Capítulo 12 -… y otros demonios-
But, how can that bePero como puede ser
Look what love gave usMira lo que el amor nos dio.
Septiembre y octubre pasaron tan rápido como un suspiro o al menos así lo sintió Ginny que no recordaba haber sido tan feliz. Si bien su relación con Harry la habían mantenido oculta (cosa que le molestaba pero aceptaba) estaba feliz. Y eso se notaba. Muchas veces su madre le había preguntado el por qué de tanta alegría en tiempos tan oscuros pero ella le contestaba con evasivas, aunque más peligrosa que Molly Weasly, su cuñada Hermione le tiraba indirectas todo el tiempo a ver si ella caía. La pelirroja estaba no le cabía duda que la castaña tenía una seguridad plena de que ella había vuelto con Harry.
Por el otro lado el oji verde había tenido un cambio radical en su humor. Antes se quedaba trabajando hasta tarde porque no tenía ningún motivo para llegar a su casa, nadie lo esperaba. Ahora trataba de zafarse lo más pronto posible para pasar la mayor parte del tiempo con su adorada pelirroja. Además paso de ser una persona huraña y mal humorada a un ser completamente alegre y risueño.
Incluso Ron lo notó raro tanto que un día lo acorraló en su despacho.
- Harry necesito hablar contigo –dijo en un tono que no admitía réplica mientras tomaba asiento.
- ¿Qué quieres, Ron? - El tono de Harry era suave pero también llevaba cierta desconfianza hacia su amigo.
-¿Qué te sucede? – Levantó la mano para silenciarlo – Y no te molestes en decirme que nada. ¿Te crees que no me he dado cuenta de que estás evitándome?
- No sé de qué me estás hablando, Ronald – Contestó Harry tomando una actitud más defensiva.
- Ginny – Soltó Ron.
El silencio que siguió a esa palabra, casi terminó de confirmar las sospechas del pelirrojo.
- Qué pasa con ella? - La voz de cambió y se volvió un tono mucho más frío, casi glacial.
-No te hagas el idiota conmigo, Harry. Sé que está pasando algo entre los dos. Soy su hermano y tu amigo, con un demonio. – Dijo exasperado Ron
- Y, exactamente, ¿que podría ser? Ella es tu hermana y ahora trabaja conmigo. Nada más.
Bueno, así es como debería ser, pero ya no creo que sea solo eso.
- Estas diciendo idioteces Ronald – la voz de Harry se incrementó.
- Nunca pensé que serías así de estúpido, Harry.
- Ronald, si tienes algo que decir, hazlo de una puta vez y lárgate. Algunos trabajamos –gruño Harry.
- Creo que estás saliendo con Ginny – le soltó Ron
- ¿Me crees imbécil? –preguntó Harry
- Y tú ¿Crees que soy idiota? Te crees que no me di cuenta. Por Merlín Harry, he visto como te comportabas como un idiota con ella todos los días desde hace 4 años, como le huías como si tuviera spattergroit, y de repente, te faltan escusas para llamarla a tu despacho y eso que viven juntos.
- No sabes lo que dices Ronald – le señaló la puerta – Ahora vete.
- Entonces, ¿qué? ¿Solo te la estás follando? Porque te daré una paliza si te estás aprovechando de ella de esa manera.- Ron se le acercó y presionó su dedo contra el pecho de Harry – Porque Harry será un día muy frío en el infierno si te permito volver a lastimarla y salir indemne.
- Por Merlín Ronald – lo empujó Harry – Sabes lo que siento hacia ella –Se pellizcó el puente de la nariz para calmarse y suspiró - Realmente crees que podría usarla de esa manera.
- ¿Entonces? – preguntó más calmado Ron.
- Entonces nada – Suspiró Harry – Llegamos a una especie de tregua para no matarnos en la convivencia.
- Pero no están juntos, ¿no?
- No Ron
Ron iba a replicar algo más pero en ese momento escucharon golpes en la puerta.
- Adelante – Dijo Harry viendo una oportunidad de escaparse de la conversación.
- Disculpe Señor Potter – dijo entrando su secretaria – Necesito que firme unos reportes y acordar su agenda de la semana.
- Si claro Sanders – despidió a su amigo con la mirada – Toma asiento por favor – Se dirigió a Ron – Ron cierra la puerta quieres
- Claro Harry no te olvides de lo que hemos discutido – dijo el pelirrojo mientras cerraba la puerta.
- ¿Todo bien señor? – preguntó Sanders
-Sí, tenemos trabajo Sanders.
Una hora después Ginny llevaba unos informes para Harry de unos allanamientos que se habían hecho unos días antes (la realidad era que extrañaba a su novio y le excusa de aquellos papeles era nada más que para verlo un rato a solas). Abrió la puerta del despacho sin golpear, su sorpresa fue mayúscula cundo vio a Sanders, con una minifalda muy corta, sentada en el escritorio de Harry.
-Potter- dijo con la voz muy fría- Aquí tienes los informes- y prácticamente se los tiro en el escritorio.
La secretaria dio un respingo al oír la voz de la pelirroja pero aún así le dijo de manera poco cortés.
- Weasley acaso no te enseñaron a tocar.
-Sanders cállate- la reprendió Harry- Weasley de que son los informes.
-De los allanamientos del otro día, adiós.- y, sin darle tiempo a réplica al moreno, giró sobre sus talones y se marcho masticando bronca.
Harry se quedó aturdido por la reacción de la pelirroja, así que despacho lo más disimuladamente que pudo a su secretaria para meditar que había pasado ahí. Cuando reacciono se enfureció muchísimo con la muchacha, no podía ser que a la mínima de cambio ella desconfiara de él.
- Weasley - gritó haciendo que toda la oficina diera un respingo y volteara a ver acusadoramente a la pelirroja.
-Por qué me ven a mí, acaso tengo monos en la cara- Se quejó furiosa con los curiosos.- No soy la única Weasley aquí.
-Hermanita te busca a ti – dijo Ron asomando la cabeza por la puerta de su despacho - cuando se enoja conmigo me llama…
-RONALD- volvió a gritar Harry desde su oficina- Deja de entretener a Ginevra y dile que venga ya.
-Ves lo que te digo- finalizó Ron poniendo cara de yo-se-todo- Hazme un favor dile al cola cuerno que no se olvide de nuestra cita.
-Vete al diablo- contestó Ginny y se fue caminando enojada hasta donde la llamaban.
Cuando entró el muchacho se encontraba de espaldas a la puerta apoyado sobre una biblioteca de cedro que se hallaba en la habitación. Cuando habló su voz parecía cansada y triste, aún así Ginny no se conmovió.
-¿Se puede saber por qué no confías en mí?
-Estamos en el trabajo no creo que…
-Lo que tu creas o no me tiene muy sin cuidado- respondió de mala gana volteándose para verla a los ojos- Ahora si eres tan amable puedes decirme porque carajo no confías en mi.
-Si veo a la Sanders (que toda la oficina sabe que está buscando meterse en tu cama desde que llegó a aquí) sentada en tu escritorio, con algo que podría llamarse pollera pero más bien era un cinturón ancho, dime qué pensarías tu.
-Antes que nada tu me viste respondiendo a su coqueteo.- Ginny se quedó callada y miró al piso- Por tu silencio deduzco que no- Suspiró y se revolvió el cabello- Sabes Ginny la confianza en tu pareja es fundamental.
-Es que yo no soy tu pareja- se mordió el labio intentando contener la rabia que sentía por dentro - Nadie sabe lo que hay entre nosotros.
-Por amor al cielo Ginny- gritó el haciendo que la pelirroja diera un respingo- Eso es lo que necesitas para estar segura de lo nuestro, no es suficiente con que sepas lo que siento por ti. – La tomó de la cara y le susurró – Yo soy tuyo...
-Pero los demás…
-Los demás me importan un carajo- bajó sus manos y la tomó por los hombros- Te amo más que a mi vida, más que a cualquier cosa en este mundo y créeme si te digo que yo cuando acabe esto seré el primero que mande lechuzas a todo el mundo diciendo que eres mía- Ginny iba a decir algo pero Harry la interrumpió- O cómo crees que me siento cuando los hombres te miran y yo me la tengo que aguantar por que ante el mundo no soy más que un amigo de tu hermano, las de veces que he tenido que aguantar darle una trompada Robins o Stevens cada vez que pasas por al lado de ellos y te miran el culo. Pero yo confío en ti y sé que no te interesan.
- Harry tu me amas – seguía sin poder procesar lo que el morocho le había dicho
- Siempre – le contestó él – Yo sé que esta situación es bastante complicada solo te pido que confíes en mi.
Ginny sonrió ante la declaración de él y se inclinó para besarlo, cerrando los ojos y presionando suavemente sus labios contra los suyos. Se besaron con ternura antes de apartarse y mirarse a los ojos.
- Yo también te amo Harry – susurró ella agarrando su cara y atrayéndola a la suya con sus manos. Los labios de Harry se abrieron y gimió suavemente cuando la lengua de Ginny se deslizó en su boca.
Ambos se olvidaron de que estaban en el despacho del muchacho y que Sanders y la mitad del escuadrón estaba justo al otro lado de la puerta. Las manos de Harry bajaron hasta los hombros de la pelirroja y desde ahí descendieron desde su espalda hasta la parte de atrás del pantalón, agarrando su trasero.
- Merlín te deseo ahora – gruño Harry mientras dejaba una estela de besos por su mentón.
-No podemos Harry – dijo la pelirroja con la voz enronquecida por el deseo - Mi hermano me dijo…
-Si ya lo sé – dio un fuerte suspiro mientras se alejaba de ella - Ahora me tengo que ir así que cuando vayas a casa lo harás solo pero usas la red flu.
-Oye Harry yo debo ir a hacer unas compras al callejón Diagon.
-¿Cuándo salgas de aquí?
-Sí.
-Bueno yo no podré acompañarte pero le enviaré una lechuza a Hagrid para que valla contigo. ¿De acuerdo?
-Sí, ten cuidado quieres.
-Si amor- la besó.
-¿Te espero para cenar?
-Por su puesto.
Luego de eso salió del despacho mucho más contenta y porque no decirlo mucho más tranquila.
Cuando se hicieron las tres de la tarde Ginny se despidió de sus compañeros y bajó al atrio en donde la esperaba Hagrid. Este apenas la vio le hizo gestos con el viejo paraguas indicándole dónde estaba, como si un semigigante de más de dos metros no se distinguiera a simple vista.
Juntos fueron en el autobús noctámbulo hasta el calero chorreante, bebieron unas cervezas de mantequilla y mientras Ginny almorzaba una ensalada, al terminar pagaron la cuenta y fueron al callejón.
Antes de ir a la tienda de Madame Malking, la pelirroja compró unos ingredientes en la botica y unas cosas para la cena en la despensa. Después fue a Griggonts a retirar sus ahorros. Notando que los duendes estaban bastante inquietos así como también las personas que esperaban su turno el banco.
Cuando llegó a la tienda de Madame Malking su sorpresa fue mayúscula cuando no vio el vestido en el escaparate. Trató convencerse que era porque habían cambiado la vidriera de la tienda. Pero sus temores se vieron confirmados cuando la dependienta del negocio le informó que unas horas antes lo habían comprado. De nada valió que la pobre mujer le mostrara a la pelirroja cerca de una docena de otros vestidos a ella ninguno le gustaba como le quedaba.
Salió resignada de la tienda y con un humor de los mil diablos. No solo por que habían comprado el vestido que a ella le gustaba sino porque también faltaban solamente un par de días para la boda de Nevile y Luna.
Suspiró tal vez mañana sin el mal humor de hoy podría ver los vestidos con otros ojos y sin no se convencía bien podría ir o Hogsmade o al Londres Muggle. Se despidió de Hagrid en la puerta Número 12 de Grimmauld Place.
Sin que ella se diera cuanta mientras preparaba la comida se hicieron las siete y media de la tarde. Para tratar de descargar tensiones encendió la radio y se dispuso a bailar al compás de la música mientras controlaba que el guiso se estuviera cociendo de forma adecuada. Tan concentrada estaba que no notó como unos fuertes brazos intentaban atraparla por la cintura, ella de un salto se safó y apuntó al agresor con la varita.
-Mujer quieres dejar de intentar maldecidme cada vez que te abrazo.
-Y tú podrías dejar de asustarme- Harry levantó una ceja- Soy un auror y si dejara que cualquiera me tome por la cintura y yo no me defendiera no sería muy buena en mi trabajo.
-Yo no soy cualquiera- se quejó el al tiempo que se quitaba su capa y la dejaba en la silla.
-No dejes eso tirado- lo regaño ella- Aséate un poco que en cinco comemos.
-Señor, sí, señor- dijo el bromista haciendo el típico saludo militar- Pero antes…
Tomó a Ginny de la cintura (esta vez ella no hizo nada por escaparse), acercó sus labios a los de ella y comenzó a besarla con dulzura pero también con pasión como si no la hubiese visto en años. Pero tan repentino como empezó acabó y Harry dejó a una muy confundida (y carente de aire) pelirroja en la cocina que despertó justo de su nube como para impedir que el guiso se quemara.
Cuando Harry bajó las escaleras tenía un jogin un poco roto de color bordó desteñido, un buzo polar rojo y dorado (no en mejores condiciones que el antedicho pantalón) y en los pies pantuflas de cuadros escoceses. Cuando Ginny lo vio intentó ahogar una carcajada sin mucho éxito. El ex Gryffindor cruzó los brazos sobre su pecho y se sentó con aire ofendido a la mesa.
-¿Qué es lo gracioso de mi atuendo?
-Nada es que hace como dos o tres meses te nombraron en Corazón de Bruja el hombre mejor vestido del mes.
-Sí, ¿y?
-Te miraste al espejo o te vestiste con la luz apagada.
-Estoy en mi casa y creo tener el derecho a sentirme cómodo.
-OH, no te enojes amor, lo que pasa es que siempre te vistes tan bien, incluso estos meses que estuvimos juntos y ahora sin más te apareces así.
-Bueno lo que pasó fue- se rascó la cabeza y tomó un sorbo de jugo- Inconscientemente, o quizás no tanto intentaba seducirte- Ginny soltó una carcajada- Bueno al menos no ando con esos camioncitos tuyos por toda la casa.
-Entonces ahora que ya me tienes te descuidas – terminó de cenar y se dispuso a limpiar los platos- Y si tanto te molestan mis camioncitos no ando más con ellos.
Harry la tomó de la muñeca y la sentó en su falda.
-Me encantan tus camioncitos- susurró sensualmente mientras a ella se le erizaban los pelos de la nuca- Aunque te prefiero desnuda. Ahora dime como te fue con tus compras, ¿compraste algo bonito?
-Ni me hables- murmuró con cara de fastidio.
-¿Algún problema?
-Si alguna desgraciada me compró el vestido antes que yo.
-OH, pero de seguro había muchos más vestidos.
-Sí, pero por raro que suene ninguno me quedaba bien- meditó un segundo- Era como si los hubiesen hechizado.
-En realidad fue así- Harry se tapó la boca con ambas manos y puso cara de niño bueno- UPS…
-Harry- la pelirroja se puso de pie de un brinco el chico se quedó duro del susto- Harry James- lo apuntó con la varita- Harry James Potter ¡qué has hecho!
-Yoooo, nada- se levantó- Quédate aquí y no te muevas.
Desapareció por la puerta y Ginny sintió como subía las escaleras al trote y cinco minutos después como las bajaba con el paso un poco más lento.
Cuando Harry entró nuevamente en la cocina tenía un paquete muy grande en las manos y respiraba un poco agitado. Ginny por su parte tenía las manos en jarras con una expresión de molestia en la cara.
El muchacho le entregó sin ceremonias el paquete y la pelirroja con desconfianza lo comenzó a abrir. Cuando abrió la caja ahogó un grito. Apoyado delicadamente sobre una fina capa de tela blanca se hallaba aquel vestido tan añorado para ella. Lo levantó con sumo cuidado, las manos le temblaban.
-OH, Harry, no debiste.
-Fíjate que eso no es todo- le indicó el pelinegro sonriente.
Cuando Ginny retiró el vestido pudo ver también que había una capa negra y unos guantes de gamuza ambos en un exquisito color negro, combinando con el vestido.
OH, Harry- repitió al tiempo que se colgaba del cuello del muchacho y lo besaba por todo el rostro.- No debiste.
-Claro que sí- la besó largo y profundamente- Solo con verte sonreír así vale la pena.
-Pero es muy caro.
-Y que tengo el dinero- La alzó mientras volvía a besarla- Pero deberás pagármelo de alguna forma.
-OH- sonrió- Tengo unas ideas…
-Pongámoslas en práctica- dijo Harry mientras subían por la escalera- Esta noche soy todo tuyo.
Al otro día a Ginny le costó una eternidad despegarse de las sábanas, tanto así que para no llegar tarde a la oficina debió optar por desayunar en el cuartel solamente un café de la máquina. Como si fuera poco Harry le mandaba indirectas todo el tiempo mientras sonreía socarronamente.
A media mañana mientras intentaba completar los informes pendientes y luchaba contra el sueño que la agobiaba se presentó Dean con un hermoso ramo de rosas rojas. Ella sintió una puntada de culpabilidad. El moreno cerró la puerta tras de sí, sin notar que un par de ojos verdes lo apuñalaban.
-Ginny querida- la saludó cordialmente él abrazándola.
-Hola Dean- trató de separarse lo más delicadamente posible de él.- ¿Cómo estás? ¿Qué haces por aquí?
-Bien y si no lo recuerdas princesa trabajo aquí, solo que dos pisos más arriba.
-Ya lo sé tonto- lo golpeó cariñosamente en la cabeza- A lo que me refiero es a que te trae por aquí.
-Eso te pasa por no contestarme las invitaciones que te he mandado.
-Te las contesté.
-Si diciéndome que no podías.- se acercó a ella y le tomó las manos- ¿Sucede algo pequeña?
-Nada- mintió ella.
-Entonces por qué me evitas- la miró con tristeza- ¿A caso hay otro hombre? ¿Potter quizás?
-No digas idioteces Dean- el estómago se le estrujó, el era un buen hombre y ella se sentía el ser más miserable mintiéndole así- Harry es un amigo nada más.
-Si seguro- replicó irónicamente- Entonces demuéstrame que no te interesa y ven conmigo al casamiento de Luna y Nevile.
-No puedo.
-Tengo razón es por Potter.
-Dean, no…
-Mira Ginny él te dejará de nuevo, te volverá a lastimar pero esta vez yo no estaré para recoger tus pedazos.
-Dean, no…- unos golpes en la puerta volvieron a interrumpir a la pelirroja.- Adelante.
-Weasly en mi despacho ahora con los informes- le ordenó Harry molesto- Hola Thomas ¿no estás muy alejado de Control y Cuidado de criaturas mágicas? Es dos pisos más arriba.
-Ya me iba Potter- le sonrió a Ginny- Piénsalo quieres y mándame una lechuza.
Cuando se fue Harry lo imitó ganándose una mirada burlona de Ginny.
-¿Celoso?
- Weasley. MI. DESPACHO. QUINCE. MINUTOS. - le contestó ácido y cerró la puerta de un golpe.
Ginny se quedó estupefacta en su silla, que demonios había pasado ahí.
- Imbécil.- murmuró y tomando los informes se dirigió al despacho de Harry.
Cerró la puerta y aplicó el hechizo muffliato al despacho- ¿Es que has perdido el juicio? - Gritó Ginny mientras caminaba hacia Harry, empujando su pecho con sus manos. – No vuelvas a hablarme así nunca más
-Vayamos al grano, Ginny - le dijo Harry hacia ella acorralándola contra la ventana, puso cada mano a ambos lados de la cabeza de la pelirroja, atrapándola.
- Tú...- susurró con voz grave, acercando su boca a ella. - eres mía. De nadie más. Ni de Dean, ni de Michael. Nadie te va a separar de mí. Es mi nombre el que gritas por las noches. Soy yo el que hace te corras como nunca. Es conmigo con quien te despiertas todos los días suplicando por más. Soy yo a quien amas, Ginny.
Los ojos de Ginny se cerraron mientras respiraba agitadamente y tembló cuando Harry le sujetó la mejilla.
- Mírame – le ordenó, mientras acomodaba un mechón de pelo detrás de la oreja. - Te amo más allá de cualquier razón, Ginny. Nadie te va a separar de mí.
Con un jadeo tembloroso, Ginny abrió los ojos y deslizó su mano por hasta las caderas de Harry. Sus miradas se clavaron, mientras la pelirroja lo acercaba más. Harry llevó su mano hasta su pelo y lo agarró, acortando la distancia entre ellos, dejó escapar un pequeño gemido mientras su lengua acariciaba la de ella.
Ese sonido fue directo a la entrepierna de Harry entrepierna, quien pasó sus manos por las curvas de Ginny, hasta encontrar la piel cálida mientras su muslo.
- Ginny – gimió Harry – Que tienes debajo de la túnica de auror.
- Un vestido - susurró ella con la voz cargada de deseo cuando el muchacho se deshizo la túnica.
- Eres hermosa – murmuró Harry mientras colocaba la pierna de la pelirroja en su cadera, presionándola contra la ventana.
Ginny le quitó la túnica, dejando que cayera al suelo desde los hombros del muchacho. Harry la levantó recolocando sus cuerpos contra la ventana y Ginny jadeó cuando sintió la erección de él contra ella.
Harry rompió el beso para bajar por el cuello de la pelirroja chupando y mordiendo su garganta.
- Eres mía – gruñó contra su garganta mientras la alzaba y la depositaba sobre su escritorio, se puso entre sus piernas abiertas
- Nadie podría separarme de ti - susurró Ginny contra la boca abierta de Harry al tiempo que levantaba su camisa sacándola del pantalón. – Nadie, ni siquiera tú – se separó de él un segundo para mirarlo directamente a sus ojos, ahora oscurecidos por el deseo - Nunca he amado tanto a nadie…
Ginny jadeó cuando Harry deslizó su vestido por sus hombros mostrando cada vez más piel. Las manos de Ginny le arrancaron la camisa, exponiendo su pecho del muchacho a sus fervientes besos. Harry la agarró de las caderas y la acercaba a él, ella con los dedos temblorosos, por la pasión, bajó la mano por el estomago hasta el cinturón y lo abrió. Acto seguido, bajó la cremallera y los pantalones de Harry se deslizaron por sus caderas hasta llegar al piso.
-Te amo tanto, Ginny – susurró mientras la empujaba suavemente para que se tumbara en el escritorio. Ella levantó la cabeza y agarrando su camisa, lo atrajo a ella y le devoró la boca con un ferviente beso.
- Esto, fuera – gruñó Harry, levantando su vestido por encima de las caderas de la muchacha, dejando totalmente a la vista las pequeñas prendas de encaje color marfil que componían la ropa interior de la pelirroja.- - Oh, joder.. Ginny
-Harry - dijo - Por favor – rogó ella desesperada por sentirlo.
El se deshizo de sus bóxers agarró sus caderas con fuerza y la embistió. El gemido de Ginny fue tan fuerte que de no haber sido por el hechizo muffliato todo el ministerio hubiese sabido que sucedía en ese despacho.
- Ginny – gimió Harry cuando ella le clavó las uñas en la espalda y levantando más sus caderas, para que el pudiera ir más adentro. El cuerpo de la pelirroja se deslizaba sobre la superficie de madera al ritmo de las embestidas de Harry, mientras los brazos del muchacho temblaban encima de ella y su cuerpo se tensaba en anticipación.
Harry bajó su cabeza hasta un pecho de Ginny y comenzó a succionarlo al tiempo que aceleraba sus embestidas.
- Oh si joder – comenzó a balbucear Ginny arqueando su espalda y tensando su cuerpo, llegando a su liberación.
Harry dio un par de embestidas más y se derrumbó sobre ella mientras la abrazaba contra su pecho. Unos minutos después bajó su cabeza y la besó dulcemente.
- Te amo – susurró él mientras la ayudaba a incorporarse.
En silencio se arreglaron y con un par de hechizos acomodaron todo el desastre que habían hecho. Después de lo que habían hecho y dicho había cierta incomodidad alrededor de ellos.
- Ginny – Susurró Harry la pelirroja que estaba de espaldas al muchacho se dio vuelta.
- Harry – Suspiró ella – Esto se está saliendo de control… No se… Necesito tiempo para pensar… nos vemos en casa – dijo ella mientras tomaba el pomo de la puerta para salir.
- Lo siento – murmuró Harry
- Lo sé – dijo Ginny y se fue
Cuando Ginny llegó al número doce de Gridmaund place encontró todo perfectamente ordenado, gracias a Merlín por que Dobby hacía la limpieza a la mañana. Tiró su bolso en el sillón y hundió su cara entre sus manos. Estaba tan confusa con Harry…
-AHHHHHHHHHHHHHHHHHH- gritó con todas sus fuerzas para liberar solo un poco de la tensión y se dejó caer pesadamente en el sillón. Había entrado en el despacho del oji verde para mandarlo a la mierda y terminó teniendo sexo con él. Uno de los mejores de su vida, pero ese no era el punto. Le molestaba la forma en la que él la manejaba y tenía miedo de las cosas que le provocaba. Cerró los ojos.
Justo en ese momento apareció Harry, y no precisamente con el mejor de los humores, aventó su maletín en el mismo sitio que el bolso de Ginny, haciendo dar un respingo a la muchacha, y se paró cruzado de brazos en frente de ella.
- ¿Ahora qué Harry? – Empezándose a cansar de los bruscos cambios de humor del muchacho que empezaba a parecerse a un cavernícola al que solo le faltaba el garrote.
- Quiero que me expliques que sucedió con Thomas.
- ¿Con Dean?
- Si con- puso la voz finita tratando de imitar a Ginny- Dean
- No otra vez – gimió ella tomando su cabeza – Pensé que habíamos aclarado el asunto en tu despacho.
- Entonces porque vino a decirme que te deje en paz – le espetó Harry – Te lo vuelvo a preguntar, ¿Hay algo entre ustedes?
- Mira – dijo la pelirroja que estaba a punto de perder su paciencia - Me invitó a salir y me regaló flores – inspiró para calmar su temperamento - le dije que no antes que preguntes.
- Entonces porque cree tener derechos sobre ti – gritó Harry pasándose las manos por el pelo.
- Salí con el dos años y la cosa no funcionó – murmuró Ginny levantándose del sillón y parándose al lado de él pero sin ninguna intención de hacer contacto físico – Eso te lo dije, lo dejamos o más bien lo dejé…- Suspiró – No podía corresponder sus sentimientos y me parecía injusto para él.
-Thomas quiere acostarse contigo – rebatió Harry todavía enojado
-Oh por Merlín Harry has descubierto que la magia existe- replicó irónicamente Ginny con su paciencia agotada - Además, como si Sanders solo te quisiera para tomar el té de las cinco.
- Te lo dije Ginevra con Sanders no pasa nada, no tienes porque montar una escena…
- Y tú si puedes montarla por Dean – preguntó ella – Mira Harry estoy cansada de esto – la cara de dolor que puso él ablandó a Ginny – Te amo Harry eso lo dije en serio…
- Yo también – dijo abrazándola – No sé cómo manejar mis celos –Hundió la cara en el cuello de la muchacha - antes cuando no estábamos juntos era una tortura pero sabía que tenía que dejarte ir…
- Pero eso no te da derecho a tratarme así, no es mi culpa que Dean no entiende el concepto de la palabra no – Suspiró – Además para el yo estoy sola.
- No estás sola sales conmigo – gruño el
-Y nadie lo sabe- respondió ella separándose de él.
- Lo siento – repitió el – Prometo intentar no ser tan estúpido – Intentó besarla pero ella lo alejó.
- Necesito algo de tiempo Harry – y se fue a acostar dejando solo al muchacho.
Cuando Ginny despertó ya era de madrugada y el estómago le gruño por el hambre. Algo cálido se presionó contra ella, y sus ojos se abrieron de golpe para ver una cabeza de pelo alborotado en su cara. La cabeza del muchacho descansaba sobre su pecho y la tenía fuertemente agarrada de la cintura, parecía que Harry había temido que ella se escapara durante la noche.
Suavemente se deshizo del abrazo del muchacho quien arrugó un poco el entrecejo, como si notara su ausencia. En silencio salió de la habitación y se dirigió hacia la cocina. Tomó una manzana del bol de la mesada y se fue a la sala tomándose su tiempo para deambular mientras observaba las fotos. Su cuerpo se tensó cuando sintió dos brazos rodearle la cintura.
- Aquí estas – susurró Harry dejando un beso en su cuello.
- Tenía hambre – dijo ella separándose de él y sentándose en el sillón. El se agachó frente a ella y tomó sus manos. El terror invadía cada célula del cuerpo de Harry y tragó saliva ante la oleada de nauseas que lo invadió.
- Ginny… Por favor… No me dejes – su voz estaba rota – Te amo demasiado haré lo que sea – Tomó aire para serenarse - Siento mucho haber dejado que mis miedos e inseguridades reemplazaran todo lo que se sobre ti… Sé que me amas
- Muchísimo – contestó ella mientras le acariciaba la cara con las yemas de sus dedos. Él apoyó la cabeza en sus rodillas y ella comenzó a masajearle el pelo.
- No te vayas – murmuró el mirándola a los ojos.
- Se terminó eso de huir de ti, ¿recuerdas? – contestó ella con una media sonrisa.
Harry la abrazó acercando su cara a la de ella y acariciando sus labios en un beso suave como una pluma. – Te amo – murmuró ella y el soltó un suspiro de puro alivio.- Estoy muy cansada – confesó ella apoyándose contra el pecho de Harry.
- A dormir entonces – dijo Harry poniéndose de pie y levantándola para llevarla a la habitación.
