*Los personajes son de Stephenie Meyer, yo solo los hago sufrir con mis retorcidas historias. Si el Fic es M, es por algo... no me hago responsable.


Caída

La soledad era algo con lo que muchas personas podían convivir mano a mano, pero no cuando ya sabías lo que se sentía estar con esa persona. La había conocido, tenía plena conciencia de que existía, que había sido mía, pero ya no estaba aquí.

Un desconcierto mayor dominaba mi mente, no sabía que pensar, ni que sentir. Una parte de mí corazón sentía rabia –demasiada, diría yo-. Que no me dejaba pensar con claridad, que nublaba mis sentimientos y me hacía pensar lo peor de ella, pero luego, de forma sorpresiva y repentina aparecía un nuevo sentimiento que golpeaba con mayor fuerza mi cabeza, era la pena y la tristeza de saber que no fui lo suficiente para ella, lo suficiente para que ella se quedara conmigo.

Mi mente, que no se decidía en que pensar, estaba en un torbellino de emociones donde definitivamente no se encontraba la felicidad. Bella me había arrancado todo lo que amo, no solo ella se había ido, si no que también Amy. La rabia quería ganar todo el espacio en mi mente, pero la conciencia me decía que tuviera precaución.

Una duda asaltó mi cabeza con la rapidez de un rayo ¿Porqué se había ido sin hablar conmigo? Bella no era del tipo de personas que desistían de una vez, eso había llegado a conocer de ella a través del tiempo. No era la misma Bella que había encarado a Tanya hace unos días atrás, esta era distinta, temerosa y recelosa de actuar mal. Trataba de entender una respuesta coherente y que me ayudara a pensar mejor la forma de pensar de Bella donde solo existía un papel que era impersonal, tosco y sin afecto.

Observé la hoja nuevamente con desagrado y lo dejé encima de un alto de prendas que se encontraban encima de una silla. Estaba llegando a la puerta cuando recordé la presencia de Alice.

–¿La vas a dejar partir? –De pronto sentí la fuerza de una de sus manos sobre el brazo que no estaba abriendo la puerta-. ¿Sin más ni más?

–No la retendré contra su voluntad, si quiere marcharse está bien por mi –dije con mi voz cortada-. Solo me duele su forma de actuar.

Salí de la tienda con una rapidez impresionante. Me sentía sofocado, pero afuera se podía apreciar el sol como nunca antes había existido, amarillo, gigantesco, como si se estuviera burlando de mi pena.

No sé como llegué a la casa, no sentí el pasar de los vehículos ni de los peatones. No sentía nada, allí donde debía estar el corazón estaba vacío, lleno de aire y esperando tontamente que todo fuera una cruel broma, una pesadilla o que solo fuera una estupidez de mi cerebro. Pero nada.

La puerta cedió con facilidad, pese a que no podía encontrar la cerradura. La casa se encontraba vacía, los muebles nunca me habían parecido más sombríos al igual que las paredes. A paso lento llegué hasta la cocina, busqué algún licor fuerte que me hiciera olvidar hasta mi propio nombre, justo cuando la cordura estaba siendo cordialmente invitada a largarse, lo encontré sobre un estante. Justo a tiempo.

Podía sentir el sol lentamente bañando mi cara poco a poco. Dentro de esta –la que pensé que podía ser nuestro hogar-. Podía ver como nacía el nuevo día, luego de otra noche en vela mirando hacia fuera, como si mi conciencia ilusamente pensara que Bella aparecería por el jardín sonriendo tristemente y con Amy entre sus brazos.

Pero nada de eso había sucedido, Alice y Esme me habían preguntado si quería que se quedaran allí, pero lo único que deseaba era estar solo, no los quería arrastrar con mi poca cordura, mi mal humor y frustración.

La tranquilidad que envolvía aquellas cuatro paredes era abrumadora y el silencio se hacía insoportable, que a ratos parecía tornarse escalofriante. No podía estar todo el tiempo en ese estado ¿En que diablos estaba pensando? Bella me había pedido que no me amarrara a ella, que fuera feliz… Tenía derecho a eso ¿No? Tal vez ella se había espado con Jacob… Ya no importaba más. Tan pronto como estuve pensando reticentemente en esa posibilidad un replique se escuchó estruendosamente por toda la habitación.

Alice. Decía el identificador de llamadas… Me imaginaba de lo que me hablaría, así que había dos formas para no contestarte y eludirme "No escuché el móvil" o "Se me ha caído al agua" lamentablemente con ella no iba a funcionar ninguna de las dos.

–Hola hermana –el viento que azotaba a los árboles cada vez se hacía más y más poderoso-. ¿Qué puedo hacer por ti?

–Muchas cosas –respondió algo enojada-. Pero lo mejor que puedes hacer ahora es venir a mi tienda.

–…

–Edward, deberías ver eso –luego de mi nula respuesta, murmuró a través del móvil-. Es sobre Be…

–No quiero saber sobre ella –le respondí mordazmente-. Si esto es lo que quería no la voy a detener –le respondí.

–Por favor Edward –me llamó-. ¿Puedes venir a la tienda? Es algo muy importante.

¿Qué me tendría que decir Alice? Sinceramente no me lo imaginaba… No sabía que pensar, tenía mi mente en blanco, ni siquiera ese color estaba en mi mente. Lo consideré por un par de segundos y le respondí:

–¿No es algo que me puedas decir ahora a través del teléfono?

–No, sería preferible que vinieras aquí –me respondió con su voz un poco preocupada-. Y entre menos tiempo te tome sería mejor.

–Espérame cuarenta minutos.

–Está bien –murmuró un poco más aliviada-. Te veo luego.

–Adiós

–Adiós

Y la línea se cortó.

Fui rápidamente a asearme y luego de eso tomé las llaves del volvo para ir a la tienda de Alice. No imaginaba cual sería la razón por la cual tenía que ir a la tienda de Alice.

Bella POV

La brisa parecía tan lejana, tan distante. Quería sentir el viento sobre mi piel, con su rose fresco y vivo, porque era eso lo que quería percibir, que estaba libre, viva, que estaba con Edward, mas nada de eso estaba sucediendo. Solo estaba encerrada entre las paredes de un motel de mala muerte.

–Edward… –suspiré. Un sollozo brotó de mis labios.

Es lo mejor para todos, sobre todo para él.

Nunca tuve ni la más remota idea de que todo el daño volvería nuevamente. Con más fuerza y con más dolor. Tan poderoso como un aluvión.

–Solo está sin palabras por nuestro matrimonio –mintió cuando había buscado un lugar donde pasar la noche.

Había vuelto a mi vida, a dañarme y a mancharme. Sin que yo pudiera hacer mucho.

Podía estar en algún otro Estado –realmente no sabía donde estábamos, tal vez solo me encontraba al otro lado de la ciudad, en California, Phoenix o en la frontera de Canadá.

Tantos meses pasando hambre, victima de abusos y golpes, donde había maldecido a todo el mundo por mi cruel destino. Y cuando por fin había sido salvada por un ángel, volvía a las garras de un demonio que no me soltaba, que me retenía y me arrastraba por el fuego flameante y endemoniado.

No sabía cuantos días habían pasado –ni quería saberlos tampoco-. Solo quería que la muerte llegara pronto, tan pronto como para que me fuera difícil saber cuando estaba muriendo.

Amy. Un suspiro brotó desde el fondo de mi garganta sin que yo pudiera detenerlo ¿Se encontrará calentita todavía? ¿Tendrá hambre? Me pregunté. Su tibia y suave piel, sus ojitos marrones, su cabello con sus pequeños bucles y de un color que no me atrevía a describir para no arruinar la hermosura de este, ella era perfecta. Como la extrañaba, pero con la rapidez con la que viaja la luz recordé que ella estaría mejor así, porque nunca podría exponerla a este lugar. No, ni siquiera eso. No podía tenerla cerca de él. Eso nunca. Haberla dejado en un hospital era la mejor opción –o eso quería creer.

Recordé como había sido re-enviada al infierno nuevamente. Aquel hombre que no quería ver en mi vida, sonreía malditamente ¿Habrá sabido anteriormente que yo me encontraba allí en ese lugar?

En la tienda de Alice parecía como si el tiempo se hubiera detenido o más bien, el lugar era tan frágil y daba miedo moverse, aunque la principal razón era porque no quería que él me observara.

Había tomado a Amy que acababa de despertar, se veía absorta, iluminada y feliz, sin tener conocimiento de que a pocos metros se encontraba la persona que más me había dañado en el mundo. Su padre.

Con un lento y acompasado ritmo seguí meciéndole para lograr que ella se durmiera otra vez. No quería que ella sintiera el temor que me embargaba y donde me sumergía sin poder salir de allí.

Pronto, muy pronto. La campanilla indicó que la puerta había sido abierta y para mi desgracia era él. Con grandes zancadas recorrió el lugar como si estuviera admirando las prendas, pero él me estaba asechando como a una presa, como a un débil ciervo que miraba con sus ojos asustadizos al cazador con el rifle en alto.

Una sonrisa satánica afloró de sus labios mientras sentía que ya no podía soportar el peso de mi hija que observaba con sus hermosos y marrones ojos. Intenté controlarme, pero era una tarea titánica.

–Te dije que volvería cuando habías despertado –un pie, otro, y otro. Pasos que resonaban por toda la habitación. Su presencia me incomodaba haciendo un nudo en mi garganta que me impedía hablar-. ¿Recuerdas que te daría un tiempo para que vieras que te podía dejar ser feliz?

Volví a la realidad con el estruendo de un trueno que me sacó de mi ensoñación… Las paredes se veían mohosas, con el papel decomural cayéndose a pedazos y los artículos muy impersonales, propios de un motel. Mis banales pensamientos sobre la situación en la que me encontraba habían sido sustituidos por unos que intentaba apartar para no sentirme peor… pero continuaban allí, tratando para salir a relucir.

Le había mentido por tanto tiempo a Edward… era algo imperdonable. Cuando había despertado la primera persona que había visto no había sido ni Edward, ni Carlisle, ni una enfermera. Había sido él.

"Te daré un tiempo para que puedas apreciar lo benevolente que puedo llegar a ser, pero ten en cuenta que volveré a buscarte. Entre menos tiempo te demore llegar, es mejor para ti"

Recordé.

A medida que pasaban los meses lo fui olvidando completamente… La primera vez que comenzaron los ataques de pánico no estaba segura si realmente lo había visto o era una mala jugada de mi cerebro, pero estaba segura que no lo había visto antes.

Y él había cumplido su palabra. Mi pequeño precio a pagar para agradecer por todo lo que Edward me había dado y por hacer feliz a Esme, quien me había pedido quedarme allí. Tal vez Edward no recordaba la vez que él me había pedido siquiera que me quedara allí, en Seattle, cuando yo me quería marchar.

-¿Y bien? –Me había preguntado.

-¿Tres meses? –Tresmeses era mucho tiempo… quiero decir, no podía quedarme y luego marcharme, pero había algo, invisible, pero astutamente poderoso que me impedía ir.

-Sí –me había respondido.

Quería decir no, pero de mi boca ya habían salido las palabras…

-Está bien. Tres meses.

Me imaginaba que le estaba haciendo daño a él, lo sabía, pero no había otra solución. Realmente estaba atada de manos o era mi salvación, o la de Esme y Carlisle y luego toda la familia Cullen. Por supuesto que ellos, no existía otra forma.

Una gran luz se iluminó la habitación y luego otro estruendo se escuchó.

La habitación se iluminaba con los rayos que se veían en el cielo que estaba cubierto por unas enojadas nubes. Un minuto, cinco, siete… el tiempo pasaba tan lentamente, que me estaba matando poco a poco.

¿Por qué no escapaba? Esa era una muy buena pregunta… ¿Por qué no escapaba? ¿Por qué no iba a buscar a mi pequeña hija y luego volvía donde Edward? Simple, porque no iba a lograr nada, simplemente por eso, ni siquiera podía escapar de aquí. La puerta estaba asegurada y la ventada tenía barrotes iguales a los que hay en las prisiones.

Era una prisionera del destino.

La cama se veía inflexible y dura como una roca, tanto como el lugar donde yo me encontraba, en una esquina de la habitación donde mis ojos podían observar cuando él llegara sin esperar una sorpresa. Tenía tanto miedo como cabellos en mi cabeza.

Antes yo había sido tan fuerte, pero ya no podía. Él me había dañado eternamente, no había nada que me pudiera sacar para siempre de la oscuridad.

Edward. Amy. Edward. Mi hija. Amy. Edward. Mi novio. Mis vidas. Los amaba tanto que podía hacer cualquier cosa por ellos, mi vida si la necesitasen. Siempre me cuestioné como me podía haber enamorado de él tan pronto, tal vez era porque –como decía Edward-. nos "conocíamos" desde antes de que despertara y aunque sonara cursi, la noche que me había entregado a él había sido uno de los mejores recuerdos que tenía de mi vida…

Pensar en Edward me lastimaba el corazón, al igual que pensar en mi hija.

Otro sollozo escapó sin que yo tuviera tiempo de detenerlo. Me dolía la cabeza, era como una aguja perforando mi sien, cuando iba a tocar el área afectada caí en la cuenta que un río de lágrimas caía por mis ojos.

Las lágrimas rodaban por mi cara sin que se pudieran detener, dejando escapar todo las emociones contenidas. Unos pasos que provenían desde afuera se escuchaban con claridad, intenté ahogar mi llanto y controlarme.

La luz se colaba por la puerta… ¿Dije que me encontraba a oscuras en la habitación? Y al ver aquel pequeño halo de luz mis ojos comenzaron a protestar. Cada vez era más grande, al igual que el cuerpo de mi captor.

La luz se intensificó más, para luego desaparecer completamente.

Su cuerpo se encontraba mojado a causa de las gotas de lluvia. Supuse a lo que observé sin mirarlo a los ojos. Siempre rehuyendo de su vista.

Cuando sentí sus ojos posarse en mi, bajé la mirada y me escondí en mi propio cuerpo, haciéndome una bolita, escabulléndome de él.

Tenía frío o tal vez era miedo, mezclado con el nerviosismo al no saber lo que iba a suceder, pero mis manos temblaban como hojas de papel, sentía un sudor frío entre estas y mi respiración cada vez se iba haciendo más fuerte y errática. Sus pasos resonaban por la habitación con demasiada lentitud y aun no me gritaba, golpeaba o insultaba. Nada.

Luego todo eso fue sustituido por su voz.

–Bella –no me gustaba que me llamara así. No él, solo Edward. El pensar en su nombre me hizo un hueco con mi corazón. No lo miré, solo asentí temerosa.

–No tengas miedo –murmuró. Él estaba demente, no tenía dudas sobre eso.

–Lo que hago es solo porque no sabes como comportarte como una verdadera mujer –respondió.

Me quedé callada, no tenía que opinar, no podía salir ni siquiera una palabra de mi boca o sería mi fin.

–Bueno, ahora que puedo hablar civilizadamente… -musitó cuando vio que no le iba a responder como la vez anterior donde él me había golpeado hasta que había caido semi-inconciente.

Se acercó lentamente y levantó mi rostro. Acarició mi cara, pero yo solo sentía unas enormes ganas de vomitar. Intenté con todas mi fuerzas de no gritar, pero un gritillo se escuchó.

–¡No! –y seguido a eso sentí el calor inundar mi cara. Él ya se había levantado, llegando hasta la puerta y asegurándola bien-. ¡Te odio con toda mi alma!

–Eso no me detendrá amor –respondió felizmente.

Toqué el área afectada y solté una maldición. Dolía en exceso, con mis manos heladas fui lentamente tocando para aliviar el dolor.

–¿Qué quieres de mí? –le pregunté sin vacilación. Daba igual si ahora moría. Ya me había decidido.

–No lo diré, por ahora –respondió con tranquilidad olvidando lo anterior-. Solo diré que te prepares para el viernes y gracias por no decirle a tu novio mi nombre… me has ayudado en demasía, casi podría pensar que lo único que querías era estar conmigo.

Él estaba realmente jodido si creía que quería estar con él. Solo pensar en su nombre hacía que la bilis subiera…

Me quedé en silencio, no había otra escapatoria.

–Aun es temprano… -tenía alguna intención oculta, lo podía percibir en su tono de voz-. Estás loca si piensas dormir allí. Pero no temas, porque esta noche no te tocaré, aunque lo desee fervientemente.

Antes de que él fuera a poner sus manos en mí, me levanté afirmándome al suelo para no caer.

El ya se había desecho de su ropa y estaba al interior de la cama. Intenté apartar mi vista, las nauseas aun continuaban allí. Entré allí con mis ropas puestas y alejándome de él todo lo que la cama me permitía. Su brazo se acercaba peligrosamente hasta mí, pero no sabía como detenerlo sin sacar a relucir su furia nuevamente.

Unos sollozos se escaparon de mi garganta –otra vez-. Pero esta vez traté de ahogarlos con la almohada. Sentía su ruda mano posarse en mi cintura, masajeándola suavemente. Luego de unos minutos su respiración se había regularizado. Estaba dormido, pero yo aun seguía sufriendo, seguía sintiendo y queriendo morir.

Edward. Te amo. De verdad lo siento.

No quería saber como se encontraba o que estaba pensando de mí. No me quería imaginar tampoco lo que pensaría Alice. Oh. Era como una hermana que nunca tuve, ella era tan especial en su forma de ser. Como la extrañaba. Otro nombre llegó luego, Esme. Una pequeña sonrisa –muy diminuta-. salió a flote entre mis labios. Cuando la había conocido me había parecido tan maternal. Tan diferentes eran ellos entre sí, pero logrando una armonía asombrosa. Amaba a cada uno de los Cullen, especialmente a uno.

Él era mi vida. Estaba muy enamorada de Edward, no podía imaginarme con nadie más en mi futuro, lastima que nunca pensé que todo lo que había soñado terminaría así.

El dolor de cabeza seguía allí y no se cuando pude dormirme, pero fue solo por el agotamiento que sentía al no descansar. Los primero rayos se iban asomando entre las cortinas, llegando a mis ojos.

Estaba sola. Un sentimiento de alivio llegó a mi corazón, el que se estaba rompiendo con cada segundo que pasaba.

Los días fueron transcurriendo, no sabía con exactitud cuantos eran. Muerte ven a mí, rápido, corre, no tardes. Cada día que pasaba traía con ello un trato mucho más violento que el día anterior, pero sin llegar a tomarme.

Su nombre era como un ácido que corroía mis venas. Tal vez si le hubiera dicho su nombre a Edward esto sería diferente, pero no lo suficiente como para ser bueno. Su nombre –de solo pensarlo-. Lograba traerme una sensación de horror.

Ya era viernes y estaba vestida muy diferente a como había estado antes. Muy formal.

La habitación se veía ordenada, pero extrañamente parecía informal y con un aspecto a ilegalidad.

–Bien señor James y Señora Isabella. Ahora están casados oficialmente –anunció con una sonrisa-. Mañana hablaremos de los otros aspectos a considerar.

Me estaba casando.

Mi captor sonrió de forma burlona y tomó mi rostro entre sus manos. Ya me había advertido antes de salir, una sola muestra de desprecio y lo pagaría cuando llegáramos. Me besó lentamente –tratando de persuadirme-. pero al sentir mi nula respuesta de aquel beso este se fue transformando llegando a hacer sangrar uno de mis labios levemente.

Intenté resistir el impulso de golpearlo, pero no tuve que hacerlo ya que el ya se había despegado de mí.

–Guardaré un poco de ti para la noche –susurró entre mis cabellos para que el abogado no lo pudiera escuchar.

Intenté soltarme, pero el me aferró más fuerte. Mi mano seguramente estaría morada luego de esto.

No sabía a quien agradecer, pero él se había marchado cuando habíamos llegado a una casa que sería donde viviríamos ahora. No sabía a que hora llegaría y eso me tenía muy asustada y sensible. Sin los fármacos recaía nuevamente en ese enfermizo juego psicológico.

Desperté y todavía no había señal de él. Asustada me bañé y luego intenté comer algo, porque realmente no podía hacerlo. Sentía un nudo en mi estómago.

El día sin él –desafortunadamente-. Pasó excesivamente rápido y ya era bastante entrada la noche. De pronto escuché un ruido proveniente desde la puerta de la cocina. La caía de algunas ollas y platos me respondió que probablemente él estaba enojado o ebrio.

¿Lograba esconderme? Lo dudaba, pero no quería afrontar lo que pronto vendría, me lo había advertido. No sé que me impulsó a mover mis pies y bajar las escaleras. Él se veía igual de ebrio de lo que imaginé que se encontraría.

Con grandes pasos recorrió el pequeño espacio que nos separaba y comenzó a tocarme.

–Gracias a Dios te has desecho de ella –explicó mientras mordía mi cuello-. Muy hija tuya será, pero no podría soportarla. No se como Cullen te pudo tener todo este tiempo, pero ya estás aquí, conmigo.

Un dolor en mi corazón me atravesó. Tenía que ser fuerte, no podía dejarme vencer. Se fuerte, que no vea tu miedo.

–Mejor dejemos eso para otra ocasión, ahora tengo algo más importante que hacer.

Intentaba alejarme de él, pero yo era muy débil en comparación a él. Una mueca de disgusto amenazaba en salir y antes de que soltara una maldición sentí que con una de sus manos tomó mi brazo y con la otra sacó algo de un bolsillo.

Aterrada observé lo que era. Una pistola.

Tragué en seco y lo miré a los ojos ¿Realmente pensaba en matarme? Me apuntó en mi cuello mientras su otra mano pasaba a mi nuca.

–Vamos a hacer esto –susurró-. Tu haces lo que yo quiero y tu sigue viva ¿Te parece?

No dejaría que otra vez me… No, podía morir, pero no de esa forma. Cualquier cosa menos eso, no podría soportar nuevamente aquel desgarrante dolor. Sin querer pensé en tantas cosas a la vez que sentí mi cabeza explotar.

–¡Te pregunté algo! –gritó zamarreándome mientras tiraba mi cabello.

No sabía que responder, realmente no sabía. Si dejaba que el hiciera lo que quisiera no lo soportaría, pero si le decía que no, estaba segura que moriría o al menos el dolor sería igual. No respondí nada, pero cuando él observó hacia la puerta y yo tomé su desprevención para salir de sus brazos.

¿En que estaba pensando?

Decidí no perder el tiempo en eso, ya que recordé que él había abierto la puerta, pero no le había puesto el seguro. Traspasé la puerta y el frío viento me dio la bienvenida.

Escuché la primera advertencia. Un ruido estridente proceder desde mi espalda y como no sentía dolor asumí que no había llegado hasta mí. Es una advertencia.

–¡Isabella! –gritó-. ¡No te escapes!

El suelo se sentía húmedo entre mis pies descalzos, no podía dar vuelta atrás a lo que estaba realizando. Era ahora o nunca.

La oscuridad llenaba todo el lugar, pero podía divisar un pequeño cerco a unos cincuenta metros. Él continuaba persiguiéndome y lanzando balazos a diestra y siniestra, pero seguía gritando mi nombre.

No se como ocurrió pero luego sentí su mano en mi brazo impidiendo que pudiera escapar de allí. Nuevamente intenté escapar pero su agarre cada vez era más fuerte.

–Nunca pensé hacer esto, pero es algo que estaba considerando hace mucho tiempo –dijo-. Espero que tu padre esté maldiciendo en el infierno por todo el daño que me causó y que te causará a ti.

Me paré en seco, quedé atontada. Sabía que mi padre le había dado su consentimiento para que él se hiciera responsable por mí, pero nunca imaginé que él le hubiera hecho daño.

–Tu padre no era más que un viejo mentiroso y estafador.

–¿Qué te hizo? –de algún lugar encontré la fuerza necesaria para pronunciar aquellas palabras.

–Me estafó.

Tenía que existir algo más profundo que eso para tanto odio…

–¡Su engaño logró que muriera la única persona que amaba! –gritó a toda voz-. Ella se estaba muriendo, tu padre lo sabía, el dinero que reuniera con él era la única solución para salvarla de su enfermedad.

Quedé rígida como una puerta. Charlie no pudo haber hecho eso. No pudo. Me repetía como un mantra.

–¿Cómo lograste convencer a mi padre para que me cuidaras tu? –le pregunté reuniendo todo el valor posible.

–No lo hice, solo arreglé su testamento, era mi pequeña venganza –me respondió con una media sonrisa-. Nunca fue mi intención matarlo, pensé que con el accidente sufriría más, pero nunca pensé que iban a morir.

Me lo estaba confesando, él los había matado como tal vez lo haría conmigo. Con todas las dudas en mi cabeza me pregunté si podía escapar y antes de que pudiera responderme a mi misma él ya había comenzado a hablarme.

–No dejaré que prives de mi diversión –susurró-. Y menos ahora que estas aquí, creo que podría conformarme contigo. No eres alta, no tienes el cabello rojizo, pero eres igual de pálida que ella. Todo esto lo hacía porque no sabía comportarte decentemente.

Seguramente serían las descripciones de ella, pensé. Su rostro se perdía entre mi cuello, el frío cada vez se hacía más insoportable al igual que querer escapar de allí.

–Yo te recomendaría que no hagas mucho jaleo. Déjate llevar –ronroneó.

Grité con una fuerza que me era imposible en su oído. El se asustó y tomé esa ventaja para quitarle el arma que aun llevaba con él.

No sabía usarla, pero permitiría que se me acercara más. Su rostro cambió del dolor al terror.

–Baja el arma

–No pienso bajarla. Soy capaz de matarte aquí mismo.

–No, no lo eres –dijo riendo-. ¡Vamos mátame! Te llevarán a la cárcel. Estarías matando a tu esposo

Un tiro al aire resonó por el lugar.

–No te acerques más –la rabia salía a flote y un coraje que nunca había sentido.

La luna nunca había estado más grande, redonda y amarilla. La observé sin detenerme mucho, pero en ese instante James se acercó más aun. Mi promesa no que decir su nombre ni siquiera en mi mente se había perdido…

Sin pensarlo dos veces lo apunté. Tomó las dos manos temblorosas que sostenían la pistola intentando arrebatármela y otro estruendo se escuchó. Su rostro se contrajo en una mueca de dolor y cayó al igual que el arma, ya que por mi nerviosismo yo había soltado.

Corrí todo lo que pude, la adrenalina me ayudaba a ir más rápido y cuando estaba arriba del cerco cuando un dolor atravesó mi pierna y luego el ruido de un tiro

Caí. No como cae la lluvia, las hojas de los árboles y las manzanas. Caí como cae un trueno.

Estaba en la carretera y me arrastré por la tierra llena de piedritas puntiagudas, intentando escapar si es que el se llegaba a levantar.

El frío calaba mis huesos tan dolorosamente que era una sensación que nunca había sentido. Podía sentir como el asfalto se mecía entre mis dedos. La neblina que se formaba entre mis ojos me hacía imposible ver algún carro entre la carretera.

–Amy –logré suspirar-. Edward… te amo. Los amo.

Y me dejé llevar.

No sentía frío, calor, temor, miedo, felicidad, tristeza, no sentía nada. Mis pulmones ardían.

Esto es nuevo… mi cabeza –uff!- la siento como si estuviera en otra persona, no puedo coordinar mis movimientos ¿será que toda la pesadilla que sufrí durante este último tiempo había terminado? ¿Por fin me había llegado aquel descanso eterno?

Después de atravesar cielo, mar y tierra; por fin podría disfrutar de la paz y quietud ¿Olvidar todas aquellas cosas malas que me habían ocurrido? ¡Oh! ¡Me acordé! ¿Pero aun así dejaría en el mundo a la persona que más me importaba en el mundo?

Todo era blanco. No estaba segura ahora si quería que todo fuera negro.

¿Dejaría a Edward también? ¿Aun cuando no estuviera cerca de él. Aun cuando no lo pudiera ver sonreír, aun cuando lo extrañara tanto?

Intenté arrancar lo que me mantenía prisionera en el lugar, haciendo que un dolor llegara hasta mi mano. Me di cuenta que estaba acostada, porque al moverme sentí un vacío. No quería caer al precipicio. Temerosa puse un pie y luego el otro. Un dolor tan fuerte me hizo soltar un grito. Dolor, dolor y más dolor. No había vacío, pero parecía un témpano por lo helado que se encontraba.

Algo me impedía continuar mi caminar, pero de alguna forma u otra sentí que estaba en otro ambiente. No podía sentir bien mis pies –sobre todo el izquierdo que era donde sentía una punzada-. me costaba mantenerme en pie. No veía bien, solo blanco y muchos murmullos que no me dejaban en paz.

A veces veía unos manchones negros y escuchaba unos pitidos que no me mareaban. Estaba segura que esto era un sueño, porque imposiblemente lo vi.

–Edward… -logré suspirar, pero el cansancio era tan grande y mi cabeza latía con tanta fuerza que solo pude ver su rostro preocupado intentando salvar mi caída a causa de mi fatiga. Un ángel me quería salvar, pero tal vez ya era muy tarde.


Me demoré, sip. Lo sé. Lo expliqué en los reviews mis razones, estaban terminando mis exámenes y cuando tenía un poco de tiempo no podía escribir nada que fuera decente como para presentar. Y les dije el viernes y lo cumplí. Ahora tengo mucho tiempo (por dos semanas) para escribir! Mil gracias por sus comentarios, me agrada que escriban lo piensen, sea negativo o positivo (siempre y cuando sea con respeto, por supuesto) así que como la vez pasada no pude poner sus nombres por falta de tiempo... aquí están: ALLY MASEN CULLEN, Miss Cinnamon., Amelie 666, Yirla, FranBells, Georgina, BellsCullenS, Ross, sophia18, Lakentsb, EdithCullen71283, vampirehelena, Jos WeasleyC, MissBennetDarcy,Cathyiiaz, IsabellsCullenSwan, Tina Masen, yolabertay, Chayley, liduvina, SofiSalvatoreCullen.

De verdad mil gracias...

Bueno espero que puedan perdonar mi demora, fue algo que no podía controlar.

Y bien... algunas quería Edward POV y otras desde el Punto De Vista de Bella. Así que decidí hacerlo desde ambos, era lo más justo, me refiero a que hay cosas que Edward nunca podría haber explicado, como por ejemplo por que ¡James! (si chicas es él) la había secuestrado y como lo había logrado. Pero el que sigue será Edward POV y explicará algunas cosas.

1. Ya saben su nombre 2. Porque "quería" a Bella 3. Porqué se había ido 4. Era uno de los capítulos que más quería escribir, pero creo que en un tiempo más lo voy a editar, para que quede mejor.

Espero desde el fondo de mi corazón que me perdonen, se que no tengo perdón de Dios en demorarme tanto y aparecer de la nada. Bueno quería decir unas palabras... Disfruten la vida, para que recuerden en momentos tristes que también vosotros habéis pasado por momento felices.

Au revoir!

Pd: ¿Les gustó Eclipse? porque yo la amé, aun cuando faltaban algunas partes... humpf! :)

Pd2: ¡Bienvenidas nuevas lectoras! y antiguas no se desmotiven... igualmente las adoro! ;D