Lunático amor 24

Theo dejó de hacerlo sufrir. Y eso que se veía tan adorable sufriendo.

-Tú y tu padre solo piensan en el aspecto carnal del matrimonio. ¿Quién ha dicho que te seria un matrimonio de verdad, consumado? Firmaría un papel y cambiaria de domicilio para estar bajo el mismo techo que Luna. Pero tampoco soy tan patético como crees. No me conformare con mirarla. Intentaría seducirla y si eso no funciona intentaría acelerar el penoso pero inevitable trámite de su viudez.

Draco estaba mas pálido que la nieve que cubría el jardín.

-No serias capaz… - susurró – de matar a mi padre, de tocarme a mi…

-¡Jo! Que tu solo piensas en que te toque, ¿no será que tienes ganas? – lo jalo por la cintura y le dio un repegón en el trasero.

-¡No! – el chico que acostumbraba vestir como un cura se echo atrás - ¡Se lo diré a mi padre, que quieres matarlo para quedarte con Luna!

-No te creerá. – aseveró Nott – Además, tu si que no eres capaz de traicionarme. Y si te da la tentación de hacerlo, le diré a tu padre que eres virgen y el contratara a todo el maldito "gallinero" de ese proxeneta chino y sufrirás múltiples violaciones…

-No… - susurró Draco aterrorizado.

-¿Ves? Es mejor que nos casemos, no te tocare a menos que me lo pidas y todos contentos.

-No te creo. ¡Has dicho que quieres matar a mi papá!

-Bueno, exageré, la verdad si me basta con mirar a Luna… tratar de seducirla, a final de cuentas, viviendo en tu casa no seria difícil coger un pelo de tu padre, ¿no? Y supongo que bastaría con echármele encima como una bestia salvaje y lujuriosa para que no se diera cuenta de la suplantación.

-¡Ahora estas diciendo que vas a suplantar a mi padre! – se escandalizo Draco.

-Joder, que eres un tío difícil de contentar. Te digo que planeo dejar viuda a Luna y no te gusta, te digo entonces que me aprovechare de la poción multijugos y tampoco te parece. ¿Qué te gustaría entonces?

-Que dejaras a mi padre y a Luna ser felices. Se aman Nott, olvídate de ella, busca otro amor.

El chico pelicastaño tenía un gesto inescrutable.

-¿Has podido olvidarte tu de Hermione Granger?

-¿Qué? ¿Cómo sabes que ella me gusta si nunca te lo he contado? – su preferencia por la sangre sucia griffyndor era un secreto que Draco no había confiado a nadie.

-Gracias a mis increíbles habilidades deductivas y de observación. – de observación y lectura de tu diario, omitió añadir Theo.

-Pues no, ella me gusta…

-Ella es novia de Ronald Weasley. – de repente Theo estaba enojado - ¿Por qué no pides asilo en la pocilga de los Weasley y copias mis planes maestros?

-¡No! Yo no… yo no quiero que sea así. Yo quiero amar de verdad, y ser igualmente amado.

-Cásate conmigo. – Theo dio un paso al frente volviendo la distancia entre los dos inexistente – Yo te amo.

Draco se quedo boquiabierto. El gesto de su amigo era inescrutable. Su corazón golpeteo con fuerza una vez y su reacción fue la de aventar al otro muchacho.

-¡Eres un cabrón retorcido Theodore Nott! ¡Tienes tantos planes maquiavélicos que ni siquiera tu sabes cual es el bueno! ¡Estás mal!

Draco se alejó corriendo trabajosamente sobre la nieve hasta que recordó que sabía y podía desaparecerse. Regresó a la casa de su padrino y se quedo sentado en el porche de la puerta, tratando de alejar de su mente la tentadora oferta de Theodore, era demasiado buena para ser verdad.

Pero se hizo de noche y su padrino no volvía. Los copos de nieve volvían a caer y un frio atenazante le tenia tensas las mejillas. El rubito tiritaba de frio y al considerar su triste suerte de "Anita la huerfanita" se hecho a llorar. Sin embargo, las lágrimas le quemaban los ojos por lo que se paro y pensó en donde podría pasar la noche, tenia tantas ganas de una cama caliente y un vaso de leche, pero no llevaba un knut encima.

¿Quién podría prestarle dinero, o decirle donde estaba su padrino? Dio con la opción, era obvia, pero se resistía… La necesidad física se impuso y se apareció en Grimauld Place y llamó al numero doce, ahora visible para todo el mundo mágico. Tal como lo esperaba, Potter abrió. Tras la sorpresa inicial lo recibió con una sonrisa.

-¡Hola Draco! Pasa, ¿a que debemos el honor de tu visita?

Aquel uso del plural se veía explicado por la presencia de todo al clan Weasley. Todos. Los vio en la boda de su padre y esperaba no volverlos a ver pero ahí estaban, pelirrojos y aterradores por su abundancia y su igualdad en el gesto hostil, suspendido su afán de adornar para las navidades la casa que fuera de los Black.

-Ahhh, esto, venia buscando al profesor Snape, ¿esta aquí Potter?

-¿Y que iba a hacer el murciélago ese en nuestra casa? – pregunto Ron.

-No hables asi de un héroe, Ronald Weasley. – lo reconvino su madre. – Pues no queridito, no se encuentra. – la sra. Weasley mudo el gesto tan rápida y diametralmente como solo ella podía.

-¡He invitado un montón de veces al profesor Snape pero siempre esta ocupado! – exclamó Harry con desilusión - ¿Tu si te quedaras a tomar ponche verdad Draco?

Draco, a quien le rugían las tripas de hambre respondió:

-Ya que insistes Potter, no quisiera parecer descortés. Estas galletitas se ven deliciosas. – cogió un hombrecito de jengibre de una guirnalda cercana y se lo llevó a la boca.

-¡Cómeme, soy delicioso! – grito la galleta.

-¡Ah! – Draco gritó y se le cayó en la olla del ponche.

-Creó que se nos pasagon de jengibre y eso las volvió paglanchinas. – opinó Fleur.

-Pues están muy buenas. – Draco había cogido otra y la comió antes de darle tiempo a presumir su sabrosura. Parlanchinas o no llenaban la panza. - ¿No ha leche para remojarlas?

-Claro que si queridito, ¿la quieres con chocolate?

-Si. – Draco se dejó atender por la señora Weasley, quien tenia complejo de madre ardiente y que sirvió recalentado al chico que engullía con ferocidad lo que se le pasara enfrente, pues no estaba acostumbrado a malpasarse.

Molly sentó al resto de su familia a a mesa y se repartieron las galletas que dejo Draco. Al ver que solo le tocaban tres Ron protesto:

-¡La traía atrasada este wey!

-Ron, no llames wey al invitado de Harry. – lo reconvino su madre pero luego mascullo algo como tanto dinero y no le dan de comer el niño.

La velada se animo pues Fred y George pusieron a sus galletas a pelear y a poco toda la mesa era un campo de batalla en la que galletas animadas se daban hasta con los bastones de caramelo. Ginny era las mas feroz para animar a sus galletas y Hermione participaba con algo de reserva, como si en el fondo no pudiera dejar de considerar que no se debía jugar con la comida.

Draco la observaba con disimulada atención, disimulando también como robaba los miembros amputados de las galletas. Por eso le gustaba esa sangre sucia, porque en el fondo no acababa de parecer una gryffindor, no era idiota y escandalosa como el promedio. De hecho el rubito nunca se había explicado como era que no estaba en Ravenclaw.

Si fuera una Ravenclaw no habría problema: podría haber admitido en público que le gustaba e intentado algo al respecto pues las relaciones entre halcones y serpientes no estaban mal vistas. Y su talento hubiese hecho fácilmente perdonable su estatus de sangre, como sucedió con su padrino. Pero que fuera leona lo había mandado todo al carajo. Que una chica de la casa enemiga sobresaliera opacándolos a todos era algo imperdonable. Declara su preferencia por ella habría sido traición.

Sobre la mesa, unos hombrecitos de jengibre habían armado un cañón y disparaban cerezas. Un error del artillero y el proyectil fue a parar a la frente de Draco, sacándolo de sus cavilaciones.

-¡Pero que! ¡Nunca una galleta había golpeado en la cara a un Malfoy!

-¡Vete a la mierda! – la galletita comandante le hizo la britnyseñal y se dirigió a sus artilleros - ¡Preparen! ¡Apunten! ¡Fuegooo!!! – y tres cerezas fueron a derribar una barricada de turrones.

-Es la primera vez que una galleta manda a la mierda a un Malfoy. – dijo Draco en voz bajita.

-Fred y George se han pasado poniéndoles un vocabulario tan soez. – se ¿excuso? Hermione.

Un rato después tanto hombrecitos vencidos como victoriosos fueron engullidos con leche y ponche (alea iacta est) en medio de maldiciones a quien se los comía. El bando de Ginny, Fred, George y Bill había ganado y Harry, Ron, Hermione y Percy estaban muy mohinos. Molly, quien no había tomado partido pues su majestad la obligaba a ser imparcial (y ella obligaba a Arthur) declaro que ya era hora de dormir.

Fleur, quien tomaba la escuela de Molly de matronas dignísimas tampoco participo en la batalla de galletas, pero si guiñó el ojo a su marido y menado besitos. Este, sonriendo bobamente, pareció recordar algo importante de pronto. Se llegó a Draco.

-Oye Malfoy, en tu familia hay sangre veela, ¿verdad? – pregunto con vehemencia, pues cada día que Lucius iba a hacer su servicio comunitario con el era un tormento.

-Si. – contestó extrañado por la expresión de triunfo del otro – Mi tatarabuelo se casó con una veela llamada Tavastia.

-¡Siii! Que alivio… - Bill se seco la frente – Supongo que te aparecerás en tu casa, si no Fleur y yo podríamos darte un aventón.

-Oye! – se quejo George - ¡Tu nunca nos ofreces un aventón a nosotros!

-Tu, hermanito, vives en la dirección opuesta a El refugio.

-Y tu pareces tomarte muy en serio tu nueva amistad con Malfoy, padre. – Fred se planto al lado de su gemelo y los dos pusieron los brazos en jarras.

-Conocido. – puntualizó Bill al sentir también los ojos de Fleur sobre el – Colega. Tal vez amiguito usando el vocablo con manga ancha. Pero amigo, lo que se dice amigo, no.

-Fuiste a ver porno a su casa. – replicó George.

-¿Cielo, es cierto eso? – pregunto Molly alarmada.

-Pues si. – Bill puso cara de arrepentimiento y su esposa y madre lo fulminaron con la mirada – Es que era genial…

Ginny se mostro extrañamente sonrojada y le susurro a Draco:

-Oye, ¿podrías decirle a Luna que me regrese mis películas? Las que ella ya sabe.

-Queridito, es hora de que te vayas. – la señora Weasley le puso el abrigo personalmente – Bill, dale un aventón a Draco, no son horas de que un niño ande solo en la calle. – el hijo mayor asintió.

-Este… gracias, pero no.

-Vamos Malfoy, no seas ridículo, esta cayendo un tormentón. – Fred, que se amarraba una bufanda señalo la ventana. Que bonito es ver nevar y no helarse.

-No, no es eso, es que, bueno, ¡yo quería pernoctar aquí! ¿Puedo Potter? – había suplica en su mirada.

-¡Claro Draco! Me alegrara mucho tenerte como mi compañero de cuarto. Sin el pequeño Teddy me siento solo.

-Un momento. – Molly levanto un dedo imperioso e imperial – Draco Malfoy, ¿te han echado de tu casa?

¿La señora Weasley era adivina?

-No. Solo quería dormir con Potter. – contesto y Ginny paro las orejas como una zorrita detectando peligro: con lo mañoso que era el padre no podía menos que desconfiar del hijo.

-Se cuando me mienten, queridito.

Toda la bondad de la señora Weasley parecía haberse esfumado. En su lugar había una mujer bastante intimidante. ¿Por qué habían tenido que elegir ese día para decorar la casa Black? ¿Por qué no pudo llegar y pernoctar ahí sin más testigo que Potter? ¿Por qué señor, porque?

-Pues si. – contestó de mal modo.

-¿Qué hiciste?

-¡No hize nada! – respondió y odio a los que mostraron sonrisas burlonas, odio no poder decirles: si tarados, el chiflado de mi padre me hecho para que tenga una aventura, olvide a Granger y acepte casarme con Nott. – No es de incumbencia.

-Pero es que ese hombre esta loco. ¿si no hiciste nada porque te hecha de la casa en pleno invierno?

-Sus razones tendrá. – contestó Draco molesto – Fui primero a la casa de mi padrino, pero no estaba.

-¿No estaba? – se extrañó Molly - ¿Harry, corazón, dices que no contesta tus cartas?

-¡No, Hedwing 2 me las trae de regreso sin abrir!

-Vaya, eso sobrepasa la majadería típica de Snape. – opinó Bill.

-¿Seguro que no estaba en casa Draco?

-No, fui en la mañana y entre ahí accidentalmente… parecía que no había estado ahí en días…

-Eso es alarmante. – Molly aun estaba ciscada por las no muy lejanas desapariciones siniestras – Mañana iremos a averiguarlo. Y también iremos a hablar con Lucius Malfoy.

-¡No es necesario que hablen con mi padre! ¡Eso es algo entre el y yo!

-Queridito, no puede desatenderse de ti solo porque va a tener otro hijo. Eres su responsabilidad. – alzo la mano para callar a Draco – Hijos, Arthur, nos quedamos.

-Si mama/querida. – contestaron a una voz.

-¡Pero señora Weasley…

De nada valieron las protestas de Draco. Molly en persona lo arrastro al dormitorio y al día siguiente el clan Weasley en pleno desenfundaría el hacha de guerra y saldría en expedición.

***

Luna había regresado a tiempo para el te de las cinco, con su padre. Entre la señora Weasley y ella lo habían convencido de que un yeti malvado mordido por un vampiro estaba rondando y era peligroso quedarse a la intemperie.

-De todos modos no puedo construir con este frio: el cemento no cuaja. – concluyo el señor Lovegod.

Este estaba mu deprimido por la pérdida de su cuerno de snorkack: decía que nunca perdonaría a los mortifagos su robo y si Luna fuera una chica normal podría sentirse desplazada en el afecto de su padre por un objeto. Pero la jovencita no se lo tomó a mal y su única preocupación al llevar a su padre a la mansión Malfoy era como explicar los gritos nocturnos de Lucius. Así se lo comunicó a su esposo y de su iniciativa este fue a preguntarle a su suegro donde quería instalarse.

El señor Lovegod le dio la vuelta a la mansión, los jardines incluidos, tocando y a veces dándose de topes contra alguna pared hasta que po fin se decidió por una habitación de las intermedias.

-Lo siento papá, pero aquí no puedes quedarte, es la habitación de Draco. – dijo Luna. Pero su papá ya estaba deshaciendo las maletas.

-Puede quedarse aquí. – contradijo Lucius – A Draco lo he corrido de la casa por desobediente.

-¡Oh! – exclamó Luna - ¿A Amaranth también la has corrido?

-No, ¿Por qué?

-No esta, tiene días que no la veo… ¿No se habrá enfermado?

A Lucius la salud de una víbora se la traía floja. Se dirigió a su suegro que botaba la ropa de Draco del armario para meter la suya.

-Nuestra elfina domestica esta a su disposición, se llama Winky.

-Winky, muy bien, lo recordare.

-¿Algo mas? - pregunto encantador.

-No, esta casa es fea y aséptica, pero es mejor que acabar de cena de un yeti vampirizado.

Lucius aguanto esa ofensa a su buen gusto como decorador de interiores impávido y luego agrego, como al descuido.

-Oh, lo olvidaba: estoy tomando clases de bel canto nocturnas por correspondencia, y como tengo que practicar mucho no quisiera molestarlo. ¿Me permite ponerle un encantamiento insonorizador a sus habitaciones?

-Pues ya que, pero será una lata no poder oir a los gallos en la mañana. – Xenophilus no iba a perdonarle tan fácilmente el haberle quitado a su niñita.

-Le pondré un cd que reproduzca el sonido. ¿A las seis esta bien?

-Si, bueno, ¿Qué es un cd? – todo lo que sonara raro le intrigaba al sr. Lovegod.

Lucius le entregó el disco, la grabadora y el manual con instrucciones en japonés e ingles y lo dejo jugando como un niño. Realizó el encantamiento ante los ojos de Luna y al terminar le dijo:

-Y si sale por un bocadillo a media noche y nos oye, serán mis clases de opera. – se carcajeó y luego le rodeo la espalda y la acerco a el. – Me dan ganas de empezar mis prácticas ahora mismo gatita…

-No Lucius, me siento muy embarazada. El medimago dijo que los orgasmos podrían prematurizar el parto.

Lucius se detuvo de mala gana. Iba a ser un fastidio eso de tener a Luna al lado y no poderla coger como por tres semanas, y eso, luego de su dieta de hambre de solo los fines de semana porque ella estaba en el colegio. Nunca un Malfoy había sufrido tanta hambruna.

Continuara…