Lunático amor 29

Regresemos ahora un poco en el tiempo al momento en que Lucius, aclamado por su público, comenzaba su striptis. Los únicos ojos que no mostraban interés y deseo por la belleza en la pasarela eran los de su hijo. Los ojos de Draco estaban llorosos pues, cuando vio a su padre guiñar el ojo con coquetería escupió cual fuentesta el trago de licor de menta que estaba degustando.

La profesora Adanhel, de Estudios Muggles, le soltó algo como "tarado" y lo fulminó con la mirada.

-Lo siento. – Draco se hecho atrás en automático y piso el pie a Nott - ¡Lo siento! Vámonos Theo…

-¿Por qué? El show apenas empieza – señaló con su copita el escenario.

-¡Nott! – recriminó el rubiecito, escandalizado.

-Solo quería ver que tanto le ve Luna a tu padre. ¡Vaya! Que bien se mueve.

El grito, doblemente escandalizado, hizo reír al de ojos azules.

-Esta bien, vámonos.

Nott terminó su trago de menta y tomó del brazo a Draco abriéndole paso entre la vociferante multitud. Salir a los pasillos fríos y silenciosos fue un relax total. El ojigris se tambaleó algo al caminar y Nott lo llevaba con sumo cuidado. Los dos jovencitos llevaban los ojos vidriosos y achispados y aunque el pelicastaño bebiera más que el rubio era este ultimo quien mayores efectos etílicos mostraba.

Nott afianzo una mano sobre la cadera de Malfoycito para echar unos polvos flu en la chimenea e ir a casa.

-Esta no es mi casa. – anunció Draco al verse en una sala de lóbrego y pulido mármol negro.

-No, es la mía. – el muchachito pelicastaño se relamió los labios contemplando los de su amigo – Vamos a la cama. – propuso.

-Ok. – contestó Draco dejándose conducir por unas escaleras apenas iluminadas por faroles verdes. – Voy a echar de menos mis pantuflas. – Nott rió de modo quedo e irónico: ¡para falta que le iban a hacer!

Una vez en la habitación del chico este encendió el fuego de su chimenea pues el frío calaba más en su semiabandonada mansión de piedra. Draco se quitó su traje negro, demasiado sobrio y las pupilas azules se abrieron para ver más de ese bello cuerpo. Nott no tenia idea de cuando le había empezado a gustar su rubio amigo, pero lo cierto era que en esos momentos le gustaba. Y mucho.

Cuando solo en calzoncillos, nuevamente demasiado largos y recatados Draco se dirigió a su armario para coger prestada alguna de las piyamas de Theo el muchacho lo abrazó por la espalda y le besó el cuello. Draco no dijo nada, se quedo quieto tratando de ubicar si estaba despierto durmiendo la mona. Los brazos de Nott lo estrecharon y su entrepierna picó su trasero. Lamió larga, sensualmente, su cuello.

-¿Nott? – titubeó.

-Draco… - su nombre, pronunciado de ese modo, le puso la piel chinita. O a lo mejor era el frio.

-¿No estabas enamorado de mi madrastra?

-Si… - ladinitamente el ojiazul seguía toqueteando a su amigo.

-¿Entonces que rayos haces besándome a mi? – se volteó y le dio un empujón pero Nott lo tenia bien agarrado.

-Bueno, no puedo quedarme célibe hasta que tu padre se muera: tú mismo me recomendaste buscar otro amor.

-¡Pero no yo! – un rubor encantador teñia las mejillas del rubiecito.

Theo tomó sus labios entreabiertos y batalló por mantener el beso y al chico en sus brazos. Priorizaba el mantenerle la boca ocupada para que no hablara. Había retorcido tanto sus sentimientos que ya ni siquiera el sabia cual era el bueno. Pero la cercanía de Draco y el sabor de sus labios eran genuinamente agradables. Apretó ese cuerpo tan delgado como el suyo y su entrepierna se apretó contra la del rubio.

El petit Malfoy forcejeaba y hacia el tipo de ruidos que la gente a la que están besando por la fuerza hace para darlo a conocer. Como si estuvieran bailando Nott lo condujo a la cama, mullidita y blanda, lo tumbó sobre ella y se tumbó sobre el. Fue necesario romper el beso para pronunciar el hechizo que ató a Draco de manos y pies a los postes de la cama. (Debía practicar sus hechizos no verbales, se amonestó el ojiazul.)

-Theodore Nott maldito psicópata, ¡suéltame ahora mismo!

-No. – fue la breve respuesta del jovencito mientras se desvestía torpe y a la carrera.

-¡Te acusaré con mi padre!

-Tu padre me daría la razón. Opinaría que eres tan necio que hube de ejercer un poco de presión. – el pelicastaño se quito los bóxers y quedo completamente desnudo frente a Draco, quien cerró los ojos avergonzado de ver su imponenete erección.

Nott no la tenía mucho más grande que el pero el ver por primera vez la erección de otro tipo con intensiones sexuales contra tu persona impresiona.

-Papá te matará por violar a un Malfoy…

-Tomaré el riesgo. Vale la pena. - Theo se ubicó entre sus piernas y pegó su torso al agitado del rubiecito – Tu mismo padre fue quien me hizo notarlo el dia que vino a arreglar nuestro compromiso. Me dije: el viejo no es tan idiota como parece, y tiene buen ojo para estas cosas, saber quien desea a quien… ¿Tú no me deseas Draco?

-No sé. – contestó con honestidad. Sentía mariposas de oler a Theo tan cerca -¡No, no quiero! – quizá sentía mariposas y quizá le gustaba la gente de pelo castaño y lista pero no iba a convertirse en un puto como su padre.

-Draco… no te quiero violar. – era verdad: odiaba la violencia innecesaria.

-¡Pues detente cabrón retorcido!

-Esa boquita, esa boquita… - chasqueó la lengua y le rasgó los calzones, arrojando los jirones. Tomó en su diestra el pene dormido de su mejor amigo y besó el vientre tenso y plano – Draco me gustas, me gustas mucho…

-Por favor Theo, por favor no… - imploraba el chico con ojos llorosos.

-¿Por qué no? – inquirió algo exasperado – Tenemos dieciocho años, por Morgana, es vergonzoso para un varón ser virgen a los dieciocho. ¿No tienes ganas de hacerlo? ¿De probarlo?

-Si…

-¡Entonces por que diablos dices que no!

-Es que no quiero terminar siendo como papá o la tía Bella.

Ok: aquello era razonable. Theo acarició con sus dedos delicados el esbelto flanco de Draco, hasta la cadera, y rozo con su nariz y su aliento su ombligo, bajo vientre… y mas abajo. Lamió el miembro que su mano lograra despertar a medias y el rubiecito atado se estremeció. Nott repitió la caricia de su lengua como un gatito curioso.

Subía y bajaba a lamidas desde sus bolitas hasta la punta, recostado sobre su vientre, y todo su cuerpo se movía de atrás para delante y como tenia las rodillas dobladas sobre la cama su trasero se exponía mas o menos de acuerdo al movimiento. La punta de su erección se arrastraba sobre la suave superficie del edredón, dejando un rastro húmedo… Theo tomó la erección de Draco por la base, para ponerla perpendicular al resto de su cuerpo y la chupó, metiéndose hasta la mitad en la boca (con su inexperiencia no podía mas).

El ojigris ahogaba los gemidos que queria dejar salir: ni siquiera cuando se masturbaba gemia, no queria parecerse en nada a su padre. Excitado y avergonzado a partes iguales por el mismo motivo, chupársela a otro chico, Theo siguió haciéndolo, hasta que su propia erección le reclamo atención, adolorida. Nott retiró el pene de su boca, y lamiéndose las comisuras se acomodó encima del indefenso rubio, para penetrarlo.

-No… - suplicó el rubiecito – Theo…

Nott posicionó su pene entre las nalgas y empujó… penetrar no era tan fácil como en el porno hacían creer: el pequeño esfínter de Draco le negó la entrada y el miembro del chico, lubricado por sus propios liquidos previos, solo lo presionó y pasó de largo, deslizándose entre sus apretadas nalgas. Un sonido ronco surgió de la garganta de Nott: aquello se había sentido bien, tan bien que incluso creyó que había penetrado. Repitió el movimiento de cadera, la falta de gemidos de Draco (gemidos de dolor) lo sacó de su error. Se movió de nuevo, y de nuevo… aquello se sentía taaan bien… además, así no traicionaría por completo a su amigo.

Se estiró por la varita y le desató las piernas. Draco las apretó y su miembro quedo mas estrechamente aprisionado entre aquellos tersos volúmenes. Con el movimiento de forcejeo de parte del rubio su pene fue resbalando hasta quedar atrapado en el huequito entre nalgas y muslos, por delante, y cuando se sumía en aquella suavidad su vientre pegaba contra las bolitas y el miembro de Draco.

El jovencito pelicastaño siguió moviendo sus caderas, con la boca abierta, profiriendo quejiditos que calentaban a Draco más de lo que estaba dispuesto a admitir. Su miembro estaba bien firme y cada aplastón que le daba Nott se sentia mas rico que el anterior, ademas, la sensación de su pene entrando y saliendo de entre sus muslos era excitante…

-Draco… - Theo embestía con fuerza - ¡Oh Draco!

La sensación era deliciosa y Theo inexperto: se corrió entre los muslos del rubio y cayó agotado sobre el. Jadeaba y lamía el cuello del precioso ojigris. Se recostó de lado a su lado, apoyando la cabeza en su pecho para ver como lo masturbaba. Se la jalaba como a el más le gustaba, esperando oir gemir al otro, hacerlo gozar, pero nada, solo el silencio. Decepcionado de creer que no le gustaba como se lo hacia le libero las manos.

-Termina tú. – ordenó. Draco, que había estado disfrutando en grande, quiso voltearse – No, quiero ver como lo haces. – dijo sujetándolo.

Quería ver, si, para aprender, y porque tal como sospechó, el rubio se veía de lo mas excitante tocándose a si mismo. A Theo se le volvió a parar, pero estaba muy cansado para otra ronda, así que solo observó atento como su lindo amigo terminaba. Ningún sonido surgió de sus labios, solo respiraba, y eso, procurando que no se oyera. Se vino de un modo fantástico, con el semen salpicando su bajo vientre y chorreando por su mano. Theo se acercó mas a el y cogió aquella mano para chuparla, dedo por dedo. Draco lo miró escandalizado y trató de liberarla. Theo terminó de lamer la palma y lo besó en la boca. La docilidad del rubio a la hora de abrir los labios y dejarse acariciar la lengua le dio bastante confianza para pronunciar la siguiente declaración con una picara sonrisa en los labios:

-Te gusto.

-¡Oh, cállate, cabrón retorcido! – Draco le propinó un manotazo en la cadera desnuda. Theo se rió y lo cogió entre sus brazos, besándolo en la boca hasta que el frio calo. Entonces se metieron bajo las mantas, el ojiazul corrió las cortinas del dosel y estrechamente abrazados compartieron el calor corporal por el resto de la madrugada.

El vejestorio que era el padre de Theo despertó temprano. No fue a la fiesta puesto que sus múltiples achaques se lo impidieron, además, desde la muerte de Voldemort estaba decepcionado de la vida. En su juventud fue amigo de Walburga Black, así que se pueden imaginar lo transtornado que estaba. Salvado por los pelos de ir a Azkaban dedicaba sus días a componer en secreto unas memorias del dark lord, que, esperaba, fueran veneradas por las generaciones venideras.

Theodore, que estaba al tanto, le dejaba hacer, jurando para sus adentros quemar la obra de su progenitor en cuanto este estirara la pata. Por lo demás padre e hijo se llevaban bien, tan normal como miembros de una familia mágica observante de la pureza de sangre pueden tratarse, si bien su relación era más bien como entre abuelo y nieto. (El sr. Nott requirió de toda la potencia de las píldoras Purefoy para engendrarlo.)

Esa mañana, la mañana de Navidad, el viejo fue arrastrando sus huesos a las habitaciones de su hijo para dejarle su regalo. Entró en la recamara y el tiradero de ropa lo sorprendió pues Theo solía ser muy ordenado. Descorrió las cortinas de la cama y se encontró con la primorosa visión de su hijo roncando con el chico Malfoy en brazos, babeando sobre su pecho.

No era la primera vez que esto sucedía, pero ahora existía la particularidad de que ambos chicos estaban desnudos y de los postes de la cama todavía estaban atadas cuerdas que tuvieron el evidente propósito de la sumisión sexual.

Una sonrisa de oreja a oreja dejo ver la dentadura postiza del señor Nott. Cerró las cortinas para dejar descansar a los muchachos, que buena falta les haría y moviendo con renovada energía su larga y flacucha ancianidad escribió a Lucius Malfoy una nota, misma que en persona llevo a la lechucería (con trabajos para subir al ático por su rodilla) donde la ató a la patica de Blacky, un ave casi tan vieja como el (comparativamente hablando) y la apresuró.

Tal como le decía a Lucius en la nota: ya solo quedaba fijar la fecha de la boda y la cantidad de la dote de Draco: ambas cosas tendrían que ser estupendas, pues desde hacia tres generaciones los Nott no emparentaban con los Malfoy.

-Lucius… - la muchacha rubia movía el hombro, llamándolo – Lucius…

Lucius gruñó y se ocultó bajo la colcha. Luna hizo un puchero y lo destapó, dejando ver sobre la cama en cuerpo en todo su esplendor del rubio.

-Lucius tenemos que ir por la bebé. Debe de tener hambre. – Luna estaba preocupada por su hijita, era la primera noche que no la dormía en sus brazos.

Sólo por amor a su pequeña Sol, Malfoy se paró de la cama. Sintiéndose fatal por no poder tomar una ducha y arreglarse se vistió con el traje arrugado de anoche, con magia pues Luna ya estaba lista. Con cara de sueño volvió a dejarse conducir de la mano. Se toparon con uno que otro invitado, con peor pinta que ellos y regresaron a la mansión Black.

Severus dormitaba en un sofá, en medio de dos primorosas cunitas, una rosa y la otra azul.

-¡Sol! – Luna cogió a su bebe despertándola, dándole de besos y pasándole un dedito por la boquita para ver si tenia hambre.

Severus abrió un solo ojo y dijo a Lucius:

-¿Se lo han montado en mi colegio, verdad?

-Y de que forma! – sonrió el rubio – Yo también hize striptis.

-Depravado. El pelinegro se paró y revisó al bebe Teddy. Luna se había abierto como si tal cosa su vestido y le daba pecho a su hija.

-¿Cómo estas? – inquirió Lucius, poniéndole una manos sobre el hombro.

-Mejor. – gruñó – Pero si vuelves a cantar opera en mi presencia te mato.

-Es usted muy gentil, profesor Snape – dijo Luna con su vocecita – Apreciar a mi Lucius como para matarlo, como al profesor Dumbledore. Pero solo lo hara si se lo pide, ¿verdad?

-Si, claro- ironizó Severus- y a usted también, pero solo si me lo pide.

-Posee usted unos hermosos sentimientos profesor. Y ese corte en capas le queda muy sexy.

Snape se quedo de a 4 de oírse llamar sexy por una chiquilla pero Lucius arrugo la nariz.

-¿No querrás quitarme a Luna, verdad Sev? – le preguntó en un aparte.

-No tarado. Me había arreglado para Minerva. – Severus estaba exultante. Y se creía capaz de soportar las preguntas idiotas que formularía su amigo tras la revelación, así que se la contó: - Anoche me la folle y le hecho la gran pregunta.

-¿¡Cuantos años tiene? – inquirió Lucius con unos ojotes. ¡Paz! Un zape le agachó la cabeza.

-No pendejo, si quiere casarse conmigo.

-¡Oh vaya! ¿Y que te contestó?

-Que si.

-¡Que bien! Para ti y para ella, porque para Amaranth no… - consideró el rubio.

-¿Por qué no? Amaranth será nuestra mascota.

-¡Pillin! – Lucius le guiñó el ojo – ¡Quieres montar tríos con las dos!

Severus lo miró con los labios curvados hacia abajo, decidiendo si valía la pena golpearlo.

-No.

-Eres un mojigato. Hasta pareces mi hijo. Me pregunto si no habrás sido una mala influencia para el… - reflexionó.

-Cállate Lucius. – le dijo exasperado – Mejor averigua todo lo que puedas sobre como lograr el embarazo en una mujer madura.

-Le preguntare a Nott, su mujer era vieja como Matusalén cuando tuvo a su hijo: era la hermana mayor de Walburga Black, ¡así que imagínate!

Severus asintió y se puso a preparar la mamila de Teddy. Luna, quien había terminado de alimentar a su bebé se paró y cogió la pañalera.

-Dile adiós a Teddy, Sol. – la bebé no movió el gesto pero Luna sonrió – Dile gracias al profesor Snape.

-De nada. – gruñó este, pero termino dándole un apretoncito en la mejilla.

Luna y Lucius llegaron a su mansión por la chimenea.

-¿Qué chistoso verdad Lucius? Lo de las familias… Theodore Nott es tío tercero de Draco y cuando ellos se casen y tengan bebes yo seré la abuela mas joven que conozca…

Lucius, que estuvo asintiendo no my interesado (todos los sangre limpia eran unos endogámicos) se quedo frío con lo ultimo.

-¿Has dicho abuela Luna?

-Si, claro. Tu serás abuelo y por mi matrimonio contigo yo seré abuela. Lucius, ¿Lucius, estas bien?

Lucius se había quedado con la mirada perdida, pálido y boquiabierto. Su cuerpo estaba ahí pero su mente se hallaba a años luz, orbitando en las proximidades de la nebulosa de Andrómeda girando en el vacio mientras en sus oídos resonaba el eco de la palabra infame: abuelo, abuelo, abuelo…

-¡Nooo! – gritó de repente, cuando ya Luna comenzaba a preocuparse - ¡No puedo ser abuelo tan joven como soy! ¡Estoy en la flor de la vida!

-Yo pensaba que querías tener nietos y por eso presionabas a Draco.

-¡No, nietos no!

Una lechuza entro por el ventanal abierto y Lucius le quitó la carta con manos temblorosas, pues reconoció al animal mensajero de Nott. Desenrolló el pergamino:

"Querido Lucius:

¡Enhorabuena! Los muchachos han consumado el matrimonio, solo falta hacerlo legal: escoge tu la fecha que te cuadre, pues, como padre de la novia, te corresponde correr con los gastos. Y quiero dote.

Tu amigo, Avarus Nott"

-¡Nooo! – gritó Lucius, con aquella carta que media hora antes lo hubiera llenado de dicha - ¡No te dare mi dinero, viejo cochambroso! – amenazó a la carta - ¡Draco! ¡Draco, te juro que si se las has dado a Nott y me conviertes en abuelo te mato, pedazo de…. niño! ¡A casa de Nott!

Luna, que contemplaba curiosa los exabruptos de su marido, atenta por si había que tranquilizarlo, lo siguió con la bebe en brazos por la chimenea y por una casa que parecía de vampiros.

-¡Nott! – gritó - ¿Dónde esta ese nalgasprontas de mi hijo?

El viejo, que ya estaba dándole a la redacción de las memorias de Voldemort salió de su biblioteca.

-¡Malfoy! ¿A que se deben estos modales?

-¡A que a mi nadie me vuelve abuelo! ¿Dónde esta mi hijo? ¡Retiro la oferta de matrimonio!

-¡Ah, no! – los dos excolegas empezaron a subir a los dormitorios - ¡Tú me ofreciste la mano de tu hijo para el mío y ahora lo cumples!

-¡Mi hijo es libre de decidir! – recordó Malfoy. Abrieron la puerta de golpe y Lucius alcanzó a ver a su Draco en brazos de Theo al abrir la cortina - ¡Te prohíbo que te cases con Nott! – lo sacudió.

-¿Ah? El rubiecito miraba sin comprender.

-¡Tiene que casarse! – chilló el viejo, que quería la dota para financiar la edición clandestina del legado de Voldy - ¡Tu has visto como estaban! Es evidente que mi hijo ha desvirgado al tuyo y ahora le pertenece como consorte.

-¡Bah! Esa ley dejo de estar en vigor hace siglos, viejo chocho.

-¡Y bien que te has beneficiado tu de ello, promiscuo!

Draco escuchaba, entendía y se sonrojaba. ¡Había sido una experiencia tan bonita y su padre se la arruinaba! Se tapó la carita. Theo lo abrazó. Preguntó:

-¿Padre, que ocurre?

-¡Que Malfoy quiere romper el compromiso de su hijo contigo!

-Oh, bien. – dijo y Draco lo miró feo.

-¡Claro, como ya has tomado lo único que interesa a los jóvenes! Pero yo debo velar por nuestros intereses.

-Padre, te recuerdo que yo mismo te pedí disolver este anticuado compromiso matrimonial. Draco y yo no deseamos casarnos.

-Claro, que va a querer casarse ese: ¡debe de ser tan fácil como su padre!

-¡Oye! – le reclamó Lucius. Draco se moría de pena, que pensaran que era como su papá, y peor, parecía que de veras Theo solo "había tomado aquello que es lo único que interesa a los jovenes" y lo dejaba de lado, ya dado el colchonazo.

-Guardemos la calma. – Theo se tapaba hasta arriba con la sabana, sonrojado de que Luna le mirara el torso desnudo – Aquí nada ha pasado. Draco y yo dormimos juntos, si, pero como otras veces: solo como amigos.

-¿Desnudos?- ironizó su padre.

-Si, estábamos muy borrachos para encontrar las piyamas

-¿Y las cuerdas de la cama? – señaló los cuerpos del delito (deleite que).

-Adorno. – respondió el chico con sangre fría.

-¡Te voy a dar tu adorno!- el viejo levantó el bastón y amago un golpe pero Lucius lo detuvo.

-Nadie le pega a un niño bonito en mi presencia. Bien – se volvió a los chicos – si no han follado no hay riesgo de que yo sea abuelo, ¿verdad? – su gesto daba miedo.

-No papá.

-Bueno.

-¡No les creo! – gritó el señor Nott. Lucius temía lo mismo.

-Denos veritaserum – ofreció Theo – Draco y yo no hemos copulado.

-¿Ves Nott? No hay lugar. Draco, a casa.

-Esperen – dijo Luna – Lucius, señor Nott, ustedes no tienen derecho a decidir si ellos se casan. Eso solo deben decidirlo ellos, por amor.

Draco y Theo se miraron sonrojados. Luego el de ojos azules habló:

-Yo… quiero seguir viendo a Draco. Es mi amigo y voy a seguir saliendo con el.

-Si. – Draco asintió con energía.

-Pues salgan todo lo que quieran – bufó Lucius - ¡pero nada de nietos!

El señor Nott, viendo que no quedaba sino resignarse o despedirse de plano de los beneficios de la amistad con la familia Malfoy masculló que aceptaba.

-Pues entonces deberíamos de salir para que se vistan. – dijo Luna, yendo ya para afuera. Lucius y el señor Nott la siguieron.

Al quedarse a solas Theo tomo a Draco.

-¡Sueltame! – le dijo enojado de nuevo – Con que facilidad aceptabas dejarme.

-Tú no querías casarte conmigo. – repuso Theo.

-¡No!

-Entonces, ¿de que te quejas? – el chico estaba molesto. En lo mas profundo deseaba que lo forzaran a casarse, así no seria el quien claudicara en su amor por Luna y el tendría el motivo perfecto para ser cariñoso con Draco.

-¡Te odio! – el muchacho rubio, asustado por lo que Theo le había hecho sentir, y no solo en s cuerpo, lo empujo, se vistió a toda prisa y corrió con su padre. Este, intuyendo que algo le pasaba a su dragoncito lo abrazó.

De regreso a su mansión se sentó con el en la sala y le pidió a Luna que los dejara solos.

-¿Qué paso bebé? ¿Necesitas una poción anticonceptiva del día siguiente?

-¡No! – chilló el chico – Papá ya te he dicho que no. ¿Por qué no me crees si te digo que no he cogido con Theo?

-Porque es difícil de creer, ¡joder! Theorore es guapito y sois adolescentes. Pero yo también tengo algo que de culpa, de que seas asi de vergonzoso y reprimido: nunca te di una lección sobre como comportarte en la cama. Te la daré mañana: lo haría hoy pero debo hacer preparativos como apartar "el gallinero" (el burdel del sr. Lang Yao)…

-¡No! Papá: no. – Draco lo sacudió – Sé como comportarme, no quiero seguir tus consejos, ni tus pasos. No quiero ser conocido como un… libertino. – se modero – No iré a follar a ningún "gallinero" contigo, es decir, es tu compañía, ¿comprendes?

-Pero hijo, si es de lo mas natural que te de consejos de sexualidad.

-A lo mejor. Pero no quiero. Y ahora, deseo estar solo. – el chico se fue a encerrar a su habitación.

Lucius se quedo preocupado: tendría que pedirle consejos a Severus sobre como educar a Draco. O a Luna.

Continuara…

Notas:

Hola! Lamento mucho los largos intervalos de tiempo entre un capitulo y otro, procuraré actualizar mas seguido. Agradezco mucho a las personas que me leen, en serio, gracias! Y mas aun a las que comentan.

¡Nos leemos!