NARRADO POR CAMILLE
Sonreí al enterrarme de que Dimitri me buscaba por boca de Jasé. Quería creer que él me buscaría, pero después de algún tiempo había renunciado a él, sin embargo, seguía en New Orleans, esperando algo que hacer. Ahora que lo sabía la emoción y la anticipación se apodero de mí. Sabía que él era un gran luchador y más aun que conservaba la fuerza de un Strigoi, por lo que debería estar presente para cuando nos viéramos, que iba a ser pronto por la cercanía de su búsqueda.
Salí a alimentarme. La sangre de los Moroi era mi favorita pero sabía lo difícil que era para conseguir, por lo que ahora debería conformarme con la de los humanos. Cuando me cansaba de aquel sabor, trataba de buscar la sangre de los dhampir. Aquella sangre transmitía mas fuerza, no tanta como la de los Moroi, pero la suficiente para darte una mayor ilusión de vida.
En mi mente pasaba repetidamente la imagen de Dimitri cuando vio lo que le hacía a su Rose. La agonía estaba escrita en su rostro, haciéndome sentir por un momento mal. Pero así como llegaba se iba. Él me había hecho sufrir cuando me abandono solo para encontrarla y matarla, él no me había dado ninguna oportunidad para estar juntos y gobernar nuestro mundo… no, sus sentimientos estaban absorbidos por aquella dhampir.
Mis pensamientos se interrumpieron cuando encontré a mi almuerzo, oh, su sangre era dulce - no tanto como la de Rose - pero aún así me llamaba. Me acerque a ella y la agarre por la espalda. Sus ojos se ampliaron en shock y luego empezó a gemir. Definitivamente disfrutaba jugar con mis presas. Desde que era una Moroi, tenía un punto de vista oscuro, y al entrar a la escuela, me di cuenta que esto era mi vida. Decidí matar a mi mejor amiga a las afueras de la academia. Succione hasta la última gota de sangre.
Cuando desperté, fue la mejor sensación que haya tenido nunca. Era una diosa. La noche para mis ojos era día, los olores eran perfectos. Mis sentidos estaban al 100% activo.
Ha pasado casi un milenio desde que era una Moroi. Ahora soy prácticamente indestructible, mi fuerza y rapidez son perfectas. Una asesina perfecta.
La humana en mis manos me rogaba que la matara, pero era un regalo que aun no quería dar. Seguí aruñado su suave piel, pero luego la sed era tan profunda que clave mis colmillos en su cuello. Maravillo. Aquella sangre viajaba a través de mi cuello, llenando de vida cada parte que rozaba. En menos de unos segundos ya no quedaba nada.
Me alimente de otra pareja y satisfecha volví a mi casa. Vivía con 2 Strigois mas, eran mis hermanos, lo cual hacia que nuestra relación no fuera mala. Ellos me veían como una líder y así me comportaba.
Al entrar los vi que caminaban de un lado a otro rugiendo. Estaban muy nerviosos
- Camille – grito Diego
- ¿Qué es? – pregunte
Su tono de voz era desesperado lo cual me asustaba
- Dimitri – gruño él
Una sonrisa se creó en mi cara. Ahora que no existía esa aborrecible guardiana, sería capaz de quedarme con Dimitri. No me importaba si tenía que usar mi coacción, él no era resistente a ella.
- ¿Qué sucede Camille? - pidió Alex
- Nada - respondí - pronto tendremos un nuevo inquilino
Diego sacudió exasperadamente su cabeza
- ¿Él? No, él morirá
Eso me saco de mis casillas. Si hubiera sido otro lo había golpeado, pero no, este era mi hermano
- ¡¿Cuestionas mi orden? – grite
Alex se acerco y dijo
- Solo quiere protegerte…
Sabía que tenía razón. Respire profundamente
- Él ahora es mío, gústele o no.
Me retire hacia mi habitación. Amaba los lujos que la decoraban. Oro, zafiros, diamantes… todo era hermoso. Los acaricie y bese. Mi figura era hermosa. Tan blanca, delgada pero con curvas, alta y rubia. Mis ojos eran azules, ahora rodeados de rojo encendido por la sangre. Me amaba, pero más amaba a Dimitri. Con él podría gobernar el mundo.
Me recosté en un sillón y pensé. Sabía que atacaría no más se pusiera el sol. Eso era una desventaja, pero mi los vidrios eran tan oscuros que un rayo de sol no los atravesaba y tan fuertes que solo un golpe de un strigoi tan viejo como yo podría derrumbarlos. Estábamos bien protegidos. Y Dimitri no sería capaz de hacernos atravesar la puerta, no con el plan que tenía en mente.
Organice la habitación recordando sus gustos. Libros de Medio Oriente y música de Europa del Este. Listo. Ahora solo esperaría a que saliera el sol.
Me perdí en la vista de la mañana. Aunque amaba se Strigoi, yo siempre admiraba el sol, y ahora saber que era lo único que me podría destruir me llenaba de tristeza.
Cuando estaba en su punto máximo, me vestí con un hermoso vestido rojo. Resaltaba mis ojos y mis labios con el brillo que utilice. Rojo sangre. Aplique la pestañina en mis ojos haciéndome quedar más hermosa. Sonreí hacia el espejo.
A los segundos escuche los rugidos de furia, Dimitri estaba aquí.
Llegue a la sala y allí él estaba, tan fuerte y valiente como siempre. Sus ojos se posaron en mí y vi el odio en ellos
- Te matare - gruño
Dentro de unos segundos no pensaría en eso
- Dimitri - le hice una reverencia - me alegra verte.
Ese momento de distracción fue lo único que necesitaron mis hermanos para inmovilizarlo. Lo llevaron contra una pared haciéndole perder el agarre de su estaca. Me acerque y bese su cuello. Esa sangre me llamaba, me excitaba.
- Aléjate - gruño él
Sonreí y me acerque rozando sus labios con los míos, y en ese momento, Diego lo golpeo fuertemente en la cabeza haciéndolo caer al piso inocente
- ¿Qué has hecho? – le grite
- Solo lo bloquee – respondió encogiéndose de hombros
Respire profundamente tratando de calmarme
- Yo me hago cargo – dijo Alex
Asentí y volví a mi habitación.
Habían pasado ya varias horas desde que Dimitri estaba dormido, por lo que salí y conseguí comida.
Al volver a la casa lo vi en la sala, con su rostro relajado, pero alcance a ver una mueca en su rostro.
No lo pensé dos veces y me desnude mientras me acomodaba en frente de él.
Dimitri abrió los ojos y al fijarse en mí, un odio ciego lo cegó
- Buenos Días, Dimitri – salude sonriéndole – Me alegro que hayas despertado – lo estudie un minuto - ¿Tienes hambre?
Asintió y dándome permiso de llevarle la comida. Con toda delicadeza, lleve la cuchara a sus labios.
Dimitri me miraba fijamente mientras comía ¿Qué estaba pensando hacer?
Mi pregunta se respondió cuando el plato quedo vacio. Dimitri me escupió, pero aun así me logre quitar
- Te matare – prometió.
Respire profundamente tratando de controlar mi ira y luego supe que la delicadeza es la mejor manera de tratarlo
- ¿Sabes? Todo esto fue por ti – respondí – si te hubieras quedado conmigo en Siberia, bueno… Rose estaría viva, y tu y yo tendríamos todo el poder de nuestro mundo
- El poder es efímero, el amor es eterno – escupió sonriendo maliciosamente
- ¿Y de que te ha servido? Solo dejo una herida incurable en tu alma – una idea llego a mi cabeza – pero no será más
- ¿Qué demonios? – exigió
- Diego, Alex
Me gire de nuevo hacia Dimitri estudiándolo. Esto no sería nada fácil
- ¿Qué pasa? – pregunto Diego
- Necesito su ayuda – enfoque mis ojos en los suyos - No apartes la mirada - ordene. Ahora necesitaba la ayuda de mis hermanos - Alex y Diego… - ellos empezaron a utilizar la coacción también en él - Ahora, tú solamente me amaras. Olvidaras a Lissa a Rose y a los demás, solo existiremos tú y yo – Dimitri asintió con ojos vidriosos - bésame
Acerque mi rostro al suyo probándolo. Dimitri me miro desesperadamente y me beso con fuerza. Una oleada recorrió mi cuerpo frio, y deseaba que fuera para siempre.
Me retire
- No
- Espera – tenía que estar conmigo para la eternidad - Siempre serás mío ¿lo entiendes?
- Siempre seré tuyo - murmuro
- ¿Camille? - Diego llamo
- Soltadlo – ordene. Dimitri se acerco a mí. Suspire de alegría, era mío - Podéis iros, ya está hecho - ellos asintieron y se giraron para salir - Hey, nunca lo vayáis a tocar
- Por supuesto Camilla - respondió Alex
Salieron dejándonos solos. La mano de Dimitri se deslizaba en mi piel haciéndome excitar. No lo pensé dos veces y lo lleve a mi habitación
