Hola!

Como siempre muchísimas gracias a todos por comentar, por seguir o marcar favorito esta historia.

Os dejo con el nuevo capítulo. Para cualquier cosa dejádmelo en un comentario.

UN ABRAZO DE KOALA!


Al día siguiente Regina convocó una reunión con gran parte del pueblo para informarles que había una nueva Reina de Hielo escondida en el bosque, y también para explicar lo que les ocurriría, si accidentalmente o deliberadamente, les atacase y les atravesara un rayo de hielo en el corazón o cualquier parte del cuerpo.

Al terminar toda la charla de la reunión, gran parte de los presentes salieron de la sala de juntas de la alcaldía. Dejando en aquella sala Regina, Emma, Snow, David, Belle, Ruby, Elsa y Gold.

Todos ellos intentaban averiguar qué era lo que quería aquella persona y porque las atacó a Elsa, Emma y Regina.

Después de un par de horas hablado obteniendo teorías absurdas decidieron que los mejor sería investigar sobre ella, se repartieron las tareas y salieron de allí para tomar algo en Granny's.

Regina, Emma y los padres de esta andaban tranquilamente hasta el restaurante. Los padres de la rubia iban por delante de ellas, ajenos a la discusión y nervios que se cocinaba en la pareja que iba detrás de ellos.

Llegaron al restaurante, y rápidamente se sentaron en la mesa que había pegada al tocadiscos. Dejando a las dos parejas una enfrente de la otra, observándose mutuamente y fijándose que Emma quería empezar a hablar pero que no se atrevía. Ruby se acercaba a pedirles la nota de pedido.

-"Regina y yo estamos juntas"- soltó lo suficientemente alto para que todo el mundo del restaurante se callera y se oyese como el lápiz, que llevaba Ruby, caerse al suelo.

Regina abrió los ojos mirando a Emma, así no era como iban a sacar el tema, tenían que prepararles el terreno, no gritarlo en medio de un restaurante lleno. Pero fijo su mirada a sus ahora suegros y se sorprendió cuando Snow tenía una sonrisa en su boca, en cambio David tenía una cara de asombro.

-"Me alegro por vosotras."- dijo sinceramente la camarera, mientras recogía el lápiz que se le había caído y salió de allí haciendo que los demás clientes "volvieran" a sus conversaciones y comida.

Emma todavía no se había movido ni un músculo desde que anunció la noticia. Por una parte tenía miedo por la reacción de sus padres, pero después de que todo el restaurante oyese la noticia, sabía que Regina estaría enfadada con ella, porque así no tenía que haber sido. Pero una voz la sacó de sus pensamientos.

-"Me alegra que seas feliz, Regina. No veía tanta felicidad y amor en tus ojos desde… que era una niña"- terminó la frase Mary Margaret agarrando dulcemente la mano de Regina.

-"¿Esto no será porque te despertó con un beso?"- preguntó David haciendo que la pareja negasen con la cabeza. El suspiró y miró fijamente a Regina. –"si le haces daño, te mataré y me dará igual perder con ello a Henry."- amenazó.

Regina sin decir nada en absoluto asintió con la cabeza, dándole a entender que había entendido todo lo que quería decir con aquella amenaza, y sabiendo que la cumpliría.

Poco a poco Emma se fue relajando, hasta que terminaron de almorzar. Los cuatro salieron de Granny's, pero se separaron al llegar a la calle. David acompañó a Snow hasta el colegio, mientras que Emma y Regina caminaban sin rumbo.

-"Ha salido bien"- intentó decir Emma al ver que Regina no había abierto la boca.

-"Así no tenías que haberlo dicho"- soltó la morena.

-"Lo sé, me salió así... No quería tampoco que medio pueblo se enterara"

-"Lo hecho, hecho está. Y no podemos cambiarlo, solo vamos a tener que esperar como sigue la cosa."- suspiró cansadamente la reina.

Emma miró a Regina durante unos segundos y se paró en seco en mitad de la acera.

-"¿No estas feliz de que todo el mundo lo sepa?"- preguntó la rubia, haciendo que Regina se parase para mirarla.

-"¿Qué?"- pregunto la morena confusa. –"Claro que soy feliz, solo esperaba que fuéramos más lento, no que lo gritaras en medio de Granny's."- aclaró Regina acercándose a la rubia cogiéndole de las manos. –"Soy muy feliz Emma, hasta tu madre se dio cuenta y es decir mucho"- sonrió maliciosamente, haciendo que Emma sonriese.

-"Tú también me haces feliz"- correspondió Emma acercándose a los labios de Regina para depositar un suave beso. Al separarse la miro a los ojos – "Nuestro primer beso en la calle… vacía pero una calle. Paso a paso". Regina se rio por el comentario de la sheriff.

Después de una largo paseo por la playa, decidieron ir al bosque aunque estuviese anocheciendo, también era mejor así, no habría nadie del pueblo a esas horas y podrían caminar cogidas de las manos sin que nadie pusiese caras raras. Y también por buscar a Ingrid.

Mientras caminaban por el bosque, no paraban de bromear o de hablar de la que Regina se había perdido durante ese año que estuvieron Emma y Henry solos en Nueva York.

-Me encanta tu sonrisa ¿Te lo había dicho alguna vez?- confesó Emma mientras se acercaba a la morena para besar sus labios una vez más, pero un frío recorrió la espalda de la rubia, haciendo que se separase de Regina para saber que había sido lo que le había provocado tanto frío.

Al girarse, se encontró con la otra Reina del Hielo y su cara de asombro.

-"¡Tú!"- señalo a Regina. – "¡Deberías estar congelada o muerta!"

-"Lastima que no saliera como planeaste"- gruñó Emma.

-"No lo entiendo"- dijo perdida Ingrid.- "Como es posible que te descongelaras, una vez que te congelas, mueres o te haces añicos."- siguió la rubia todavía confusa.

Emma y Regina se miraron confusas, para después mirar a la reina que de sus ojos empezaban a salir lágrimas.

-"Se puede salvar."- empezó Emma, haciendo que Ingrid la mirase rápidamente- "con un acto de amor verdadero."

-"Pude salvar a mi hermana."- se derrumbó en el frío suelo del bosque.

Emma se acercó lentamente seguida de Regina, hasta que llegaron hasta Ingrid, para llevarla hasta casa de los padres de Emma, para explicar todo lo que estaba ocurriendo.

Mientras que la pareja llevaba a Ingrid al apartamento, Elsa decidió ir hasta la playa, para así, con un deseo, recuperar a su hermana. Con el deseo cumplido, una gran caja apareció enfrente de ella escupida por el mar. La rubia se acercó rápidamente y abrió la caja haciendo que dos cabezas salieran para buscar aire.

-"¡Anna!"- gritó medio llorando Elsa.

-"¿Elsa?"

Anna salió torpemente de la caja para poder abrazar a su hermana. Lo que ninguna se dio cuenta, fue que en las muñecas de las 3 rubias aparecía un bonito lazo amarillo. Librándose así de la maldición que se acercaba al pueblo.