Me puse en pie y Dimitri me imito viendo la ansiedad creciendo en mí. Me asome a la ventana y lo vi. 20 Strigoi nos rodeaban. Lissa junto a los otros llegaron en ese momento y ahora todos estábamos encerrados.

- Suban a sus habitaciones– me dirigí a los moroi – y no salgan hasta que alguno vayamos por ustedes

Ellos asintieron retirándose a excepción de Christian, Tasha y Adrian.

Adrian acerco y me abrazo.

- Ten cuidado– dijo él mientras se acercaba y rozaba mis labios con los suyos.

Después salió.

Eddie, Dimitri, Tasha, Christian y yo nos quedamos a enfrentar a los Strigoi. Salimos de la habitación y se abalanzaron sobre nosotros. El principio de la lucha fue muy doloroso ya que recibía más golpes de los que daba. Algunos Strigoi los veíamos con una llama a su alrededor, por lo que escuchábamos gritos de agonía tanto como rugidos de furia. Un Strigoi se acerco a mí por atrás mientras otros dos se acercaban lateralmente. Mis reflejos decidieron atacar al del lado derecho y al que se acercaba por atrás. Rápidamente dirigí mi puño a la cara del strigoi que estaba a mi lado, dándome el impulso para girar y patear al de atrás y así lo hice. Introduce la estaca en su corazón y me gire para enfrentar al de mi lado derecho. Una pequeña parte de mi cerebro que mantenía la razón ya que no estaba invadida por la adrenalina se pregunto ¿Dónde está el otro? La pregunta fue contestada por un grito de Tasha

- ¡Rose!

Demasiado tarde. Enterré mi estaca en el strigoi que tenía enfrente y un golpe demoledor llego por mi espalda. Escuche el sonido de varios huesos rompiéndose y luego acepte que provenía de mí al sentir el dolor. Pero esto no fue todo, el strigoi no se conformo con golpearme. Él se acerco a mí e introdujo sus colmillos en mi cuello. Primero hubo más dolor pero desapareció cuando las endorfinas llegaron. Todo dolor dejo mi cuerpo remplazado por una maravillosa felicidad. Luego volvió a aparecer cuando las endorfinas abandonaron mi cuerpo. Desorientada vi como Dimitri quitaba el Strigoi de encima de mí y peleaba con él. Me sentía cansada y sentía la humedad en el cuello, en el hombro y en el vestido. Lleve una mano hacia mi cuello y me di cuenta que gran cantidad de sangre salía de este. Di una mirada a mí alrededor y vi que la lucha todavía seguía. Eddie estaba muy golpeado al igual que Tasha y Dimitri. Quedaban por lo menos unos siete strigoi más. Trate de levantarme pero mis piernas no respondían parecían haber sido cortadas, lo cual me llevo a tomar otra decisión. Invoque a mis poderes de besada por la sombra y los fantasmas nos invadieron rápidamente. Llego a mí el dolor de cabeza pero mi cuerpo no lo registro tan insoportable como antes, porque ahora estaba invadida por otro dolor peor. Un rostro destaco entre todos esos cuerpos fantasmales, Tatiana. Quería hablar con ella, preguntarle sobre lo sucedido y lo que iba a pasar, pero tenía claro que este no era el momento. Los fantasmas ayudaron a derrotar a los strigoi y al darme cuenta que ya no los necesitaba más los deje ir. En un espesor que estaba mi visión me di cuenta de que todos se acercaban a ayudarme. Dimitri rasgo un pedazo de tela de mi vestido e hizo un torniquete alrededor de mi cuello

- Roza – dijo él –no te duermas

No obedecí ya que una inmensa oscuridad me llevo junto a ella.

Desperté y estaba recostada en mi cuarto. Escuchaba el sonido de un gotero por lo cual me gire y vi que tenía una bolsa de suero conectado a mi brazo.

- Rose

La voz de Adrian me llamo y mire directamente de donde provenía. Él estaba sentado al lado de mi cama. Mis labios formaron una sonrisa al verlo y mis ojos se dirigieron hacia donde estaba parado Dimitri. Su mirada me estremeció. Extrañaba tanto esa mirada de preocupación y amor que me daba cuando me ocurría algo.

Lentamente levante mi brazo libre y lo situé en mi cuello. Ya no había ninguna herida. Lissa estaba feliz aunque sentía también la depresión por el vínculo. Le di una mirada de desaprobación.

- No debiste…

Mi voz sonó ronca y Lissa sacudió su cabeza

- No inicies con eso Rose. Lo necesitabas. Estabas muy débil.

- Si, Lissa tiene razón– dijo Adrian

Les di una sonrisa cálida y sádica

- No me digas, estaba a punto de morir- Ellos intercambiaron miradas y me di cuenta de que mi chiste no lo era del todo así - Whoa. Entonces gracias.

Me levante para sentarme pero Dimitri sacudió la cabeza

- No Roza– mi corazón vibro con mi apodo. Dimitri continuo con una sonrisa en sus labios - recuerda que puedes tener un ángel pero debes tomar las cosas con calma

Le sonreí y mi sonrisa se transformo en una mueca

- ¿Te duele? – pregunto Lissa

- No– respondí

Ella sonrió enterándose que era mentira y se acerco a mí. La magia fluyo por nosotras y todo dolor desapareció de mi organismo. Al separarnos ella tenía una sonrisa en sus labios y su cuerpo se sentía ligero y feliz por el uso de su magia.

- Gracias– le dije –¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?

- Unas pocas horas

- Está bien – dije – es hora de ir a buscar a tu hermano

Ellos se miraron entre si y me di cuenta de que había algo que no sabía.

- Rose, algunos fuimos a los juegos a buscar información después de que te dejamos aquí– dijo Mia

- Bien– dije – y ¿qué encontraron?

- Algunos de los barman y de la seguridad conocían aEric Dragomir – dijo Adrian – ellos dijeron lo mismo que el hombre Moroi que conocimos la vez pasada

- Entonces ¿No saben nada sobre el hijo?– pregunte con incredulidad

Adrian negó con la cabeza

- Todo lo que saben es que el compartía un romance con una trabajadora de aquí– dijo Mia

- ¿Y no la encontraron? – pregunte yo

- No– dijo Lissa – dijeron que se había retirado después de la muerte de mi padre

Adrian nos observaba y un brillo ocupo sus ojos. Había pensado en algo

- A menos que– empezó él – Rose, recuerdas el día que te capturaron por el asesinato de mi tía– sus ojos se apagaron un poco - ese día me contaste algo sobre el padre de Lissa, sobre sus cuentas bancarias

- Claro – respondí yo

Aquí estaba la solución al problema de Sydney, archivos biológicos y financieros. ¿Qué buscarían en los archivos biológicos? ¿Algún familiar vivo? No lo sabía y esto mostraba que había problemas. Quien quiera que fueran estas personas tenían gran habilidades o contactos capaces de lograr algo tan difícil como robos de registros de los alquimistas. Había olvidado por completo que Lissa no sabía nada sobre esto y su curiosidad tomo el control.

- ¿De qué habláis?– exigió ella

- Una amiga que conocí – empecé –me contacto el día anterior de todo este caos. Ella lo hizo para preguntarme si yo había robado los historiales deEric Dragomir tanto biológicos como económicos.

- ¿Registros? – Pregunto Dimitri asombrado –pero los registros solo los tienen los alquimistas.

- Exactamente– respondí – ella es alquimista. Se llama Sydney

- Pero ¿Dónde la conociste?– pregunto Mia –los alquimistas no son muy amigos de los Dhampir y Moroi

- Es una larga historia – respondí secamente –digamos que ella trabaja para Abe

Lo pensaron por un momento y al final asintieron.

- Ok, entonces debes contactarla– dijo Christian

- Pero yo no tengo su número– dije – ella lo cambio

- ¿Cómo lo sabes?– pregunto Tasha

- Porque el numero que tengo era con el que trabajaba en Rusia y ahora esta New Orleans

- ¿Rusia? ¿Cuándo fuiste allá? – pregunto Eddie

- Fue una misión – dije de forma cortante

Me sentía incomoda al hablar de eso. Recuerdos me inundaron otra vez. Dimitri cayendo del puente. Como me besaba y sus colmillos en mi cuello. Sacudí la cabeza tratando de alejar esos recuerdos. Al encontrarme con la mirada de Dimitri me di cuenta de que él recordaba también. Me sonroje y rápidamente trate de cambiar el tema

- Sin embargo la puedo contactar– dije haciendo una mueca – debo llamar a Abe

- Pero ¿y como lograras que no se dé cuenta que estamos acá?

- No lo sé – dije – pero hay algo que me preocupa

- ¿Qué pasa? – preguntaron al unisonó Adrian y Dimitri

- Debo hablar con Tatiana

Siete pares de ojos se posaron en mi. Algunas miradas eran con pánico y otras con asombro.

- Pero antes debes de descansar un poco y cambiarte– dijo Mia

Yo asentí y me dejaron sola en mi habitación para cambiarme. Me retire la intravenosa y me encamine a la ducha.

El shampoo me ayudo a arreglar mi cabello y junto con el agua caliente se relajaron mis músculos. La parte inferior de mi espalda estaba enrojecida y una mejor vista en el espejo me enseño que toda mi espalda estaba igual. Recordé el sonido y el dolor que me invadió, y al tratarme de levantar mis piernas no respondieron. Mi columna vertebral fue la que había recibido todo el daño.