mmmmm... hola ^.^!! Aquí estoy de nuevo, actualizando esto, me sorprendo a mí misma de lo rápido (aunque puede que tenga que ver el que ya estuviera escrito de antes... -.-u), bueno, la cosa es que me aburría y me he dicho, "vamos a subir otra... minihistoria??"

Otra cosa que se olvidó poner, sé que es difícil de creer, pero ni Bleach, ni sus personajes, me pertenecen, son de un tal Tite Kubo... una lástima... en fin... yo no gano nada con esto, sólo entretenerme un rato y fantasear un poco.


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2. Sumisión.

Era un día despejado, la fresca brisa, unida a los cálidos rayos del sol, invitaban a la autocontemplación en cualquier lugar alejado del bullicio y tumbarse sobre la verde hierba, y si es con una buena compañía, mejor que mejor.

En días como ese, acostumbraba a esconder todo el papeleo en algún lugar en el que pensaba que su capitán no lo encontraría, o que por lo menos tardaría bastante en hacerlo, y desaparecía durante horas de la división para entregarse a sus placeres y vicios, ya fuese irse de compras, o acabar con las reservas de sake de Ikaku.

Sin embargo, aquel día era especial.

- ¿Se puede saber qué haces? – una voz proveniente de la puerta, la sobresaltó hasta el punto de tirar alguno de los informes que estaba revisando al suelo.

- ¡Capitán! Estoy trabajando, ¿no lo ve? – dijo señalando una pila de informes ya rellenos y clasificados que había a un lado de la mesa, mientras recogía los que se habían caído.

- ¿T-te encuentras bien? – preguntó Hitsugaya preocupado.

- ¿Por qué no iba a estarlo? – sonrió forzadamente – Por cierto, el capitán Ukitake quería hablar con usted – añadió, mientras lo empujaba para que saliera del despacho.

Cerró la puerta de un golpe y miró los informes que aún le quedaban, suspiró resignada, precisamente no era lo que más le gustaba de su trabajo, pero era mejor que permanecer ociosa y ponerse a pensar en la pelea, si es que se la podía llamar así.

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Los finos rayos del sol del amanecer se colaban por la ventana medio cerrada de la habitación de Rangiku, dándole directamente en la cara y arrancándolo del sueño. Sin abrir los ojos, adormilado, intentó de nuevo sumergirse en ese mundo de fantasías, se estaba demasiado bien en esa cama como para abandonarla tan pronto.

Lo intentó durante un rato, pero al contrario de sus deseos, cada vez era más consciente del mundo que lo rodeaba, de sus obligaciones... de sus remordimientos, que conforme se iba aproximando el gran momento lo agobiaban más y más.

Al final abrió los ojos molesto, encontrándose con la cara de la mujer que parecía dormir plácidamente entre sus brazos. Aún no sabía exactamente cuándo, cómo o por qué la había empezado a necesitar de esa manera, casi enfermiza, cada día se prometía a sí mismo el alejarla para siempre de su vida, pero al verla, la razón pasaba a un segundo plano y volvía a caer en sus brazos.

Había cometido muchos errores en su vida, pero a veces pensaba que el haberla salvado de la muerte en aquel desolador paraje había sido el mayor, un error que lo distraía de sus planes, pero el único error del que no se arrepentía. La miró dormir tranquilamente, la miró con un cariño casi desconocido en él, sin poder apartar la mirada de su rostro, mientras su mano acariciaba delicadamente la mejilla de Rangiku.

Le dio un último beso en la frente antes de salir sigilosamente de la cama para vestirse y volver a la rutina diaria.

- ¿Gin? – se paró justo en la puerta al escuchar la adormilada voz de Rangiku llamándolo mientras se revolvía entre las sábanas, se había despertado al notar su ausencia – ¿dónde vas?

- A un sitio – contestó sin siquiera darse la vuelta.

La muchacha se levantó, con las sábanas como única protección sobre su cuerpo, y se fue acercando a él.

- ¿Por qué nunca me dices dónde vas?

- Es un secreto, Ran-chan.

- Estoy cansada de tantos secretos, Gin, estoy cansada de tantos misterios... – pausa – estoy cansada de esperar. ¿Qué soy para ti, Gin?

Ichimaru se dio la vuelta y la miró intensamente con esos ojos rojos que casi siempre ocultaba, serio como pocas veces se le veía, se acercó a ella para darle un beso suave en la frente, mientras le acariciaba la mejilla.

- Lo siento, Rangiku – volvió a darse la vuelta para salir de la habitación.

- Si sales por ahí sin contestarme – el capitán se paró con la mano alzada hacia la puerta – no te molestes en volver a dirigirme la palabra.

Gin volteó la cabeza, regalándole una de sus habituales sonrisas y salió de la habitación. La puerta se cerró tras él, y dos gotas de agua, nacidas en los celestes ojos de Rangiku, se precipitaron al suelo, mientras se prometía a sí misma el no volver a caer entre los brazos del capitán de la tercera división.

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A las pocas semanas, Gin volvió, pero cada vez que se cruzaban por los pasillos, ella hacía como si no existiese.

Era ya de noche cuando terminó todo el papeleo de la división, y se fue a su habitación a descansar, se daría un buen baño e iría en busca de Ikaku, o más bien, de su sake.

Abrió el grifo y dejó que el agua cayera sobre su piel, arrastrando sus problemas por el desagüe.

Salió del baño envuelta en la toalla y se dirigió hacia el armario, cuando sintió unos brazos rodearle la cintura. No le hacía falta darse la vuelta para saber quién era, había sentido tantas veces esos brazos abrazándola, que hacía mucho tiempo que había perdido la cuenta.

Por un momento se dejó llevar por esa sensación de bienestar que la había envuelto, pero pronto reaccionó. Se separó bruscamente.

- Creí haberte dejado claro que no quiero que vuelvas a buscarme. No quiero saber nada más de ti.

- Vamos, Ran-chan, ¿aún estás enfadada? Te van a salir arrugas.

Gin sonreía mientras la atrapaba de nuevo entre sus brazos.

- ¡Capitán Ichimaru, suélteme!

Por toda respuesta, el chico la besó bruscamente, empujándola hasta acorralarla contra la pared.

- Te he echado de menos.

Gin le quitó la toalla despacio, sin dejar de besarla en ningún momento.

Ella intentó oponer resistencia en un principio, pero cuando sintió sus manos recorrer su cuerpo, mientras besaba su cuello, dirigiéndola hacia la cama, el calor empezó a inundar su cuerpo, y el deseo de sentir más obnubiló su mente, y fue irremediable el dejarse llevar.

Quitándole casi a tirones su uniforme de capitán, y dándole besos en los que le decía cuánto lo había añorado en esos dos meses en los que no se habían dirigido la palabra. Reconociendo que frente a él sólo podía comportarse como una niña sumisa que le concedía todos y cada uno de sus caprichos.


Hasta aquí la historia, he de admitir que en un principio no iba a acabar así, sino que continuaba un poco más... no sé si me entendéis, pero me dije a mí misma "'cuxi' para el carro, estamos en el segundo vicio de la tabla, hay 28 más, no empieces tan fuerte que después te desinflas" y me respondí de mala gana: "bueeeeeeeeeeeeno, vaaaaaaaaaale", pero es que, cuando vi el título, lo primero que vino a mi cabeza es una escena Lemon un poco... bueno, con el título sumisión os podéis imaginar... lo sé, estoy enferma, pero soy feliz así XP

Weeeee, dejando a un lado mis fantas... digo, tonterías, gracias por leer, espero que os haya gustado, o por lo menos entretenido.

Respondiendo a los reviews, que por cierto, me han hecho muchíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisima ilusión:

Tsukishirohime-chan: gracias por la bienvenida ^.^!! Me alegra mucho que te gustara la historia, sinceramente le tenía mucho miedo a escribir sobre estos dos, sobre todo Gin, pero al ver lo poquito que hay de ellos me anímé. Yo también creo que Gin no es tan malo como piensa mucha gente, y que de verdad siente algún cariño hacia Ran, aunque no sea amor propiamente dicho.

Rukis: gracias por el cumplido, de verdad que me hace muy feliz que guste lo que escribo, y me ha hecho mucha ilusión que me pusieras en favoritos. Por ahora voy a actualizar algo seguido, lo malo es cuando se me acaben los capítulos que tengo escritos entonces no sé cuánto tardaré en acualizar.

Besitos a todos (hoy estoy besucona n.n) Shiwla.