Sydney se veía bastante incomoda

- ¿Dónde está Rose?- pregunto echando un vistazo al auto

Lissa miro ansiosamente a Dimitri

- Rose se ha tenido que separar de nosotros– dijo él –pero ordeno que deberíamos venir a verla. Ella se comunicara con usted lo más pronto posible

Los ojos de Sydney se dirigieron otra vez a Dimitri. Ella en su interior se debatía si creerle o no.

- Tranquila Sydney – dijo Lissa – Rose nos explico su punto de vista hacia nuestras especies.

Sydney lo pensó y sacudió su cabeza exasperadamente

- ¿Por qué no vino? No le costaba nada mu tiempo hacerlo– murmuro para ella misma. Sus ojos se dirigieron al auto -¿Con quién más han venido?

- Son Morois y Dhampirs. Son de confianza.

- Claro – dijo Sydney con una sonrisa sádica –son completamente inofensivos

- No te lastimaríamos– dijo secamente Lissa.

Sydney suspiro y miro al cielo.

- Vale– dijo suspirando – Rose no haría nada para lastimarme… Adelante, pasen.

Los demás se bajaron del coche. Los ojos de Sydney se agrandaron al ver a Adrian.

Entraron a la casa. Era muy bonita. El piso era de baldosas cristalinas y estas brillaban como diamantes. El color de las paredes era azules pálidas.

Sydney los dirigió hacia un pequeño estudio. Todos tomaron asientos y ella les ofreció algo de tomar. Salió hacia del estudio y Lissa observo la nada.

Más te vale estar bien, Rose– pensó ella.

Una sonrisa se extendió en mi cara. Ese pensamiento era una orden, probablemente fallaría en el cumplimiento de esta misma con el combate en el cual estaría dentro de 2 días.

Sydney entro otra vez con unas copas en sus manos. Las coloco encima de una mesa y tomo asiento. Sus ojos estudiaban a cada uno de los que estaban allí.

- ¿Y a que se debe su visita? ¿Qué hacen en New Orleans?

- Rose nos conto algo sobre los registros de Eric Dragomir– dijo Adrian mirándola detenidamente -¿Qué ha pasado con eso? ¿Encontraron los registros?

Sydney sacudió su cabeza.

- Eso no es de su incumbencia– respondió secamente

- ¿Qué? Son los registros de mi padre– gruño Lissa

Sydney pensó en ello por unos momentos.

- ¿Cuándo vendrá Rose? – Pregunto ella –necesito hablarle

Su mirada se dirigió al piso suspirando. Había tanto preocupación como ira en su mirada

- No lo sabemos– dijo Christian

Su cuerpo se ergio

- ¿Qué? ¿Dónde está?

- Como ya lo había mencionado, se presento un inconveniente– Dimitri miro a Lissa –Rose vendrá cuando pueda.

- Está bien– respondió Sydney –referente a los registros no hemos encontrado nada. Pero hay una grabación que muestra a algunas personas. Necesito que Rose venga para enseñársela. De pronto ella los conoce.

- ¿Puede enseñárnosla? Tal vez sean conocidos nuestros– dijo Mia

Sydney los miro a todos en la sala. Su cara dejaba transmitir sus sentimientos. Ella estaba muy nerviosa. No había cambiado su opinión acerca de los Moroi y Dhampirs aunque ella me tratara.

- No te haremos daño – dijo Tasha con una sonrisa cálida.

- Claro– ella suspiro – síganme.

Se dirigieron a una sala donde había un televisor y una casetera. Ella acomodo el video y al empezar la imagen se torno borrosa.

- Trataron de desconectar las cámaras– explico Sydney

Dimitri asintió y se concentro en la grabación. Lissa también lo hizo esperando reconocer a su hermano o a cualquier persona.

No tuvieron suerte, pues no había nadie que reconocieran en el video.

- Nunca había visto a estas personas– murmuro Tasha

Todos sacudieron la cabeza y Sydney suspiro.

Pero en mi caso, yo si había reconocido a uno. Era un dhampir, que había visto en el aeropuerto. Pero yo ahora no podía hacer nada. Primero tenía que sobrevivir al combate que se presentaría y luego iríamos a buscarlo.

Se quedaron en silencio por unos minutos. Eddie lo rompió con un bostezo. Todos estábamos sumamente cansados. Sydney los observo y dijo

- Tenemos una habitación amplia en el segundo piso. Allí se pueden acomodar y descansar.

- Gracias– respondió Adrian

Sydney se sonrojo y les hizo señas para que subieran

Lissa se dirigió hacia el balcón que había en el segundo piso. Antes de que me fastidiara con un pensamiento, Christian se acerco a ella, apoyando su cara en el hombro.

- A sido un día muy largo– susurro – debemos descansar. Rosa estará bien.

Ella le dio una mirada cansada y acerco su boca a la de él. Fue un beso corto pero muy, muy cálido. Con esto ellos se fueron a recostar en la cama. Aunque su mente estaba llena de preocupación y de incertidumbre, el cansancio la venció y sus ojos se cerraron.

Regrese a mi cabeza. Tenía mucho que pensar y más problemas que resolver, pero yo ahora estaba tan cansada. Cada parte de mi cuerpo dolía, pues no había dormido mucho las anteriores noches. Una sonrisa se extendió en mi cara al recordar porque. Sin embargo el recuerdo de Dimitri me invadió. Yo lo seguía amando, pero ahora este amor se había convertido en un acido. Un acido que me torturaba.

Recordé el día de la cabaña. Las cosas pueden cambiar en un segundo. Hacia unos minutos estaba en brazos de Dimitri y llego aquel combate con los Strigoi. Todo cambio desde aquella lucha. Había perdido a Dimitri y habíamos salvado a muchos estudiantes.

Desde ahí mi vida se había desorganizado totalmente. Fui a buscarlo para matarlo y cuando creí haberlo hecho mi mundo se desmorono. Había abandonado a Lissa y el sueño de convertirme en su guardiana. Pero con un poco de ayuda de Abe, me habían recibido otra vez en la escuela. Me entere a los pocos días que mi viaje a Rusia había sido una pérdida de tiempo al enterarme de que Dimitri estaba vivo y que ahora era yo a la que él quería matar.

Recordé por todo lo que pase para lograr traerlo de vuelta. Recordé cuando creí que definitivamente él me mataría. Recordé como mi estaca se introdujo en su corazón agujerando el mío. Recordé la imagen de Lissa acariciando sus cabellos. Recordé cuando él se negó para mí. Recordé sus palabras en la iglesia. Recordé el beso de Tasha.

El corazón no muere cuando deja de latir, si no cuando sus latidos ya no tienen sentido. Mi corazón lo estaba. No encontraba sentido a nada.

Recordé la imagen de Dimitri, cuando se acerco a matarme en Las Vegas. Unas preguntas habían rondado mi cabeza y ahora después de haberlo salvado, me sentía mas vacía al saber que él nunca me iba a pertenecer. Dimitri había elegido a Tasha. Yo había elegido a Adrian, pero nunca dejaría de amarlo. Él era mi salvación, Adrian era la salvación para el dolor de Dimitri, y yo era la salvación de Adrian.

Con lágrimas invadiendo mis ojos y un dolor profundo en mi pecho, caí en un profundo sueño.

Este sueño pertenecía a Adrian. Aparecí en una playa. Las olas chocaban contra mis pies. Estaba en una playera. Tenía el nazar que mi madre me había regalado, enrolla en mi muñeca.

Adrian estaba sentado en una roca observándome. Corrí hacia él y le abrace.