Los personajes son de Stephenie Meter. Yo solo los hago sufrir...
Déjame encontrarte
Una pesadilla. Solo era eso. Nada más que un mal sueño donde realmente quería morir. Nada que fuera real, nada que me hiciera pensar en morir.
–¿Cómo estás? –con sus manos buscó el interruptor de la lámpara de la mesita y de pronto podía ver su perfil de una mejor manera.
–Ahora mejor –resollé.
–¿Me dirás que fue lo que te dejó así? –Preguntó mirándome a los ojos-. O ¿es algo que quieres guardar para ti?
–No quiero preocuparte, pero era algo que si solo sucediera realmente moriría –admití.
Ella me miró preocupada y con cierta duda en sus ojos. Resignado le respondí a su duda no formulada.
–Soñé que te perdía
Bella comenzó levemente a negar con su cabeza, como si estuviera tratando de apartar un mal pensamiento de su mente.
–No –murmuró quedamente, ahora ya no me miraba porque se escapaba de mi vista observando el edredón.
–¿No? –le pregunté-. ¿No que?
–No lo dices en serio ¿no? –me preguntó como si no pudiera creer lo que le estaba diciendo. Como si realmente no creyera que daría mi vida por ella.
–¿Porqué crees que no? –su mirada que antes de encontraba perdida ahora sintonizaba con la mía.
–No soy algo que pueda merecer aquello –me respondió muy seriamente y completamente segura de lo que decía. Eso me hizo enfadar un poco.
–Por supuesto que sí –le respondí decidido-. Eres mi pareja, mi compañera, mi mejor amiga… todo.
–¿Realmente piensas eso? –me preguntó nuevamente.
–Por ti lo haría sin dudar un segundo.
Ella pareció cavilar algo y luego habló:
–No lo hagas
–¿Porqué?
–No soportaría, aunque no estuviera cerca de ti, saber que por mi culpa muriera un ángel…
–No pienses eso –tomé su rostro y lo acerqué al mío-. De verdad, nos amamos y eso es lo que realmente importa ¿está bien?
Ella asintió débilmente.
–Como has dicho, solo fue una pesadilla. Una horrible pesadilla –pronuncié tomando su mano.
–Tienes razón –coincidió con un brillo especial en sus ojos.
–Vuelve a dormir –le pedí.
Bella se acurrucó entre mis brazos y allí nos quedamos dormidos hasta que un llanto me despertó.
Ese día tenía un turno en la noche así que podía estar en casa toda la mañana y parte de la tarde. Me levanté intentando no despertar a Bella y fui a calmar a Amy, quien tenía hambre.
El día pasó entre risas, sonrojos y una tarde solo para nosotros cuando sutilmente mamá y papá se llevaron a Amy para pasar una tarde con ellos.
Ya me tenía que marchar, pero ninguno de los dos quería eso.
–No te vayas –me pidió Bella mientras me tomaba por lo hombros-. Me encanta tu trabajo, pero no me gusta que te marches.
–Volveré en la mañana –le dije.
–Te amo –me respondió besándome suavemente.
Cuando ya nos habíamos detenido por la falta de aire le respondí:
–Yo te amo más –ella sonrió como una niña pequeña y luego de un par de muestras de amor atravesé la puerta principal.
La sensación de perder a una persona –sobre todo cuando se ama-. Es lo peor que puede ocurrir. Se da de muchas formas y en variados ámbitos, pero pensar o llegar a imaginar perder a Bella me partía el corazón.
–Hemos hecho todo lo posible, pero su corazón no ha podido resistir la operación –le dije a mi pesar.
El pobre hombre no parecía entender lo que le estaba explicando el solo asentía con su cabeza de una forma inhumana y maquinal. Preocupado llamé a una enfermera que se encontraba allí y le pedí que atendiera por si él necesitara algo.
Era la única persona que aquel hombre tenía. Su hijo. La vida da tantas vueltas y giros que es imposible seguirle el ritmo, el hombre no se había preocupado nunca de la madre de su hijo, la había engañado tantas veces como le fue posible, pero nunca cambió, la dejó sola con un pequeño retoño del que él nunca se enteró. Cuando se dio cuenta del error que había cometido, de lo inmaduro que había sido, un año después cambió por ella. Pero ella murió a los pocos meses por una enfermedad no tratada y él se quedó con su hijo quien tenía una deformación en el corazón que le impedía tener una vida normal.
Ahora quedaban dos horas y podría volver a casa con Bella y Amy.
Habían pasado ya bastantes días –Jacob seguía visitando a Bella-. Realmente me enfermaba ese tipo ¿no debería irse ya? No confiaba en él, tal vez esos pensamientos eran injustificados, pero ¡hombre! Yo amaba a Bella y no voy a permitir que él me la quite ¡No señor!
–¿Le sucede algo? –me preguntó uno de los internos con un poco de curiosidad.
–¿No deberías estar revisando a los pacientes? –le pregunté-. No te involucres en asuntos que no te interesan.
El joven se marchó por el pasillo en dirección a las tantas habitaciones que había en el sector de cardiología.
No podía pensar en nada más que en Bella. Tenía unas irresistibles ganas de llegar pronto a casa y estar con ella y con Amy. Esa pequeña que se había ganado mi corazón al igual que su madre. Las horas se hacían eternas y los descansos demasiado pequeños para poder hablar tranquilamente por teléfono con Bella.
Cuando ya había terminado por fin con el último paciente apresuradamente ordené mi maletín y me marché de allí. No es que no me gustara trabajar, pero ahora tenía un pequeño vicio esperándome en casa…
"Cuando pienses que no quieres levantarte más para ir a trabajar, es hora de que busques otro empleo" Me había dicho Carlisle cuando estaba buscando trabajo de adolescente antes de marcharme y luego volver a casa.
La lluvia que había comenzado en la mañana ya había amainado, dejando los árboles, las calles y los edificios más limpios. Pero ahora que el sol había salido hacía que el contraste entre el poco sol y los objetos más oscuros, se veía asombroso. Contrastes que podían co-existir en un mismo medio sin tener una rivalidad.
Aparqué el volvo fuera de la casa y tomé las llaves que ahora tenía. Como siempre la casa se encontraba con las cortinas abiertas, pero con las ventanas cerradas. Aun no lo supera. Pensé. Se escuchaban unos murmullos desde el interior que poco a poco se iban haciendo más y más fuertes.
–¡Yo amo a Edward! Por favor entiéndelo –rogó la voz de Bella que resonó tanto así que se podía escuchar desde afuera.
¿Quién estaría en casa? En mi cabeza se formó una lista de las posibles personas que podían ser. Sobre todo una. Jacob Black estaba irrumpiendo la paz que reinaba en ese lugar ¿Por qué no me sorprendía? Todo por tratar de afianzarse al pasado, por no poder ver más allá que la de su propia felicidad y ¿Cómo sabía que era él? Fácil su voz gravé resonó por la casa.
–Solo estás confundida –le respondió.
–¿¡Qué! –le preguntó-. Tienes que estar de broma.
Algo le respondió Jacob que no alcancé a percibir, pero luego Bella le respondió.
–Jacob, te voy a pedir por favor que te marches de aquí –le dijo.
Sabía que escuchar tras la puerta es de mala educación, debía confiar en ella, pero algo extraño me impulsaba a quedarme detrás de ese escudo de madera pintado de blanco.
–Si según tú dices aun quererme por favor, déjame ser feliz con él.
Jacob respondió nuevamente y percibí el movimiento que se realizaba desde el interior de la biblioteca. Dejé mis cosas en el piso y fui al encuentro de ellos.
Bella se veía un poco asustada, mientras Jacob salía de mi vista hasta que escuché un portazo desde la puerta principal.
Ella me miró y dijo:
–Edward, es solo mi amigo.
–Él no cree lo mismo.
–Pero yo te amo a ti. No interesa lo que él piense.
–No sabes como me siento cuando lo veo a tu alrededor –le confesé.
–Es solo mi amigo… -me respondió intentando persuadirme.
–Pero fue tu ex novio –le respondí, tratando de que ella viera mi punto de vista.
–Pero eso quedó en el pasado –repuso un poco enojada. Se iba a marchar de la habitación con paso firme y decidido, pero la detuve antes de que atravesara la puerta.
–Bella…
–¡No me hables! ¿No confías en mi? –sus ojos se encontraban algo rojos… lágrimas contenidas que no escapaban por sus ojos. Escudriñándome con la mirada algo triste me observó detenidamente, esperando alguna respuesta de mi parte. Me apresuré a responderle.
–Por supuesto que confío en ti –le dije, intentando no perderme en ella-. pero no confío en él.
–¡Eso es una mentira! Más bien es una forma de encubrir sutilmente que no me crees capaz de defenderme por mi misma si algo sucede –repuso indignada. Su cuerpo se puso en una posición a la defensiva tratando de escapar de allí.
–Bella… -le llamé para que no se marchara.
–Cuando de verdad te sientas capaz de pensar sin la mente cerrada, hablaremos –me respondió marchándose de la habitación.
Luego vi como Bella salía por el ventanal del comedor y se dirigía a la piscina donde se sentó en el borde moviendo sus pies en el interior con gesto ausente.
Bella tenía razón, estaba pensando como un cavernícola, pero no podía dejar de pensar así. Escuché el llanto de Amy y antes de que Bella se percatara fui a su habitación.
Tan frágil que era un vida, y mucho más la de un bebé. Un solo segundo y podían cambiar muchas cosas. Los hombres son duros, porque aprenden de las malas y las buenas experiencias que han vivido a lo largo de sus años, pero un bebé no. No conocían nada sobre el odio, la envidia, las malas intenciones y las avaricias que generalmente rodeaban la mente humana.
Su pequeña cabecita llena de rizos era tan sedosa como la de Bella. Madre e Hija. Pero un pequeño pinchazo de envidia sentí en mi corazón al recordar que Amy no era realmente mi hija.
Tomé a Amy entre sus bracitos y la acuné en mi cuerpo. Una leche estaba en la mesa, algo tibia, Bella debió haber estado con ella mientras estaba con Jacob, porque esta estaba hasta la mitad.
Luego de que se la había tomado toda proseguí a quitarle los gases que pudiera tener. Sentí unos pasos en la habitación…
–¿Cómo estás? –su mirada se suavizó cuando me vio con Amy en mis brazos haciéndole
gracias.
–Te vez muy mono
–Gracias
–Me recuerdas a Emmett –musitó.
–¿Debería molestarme por eso? –le pregunté divertido.
–mmm… –dudó-. no lo sé.
Bella se quedó en silencio. Era mi oportunidad.
–Lo siento
Se veía confundida.
–Por el jaleo que he armado.
Ella se quedó mirándome.
–Estoy celoso de él.
–Debería estar enojada contigo –Me respondió-. No te he dado a entender que entre él y yo pueda suceder algo.
–Tienes razón.
-No tienes porqué estar celoso, pero ahora te encuentro más mono aun –me respondió-. Si quieres mañana mismo hablo con él.
Bella había hablado con él –quien le había intentado cambiar la mente a Bella de alguna u otra forma-. Pero el le había pedido que reconsiderara lo que estaba diciendo. De solo pensar en eso me ponía enfermo ¿Qué se creía él?
Con tantas cosas en la cabeza había olvidado por completo el asunto con Tanya, no la había visto hace muchos días… Una llamada interrumpió lo que cavilaba. Alice estaba con Bella en su última sesión. Bella me pidió que descansara luego de que tuviera otra noche en el hospital.
Era Alice para informarme que Rosalie había tenido síntoma de perdida. Y que estaban todos reunidos allí. Rápidamente tomé el volvo y conduje con dirección hacia el hospital allí se encontraban todos.
Rosalie estaba de camino al trabajo cuando le vinieron unos dolores muy fuertes. Alarmada había llamado a Alice y esta le había comunicado a todos.
Ya habían pasado dos horas, ahora Rose se encontraba menos delicada que antes. Bella estaba con Alice y Esme hablando entre ellas mientras mimaban a Amy. Le dije a Bella que iba a la cafetería por algo de beber.
Luego de volver de la cafetería pude observar un rostro conocido, muy conocido, pero ahora este se veía distinto. Cansado, lánguido y sin la misma vida que antes. La enfermera que iba saliendo de la habitación me miró sorprendida. Me preguntó si deseaba algo y yo le respondí que si podía entrar.
–No puede. Ya han terminado las horas de visitas.
–Yo trabajo aquí. Necesito entrar.
Ella aceptó a regañadientes, pero aun así logré lo que quería y encontrarme con una sorpresa que nunca me esperé.
–¿Qué ha ocurrido?
–¡Guau! Ahora te interesa –respondió con su sarcasmo-. ¿se te remueve la conciencia?
–No he venido a hacer un pleito contigo.
–¿Entonces ha que has venido? ¿A darte del santo patrón de la ética? –Repuso Tanya-. Por favor, ya has demostrado que no eres de lo que se llama un modelo a seguir.
–No responderé a tus intentos de provocarme.
Ella se quedó callada. Continuó mirando sin un punto fijo y allí caí en la cuenta de lo pálida y demacrada que se encontraba.
–¿Qué quieres?
–Quería saber como te encontrabas, no esperaba verte aquí, por supuesto.
–Bien, estoy bien. Tanto así que ahora me gusta pasar mis días en un hospital para realizar todas las cosas que nunca pude hacer.
Mal. Así se encontraba, su forma de responder, despectiva, llena de veneno y sarcasmo era una clara defensa para evitar el dolor.
–Tanya…
–No me digas nada –dijo de repente.
–O me dices tú. O llamo a tu doctor, o mejor dicho a tu novio –le respondí.
Se quedó callada, con la cara petrificada. Sin emitir ninguna palabra.
–¿Y bien?
–¿Para que quieres saberlo? –me cuestionó.
Buena pregunta ¿Por qué quería saberlo? No era un demonio –aunque ella pensara así-. Que nuestro matrimonio no hubiera empezado de la mejor manera y terminado peor, no significaba que yo no pudiera saber como se encontraba. Se llamaba sentido común y respeto.
–Solo dime –le pedí.
Ella suspiró y respondió:
–Ha empeorado.
–¿ha empeorado? –le pregunté sin comprender.
–Sí –me respondió secamente.
–Pensé que si te habías hecho el tratamiento… -le dije recordando lo que ella me había confesado.
–Y eso hice, pero aunque no me creas… los nuevos medicamentos no han estado funcionando como él pensó que reaccionarían en mi cuerpo.
–¿Tus padres lo saben? –le pregunté. Ella no respondió-. ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con ellos de esto?
–No he hablado con ellos hace mucho tiempo.
–¿Porqué?
Su cabello rojizo caía sin vida por las almohadas blancas que dejaban a Tanya en una posición casi sentada.
–Da igual
Ella se quedó callada. Se veía tranquila, hace mucho tiempo que no la veía así. Tal vez desde que la conocí. Lo que me recordó porqué había estado con ella, pero esa era otra época. Ya habían pasado muchos días, otros problemas y nuevos sueños.
Escuché la cerradura de la puerta ceder otra vez. Antes de que pudiera voltearme escuché la voz que podía reconocer de una u otra forma.
–¿Puedo hablar contigo?
Lo último que esperé vivir fue que Tanya, Bella y yo estuviéramos en la misma habitación a la vez. Bella se veía decidida y el rostro de Tanya también cambió al mismo.
–No es que no me interese tu estado actual. Pero no permitiré que continúes con tus juegos retorcidos y enfermizos contra Edward –le dijo Bella notablemente molesta.
Tanya no parecía creer lo que estaba oyendo de boca de la joven que se encontraba a mi lado.
–¡Lárgate! –murmuró exasperadamente.
–¡No! Quiero que me escuches –le respondió Bella, quien pareció dudar entre acercarse o no.
–No planeo escucharte –musitó.
Tomé la mano de Bella dándole a entender que se calmara –no sería una muy buena idea que a alguna de las dos le sucediera algo-. Bella no se marchó de mi lado, pero parecía como si intentara controlar el volumen de su voz.
–Aun así me tendrás que escuchar –indignada como se encontraba miró a Tanya, quien despectivamente y algo asombrada la observaba. Seguramente nunca se esperó que Bella fuera capaz de hacer eso. Ni yo tampoco-. Por favor…
Le rogó. Una alarma despertó en mi interior, Bella no tenía porque estar rogando ni pidiéndole nada a Tanya.
–Bella… -murmuré.
–Edward. Déjame. Yo puedo, confía en mi –me respondió. Apretó suavemente mi mano en una señal de confianza.
Recordé lo que me había dicho Alice sobre dejar a Bella defenderse ella misma. La mirada de mi aun esposa se volvió asqueada.
–Tanya –suspiró-. No te conozco y tal vez te he hecho demasiado daño. De verdad lo siento, pero si aun quieres o respetas un poco a Edward, por favor déjalo ser feliz.
Tanya no respondió. Yo seguía sosteniendo la mano de Bella y ella continuaba mirando a la joven que se encontraba en la cama.
–¿Cómo sabes tú que él es feliz? –le preguntó sonriendo.
Ambos íbamos a responderle, cuando nuevamente ella volvió a tomar la palabra.
–¿Cómo tu puedes estar segura que lo que dice sentir Edward no es la misma lástima que sentía por mí? Tú sabes lo que estoy diciendo –le repuso ácidamente.
–No sabes de lo que estás hablando –apunté rudamente. Pero no podía callar los borbotones de palabras que salían de su boca.
Bella tenía un semblante imperturbable.
–Da igual, pero eso no te da el derecho de haberlo engañado con tantas mentiras –pareció salir del trance.
–… Y a ti, de enrollarte con un hombre casado –continuó con sorna.
Bella no le respondió. Tiempo de interceder de nuevo, pero realmente… ¿iba a lograr algo? No.
Le iba a pedir a Bella que era mejor que nos marchásemos, pero ella de adelantó de nuevo y le habló.
–Solo firma el divorcio –le pidió-. ¿Por qué no puedes dejar que otras personas sean felices?
–No lo entenderías nunca –repuso Tanya quien se veía más cansada que cuando había entrado a su habitación.
–Claro que si –repuso obstinadamente.
Tanya no pronunció ni una sola palabra.
–Bella, vámonos de aquí –le susurré en su oído-. No lograrás nada.
Ella asintió. Íbamos llegando a la puerta cuando Bella se giró.
–Es una pena que siendo tan joven tengas tanto resentimiento. Si tu problema es no tener el dinero, pues, se solucionará –le dijo con voz serena-. Pero no dejes que otras personas sufran porque tú no te das cuenta de las cosas que tienes y no las tomas en cuenta. Cosas que otras personas no tienen ni han tenido nunca y aun así eres infeliz.
–¡Lárgate de aquí de una buena vez!
Tomé a Bella de su cintura y nos marchamos de la habitación.
Afuera se sentía un ambiente más liviano, sin tanta presión de por medio. Nos despedimos de la enfermera que me había dejado ingresar y recorrimos por los pasillos hasta donde se encontraban todos lo demás. Bella se encontraba algo ida, tal vez todo eso le había pasado la cuenta, no quise preguntarle nada para no alterarla, luego podía hablar con ella.
Alice apareció de la nada –se veía un poco extraña-. En seguida le pregunté si le había sucedía algo malo con Rose, pero respondió que todo iba de maravilla.
–¿Entonces? ¿Por qué la cara? –le pregunté
–¿De donde vienen? –preguntó inquieta a mi pregunta, observándonos a Bella y a mí.
–No pienses erróneamente –le respondió mi novia. Quien se veía un poco callada.
–Yo no he pensado nada, aunque ahora que lo dices… -murmuró feliz-. Pero estamos en un hospital ¡Edward, nunca me lo esperé de ti!
Antes que de se pusiera a vociferar cosas que no eran, le respondí.
–Tanya está en el hospital
–¿Porqué?
–Se ha complicado
–oh… -murmuró con sorpresa.
–Además Bella ha hablado con ella –le continué explicando nuestra ausencia.
–No creo que "hablar" sea el verbo indicado –me respondió-. Podría ser mejor "aclarar"
–¿Habrá sido el mejor momento? –le preguntó mi hermana mirándola a los ojos. Prestando toda su atención en ella.
–No estoy segura, pero no me podía quedar de brazos cruzados mientras veía como ella trataba de manipular a Edward.
–oh… -le respondió-. Estoy orgullosa de ti.
–mmm… ¿gracias? Supongo –musitó sonrojada. Alice la abrazó y le dijo algo al oído logrando que se volviera más roja aún. Cuando ya la había soltado la abrasé yo sin esperar ni un segundo.
–No seas tan sobre protector –me reprendió Alice.
–Solo cuido lo que es mío –le respondí infantilmente.
–¡Hey! –reclamó Bella.
–¿Qué? –sentí sus manos a mis costados y luego sus delicados dedos haciéndome cosquillas.
–No soy una propiedad –me dijo en un vano intento de parecer enojada, quien había mejorado su estado de ánimo.
–Aw… -suspiró la pequeña duende-. Se van tan monos juntos.
De pronto un cansado Emmett apareció detrás de la puerta con mi padre.
– No te había visto Emmett. Lo lamento mucho, –le dijo la personita que tenía aferrada a mi cuerpo a modo de saludo-. ¿Cómo está Rose?
–Hola pequeña –le saludo mi hermano-. Bien, acaba de quedarse dormida. Además le darán el alta mañana, pero no podrá trabajar por lo que resta de su embarazo.
Alice se veía muy cómica. Estaba en shock y con uno de sus ojos guiñándolo como si no pudiera entender lo que había escuchado.
–Lo siento hermanita, pero a menos que exista la tele transportación del alma, tendrás que trabajar sola o conseguirte a alguien.
–¡Diablos! –prácticamente gritó Alice al cielo.
–Alice…-le reprendió Esme-. Estamos en un hospital…
–Lo siento mamá –le respondió con su mejor cara.
–Me alegro que Rose se encuentre mejor –le dijo Bella a Emmett.
Él no alcanzó a responderle cuando Alice ya me había quitado la mitad de Bella de mis brazos.
–¡Bella! –gritó a toda voz Alice. Esme la iba hacer callar nuevamente, pero la pequeña duende se adelantó-. Lo siento. Recordé algo… ¿me acompañas?
Reticentemente solté a Bella y las vi alejarse por el pasillo. Luego las voces continuaron su propio camino y yo me uní a ellos.
Ya era tarde. La puesta de sol ya iba en su curso, habían pasado unos diez minutos y volví a ver a mi novia y a Alice quien se veía muy feliz, mientras Bella trataba de calmarla.
Cuando llegó corriendo, su cuerpo aun no paraba de saltar.
–Hija, podías tranquilizarte un poco.
Ella intentó asentir. Todos mirábamos aquella divertida escena. Alice parecía esas niñas pequeñas que no podían conseguir algo, pero trataba de prometerles a sus padres que si le compraran el objeto ella se tranquilizaría.
–¿Has tomado a Bella para ir a comprar café? –le preguntó Carlisle, haciendo que Emmett y Jasper se rieran, pero el último tratando de disimulando la risa con una falsa tos.
Alice le dirigió su mirada maligna a Emmett quien le respondió sacando su lengua muy infantilmente. Jasper intentó contener a su novia, quien parecía que sus efectos no influían sobre ella.
–Nop –le respondió infantilmente-. Bella ha aceptado trabajar conmigo en la tienda ¿No es genial?
Todos parecían estar alegres con la noticia. Intenté de darle la mejor sonrisa a modo de apoyo, pero aunque lo intentara con todas mis fuerzas no podía. Pensé que si ella creía que iba a estar bien yo también. Le pregunté si quería estudiar en la universidad…
···- Inicio Flashback -···
–¿Bella?
–¿Si? –me respondió mientras estábamos tendidos sobre el sofá cuando no habíamos terminado de ver la película precisamente.
–¿No has pensado en estudiar en la universidad? –le pregunté-. Ya que no pudiste hacerlo antes, pensé que ahora podrías querer…
–No creo que sea el mejor momento, pero si es algo que deseo.
–Alice tenía razón –le confié.
–¿Con respecto a que?
–Soy como un cavernícola, quiero que seas feliz, que realices cosas que no pudiste hacer, tener el mundo a tus pies.
–No es necesario, solo te quiero tener a ti –me respondió.
Continuamos besándonos por un algo rato, donde la pantalla del televisor aun estaba en negro.
–¿Bella?
–¿aja? –murmuró mientras ella trataba de salir de su estado de aturdimiento.
–Quiero prometerte algo –le dije.
Ella me miró con algo que no podía describir. Sorpresa, curiosidad, felicidad…
–Te prometo que cuando por fin consiga el divorcio, le daré a Amy mi apellido –le dije-. ¿Me lo permitirías?
–¿Estás seguro? –me preguntó-. No quiero que te sientas obligado a…
–Es lo que más quiero y que tu te cases conmigo y…
–Tener hijos –completó sonriendo.
–Exacto –le respondí besándola. Cerrando la conversación continuando con lo que habíamos comenzado.
···- Fin Flashback -···
Era sábado 5 de junio. Bella llevaba trabajando desde el lunes pasado, donde iba un par de horas y Amy se quedaba en una salita acondicionada especialmente para ella. Me despedí de Bella con un gran besó que me quitó el alma y la dejé marcharse mientras veía como Alice se reía disimuladamente.
Cuando llegué hasta la consulta lo primero que encontré fue a mi secretaria con un sobre que había dejado en mi escritorio.
–¿Qué es esto? –le pregunté a Ángela.
–No lo sé, ha llegado esta mañana –me respondió-. Ha de ser importante, porque cuando lo entregaron se veía muy oficial.
No podía creer lo que tenía entre mis manos… Le pregunté a Ángela si tenía algo más para ese día, pero no. Feliz me marché hasta donde había dejado a Bella en la mañana. La tienda de Alice.
Cuando llegué vi como Alice iba entrando a la tienda con una bolsa de papel de una cafetería, cuando se percató que me encontraba allí me saludó. Entramos, pero el lugar se veía desierto de cualquier tipo de vida.
–¿Dónde está Bella? –le pregunté a Alice. Tenía una noticia que darle.
–No sé. Tal vez esté abajo. Déjame ir a ver –me pidió.
Yo solo asentí maquinalmente. Sentía algo extraño en el interior, un sentimiento de culpa y temor que no parecían querer irse. La tienda se encontraba algo desordenada –y eso que muy pocas veces había entrado allí-. En el mesón principal habían algunas cosas dadas vueltas, como lápices y hojas desparramadas por el piso.
Decidí llamar al teléfono de Bella antes de cualquier suposición. Luego de marcar por segunda vez este ya ni siquiera me daba la posibilidad de poder llamarla. Alice se estaba demorando demasiado.
–Este móvil no se encuentra disponible… –se escuchaba la voz de la telefonista al otro lado de la línea.
Contraído por tantas emociones juntas tomé el iPhone nuevamente e intenté llamar, pero sin éxito.
Las escaleras de esa tienda nunca me habían parecido tan eternas, Alice trataba de subir rápidamente, pero intentando no caerse, poco a poco podía ver su cabello puntiagudo y después ver como ella volvía con el rostro contraído por una mueca de dolor. Algo malo sucedió. Pensé.
Ella llevaba aferrada a sí misma un bulto, tarde me di cuenta que era a Amy quien Alice traía entre sus brazos. O más bien la manta con la cual Bella envolvía su hija ¿Dónde estaban?
Atravesó los percheros donde se exhibían sus prendas y con paso apresurado llegó hasta donde me encontraba yo.
Sus ojos se veían tristes y con rastro de unas lágrimas que no quería dejar caer. Mi cara le ha de haber parecido de un desconcierto infinito, porque un llanto escapó desde ella.
–No está –respondió.
–He llamado a su móvil, pero está apagado.
–Edward… -susurró entregándome la manta con la cual Bella cubría sagradamente a Amy cada vez que salía fuera de casa.
–Tal vez está con Esme –le respondí.
–Edward… –me llamó, pero la ignoré.
–Déjame llamarla…
–¡Edward! escucha lo que estás hablando ¡Por el amor de Dios! –me gritó con su voz rota.
Tomé la manta que tenía entre sus brazos. Definitivamente era de ella, tenía su aroma.
–Edward… ella se fue –Alice levantó su cabeza y pude observar como la verdad brotaba desde sus ojos junto con las lágrimas.
–Por supuesto que se fue, porque no está aquí, debe estar con Esme o comprando algo por allí -comencé a pensar.
–Edward, por favor. Escucha lo que dices –me pidió-. No está. Se ha ido.
La verdad me golpeó con tanta fuerza que no podía estar seguro si podría sostener mi cuerpo con la misma fuerza. Como un robot le entregué a mi hermana la manta que me había pasado. Traté de pensar con la cabeza fría, pero era de Bella de quien estábamos hablando. En definitiva, no lo podría hacer.
Luego de que Alice tomara la manta comencé a dar círculos por la tienda. No podía ser ¿o si? Cual sería el motivo por el cual Bella se marchara, no lo podía entender. Realmente no podía.
Sentía como si una parte de mi corazón fuera arrancada, pero aun así este seguía latiendo, agonizando, sufriendo, muriendo con cada latido.
Observé a Alice –quien se había sentado en la silla donde había dejado a Bella hace unas horas atrás-. Aun mantenía el único rastro de Amy entre sus brazos y una hoja de papel blanco entre sus manos, el cual ella observaba con dolor.
–¿Qué es? –le pregunté.
–Nada –me respondió tratando infructuosamente de esconderlo de mi campo de vista.
–Alice –le gruñí-. ¿Qué dice el maldito papel? Si no fuera importante no me lo esconderías.
Ella se levantó del asiento y me lo tendió.
Una letra desgarbada y un poco infantil estaba en la hoja. Una letra que conocía demasiado, tantas veces leyendo su agenda. Aquella agenda que me había ayudado a conocerla, a enamorarme y amarla. La letra de Bella. Su inconfundible letra que parecía querer tragar a la hoja.
"sábado 5 de junio de 2010
Edward…
¿Qué puedo hacer para no destruir nuestros corazones? Esto es lo mejor para ambos, créeme, esta es la mejor decisión no hay otra, aunque pienses lo contrario. En tu cabeza has de estar pensando en los cientos de idiomas lo mala y maldita que soy en este momento; y me lo merezco.
Me he dado cuenta que esto no iba a funcionar, demasiadas situaciones no nos dejan ser felices. He pensando en que Tanya ha dicho, destruí su vida. La tuya igual, de verdad lo lamento. Tantos problemas que he traído a tu vida que me siento tan mal. Como puedo cargarte la vida de dos personas que apenas conoces… ha durado demasiado esto, no podía seguir viendo como tú no podías ser feliz como cualquier persona de tu edad, salir a reuniones con tus amigos, tu familia, perdiendo todo eso por mí. Realmente no podía soportarlo más.
No espero que me perdones por lo que estoy haciendo, pero espero que encuentres alguien que te ame igual o más que yo, pero que pertenezca y tenga tu forma de vida, te dé estabilidad. Como te dije una vez sobre los electrones…
Por favor, no me busques. Te lo ruego desde la distancia. No hagas esto más doloroso para ambos. Adiós.
Siempre tuya, Bella"
Estaba atónito. Bella se había ido con su hija, para siempre. Escuché esta vez el llanto más fuerte de Alice que resonó por toda la tienda. Pero yo no encontraba mi voz ni siquiera para poder hablar. No podría verla sonreír, sus sonrojos y sus ojos que eran como un libro abierto que nunca podía entender su forma de pensar. Ella se había marchado y me había dejado con mi corazón desangrando…
Esperaba que esta fuera una pesadilla como esa que había tenido hace muchos días atrás. Esperaba despertar y encontrarme con Bella otra vez, en la misma cama, en el mismo lugar donde yo pensaba que teníamos un hogar. Pero nunca sucedió.
–Si eso es lo que quiere. Entonces está bien por ella –le dije a Alice quien me miró con su rostro empapado en lágrimas.
No pensaba retenerla a mi lado a la fuerza, pero nunca creí posible que ella se quisiera marchar.
¿Recuerdan cuando les dije que si me iba mal me quitaban internet? y así fue... pero aquí estoy... espero que comprendan mi tardanza... además tenía este capitulo listo hace días... buuu. Pero bueno ahora estoy en un ciber y cuando vuelva a casa estudiaré quimica y luego me pondré a escribir...
Y lamento no poder poner cada uno de sus nombres, porque en este instante estoy tan apurada... pero siempre las tengo en mi corazón... y bienvenidas las nuevas (que son bastantes)
me hacen feliz.
Bueno tengo una duda... y no estoy muy segura así que necesito ayuda... el proximo cap... ¿Bella o Edward POV?
¿Qué les pareció el cap? muchas dudas... ¿eh?
Au revoir !
