CAPITULO DOS: DESTINO EN SOLEDAD

"Esta es la dirección del hogar de los Walker. De verás espero que Jon te comprenda porque influirá en el futuro de nuestra relación. Contéstame lo más pronto posible para saber que estás bien"

No necesitaba que le firmara para saber a quién pertenecía esa nota. Ni siquiera que le dijera dónde estaba porque el ave que se la había traído le hacía pensar que venía de muy lejos.

Si no fuera porque se lo contó todo, momentos antes de que sucediera, habría odiado con toda su alma a quién ahora era su gran amor, Severus Snape…ahora el más buscado por la comunidad mágica por ser el supuesto asesino de Albus Dumbledore, tras la declaración de Harry, el único testigo del asesinato aparte de los mortífagos que se encontraban en la torre. Después de tantos años rumiando que el profesor de pociones no era lo que todos creían se relamió de gusto al hacer esa declaración, después de ver como lanzaba el hechizo asesino al director de la escuela.

Evidentemente nadie más sabía la verdad sobre ese asesinato y dudaba si tenía que contar la verdad. Pero es que ni ella misma estaba segura de nada, sabía la verdad pero estaba confundida. Había ciertas cosas que no encajaban: todo estaba claro, tenía que matar a Dumbledore, para salvar a Draco y para salvarse a sí mismo, además de conseguir plena confianza de Voldemort pero ¿por qué Dumbledore no salvó su propia vida? ¿Por qué no hizo algo mejor para no lanzar a su mano derecha a una vida como prófugo? Entiende (además es propio del viejo director) que prefiera sacrificar su vida antes que la de dos más jóvenes, sin embargo lo segundo…

Seguía en casa de sus padres pero pronto se marcharía en compañía de ellos y de su prima Michelle a casa de Ginny y Ron, para asistir a la boda de Fleur y Bill que sería en pocas semanas. No tenía necesidad de marchar tan pronto pero le había asegurado a Ginny que si seguía allí se iba a volver loca por tanto pensar sólo en lo mismo: en él, en Dumbledore, en el plan…

Su escritorio estaba lleno de antiguos ejemplares del Profeta, los cuales leía varias veces para que no se le escapase ningún detalle. Y esa enésima noche en la que se despertaba, ardiéndole la cicatriz y sudoroso, después de tener la pesadilla de siempre, volvía a leer el mismo ejemplar a la luz de su varita: en él aparecía en grande una foto de Dumbledore, con el siguiente titular encabezándola:

Albus Dumbledore fallece en Hogwarts en manos de mortífagos

Y más abajo aparecía la foto de Snape con el titular de:

Profesor de Hogwarts desaparecido, el principal sospechoso

Harry no se lo pensó dos veces para declarar en contra de Snape. Después de verlo lanzar el hechizo y asesinar a Dumbledore no iba a poder la oportunidad de demostrarle a todo el mundo que él tenía razón cuando decía que Snape no había cambiado y que seguía siendo el mismo mortífago de siempre. Fue el único testigo del asesinato pero muchos miembros de la Orden y del E.D lo vieron huir junto a Draco Malfoy, otro que también mostró sus cartas desde principios de curso y nadie sospechó que haría lo que estuvo a punto de hacer…excepto él, claro.

Continuaba en casa de los Dursley y para no enfadarlos más de lo necesario, descargaba su rabia con la almohada. Además que eran las tres de la mañana para lanzar un grito de rabia al cielo. Tres horas que habían transcurrido siendo ya mayor de edad, por lo que lo siguiente que hizo fue buscar sus objetos personales e ir guardándolos en su baúl. A las siete de mañana irían a buscarlo para llevarlo a casa de Ron, que hacía semanas que le estaba insistiendo para que fuera allí, que su hermano estaba bien y que la boda seguía adelante.

Después de lo que presenció en Hogwarts y ver que había muchas cosas (inútiles) que los mortífagos habían superado sin problemas, el que lo protegieran lo consideraba una soberana estupidez. Pero conocía bien a la Señora Weasley para intuir como reaccionaría si se presentaba en la Madriguera solo y todavía no quería desvelar sus verdaderas intenciones: que no acudiría a Hogwarts para viajar...

-¿Para viajar? ¿Simple y llanamente?-dijo en voz alta mientras lanzaba algunos libros sobre las maldobladas túnicas-no estoy seguro que se lo crean y lo acepten con completa tranquilidad.

Dumbledore, antes de morir, le desveló un gran secreto de Voldemort: la creación de los horcrux, con los que dividió su alma y casi alcanza la inmortalidad. Sin embargo le desveló poco más que los posibles horcrux que aún podría haber y los que se destruyeron. Y pidiéndole que no lo contara a nadie más que a sus amigos, no supo nada más que una nota que hallaron en un supuesto horcrux, una nota firmada por un tal RAB. Así que cumpliría su petición y no le contaría a nadie más lo de los horcrux. Ya tendría tiempo de pensar en que les diría a los Señores Weasley sobre su viaje.

Aún seguía sin saber quién podría haber escrito esa nota, ni siquiera de dónde provenía ese medallón ni por qué Voldemort lo había elegido para convertirlo en su horcrux. No sabía nada de él. Llevaba todo el verano dándole vueltas a ese mismo tema…aunque había alguien más en su cabeza.

-Ginny-susurró apenado

Los últimos meses antes del fatídico día, habían sido los más felices de su vida, cuando estuvo saliendo con la pelirroja. Pero después de la muerte del director rompió con ella, quería alejarla de él para que no le hicieran daño. Mientras Voldemort siguiera vivo lo mejor era poner distancia entre sus seres más queridos y él; no quería más muertes, no quería asistir a más entierros y que esas muerte fueran por querer protegerle.

Sin embargo lo de Ginny iba a ser durísimo, porque aún la amaba, la amaba demasiado. Y desgraciadamente ella a él también, apenas había llegado la medianoche cuando llegó Pidwigeon con su regalo: un gorro de lana, realizado a la manera muggle, del mismo color que sus ojos. Harry, según la profecía, tenía las mismas posibilidades de morir como de sobrevivir y matar a Voldemort...lo que para él es suficiente razón para que Ginny lo olvide.

Terminó de guardar sus cosas en baúl y probó a dormir en las tres horas que le quedaban. Sería la primera noche que durmiera bien, porque las pesadillas eran más frecuentes que nunca

¡DING! ¡DONG!

Harry escuchó como tío Vernon bufaba y salía de su habitación maldiciendo a quienquiera que fuera el que llamase a la puerta. El moreno aprovechó para bajar con su baúl y la jaula vacía de Hedwig (que ya debía de ir camino de casa de Ron) cuando tío Vernon bajaba por las escaleras pisando fuerte.

-Buenas ¿qué le trae por aquí?-dijo tío Vernon de la forma más cordial que le podía salir, pues era evidente que no le agradaba nada que vinieran a pegar a su puerta un desconocido. Además Harry juraría que le faltó decir "a estas horas de la mañana".

-Buenos días, buscaba a Harry, vengo a llevármelo-el joven reconoció la voz de Lupin, que debía de seguir en la puerta. No debía esperar mucha cortesía por parte de tío Vernon, mucho menos después de la hora que era.

-A llevárselo-repitió tío Vernon con desdén y se giró hacia las escaleras. Su sobrino bajaba cargado con sus cosas y una expresión decidida pintada en su cara.

-Pensaba que Harry os lo había dicho...-comenzó a explicar Lupin, ligeramente azorado.

-¿Qué tienes que contarnos?-preguntó con tanta imperiosidad que ahogó la voz de Lupin.

-Me voy definitivamente de la casa-repuso Harry tajantemente-ya no volveré nunca más.

Tío Vernon lo vio pasar delante de él con una expresión entre la sorpresa, el enfado por el tono usado por su sobrino, y la incredulidad por sus palabras. En ese instante tía Petunia bajaba las escaleras.

-¿Qué sucede Vernon?-preguntó con voz fingidamente somnolienta porque Harry sabía que no se acababa de levantar.

-El chico se va-explicó tío Vernon en voz baja pero clara

-¿Cómo que "se va"?-preguntó con la misma incredulidad que tío Vernon sentía

-Dumbledore fue asesinado a finales del pasado curso y uno de sus últimos deseos era que permaneciera en esta casa hasta que cumpliera los diecisiete años. Y eso he hecho, ya los he cumplido, por lo que ¡me voy!-explicó Harry con completa tranquilidad mientras le ofrecía a Lupin su equipaje. Vernon estaba indignado pero Petunia fruncía los labios, muy pálida. Ella sí lo entendió y le pillaba de sorpresa esa noticia. No esperaba algo así tan pronto

-¿Algo más Harry?-le preguntó Lupin pasando la vista del chico a sus tíos

-Nada más, ya está todo-se volvió a sus tíos-hasta nunca...

Con esa frialdad, cerró la puerta de la que fue su casa durante esos dieciséis últimos años.

CONTINUARÁ...

EL RINCÓN DE LA AUTORA

Como ya dije en su día, esta es la mejor manera que puede tener Rowling de empezar las andanzas de Harry. Eso o una escena en el tren. Una escena que he preferido quitar del capítulo porque era breve y muy de relleno. Al igual que he variado otras cosas, dándoles mejor redacción.

A mucha gente les seguirá pareciendo fuerte la frialdad con la que Harry abandona la casa donde ha estado viviendo, pero como comenté al publicar el capítulo, va a cambiar mucho, al menos a lo largo de mi historia lo hará. Cambió con la muerte de Cedric y con la muerte de Sirius ¿no va a cambiar con la muerte de alguien como Dumbledore? Dudo que se piense así dos veces abandonar a las personas que nunca lo vieron como alguien de su sangre. Y ya veremos que en algunas otras cosas cambiará