Hola, hola! No os quejaréis, esta vez he tardado poquito, como prometí.
He cambiado el estilo de escritura, tenía ganas de innovar y esto era algo que me venía llamando desde hacía tiempo, espero que os guste, porque sinceramente, a mí me ha gustado como ha quedado.
"Y te rindes a él, porque es tu amigo, tu familia y lo quieres, tal vez algo más"
BITTERSWEET
8. Calor
El sol apenas había salido y tú caminas tranquilamente por las calles del Seireitei, sin prisas, recreándote, en medio de todo aquel barullo de shinigamis que se dirigen a sus respectivas divisiones. Tú también deberías correr, llegas tarde, pero la puntualidad es algo que nunca te ha importado demasiado, o casi nunca.
Paras frente a un puesto de caquis secos, tu comida favorita, su comida favorita, y te preguntas dónde estará, hace mucho tiempo que no lo ves y le echas de menos. En dos meses lo has visto sólo una vez, de lejos, mientras seguía a su capitán. Por un momento deseas no haber entrado en la academia de shinigamis, que todo vuelva a ser como antes, cuando erais pequeños, pero entonces te das cuenta de algo.
Suspiras.
Estás acostumbrada, él nunca ha tenido demasiado tiempo para tí. Retomas el camino y te vuelves a preguntar dónde estará porque, aunque estés acostumbrada, lo echas de menos; y entonces odias a Aizen, porque esta vez puedes echarle la culpa a alguien de su ausencia, y te sientes algo mejor.
Sabes que él te aprecia, de una u otra forma te lo ha demostrado, siempre sutilmente, nada llamativo, pero tú has aprendido a leerlo, o al menos, lo lees mejor que nadie.
Sonríes.
Porque aunque ahora no sepas donde esté, tú eres la que más cerca está de él y lo sabes, pero lo echas de menos, porque es tu amigo, tu familia, y lo quieres, tal vez algo más, pero ese sentimiento da miedo y lo suprimes.
Sigues caminando, el barullo de antes ya se ha calmado y las calles están casi vacías, y maldices por millonésima vez el que tu división esté tan alejada; llegas tarde, mucho, y tu capitán se va a enfadar, pero no aprietas el paso.
Conforme te vas acercando, ideas una excusa medio creíble para evitar el castigo que seguramente te caerá por no llegar a la hora, pero la olvidas cuando sientes una mano agarrarte la cintura y otra taparte la boca; lo sientes detrás tuya, apretándote hacia él, y algo dentro de ti se regocija.
– ¿Me has echado de menos? – su aliento roza tu oreja y acto seguido, aparta su mano de tu boca para deslizarla por tu cuello hasta tu hombro, donde se queda quieta.
Te estremeces, no lo ves, pero sabes que está sonriendo y tú también lo haces. Por un momento piensas en quedarte así, en silencio, tan sólo sintiéndolo dentrás tuya, porque lo has echado de menos. Entonces algo hace "click" y te das cuenta de algo: lo has echado de menos, te has preocupado por él, y el muy estúpido no se ha dignado ni a mandarte una miserable nota.
Te enfadas, ¡vaya que si lo haces! Y vas a reclamarle, pero él parece darse cuenta de tu cambio de actitud y empieza a reírse suavemente junto a tu oído. Sin que te des cuenta, ha utilizado su Shumpo y te ha llevado a otro sitio, uno de los cientos de callejones estrechos del Seireitei, te ha dado la vuelta, y ahora estás atrapada, entre una pared y su cuerpo; cerca, demasiado cerca, con sus brazos a cada lado de tu cuerpo, para que no te escapes.
– ¡Suéltame! – le gritas, pero sabes que no lo va a hacer – ¡Dos meses, Gin! ¡Dos puñeteros meses sin saber nada de ti! ¿Y ahora te crees que puedes llegar por las buenas y secuestrarme? Tengo más cosas que hacer que estar pendiente de ti – y estás tan enfadada que con tu dedo índice le golpeas el pecho todo lo fuerte que eres capaz.
– Estaba ocupado, Ran-chan, no tenía tiempo para visitas.
– ¿Y para una nota que ponga: sigo vivo? ¿Tampoco tenías tiempo para eso?
– Sigo vivo.
Lo dice entre risas y eso te enfada aún mas, te cruzas de brazos y lo empujas con la intención de marcharte.
– Yo estoy ocupada ahora, y llego tarde.
Pero no lo consigues, ha dejado de reírse y te acorrala aún más contra la pared; sientes su cuerpo en contacto con el tuyo, su cabeza escondida en tu cuello y sientes que estás a punto de perder el control.
– Rangiku – susurra, su aliento golpea el hueco de tu clavícula, y casi, casi, parece que te está suplicando – quédate un rato, por favor.
Te rindes. Porque lo has echado de menos. Porque es tu amigo, tu familia y lo quieres, demasiado para ser sano.
– Sólo un rato.
No sabes si lo has llegado a decir en voz alta, porque justo en ese preciso momento te ha besado en la unión de tu cuello con tu hombro y sólo atinas a gemir su nombre, mientras tu corazón empieza a latir a un ritmo demencial. Te besa, demandante, hambriento, te muerde el labio inferior y tira un poco, sin llegar a hacerte daño, pidiéndote que abras la boca para darle entrada a su lengua; y tú lo obedeces sin ser aún consciente de lo que está ocurriendo.
Sus manos se retiran de la pared y viajan a tu cintura, apretándote más hacia él, si es que eso es posible, despertándote del dulce aturdimiento que se ha apoderado de tus sentidos.
Te está besando, realmente lo está haciendo, y no hay nada que te guste más que el sabor de sus labios, de su lengua. Sientes que te fallan las piernas y en cualquier momento podrías caer al suelo, pero separarte de él está descontado, así que te aferras a su cuello e intensificas el beso.
Es invierno y hace frío, pero tú tienes calor, el uniforme de shinigami es demasiado grueso y piensas que estás a punto de consumirte. En un arranque de pasión, lo empujas sin deshacer el beso y ahora es él el acorralado entre tu cuerpo y una pared, pero parece no importarle, está demasiado entretenido saboreando tu cuello y acariciando tu espalda. Una de sus manos se desplaza a tu nuca y te agarra firmemente, mientras te muerde suavemente la mandíbula. Y es imposible reprimir el gemido.
– Gin – es una súplica, es una orden.
Lo llamas pero no sabes para qué, porque tu cerebro es incapaz de procesar alguna información más allá de las sensaciones de tu cuerpo. Él para sus besos y te mira, tú gruñes en protesta pero también lo miras, ya no sonríe y tiene los ojos abiertos, te pierdes en ellos porque te encantan sus iris azules y no entiendes por qué siempre tiene los ojos cerrados.
– Vamos a tu habitación – su voz está ronca y tú has descubierto que te encanta escucharlo así.
Asientes brevemente y vuelves a fundirte con sus labios; él te agarra un muslo y lo sube a su cintura, dándote el impulso para que te subas a horcajadas sobre él; sin romper en ningún momento el beso.
En un parpadeo, el callejón se ha quedado vacío.
Continuará...
Bien, contrario a lo que dije, este vicio es el primer capítulo de una minihistoria, no va a ser larga, pero va a constar de varios vicios, se continúa con el 9: húmedo, ya lo he empezado, así que no creo que tarde mucho, y voy avisando de que va a haber lemon (¡DIOS, QUÉ GANAS TENÍA DE PONER UNO!)
Como siempre, agradecer lo comentarios y las alertas, que animan a seguir escribiendo.
Gracias por leer. Besos
