CAPITULO DOCE: EL GUERRERO SOLITARIO
Severus daba vueltas por su habitación, nervioso. La carta de Hagrid (que reconocía por su caligrafía torpona y por sus iniciales) no revelaba demasiado y la frase "no te preocupes, lo sé todo" no lo tranquilizaba en absoluto. ¿Cómo lo había localizado? ¿Por qué se ponía en contacto con él arriesgándose tanto? ¿Cómo se aseguraba de que no era una trampa? Bueno, esta última pregunta no tiene ningún sentido. Voldemort tenía plena confianza en él... pero eso no quitaba que hubiera mortífagos desconfiados como Colagusano.
Miró por instinto la caja donde éste permanecía. Después miró al suelo donde seguía el sobre más abultado. ¿Qué contenía? La única manera de saberlo era leyéndola. A lo mejor contestaba a muchas de sus preguntas.
Se sentó de nuevo en el borde de la cama y abrió el sobre despacio. Sacó un montón de papeles doblados y cayó una pequeña nota, también firmada por Hagrid.
Esta es la razón por la que escribía: darte la última carta que él te escribió antes de morir
Desdobló las demás hojas y sólo tuvo que echar un vistazo a la caligrafía para reconocer ahora a la de Dumbledore.
Tragó saliva, dejó las hojas sobre la cama y cogió la caja de Colagusano y después su varita. Le echó a la caja un encantamiento para aislar por completo a esa rata y después la dejó debajo de la cama. A continuación, respiró hondo y comenzó a leer:
Mi querido Severus
Si te ha llegado esta carta a mis manos es porque cumpliste tu palabra y también tu promesa. Y me alegro por ello pero no por el sufrimiento por el que debes estar pasando.
Como ya hablamos otras veces, el haberme matado significaba que tendrías que llevar una vida de prófugo durante un periodo de tiempo, ser un traidor a los ojos de tus colegas y estar lejos de tu hijo y... de esa mujer a la que amas, la señorita Hermione Granger.
En este punto Severus alzó las cejas con cierta sorpresa. No era del todo una novedad, ya antes de todo aquello parecía que Dumbledore sospechaba que tenía algo con otra mujer pero no se imaginó que lo supiera con tanta certeza. Eso le hizo sonreír.El viejo, siempre atento a todo.
Te he llegado a considerar como a un hijo y me duele que pases por estas dificultades pues ya va siendo hora de que seas feliz. Espero que, si todo ha salido según lo planeado, eso vaya cambiando poco a poco.
Una de las primeras cosas de las que tendrás noticias, sera de Hagrid. Sé que a ti no te inspira confianza pero él será uno de tus mejores apoyos: conoce todo el plan y me hizo una promesa inquebrantable para no contar nada a nadie. De su boca no saldrá ni una palabra del plan para no descubrirte ante el enemigo y sólo podrá contarle el plan a algunos elegidos pero procurará dejarte a ti esa tarea. Corre de tu cuenta en quién confiar para contarlo y en quién no.
En segundo lugar, si todo ha salido según lo planeado, habrás sido nombrado mi sucesor en Hogwarts. Sé que hasta este momento (o el momento en que lo hayas sabido) no tenías ni idea de cuál era el objetivo de arriesgar tantísimo, sólo cuánto perdías con esta misión.
Si no me he equivocado en mis premisas, el Señor Tenebroso habrá visto en mi asesinato como la mayor muestra de fidelidad y confianza que cualquier mortífago le puede dar y te recompensará con el puesto de director. Sabemos perfectamente que él no tomará ese puesto porque de momento no le conviene y preferirá poner en ese puesto a alguien como tú, lo más parecido a él, responsable y de confianza. Para él, tenerte allí significa tener bajo control al colegio, a Harry... y a los horcrux Sobretodo por los dos últimos, pues es posible que ahora quiera eliminar a Harry para que pueda tomar su trono de terror sin que nadie se lo impida.
Para mí, estás protegiendo toda la escuela de las influencias de Voldemort y sus secuaces. Así Hogwarts no perderá su esencia y espero que seas capaz de seguir llevando este doble papel. Un doble papel que creo que te resultará menos difícil pues a ojos de muchas personas, eres mi asesino y no confiarán en ti; prácticamente trabajarás para ti mismo, para nadie más. Cualquier información que consigas será para ti y para tu gestión de la escuela.
A partir de este momento, eres un hombre más libre: lucharás para ti mismo. Tu trabajo sólo "beneficiará" a los mortífagos pero de ti no depende el funcionamiento de la Orden y su trabajo. Puedes ayudarlos, puedes hacerles llegar información si lo deseas pero no te tienes por qué preocupar pues tienen gente que les ayudes a pesar de todo. Pero recuerda siempre cuál es tu papel.
Severus deseo de todo corazón que termine lo más pronto posible esta guerra y tú y todos aquellos a los que aprecio, puedan disfrutar de un mundo lleno de paz y armonía y no lleguen a vivir la era de terror que hace diez años vivimos.
Hasta siempre, mi querido niño.
Albus Dumbledore
Severus apretó la carta en una mano, mientras con la otra se tapaba el rostro, intentando controlar sin éxito las lágrimas que le brotaban y caían por sus mejillas.
Pocos días después de aquello, llegó el 1 de Septiembre y por tanto el comienzo del curso. Ginny y Harry seguían sin hablarse pero Harry ya se estaba planteando seriamente ir a hablar con ella y pedirle perdón. Se convenció a sí mismo de que fuera paciente, que el viaje en tren propiciaría que hablasen tarde o temprano.
Por su lado, Hermione estaba extremadamente nerviosa. Dos días antes habían anunciado oficialmente el nombramiento por parte del Ministerio del nuevo director de Hogwarts, Severus Snape. Con lo sucedido días anteriores, no había tenido tiempo de meditar sobre aquél asunto. Cómo le dijo a Ginny, las cosas cambiaban ligeramente pues él era director de Hogwarts y aún así temía por él, porque no quitaba que siguiera siendo el asesino de Dumbledore.
Pero parece que, se empezaban a notar las influencias de Voldemort en el Ministerio. En aquellos días, para otro arrebato de ira de Harry, los medios de comunicación dejaron de tachar a Severus de asesino de Dumbledore, o mejor dicho, de presunto asesino. Ahora era sospechoso pero (palabras textuales de un periódico) "dudamos de que alguien tan prestigioso como el nuevo directo de Hogwarts, sea capaz de hacer algo así, habiendo sido además la mano derecha de Albus Dumbledore". Cabe decir que, para pesar de todos, Rita Skeeter volvía a ejercer de periodista... si es que se podía llamar así a lo que hacía.
Por tanto, a Hermione lo único que debía preocuparle era su relación dentro de las cuatro paredes de la escuela. Ya no era profesor, era director, un cargo más importante que, por otro lado, lo tenía en el punto de mira más que ningún otro. Eso complicaría su relación bastante. Siendo optimista, pensaba, que siendo director podría tomarse más libertades, como trasnochar a altas horas de la madrugada a encontrarse con ella... por ejemplo.
Tendría todo el viaje en el tren para pensar sobre ello pero concluyó que la mejor manera de solucionar aquello, era hablando con el otro implicado.
Llegaron a la estación de King Cross bastante temprano y fuertemente escoltados. Ahora era todo más peligroso y se notaba en el ambiente de la ciudad y en el de la estación. Había muchísimo menos alumnos que otros años y no era por la era, pues no cambió mucho en las siguientes horas que estuvieron allí en la estación y luego en el tren. Todos se dieron cuenta de que nada sería igual al año anterior, cuando el tren se puso en marcha rumbo a Hogwarts.
Se notaban las ausencias de amigos y compañeros y curiosamente, el número de nuevos alumnos era mayor que nunca. Diez minutos después de ponerse en marcha, con el equipaje más que colocado y ocupando el vagón y el compartimento de siempre, los chicos vieron como el tren estaba abarrotado de niños de once años que iban de aquí para allá, entrando a menudo a ese vagón que hasta entonces, era el más tranquilo de todos. Algunos entraban solos, con timidez y otros iban ya acompañados, recordándoles a Harry, Ron y Hermione a su primer año en el tren. Algunos miraban con cierta burla a Harry (así se supo que eran de familia de magos) al reconocerle, ganándose una mirada asesina de todos. Otros, sencillamente ignoraban que el compartimento estaba ocupado.
Ginny no los acompañó desde un principio y Hermione sabía que era porque no soportaba estar en el mismo lugar que Harry. El moreno por su parte estaba cada vez más nervioso pues no veía el momento de hablar con ella. Tampoco eso pasó desapercibido para Hermione pero no podía hacer nada por ellos pues dependía de ellos mismos...
Hermione y Ron fueron a hacer sus rondas como prefectos que seguían siendo, pudiendo así conocer a los nuevos profesores: uno de ellos era una mujer con cara de malas pulgas y que a Hermione la daba la sensación de que era un mortífago, y otro profesor, mucho más joven, fue el que los recibió de forma más afectuosa. Llevaba una túnica que parecía nueva, de color rojo sangre, que parecía de terciopelo y que encajaba con su atractivo físico, que hizo sonrojar un poco a Hermione.
-¡Encantado de conoceros! Yo soy el profesor Jover, el nuevo profesor de...
-Es suficiente Alexander, dijo una voz conocida detrás de él, el pequeño profesor Flitwirck-espera al menos a tu presentación oficial.
-De acuerdo, de acuerdo-dijo con una sonrisa amplia y perfecta, mirando directamente a los ojos a Hermione, que se presentó.
-Yo soy Hermione Granger, estudiante de séptimo de Gryffindor-se fijó en que sus ojos azules y profundos como pozos... tan profundos... y vacíos. Le dio un escalofrío algo desagradable pero decidió no darle importancia. El resto de su físico la tenía hechizada.
-Yo soy Ron Weasley, de la misma clase de ella-el nuevo profesor los observaba con atención mientras el profesor de Encantamientos los mandaba a hacer sus tareas.
Hermione entendió pronto por qué había tantas chicas en el vagón que había junto al que acababan de dejar. El nuevo profesor ya levantaba muchas pasiones.
Aprovechando que se quedaba solo, Harry fue a buscar a Ginny allí donde estuviera, pues no lo sabía con exactitud. Pudo comprobar con amargura que la mayoría de los compañeros que seguían ese año, eran Slytherin. Claro, con ese traidor de Snape como director, los de Slytherin se sentirían mejor que nunca, tendrían libertad absoluta para hacer lo que quisiesen. Al fin y al cabo, por mucho que los demás lo pensaran, Snape no era de confianza... para él era como la representación de la figura de Voldemort en Hogwarts. Estaba allí para instaurar una nueva era en Hogwarts, la era de terror que pronto sacudiría sin piedad el mundo mágico.
Encontró a la pelirroja en una compartimento con Luna, solas y en silencio. Como siempre, Luna lo saludó escuetamente y siguió a lo suyo, leer un número de la revista que publicaba su padre.
-Hola Harry... ¿querías algo?-le preguntó Ginny con cortesía.
-¿Podemos hablar un momento?... a solas-le pidió en voz baja, mirando al suelo. Ginny sin embargo buscaba su mirada y no se lo pensó mucho para concederle a Harry ese deseo.
El moreno se la llevó algo lejos de allí, al lugar menos transitado que encontró, entre vagón y vagón. Tardaron mucho en comenzar a hablar pues se tomaron su tiempo para pensar y para que los dejaran tranquilos.
-¿De qué querías hablarme?-le preguntó Ginny cuando al fin dejó de pasar gente (de los últimos que pasaron, fueron Ron y Hermione).
-Es... sobre lo del otro día... cuando...
-No tenemos nada que hablar sobre lo del otro día-dijo Ginny dejándolo de mirar a los ojos. La pelirroja había decidido que no quería que Harry la volviera a ver llorar. Le habría gustado no haber dado esa imagen de debilidad ante Harry pero le pudo ese día el dolor y sólo había servido para que estuvieran aún más tensos y sin hablarse durante días.
-Sí tenemos Ginny... al menos yo sí-continuo cabizbajo-quería... quería pedirte perdón-al oír esas palabras miró a Harry a los ojos. Harry le estaba pidiendo perdón y bajándose de la burra-la verdad es que no sabía como hacerlo, llevo días intentándolo.
-Harry...
-Déjame acabar...
-No es eso es...
-Vaya, vaya, vaya, mirad a quienes tenemos aquí-Harry cerró los ojos y apretó los puños con fuerza. El menos indicado para aparecer en esos momentos-si son la parejita del año-dijo Draco con burla
-Malfoy-dijo Harry dándose la vuelta para encarar a su enemigo, acompañado como siempre de sus dos esbirros, quienes estaban más altos y más gordos. Sin embargo, Draco estaba más delgado y parecía casi enfermo, algo que no pasó desapercibido para ninguno de los otros dos, sobretodo Harry que le recordaba un aspecto similar meses atrás: estaba muy delgado, no parecía haber crecido (es más, parecía más bajo), tenía el pelo más largo, encrespado y descuidado y los ojos enmarcados por sendas ojeras... unos ojos que seguían igual de vivos, llenos de odio.
-¿Quieres algo mi querido hurón?-dijo Ginny con sorna.
-Sólo venía saludar-dijo Draco componiendo una mueca desagradable al oír el tono utilizado en lo de "querido hurón".
-Pues ya lo has hecho-dijo Harry, con los brazos cruzados-¿puedes dejarnos en paz?-Draco dio un paso a enfrente poniendo su rostro a escaso centímetros de Harry. Ahora el moreno era unos milímetros más alto que él y eso se notó.
-No te será tan fácil deshacerte de mí, Potter. Nunca estarás en paz-lo dijo en un susurro amenazante que lógicamente no amedrentó a Harry. Dicho esto, Malfoy siguió su camino pero Harry no pudo seguir hablando con Ginny, que se fue llamada por una compañera de clase.
-Mierda-dijo para sí apretando los puños
Abrió la puerta y el olor que le llegó era de cerrado, de abandono. Estaba claro que desde que Dumbledore murió, nadie lo había vuelto a abrir... o al menos, parecía haber sido abierto sólo una vez: para recoger sus bienes para que fueran repartidos entre los que se encuentran en su herencia. ¿O eso lo hizo antes Dumbledore, cuando escribió las cartas? Eso daba igual, ahora ese despacho era suyo.
Fue recibido por los retratos de los antiguos directores, incluido el del propio Dumbledore, que sonreía ampliamente al verlo llegar. El verlo allí lo llenaba de júbilo porque todo había salido como esperaba.
-Bienvenido Severus.
Se volvió e hizo pasar su denso equipaje, ayudado por dos elfos domésticos. Traía todo, sus cosas desde el hotel y también las de su despacho en las mazmorras. Había como tres maletas.
Había esperado hasta entonces para trasladarse porque no se había sentido con fuerzas de hacerlo días antes. Necesito tiempo para asimilar su nuevo cargo y su nuevo papel en aquella guerra. La carta de Dumbledore fue la válvula de escape de todo su malestar, de toda su culpabilidad y de su rabia. Seguía sintiéndose culpable pero la sonrisa del retrato del ex director, lo tranquilizaba.
La verdad es que podría haberlo hecho tan sólo por ahorrarse las miradas de algunos de sus compañeros y de otros miembros de la escuela, al recibirlo allí. A ojos de todos seguía siendo sospechoso del asesinato de Dumbledore, algunos seguramente lo afirmarían y otros, como el profesor Slughorn (también profesor suyo en su día), lo miraban como preguntándose cómo había llegado hasta ese extremo.
Ignoró a todos y siguió a lo suyo, buscar a los dos elfos domésticos y buscar sus cosas en su despacho, con el mismo ambiente a cerrado que el de Dumbledore.
Y al fin estaba allí, dispuesto a sentarse en aquel sillón que seguramente tardaría muchísimo tiempo en sentirlo suyo.
Cinco minutos después de irse los elfos, alguien tocó a la puerta.
-Puede pasar-dijo y obediente, la profesora McGonagall entró en su despacho. Era la única a la que no había visto... no la veía desde el curso anterior.
-Cuánto tiempo sin vernos Severus-dijo sin ninguna emoción
-Cuánto tiempo, Minerva.
Se hizo el silencio. La una apretaba los labios conteniendo muchos sentimientos encontrados y el otro no podía mirarla a la cara.
-Los chicos llegarán dentro de dos horas-anunció la mujer, intentando romper ese silencio incómodo, que se empezaba a hacer largo. Severus siguió impasible, sin saber qué decir.
-¿Algo más?-dijo al fin. La profesora McGonagall respiró hondo.
-Claro que sí Severus, tienes MUCHO que contarme-recalcó y por el tono usado el hombre sabía que no podría escaquearse de ninguna forma.
Dumbledore ya se lo había dicho. Ahora era un guerrero solitario. No pertenecía a ningún bando concreto, no trabajaba para nadie en aquella guerra, sólo para sí mismo. Él decía con quién hablar, en quién confiar y a quién ayudar. Sabía que eso no era del todo cierto porque aún tendría que seguir ayudando a ese Potter en su misión y proteger a los suyos... pero ahora dependía nada más que de sí mismo.
Aquel momento era idóneo para comenzar...
CONTINUARÁ...
El rincón de la autora
Muchos pensaréis que debo ser un fantasma quién escriba y que la autora de este fanfic ha muerto. ¡Pero no! Sigo viva :D.
Imagino que muchos esperabais este verano algún capítulo, dos o incluso tres. Podría haber sido así pues gracias a dios, a pesar de lo duro del curso, he conseguido sacar buenas notas. Pero he estado con un trabajillo por horas (clases particulares) y me he dedicado a otras cosas, dejando esto en un tercer o cuarto plano. Sin hablar de mi nula inspiración.
Lo que tiene la nula inspiración es que ahora me ha venido de golpe y espero que me sirva par escribir y publicar en breve, mínimo un capítulo más, porque tengo ideas e ideas.
Una de esas ideas es la que da nombre a este capítulo, al que le cambié el nombre terminando de escribir lo de la carta de Dumbledore a Severus. El guerrero solitario. Es el nuevo rol de Severus, tal y como lo interpreto yo del último libro o como lo veo yo. Alguien que ahora trabaja para sí. ¿Por qué ahora y no antes? Bueno, antes trabajaba con Dumbledore o para él. Su forma de actuar casi dependía de lo que dijera y lo que pensase Dumbledore sobre aquella guerra. Trabajaba de doble agente por él y la deuda que consciente o inconscientemente tenía Severus con él por haberlo sacado de los mortífagos cuando era joven y por haberle enseñado tanto. Ahora que no sigue vivo, Severus ya no se sentirá tan atado. Podrá moverse como quisiese y decidir única y exclusivamente por sí mismo. Seguirá trabajando de mortífago pero porque casi no le queda más remedio pero con su puesto de director, estará más libre de hacer trabajos sucios.
Sobre todo esto, lo trataré más adelante, por supuesto, porque hay más pero tampoco voy a ponerme a revelar cosas. Bastante tenéis con que tarde en publicar :P.
Y bueno, sólo me queda daros las gracias a todos por leer la historia, por tener tanta paciencia y por moletsaros en escribirme. Mil gracias.
¡¡Espero veros pronto!!
PD: A la chica que decía que iba a tirarme piedras a mi casa (y a quienes, por otra página me han dicho de que se "se iban a suicidar") decirles que eso no servirá para acelerar mi proceso de escritura, ni para que vuelva mi musa, ni nada. Me ayudaríais más si dentro de un mes, pegáis fuego a mi facultad :D. Igualmente, gracias por escribir aunque sean para estas decir estas cosas xD.
