado y gritado, no era una coincidencia tampoco. "Mikoto… quiero dar mi muestra de sangre."
"¿Qué? Pero… Kushina…"
"Sé que es una muy remota posibilidad" dijo Kushina, su vieja terquedad regresando. "Lo más probable es que yo no sea compatible, pero no lo sabremos a menos que lo intentemos. ¿Cierto?"
Mikoto sólo podía mirar los ojos inquebrantables de su amiga. Ella conocía a Kushina lo suficiente como para reconocer esa mirada de determinación.
"Kushina… no sé si pueda soportar otra decepción. Si tú no eres compatible…"
"Por favor, Mikoto… déjame trata de ayudar a Izana. Como dijiste, él es una sorpresa. Tal vez nos sorprenda a ambas."
Mikoto sabía que su esposo nunca lo aprobaría. Él no querría que la esposa del Hokage ayudara a su hijo, pero al diablo con su orgullo. Mikoto aceptaría cualquier ayuda si eso significaba salvar la vida de Izana. Ella pediría muestras de sangre de otros aldeanos y los Senju si tenía que hacerlo.
Además, Kushina era más que la esposa del Hokage. Ella era una amiga.
"Gracias, Kushina" dijo Mikoto y fueron a buscar al doctor de Izana.
Tres horas más tarde, mientras Mikoto y Kushina estaban comiendo un bocadillo, el doctor apareció con varios papeles en su mano y una sonrisa en su cara.
"Es compatible" dijo, casi como si él no pudiera creerlo. "Felicitaciones, es un perfecto compatible con Izana."
Ambas, Kushina y Mikoto sonrieron con alegría, aunque Mikoto todavía estaba un poco temerosa. "¿Está seguro? ¿Está realmente seguro?"
"Estoy seguro. Podría comprobarlo otra vez, pero creo que el bebé ha estado esperando por esto por largo tiempo. Kushina-san… si está lista, podemos comenzar justo ahora."
"¡Estoy lista!" dijo la pelirroja con una gran sonrisa en su cara.
Unos minutos más tarde, Kushina estaba vestida en una bata de hospital y sólo gimió un poco cuando comenzaron a tomar su medula ósea. El doctor ya les había informado de que había una posibilidad de que, incluso si Izana recibía el trasplante, él podría rechazarlo. Sin embargo, Kushina se sentía optimista por alguna razón. Miró una vez más la tierna cara de Izana y supo que él era lo suficientemente fuerte. Él iba a sobrevivir.
"Kushina… no tengo palabras para decirte cuán agradecida estoy" dijo Mikoto, sonriendo con lágrimas en sus ojos negros.
"No hay necesidad de agradecerme" dijo Kushina con una sonrisa pícara. "Cuando este bebé sorpresa crezca, hazlo ayudarme en la casa y correr mis recados mientras yo estoy en misión y estaremos a mano."
Mikoto sonrió amablemente. "Trato."
"Mikoto… es tarde y has estado aquí todo el día" dijo Kushina, llena de preocupación por su cansada amiga.
"No te preocupes por mí. ¡Estoy bien!"
"Sin embargo, debes ir a casa y descansar. Puedes ir a estar con tus hijos, apuesto que Sasuke-kun extraña mucho a su mamá" dijo Kushina.
"Sí… sé que lo hace. Lo extraño." Dijo Mikoto, la culpa escrita por toda su cara. "Itachi también."
"¿Ves? Ve a casa y con tus hijos. Yo tengo que estar en el hospital hasta mañana de todos modos." Kushina miró la habitación donde el bebé estaba durmiendo. "Yo cuidaré de Izana. Él estará bien y mañana puedes venir y verlo de nuevo."
Mikoto asintió. "Supongo que tienes razón. Vendré a primera hora mañana, y… ¿Kushina?"
"¿Si?"
"Eres asombrosa." Dijo Mikoto. "¿Cuál es el nombre de tu bebé?"
Kushina parpadeó. Ella fue atrapada con la guardia baja por esa pregunta y el recuerdo de su bebé dolía como sal en una herida.
"Naruto" respondió ella, bajando sus ojos. "Su nombre era Naruto. Nunca tuve la oportunidad de conocerlo y ahora… nunca seré madre."
"Eso no es verdad Kushina" dijo Mikoto colocando una cálida mano en el brazo de su amiga. "Tú eres la madre de Naruto, nada puede cambiar eso. Siempre serás su mamá."
Los ojos azules de Kushina se ampliaron y se volvieron húmedos. Sin embargo su corazón no se sentía pesado y desgarrado esta vez. Se sintió cálida y pensó en su hijo con una sonrisa.
Minato estaba muy preocupado cuando fue a casa y no encontró a Kushina. La primera cosa que cruzó su mente fue que ella lo había dejado o peor… tratando de permanecer calmado, pensó en el sello que había colocado en su vientre e inmediatamente se teletransportó a su lado. Cuando lo hizo, el joven Kage estaba sorprendido por los blancos muros y el olor a antiséptico.
"¿Dónde es esto? ¿Un hospital?" pensó Minato, mirando alrededor. No sabía por qué Kushina estaría en un lugar como este, ella odiaba los hospitales, incluso más desde que perdió al bebé y se tuvo que remover su útero.
Cuando Minato miró hacia abajo, su mandíbula cayó. ¡Vio a su esposa en una cama de hospital!
"¡Kushina! ¿Qué pasó? ¡Kushina!"
"¿Eh? ¿Qu… qué?" murmuró la pelirroja despertando. "¿Quién está aquí? ¿Qué… Minato? ¿Eres tú?"
Sin pensar, el hombre rubio abrazó a su amada esposa con firmeza, frotando su hermoso cabello rojo.
"Pensé que estabas herida, Kushina" dijo Minato, reusándose a dejarla ir. "O enferma o incluso… estoy tan contento de que estés bien. ¿Qué estás haciendo aquí?"
Kushina lentamente abrazó a su esposo de vuelta. ¿Cómo pudo olvidar cuán llorón era su Minato en realidad? "Estoy bien, Minato. Siento haberte preocupado. Supongo que me dormí y olvidé pedirle a alguien que te dijera que estaba en el hospital."
Minato se movió para mirar a Kushina, pero todavía la sostenía en sus brazos. "¿Por qué estás en el hospital? ¿Estás enferma?"
"No, estoy bien. ¡De verdad! Pero habla más bajo, lo vas a despertar."
"¿Eh? ¿Despertar a quién?"
Kushina frotó sus ojos cansados. "Enciende las luces"
Minato hizo lo que ella dijo y sus ojos azules se ampliaron cuando se dio cuenta de que había una incubadora cerca de la cama de su esposa. Perplejo, se movió más cerca y miró al bebé de cabello azabache durmiendo mientras algún tipo de líquido entraba en sus pequeñas venas.
"Su nombre es Izana. Él es el bebé de Mikoto" explicó Kushina. "Le di un trasplante de medula ósea."
Tranquilamente, Kushina explicó a su esposo sobre la enfermedad de Izana, su dolor y desesperación de Mikoto, también su sorprendente nacimiento. Minato escuchó atentamente y también miró al bebé que su esposa estaba tratando de salvar. El hecho de que él había nacido casi al mismo tiempo que Naruto había muerto lo había sorprendido también.
"Prometí a Mikoto que cuidaría de él esta noche, pero los doctores querían que yo durmiera en una cama y no me dejarían estar afuera de su puerta." Dijo Kushina, como si fuera la cosa más ridícula del mundo. "Así que los hice poner su incubadora en mi habitación. De esa manera puedo mantener un ojo en él."
"Kushina…" dijo Minato con cuidado y miedo. No había visto a su esposa tan viva durante micho tiempo y esperaba que no fuera a hacerla sufrir más. "Kushina, lo que estás haciendo es maravilloso, pero… este bebé no es Naruto."
Los ojos de Kushina se volvieron más tristes pero sonrió. "Lo sé, Minato. Sé que él no es Naruto y nadie puede reemplazar a nuestro bebé. No quiero eso. Sin embargo, sentí como si Izana me necesitaba y tenía razón. Yo fui la única que era un donante compatible. No pude hacer nada para salvar a Naruto, pero pude salvar a Izana."
Minato se movió más cerca hacia el infante durmiendo. Él había sobrevivido a un difícil nacimiento y estaba tratando de luchar contra su propio cuerpo. Como Kushina, de alguna manera, Minato también se sintió atraído por este niño valiente.
Horas más tarde, mientras Kushina y Minato dormían en la cama junto a la incubadora y los primeros rayos de sol atravesaban las cortinas, el bebé nombrado Izana abrió sus ojos lentamente.
Habitualmente permanecía despierto por sólo unos minutos antes de que su joven y cansado cerebro demandara a su cuerpo dormir y descansar. Cuando despertaba, habitualmente sentía dolor, fatiga y confusión. Su visión era confusa y sólo veía figuras borrosas cerca de él. Lo que es más, sabía que las personas estaba hablando con él pero no podía entender lo que decían, lo cual daba miedo porque él sabía que se suponía debía hacerlo. Así mismo, no podía hablar, sólo llantos, gemidos y gorgoteos salían de su boca, lo cual también era extraño.
Sus recuerdos eran borrosos. No podía recordar lo que había hecho antes. Su cerebro era demasiado joven para mantener recuerdos. Despertaba cuando tenía hambre o dolor, luego volvería a dormir y olvidaría todo eso.
Al principio había tratado de luchar contra eso, permanecer despierto y tratar de descubrir dónde estaba, por qué su cuerpo se sentía raro, por qué no podía levantarse y pensar correctamente. Sin embargo, cuanto más trataba más confundido y cansado se sentía, y habitualmente terminaba llorando hasta quedarse dormido, donde no había confusión ni dolor,
Había palabras que describían sus sentimientos pero no podía recordarlas más. Sabía que él era… grande. ¡Eso es! Él era un chico grande, pero ese pensamiento seguía deslizándose como arena entre sus dedos. Si se sentía bien, y al mismo tiempo no. Él se sentía pequeño y diferente.
"¿Dónde estoy?" se preguntó dentro de su propia mente confundida. Pronto, sus parpados se volvieron demasiados pesados y el antiguo Uzumaki Naruto se quedó dormido de nuevo, inconsciente de su nueva identidad como Uchiha Izana.
Nota de la Autora: De acuerdo… sé que el capítulo está lleno de angst y hurt, pero es necesario el capítulo para vincular a Kushina y Minato con Izana. El siguiente será más feliz y más divertido. (¡Jejeje! ^_^)
Por cierto, sé que el nombre es inusual y que a muchos no les gusta. Sin embargo, me enamoré del nombre después de que vi un personaje en Final Fantasy Type 0 que se llamaba Izana. También pensé que era lindo como un diminutivo de Izanagi o Izanami. Además, descubrí que se escribe así:
いざ名 (Izana): Nombre de emergencia.
Algo adecuado ya que Mikoto sólo pensó en "Sasuke" para un niño.
También, la parte de la jeringa en la cabeza del bebé, eso es real. En los bebés, la medicación IV es muy difícil y la mayoría de las veces, sus brazos no son suficiente.
Nota de la Traductora: Bueno, espero que les haya gustado. Este capítulo me hizo recordar algo, con Izana/Naruto en el hospital rodeado de tubos y esas cosas. Yo tengo dos sobrinos una nació con gastrosquisis y el otro con el hígado encimado con el pulmón. Yo no llegue a verlos en esa condición, pero ver las cicatrices en sus pequeños cuerpos en ocasiones me causa escalofríos. No sabía que la IV se podía colocar en la cabeza, a ellos se las colocaron en el cuello.
Jejeje, parece como si cada capítulo contuviera algo relacionado con mi vida XD
¡Espero sus comentarios!
