Capítulo 9 –Revelaciones-

"Entre tu y yo se levanta un muro de Berlín, hecho de horas desiertas, de añoranzazas fugaces" M. Benedeti

Los días previos a la reunión secreta no fueron los mejores de la vida de Ginny. La tensión se le acumulaba en su adolorida espala y la nueva responsabilidad asignada por el ministerio de preparar a los recién egresados hacían estragos en el cuerpo de la pelirroja. Así fue como la encontró su amiga, masajeándose las sienes en un intento de que aquél molesto dolor de cabeza desapareciera, cosa que por experiencia sabía que no iba a pasar.

-Hola- la saludó Hermione que entraba con una humeante taza de café en las manos- Toma.

-Merlín te bendiga Herms, eres una santa.

La castaña rió ante la ocurrencia- Es solo café, mírame- dijo parándose frente a ella.- Mmmm, te voy a tapar esas ojeras porque te confundirán con un Inferi.

-No exageres- Hermione le tendió su espejo de bolsillo- Madre mía, soy un bicho, sálvame OH divina cuñada.

-Ya boba- le dio una palmada amistosa en la cabeza- Has adelgazado.

-Tres quilos.

-Ginny, si estabas bien con tu peso. - La miró detenidamente al tiempo que acomodaba su maquillaje en el escritorio de la pelirroja - Dime, ¿sucede algo? - preguntó mientras le aplicaba corrector de ojeras - ¿es Harry?

-No estoy bien -dijo ella tomando un sorbo de café - No te preocupes solo es un poco de trabajo de más.

- Ginny, ¿qué te está pasando? Preguntó Hermione con cara de afligida. – Y no me vengas con la escusa barata del trabajo.

- Nos besamos – suspiró Ginny – Dos veces y la segunda vez casi terminamos haciéndolo – la mano de Hermione se paralizó dos segundos mientras aplicaba la sombra y luego siguió con su trabajo – Di algo

- Que quieres que te diga, si ya sabes la respuesta, ¿no? – contestó su cuñada muy seria al tiempo mientras cerraba el estuche de maquillaje y se sentaba en la silla frente a ella. Ginny la miró expectante.

- Tienes que parar esto. Yo sé lo que sientes y sé lo que siente el por ti – Paró para tomar un sorbo de agua – Pero él no quiere un relación contigo – levantó la mano para que Ginny no dijera nada – Se que te ama pero no quiere arriesgarse… Debes preservarte tu – Hermione se levantó.

– Sabes que estoy aquí para ti, ¿no?- dijo la castaña - Aunque deberías dormir y comer más porque si sigues así te quedará feo el vestido, te comprarás el negro de la tienda de Madame Malking ¿no?

-Si, según mis proyecciones lo tendré para mediados de octubre.

-¿No era que a fin de mes juntabas todo el dinero? -Hermione la miró ceñuda.

-Si pero debía gastarlo en ropa- su cuñada acentuó más su ceño- No me mires así si no me compraba jeans hacía meses y cuando tuviera que volver a ir al Londres Muggle me darían limosna- Ginny no le iba a decir a su cuñada que en realidad se había gastado parte de sus ahorros para comprarle ropa a Marlene –Ahora dime ¿cómo harás tú con el pequeño Ronald?

-Supongo que tendré que elegirle la ropa incluidos los zapatos, las medias y calzoncillos.

- Respondió ella revoleando los ojos - Ya sabes tu hermano es tan despistado.

-Herms no te preguntaba por el Ron no-se-como-vestirme Weasly. - Suspiró ella - Sino que me preguntaba como harías tu con tu panza ya tendrás…

-Cinco meses aproximadamente, estaré gordita – dijo sonriendo ampliamente- Pero el otro día tu hermano insistió en ir a una casa para futuras mamás y ahí vi un vestido muy elegante en un color perla exquisito, supongo que me compraré eso. Porque la túnica de gala que use en cuarto año ya no me queda. - Terminó y ambas se echaron a reír por semejante ocurrencia.

-Bueno Ginny me voy debo seguir haciendo papeleo.- y se retiró tarareando una canción muggle.

Mientras esto ocurría la pelirroja no se dio por enterada que un par de ojos verdes vigilaban cada movimiento suyo. Así era Harry no podía quitarse aquellos besos de la cabeza, fue como volver a vivir por unos pocos segundos. Por eso aquello no podía volver a pasar. Suspiró y se volvió a zambullir en los informes que Hermione le había dejado esa mañana. Deseo no estar ahí sino en una isla caribeña abrazado a Ginny sin psicópatas tras sus pasos, encontrar al fin un poco de paz.

Todo el mundo, incluso el mismo, pensó que luego de Voldemort todo sería perfecto pero no había sido así, al menos en parte, ya que todavía quedaban muchos mortífagos sueltos como Crabe y Goyle mientras que Malfoy y Zabini habían sido absueltos. Se desordenó el cabello con la mano y trató de no pensar. Volvió a suspirar y trató de volverse a concentrar en los dichosos informes.

-Deja de desnudarla con la vista - susurró una voz a su espalda.

-Hermione- la vio entre asustado y perplejo. Parpadeó un par de veces.- Yo... No hacía eso solo pensaba en lo que habías escrito en estos informes.

-Sí, seguro - Indicó ella haciendo sus ojos hacia atrás mientras el moreno volvía a mirar a la pelirroja - Eres idiota - insistió ella con una gran sonrisa al tiempo que golpeaba suavemente su nuca - Y deja de mirarla, la gastarás, habla con ella, dile lo que sientes, explícale que es lo que sucede, sean felices y déjense de joder.

-Hermione- le reprochó él.

-¿Qué?- se encogió de hombros- Solo digo lo que salta a la vista, tú la amas, por los pantalones de Merlín que no es tan complicado admitir eso.

-A ti no puedo mentirte, hermanita. - Exteriorizó él sonriendo.

-Bueno hermanito entonces ve y díselo a ella y no a mí.

-Es complicado.

-El amor no es complicado Harry somos las personas las que lo hacemos parecer más complicado y confuso de lo que realmente es.

-Lo dice la persona que estuvo enamorada seis años de su mejor amigo y nunca se lo dijo.

-Perdí seis años tu solo perdiste –se puso a sacar cuentas- años más años menos lo mismo. Todavía estas a tiempo.- Harry suspiró.

- Mira Herms, te quiero pero tú sabes lo complicado que es esto… Trata de no involucrarte ¿está bien? – Harry se giró rápidamente para mirarla en cuanto su mano golpeo su nuca – Hey ¿qué diablos te pasa Hermione?

- Realmente eres un idiota a veces ¿no? – Suspiró – Lo que quiero decirte es que si no estás dispuesto a correr el riesgo déjala en paz, no la beses y después la desprecies – Harry la miró asombrado - Bueno me voy, eso sí gran buscador no dejes que se te escape la snitch dorada - dicho esto la castaña desapareció.

Los días pasaron con una lentitud casi agónica para la pelirroja pero por fin el sábado de la reunión pro sangre pura, como ella la llamaba en su fuero interno, había llegado. No quería admitírselo pero se encontraba realmente muy nerviosa, el día anterior casi no pudo concentrarse en su trabajo lo que le valió un regaño de Kingsley. Pero no todo fue tan malo, gracias a Merlín, dos horas antes que Ginny se tuviera que ir Harry, le avisó que saldría con unos amigos y desapareció frente a sus narices, ella no pudo estar más feliz ya que sinceramente no tenía el nervio para soportar a un Harry malhumorado e histérico.

Se metió en la ducha con el agua muy caliente e intentó relajarse pero por más que quería la imagen de Malfoy le venía a la mente. Fastidiada por no haber podido tranquilizarse se envolvió en la bata y frente a un espejo se transfiguró el pelo y los ojos ya que, por las dudas, iba a llevar ropas reales. Antes de salir revisó su aspecto en gran espejo del baño: vestía unas botas de cuero negras, mini del mismo color y una camisa bastante escotada color violeta. Iba maquillada al estilo Pansy, o sea, mucho rubor mucho labial, en síntesis mucho de todo. Se colocó un tapado que le llegaba hasta los pies y salió del número doce de Grimmauld Place.

Al llegar encontró a Zabini esperándola en la puerta del local de Pansy, él muy educadamente, le abrió la puerta de su auto Cabriolet Coupe negro y se pusieron en marcha. Durante el recorrido charlaron sobre infinidad de temas eso si todos relacionados con él. Que si yo esto decía, si yo hubiese estado ahí, y un largo y tedioso etcétera. Cuando Ginny creyó que moriría del aburrimiento su acompañante le pidió que abriera el pequeño compartimiento frente a ella, sacara el pañuelo de seda negra que había ahí y se vendara los ojos. A los diez minutos que el auto se detenía Blaise la ayudaba torpemente a bajarse del auto.

Cuando la pelirroja fue autorizada a sacarse la venda de los ojos tuvo que parpadear varias veces para acostumbrarse a la penumbra y sobre todo al humo del lugar. Por un segundo se sintió en alguna de aquellas discotecas muggle que solía frecuentar unos dos años atrás cuando era la novia de Dean. De golpe, una luz cegadora blanca la dejó contando puntitos, Zabini emitió una pequeña tos tratando de disimular su risa, a ella no le importó. Anduvieron un rato y ella fue presentada ante muchos desconocidos, como a la media hora el muchacho le dijo que debía charlar con alguien en privado. Ginny casi bailó de la alegría al verse libre de la compañía de aquel ser tan creído y molesto.

Merodeó un rato sola para ver si podía ver a alguien conocido pero solo logró reconocer a dos ex compañeras suyas de Hogwarts, que iban a Slytherin, y otros dos chicos que creía que habían ido al colegio un par de años antes que ella también pertenecientes a la casa de las serpientes. La escasa iluminación no ayudaba a la pelirroja en su tarea pero casi milagrosamente logró reconocer a alguien que había visto hace muy poco tiempo y no en las mejores condiciones.

Malfoy estaba de pie a escasos cinco metros de ella, se frotaba las manos con un deje de impaciencia y miraba hacia todos lados esperando por alguien. Ginny se acercó lentamente fingiría chocar con él para luego entablar una conversación. Cuatro metros, tres, dos, uno, cuando estuvo a punto de chocarlo alguien la aparto de su camino llevándose al rubio a rastras dejándola maldiciendo por lo bajo. Pero no todo estuvo perdido ya que logró distinguir la voz de una mujer que sabía que había escuchado en algún lado.

Un poco resignada mientras machacaba su cabeza intentando recordar aquella voz que a ella le resultaba tan conocida caminó sin dirección por el lugar. Tan ensimismada estaba que tropezó con un par de piernas, ella, bastante apenada, levantó la vista para pedir las respectivas disculpas. Fue cuando lo vio y tuvo que hacer acopio de todo su profesionalismo para no hacer algo estúpido como golpearlo o maldecirlo en ese mismo instante.

Sentado con sus piernas abiertas, en una de las cuales se hallaba sentada una pulposa rubia, con pantalones de vestir negro, cigarrillo en la boca, un whisky de fuego en la mano y una camisa verde completamente abierta Harry Potter o Dan era acariciado sensualmente por Pansy Parkinson y la antedicha rubia. Ginny murmuró un lo siento y salió de ahí.

Cuando Harry vio a la muchacha de pie en frente suyo, estática y blanca como una hoja, pensó que se desmayaría pero nuevamente se sorprendió por el talento y temple de la joven quien se disculpó y salió elegantemente de su campo de visión. El moreno como pudo se deshizo de sus acompañantes pretextando que necesitaba ir a los servicios y pese a las insistencias de ellas en acompañarlo se las arregló para ir solo.

Ginny después de aquella escena se sentía como alcanzada por un millón de hechizos aturdidores, sus piernas temblorosas se movían más por inercia que por la voluntad de ella.

Se sentó en la barra y pidió un whisky de fuego que tomó de un solo trago. Sintió como aquella bebida le quemaba todo el interior y no podía entender como Harry lo bebía como agua y no vomitaba. Pidió que le sirvieran otra vez. A su alrededor todo era silencio, obviamente había ruido, pero ella no llegaba a escuchar lo que las personas que la rodeaban decían era como estar en un sueño surrealista en donde uno ve todo como si no estuviese ahí.

Pronto sintió como el sonido volvía con toda intensidad como si le quitaran al mute a aquel extraño aparato muggle que su cuñada tenía en la sala. Todo pasó muy rápido en un segundo estaba por beberse un segundo vaso de lo que ella consideraba una horripilante bebida y al otro se encontraba cuerpo a tierra encima de alguien que la había salvado de que un hechizo le diera en pleno pecho. Cuando intentó zafarse del agarre de aquél desconocido esta persona la sujetó aún más fuerte.

-Ginny soy yo- susurró el extraño personaje.

-¿Harry?- preguntó, mientras ambos se sentaban contra la barra tratando de ponerse al reparo de los haces de luz que pasaban cerca. Harry la volvió a tomar de los hombros y fueron a parar otra vez contra el piso.

-Si soy yo- olió un poco el aire cerca de la boca de Ginny- ¿Has estado bebiendo?

-Si ¡Qué mierda te importa!- contestó- ¿qué sucede?

-Una redada del ministerio.

-OH no – dijo preocupada- Esto no puede ser bueno.

-Y no lo es, debes irte es peligroso y muy perjudicial para la investigación que estas llevando a cabo para la orden. - Susurró él.

-No Harry o nos vamos juntos o nos quedamos juntos pero yo no me iré de aquí sin ti.

-No discutas- murmuró algo que ella no llegó a escuchar- Ten esto. Ginny cuídate. - Y la besó.

-Pero que…

Pero la frase quedó a la mitad por que en ese instante sintió como un gancho la jalaba hacía arriba por la cintura y dos segundos después se encontraba en la puerta de emergencia de la bulliciosa estación King Cross.

Alumbrada por los faros de la calle y los carteles de neón de las tiendas cercanas, la pequeña pelirroja vio aquel objeto que todavía tenía apretado en su pequeña mano. Lo que había sido una pata de una mesa o una silla, Harry lo había convertido en un trasladador. Ginny no supo cuanto tiempo estuvo ahí parada sola en medio de una noche que amenazaba con una tormenta contemplando aquel inútil, en ese momento, pedazo de madera. Tenía ganas de aventarlo bien lejos, de arrodillarse y llorar, de patalear, de romper preferentemente, la cara de Harry. Pero se quedo quieta muy quieta por que quizás se hallaba en una pesadilla y como tal si no se movía pronto despertaría en su cómoda cama. Ya que, como parte de su cerebro decía, aquello no podía estar pasando, no de nuevo.

Pronto el frío se hizo aún más presente en la noche londinense erizando la piel de la solitaria pelirroja, pero ella seguí inmóvil penetrando con la mirada aquel trozo de madera que la había apartado una vez más de la persona que amaba. No se dio cuenta cuando pero comenzó a llover primero unas simples gotas que parecían rocío y luego de unos minutos se desató un tremendo temporal que empapó a la muchacha de pies a cabeza como si se hubiese metido en la ducha vestida. Quizás fue el viento o el frío o la lluvia o una conjunción de las tres cosas lo que hizo a Ginny reaccionar quién con pasos tambaleantes e inciertos comenzó a recorrer las veinte cuadras que separaban la famosa estación de trenes del número doce de Grimmauld Place. No consideró la opción de aparecerse ni de quedarse en el Caldero Chorreante a escasos metros de donde estaba. Ella solo se movía, pensar resultaba extenuante y doloroso.

La lluvia aumentó a un más su intensidad pero ella no modificó el lento ritmo de su marcha. Cuando llegó a su destino se encontraba helada hasta los huesos y completamente mojada. Al abrir la puerta de la vieja casona todo era oscuridad.

Sus pasos retumbaron en la silenciosa sala, ella avanzó en la oscuridad solo guiada por los relámpagos que resplandecían en el exterior. Cuando llegó a la cocina tomó de un estante un vaso y del aparador una botella de Whisky de fuego. Vivir con Harry la estaba haciendo beber más de la cuenta quizás lo siguiente sería que comenzaría a fumar. Sacudió la cabeza y miró el reloj las dos de la mañana y quince minutos. Tomó de un golpe el vaso que se había servido y se sirvió de nuevo. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que había salido de aquel antro? No lo sabía, ¿cómo estaba Harry? Tampoco lo sabía. Bebió de nuevo y aquel repúgnate líquido le volvió a escocer en el estómago vacío, tomó otro sorbo.

-¿No me convidas?- dijo una voz a sus espaldas.

Ella giró abruptamente y del susto tiró el vaso.

Harry hizo un par de movimientos con su varita y todo quedó limpio y el vaso arreglado.

Ginny lo miraba como si el mismísimo Voldemort hubiese resurgido de la tumba y la estuviese invitando a cenar. Pronto todo comenzó a dar vueltas y un sabor amargo subió desde su estómago hasta su boca y con toda la dignidad y entereza que pudo reunir le contestó.

-Tu haz lo que quieras yo debo ir a vomitar.