Los personajes son de Stephenie Meyer. Yo solo los hago sufrir con mis retorcidas y dramáticas ideas.

*Les tengo una sorpresa :)


Si simplemente mantienes tu respiración

Los pasillos nunca habían sido tan largos –a mi parecer-. Las paredes con algunos colores trataban de sacar la monotonía que sugería un hospital. Tomé el ascensor y llegué al primer piso.

Atravesando a algunas enfermeras y doctores encontré a Katherine. Ya había llegado a Urgencias, se sentía en el lugar un ambiente a mu. El pulular de todos allí era común para la primavera y las alergias.

–¿Qué haces aquí? –inquirió-. Esta no es tu área.

–Tienes razón, pero Bella me ha llamado y le ha sucedido algo a Amy.

–Oh ¿Sabes lo que le ha sucedido? –me preguntó mientras tomaba un teléfono que se encontraba pegado verticalmente a la pared.

–Bella me ha dicho que Amy está pareciera como si le costara respirar, está pálida –le respondí tratando de hacer memoria sobre lo que me había dicho de Amy.

–¿Tiene fiebre? –me preguntó mientras marcaba algunos dígitos en el panel del teléfono.

–No me dijo. Tal vez no le ha tomado la temperatura, lo más probable es que sea un cuadro respitarorio.

–Estaba pensando lo mismo. Llamaré a una pediatra –me alentó.

–Gracias, iré a buscar a Bella.

Ella asintió y lo último que escuché fue como ella daba indicaciones desde el otro lado del teléfono.

En la gran sala se encontraban personas de todas las edades. Los asientos estaban en su mayoría ocupados. Salí de allí, esperé por unos cuatro minutos mientras rogaba al cielo que no fuera nada serio lo que tuviera

De pronto divisé entre la multitud el menudo cuerpo de Bella tratando de esquivar a las personas que estaban a su alrededor para poder entrar a urgencias, sin esperar demasiado fui a su encuentro.

Bella se veía preocupada y ella tomaba a Amy con cuidado, como si temiera romperla. Para mi mala fortuna apareció Jacob quien venía de tras de ella. El rostro de mi novia cambió a una pequeña pizca de felicidad, pero el rostro de Jacob mostraba toda su enojo contenido.

Seguía caminando para esquivar a las personas hasta que llegó.

–Yo… -musitó-. No sé que le ocurre.

–Katherine ha preparado todo. No te preocupes –le pedí.

Ella solo negó.

Iba a tomar a Amy cuando le respondí a su duda no formulada. Miré a Bella dándole a entender que no podría entrar.

–Lo siento, pero no puedes seguirla. Te prometo que te mantendré informada.

–Confío en ti.

Bella me entregó a su hija quien estaba más caliente de lo usual y se veía que le costaba respirar. Me alejé de ellos, mientras veía a Bella preocupada y Jacob tratando de calmarla. Su sola presencia me enfurecía, traté que aquellos pensamientos no me distrajeran de mi principal misión. No demoré mucho tiempo en encontrar a Katherine quien se encontraba con una de las pediatras en un box.

Acomodé a Amy en la camilla y la doctora Kashiri comenzó a revisarla no sin primero quitar sus ropitas, luego presionando su pecho para ver la respuesta y escuchar atentamente con el estetoscopio. Así continuó por unos minutos más.

–Tiene bronconeumonia de una forma leve, pero en ella es complicado al ser tan pequeña.

–¿Qué hay que hacer?

–Se tendrá que quedar aquí por lo menos dos días para ver su avance.

–Está bien –aunque por dentro me sentía morir.

–Es solo por seguridad. Hay muchos virus rondando y pronto llegará la influencia humana, ya sabes… AH1N1. No queremos que esto empeore ¿no? Además estamos a tiempo de poder tratarlo, puede ser más complicado.

–Es verdad.

Kachiri comenzó a vestirla nuevamente, pero no esperé demasiado hasta que comencé hacerlo yo.

–Pediré que la lleven a una habitación rápidamente.

Solo asentí, mientras ella escribía algo en los papeles que tenía en la carpeta. Cuando ya se había marchado Amy ya estaba vestida y yo marcándole a Bella para que se enterara como ella estaba.

Le informé lo que padecía, también le conté que se tendría que quedar. Bella lo aceptó sin decir nada más, pero algunas veces escuché su voz quebrarse apunto del llanto.

Cuando ya habían pasado a Amy a la habitación Bella pudo entrar con ella.

Me quedé afuera unos momentos para ver todo lo que estuviera relacionado con Amy, hasta que apareció la voz gruesa de Jacob detrás de mis espaldas.

–Necesito que te enteres de algo

–¿Qué sería? –dejé lo que estaba asiendo para hablar con él.

–He vuelto porque quiero estar con ella.

–¿No te das cuenta que ya está con alguien? –le pregunté a modo de burla.

–Eso no será ningún problema

–Estoy seguro que si no la hubieras encontrado no la hubieras buscado –aseguré verazmente.

–¿Cómo puedes estar seguro? –me preguntó cuando ya no habían más personas por el pasillo.

–Es obvio. Han pasado ya muchos años.

–Eso no es de tu importancia –me respondió.

–Ella es mía y lucharé por ella cueste lo que cueste

–Bien, así será más interesante

–No dejaré que ganes. Estás muy lejos de eso –le respondí agrestemente.

–Ya lo veremos. Ella fue mi novia.

–Tú mismo lo has dicho. Fue –recalqué las palabras, haciéndolo darse cuenta en lo que estaba entrometiendo. No dejaría que él me apartara de Bella. Él, ni nadie.

–Pero nadie ha dicho que no lo vuelva a ser.

–No lo creo. Mejor mantente esperando –lo reté.

Escuché una voz llamándome desde atrás de donde nos encontrábamos nosotros con nuestra pequeña pelea, su voz era tímida como si temiera hacer algo indebido.

–La señorita la llama –me dijo la enfermera.

Asentí y me marché de aquel pasillo donde las luces lograban en las paredes resaltar aun más su blanco esplendor. Jacob quedó con su mirada llena de ira hasta que desaparecí de su vista, tendría que tener cuidado con él. Bella parecía confiar en él, pero yo aun no podía.

Llegué hasta la habitación, recordé cuando iba a visitar a Bella cuando ella estaba aquí. Aparté rápidamente esos pensamientos y los dirigí a la personita que se encontraba al lado de la cama de Amy, con la vista cansada, suspirando y los ojos un poco irritados.

–Cariño, será mejor que regreses a dormir –le dije-. Te ves demasiado cansada.

–Estoy bien –me refutó-. No me quiero separar de ella.

–Lo sé.

–¿Sigue Jacob afuera? –me preguntó luego de un par de segundos en silencio. Bella me invitó a sentar al lado del sofá en donde ella estaba sentada.

–No me lo recuerdes –le dije tomando su mano.

–Será mejor que vaya a dormir.

–Se lo diré –murmuré encantado.

Bella me miró con reproche, suspiró y luego habló:

–Edward. Por favor, no hagas nada que te haga llegar a la cárcel –me retó riendo.

–Lo pensaré –le respondí, mientras ella solo negaba con una risa entre sus labios-. ¿Irás tú a dormir?

–Estoy más tranquila, aquí con ella –me respondió con su voz en un susurro, mientras con sus dedos recorría la cabeza de su hija.

–No te gustan los hospitales –le refuté.

–Sí, pero es mi hija y no la dejaré sola.

–Yo me quedaré con ella.

Seguía tan terca como siempre.

–Tienes que ir a dormir.

–Estoy bien –me respondió, cuando notó que le iba a contradecir ella continuó-. Y es verdad. Una madre nunca estará cansada para su hija.

–Me han dicho que mañana podrá salir.

–Me alegro. No me gusta verla así… tan tranquila, sin moverse y con esos cables por allí. Me siento mal.

–Así me sentí yo cuando te veía. El no poder hacer nada para poder sacarte de allí era terrible.

Me quedó mirando y luego musitó.

–Te quiero

–También te quiero, tal vez más de lo que crees.

Ella rió. Algo que extrañaba en estos momentos.

La noche pasó sin inconvenientes, Bella no aceptó ir a dormir a casa –así que se quedó a dormir allí-. Y en la mañana recibió las visitas de la familia, ya que habían decidido que lo mejor sería que Amy se marchara en la tarde.

Cuando la pequeña ya había llegado a casa y mis padres ya se habían marchado nos acostamos en la cama descansando mientras Amy continuaba dormida a causa de los medicamentos.

–Me ha preguntado que me sucedió, pero… -M e había dicho de un momento a otro. No había entendido lo que decía, pero luego capté.

–¿Pero no estás segura si decirle sea lo mejor? –le pregunté.

–Exacto. Jacob está sospechando que no soy como era antes. Por supuesto que la gente cambia, pero igualmente sabe mis reacciones… Quiero decir… las personas no cambian tan drásticamente. Como la materia. No se crea ni se destruye solo se trasforma.

–¿Quieres decírselo?

–No estoy segura. Siento que no es el momento.

–Entonces no lo hagas y menos si te sientes presionada.

Ella asintió. Luego se quedó en completo silencio, pero aun sentía su piel en mis manos. Luego cambió, comenzó a besarme en mi cuello. La iba a detener hasta que habló con su voz en forma de susurro.

–Edward… yo te amo, siento que estoy segura de la decisión que he tomado –me miró a los ojos. Estos debían demostrar un gran desconcierto porque se apresuró a aclarar-. Te deseo. No dejaré que todo lo que he pasado me impida hacerte feliz.

–No tienes que hacerlo si no estás segura –las palabras salían con la misma verdad que las pensaba. No la presionaría, nunca-. Solo al estar a mi lado me haces feliz, además recuerda lo que sucedió la última vez.

–Por eso mismo.

–No puedo dejar que te hagas daño. Nunca me lo perdonaría. Ni menos de estar forma, debería ser especial, además estás muy agotada.

–Nunca para mi familia –musitó.

Aquella simple palabra me llenó de orgullo y satisfacción, una tan grande que apenas podría entrar en aquel lugar.

–Además, será especial porque tu estás aquí, no necesito nada más y estoy segura de lo que estoy haciendo –y cuando terminó de decir aquello sentí sus labios posarse sobre los míos suavemente, como si estuviera esperando una negativa.

Cuando nuestros labios se encontraron sentí una felicidad interna que recorrió cada célula de mi cuerpo. La posición en la que nos encontrábamos no era la más cómoda y eso pareció pensar Bella, porque pronto sentí a mi novia acomodar sus hermosas piernas a mí alrededor.

–Más comodidad – ronroneó cuando dejó de besarme.

No quería asustarla, no como había sucedido antes, así que dejaría que ella tomara el control de la situación.

–No quiero que termines lastimada –le dije como una suplica mientras la miraba maravillado a los ojos.

–Te prometo que no sucederá. Te amo y no hay nada más que puedas hacer –escuché nuevamente su voz en mi oído. Era como una sirena y yo era el marino que perdidamente se tiraba al agua en un mar enojado, únicamente para poder admirarla.

–También te amo.

El camino que habían recorrido sus labios para llegar a mi oído había recorrido de nuevo para llegar a su lugar de origen. Luego sentí como su lengua recorría finamente mi labio superior esperando una respuesta. Suspiré y Bella también.

Abrí mi boca para permitirle el acceso. Su sabor era exquisito, tan dulce, tan Bella, que no me permitía pensar en nada más que en ella, ni siquiera donde nos encontrábamos, ni siquiera en mis respuestas. Y allí se fue el último resto de mi cordura.

Podía sentir en mis palmas el calor que irradiaba Bella, cuya piel era adictiva tanto así que no podía dejar de acariciarla. Aun cuando me lo prohibieran, no podría. La seda era como una lija al lado de ella.

El maldito aire que era necesario para subsistir nos hizo falta. Bella respiró hondo y la observé esperando algún gritillo o alguna señal para detenerme, pero nada salía de sus labios a excepción de sus gemidos, los cuales podía oír cuando había levantado su cabeza. Embelesado continué yo, con mis labios recorrí su cuello fundiéndome con su aroma. No podía dejar de amarla.

Bella tomó el dobladillo de mi polera y la sacó mientras me miraba a los ojos, como yo a ella. Su rostro estaba sonrojado, pero aun así podía ver la determinación que la movía para seguir con esto.

No sé por donde habrá quedado, pero el suelo parecía ser la opción más segura. Continuamos besándonos como si no hubiera fin, sus labios contra los míos, en una danza interminable…

Su polera también ya era historia, donde debía compartir su historia con la ropa que ya nos habíamos quitado. Lo único que quedaba era nuestra ropa interior. Bella se veía un poco cohibida, pero cuando me iba a detener ella solo negó.

Con sus manos recorría mi pecho, logrando que despertara en mí algo que no había sentido nunca. Su cintura se sentía tan suave al tacto, era una de las partes que más me encantaba de ella. Delicada, frágil, ligera, serían algunos términos para describirla. Ella seguía con su juego, mientras sentía sus manos bajar hasta llegar a mis boxer.

Ella se frotaba contra mí, haciendo que el dolor aumentara cada vez más. No podría esperar otro segundo.

La dejé que terminara de desvestirme, ella se veía absorta. Ahora era yo quien se sentía cohibido ¿Sería lo suficientemente bueno para ella?

–¿Te arrepientes? –me preguntó.

–Por supuesto que no.

Ella sonrió. Y luego sentí sus labios posarse nuevamente en los míos, mientras mis manos se movían codiciosas por su cuerpo hasta llegar a su espalda donde desabrocharon su brasier y luego sus braguitas.

–Esto solo se trata de ti ¿Está bien? –le pregunté.

Parecía que no pudiera hablar porque solo pudo asentir débilmente con su cabeza.

Mi recorrido continuó su marcha, mis labios seguía un camino infinito desde su cuello hasta sus pechos –los cuales se amoldaban perfectamente a mis manos-. Los pequeños gemidos que podía escuchar me daban la señal que iba en el camino correcto.

Con la yema de sus dedos ella frotaba suavemente del cuello, lo que hacía que me perdiera en un mar de sensaciones. Busqué su rostro y esta vez la besé suavemente, solo pensando en ella.

Mis manos libremente bajaron por su pecho, su cintura hasta llegar a ese lugar tan prohibido, tan tentador que sin pensarlo dos veces, mis dedos lo recorrieron.

Un suspiro brotó desde sus labios –los cuales se encontraban rojos e hinchados.

–¿Lista?

Ella asintió.

Lentamente la guíe. Hasta que llegué a ese lugar tan preciado que ella mantenía. Estaba tan húmedo, definitivamente era la mejor sensación que había experimentado. Era delicioso.

Aun no había entrado en ella por completo. Su sonrisa era lo único que me mantenía atado a tierra. Miré su rostro para verla cuando me uniera ella, seguía con sus labios sonriendo, aunque no me pasó desapercibido una pequeña mueca.

–Simplemente contén la respiración.

Y así lo hizo. Cuando ya había entrado en ella por completo, nuestros movimientos eran lentos, tratando de amoldarnos el uno al otro, pero luego de eso pasó a segundo plano. Cada vez más rápido, nuestros jadeos resonaban por toda la habitación de una forma armoniosa. Hasta que sentí como si hubiera tocado las puertas del mismísimo cielo con la punta de mis dedos.

–Te amo –susurré.

–Te amo –me respondió.

Continué dentro de ella por unos momentos. Extrañaría su calidez.

–¿Porqué lloras? –le pregunté alarmado alzando su cabeza-. ¿Te he hecho daño?

Bella negó tratando de esconder y apartar las lágrimas de sus ojos.

–Es solo, que me hubiera gustado que esta fuera mi primera vez –musitó escondiendo su rostro en mi cuello. Podía sentir su respiración tan cerca…

–Bella –la llamé-. Mírame.

Su rostro ya no se escondía, pero las lágrimas aun bañaban su rostro no dejando contemplar bien aquellos ojos.

–No soy quien para expresar correctamente cuando es adecuado que todo esto suceda, pero lo que te puedo decir es que: no pienses en ello. Déjalo ir. Lo que importa es que seas feliz, desafortunadamente sucedió eso, pero ya fue. Lo importante es ahora, estoy aquí para ti. Y no pienso irme de ninguna forma.

–Gracias Edward

–No tienes porqué agradecer.

–Bella no he usado protección –le expliqué cuando había salido de la ensoñación en la cual me encontraba.

–No te preocupes no son mis días fértiles.

Bella recortó su cabeza en mi pecho mientras con sus manos trazaba figuras al azar en mi piel. Lentamente dejaba de sentir su suave toque, lo que me decía que Bella se estaba durmiendo.

–¿Te gustaría tener un bebé conmigo? –me preguntó, escondiendo su mirada, pero aun asi sentía su sonrojo cubrir su rostro.

–Es una de las cosas que más deseo.

–¿Y cual es la otra? –me preguntó curiosa.

–Casarme contigo

–Te amo

–Te amo

Luego pasaron los minutos y Bella calló rendida a los brazos de Morfeo.

A pesar de todos los problemas me sentía feliz. Toqué la frente de Bella, sus párpados, su nariz, sus labios… Ella era perfecta. Era mía.

–Te amo –susurré-. Cada día me haces más feliz.

Mientras ella continuaba dormida entre mis brazos.

Estaba llegando del trabajo, abrí la puerta principal con la llave que tenía. Antes sentía como si no fuera parte de esa casa, tal vez solo era un burdo pensamiento, pero ahora… no lo sabía. Me sentía diferente.

Estaba todo en silencio y bien iluminado. Dejé mis cosas la mesita del living y me dirigí a buscar a Bella. Recorrí las habitaciones y no estaba, a pocos instantes escuché provenir la voz de Bella desde la biblioteca.

Abrí la puerta suavemente y observé desde esta como Bella como cerraba rápidamente todas las ventanas, las aseguraba y luego dejaba las cortinas en su posición normal. Sus manos tiritaban –seguramente si tuviera algo aferrado a sus manos ya se habría caído-. Y su cabeza la movía en todas las direcciones, pero aun así parecía como si no me viera. Se aferraba a los muebles que se encontraban en el lugar como esperando no ver un fantasma.

Parecía que el aire no le era suficiente así que entré a la biblioteca y detuve a Bella.

–¿Qué sucede? –le pregunté tratando de levantar su rostro. Sus ojos se encontraban rojos a causa del llanto y pequeños hipos no los lograba controlar.

–Nada –murmuró quedamente. Su respiración se estaba haciendo más rápida y sus manos temblaban más rápido con cada segundo que pasaba. Trató de apartar la mirada, pero no podía.

–No sabes mentir y te conozco lo suficiente para saber que estas que me estás ocultando algo.

–No es na… nada –trató de explicar, pero le era imposible-. No tie…tiene importancia.

–Nada que tenga relación contigo no va a tener importancia para mí. Ahora dime que es lo que sucede –le exhorté.

–Nada –volvió a responder.

Su cuerpo se balanceaba entre mis brazos, tratando de escapar y mirar por los alrededores. De pronto las piernas de Bella no resistieron y se desplomó a unos pasos míos. Sin pensarlo dos veces logré evitar que la cabeza de Bella diera contra el suelo.

Rápidamente la aferré a mí. La tomé y la llevé hasta la única habitación que se encontraba vacía.

La sentía temblar en mis brazos. Afortunadamente había dejado abiertas algunas puertas cuando la estaba buscando, lo que hacía mucho más fácil ayudar a Bella.

Su cuerpo era tan liviano que no me hacía ningún esfuerzo mayor poder cargar su cuerpo entre la casa. Esta se encontraba tan iluminada como era posible y la dejé en la habitación donde no se encontraba Amy. Su cuerpo quedó tendido sobre la cama y sus manos ya no se movían tan nerviosamente.

Iba a buscar algo para darle de beber hasta que escuché su voz murmurar:

–No te vayas.

–¿No tienes sed? –le pregunté.

–Prefiero que te quedes aquí –me respondió alargando su mano para que la tomara.

–Está bien

Me recosté a su lado mientras veía como al otro lado de la ventana la luz del sol se estaba marchando. El final del día. El crepúsculo.

Esperé a que Bella se hubiera calmado, su respiración ya no era tan errática y podía controlar mejor sus extremidades.

No sabía que esperar de la repuesta del porqué se encontraba así, nunca pensé que ella realmente fuera hacer lo que se propuso.

Escuché la puerta abrirse. Extrañado me dirigí hasta ella para saber que era lo que sucedía. Hasta que vi como Alice entraba con una sonrisa, pero cuando vio mi estado de humor, aquel rostro de felicidad desapareció por completo.

–¿Porqué la cara? –me preguntó.

–No tiene importancia decirlo –le respondí.

–venía para preguntarle algo a Bella.

–¿Y que es?

Parecía indecisa en sobre decirme o no.

–Si quería ayudarme con la tienda, trabajando allí, ya que Rosalie no puede –me respondió después.

–Bella no trabajará allí –le dije enojado a Alice

–¿Porqué no? –me cuestionó indignada.

–¿Sabes quien fue a tu tienda cuando estaba ella?

–No

–Tanya –le respondí ácidamente a mi hermana que quedó atónita-. Le hizo un escándalo, Bella no sabía que era ella. Ahora está muy alterada.

–Edward de verdad lo siento. No estaba enterada de eso.

–Alice entiéndeme a mí. No quiero ni puedo perderla, me partiría el alma. No puedo permitir que le suceda algo… estará mucho más segura en casa.

–Pero ella necesita salir de allí, la está consumiendo.

–No es seguro que ella trabaje en tu tienda, ni en otra.

–¿Y si instalo cámaras de seguridad? ¿Podría Bella trabajar allí?

–No lo sé…

–Edward, por favor. No la prives de su libertad, tienes que dejarla vivir su vida. Tiene que aprender a pararse frente a los problemas, no escapar de ellos. Y de esa forma tú no las estás ayudando –refunfuñada bajó sus brazos a una posición normal, donde se encontraban antes de que comenzara su discurso-. La estás alejando de la vida que debería estar llevando.

–No es lo más cuerdo para ella salir cuerdo tiene posibilidades de tener un ataque de pánico ¿no crees?

–Edward, recapacita, por el amor de Dios ¿Cuántos años tengo yo?

–23

–¿Y ella? –mirándome decididamente me preguntó. Sabía a donde quería ella quería llegar.

–No es el punto.

–¿Porqué no? Si ella solo me gana por un año

–No han vivido las mismas cosas

–Por supuesto que eso lo sé Edward, no soy idiota. Pero ella no debería estar pasando por todo esto, mejor dicho. No debió. Le hará bien para distraerse, no puede estar siempre pendiente de todo ese estrés de ser madre. No me mal entiendas. Pero ella estuvo en coma, y tuvo a su hija mientras estaba en ese estado. De pronto despertó, y no tuvo el tiempo suficiente para asimilar que ya estaba su hija en esta vida. Casi cuatro meses en ese estado, donde su cabeza no pudo entender que pronto tendría una hija y todo lo que con lleva con ello –respondió con su verborrea.

–Lo entiendo –la mirada de Alice se suavizó un poco.

–Además, ha estado con todo ese lío de las terapias con su psicóloga, los fármacos ¿No crees que necesita su tiempo?

–Por supuesto, pero ¿que no me hace pensar que Tanya irá a fastidiarla, más aun cuando Bella no tiene la culpa?

–Ella se veía tan feliz mientras estaba allí. Deberías haberla visto

Alice se quedó en silencio y eso me dio el tiempo para cavilar. Del uno al diez ¿Qué tanto quería a Bella? La palabra "querer" no alcanzaba y menos aquellos ínfimos número. La amaba con todo mí ser, a pesar de que todo esto no comenzó de la forma más común. Alice tenía razón –como siempre, murmuré a mi pesar-. Bella necesitaba distraerse de todas estas que cosas que le estaban sucediendo, todos teníamos hasta un punto donde podemos llegar sin parecer cansados, abatidos y demostrar ante el mundo que podíamos ser fuertes.

Con todas las situaciones que le habían ocurrido a Bella, este nivel se debió haber superado hace bastante tiempo. Tenía que dejar mi egoísmo de lado, creer infinitamente que el hogar era el lugar más seguro donde ella podía estar.

También la decisión no era mía, recordé.

–Tu ganas, pero solo ella decidirá –le respondí-. Si ella quiere, lo hará. Pero no la presiones.

–Gracias.

Alice se marchó por el pasillo en dirección a la habitación donde se encontraba Bella. Les daría su tiempo para hablar, así que me fui a la habitación en la que Amy dormía plácidamente.

Luego Alice se marchó excusando que saldría con Jasper a una cena. Bella no quería trabajar por el momento allí y la entendía, aunque Alice trató de convencerla sin lograr nada.

Los días siguieron pasando. Jacob seguía visitando a Bella y luego de lo que sucedió entre Bella y Tanya intenté buscarla, pero ella había desaparecido del mapa o algo parecido a eso. Porque la casa en donde vivíamos antes estaba desocupada, tenía que encontrarla lo más pronto posible, era la única forma para que firmara el divorcio.

Traté de no pensar demasiado en eso, le había preguntado a Laurent que podía para acelerar el proceso, pero el que ella firmara era la única forma posible, sin que hubiera un revuelo.

Volví al presente. Bella estaba dándole su comida luego de que yo la bañara y mudara. Los fármacos aun los estaba utilizando, pero había dejado de ir a su terapia física y sus citas con la psicóloga se relucieron a un día por semana.

–Esta vez no, solo quiero dormir –me pidió mirándome a los ojos con una disculpa en ellos, luego de lograr que Amy se durmiera.

–Por supuesto –le respondí-. Vamos a dormir ya es tarde.

Me recosté junto a ella, como lo hacíamos siempre. No me dí cuenta cuando cerré los ojos. Lo único que podía recordar era el exquisito aroma que desprendía Bella.

No sabía como había pasado el tiempo, pero Bella estaba junto a mí en el parque. Veía a las demás familias jugar allí, divirtiéndose, sonriendo y disfrutando del sol que inundaba todo lugar y una pequeña brisa hacía acto de presencia logrando, en otras palabras un día inusual para Seattle.

Bella se encontraba a mi lado –sonriente al igual que todos los que se encontraban allí-. quien tenía a Amy atrapada entre sus brazos, impidiendo que se pudiera escapar o caer, hasta que la pequeña logró escapar y con sus pequeñitos pies dio trotecitos hasta llegar lo suficientemente lejos para que Bella y yo nos alarmáramos. Con ese temor, bella me hizo una seña haciéndome entender que no fuera. Se levantó y llegó sigilosa hasta donde iba caminando Amy para lograr asustarla.

Vi a Bella alejarse, yendo en su persecución. Hasta que la atrapó y la pequeña soltó una risita –dulce y armoniosa-. junto a Bella. Pero el color de su rostro desapareció y en ella llegó una mueca de disgusto y dolor, Bella le susurró algo a su hija, todo fue muy rápido. La pequeña llegó corriendo hasta mí, la desesperación de Bella era palpable. Traté de llegar hasta donde ella, pero me encontraba en un pequeño letardo. Solo pude sostener a la pequeña cuando saltó hasta mí.

Luego traté de correr, pero sentía que el pavimento no terminaba nunca.

Veía como se llevaban a Bella en una gran camioneta, ella estaba desesperada gritando y tratando de zafarse de sus captores, pero no podía. Y yo tampoco podía ayudarla. Me sentía iracundo, hasta que vi a la camioneta salir de mi vista. La pequeña aun estaba llorando en mi pecho.

Todavía podía escuchar sus gritos

–¡Edward! –gritó tan fuerte como le fue posible, pero luego aquellos gritos se fueron paulatinamente haciendo más y más suaves. Hasta convertirse en murmullos.

Sentí las pequeñas manos de Amy tratar de arrancarme el estado de inconciencia en el cual me sumía.

–Edward –susurró esta voz angustiada-. Solo es una pesadilla. Despierta.

Tan pronto como dijo aquello, me dí cuenta que estaba aun en la habitación. Pero la pesadilla me dejó en un gran letargo por un tiempo. Hace mucho que no tenía una pesadilla.


¡Hola! lo sé... me demoré demaciado... pero aquí estoy y con un Lemmon! No saben lo que me costó escribirlo... y si tienen alguna queja y/o pregunta estoy abierta a responderla. Mejor aun si alguien tiene algún consejo para mejorar.

Bueno... no sé que decirles. Solo que no saben lo feliz que me siento de haber pasado los 400! yupi! mis mil gracias para aquellas que me dejaron un review guijiji... ALLY MASEN CULLEN, FranBells, Annie Sweet Cullen, BellsCullenS, katlyn cullen, MissBennetDarcy, Elizabeth Lecter, Bertlin, Amelie 666, Yirla, EdithCullen71283, sophia18, Georgina, Cecy Cullen, Lowrense, Ross10, Yulibar, marihel,Cathyiiaz. Nos saben como las amoooooo. Gu!

Olvidé dar las bienvenidas correspondientes para todas aquellas nuevas que me leen ;)

Y he decidido que no daré adelanto desde ahora, porque quiero que lo que continue sea una sorpresa... jajaja (risa malvada!)

Au revoir [!]

pd: Vengo recién llegando de Danza.

pd2: Se biene lo bueno!

pd3: Respondiendo a una pregunta de quien no tiene cuenta sería: Acutalizo cada vez que termino algo (no paso de las 2 semanas) Y no puedo decir cuantos cap's tendrá porque es una sorpresa jijiji. Nos vemos!

pd4: Edward no quiere que le quiten a Bella! y Tanya ¿Donde está? espero hipótesis!

pd5: El título es de una frase de la canción "Genius Next Door" de Regina Spektor. Que dice: If you hold in your breath. Fue la canción en la cual me inspiré para escribir. Aunque la letra no tiene relación.