Notas del capitulo:
¡Especialmente dedicado a Aliencita, a quien se le prometí actualizar hoy! Gracias linda, por tu apoyo incondicional a lo laaargo de este relato. Gracias también a todos los demás que me leéis, en especial a quienes me han dejado un comentario.
Advertencia: tres escenas fuertecitas en este capi, dos un tanto fuera de lo común, pero 100% hetero.
Enjoy it!!!
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Lunático amor 28
-Dejad de gritar… - protestó Severus apenas audiblemente.
Minerva gritó de gozo y para asco de los gemelos y Ginny le dio un beso destapacaños al profesor, que ya sin ser murciélago le afectaba menos el tímpano roto.
-¡Sevy! ¡Mi cielo, mi vida! ¿Te sientes mejor?
-Algo. – dijo Snape con cara de estar padeciendo la peor jaqueca de la historia – Necesito poción otonica. – se apretaba la oreja que mas le sangraba.
-¡Le pediré a Horace que me la envíe! – corrió a la chimenea, echó polvos flu y metió la cabeza - ¡Horace, Horace! – gritó, y tras un "¡hip!" la voz pastosa del titular de pociones se oyó.
-¡Minerva, querida! ¿A dónde te ash ¡hip! Ido? La fieshta esta poniéndose salvaje… shu exshelencia Álvaro de la Marca va a hacer striptish!!!
Todos cuantos conocían a su Excelencia se maldijeron mentalmente por no poder estar ahí para ver al guapísimo bibliotecario desnudándose.
-¡Horace, necesito poción otonica! – demandó Minerva.
-¿Shabes que Minerva? Lo que neshesitas es echar una canita al aire, jijiji!!! – gritos como de mono araña en celo o fans del heavy metal justo antes de un concierto se dejaron oir - ¡Musha ropa, musha ropa! – entonó Horace Slughorn batiendo palmas.
Minerva golpeó el suelo de la chimenea con el puño, levantando una nube de cenizas. Snape, aun apendejado, preguntó:
-¿Ha dicho que Álvaro de la Marca iba a hacer stripis?
-¡Si! – Lucius se relamió los labios y Ginny asintió con un gesto como el del lobito de las caricaturas de Tex Avery. – No te sentirás tan mal si ya tienes ganas de ir Sev…
-¡Estupido! – exclamo Snape tratando de incorporarse, pero su centro de equilibrio estaba fuera de servicio y cayo lastimosamente - ¡Lo que Álvaro y sus amantes pretenden es robarse mi libro maldito mientras todos están distraídos con el striptis! ¡Debo ir a salvar mi De novem portis umbrarum regni!
-¿Qué? – Horace asomó su enrojecida nariz - ¿Tu posees un ejemplar de ese libro de arcanos prohibidos?
-¡Si, y autografiado por Grindelwald! ¡Me lo dejo de herencia Albus! - he ahí otro móvil para asesinarlo: entrar en posesión de tan preciada herencia ;) - ¡Esta oculto en mi despacho, mientras Álvaro distrae la atención Orhan o Romain deben estar botando la protección mágica que le tengo! ¡Por eso te convencieron de hacer una fiesta de Navidad a escondidas mío, viejo chocho! ¡Aaag, una fiesta en mi castillo! ¡Aggg, me roban mi libro! – Sevy no sabia que le molestaba mas - ¡Pareces un adolescente, y tu también Minerva, inventándote historias de cursos de Evocación en Roma para ir a su fiesta y no conmigo!
-Severus, lo siento… es que Horace invitó a Las brujas de Macbeth y tocan gratis…
-¡Si, y porque tu eres fan del rock yo me quedo sin mi valiosísimo libro! ¡Ve y detenlos Minerva!
-A la orden Severus. – la bruja se llevó una mano a la frente en gesto militar y se fue por la chimenea. Lucius se apresuró a seguirla.
-¿A dónde vas perro traidor? – le espetó Snape.
-A ayudarla. – dijo yéndose, pero a lo que en realidad iba era a darse taco de ojo con el bello bibliotecario. Ginny imito su ejemplo y cundió el pandemónium, pues todos sintieron repentina añoranza por su casa de estudios y salieron en desbandada por la chimenea.
-Yo le traeré su poción otonica, profesor Snape. – prometió Luna antes de partir con su pañalera al hombro y su bultito bien abrazado.
-Gracias. – dijo Snape, y suspiro en el profundo y completo silencio.
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Minerva, la única que por amor a Snape no se quedó en el gran comedor viendo como uno de los seres mas bellos sobre la faz de la tierra se despojaba de sus bóxers llego sin aliento al despacho y ahí encontró al retrato de Dumbledore desgreñado que hasta el sombrero le habían tirado y que aferraba contra su pecho un grueso y viejo libro mientras en frente suyo, sobre el escritorio, el profesor de DCAO estaba montando sobre el contratista mágico que se lo comía a besos y tentadotas.
-¿Qué diablos pasa aquí? – trono Minerva.
-¡Oh, fatalité! – exclamó teatral Romain – Nos han descubiegto hechandonos un rapidin, tugco misegrable!!! ¡Quítame las manos de encima y vamos a escondeg nuestra vegguenza!!! ¡Oh, estoy tan aveggonzado que hagre como si esto jamás hubiegá ocugridó!!! – y salió muy compungido, seguido por el moreno, lamentando su fallido intento de robo y mas aun el haberles enseñado a todos esos robamaridos a Alvagó-mon-amour de balde.
-¡Uff! – el retrato de Dumbledore se secó la frente – Toma Minerva, llévale el libro a Severus, ya no esta seguro aquí.
La profesora lo recibió y regresó con Luna a la mansión Black. La joven llevaba su poción curativa al director y de paso le dejó a Sol y a Teddy, bien dormidos en sus respectivos portabebés y con una mamila al lado por si se despertaban.
-Se los encargo mucho profesor. Sera mejor que también le deje unos pañales por si se ensucian. – añadió tocándose la mejilla con la varita.
Los apareció y regresó a la fiesta, que de verdad estaba poniéndose salvaje, pues luego de la euforia provocada por el bibliotecario que tuvo que salvarse a si mismo de la violación múltiple con el hechizo para proteger la virtud que Grindelwald mismo inventara Lucius subió al escenario y demostró que así como sabia vestirse bien también sabia desvestirse.
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Minerva acunaba en sus brazos a Sol y Snape hacia lo mismo con Teddy. Los ojos negros del amo de las pociones veían con ternura la sonrisa de Minerva, las arruguitas que se le marcaban torno a los ojos y como le tocaba la boquita a la bebe con un dedo de uña corta y cuadrada: aquella era una escena familiar y Severus quiso hacerla suya.
-Minerva, querida – se sentó a su lado - ¿tendrías un hijo conmigo?
Los ojos azules estaban muy abiertos detrás de sus gafas. Severus la veía con franqueza.
-Pero Severus… yo ya estoy muy vieja y no puedo…
-Con un tratamiento de fertilidad podrías.
-Pero, de todos modos… - la bruja se mordía los labios - ¡parecería abuela! ¿De que edad dejaría huérfano al niño?
-Minerva: no estas tan vieja como te empeñas en creer. Y si Bathilda Bagshot vivió 205 años hasta que la asesinaron no veo porque no puedas ver crecer a nuestro hijo.
-Pero necesitaríamos casarnos…
Snape acostó a Teddy en el sofá y se hincó delante de ella, apareciendo una alianza de plata.
-Minerva McGonagall, ¿te casarías conmigo?
La bruja contenía las lagrimas apretando a la bebé contra su pecho.
-Soy demasiado vieja y fea para ti…
-Suenas como Lupin dándole largas a Black, y mira a donde los condujo eso. – dijo con amargura – Déjate de excusas baratas Minerva: yo tampoco soy un quinceañero, ni el modelo del año con esta nariz. Te quiero y quiero formar una familia contigo, ¿aceptas?
La bruja sollozaba como loca cuando asintió. Severus la besó suavemente, ella le respondió y pronto quisieron estar mas cerca. Snape se paró, cogió cuidadosamente a Sol y la acostó al lado de Teddy. Cogió a Minerva de la mano y haciendo memoria de todos los consejos de Lucius la condujo arriba. Entraron al primer dormitorio. Al ver la cama ella titubeó, pero el le levantó el mentón y la obligó a mirarlo.
-Me pareces hermosa y te deseo. – ella cerró los ojos y tembló al sentir los labios de Snape sobre su cuello – Te deseo. – repitió pegándosele, apretándola de las nalgas contra su cuerpo, levantándole poco a poco la ropa – Te deseo tanto… - labios y ojos se encontraron.
Minerva rodeo su cuello y Severus le masajeo el posterior, atrayéndola más a si. Aun era un bocado apetecible y las canitas y las patas de gallo no hacían sino aumentar su atractivo a los ojos de Severus. Abrió el botón que cerraba su vestido a la altura de la nuca y le bajo el cierre. Un escalofrío la recorrió mientras las manos de su amado la desnudaban rápidamente. Le soltó el moño y los cabellos, todavía oscuros, cayeron esparciendo su aroma a shampoo.
Severus la empujo entre besos hasta la cama y la tendió sobre ella. Minerva lo acariciaba y sentía bonito de todas las cosas que el le decía; que la amaba, que era bella… jugó con sus pechos y con su vientre hasta que la sintió lista: rogando no errar los cálculos chupo dos dedos y los dirigió a su entrepierna. Ella se abrió con un gemido, Severus le metió los dedos deslizándolos fácilmente por la húmeda cavidad.
-¡Oh Severus, Severus… - jadeaba ella, aun con los anteojos puestos.
El la cayó con un beso y la estimulo otro poco, no podría contener mucho mas su excitación. Se acomodo sobre ella y empujo para entrar, gruñendo al hacerlo, creyendo que se correría ya mismo. Pero tenía que aguantar y aguanto, embistiéndola con menos delicadeza de la que habría querido, muy atento a sus pupilas azules dilatadas por el deseo.
Ella susurraba bajito su nombre entre los rechinidos del colchón y un par de veces sus huesos tronaron antes de alcanzar el clímax. Severus penetro unos instantes más y luego se dejó caer a su lado. Minerva se le acurruco en el pecho.
-Este año Slytherin va a ganar la copa de las casas… - dijo con malicia cuando la creyó dormida.
-Que te crees tu eso… - replico ella revolviéndose contra su torso desnudo.
Snape sonrió en la oscuridad y espero hasta que su respiración fue profunda y rítmica, entonces se levanto: tenia dos bebes que atender así que no podía dormir a pierna suelta.
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La fiesta de Howgarts degeneró. Dos bandos se formaron y jugaron al voleibol con Álvaro de pelota, dentro de su esfera de magia oscura, similar a la que en su día contuviera a la serpiente Nagini. El profesor de DCAO rabiaba de ver el uso que le daban a "mon-amour" y seguramente lanzaría maldiciones imperdonables a diestro y siniestro de no estar atado a una silla, con el turco asqueroso sentado a su lado y disfrutando el espectáculo pues la furiosa plebe no había dado tiempo al bibliotecario de vestirse.
Cuando los ebrios jugadores se cansaron convirtieron la enorme red en una pasarela y Lucius no pudo resistir la tentación de pasearse por ella. Chiflidos, aullidos, puñetazos en la mesa y desorbitadas de ojos no se hicieron esperar y la multitud clamó:
-¡Mucha ropa, mucha ropa!
Malfoy, coqueto, se desabotonó el botón mas alto de su abrigo, guiñó un ojo con coquetería y se lo volvió a abotonar. La multitud estalló: la profesora Trelawney chiflaba como chiflada. El rubio buscó a su esposa con la mirada, le hecho ojitos de "¿Puedo?" e interpretó a su conveniencia la mirada ida de la joven.
Lucius apareció un farol y pidió música. Empezó quitándose el abrigo blanco y lanzándoselo a Luna. Se despojó de su saco, se aflojó la corbata, meneó la melena y se repegó de espaldas al poste, subiendo y bajando, pegando mucho su trasero al tubo metálico. Su lado exhibicionista gozaba horrores siendo el foco de atención, hasta para la otra semiveela.
Se quito el cinturón y practico restelladas y poses de dominatrix aprendidas de la difunta Bella: latigueó el poste y terminó usando el cinto como ayuda para trepar a el, resbalando lentamente bocaabajo… Eligio a Bill de entre el publico para lazarlo y bailo provocativamente en su regazo, con su rostro a centímetros del nuevamente bello y a tono con su pelo del joven; todo el mundo esperaba el beso pero esta no se produjo.
Malfoy empujo a Bill y regresó a su escenario, se contoneó en torno a su farol, se quitó la camisa y se bajó el cierre del pantalón hasta la mitad, dejándolo que bajara al ritmo que movía las caderas. Mechones de cabello pegados al escultural torso era cuanto impedía ver su piel desnuda. Se puso en cuatro y meneo el trasero delante de Luna, invitándola a tocárselo, chupándose un dedito… poco falto para que el contratista turco se le lanzara encima, pero Álvaro, ya libre y vestido, lo tenia amarrado junto a Romain.
Luna subió a la pasarela, cargando el abrigo; con un movimiento felino Lucius la tendió sobre el y se colocó a gatas encima suyo, y justo cuando el profesor Slughorn caía desmayado pensando en que Snape lo mataría cuando se enterara de que el Gran Comedor se había convertido en el escenario de un show porno en vivio una explosión de luz y humo blanco deslumbró a los presentes, y al disiparse, nadie quedaba sobre el escenario.
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Del bolsillo de su abrigo Lucius había sacado su varita para cubrir su retirada: corrió con los pantalones a medio abrochar y Luna en brazos. Una vez en un pasillo desierto bajó a la chica y recuperó el aliento con las manos sobre las rodillas.
-Eso fue increíblemente sensual. – declaró Luna recorriendo con su índice el brazo bien torneado de Lucius.
-Eso no fue nada comparado con el espectáculo que te voy a dar a ti gatita... – el rubio la rodeó por detrás y se apretó contra ella. Durante el baile su erección había sido más que evidente.
-Vamos a mi dormitorio… - Luna lo tomo de la mano y lo condujo rápido hasta la torre de Ravenclaw. Ella tocó la aldaba y ésta preguntó:
-¿No tienen cosa mejor que hacer que despertar a las entidades durmientes?
-Si. – respondió Lucius – Pero necesitamos privacidad.
La aldaba meneó la cabeza y los dejo pasar. Lucius estuvo varias veces en la sala común de aquella casa; reconoció parte del decorado que había sobrevivido al ataque mortifago. Siempre de la mano Luna lo hizo subir por una escalera de caracol interminable y al llegar a la parte mas alta abrió la ultima. Al entrar y ver el techo cónico supo que estaban en la punta de la torre. La cama de Luna tenía un elevado dosel azul, sujeto por cordeles plateados.
Ella lo sentó y lo empujó por el pecho desnudo, frio, soplando su cálido aliento sobre su piel, frotándolo con sus manos para quitarle lo frio. Lucius le desató las cintas del abriguito rosa, tocó sus pechos hinchados bajo el vestido de lana.
Montada a horcajadas sobre su cadera, remolineando su trasero contra la virilidad de su esposo la rubia se despojó de su vestido, revelando un conjunto de lencería color de rosa, de cuyo sostén los pechos desbordaban. Sus largas piernas estaban cubiertas hasta medio muslo por gruesas medias de tejido pachoncito, blanco.
Lucius le soltó el sostén y se deleitó contemplando los pechos de Luna: ¡nunca se los había visto tan grandes! Acunó con ambas manos las redondeces, las apretó, un poquitín de líquido mojó sus palmas… Luna gimió; Lucius se sentó con ella en el regazo, se bajo el cierre para liberar su miembro de la incomoda prisión, mostrándolo listo para el ataque. Paso una mano por la espalda de Luna, obligándola a arquearse, sobo un pecho con la otra, acercando sus labios al pezón, lo capturó con sus labios y succionó…
-¡Oh, Lucius! La leche es para la bebé…
Lucius, que saboreaba una de sus fantasías vueltas realidad chupó un poco mas antes de soltar.
-La bebé no la necesita ahora, y yo quiere comerte toda… ¡toda!
Sus labios atraparon el otro pezón, succiono el dulce y cálido liquido. Seguramente era un pervertido pero le encantaba. Pidió a Luna que lo masturbara y siguió chupando sus pechos, lamiéndolos, besándolos…. La rubia se afanaba a dos manos en su tarea, completamente mojada tocaba ese prodigio de suavidad y dureza que parecía cobrar aun mas vida bajo sus caricias, palpitando entre sus dedos y mojándolos con pequeñas proyecciones de liquido denso y caliente.
Lucius lamía entre sus senos y sentía acercarse el clímax. Afianzó sus labios sobre un pezón, chupo lentamente, guardándose el precioso líquido en la boca, conteniendo a duras penas los gritos de placer, retirando sus labios y abriéndolos, dejando resbalar la leche por sus comisuras y mentón mientras otro fluido blanco salpicaba su pecho y los pechos de Luna. Pasado el placer el ojigris dirigió una mirada de pura lujuria a su sonrojada esposa, besándola luego en la boca, colando su lengua hasta lo mas hondo antes de separar su labios.
-Lo siento Luna, no pude contenerme y me corrí.
-Oh, esta bien. – replicó ella, ocultando su frustración, pues tenia las pantaletas bien mojadas.
-Eres encantadora. – Lucius la recostó bocaarriba – Pero no me creerás capaz de dejarte insatisfecha. Eso iría en contra del orgullo Malfoy.
Lucius le quitó las botitas pero le dejo las medias, se veía mas sexy con ellas puestas, como una inocente colegiala, reforzando la fantasía el hecho de estar en una autentica cama de colegio-internado. Con los pantalones todavía a media nalga se recostó entre las piernas de la jovencita y deslizó su varita sobre la entrepierna de la prenda intima, presionando para hacer mas notoria la mancha de humedad.
Luna gimió bajito y el ojigris siguió tocándola en lo más intimo con el instrumento de madera, acompañándolo a veces con su lengua, prolongando el juego hasta convertirlo en una tortura pues era placentero pero insuficiente. Con un movimiento de varita desapareció los calzoncitos color de rosa y con otro apareció un consolador normal, no demasiado grande. Dejó la varita sobre la colcha azul, tomó el objeto de placer y lo deslizo sobre la vulva brillante de la joven, extrañándola la sensación cuando lo que esperaba era la lengua o los dedos de su marido.
-¡Oh! Lucius, ¿Qué haces? – se incorporó sobre un codo, pasando su mirada del rostro al falo falso con que la frotaba.
-Darte placer gatita. – el platinado apretó el botón de encendido y a cosa empezó a vibrar con un quedo ronroneo.
-¡Ah! – Luna se tapó la boca con la mano en que no se apoyaba.
Aquello se sentía cosquilleante, perverso… le gustaba. Y a Lucius le gustaba también: su expresión era de concentración, de placer. Sus ojos brillaban mirando como el juguete estimulaba los delicados pétalos de su rubia.
-Te lo voy a meter. – le advirtió atrayendo su mirada – Pero como no te has recuperado te lo voy a meter por detrás…
-¡Ah! – Luna volvió a taparse la boca, dejándose caer sobre el lecho azul.
Sentía ese objeto vibrante introducirse lentamente en su culo: se sentía entre horrible y delicioso, esa superficie pulida y fría temblando sin parar en su sensible interior, cada vez mas adentro. Una vez se lo hubo metido todo Lucius aumento el nivel de vibración y lo dejo, mirando como la parte que sobresalía giraba entre las nalgas redondas de la joven, lamio el interior de sus muslos y ejerció una suave presión sobre su clítoris.
Luna se tapaba la boca a dos manos y sus gemidos ahogados ponían muy en alto el orgullo Malfoy.
Lucius se aplicó a darle sexo oral, lengüeteando su entrada libre, aumentando al máximo el nivel de vibración del juguetito, atacándola a dos frentes, haciéndola gozar hasta que completamente exhausta ella le pidió que se detuviera.
Entonces sacó el consolador, lo apago, dio un último besito al sexo de su esposa, le cerró los muslos y se metió con ella bajo las colchas.
Continuara…
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Notas finales:
Kyaaa!!! Ojala haya sido de su agrado. ¡Proximo capitulo Theo&Draco: que ha pasado con ellos!!!
Dicen por ahí que cada vez que no dejas review surge una mala imitadora de Perla Shumajer ;)
