Capítulo 5 –Charla Con Amigos-

"Mis sentido se calmaban, mi mente se enfriaba, mi corazón dejaba de sentir, mi alma descansaba, pensé que la pesadilla terminaba pero tan solo dormía."

A los días siguientes de la primera misión juntos las cosas no mejoraron y Ginny agradeció el hecho de que ese era su día libre e iría de compras con Hermione. Se vistió con unos capri de jean anchos, una remera de algodón color celeste, sandalias bajas y cómodas, sabía que su cuñada la haría caminar por todo Londres, y se maquilló para intentar disimular que la noche anterior había llorado. Al bajar fue directo a la cocina donde la esperaba un Harry medio dormido despeinado y con una incipiente barba. No se molestó en saludarlo seguía ofendida.

-Hola- la saludó él - ¿Sales?

-Sí- contestó ella mientras se refugiaba atrás de El Profeta.

-Entonces me cambio y te acompaño.

-No voy con Hermione –sorbió un poco de café- hoy es nuestro día libre- cerró el diario- Además ya me voy.- Dicho esto se incorporó y se dirigió a la puerta.

-Espera, necesito que le lleves algo a Ron ya bajo- y no le dio tiempo a replicar porque Harry ya había desaparecido por las escaleras. Y cuando volvió a aparecer ya estaba cambiado pero sin afeitar, le había mentido.

-Algo para Ron, eh- dijo ella en tono de reproche.

-Lo siento no quise mentirte.

-No sería la primera vez – replicó sarcástica lo suficientemente alto para que el la escuchara, ninguno de los dos volvió a hablarse.

Cuando llegaron a lo de Ron y Hermione estos los recibieron muy afectuosamente. La castaña se disculpó y fue a buscar unas cosas. Ginny mientras tanto se sentó en uno de los sillones y Harry en el otro extremo, Ron percibiendo la tensión en el ambiente intentó entablar una conversación.

-¿Te has instalado bien pequeña?

-Sí

-Me enteré de la misión de ayer ¿fue tu primera misión de rango B no es cierto?

-Sí

Ron viendo que su hermana no cooperaba intentó con el moreno- ¿Encontraste lo que buscabas Harry?

-Si- contestó tan parco como Ginny.

-¿Juegas ajedrez mágico?- invitó el dueño de casa a su amigo, cansado de las respuestas monosilábicas de ambos.

-Bueno, voy por las piezas - se ofreció él para escapar de la habitación.

Cuando Harry abandonó el recinto entró Hermione con un bolso de mano y una lista que parecía una de sus redacciones para Binns. La pelirroja temió lo peor.

-Estoy lista Ginny ¿vamos?

-Sí- y se paró siguiendo a su cuñada que ya se había encaminado hacia la puerta cuando la voz de su hermano la detuvo.

-No saludas. - protesto Ron.

-Lo siento amor- se disculpó Hermione al tiempo que volvía al lado de su esposo y le daba un pequeño beso en los labios pero él, poco conforme con el saludo, la tomó de la cintura y la sentó sobre su falda profundizando el beso. Ginny no se sintió nunca más incómoda y optó por ponerse a contar los hilos de la alfombra a sus pies. Hasta que sintió una voz en su espalda que la hizo dar un respingo.

-Basta ya tórtolos – la pequeña Weasley giró y quedó cara a cara con Harry lo que la hizo tropezar con la pequeña alfombra y él sin pensarlo la tomó de la cintura quedando sus caras peligrosamente cerca la una de la otra. El tiempo se congeló y Harry comenzó lentamente a acercarse a ella con claras intenciones de besarla.

-¿Harry que se supones que haces? – tartamudeó Ginny cuando recuperó el don del habla el oji verde pareció entender lo que estuvo a punto de hacer porque se alejó varios pasos de ella. Por suerte para ellos, Ron y Hermione seguían en su mundo y no se dieron cuenta.

-Herms- chilló Ginny con una voz una octava más aguda de los normal- Basta o no vamos nada.- La castaña se sobresaltó y muy abochornada pidió disculpas mientras que su hermano murmuró algo, seguramente no muy halagador para su hermana, y se dedicó a acomodar las piezas que Harry le había dejado en la mesa del café frente a él.

-Ahora si adiós – dijeron al unísono las dos mujeres.

En el viaje rumbo al Londres mágico la castaña no habló ni una palabra, esto a Ginny le asustó un poco ya que se jugaba a que su amiga la bombardearía a preguntas acerca de la convivencia con Harry, pero esta no hizo ningún comentario. Cuando llegaron en frente del Caldero Chorreante Hermione detuvo su coche ya que por el embarazo no podía desaparecerse, ni usar la red flu y mucho menos tomar el autobús noctámbulo.

-Hola Tom- saludó la castaña al dueño- El viaje me dejó un poco fatigada nos podrías dar un lugar tranquilo hasta que me reponga. Para tomar te pediré para mí un té de manzanilla y una botella de cerveza de manteca para mi cuñada.

El hombre muy amablemente las condujo hacía un pequeño cuartito con una chimenea que por la época estaba apagada, dos cómodos sillones y una mesita ratona en el centro. El camarero hizo una floritura con su varíta mágica depositando el pedido en la mesa y desapareció por la puerta. La castaña se sentó en uno de los butacones de la pieza y miró fijamente a su cuñada.

-Habla - Ordenó Hermione

-¿Qué quieres decir Herms? - dijo Ginny con la expresión de no haber roto un plato en su vida.

-Ginevra Molly Weasly vi lo que sucedió o lo que estuvo a punto de, así que habla.-Resopló y se acomodó un mechón rebelde tras la oreja.- Te tuve paciencia cuatro años te vi llorar, enojarte, maldecirlo, insultarlo y defenderlo todo al mismo tiempo en algunas ocasiones. Y creo que me merezco saber qué es lo que pasó entre ustedes para que hoy estén así.

-No puedo contigo ¿no?- la castaña asintió con un movimiento de cabeza.- Bueno creo que debería comenzar por el principio de todo, o sea, cuando Bill y Fleur se casaron.

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Era de noche y se había levantado una agradable brisa. La figura de una jovencita de unos quince años, casi dieciséis, se distinguía del resto de los presentes por su hermosa melena pelirroja, recogida en un elegante rodete. Vestía un hermoso vestido dorado al cuerpo que dejaba su espalda al descubierto y que parecía brillar cuando se movía. Al oír la música del balls supo que, como dama de honor que era, debía de bailar con el novio, como parte de la tradición, así que con muy pocos ánimos se dirigió a la pista de baile para tomar el lugar de su madre que en ese momento bailaba con Bill. Los novios se veían extremadamente felices, Bill estaba radiante y, aunque ella estuviese feliz por ello, no podía dejar de sentir cierta nostalgia al ver bailar a cierto moreno de ojos verdes con Hermione la mejor amiga de ambos y reciente novia de su otro hermano Ron. Sacándola de sus pensamientos Ron la tomó de la mano y la arrastró a la pista de baile ya que se había quedado parada en el medio cuando Bill fue a bailar con su tía Muriel. Dieron un par de vueltas y en un segundo ella, no supo cómo, terminó en los brazos de Harry, ambos bailaron como si apenas se conociesen y eso le dolió a Ginny más que una tortura, pero cuando por fin se separaron notó que Harry le había dejado un pequeño trozo de pergamino en su mano, lo abrió y con el corazón en una mano lo leyó "Te espero en quince minutos a orillas del lago". Decía la nota.

Cuando se hizo la hora estipulada se despidió de su madre alegando dolor de cabeza y se retiró a su habitación. Una vez ahí se quitó el vestido y bajó sigilosamente por la ventana y corrió hasta el lago que se encontraba en los límites del terreno de la Madriguera. Cuando llegó su respiración se encontraba agitada, mitad nervios mitad a causa de la corrida, pero allí no había nadie. Se sentó a la orilla del lago y se descalzó sumergiendo sus pies en el agua, pronto sintió como era tapada por una capa y reconoció el aroma enseguida.

-Harry- susurró.

-Ginny- contestó la voz detrás de ella- Puedes verme- Ella giró su rostro y le sonrió- Párate vamos a caminar debes ir delante mío porque sino la capa no nos cubrirá.

Caminaron por un rato hasta que llegaron a una destartalada casa del árbol a la que subieron y en la cual por fin pudieron deshacerse de la capa de invisibilidad. Harry movía las manos nerviosamente y Ginny tiritaba.

-Tienes frío- preguntó él.

-Un poco- confesó ella ya que no había agarrado ningún abrigo y antes que se diera cuenta el la estaba abrazando por la espalada.

-¿Mejor?- la pelirroja asintió levemente- Gin no sabes cómo lamento todo esto, es un error tu no deberías estar aquí.

-No lo creo tu pediste que viniera y aquí estoy- le dijo mirándolo fijo- Que querías.

Harry no lo pudo resistir y la besó como aquella magnífica noche en la sala común. Tomó su pequeña cara entre sus manos pero paró de pronto cundo sintió humedad en su cara. Ella estaba llorando y ella rara vez lloraba.

-Yo lo siento- se disculpó bajando la mirada- Esto no debería ser así. Todo esto es un error, no es que lo lamente pero debería hacerlo.

-¿Quieres que me valla?-preguntó la pelirroja separándose unos pasos.

-Lo que quiero y lo que es lo correcto son dos cosas muy distintas Gin.

-Entonces quieres que me quede.

-Pero no está bien.

-Sí quelo está y pase lo que pase estaré contigo- Harry se sintió reconfortado al oír estas palabras pero pronto negó con la cabeza.

-Tú no puedes, es peligroso si yo te perdiera no se…- se enterró la cara entre sus manos y la pelirroja se arrodilló frente a él abrazándolo y masajeándole cariñosamente el cabello. De golpe Harry se sintió invencible como si nada ni nadie pudiese vencerlo era una sensación extraña pero a la vez muy cálida, como si se hubiese tomado litros de Felix Felices. Entonces lo entendió el poder del que le hablaba Dumbledore, aquel que le permitiría seguir vivo…

-Te amo Ginny

-Y te amo a ti Harry- y lo besó. Él la abrazó como si su vida se fuera en ello y por un instante dejó de pensar en el peligro que corrían, en su misión, en los horrocruxes en Voldemort, en todo. Lentamente acarició su espalda con ternura infinita mientras le besaba el cuello y ella comenzó a desabrocharle la túnica de gala. Poco a poco la ropa fue quedando esparcida por el suelo de la ruinosa casa del árbol

En un instante e lucidez entre tanta pasión Harry intentó detenerse pero la seguridad que vio reflejada en aquellos hermosos ojos avellana pudo más que su cordura. Ella estaba tensa y él se sintió muy torpe ya que nunca había tenido a nadie que le explicara estas cosas pero cuando escucho pequeños gemidos provenientes de Ginny y tuvo más seguridad en lo que hacía. Cuando ambos llegaron al clímax tenían una boba sonrisa en sus caras y yacían acostados sobre la capa de invisibilidad de Harry tratando de serenar sus respiraciones. Mientras él le acariciaba el pelo dulcemente y ella delineaba el contorno de su pecho con un dedo provocándole cosquillas.

-Gin, Ginny debemos volver.

-¿Seguro?- preguntó ella al tiempo que se acomodaba más en su pecho, él rió y no recordaba haberse sentido tan feliz en su vida.

-Si- lentamente y en silencio se vistieron y cuando estuvieron listos se besaron por última vez. Ginny tomó la palabra.

-Cuando tenga que conjurar un Patronus pensaré en esto.

-Yo también- la miró y la tomó de las manos- Volveré y seremos una pareja normal sin complicaciones te lo prometo- ella le sonrió y juntos bajaron de la casa del árbol.- Hasta entonces quiero que conserves esto- y le tendió un espejo.

-¿Qué es esto?- preguntó mirando aquel objeto.

-Un espejo comunicador, era de mi padre, lo usaba con Sirius cuando tenían castigos por separado. Creo que ya no funciona no se en donde está la otra parte aunque supongo que Sirius…

-Gracias Harry- y lo besó por última vez.

Fin FB

-Luego de eso vino la batalla en los terrenos de Hogwarts donde Voldemort murió y nunca más volvimos a cruzar más de un saludo- los ojos de la pelirroja estaban fijos en algún punto de la pared al tiempo que la castaña se secaba los ojos con un pañuelo.- Sabes lo que pasó cuando Harry me sacó de allí.

-No solo salió contigo en brazos y conjuró un transportador y te dejó en St. Mungo.- Hermione le escrutó con la mirada- Me dirías que pasó ahí dentro…

-No, hoy no, no recuerdo mucho de cualquier forma. Además fue demasiado por hoy, estos años de no tratarlo me hicieron pensar que no lo amaba más y luego- suspiró- vuelve todo a mí, creo que no lo resistiré. Es como si despertara de una pesadilla para darme cuenta que la realidad es aún peor.

-Te entiendo- consultó su reloj- Te parece si almorzamos y luego vamos de compras.

-De acuerdo.

Mientras esto sucedía, Harry y Ron jugaban silenciosamente al ajedrez mágico, cuando notaron la hora el moreno se ofreció a cocinar. Comieron en silencio era como esos momentos luego de la muerte de Sirius en los cuales no necesitaban palabras para expresar lo que ambos pensaban. Luego con un fregotero lavaron los cacharros y fueron de nuevo a jugar a la sala, esta vez Snap explosivo.

-Hablarás o seguirás fingiendo- atacó Ron de golpe pero manteniendo un sereno tono de voz, Harry lo miró a los ojos- Y no digas que no pasa nada porque sabes que no es cierto y …- su amigo de golpe se puso serio- sé lo que pasó en la boda de Bill.

Harry se puso blanco y sintió que el alma le cayó a los pies, nunca había sentido tanto miedo y eso que estuvo frente a Voldemort, instintivamente trató de buscar su varita pero no la encontró y se dio cuenta que su amigo, de alguna forma, la tenía en su poder. Era hombre muerto.

-Ron yo…

-¿La amas?- el pelirrojo se había parado y perecía muchos metros más alto que Harry, no solo un par de centímetros- Contesta ¿la amas o por lo menos lo hacías en ese momento?

-Yo…-tragó fuerte y miró directamente a los ojos azules de su amigo- Claro que le amo- y cerró los ojos.

-Bien- oyó que dijo Ron y lentamente abrió los ojos- Eso simplifica las cosas.

-Que quieres…

-Ahora contéstame ¿por qué te lastimas y la lastimas a ella con cuatro años de indiferencia?

-Ron…

-La guerra terminó y – Ron frenó a su amigo que iba a acotar algo- si bien ahora estamos entrando en una tercera guerra creo que tienes el derecho de ser feliz y ella también.

-Pero ¿y si le pasa algo?- Harry cubrió su cara con sus manos- Si algo le pasara yo… no lo resistiría lo sabes bien.

-Si Harry lo sé pero recuerdas lo que te dije sobre Ginny luego del entierro de Dumbledore- el moreno asintió- entonces no es necesario que lo repita. Además Harry no puedes huir del amor y lo que les está pasando ahora es una prueba más que evidente.

Harry iba a responderle pero en ese momento escucharon unos ruidos en la puerta y apareciendo por ella Ginny y Hermione cargando una enormidad de bolsas Harry miró a la pelirroja pero ella enseguida le desvió la mirada, el monstruito de su pecho se sentó a llorar en un rincón. Luego de ver la infinidad de cosas que la castaña había comprado, prepararon unas pizzas y se sentaron a comer y a charlar muy animadamente. Mientras, Harry y Ron, para no romper la costumbre jugaron ajedrez.

-Muchachos- susurró Hermione- Creo que Harry debería irse con Ginny- entonces él la vio, acurrucada en una esquina del sillón, Ginny se había quedado dormida plácidamente. Un mechón de su pelo se movía al compas de su respiración, se veía increíblemente hermosa y de no haber estado sus amigos presentes seguro que la hubiese despertado a besos. Delicadamente la levantó en brazos saludó a sus amigos y se desapareció.

Cuando llegó a Gridmaund Place subió las escaleras lentamente entró a la habitación de Ginny y la depositó en su cama pero cuando quiso irse a su cuarto una pequeña mano pelirroja lo detuvo, ella seguía dormida pero murmuraba algo:

-No Tom, no quiero… el no…

Harry supo que todas estas semanas de tensión seguramente le estaban haciendo revivir a Ginny el horror de ser poseía por Voldemort. De golpe ella empezó a llorar y a sacudirse en sueños y él, instintivamente, la abrazo haciendo que la pequeña pelirroja despertase.

-Tranquila solo fue un sueño- susurró él tocándole su cabello.

-Harry fue horrible- ahora sollozaba sobre su pecho- El me pedía que te mate fue… fue…

-Shh, tranquila ya pasó, trata de dormir.

-Quédate hasta que me duerma- lo miró con los ojos cubiertos e lágrimas y él no pudo decir que no.

-Claro- Esa sería una noche muy larga.