La mayoría de los personajes son de Stephenie Meyer, yo solo los hago sufrir con mi retoricidas historias... Jejeje... M.


Un "lo siento" y un amigo de regreso

Se escuchaba el sonido que se producía cuando las hojas de los árboles chocaban entre sí, el ambiente se sentía un poco frío, ya no había sol, las nubes se encontraban tapando todo el cielo, como siempre… –Mis pensamientos sobre el espacio donde me encontraba se vieron estancados hasta que en la puerta principal me recibió un ángel.

Bella se encontraba como siempre. Hermosa, radiante, bella. No se veía feliz, pero no es como si estuviera triste, más bien ella se veía apacible, tranquila, tal vez un poco cansada. Observé.

–Entra –me abrió las puertas y me introduje a ese cálido hogar que me resivía con una temperatura mucho más agradable que la que se encontraba afuera.

–Hola Bella

–Hola Edward –me saludó.

–Lamento esto, de verdad –me disculpé-. Si Alice se hubiera quedado callada no sucedería esto.

–No hay problema… esta es tu casa, puedes estar aquí cuando quieras –me respondió. Caminamos a través del pasillo y ya habíamos llegado al living.

–No, es tuya –le dije.

Me miró como viendo si lograba algo con replicar nuevamente, pero le hice entender que no iba a lograr nada. Un pequeño ruido se escuchó desde el intercomunicador que tenía en su mano, un llanto, algo agudo, pero a la vez suave.

–Estaba durmiendo –me respondió a mi no formulada pregunta-. Es extraño pero generalmente cada vez que vienes ella está durmiendo.

–Tiene un sueño muy pesado, eso te ayuda bastante.

–Es verdad, pero aun así me gusta estar con ella, verla sonreír, jugar, vivir. La amo, no me imagino mi vida sin ella –Me respondió-. Bueno, ya vuelvo.

–Mejor te acompañaré –le sugerí. Y acepto, pero en su rostro se veía un pequeño atisbo de duda.

Seguí a Bella a través de la casa. Llegamos hasta la puerta que conducía a las otras habitaciones me dí cuenta que ella se dirigía a su habitación y no a la de Amy

–He cambiado su cuna –me respondió-. No quería que estuviera alejada de mí.

–¿Cuándo lo has hecho?

–Hoy –me respondió-. Esme me ha ayudado, aunque varias veces he dormido con ella en mi cama. No me gusta dejarla sola.

Continuamos hasta la habitación de Bella y abrió la puerta, luego llegó apresurada hasta la cuna de su hija.

–Recuerda que no puedes correr –le reprendí.

–Está bien –me respondió. Tomó a Amy de su cuerpecito y la acunó entre sus brazos, luego le besó su cabecita.

–Hola pequeña –le saludé cuando llegué hasta ella.

Ella dejó de llorar por unos instantes, tan vívida que a sus cortos meses me miraba tan expectante, pero tan solo fueron unos pocos segundos porque luego volvió a llorar. Bella se sentó en su cama y revisó a Amy cuidadosamente para ver si había algo que la molestara.

–Creo que tiene hambre, iré a preparar su leche –me dijo-. Ya que soy una pésima madre que no puede alimentar a su hija como cualquiera ¿Puedes quedarte con ella?

–Bella –le regañé-. Ya hablamos de eso

–Edward… Me da rabia saber que ella no pueda ser como una niñita normal. Que tenga más posibilidades de tener algún resfriado, solo por no poder amamantarla como una madre de verdad lo hace. Todo por mi culpa

Bella ya me había entregado a Amy y ahora la tenía entre mis brazos y dejó de llorar como antes, pero aun así seguía hipando. Sí, definitivamente tenía hambre.

–Lo que sucedió no es tu culpa, nada –le respondí.

–No quiero discutir contigo, has sido muy bueno como para cometer otro error más por culpa de mi estupidez –me habló, se quedó callada y luego musitó-. Te quiero

–Te quiero –le respondí y la miré a los ojos. Más que quererla, la amaba. Pero estoy seguro que aun era muy pronto como para decírselo.

–Ya regreso –Bella salió de la habitación.

Estaba sentado en la cama mientras Amy se encontraba entre mis brazos. Pequeña saltamontes. Ese nombre llegó a mi cabeza y recordé la vez que Emmett y yo nos tuvimos que quedar cuidando a Amy. Fue un gran fin de semana, sobre todo cuando fuimos a comprar los pañales para ella.

···- Inicio Flashback-···

–Emmett, prométeme que no harás ninguna estupidez que nos haga salir de aquí sin comprar.

–No lo sé. No soy de los que prometen –me respondió-. Espera sentado.

–Tienes razón estoy perdiendo el tiempo

–Exacto –luego se rió-. Y… ¿Dónde se supone que están?

–¿Cómo piensas que voy a saber? –le pregunté-. Quién compra las cosas son Esme y Alice. No se si te haz dado cuenta, pero yo no tengo hijos.

–O eso crees tú –musitó y luego escuché una enorme risotada-. Es solo un chiste, no seas melodramático…

Ignoré el comentario acerca de mi vida sexual y me dirigí hasta una señorita que se encontraba ordenando algunos estantes.

–¿Le puedo hacer una consulta? ¿Dónde se encuentra el sector de bebés? –le pregunté.

–Oh –levantó su cabeza rápidamente y habló-. Está en el pasillo 55. Por cierto yo se mucho acerca de bebés, si tiene alguna consulta puede preguntaerme.

–Gracias

–Por cierto, su hija es muy preciosa

–Es igual de hermosa que su madre –le respondí, omitiendo información.

Eso pareció hacerla callar con sus intentos infructuosos de coqueteo. Regresé hasta donde estaba Emmett, parecía como si se estuviera persiguiendo una cola imaginaria –metafóricamente hablando.

–¿Dónde te habías metido? ¿Estabas intentando ligarte a alguna chica?

–Cómo crees. Estaba preguntando donde se encontraba el pasillo que andamos buscando.

–Así le dicen ahora –murmuró y lo quedé mirando-. 27 años y aun no te adaptas a mi humor negro.

–¿Adaptación? –le miré incrédulo.

–Por supuesto, ni pienses que cambiaré por tí.

–Ni me detuve a pensarlo –le respondí.

Fuimos por donde me habían señalado y por fin llegamos. Emmett se veía… Sorprendido.

–Tantos tipos de pañales que hay –dijo al tiempo que abría los ojos aún más y miraba todo el lugar-. Quiero decir… está bien con los tamaños, pero ¿para el agua? ¿Con colores? ¿Extra resistentes…? Me recuerdan otro tipo de cosas

–¡Emmett, detente! Tu mente está sucia.

–¿Qué? no es mi culpa que tengan todas esas descripciones ¿Dime si no lo pensaste alguna vez?

–No, porque no ando pendiente de esas cosas.

–Pero es fácil relacionarlas con preservativos o condones…

–Emmett. No se si te habrás dado cuenta, pero no eres el único niño pequeño aquí que puede razonar. Por la salud mental de esos niños cierra tu boca.

–Solo falta que tengan sa…

–¡Emmett!

–Oh. Lo había olvidado, ya existen

Lo quedé mirando nuevamente. Amy aun seguía en mis brazos, se veía feliz.

–¡Oh! No me mires así no eres de lo que se clasifica como santo –respondió. Habían personas mirándonos con rostros desde lujuria hasta reprobación.

–Solo cállate –cuchichié.

···- Fin Flashback -···

Emmett pronto tendría que vivir esa etapa de comprar pañales… Sería muy gracioso.

Amy, esa pequeña, la amaba tanto como a su madre. Nunca pensé que esto fuera a sucederme a mí, aunque suene cliché, pero si Alice con sus supuestos "poderes mentales" me hubiera dicho que esto iba a suceder me hubiera reído de ella y luego ella me mataría por hacerlo.

Amy jugaba con mis dedos, los tomaba y dibujaba al azar en las palmas de mis manos. Me reí. Y Amy conmigo.

–Tu sonrisa es hermosa –escuché una voz.

–¿Intentas ligar conmigo? –le pregunté jugando.

–No, solo constato lo obvio –me respondió al tiempo que se sentaba a mi lado.

–Gracias

–Te veías muy feliz ¿Qué pensabas? –me preguntó.

Me encantaba que ella me preguntara cosas, así ella podía conocerme. Pero algo cambió.

–Lo siento, si no quieres no me respondas.

–Al contrario –le respondí-. Me encanta cuando me preguntas cosas.

Ella bajó la mirada y se sonrojó.

–Estaba recordando el día en el que Emmett y yo fuimos a comprar pañales para Amy.

–Oh. Emmett, el grande, el que parece oso. Es muy gracioso.

–Sí, pero su humor es un poco ácido.

–Es verdad, pero él es así.

–¿Puedo hacerlo yo? –le pregunté.

Bella se veía distraída, ahora que la veía mejor al haber encendido las luces se notaba cansada y más pálida de lo normal.

–¿Qué? –preguntó.

–Darle la leche a Amy ¿Puedo?

–Está bien, ten.

Cuando me pasó la leche toqué una de sus manos y la corriente eléctrica seguía allí –sonreí para mis adentros-. Bella se encontraba en silencio, no es que ella fuera una persona no que hablara, pero cada vez que estaba con Bella podíamos hablar. Fue extraño y me dispuse a preguntarle:

–¿Sucede algo?

–Nada, es solo que creo que están funcionando los efectos adversos, me siento extraña. Tia me había dicho algo relacionado con eso…

–Hay algo más –le apunté-. Sabes que puedes decirme lo que quieras ¿Qué sucede?

Silencio.

–Antes de irse Esme y Alice, ella se veía muy… triste, un poco desilusionada, no lo sé –trató de explicarme-. No sabía que hacer para cambiarle el ánimo, porque… es de Alice de quien estamos hablando –me dijo como si fuera algo obvio-. Nunca la había visto triste, pero no me quiso comentar que le sucedía.

¿Sería este el tiempo para decirle la verdad? No lo sabía.

Amy hacía soniditos divertidos mientras trataba de tomar lo que más podía del contenido donde se encontraba la leche hasta que la vació. Bella acercó una silla y yo le entregué a Amy quien gustosa regresó hasta los brazos de su mamá, donde ella le quitó los gases que podría tener.

Ninguno de los dos decía nada y Amy se durmió.

–Vamos a hablar –le dije luego de que Bella pusiera a su hija en su cuna.

–Está bien –susurró.

Tomé a Bella de la mano. Eso me dio la fuerza que me faltaba para poder hablar de lo que ocurría. Llegamos hasta el living –estos sillones eran los espectadores principales de nuestras nuevas vidas.

–¿Tiene que ver con tu esposa?

Quedé confundido.

–Alice iba murmurando su nombre de aquí para allá muy irritada –me respondió-. Aunque no te conozca más que semanas, siento que he vivido muchos años junto a ti.

–Te equivocas en algo, nos conocemos hace muchos meses –ella sonrió-. Y tienes razón, es sobre ella y también esa es la razón por la que hoy me he quedo aquí.

Ella no parecía entender.

–¿Recuerdas cuando te confesé que estaba casado? –ella asintió-. Te dije que estaba enamorado de ti, pero que me había casado con ella, porque tenía cáncer y pensaba que así la podía hacer feliz.

Volvió a asentir.

–Hoy me enteré de la verdad –le dije.

–¿La verdad?

–Sí. Ella si tiene cáncer, pero no va a morir –le respondí-. Todo lo hizo porque sabía que yo me estaba enamorando de ti hace meses atrás, Además según ella fui yo quien la contagió. Pero aun así mañana comenzaré los trámites para el divorcio.

Se quedó en silencio. Sentí una calor en mi pecho, era Bella, quien estaba abrazada a mí.

–No confío en ella. Alice la odia.

–No quiero volver a pisar el lugar donde viví.

–vive aquí, conmigo –me respondió.

Estaba feliz, pero este era el espacio de Bella.

–No quiero incomodarte

–No lo harás

Su cuerpo se separó del mío y la miré a los ojos… sus ojos. Son hermosos. Ella es hermosa. Quería saber si esto es real, no quería despertar y darme cuenta que esto nunca sucedió.

Las luces se encontraban apagadas, haciendo todo eso más personal, más íntimo. Más hermoso. Los pocos rastros de luz se colaban por la ventana.

Toqué el rostro de Bella como si fuera algo tan frágil, su piel suave se sentía a mi tacto como la mejor de las sedas. Ella cerró los ojos y aspiró fuertemente para luego emitir un suspiro. Sonreí como un bobo.

De pronto sentí las manos de Bella recorrer mi cara y también suspiré. Parecíamos niños pequeños.

–¿Es una afirmación?

–Lo es

Besé sus labios, poco a poco. Muy lentamente, tan suaves, deliciosos y embriagantes. Ambos sonreímos nuevamente y lo sabía porque sentí sus labios curvarse frente a los míos. El beso era muy simple, donde mostrábamos nuestros sentimientos, todo el amor y la honestidad que sentíamos. Pero ahora nuestra pequeña prueba de amor se estaba haciendo más apasionado, más cargado de un amor imposible e irreconocible que se sentía en el ambiente como el humo intoxicante de los cigarrillos.

Había algo en mi cabeza que me decía que me detuviera pero no sabía como hacerlo. Hasta que lo encontré, pero que estaba muy escocido en alguna parte recóndita de mi cabeza.

–Bella… por favor –susurré con la voz contenida, no tenía la suficiente fuerza de voluntad para pedirlo.

–¿Por favor que?

–Detente –le pedí finalmente.

–¿No me quieres? –preguntó dolida. Ahora estaba frente a mi nuevamente me miraba a lo ojos esperando una respuesta.

–Por supuesto que sí –le respondí-. ¿Cómo crees que no?

–Entonces bésame

He hice lo que me pidió. La besé con tanta pasión. No podía resistirme a los impulsos que enviaba mi cerebro. De pronto sentí las manos de Bella tomar las mías y levantarme del sofá. A tientas y a ciegas recorrimos el pasillo hasta que llegamos a la habitación que se encontraba al lado de la de Amy.

Caímos a la cama, logrando que bella quedara encima de mí y soltara una pequeña risa.

–Hoy no va a suceder nada que no quieras, te lo prometo. Solo siente –le dije.

Ella no expresó ninguna palabra, pero sentí el movimiento de su cabeza en una afirmación.

Había algo tan abrumador e intoxicante en Bella que hacía que no me pudiera detener. Sabía que era algo arriesgado, pero mi cerebro no me ayudaba en la tarea de detenerme nuevamente. Mi cabeza siguió su lento descenso por su cuerpo, ella era tan adictiva.

Podía escuchar los pequeños suspiros y gemidos que salían de su boca. Mis manos se encontraban explorando todo el abdomen de Bella que se encontraba plano para haber estado embarazada. Bella.

Yo era como ser un adicto a alguna sustancia y tener justo el mal frente a mis ojos… así me sentía yo. Sus pequeñas manos se movían por mi cuerpo al igual que las mías sobre ella. Luego regresé nuevamente hasta su boca.

Sentí desaparecer mi camisa y la polera de Bella igual, el brasier hacía un hermoso contraste entre este y su piel. Era como una diosa. No, más bien era mi diosa.

Se intentó tapar con sus brazos -no la quería asustar-. Pero poco a poco hice que ella fuera posando sus brazos en mis hombros. Nuestras respiraciones eran más agitadas que hace unos instantes. No había vuelta a tras, o por lo menos eso pensaba mi cuerpo, que estaba logrando despertarlo.

Sentí su boca recorrer mi cuello, repartir besos, su cabello entre mis dedos… tan sedoso y suave.

Luego tomó mis manos y las aferró a las suyas –como si no quisiera despegarse-. Su boca contra la mía, era como una batalla tratando de ganarle a la otra. Después sentí sus manos alrededor de mi cabeza.

No sé como fue que sucedió, pero tenía mis manos alrededor de la espalda de Bella -su piel era tan suave, delicada-. Mis dedos fueron subiendo poco a poco su espalda hasta llegar a la prenda que parecía reírse en mi cara.

–Te amo –le susurré.

–Te amo –la voz de Bella se escuchaba contenida, cercano al llanto.

Iba a desabrocharla… Bella buscó mi rostro con sus manos. Lo vi. Ella no se veía tranquila. Hasta que escuché un grito desgarrador provenir del interior Bella y luego esconder su cara en mi cuello.

Sentía un líquido mojar mi pecho, la respiración agitada de Bella ya no era como recién, esta vez parecía como si se estuviera ahogando. Ella con sus manos trataba de tomarse la cabeza y taparse los ojos.

–No me toques –me pidió con su voz rota-. Suéltame, por favor.

E hice lo que me había dicho, la solté.

–Lo lamento –le dije.

Ella no respondió más bien se levantó como pudo y salió de la habitación dando un golpe a la puerta que probablemente hubiera despertado a Amy. Me quedé estático. Todo había pasado por mi culpa. Debí haberme detenido en el momento oportuno.

Escuché algunas cosas caerse, como las sillas del comedor y algunos vidrios.

Esperaría unos minutos, no la agobiaría.

Me repudiaba a mi mismo ¿Esto cambiaría en algo todas las cosas que habían sucedido? Esperaba que no. Golpeé la almohada que se encontraba a mi lado.

Sabía con lo que estaba cargando, pero no pude detenerme.

Dos minutos.

Busqué las prendas, me coloqué la mía y salí de la habitación con la polera de Bella en mis manos.

No había señal de Bella en la casa. Todas las luces se encontraban apagadas, tampoco se escuchaban pasos, en definitiva parecía como si la casa estuviera deshabitada.

Estaba llegando al comedor y como me imaginaba. La vista que me esperaba era de algunas sillas en el suelo y un par de vasos que se habían quebrado logrando que sus ángulos hicieran un espectáculo con la luz que se colaba desde afuera, luego vi un ventanal abierto y la cortina que trataba de seguir al viento en su dirección. Intentando escapar.

Regresé a la habitación de Bella. Abrí la puerta. Amy no había despertado –afortunadamente-. y me dirigí hasta el otro lado donde se encontraba su armario, busqué un abrigo ya que estaba bajando la temperatura, rápidamente encontré la prenda y volví en busca de Bella.

Llegué hasta el comedor con el paso apresurado y el ventanal aun se encontraba abierto. Salí. Un aire helado me recibió con todo su esplendor.

Observé a Bella tiritar fuertemente sentada en la orilla de la piscina.

Ella movía su pie adentro del agua, sus brazos se estaban protegiendo instintivamente con su mirada perdida en las aguas que estaban iluminadas por los focos que habían dentro de la piscina. Me acerqué lentamente hasta ella para que sintiera que había alguien más.

–Lo lamento –susurró de repente-. Todo fue tan rápido. Llegaron tantos recuerdos dolorosos a mi memoria.

Un nuevo llanto brotó de su pecho. Me acerqué a ella le di su polera y el abrigo. Cuando los tomó ella bajó la mirada sonrojada y se los puso. Tomé su mano y luego la abrasé.

–Eres lo mejor que me ha pasado y yo ¿cómo te respondo? No puedo ser una buena madre. No puedo ser una mujer y todo por él ¿Qué puedo hacer Edward? Siento que cada cosa que sucede me hace revivir todos los momentos en los que sufrí. Los recuerdos no me dejan avanzar, quedo estancada aun cuando yo los quiera dejar. Estos siguen allí. Estoy rota y siento que ya no me pueden reparar, esto es tan injusto para tí. Yo…

–Shh… -le hice callar-. Ven, el agua está muy fría.

–Me quiero morir –susurró.

Sentí mi corazón en un puño.

–No digas eso, por favor –le pedí-. Me parte el alma

Tomé su mano nuevamente.

Ella sacó sus pies de la piscina y me acompañó hasta el interior de la casa. La llevé hasta la biblioteca, encendí las luces y encendí la calefacción. Bella se sentó. Aquí estaba mucho más cálido que afuera.

–Lo siento Bella, de verdad estoy muy arrepentido –le dije.

–No es tu culpa –me respondió-. No debí llevar las cosas tan rápido.

–Bella…

–No, la que comenzó todo esto fui yo –me dijo-. Lo siento tanto, de verdad.

–No hay nada que perdonar. Te lo juro

Bella asintió.

–No quiero más. Edward, quiero morir. Sé que soy egoísta, pero ya no puedo más. No deseo más. Mis nervios no pueden más. Los medicamentos no están funcionando.

–Solo ha pasado un día, no te preocupes. Yo te ayudaré a salir adelante, no te dejaré caer. Nunca. Siempre te sostendré –le prometí mirándola a los ojos para que creyera en mis palabras-. Será mejor que vayas a dormir, has de estar agotada.

–No quiero, tendré pesadillas. No dejes que me lleve.

–No lo haré –le prometí-. Pero tienes que dormir. Son las 22:54

Le dije mirando el reloj que se encontraba al lado de la ventana. Ella negó.

–Quédate conmigo –me pidió.

–Lo haré, dormiré aquí.

–No, me refería a… -ella bajó la cabeza, su cabello cubría su rostro, pero yo tenía puesta mi mano en ella y notaba que estaba más cálida. Se estaba sonrojando.

–¿a? –le pregunté.

–Duerme conmigo –me pidió susurrando.

–No sé si sea la mejor opción –le respondí.

–Por favor, lo de recién se descontroló de mis manos –explicó mientras levantaba la mirada nuevamente.

–Está bien

–Vamos –tomó mis manos y llegamos hasta la habitación de ella. Bella se marchó al baño

Amy se veía tranquila, no habían rastros de querer despertarse, pero había un problema… ¿Cómo dormiría? Pasaron un par de minutos y la puerta se abrió recibiéndome una figura hipnotizante.

–Me lo ha comprado Alice

Me quedé mirándola como si el mundo dependiera de eso. No podía apartar la mirada de ella. Cuando por fin pude encontrar mi boca, hable:

–No tengo que usar –le dije.

–Oh, eso no es problema –me respondió-.

Salió de mi vista por unos instantes con camino a su armario y volvió luego de unos segundos.

–Ten –y me pasó un pijama que era de mi talla. Quedé mirándola estupefacta.

–P…

–Alice –volvió a repetir.

Bella se marchó hasta su cama y yo entré al baño a cambiarme.

La mujer que más amaba en el universo –al igual que Amy-. Se encontraba en su cama y estaba aferrada a las colchas que la protegían del frío.

–Eres tan hermoso –me dijo de repente.

–No, podría usar aquella palabra teniéndote a mi lado –le respondí.

Continuamos hablando por largos minutos, donde el tiempo parecía que iba a un compás mucho más rápido hasta que lo solté sin más ni más:

–Bella, piénsalo muy bien y luego me respondes.

Su cabeza se movió en forma de afirmación

–¿Porqué no quieres denunciarlo?

–… -no respondió.

–¿Lo viste luego de despertar?

–…No –titubeó. Mentía fatal.

–Bella, me he dado cuenta que no sabes mentir. No lograrás nada con engañarme –le dije tratando de que se diera cuenta-. ¿Te amenzazó? ¿Hablaste con él? –le pregunté.

-No –me respondió firmemente.

–¿Entonces porque no le quieres denunciar? Él debe pagar por todo el daño que te hizo –le di a entender.

–Era un amigo de papá –confesó.

Lo recordé.

–¿Tu padre te había dejado a su cuidado?

–Sí –respondió-. No puedo… Por favor Edward, no quiero más. Te lo pido. No quiero saber más de él.

No recordaba que hubiera hablado de sus padres tan directamente, solo lo había leído en su agenda.

–Está bien, pero Bella. Llegará un momento donde no podrás evadir eso ¿Qué sucede si él decide venir? ¿Cómo te puedo proteger de él si no se su nombre? –le pregunté-. Además Amy crecerá y él lamentablemente es el padre de ella. En algún momento ella necesitará la verdad.

–No, él no es el padre. Solo puso su esperma para crearla. Nada más. No es su padre.

–¿No me puedes dar su nombre siquiera?

–Por favor… -suplicó.

–Lo que me pides es muy difícil para mí.

–Sé lo que estoy decidiendo.

Continuamos hablando temas menos profundos y ambos nos quedamos dormidos. Fue un sueño limpio, sin pesadillas.

Sábado. Lamentablemente la odiosa alarma del móvil sonó 6:30. Aún cuando este había estado apagado. Bella estaba abrazada a mí con sus manos alrededor de mi estómago, su cabello estaba esparcido sobre mi cuerpo. La amo. Pensé. Afortunadamente el ruido de la alarma estaba al mínimo y a mi alcance así que la logré desactivar a tiempo sin que Amy despertara ni separarme de Bella.

–No te marches –suplicó.

–Lo siento Bella, pero tengo trabajo –no quería separarme de Bella-. Te prometo que volveré antes, Alice vendrá en una hora. Continúa durmiendo.

–Alice dejó tu ropa en mi armario –musitó.

–Está bien pequeña, regresaré lo más pronto posible.

– Edward…–musitó nuevamente. Pero ahora estaba dormida-. Te amo

–Yo también te amo. Más de lo que siquiera puedes imaginar.

Fui hasta el armario de ella y allí encontré mi ropa. Alice, era la mejor hermana que pudiera desear. Me arreglé con las prendas que había dejado allí.

Llegué hasta la cocina, preparé algo simple para desayunar y la leche de Amy para que Bella no se tuviera que levantar, solo había que agregar el agua. La fui a dejarla en la mesita de noche de Bella con una nota.

"Descanza y has rabiar a Alice de mi parte"

E.

Besé su cabeza y un aroma a fresas inundó mis sentidos. Reticentemente me marché.

Mientras iba al hospital marqué a mi abogado y le informé de todos los trámites que tenía que hacer para llevar a cabo el divorcio con Tanya.

No podía creer lo que había llegado a cegar tanto a Tanya. Dejé de pensar en eso. El hospital se encontraba más despejado de lo usual. Eso es mejor. Pensé.

Pasaron las horas y llamé a Bella quien se encontraba con Alice almorzando ya que luego saldrían, le hice ver a Alice que tuviera cuidado.

Fui a almorzar. Y me encontré con Katherine una grata sorpresa.

–Hola Edward ¿cómo has estado? y ¿Cómo sigue Bella?

–no lo sé. Seré agradecido y diré que bien. Ambos, aunque le han recetado medicamentos para unos ataques de pánico que ha presentado, además tengo que hacerme unos exámenes.

–Uff… -suspiró-. Espero que todo mejore pronto.

–Yo igual espero eso… ¿y tu? ¿Cómo has estado?

–Me han promovido. Ahora soy jefa de enfermería. Todo un logro para una joven de veintisiempre años ¿no crees? –luego rió sutilmente-. No tendrás que ver con eso ¿No?

–Te dije que te haría una carta de recomendación.

–Sí, pero pensé que te referías para mi curriculum vitae.

–Espero que no te haya incomodado

–Para nada. Muchas gracias, estoy ahorrando para un apartamento y eso me ayudará muchísimo.

–Estás más que preparada –le respondí.

Katherine cambió su cara a una cohibida, le iba a preguntar que le sucedía hasta que sentí la voz de Rosalie a mis espaldas.

–Edward, tenemos que hablar

–¿Qué haces aquí? –le pregunté-. No puedes estar en esta zona.

–Me da igual, tengo que hablar contigo.

–No puedo ahora estoy almorzando –le respondí solo para enojarla más aun.

–No me interesa. Ahora. Ya.

–Espera.

–Edward Cullen, me harías el honor de acompañar a tu cuñada para poder hablar –me dijo agriamente-. Antes de que protagonice un escándalo donde no te verás beneficiado sobre todo porque estás discutiendo con una mujer embarazada.

–Está bien, deja despedirme.

–Como quieras

Me despedí de Katherine y me fui con Rosalie. Ninguno habló hasta que llegamos a mi consulta.

–Eres un idiota –me respondió Rosalie-. Sabes por todo lo que ha pasado Bella…

–Por supuesto que lo sé

–¿Entonces? ¿No podías dejar que tus hormonas de macho te hicieran detener?

–No sabes de lo que estás hablando Rosalie

–¡Por su puesto que lo sé!

–No, no lo sabes.

–Sí, lo sé. Aunque afortunadamente no como Bella –me respondió-. Tú sabes lo que me sucedió a mí. En secundaria. Ahora imagínate a Bella.

Bullying o matonaje infantil (para esa época) Rosalie era muy popular cuando iba en secundaria, pero eso le había pasado la cuenta en una fiesta, donde intentaron…

–¿Cómo te enteraste?

–Alice

–¿Cómo se enteró Alice? –le pregunté irritado.

–Lo averiguó, notaba que Bella estaba rara y ella no quería hablar así que Alice le hizo confesar –me respondió tranquilamente-. Edward te pido por favor que no fuerces las cosas entre tu y Bella.

–¿Bella? Y cual es el milagro de esa novedad

–no cambies el tema. Te lo pido.

–Lo sé. Me siento muy mal por lo que sucedió, no volverá a ocurrir –le respondí-. Por cierto, pareces una leona protegiendo a sus cachorros.

–Son las hormonas –me dijo cuando iba saliendo de la habitación-. Cuídala.

–Con mi vida –susurré.

Atendí a mis pacientes y saqué una hora para hacer los exámenes. Ya habían pasado las horas y vería a Bella. Conduje mi volvo a la velocidad que permitía el estado.

Llegué hasta la puerta y toqué. Había algo extraño. Un coche se encontraba estacionado al frente de la casa y también el de Alice, pero el primero no lo había visto antes.

Llamé a la puerta y lo primero que me recibió fue una cara asustada por parte de mi hermana.

–Por lo más sagrado que conozcas. Ni se te ocurra hacer un escándalo

–¿Un escándalo?

–Por favor…-suplicó.

Y luego escuché una voz algo grave provenir del interior de la casa:

–¿Bella? ¿Dónde estás?

–¿Qué fue eso? –le pregunté a Alice.

–¿Por favor? –volvió a hablar Alice.

Entré decidido y lo que encontré fue… como un golpe para mí. Había allí un hombre, era alto, tu tez era morena y su cabello negro. Jacob, por lo que recordaba de las fotografías.

-¿Qué hace él aquí? –le pregunté a Bella que venía apareciendo desde el comedor.

–Edward… -susurró tan despacio que apenas lo pude percibir.

–Soy Jacob Black –me respondió estrechándome su mano, se veía algo enojado-. Un gusto.

No le respondí. Bella me miró y hablé.

–Edward Cullen.

Sí, estaba celoso y lo podía admitir. No tenía ningún problema con ello.

–Será mejor que me marche –dijo él.

–Está bien –le respondió Bella que se encontraba estática.

–Nos vemos

–Nos vemos

–Yo te acompaño hasta la puerta –dijo Alice.

Y se marcharon. Quedamos solo Bella y yo.

–Lo siento, de verdad.

–¿Porqué?

–Por esto. Tienes todo el derecho para enojarte –me respondió-. No debí haberlo traído hasta aquí.

–Bella. Es tu casa. Tú puedes hacer lo que quieras con ella

Me dí cuenta de estúpido e infantil que estaba siendo. Extrañamente había un hermoso y gigantesco sol que alumbraba desde un costado del cielo que se veía más azul de lo habitual. El crepúsculo.

–¿Lo has encontrado? -le pregunté. Debería estar feliz por ella ¿no?

–No, más bien él me encontró a mí. Iba caminando por la calle con Alice camino a su trabajo y choqué con alguien y era él.


Gente!!! ¡Es lo más largo que he escrito! espero que no se hayan aburrido... ¿Qué les pareció? ¿Se esperaban el porqué de la disculpa de Edward? LLEGÓ JACOB!!!! Espero que me digan lo que opinan eso me haría más feliz...

Bueno aquí como siempre mis agradecimientos a ustedes ¡Sí! hey no te escondas detrás del monitor del pc. Con sus visitas, sus alertas, favoritos y por supuesto, con sus comentarios, me alegran el día ¡no saben cuanto!... Yirla, vampirehelena, ALLY MASEN CULLEN, HippieLucy, katlyn cullen, Jos WeasleyC, MissBennetDarcy, smile79, FranBells, EdithCullen71283, Arantxa, Esme Mary Cullen, Amelie 666, Tina Masen, BellsCullenS, Leinad25, Momo Chappy, lizzy90, Georgina, Cathyiiaz.

No he estado muy feliz (Sí, abucheen) las cosas no me están resultando como planeo... tengo una prueba de circuito eléctrico para mañana y aun no he estudiado. Espero que todo cambie... por cierto FELIZ DÍA DE LAS MADRES (ADELANTADO) no sé si en todos los países se celebra.

STOP... ADELANTOOOOOOO...

–¿Quieres ser mi novia oficialmente?

–No sigas su juego. Yo sé que tú eres mejor que ella –me dijo Bella-. No dejes que la rabia te impida ver donde otros no lo pueden hacer. No dejes que todas sus mentiras te hagan tomar una mala decisión.

–¿Aun cuando no hubiera podido estar junto a ti? Tan ciego que fui, Alice me lo había dicho...

–Aún cuando haya sucedido eso. Ahora estamos juntos y eso es lo que cuenta. Lo demás se solucionará.

–¿Qué sucede?

–Es Amy -dijo la voz agitada.

¿Qué habrá sucedido? chan chan!

Au revoir [!]

pd: Bienvenidas nuevas lectoras!!

pd2: Espero que les haya gustado

pd3: Me he demorado menos ;)