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5. Dolor.
Las nubes de tormenta oscurecían el cielo, las gotas de lluvia mojaban su cuerpo entremezclándose con su sudor y su sangre, pero ella no se daba cuenta de ello, tan sólo sentía la desesperación por no poder remediar la escena que se desarrollaba frente a ella.
Se debatía entre lo que era éticamente correcto, y lo que su corazón le dictaba, sintiendo que daba igual qué elección escogiera, actuara como actuara, se iba a traicionar a sí misma, ¿qué hacer entonces?
-o-o-o- 1 hora antes -o-o-o-
Sociedad de Almas
Se encontraba en la oficina de su escuadrón junto a la ventana mientras leía unos informes que debía clasificar.
- Va a llover – la voz de su joven capitán junto a ella la sobresaltó.
Lo miró un momento, para luego volver la mirada al cielo, que se empezaba a llenar de nubes negras.
- Parece que va a ser una de las fuertes – le contestó.
- Mejor, así se te quitan las ganas de irte por ahí y te pones al día de una vez. Estoy harto de hacer tu trabajo, Matsumoto.
La mujer abrió un momento la ventana para sentir el fresco y el aroma a humedad, volvió al papeleo.
Una pequeña mariposa negra aprovechó la rendija de la ventana para colarse y posarse sobre la mano de la teniente Matsumoto.
- Capitán, hay un aviso urgente, se ha detectado una actividad hollow intensa de nivel Arrancar en Karakura, se nos pide nuestra participación.
Ciudad de Karakura
Llovía intensamente sobre toda la ciudad, haciendo que sus habitantes se refugiaran en los lugares cerrados, excepto una pequeña minoría, que habían salido tras el aviso de la presencia de algunos Arrancar por la zona.
La tranquilidad reinaba a orillas del río que atravesaba la ciudad, de la nada, apareció una puerta de estilo tradicional que se abrió dejando paso a una intensa luz, en la que se recortaban dos figuras, una más alta que la otra. La puerta se cerró tras ellos.
- Aquí también llueve – comentó Rangiku, mientras alzaba la mano para recoger las gotas de lluvia en su palma.
- No perdamos el tiempo, Kurosaki y los demás ya están pe... – calló cuando sintió un conocido reiatsu, miró un momento a su teniente, que por la expresión que tenía en el rostro, también lo había reconocido – vamos.
Rangiku vio partir a su capitán, pero no se movió del sitio, dejando que el agua calara en su cabello y su ropa. Los pensamientos contradictorios chocaban en su mente como si ésta fuera un campo de batalla. Una fuerza que no veía le oprimía el pecho impidiéndole casi respirar.
Se había preparado para esa situación, la había imaginado una y mil veces en su mente, y siempre se decía que estaba preparada para afrontarla, pero ahora que se daba la ocasión, se daba cuenta de cuán equivocada estaba.
Después de tanto tiempo, le parecía mentira sentir de nuevo ese reiatsu, toda la determinación de parar a los traidores y hacerlos pagar, conseguida con tanto trabajo, se venía abajo.
Sintió la batalla comenzar, él estaba peleando contra Hitsugaya, pero ni eso la animó a seguir adelante. Sabía que su deber como teniente y como shinigami era luchar al lado de su capitán e intentar detener al ex-capitán Ichimaru, su razón se lo estaba diciendo a gritos, pero aún así, era incapaz de ir a ayudar, porque temía el momento en que sus miradas se cruzaran, temía ser incapaz de cruzar la espada con él, temía volver a caer en sus brazos.
- Gin... – susurró en medio de la noche.
Siguió allí, al lado del río, escuchando la corriente correr, mientras ella seguía mojándose bajo la lluvia, por lo que le parecieron horas, sin moverse ni un milímetro, con la cabeza gacha y los cabellos cubriéndole el rostro, abrazándose en un vano intento de protegerse de sí misma.
Por fin ocurrió algo que la hizo reaccionar, el reiatsu de su capitán había descendido enormemente, y los demás estaban demasiado ocupados con sus contrincantes como para prestarle auxilio.
Utilizó el shumpo para llegar lo antes posible, parecía que Ichimaru no estaba muy interesado en acabar la batalla que había empezado.
- ¿Qué estás tramando, Gin?
Al llegar, el panorama era desolador, el cuerpo de Hitsugaya yacía inerte en el suelo, lleno de sangre, que fluía por el suelo y terminaba colándose por una alcantarilla.
No había rastro del ex-capitán, sin embargo, aún podía sentir su reiatsu, por lo que no debía estar muy lejos. Se acercó a su capitán, aún respiraba, aunque estaba muy débil.
El corazón le dio un vuelco al sentirlo tras ella, llevó su mano a la empuñadura de Haineko, pero no llegó a desenvainarla, ya que uno de los brazos de Gin estaba rodeando su cintura, ahí estaba él, haciéndola bacilar.
- Te estaba esperando Ran-chan – susurró en su oído. Su voz, esa voz que tanto había añorado. Deseó que el tiempo se parara en ese momento.
Antes de que le diera tiempo a darse la vuelta, sintió un fuerte golpe en el estómago que le cortó la respiración, enviándola a varios metros. Se levantó trabajosamente, el asfalto había dejado huella en su blanca y tersa piel, provocándole rasguños.
Escupió sobre el asfalto el borbotón de sangre que había subido por su garganta.
Gin empuñaba a Shinsou apuntando hacia ella, él también estaba herido, después de todo, se había enfrentado contra Hitsugaya antes. No sabía si era efecto de la lluvia que empañaba su visión, o de su imaginación, pero parecía que el ex-capitán estaba temblando, aunque ello no le impedía lucir su tan característica sonrisa, la que lucía en cualquier situación, como si de un escudo se tratase para impedir que vieran su verdadera naturaleza.
Desenfundó su zampakutó, con mano firme, y se lanzó hacia él, pero Ichimaru la esquivó fácilmente, poniéndose detrás de ella y acercándola a él en un abrazo, mientras con la otra mano, colocaba a Shinsou en su cuello.
- Te he echado de menos – volvió a susurrarle.
Esta vez se protegió para recibir el golpe, pero éste nunca llegó, Gin seguía abrazándola, sentía el frío y afilado metal en su cuello, pero no hacía presión. Estaba acorralada, a su merced, y lo peor de todo, estaba disfrutando de su cercanía.
Liberó a Haineko, provocando un profundo corte en el brazo que sostenía Shinsou, consiguiendo liberarse.
- ¡¿A qué juegas Gin?! – le gritó casi con desesperación desde la distancia.
Su contrincante la miraba, con esa mirada brillante con la que tantas veces había soñado desde que se fuera, que tanto había echado de menos, y a la cual seguía acompañando esa eterna sonrisa sin expresión.
Él era el enemigo al cual abatir, pero a la vez el amigo del que un día se enamoró, y al cual nunca había podido olvidar.
Con cada golpe, el suelo iba perdiendo su color grisáceo y se teñía más y más de escarlata. Matsumoto era una gran luchadora, pero no se podía comparar con Ichimaru, que parecía dominar sin demasiado esfuerzo la batalla.
Un nuevo choque de espadas, quedando ambos muy cerca, mirándose fijamente a los ojos. Al final, la razón había ganado al corazón, sabía que lo que estaba haciendo era lo correcto, pero no por ser lo correcto era más fácil de afrontar.
Una de las manos de Gin que sostenían a Shinsou se soltó para acariciarle la mejilla, mojada por la lluvia, la agarró del cuello y la besó, un beso salvaje que le quemó en lo más profundo de su ser, estaba jugando con ella, como siempre había hecho, sin tomarla en serio. Se separó de un salto, alejándose de él.
¡¿Por qué haces esto?! La respuesta a esa pregunta era sencilla, le gustaba torturarla, siempre había sido así, desde que eran niños y se iba sin decirle nada.
Pero no podía culparlo, ella había sido tan partícipe como él en su juego autodestructivo, tenía que admitir que le encantaba las caricias y los besos que le daba para consolarla, las palabras que le dedicaba, simplemente sabía lo que hacer para que lo perdonara.
Debió pararlo cuando estuvo a tiempo, cuando los besos y caricias no eran más que un tonteo propio de la edad. Él siempre había sabido jugar bien a su doble juego, puede que la quisiera, a su manera, pero ella no había querido darse cuenta de que nunca sería lo primordial en su vida.
Siguieron luchando durante un rato, ambos parecían temer dañar demasiado al otro. En el último golpe ambos habían salido heridos. La tormenta arreciaba, no sabía en qué estado estarían los demás, pero tampoco es que en ese momento le importara mucho, sólo quería que la pesadilla acabase de una vez y despertarse en el sofá del despacho, con su capitán gritándole para que terminara de una vez el papeleo.
Ahora lo único que importaba era la escena que tenía delante, la frustración se colaba en todos y cada uno de los rincones de su mente, sabiendo que tan sólo había dos finales y que ninguno de los dos le gustaba.
- Se acabó, Ran-chan – ya no tenía el tono burlesco que lo caracterizaba.
La sangre manchaba su blanca túnica, pero a él parecía darle igual. Tenía clavados sus rojos ojos en ella. Cruzaron las miradas en lo que les pareció una eternidad, y ambos se lanzaron en busca del otro.
Se produjo el choque, el sonido de una espada al caer interrumpió el silencio de la noche. Gin se echó sobre ella, atrayéndola hacia él, para sentir su suave aroma por última vez.
Se retiró un poco para mirarla a los ojos, esos azules ojos que ahora estaban llenos de lágrimas. Le acarició el rostro con suavidad.
Rangiku sintió un líquido caliente cubriendo sus manos, se las miró. Estaban llenas de sangre.
- Desearía quedarme así para siempre – le dijo con cariño – perdóname Rangiku.
- No hay nada que pe...
No pudo continuar, ya que Gin había sellado sus labios en un beso suave y lento, un beso que sabía a amor, a deseo, a amargura. Cuánto había añorado esos besos que le daba cada vez que se encontraban allá en la Sociedad de Almas, parecía que había pasado una eternidad de aquello, en nada se parecía al que le había dado momentos atrás.
Cerró los ojos, haciendo que una lágrima rodara por su mejilla confundiéndose con la lluvia que cubría todo su cuerpo.
La fue recostando poco a poco en el suelo, con delicadeza, cuidando no hacerle más daño del que ya le había hecho.
- Pronto me reuniré contigo, mi preciosa flor del desierto.
Lo vio marcharse, sin dirigir la vista atrás, dejándola allí tirada. ¿Qué estaría pasando en ese momento por su mente? ¿Por qué la abandonaba en ese preciso momento?
- Gin... – susurró en un suspiro.
Ya había estado a punto de morir una vez, pero eso no disminuía el miedo. Sentía su propia sangre fluir hacia el suelo y mezclarse con el agua de la lluvia, y cómo su vida se iba consumiendo poco a poco.
La visión se volvió borrosa, sólo sentía dolor, no sabía si por las heridas que estaban acabando con ella, o por el echo de haberse dado cuenta de que la esperanza de que todo volviera a ser como antes, que hasta ese momento había albergado en lo más profundo de su corazón, se acababa de desmoronar.
No sabía si las últimas palabras de Gin habían sido parte de su último juego, el cruel juego al que siempre la había tenido sometida. Pero prefería pensar que había sido sincero, eso disminuía en parte su amargura.
Poco a poco el dolor fue disminuyendo, y sus sentidos acolchando hasta el punto de no sentir la lluvia ni el frío, no era totalmente consciente de lo que pasaba a su alrededor, tampoco importaba, estaba muy cansada, y tenía mucho sueño.
Y así, cuan vela que se apaga por una fuerte ráfaga, la vida de Rangiku se apagó.
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Gin se despidió sonriente de los Espadas que salían de la habitación, y cerró el portal por donde habían vuelto a Las Noches.
Una vez solo, volvió a recordar el cuerpo inerte de su querida Rangiku, su sangre aún manchaba su inmaculada hakama blanca, no lo soportaba, la había dejado morir sola y se sentía despreciable por ello, pero simplemente, era incapaz de permanecer a su lado soportando su mirada, una mirada llena de cariño, sin rastro de rencor por todo lo que le había causado.
Y allí, en la oscuridad de la habitación, dejó caer una vez más su máscara, una vez más por ella, y lloró, volviendo a sentirse como el niño débil y asustado que una vez fue.
Sep, me he cargado a Rangiku, pero que conste que me ha costado la vida, porque aunque me gusta que los personajes sufran, soy demasiado sensible y me gusta que tengan finales felices, pero no siempre es así, y si lo fuera, sería aburrido, y más en esta pareja, cuyo futuro está muy, muy, muy negro... cuando se me ocurrió, tenía pensado un final distinto, y cargarme a Gin, pero la verdad es que no era muy creíble, Gin era uno de los capitanes más poderosos y por muy herido que esté, y por más coraje que me de (sí, me da coraje que pongan a la mayoría de las mujeres como debiluchas, pero es así) Ran-chan no es rival para él.
La última escena no entraba en un principio, pero es que no he podido resistir poner algo de humanidad en Gin, que a pesar de ser lo suficientemente canalla como para matar a Rangiku, me resultaba demasiado frío que se vaya así sin más... no sé, un pequeño consuelo para mi mente sensible y romanticona.... En fin, espero que os haya gustado
Gracias por leer.
Besos
