BITTERSWEET
4. Medicina.
- Buenos días, teniente.
- Hola... – silencio – Parece que tiene mejor aspecto.
- Sí, pero sigue sin despertar, ¿cuánto lleva ya, dos semanas?
- Once días.
Se encontraba sumido en la oscuridad, prácticamente ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor, tan sólo el rumor de unas voces lejanas, que no lograba reconocer, pero que le resultaban muy familiares, lo unía a la realidad. Sólo había algo que sentía claramente, cansancio. Estaba tremendamente cansado.
Poco a poco empezaba a tener conciencia de lo que lo rodeaba, el ruido que alguien hacía trasteando por la habitación, el calor del sol que incidía sobre él, el tacto suave de una sábana que lo cubría.
De repente sintió un líquido frío sobre su brazo, un líquido que escocía bastante, pero estaba lo suficientemente cansado como para poder protestar siquiera. Seguramente estaría herido, lo raro era que no recordaba cómo, cuándo o dónde, lo único que sacó en claro era que tenía que estar al cuidado de los "médicos" de la cuarta división.
- Bueno, yo ya me voy, tengo muchas cosas que hacer. Si hay algún problema, s...
- Lo sé... gracias.
- Hasta luego, teniente.
Unos pasos, y silencio. La oscuridad empezaba a desvanecerse, dejando paso a una incipiente claridad, pero aún así, seguía sin poder abrir los ojos. Una suave brisa acarició su rostro, trayendo consigo un aroma familiar, bastante familiar. Unos tibios labios se posaron en su frente.
- gñmnpmmnñpff
(Rangiku, ¿eres tú?) con lo fácil que es la frase, tres palabritas, todas bastante cortas, y después de un esfuerzo descomunal, ¿cómo habían podido quedar reducidas a semejante gruñido?
- Gin, ¿estás despierto? – por lo menos había servido para llamar la atención de ella.
- mmm – otra respuesta ininteligible, que más había parecido un suspiro que otra cosa, fue lo único que pudo articular el chico.
Unos dedos finos acariciaron su mejilla. Empezaba a abstraerse de nuevo de todo lo que lo rodeaba, dejándose llevar de la mano de Morfeo de nuevo al mundo de los sueños.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Se despertó de golpe, incorporándose sobre la cama. Tenía el pulso acelerado después de la pesadilla de la que se acababa de despertar, acababa de resolver el misterio de por qué se encontraba al cuidado de la cuarta división.
Se rascó un momento la cabeza, intentando recordar. La misión conjunta con la décima división se había complicado debido a la aparición de unos Menos Grande, la teniente Matsumoto luchaba espléndidamente, pero contra demasiados oponentes, y él estaba más preocupado por la integridad física de la chica que por la suya propia, tanto es así, que en un momento de despiste, dejó de mirar al hollow contra el que estaba luchando. Vio cómo Rangiku se deshizo del último de sus contrincantes y ya no recordaba nada más, tan sólo un fuerte dolor en el brazo y parte de la espalda, y la voz de ella llamándolo a gritos.
- Qué forma más estúpida de llegar aquí – susurró para sí, mientras se miraba la pequeña herida que aún conservaba en el brazo.
Echó un vistazo a su alrededor, era de noche, por lo que le costó algo encontrar sus ropas, en cuanto lo hizo, se vistió y se marchó de allí.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Se encontraba en el despacho, retrepada en la silla, que se apoyaba en el suelo únicamente por las patas de atrás, las piernas sobre la mesa, y la mirada fija en la pila de informes que muy amablemente le habían traído para que los completara. Un trabajo importante.
Cogió uno de los informes y le echó un vistazo por encima, sin cambiar de postura, buscó con la mirada la papelera, hizo una bola con el papel, y lo lanzó como si de una pelota de baloncesto se tratara. Era un tremendo fastidio.
Se aburría, hacía mucho que no se aburría tanto. Seguía mirando fijamente las pilas de papeles que tenía frente a ella como si así los informes se fuesen a rellenar ellos solos. Escuchó un ruido fuera en el pasillo, era Hitsugaya que se acercaba, se enfadaría de nuevo si volvía a verla sin hacer nada, así que hizo lo más conveniente en esos casos, quitó las piernas de la mesa rápidamente y dejó caer la silla sobre sus cuatro patas de un golpe antes de levantarse, abrió sigilosamente la ventana y salió corriendo antes de que le diera tiempo a abrir siquiera la puerta. El papeleo se lo dejaría a su capitán, sabía que aunque gritara lo terminaría haciendo él.
Tras llegar a una zona donde estaba segura que ya no corría peligro de ser arrastrada de nuevo a su escuadrón, paró, tomó un poco de aire y se fue a visitar a Gin, que seguía convaleciente tras el ataque que sufrió.
El cuarto escuadrón, el escuadrón más débil de todos en cuanto a fuerza bruta se refiere, y en el que casi nadie quiere entrar, ya que prácticamente son los burros de carga del Seireitei, aunque había que reconocer que en lo que a la medicina respecta, no había otro mejor, lamentablemente, el arte de la restauración de la salud no estaba muy reconocido por allí.
Entre cavilación y cavilación, llegó a la puerta de la habitación donde descansaba él y entró sin llamar siquiera, encontrándose la habitación completamente vacía.
(¿Me habré equivocado de habitación?)
Cerró la puerta y volvió sobre sus pasos para asegurarse de que se encontraba en el lugar correcto, cuando se cercioró de que así era, volvió a abrir la puerta, pero la habitación seguía como apenas unos segundos antes.
Vio a la shinigami del día anterior y se acercó a ella para ver si ella sabía algo sobre la misteriosa desaparición (para ella) de uno de los pacientes.
- Perdone...
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Ese día había decidido no ir a trabajar, esa era una de las ventajas de ser capitán, y tener un teniente como el que tenía, que podía encasquetarle todo el trabajo y tomarse el día libre, haciendo además que Kira fuese el que lo sugiriera.
- Buenos días, Izuru – dijo abriendo la puerta del despacho de la tercera división con una de sus sonrisas.
- Capitán Ichimaru... ¿q-qué hace aquí?
- Soy el capitán, ¿acaso no puedo venir? – le respondió con aparente seriedad – además, llevo mucho tiempo sin venir y debes de estar muy agobiado con tanto trabajo.
- No se preocupe por nada, capitán. Vaya a descansar, por ahora sólo hay que rellenar informes, si ocurre algo yo le informaré de inmediato.
- Como quieras, me voy a mi habitación. Adiós – se despidió con una sonrisa.
Y sin más, se fue del despacho cerrando la puerta tras de sí.
Terminaba de hacer el té cuando llamaron a la puerta, sabía que era Rangiku sin necesidad de preguntar, así que la hizo pasar sin más.
- ¿Se puede saber por qué no estás en la enfermería? – lo avasalló nada más abrir la puerta.
Él sonrió – Yo tamblién me alegro de verte – la saludó tendiéndole un vaso de té y bebiendo del suyo.
Rangiku aceptó el vaso – He ido esta mañana a verte y me encuentro con que ya te habías ido, la capitana Unohana estaba preocupada porque aún no te has recuperado del todo – terminó dándole un sorbo al té – Auch, quema... – dejó el vaso sobre la mesa que había al lado – También me ha dicho que te tienes que untar esto en el brazo – añadió, tendiéndole un tarro con un potingue verde pistacho en su interior – es una crema a base de hiervas medicinales para la quemadura del brazo.
Gin recibió el tarro con cara de asco y lo puso sobre la mesa junto al vaso de la chica.
- Supongo que d...
No pudo terminar la frase porque la muchacha se había tirado sobre él para abrazarlo, haciendo que se le cayera el vaso que tenía en la mano al suelo rompiéndose en mil pedazos.
- Me alegro mucho de verte despierto por fin.
Él simplemente le correspondió al abrazo y la beso en la frente.
Bueeeeeeno, esto es una paranoia mental que me dio... como el anterior, es algo intrascendente, algo para entretener, sin meterme en los sentimientos de los personajes, ni siquiera es algo romántico... pues, se acabaron los preliminares, en el próximo "vicio" empiezan las curvas, si alguno lo ha leído en mi lj, ya lo sabrá, muajaja, así que nos vemos en uno o dos días.
Gracias por leer ^.^ Besos
