Los personajes son de Stephenie Meyer. Yo solo los hago sufrir con mis muy retorcidas ideas.
Suerte que estás junto a mí
Casada
Casada
Casada, atada, casada. Ella estaba casada.
No sabía como había ocurrido, pero imaginaba que eso no podía ser algo bueno al final del día, pero en ningún lado de encontraba el típico conductor de televisión con una cámara detrás de él y con los brazos bien abiertos, gritando "caíste" Nop, nada de eso. Esto era la vida, pura y dura, donde no habían salvavidas al final del camino y se soportaba la caída con el mayor de los esfuerzos, porque había gente que dependía de eso.
Las palabras rebotaban por las paredes de mi cabeza con una fuerza descomunal. Lo único que me mantenía en pie era tener a Amy entre mis brazos, una luz infinita que era un salvavidas entre el torrente de desgracias.
Bella está a salvo. Amy también. La familia está unida. Pensé. Eso era lo que importaba. El que se encontrara casada pasó a ser un segundo plano en la lista, donde únicamente me guiaba por el bienestar de las personas que me rodeaban.
Asentí torpemente como aquel joven que se encuentra drogado, su mamá lo ha pillado, pero aun así él le dice que se encuentra bien. Mas yo por asomo me encontraba drogado, tal vez en una especie de trance, pero lúcido al fin y al cabo.
–Hablaremos luego –respondió evitando mirarme-. Tengo que explicarle lo que seguirá, pero he de informarle ahora que un policía estará en la puerta. Lo siento, pero es parte de la ley. Para la justicia en este momento ella es tan culpable como el señor James.
El oficial pareció entender que necesitaba mi espacio porque se alejó cautelosamente hasta sentarse al frente de mí.
A pesar de ser un doctor, estaba odiando estar en un hospital en estos momentos. Habían pasado tantas cosas en estos meses demasiadas idas al hospital y tener personas a mi alrededor que necesitaban ir a uno, pero eso no dependía de mí.
Acurruqué a la pequeña niñita que se encontraba en mis brazos y la mecí hasta perderme en sus ojos, iguales a los de Bella, profundos, hermosos y curiosos. Intenté en no pensar en lo que ahora se nos venía, pero era casi imposible. La fortaleza era algo que tendría que sacar desde el fondo de mi corazón, las necesitaba a ambas y no permitiría que alguien me las arrebatara.
Ensimismado como me encontraba, no había percibido la presencia de alguien en ese momento. Solo sentí un pequeño golpe en mi hombro y solo así salí de mi aturdimiento ¿Cuánto tiempo llevaba así? ¿segundos? ¿minutos? ¿horas? Dejé de pensar en ello cuando me dí cuenta que no iba a lograr nada.
–Edward –musitó una voz aguda y tintineante. Sentía como si me encontrara en una burbuja, cualquier movimiento y esta explotaba, estaba atrapado por ella. Levanté lentamente mi cabeza esperando no causar algún malestar en mi cuello por la incomoda posición en la que estaba sentado y mirando a la pequeña.
–Hola Alice –sus ojos se veían felices pero con un deje de tristeza. Me observó e hizo un mohín de disgusto-. Deberías descansar…
–No –le respondí tajantemente, mí actitud era completamente errónea y lo intenté corregir con una voz más suave-: Estoy bien.
–Bien –bufó, pero su semblante cambió como si intentara no disgustarme-. ¿Cómo se encuentra Bella?
Alice movió el bolso de Amy que se encontraba en el asiento y tomó posición en él.
Le expliqué detalladamente sobre la situación, el aplomo con la que sus preguntas salían me daban a entender lo triste que se sentía ella. Y al igual que yo, se encontraba destruida al enterarse que Bella estaba casada ¿Habría ella aceptado casarse así como así? Lo dudaba, pero tenía que hablar con ella, quería ayudarla.
–Es más que obvio que esa escoria lo planeó todo –dijo abruptamente luego de un par de minutos de silencio y miradas perdidas.
–Lo sé –le respondí. Amy resopló contra mi pecho y se movió un tanto inquieta.
Ambas se dejaron de mover, pero solo mi hermana rompió el silencio sucinto.
–¿Cuándo podrás entrar a verla? –levanté la vista, su posición daba a entender que se encontraba más tranquila.
–No estoy seguro… –estaba perdido-. Alice ¿qué hora es?
–Son las 5.51 -respondió observando su reloj.
–Creo que podré entrar cuando ella se haya despertado de nuevo –le dije, solo habían pasado cinco minutos, la dirección de los pensamientos dio un giro completamente diferente cuando...-. ¡Alice!
Alice no conocía la palabra: prudencia.
–No ha sucedido nada –me respondió como si ya supiera el porqué la iba a regañar-. Oh por favor. Estoy bien –puso los ojos en blanco.
–Tienes que ser responsable –le reproché.
El pasillo se encontraba vacío a veces, después pasaban bastantes personas y luego volvía a quedarse con nosotros, Alice, Amy y yo. El oficial se había marchado hace unos pocos minutos.
–Lo soy –musitó enojada y con un mohín de disgusto dibujando su fino rostro.
–¿Así? –la miré desafiándola.
–Estoy bien –repitió como si quisiera dejar la conversación hasta allí.
–No lo hagas más –le pedí-. ¿me escuchaste?
–Sí, papá –respondió-. Pero… a que también te sentiste tentado en poner una piedra en el acelerador y manejar como si estuvieras en el video de "The cardigands" ¿no?
Sí, joder. No podía dejar de pensar en el tiempo que faltaba para poder verla.
–No –le respondí tajantemente-. Además estaba Amy, no la iba a exponer a manejar sobre el límite de velocidad.
Las enfermeras pasaban, los doctores y algunos familiares de pacientes también. El oficial se encontraba dando órdenes a algunos de sus colegas y estos se movían rápidamente.
–Espera –me llamó-. Edward ¿Cuál es el informe médico?
–He estado tan fuera de mí. Solo la he visto una vez y fue solo porque ella estaba corriendo –le respondí-. No he hablado con ninguna enfermera. Y solo han pasado minutos desde que la he visto.
Necesitaba entrar ¡Ya!
–ajam –musitó-. Vamos dame a la pequeña, tus brazos se van a cansar demasiado. Además mira, se ha dormido.
Por fin había caído rendida a los brazos de Morfeo. Desde que se había ido Bella ella solo se dormía y se despertaba, y no alcanzaba a pasar más de cinco minutos cuando una de esas cosas sucedía, impidiéndole descansar adecuadamente. Asentí entregándole a Amy, ella se veía feliz cuando la tenía entre sus brazos.
–Carlisle piensa que pude convencer al doctor o doctora para que la puedan trasladar a Seattle –musitó mirando a la pequeña-. Jasper no pudo venir porque mañana tenía que dar una clase muy temprano y los papás vendrán en un momento más…
La miré acecinándola con la mirada.
–Última vez que manejas tan rápido –la interrumpí enojado…
–…Y Em no puede venir, tiene que cuidar a Rose -…pero ella continuó como si no la hubiera regañado.
La adoraba. Por todo. No la cambiaría jamás y se lo hice saber.
–Eres la mejor
Ella se quedó callada.
–Gracias –musitó. Dio vuelta su cabeza y respondió-: Siempre unidos ¿no?
–Siempre –y la abracé teniendo cuidado de no aplastar a la bebé.
–No pierdas la esperanza –dijo-. Todo va a mejorar, Bella volverá con nosotros y será como siempre tuvo que ser.
No encontraba mi voz, mi garganta se encontraba cerrada y mis ojos se escocían, pero supuse que ella sabía que le creía.
–¿Señor Cullen? –interrumpió una voz suave.
Solté a mi hermana y la miré. Su traje pulcramente planchado y ordenado era un claro ejemplo de perfección en una enfermera, me recortaba a Katherine.
–Si, soy yo –le respondí.
–Hemos tranquilizado a la… señorita Bella… –hizo una especie de mueca y continuó-. Puede entrar a visitarla –finalizó abruptamente.
Miré a la pequeña saltamontes que reposaba tranquilamente entre los delgados y pálidos brazos de Alice.
–¿Puedes cuidarla?
Me lanzó una mirada de: "¿Qué tipo de pregunta es esa?"
–Yo cuido a esta cosita que exhala cariño –respondió-. Ve con Bella.
–Voy –más para mí, que para ella. Era una especie de aliento para mi mismo y conectar a mi cerebro para que se moviera.
Me levanté de la silla y la enfermera me guió a través de los pasillos. Bella había avanzado bastante cuando apareció corriendo ante mi vista, fue allí cuando me percaté de que ella había estado cojeando. Oh Dios.
Mi mente gritaba y aullaba que no podía esperar nada para poder verla. Mi paso se fue haciendo más rápido hasta que la enfermera –cuyo nombre no sabía-. Me apuntó una puerta donde, como el oficial había predicho, se encontraba un policía custodiando. Es sospechosa.
La enfermera compartió un par de palabras con él y él se movió permitiendo la entrada. La pequeña figura femenina golpeó suavemente la puerta y dijo:
–Soy Elhena
La voz suave de Bella se escuchó desde el interior de la habitación, pero no pude entender que le había respondido.
La puerta blanca se abrió, revelando un lugar tan conocido para mí. La de una habitación en un hospital. Intenté calmarme para no irritar a Bella, quien se veía pálida y más delgada –pero no como la había conocido en octubre del año anterior-.
Sus manos se encontraban al interior de las colchas, escondiéndose, apartándose de lo que la rodeaba.
–Edward –susurró con una sonrisa. Mis pies se movieron sin esperar demasiado tiempo y me acerqué a ella. Toqué su rostro y la besé en los labios. Una de sus manos tomó la mía y la sujetó fuertemente, como si tuviera miedo de que me fuera.
Antes de que pudiera soltar el nudo en mi garganta, la enfermera explicó:
–Podrá estar aquí treinta minutos… mmm… y el doctor vendrá luego.
Bella –que antes se encontraba jugando con una de mis manos-. dejó de hacerlo, como si se hubiera paralizado. El electrocardiograma había dado un salto y luego continuó con su rítmico son.
–Nada de preocupaciones –me advirtió la enfermera, le dio una suave mirada a mi vida, tocó la puerta desde adentro, se abrió y se fue.
–Como si no fuera yo un doctor –resoplé.
–Tengo frío –musitó como respuesta a su comportamiento. Estaba mintiendo, pero no la presionaría.
El lugar se encontraba tranquilo y nuestras respiraciones eran uno de los pocos sonidos que se escuchaban. Moví mi cuerpo para no incomodar a Bella y levanté mi mano para acariciar su cabeza, ella cerró los ojos.
Tal vez quería hablar con ella desesperadamente, pero en este instante, las palabras sobraban y los gestos eran lo que realmente importaban. Una lágrima se extendió por su pómulo y con uno de mis dedos lo saqué de allí. Ella estaba sufriendo, aparentando una fuerza que tal vez no poseía e intentando no perturbarme, pero yo sabía sobre su dolor y sufría con ella.
–Bella –musité-. Lamento no haber podido rescatarte, me duele el alma saber que no estuviste bien, que no pude hacer nada por…
–Edward –me llamó-. Basta.
Me quedé en silencio y la observé.
–Soy fuerte –respondió.
–Pero nadie puede soportar todo eso –le dije-. Nadie.
Se quedó callada.
Estaba siendo un idiota. Como doctor sabía que lo último que necesitaba un paciente era estar con algún tipo de stress. Me acomodé sentándome en la cama, intenté buscar una forma de disculparme pero solo se escapó un:
–Lo siento –escuché mi voz y la de ella. Nos miramos y nos sonreímos. Ella intentó levantarse, pero la detuve.
–No lo hagas –le dije por ambas.
–Tienes razón –musitó tal vez siguiendo la otra corriente-. Tengo miedo, no puedo con todo esto. Siento que él va a entrar por esa puerta y…
–No, no lo hará –la detuve. Tomé su rostro con delicadeza y le hice mirarme-. Te lo prometo, aun si tengo que manchar…
–No te dejaré –interrumpió decidida.
–Cálmate, pero quiero que sepas que no permitiré que sufras de otra vez, ninguna clases de dolor.
Ella asintió, se quedó callada tal vez esperando que hablara yo o solo estaba buscando las palabras adecuadas o no había nada que hablar en este momento.
–Te extrañé tanto –sollozó-. No lo puedes imaginar…
–Tienes razón, pero lo que sí sé. Es todo lo que yo te extrañé.
Nos quedamos callados, no había nada que decir. Solo saber que nos encontrábamos juntos y todos estábamos bien. El sentimiento de perdida era horrible, esperaba no vivirlo nunca más y recé internamente al cielo para que nunca sucediera. Sentía como si me encontrara en otro cuerpo, la emoción de saber que ella se encontraba a mi lado me hacía sentir fuera de mi mundo. Bella siempre lograba enredar mi forma de ser, dejando de tener la mente de una persona que se podía controlar ante el miedo y el dolor.
Tal vez no debería desperdiciar mi tiempo sin hablar con Bella, pero necesitaba esto –y creo que ella también-. Necesitábamos la paz y la tranquilidad. Todo el mundo la necesitaba.
–Según él, mi padre lo estafó cuando él estaba en problemas –cortó el silencio mientras el electrocardiograma daba un salto.
–No es necesario que hables de eso –respondí-. Necesito que tú estés bien, que te sientas bien. No creas que necesitas darme explicaciones…
Asintió débilmente
–Tenemos mucho tiempo –le dije.
Ella se quedó callada. Toqué su rostro, estaba tan demacrado. Tal vez había pasado una semana, pero aun así ella se veía mal ¿Habrá comido lo suficiente? ¿Habrá dormido todo lo que necesitaba? Lo dudaba, pero ahora se encontraba aquí.
–No me quería ir –lloró-. Te lo juro… es solo que… estaba fuera de mí…
–Lo sé –le respondí.
–Edward… –musitó-. Cuando estaba allí tenía unas ganas de morir realmente. El deseo era mucho más fuerte que yo, no quería comer y me negaba a dormir. Anhelaba la muerte. La sentía tan cerca de mi, pero tan lejos a la vez.
No quería pensar en perderla, ni imaginarlo. Me desgarraría el alma, me perdería en el mundo y me moriría al minuto.
–No pienses en eso –le dije-. Ya estas aquí.
Silencio.
–No quiero llorar más –respondió de pronto agitando sus manos.
–Entonces pensemos en otra cosa… -le sugerí con una voz que no tenía idea donde diablos había aparecido.
–Quiero verla –respondió-. Y a Alice, y a Esme y a…
–Veré si Amy puede entrar antes de que duermas, Esme vendrá en seguida –le dije tocando su frente y besando su mano-. Primero hay que hablar con tu doctor.
–No quiero que me vea –musitó preocupada-. No me siento cómoda con eso.
–Carlisle piensa que podrías ser trasladada a Seattle.
Se quedó repentinamente callada.
–¿Dónde nos encontramos?
–En Olympia
–Oh
–…pero depende de tu informe médico.
Y sobre lo que pudiera hacer el oficial. Observé la duda en su rostro, sus manos jugueteando con mis dedos –al igual que Amy-. Habló.
–No creo que me dejen salir pronto de aquí para ir a casa –musitó suavemente.
–¿Porqué? –le pregunté pensando en si sabía en lo profundo de lodo en el que estaba metida.
Se quedó sorpresivamente en silencio, bajó la vista. Ladeó su cabeza a la derecha y luego al otro lado.
–¿Qué sabes que aun no me entero?
Soltó un suspiro y levanto la mirada, pero aun así, nada.
–¿Y bien?
–Oh por dios santo, acabemos con esto de una vez –respondió decididamente, mas luego su voz se fue haciendo un susurro poco a poco-. Mmm…tengo una cosita de plomo en mi pierna derecha.
El aire se me escapó por unos instantes. No podía soportar que ella estuviera herida, era como si se activara una alarma en mi sistema que me impidiera verla sufrir, pero más desgarrador era saber todos los problemas que aun quedaban. Se fuerte, por ella.
Intenté controlar mis emociones y mantenerlas a raya. Bella parecía esperar una respuesta de mi parte, pero ¿qué le podía contestar? No había respuesta para eso, habían muchas posibilidades de cómo podía terminar. Demasiadas. Tal vez quedar con alguna secuela por el daño que había sufrido su cerebro en el pasado, también estaba la opción de la amp…
¡NO! Gritó mi mente ¡Joder! Ni pensarlo.
–Puedo moverla –manifestó al no obtener una palabra salir de mi boca-. Me viste caminar y por lo poco que vi se que no está infectada tanto.
Eso me alivió un poco, pero no es como si me iba a poner a saltar y tirar alabanzas por doquier.
–Será mejor que descanses –le respondí al no saber que decirle.
–¡No te vayas! –soltó un gritillo afirmando fuertemente mi mano entre la suya.
–No me iré –le dije tranquilizándola acariciándole su cabellera -. Te lo prometo, pero necesitas descansar.
–Me es imposible –habló quedamente-. Cierro los ojos y siento que voy a despertar en aquel lugar o que simplemente no estarás acá.
–Te prometo que cuando despiertes estaré aquí. Cueste lo me que me cueste.
–¿Lo prometes? –preguntó con un brillo entre sus ojos.
–Lo prometo –le respondí-. ¿Quieres que traiga a Amy? Está durmiendo, pero si quieres la puedo traer.
–No, es muy pequeñita para despertarla. Sé que está bien, lo imagino contigo como podría no estarlo.
–Duerme Bella –pronuncié.
El movimiento de la almohada me respondió que ella estaba negando.
–Vamos, ya te he prometido que estaré aquí cuando despiertes.
–Bien, pero antes…
–¿Si? –la incité.
–Edward… necesito decirlo, largarlo de mi cabeza –se quedó en silencio y musitó-. Yo quería matarlo. Lo deseaba desde lo más profundo de mi alma.
Mi cabeza se movió de forma afirmativa en modo autómata. Yo también lo deseaba, al igual que Bella, desde lo más profundo desde mi alma.
Nuestras manos se juntaron aun más fuertemente, nadie podría derribarnos. Nunca.
Un estremecimiento recorrió su cuerpo cuando por el otro lado de la puerta aparecía encadenado el violador. Sus pasos eran lentos –intentando retrasar lo inevitable-. Y su cabeza estaba derecha como si no tuviera miedo de lo pudiera ocurrir, definitivamente no tenía vergüenza alguna de todo lo que había hecho. El mismo rostro que había visto cuando intentó acercarse a Bella como si fuera su amigo, también cuando lo descubrí y ella había despertado; y la última vez fue en un video.
Habían pasado dos semanas desde que le habían dado el alta, un mes desde que la la encontraron y cuarenta días desde que pensé que no la volvería a ver en mi vida.
Cuando tomó asiento él sonrió fría y despreocupadamente mostrándonos lo que era capaz de hacer.
Los cabellos de Bella se encontraban escondiendo su rostro, lo podía ver desde la lejanía que nos separaba –no podía estar allí-. mas aun así estaba con ella. Antes de sentarse en aquel lugar le había dicho que no tenía que tener miedo, que ocurriera lo que ocurriera yo estaría con ella estoicamente.
El tipo se había se había dicho así mismo inocente, alegando que él no era más que una persona trabajadora que se había reunido con las personas equivocadas. Estuve a punto de levantarme para patearle donde más le doliera por mentir, pero Emmett y Jasper me sujetaron antes de que intentara erguirme completamente.
El juicio pasó lentamente, James había hablado, Bella también, ambos abogados habían expuesto sus puntos, pero aun no se decidía nada. Todo estaba pasando muy lentamente.
–Se tomará un receso de treinta minutos –anunció la jueza.
Todos se levantaron de sus asientos y lo primero que hice que ir donde se encontraba Bella. Cuando atravesé la montaña de personas y de miradas curiosas, la abrasé como si mi vida se fuera en ello.
–Esto se está complicando –musitó Annika, la abogada que estaba en el caso de Bella-. Pero es imposible que los jueces no vean todo esto, es increíble como él pude manipular los hechos y mentir tan descaradamente.
–No te desesperes –le respondí-. Las cosas caen por su propio peso.
–Eso es lo que más deseo –comentó. Bella y yo la dejamos estudiando y nos sentamos.
–¿Quieres algo? –le pregunté. Se encontraba muy callada y con la mirada perdida, debía estar exhausta.
–Quiero ir al baño –me respondió sonrojándose.
–Oh te puedo acompañar –Me quedó mirando como si tuviera un tercer ojo en mi cara-. ¿Qué?
–Debes estar bromeando.
–Nop, además se supone que no puedes caminar sin ayuda.
–Edward, por favor –musitó-. Se racional, es solo un baño además no puedes entrar.
–¿Estas segura de eso? –le pregunté moviendo mis cejas.
–A menos que seas una mujer y no me haya dado cuenta en todo este tiempo.
–Bien, déjame solo aquí como un perrito bajo la lluvia.
–No me tardo. Llevaré a Alice.
Se despidió y salió del lugar luego de saludar a mi familia y hablar con Alice, luego salieron del rango de mi vista. Llamé a Carlisle que se encontraba con Rose y Amy para preguntarle como estaban y me respondió que ambas se encontraban bien.
Esme se acercó a mí preguntándome donde se encontraba Bella y yo le respondí que se encontraba en el baño con Alice, pero luego ella apareció sola entrando por la puerta doble.
–¿Dónde está mi novia? –cuando llegó hasta el lugar le pregunté.
–Está en el baño –respondió-. Cuando llegamos allí me preguntó si la podía dejar sola un minuto, la iré a buscar en unos minutos.
Habían pasado ya bastantes minutos, aun quedaba tiempo para que comenzara el juicio nuevamente, pero estaba tardando. Alice me tranquilizó diciéndome que ella la iría a buscar en ese momento, pero luego llegó trotando.
–Dijo que se demoraría unos minutos.
–Iré yo –le respondí-. Comenzará el juicio nuevamente en diez minutos.
–Como quieras
Escapé del lugar y caminé por entre los pasillos buscando los baños. Las dos puertas que se encontraban la una al lado del otro separadas por apenas veinte centímetro. Iba a tocar la puerta del baño de damas cuando una voz me llamó la atención.
–Usted sabe lo que tiene que hacer para que todo esto se resuelva de la mejor manera –aludió una voz masculina-. No es necesario que lleguemos a estas instancias lo podemos resolver de la mejor manera.
Escuché el sonido de unos pasos resonando por el baño. Eran lentos y el ruido de la suela no era mucho.
–Él tiene que pagar por lo ha hecho –respondió la joven. Intenté abrir la puerta, pero esta se encontraba cerrada desde adentro.
Ya no provenía sonido alguno desde adentro.
–¿¡Quién es! –gritó una voz ronca.
Pero solo me limité a golpear la puerta con mis nudillos.
Ningún sonido.
De pronto divisé a mi hermano que se encontraba al final del pasillo, Emmett afortunadamente miró hasta el lugar y con un signo de interrogación visible en su rostro llegó hasta donde me encontraba. Yo continuaba golpeando la puerta suavemente para no levantar sospecha.
Cuando mi hermano llegó le dije en voz baja:
–Llama a Jasper y dile que llame a la policía.
–¿Qué? –preguntó suavemente-. Quiero decir… ¿Por qué?
–Solo llámalo –al terminar de responder, él ya tenía el móvil a un lado de la cabeza. Le dijo algunas cosas mientras yo continuaba intentando abrir la puerta. Escuchaba algunos pequeños murmullos.
Emmett lo guardó y continuó con su mirada interrogante.
–Me dijo que vienen en camino ¿Y bien? ¿Has dejado una llave, un archivo o tu cerebro?
Me envaré, pero eludí su pregunta absurda. Continuaba con mi labor, pero nada.
–Ayúdame a derribar la puerta –le dije después de unos segundos.
–¿Estás loco?
–Bella –le respondí-. Ella está allí adentro y creo saber con quien.
–No puede ser él, porque está en el salón.
–Lo sé, es su abogado.
–¿Nos pueden llevar detenidos? –preguntó alejándose unos pasos.
–Averigüémoslo
Me puse en posición pero un grito nos sacó de nuestros cerebros, pero inmediatamente golpeé la puerta con mi pie.
–¡Edward! –gritó Bella desde adentro.
–Bella ¿me puedes escuchar?
–Si –sollozó.
Le iba a decir algo más cuando sentí una mano en mi brazo, era mi cuñado.
–No te metas en problemas –me dijo Jasper-. Abrirán la puerta.
Asentí y di mi lugar.
–Bella ¿te encuentras bien? –preguntó Emmett.
–Si
–Bien
–¿Por qué no abres la puerta?
Ella no respondió. La policía se encontraba alerta y armada a unos pocos pasos de mí.
–¿Bella? –le llamé cuando encontré mi voz-. ¿Puedes abrir?
–La cerradura ha cedido. No puedo abrir.
– No hemos encontramos las llaves. Es preciso que se aparte de la puerta –El policía que parecía el que mandaba le habló a Bella.
–Bien –gritó ella.
Luego un grupo de policías se posicionaron y golpearon la puerta que prácticamente salió volando. Llegué corriendo hasta Bella y la abracé fuertemente, por lo poco que pude ver Emmett y Jasper se acercaron al abogado del bastardo, pero los policías se los impidieron.
–¿Qué sucedió?
–La puerta no se podía abrir, eso es todo.
–No me refería exactamente a "eso" –le dije mientras veía su rostro-. ¿Qué te estaba diciendo?
–mmm… Quería que terminara con el juicio, pero no lo voy a hacer –musitó.
El que confiara en mi me hacía muy feliz, demasiado.
–¿Te hizo daño? –busqué sus brazos, examinándolos, viendo si tendría que utilizar mis puños.
–Calma, Edward. Estoy bien –me prometió-. Vamos ya se va a acabar el tiempo.
Tomé a Bella de la mano y nos fuimos de los baños. Cuando llegamos Annika nos lanzó una mirada preocupada y le informé.
–Tienes que tener cuidado –respondió con su acento sueco.
–Lo tendré –le respondió.
–Ya es tiempo, Edward será mejor que te vayas a sentar –me dijo a mí.
–Bien, pero antes ¿puedo hablar contigo algo?
–Sí –nos alejamos unos pasos y preguntó-. ¿Y bien?
–Quería saber cuales son las posibilidades de que esto de verdad termine como esperamos.
–Aun el otro abogado no lo ha expuesto, pero estoy segura que lo hará.
–¿Y qué sería eso?
–Los resultados del examen psiquiátrico que le realizaron a Bella, lo utilizará como medio de prueba de que Bella no puede tener a la pequeña.
–Diablos.
–No te preocupes demasiado, tengo una solución para eso.
–Bien
–Ahora ve a sentarte. Va a comenzar
El juicio comenzó nuevamente, este todavía seguía el mismo ritmo que en un principio, lento. Los jueces no sabían que sentencia tomar. Bella se veía nerviosa y todos lo estábamos también. El veredicto podría ser cualquiera y lo principal que buscaba Annika era que James estuviera alejada de la vida de la pequeña de por vida.
Cuando ya había pasado una hora la jueza habló –¡Por fin!:
–El grupo de jueces ha sentenciado al Señor James Leathger a la pasar cuatro años en un centro psiquiátrico para la rehabilitación del sujeto. Cuando la niña posea la edad de cuatro años se realizarán los trámites para revisar las fechas de visitas –anunció la voz monótona de la magistrada como si solo estuviera anunciando el pronostico del clima, pero si uno se detenía a escuchar atentamente su voz, podías percibir un deje de dolor combinado con preocupación. Pero era así como trabajaban ¿No? Se supone que tenían que ser objetivos aun cuando el criminal tuviera una cuchilla en su mano en pleno juicio-. Y ahora se ha estimado la anulación del matrimonio.
Bella se quedó paralizada, pero enseguida cambió su expresión a uno de dolor y desazón
No podía ser verdad, pero ¿que se podía hacer ahora? Solo esperar.
Giré mi rostro y me encontré con el de Alice que tenía sus ojos rojos, intentando contener las lágrimas. Pasó su mano por uno de ellos, lo dejó allí por unos instantes, los cerró fuertemente y sus ojos se pusieron rojos. La abracé sin soltarla y ella se de rumbó entre mis brazos.
–N… no… –sollozó. Su rostro se escondía en mi cuello. -. No puede ser…
Bella no se encontraba mejor, como quería que ella estuviera junto a mí. Su dolor era mí dolor.
Cuando la jueza dio el permiso para retirar al acusado me paré como si mi asiento tuviera fuego y antes de acércame a Bella, llegué hasta el tipo y rogando al cielo para que no me detuvieran, le golpeé en la mandíbula con toda mi fuerza tirándolo al suelo. Unas manos me tomaron los brazos, pero yo apenas sentía su fuerza.
–¿Qué planeas hacer? –Me preguntó Em mientras intentaba sacarme de allí-. ¿Asesinarlo en medio de todas las personas? Créeme que yo igual quiero matarlo, pero te digo que no vas lograr nada.
Dejé arrastrarme por él y terminé en una silla. Bella se encontraba en los brazos de Esme mientras intentaba calmarla. Me levanté y Emmett me iba a detener, pero se dio cuenta a donde me dirigía.
Con una de mis manos acaricié sus cabellos para intentar relajarla. Sus lagrimas bañaban mi camisa, pero… ¡Al diablo con eso! Continué con el plan. Levanté mi cabeza y observé como algunos policías esposaban al maldito, él solo reía, sobretodo cuando su vista se encontró con la mía y vio a Bella llorar.
La rabia se apoderó de mi mente, pero me contuve de ir a golpearlo nuevamente hasta dejarlo inconciente o muerto. El tipo desapareció de mi vista a través de una puerta grande de madera con los otros policías flanqueándolo por la espalda.
Los sollozos de Bella se estaba haciendo más suaves y su respiración estaba volviendo a la normalidad.
–Podemos apelar a esto –le respondí.
Pero ella simplemente negó.
Pensar que el tipo podía salir a las calles cualquier día me enfurecía, pero no podíamos hacer mucho como para poder encerrarlo en una cárcel. La impotencia de saber que no podías proteger a las personas que amabas era algo horrible y desesperante.
–No lograremos mucho –musitó, se restregó sus manos por el rostro y musitó-: hay que seguir adelante, no nos queda otra opción.
Luego de que terminara el espectáculo, nos despedimos de mi familia y de Annika; y nos marchamos de allí. Afuera ya estaba oscureciendo y un frío viento se mezclaba con el ambiente.
–Deberías abrigarte Se te han bajado las defensas –le dije mientras tocaba su frente-. ¿Tienes frío?
–A decir verdad –pasó sus manos por sus brazos intentando resguardar el calor en su cuerpo-. Sí.
Tomé mi chaqueta al notar que ella no traía la suya y la posé en sus hombros. Bella movió su cabeza a un costado y olfateó.
–Hueles delicioso –murmuró.
–Ven, vamos. Estas diciendo incoherencias.
–No lo hago.
–Hace frío y puedes pescar un resfriado –le respondí tomando su mano-. Entremos en el coche.
–Creo que tendré una gripa –me dijo-. No me he sentido muy bien en estos días.
–Yo te cuidaré –le respondí.
Ella rió.
–Suerte que seas un doctor.
–Suerte que te encontré –le respondí cuando abrí su puerta. Ella entró.
–Suerte que… –yo había entrado a mi puesto. Encendí el contacto y el volvo soltó un suave ronroneo. Giró su cabeza y pude ver sus ojitos brillando.
–¿Qué? –le pregunté.
–Suerte que nos amamos –musitó. No aguanté más y la besé.
El viaje fue silencioso, pero sabía en lo que estaba pensando. Cuando llegamos al hogar, nos recibió una mujer con un vientre muy abultado preguntando como nos había ido. Le respondimos y mi padre con Rosalie se marcharon. Ya había tiempo para pensar en lo demás.
Ya habían pasado un par de días y la llamada me había desconcertado, no es que lo había esperado ansiosamente o que pensara que nunca iba a ocurrir –había tenido demasiadas cosas en mi cabeza para agregar una más a la lista-. Además nunca pensé que iba a ser tan pronto, pero enterarme me hizo sentir mal.
Bella se encontraba en la puerta con una bandeja entre sus manos, me levanté para ayudarle, pero simplemente negó con la cabeza. Me preguntó que es lo que me sucedía y le respondí. Ella me apoyó inesperadamente.
–¿Quieres ir ahora? –me preguntó.
–No, ya es muy tarde –le respondí-. Tal vez mañana o pasado, necesito tiempo.
–Como desees –me abrazó fuertemente y yo le respondí. Nos quedamos así por demasiado tiempo, aunque para mi fue muy poco-. Sé que podría sobrevivir sin ti –musitó-. Pero al final del camino eso me mataría lentamente. Tú eres mi vida
–Te amo –mis brazos alrededor de los suyos, era un sentimiento demasiado precioso para perturbarlo.
–¿Crees que una persona puede depender de otra para vivir? –me preguntó.
–No lo sé, tal vez algunas personas –como yo. Pensé internamente.
–Pues yo siento que desde que te conocí siempre dependí de ti.
–mmm ¿Qué debería responder a eso? –le pregunté confundido.
–Quiero decir, gracias a ti estoy aquí. Viva, respirando, amándote –su rostro se veía feliz y en paz. Guardo silencio por unos momentos-. Las decisiones que tomaste cuando yo estuve en… coma, fueron las que me mantuvieron viviendo.
–Y no me arrepiento de ninguna –le contesté besando su cabeza.
–Me alegro
–Será mejor que me duerma. Estoy hablando solo incoherencias, me siento como esas tarjetas de Hallmark solo que esta sería más real –me guiñó un ojo.
–Tus palabras son mucho mejor que aquellas frases. Tu alma es la más linda, profunda y hermosa que he conocido –mi voz solo se escuchaba como un leve suspiro.
Ella sonrió y se acurrucó.
No cambiaría mi vida por nada.
–¿Edward?
–¿Si?
Silencio
–Te amo
–Te amo –le respondí con mis palabras cerca de su oído.
–No dejes que el pasado te ciegue –su cabello que se arremolinada en su cuello lo acaricié para que se tranquilizara.
–Lo sé. Duerme bien.
–Lo intentaré.
Una pregunta se asomó en mi cabeza, una que tenía desde hace mucho tiempo, pero nunca le pregunté. No sabía si ya estaba durmiendo o solo estaba a punto de dormir, pero su respiración no era tan acompasada, así que le pregunté.
–¿Qué sucedió con la agenda?
–La boté cuando regresé.
–… ¿Por qué? –cuando terminé de preguntar ella se dio vuelta y quedó mirándome.
–Porque me di cuenta que no se puede vivir pensando en el pasado. Esa agenda me estaba atando al pasado, no me dejaba seguir mi vida de forma común, era como una soga en el cuello. Y yo lo único que deseaba era librarme de todo eso.
–Gracias Bella por estar conmigo.
–No me imagino estar en ningún otro lugar –musitó
–Tampoco yo –se acomodó nuevamente y la besé en el cuello. Ella musitó algo que no logré comprender y me dejé caer por una sombra de oscuridad.
La amaba con toda mi fuerza. El correr por carriles distintos pero encontrarnos en un mismo punto fue algo increíble. Y el pertenecernos mutuamente era algo extraño, porque estábamos conectados de formas impensadas y muy fuertes. Bella tenía razón, no podía continuar pensando en el pasado, pero era algo inevitable, pensar en que si tal vez no hubiera tomado una decisión diferente habría ocurrido otra cosa. Lo único que quedaba era seguir adelante y disfrutar de lo que venía.
Decisiones, decisiones, decisiones.
Fin
Qué más puedo decir que pedirles unas disculpas enormes por no estar aquí tanto tiempo, pero me han pasado una cantidad de cosas, la principal es que no tenía internet y la otra es que me he pasado en Urgencias esta semana. Por eso no he podido responder a los reviews.
Lo otro es que aunque lo crean o no. Terminó, y si me preguntan. Sabía cuando iba a terminar y todo ese rollo, no es que se me haya plantado terminarlo ahora y ya. Por cierto lo más probable es que mañana suba el epilogo porque ya está terminado.
Mis más sin-ceras disculpas, de verdad. Alice Bei Fong lo sabe. Espero de corazón que les haya gustado, si es que alguien sigue aun allí. ¿Hay alguien? (eco). Bueno como sea.
En el tiempo que no tenía internet terminé La hermandad de la Daga Negra y esta es mi lista.
1ºVishous 2ºJohn Matthew (y Blay, y Qhuim)3ºRehvenge 4ºRhage 5ºZsadist 6ºWrath 7ºBuch 8ºPhury :)
Pd: Nos vemos mañana. Au revoir!
pd: y un millón de gracias para todas las que me dejaron un review, la vez pasada. No he puesto los nombres porque me llevará veinte minutos escribirlos y no quería demorarme más.
ppps: ¿Qué les pareció? y que creen que le contaron a Edward? y que les pareció la sentencia?
