Advertencias: Menciones de violencia. Palabras feas. Futura relacion homosexual
Disclaimer: Naruto no me pertenece
A/N: Re-editado.
"El Infierno son los otros", Jean-Paul Sartre.
3. Insomnia
Naruto despertó de la misma forma que desde hacía dos semanas: Con una escandalosa erección bajo las frías sabanas.
Y el fantasma de su padre saludándole desde el pie de su cama.
Naruto dejó salir un sonido de irritación antes de obviar el evidente problema entre sus piernas para prestarle atención al que tenía a sus pies.
"¿Qué es lo que quieres ahora, tou-san?" chistó, arremetiendo su almohadón de plumas contra su regazo en un intento de esconder su frustración.
"Hola a ti también, hijo" el espíritu contestó, mirándose sus translucidas manos con interés, como si no se hubiese dado cuenta desde el primer momento de el bulto asomando entre las sabanas. Naruto reprimió a duras penas el impulso de resoplar.
Ese era su padre, el Gran Minato Uzumaki, el mayor experto en tocar las narices al mundo en general. Y a su hijo en particular.
"Vale papá, esto ya está pasando de castaño a oscuro. Llevas así dos semanas, ¿Es que no tienes a nadie a quien asustar hasta la muerte?" dijo, acomodándose de nuevo en la cama y dispuesto a seguir con su bonito sueño a pesar de todo.
Minato encogió un hombro, imperturbable.
"Es que me aburro" replicó "Ya casi nadie se asusta de mí. Es como si la gente hubiese dejado de creer en fantasmas".
"Es que la gente ha dejado de creer en fantasmas, papá. Estamos en el siglo XXI, hay cosas mas interesante que un tío translucido esperándote a los pies de tu cama" dijo y para puntualizar aun mejor su indirecta, añadió "Aunque sea tu padre".
Minato le miró fijamente, un ligero gesto de consternación que Naruto sabía, había heredado, adornando su cara.
"¿En serio?. ¿Y que puede ser mas interesante que alguien como yo?".
"La televisión, por ejemplo" Naruto contestó, rindiendo su intento de dormir cuando vio la incredulidad pintada en las facciones de su progenitor "Papá, hoy en día todo el mundo ha visto un fantasma. Las películas están llenos de ellos. Incluso existen programas de televisión que se encargan de desacreditaros".
"¿Y la gente les cree?".
"Todo el mundo cree lo que ponen en la televisión" Naruto replicó con un bostezo "Shika dice que es como una nueva religión. La Religión del Futuro la llama".
Minato chistó contrariado y cruzó sus pálidos brazos sobre su pecho, un gesto que Naruto le recordaba vagamente en vida.
2La religión no existe. Créeme, sé de lo que hablo" refunfuñó. Naruto miró al techo, repentinamente cansado del curso de la conversación.
"Tou-san, ya hemos hablado de esto mil veces. La gente necesita creer en algo. A eso se le llama fe, es una forma de sobrellevar una vida que de otra forma sería odiosa".
"¿Tu odias tu vida, Naruto?".
"Ya estamos…" el rubio suspiró, dándose fuerzas antes de mirar a la figura de su padre y contestar "No, papá, yo no odio mi vida. Nunca la he odiado y no voy a empezar a hacerlo por más que me lo preguntes".
La mirada de su padre se tornó oscura entonces, un reflejo de tristeza asomando a sus ojos azules.
"Yo nunca quise esta vida para ti".
Naruto dejó salir una bocanada de aire que no sabía que había estado manteniendo.
"Estabas muerto antes de poder ofrecerme otra" replicó sin reproche alguno.
La figura decaída de su padre se volvió hacia él.
"Lo sé, y lo siento".
Naruto esbozó una pequeña sonrisa melancólica.
"No tienes que sentir nada, papá. Me gusta mi vida. Me encanta mi trabajo" le aseguró "Nunca podría sentirme mejor que haciendo lo que hago".
Eso dibujó una sonrisa idéntica en el rostro del fantasma.
"Tu madre y yo siempre supimos que serías alguien importante".
Naruto rió, divertido por la forma de la que había sonado eso.
"Si pensasteis que sería ministro o algo así…".
"No, no, no. Bueno, a lo mejor yo sí" se retractó con una mirada algo avergonzada "pero tu madre no. Ella siempre pensó que… ejem, que tú seguirías, ya sabes, sus pasos".
"Que me volvería loco como ella, vamos" Naruto concluyó, a duras penas refrenando la acidez de sus palabras.
La mirada de su padre se tornó dura al oírle y Naruto se volvió a sentir como ese niño que, en realidad, nunca fue.
"Tu madre no estaba loca".
"Mi madre tampoco está muerta, aunque tú te empeñes en creerlo" replicó, la rabia tiñendo rápidamente sus palabras.
Minato entrecerró los ojos y Naruto tragó saliva, sabiendo lo que vendría a continuación. Un sentimiento de culpa le invadió en el acto.
"Quizás si pudiese ir a visitarla de vez en cuando no olvidaría tan a menudo" fue la gélida respuesta.
Naruto se pasó una mano por su despeinado pelo y cerró los ojos, intentando deshacerse de los remordimientos que lo estaban invadiendo.
"Sabes que lo hice por su propio bien. En el manicomio dijeron…".
"¡Tu madre no está en un manicomio!".
Naruto apretó los puños en torno a las sabanas, obligándose a deshacerse de la ira que amenazaba con engullirle.
'Es solo tu padre, estúpido. El no tiene la culpa de nada'.
"Perdona" corrigió "En el psiquiátrico dijeron que su condición había empeorado mucho desde tus últimas visitas".
"¿Y por eso tuviste que levantar ese muro protector?".
"¡Tu presencia allí la estaba matando!".
"¡Eso fue hace cinco malditos años!".
Naruto suspiró, súbitamente extenuado de aquella absurda discusión, que sabía de antemano, no llegaría a ninguna parte. Su padre nunca entendería por lo que él había tenido que pasar para…
Daba igual. Ya nada de eso importaba más.
"Lo siento, tou-san. Tenía que protegerla".
Su padre abrió la boca para contestarle, una ultrajada expresión en su translucido rostro.
"¿De mi?".
"… Sí".
El espíritu le miró, y Naruto vio en él algo más que el reflejo del hombre noble y audaz que había sido su padre en vida. Le vio… mayor. Viejo. Vencido. Derrotado. Como si todos esos años al otro lado acabasen de hundirle en ese preciso momento.
Una fuerza invisible se apoderó de su garganta, impidiéndole respirar.
"Yo… yo solo quería verla" le oyó lamentarse, dejándose caer sobre una cama que ni siquiera se movió un ápice bajo su peso "Decirla que no había sido culpa suya".
'Ella ya sabe eso, tou-san'.
"Que mi muerte solo fue un accidente…".
'No fue un accidente. Fue un asesinato'.
"Que ella necesitaba ponerse mejor para poder cuidar de ti".
'Demasiado tarde, viejo'.
"Lo sé" aquello llegó a sus oídos a duras penas, y Naruto se vio saliendo de sus propios pensamientos para darse cuenta de que los había expresado en voz alta.
Su padre alargó una mano hacia él, y palmeó su rodilla con gesto paternal.
Un incomodo silencio se instaló entre ellos y Naruto se removió inquieto bajo la atenta mirada de su padre, hasta que consiguió esbozar un pequeña sonrisa indiferente.
"Podía haber sido peor" dijo y cuando su padre le miró sin entender, elaboró "Podrías haber sido un zombie y entonces habría tenido que rebanarte la cabeza".
Minato se llevó una mano a su cuello con expresión nerviosa.
"Me gusta mi cabeza".
"A mi también" Naruto le concedió "A veces".
Minato apretó ligeramente el agarre en su rodilla y Naruto soltó una repentina carcajada. Ambos se quedaron en silencio al oírla, sorprendidos, hasta que un brillo malicioso iluminó los ojos del fantasma.
"Oh" soltó con comprensión. Como si en los últimos segundos hubiese encontrado una formula para erradicar el hambre en el mundo o algo así.
Naruto, sabiendo lo que vendría intentó zafarse de las sabanas para poder escapar.
"No, no, no, no" murmuró, viendo el rápido avance de su padre hacia él. El fantasma le observó con expresión felina, una enorme sonrisa cargada de maldad adornando su rostro.
Cualquiera habría sentido verdaderos escalofríos.
"¿Tienes miedo, hijo?" preguntó con lentitud, deleitándose de cada una de sus palabras.
El rubio le señaló con el dedo desde el otro extremo de la cama.
"Ni se te ocurra" dijo de la forma más amenazadora posible.
Minato encogió un hombro, indiferente a cualquier amenaza al parecer antes de saltar sin previo aviso sobre él.
"¡Demasiado tarde, pequeño!".
Naruto ni siquiera tuvo tiempo para gritar.
Si Shikamaru Nara hubiese sido una persona normal, la imagen que le acometió al entrar en la habitación de su amigo y verle rebozarse por encima de su cama él solo y a carcajada limpia, le habría causado una extraña impresión, y seguramente hubiese llevado a rastras a dicho amigo al mismo sanatorio mental que frecuentaba su madre.
Pero Shikamaru Nara no era una persona lo que se dice normal, así que cuando entró en la habitación y vio el panorama frente a él, solo preguntó:
"¿Sigue aquí?".
Naruto al oírle entrar dejó de rebozarse al instante y enderezándose con una última risita contestó:
"No. Se acaba de ir" y algo sofocado añadió "Gracias".
Shikamaru le miró sin pestañear desde el quicio de la puerta.
"Sé lo mucho que odias las cosquillas".
"Y lo mucho que le gustan a él" Naruto bufó molesto, algún despeinado mechón sobre su frente moviéndose en el proceso.
"Es normal. Lleva cinco años sin verte. Necesita algo de amor de hijo".
El rubio arrugó la frente con gesto confuso.
"¿El tuyo también era así?" preguntó, de cierta forma esperanzado de no ser el único en sufrir a un padre con exceso de paternalidad.
"No, pero yo me pasaba las noches enteras jugando al shogi".
Naruto asintió, entendiendo.
"Es lo que tiene ser superdotado, supongo" dijo, desembarazándose de las sabanas para levantarse "El mío se contenta con tratarme como si aun tuviese tres años".
"Es que mentalmente aun los tienes" Naruto le dedicó una mirada fulminante que habría tenido mucho mas efecto de no ser por su apariencia "¿Te he dicho alguna vez lo bien que te queda ese pijama de ositos?".
El Exorcista le miró con gesto indignado.
"No son solo ositos, ¿vale?" se defendió para luego explicar, como si fuese la cosa mas evidente y normal del mundo "Son ositos comiendo Ramen".
"Oh. Entonces perdónenme, su majestad" el Hacker replicó con dramatismo, una mano en su pecho para dar mayor efecto.
Naruto asintió condescendiente, una expresión de lo mas serena en su cara.
"Así me gusta" aprobó antes de cambiar de tema "Ahora, ¿Qué es lo que tienes para mi?".
El moreno señaló con su pulgar tras él.
"Si te digo quien ha venido a verte, no te lo vas a creer".
Naruto le miró esperanzado.
"¿Papa Noel?".
Shikamaru se volvió con una pequeña sonrisa ante el absurdo sentido del humor de su amigo.
"No exactamente".
"… Oh".
El hacker le dio un par de palmaditas en el hombro.
"Si te sirve de consuelo, este en vez de renos y barba, tiene un perro… y pulgas".
Naruto pronunció aun más su puchero.
"¿Desde cuando Kiba y la palabra 'consuelo' pueden aparecer en la misma frase?. Debería estar prohibido o algo".
"Quien sabe" Shikamaru se encogió de hombros "Mi psicólogo dice que hay que ver el lado positivo de las cosas".
El rubio bufó, indignado.
"Tú no usas de eso".
"Pues debería empezar a hacerlo" contestó con aire pensativo.
Naruto le dirigió una mirada incrédula antes de encaminarse hacia la cocina, de donde parecían provenir los gritos que habían empezado a escucharse en los últimos segundos.
"Entonces busca uno que acepte visitas en grupo".
"¡Estate quieto de una puta vez!" un grito femenino llenó la cocina en el momento en el que entraban.
"Ugh, ¿Dónde se ha quedado esa educada señorita que me robó el corazón?" Naruto comentó, acariciando la cabeza de Akamaru al pasar.
Sakura se volvió hacia él con una mirada airada.
"No sé, quizás debió quedarse con el encantador inquilino que me acompañaba".
Naruto se estremeció, recordando las circunstancias de su primer encuentro.
"Sí, seguramente" replicó, antes de reparar en la silenciosa figura sentada en la mesa "Ey Kiba, ¿Cómo va eso?".
El chico se volvió una lúgubre expresión enmarcando sus distintivos rasgos faciales. Akamaru, sintiendo algo del cabreo que rodeaba su amo, le lamió la mano en señal de compasión.
"¿Tu que crees?" preguntó, señalando las múltiples contusiones que adornaban su cara de la manera mas grotesca.
Naruto le miró por encima de la taza de Ramen que estaba desayunando con calculada indiferencia antes de volverse hacia Sakura y sonreír con malicia.
"Deberías haberle dado mas fuerte, nena".
Kiba abrió la boca, indignado y haciendo ademán de levantarse de su asiento pero la mano de Shikamaru sobre su hombro, la cabeza de Akamaru en su regazo y la mirada fulminante de Sakura se lo impidieron.
"Parad los dos" Shikamaru ordenó, una mirada de reproche en Naruto que el rubio habilidosamente ignoró.
"No me puedo creer que aun sigas cabreado por lo de esa maldita Incubi" Kiba rió incrédulo.
Naruto esbozó una sonrisa venenosa.
"Y yo no puedo creer que después de tantos años nos traicionases así. ¿A que has venido ahora Kiba?. ¿A intercambiar información por tus favores de nuevo?. ¿O a engañarnos?".
Kiba se llevó una mano a la frente, y Sakura la apartó de un manotazo, toda su atención puesta en los puntos sobre su ceja rota.
"Oh vamos, Naruto. ¡Yo no os engañé!".
"¿Ah no?" preguntó con fría calma exterior sin levantar la mirada de su desayuno.
"No" su amigo replicó haciendo aspavientos con las manos "Ella era… es mía, Naruto. Tienes que comprenderlo".
El rubio dejó su desayuno sobre la mesa y levantó la vista hacia él, una expresión mortalmente seria en su rostro.
"Lo que no comprendo es como pudiste destrozar nuestra confianza solo por una estúpida obsesión".
"Hinata no es una obsesión, Naruto. Es venganza, y es justicia. Y no voy a descansar hasta que tenga ambas y esa puta arda en el Infierno" Kiba explicó, la rabia a duras penas contenida inundando su voz "Creí que tú mejor que nadie lo entenderías".
Naruto le miró sin pestañear, lejos de estar sorprendido por su reacción.
"Nos engañaste, nos ocultaste información y te equivocaste" declaró.
Kiba asintió desviando su mirada al suelo.
"Sí" le concedió "pero nunca os vendí al Concilio. Nunca".
El rubio se encogió de hombros y volvió su atención a su Ramen a medio terminar.
"Lo sé" dijo "Solo quería saber si eso seguiría así".
Kiba esbozó una sonrisa, enseñando sus afilados caninos.
"Por supuesto, idiota".
"¿Y eso es todo?" Naruto terminó de sorber fideos para limpiarse la boca con la manga de su camiseta, la mirada asqueada de Sakura totalmente ignorada.
Kiba se encogió de hombros.
"Mas o menos. He estado un poco de aquí para allá, y hace un par de semanas volví a Konoha para terminar un trabajo pendiente, ya sabes" dijo desviando su mirada fuera del alcance de la del rubio.
Naruto asintió, entendiendo lo que su amigo quería decir con lo de "Trabajo pendiente" pero se abstuvo de comentar nada al respecto.
"¿Dos semanas?" dijo "Vaya, eso es mucho tiempo, incluso para ti".
Kiba volvió su vista hacia él con rapidez, buscando algún gesto hiriente en su rostro pero cuando no lo encontró, se limitó a asentir en silencio.
"¿Y no has encontrado nada interesante desde tu llegada?".
"Lo cierto es que no. Solo un par de demonios soldado del más bajo nivel. Todo está realmente tranquilo" comentó y dedicándole una sonrisa a Sakura continuó "Hasta que me encontré con ella, por supuesto".
Sakura gruñó algo amenazador por lo bajo que hizo estrechar aun mas su sonrisa, dejando entrever sus afilados colmillos.
Naruto vio el intercambio de gestos entre ellos con expresión pensativa, notando que se le escapaba algo.
Fue Shikamaru quien le sacó de su desconcierto.
"Estás mintiendo" dijo desde el otro lado de la cocina. Su semblante serio y su postura recostada contra la encimera.
Kiba se volvió hacia él con tal rapidez que incluso Akamaru a sus pies se sobresaltó.
"¿Qué?" preguntó, un deje nervioso en su voz. Uno de sus dedos señaló su ceja rota "¿Quién te crees que me ha hecho esto?".
Sakura se apresuró a defenderse.
"¡Yo no tengo la culpa de que seas tan estúpido de aparecer detrás de mi así en un maldito callejón!" dijo y cuando intentó continuar Naruto alzó una mano en su dirección, silenciándola en el acto.
"Creo que Shikamaru no se refiere a eso" dijo, observando con lentitud la expresión del hacker. Fuese cual fuese el motivo para que Shikamaru se viese forzado a revocar la sinceridad de Kiba era uno bueno, Naruto estaba seguro.
Kiba se levantó de su asiento en ese momento, quizás para ensalzar con su altura sus palabras, o quizás solo para marcharse de ahí cuanto antes, pero lo que Shikamaru dijo a continuación le abstuvo de hacerlo.
"Tú sabías lo de las muertes de los Cazadores".
Kiba se dejó caer de nuevo en la silla, en el más completo silencio, una expresión de estupefacción en su cara. Akamaru bajo él gimió, tocando su pierna.
"El "trabajo pendiente" al que te has referido no es el mismo que el que nosotros creíamos, pero tú pensaste que al utilizar ese termino nosotros daríamos por hecho que se trataba de eso y no seguiríamos preguntándote sobre ello porque sabemos que ella es un tema delicado para ti" explicó bajo la atenta mirada de Naruto. Sakura frunció los labios en señal de reproche y Kiba se dedicó a abrir y cerrar la boca como un pez fuera del agua.
"Has dicho que llevas aquí solo un par de semanas y que no has tratado con nada interesante pero eso no es del todo cierto, ¿verdad?" preguntó, y de repente el ambiente en la habitación cambió. Naruto ya había presenciado aquello muchas veces antes, en el Orfanato cuando algún niño se había dedicado a robarle los calzoncillos o a hacer pintadas insultantes en su puerta; y luego años después durante ciertas misiones en Suna, pero nunca le dejaría de maravillar como el Hacker siempre conseguía tensar tanto la situación que lograba que fuese quien fuese siempre acabase confesando.
Igual que estaba a punto de hacer Kiba.
"¿Cuánto llevas aquí Kiba?" Shikamaru preguntó directamente, los brazos cruzados y el humo del tabaco arremolinándose a su alrededor, Naruto pensó que el Hacker parecía un autentico detective; uno de esas películas antiguas que ambos adoraban.
El Cazador desvió su vista hacia el suelo, acariciando con ternura la cabeza de Akamaru antes de suspirar derrotado, su postura delatándole al instante.
"Algo más de dos meses" confesó.
Naruto frunció el ceño, oyendo el sonido reprobatorio que Sakura a su lado hizo con la lengua. Shikamaru lejos de sentirse satisfecho con la confesión, quiso indagar aun más.
"Eso es mucho tiempo escondido, ¿no?" preguntó, sabiendo que aquello conseguiría herir al otro chico.
Kiba abrió la boca para replicar, pero cuando vio la expresión imperturbable del hacker se limitó a fulminarle con la mirada, sabiendo que había caído directo en la trampa.
"No me he pasado los dos últimos meses poniendo en peligro mi culo para que ahora tú me taches de cobarde, Shika" contestó con irritación.
Sakura ladeó la cabeza con gesto de desconcierto. Un mal presentimiento comenzando a calar en ella.
"¿Poniéndolo en peligro de quien?".
Kiba se giró hacia ella, una amarga sonrisa enmarcando su rostro.
"Créeme, cariño. No quieres saberlo".
Había días, Naruto se dijo, en los que no debería levantarse de su cama.
Quizás habían pasado tan solo un par de horas desde que había despertado en tan irritantes circunstancias pero para Naruto eran como si hubiesen pasado días enteros. Ahora que comenzaba a contemplar los hecho con mayor detenimiento, se daba cuenta que seguramente aquel despertar significaría un antes y un después en su futuro mas cercano.
Y Naruto aun no estaba muy seguro de si eso era algo bueno.
Con un suspiro de cansancio se pasó una mano por la cara, desechando momentáneamente los sonidos de fondo que eran las voces de sus compañeros.
¿Qué le he hecho yo al de ahí arriba para que me odie tanto?.
"… ¿Naruto?" la voz de Sakura le devolvió al presente, sacándole de sus amargos pensamientos.
"Vamos a ver," dijo, saltando de su asiento sobre la encimera "que yo me entere bien".
Sakura murmuró algo lo suficientemente bajo para que no lo oyese, pero el rubio supuso que no era ningún elogio hacia su mas que EVIDENTE inteligencia.
"¿Me estás diciendo que la comunidad de Cazadores de Konoha ha sido prácticamente aniquilada y nadie sabe nada?" preguntó con reticencia.
Su lógica le decía que eso era imposible. Nadie podía matar a tanta gente sin que el resto de comunidades se enterasen, pero algo en su interior le decía que aquello encajaba perfectamente con todo los que Shikamaru y él habían estado averiguando en las últimas dos semanas.
Los rumores de guerra entre Clanes. La falta de Demonios de alto nivel. El Vacío de Poder.
"Es que nadie puede asegurar que alguien de ahí abajo este aniquilándoles, Naruto" Kiba replicó.
"¿A que te refieres?".
"A que lleva meses ocurriendo. Antes de que yo llegara ya habían comenzado los asesinatos. Eran pocos y había un periodo tan largo entre ellos que a nadie parecía darle demasiada importancia. Luego fueron aumentando, o eso me dijeron. Cada vez mas desapariciones. Cada ves mas cadáveres hasta que algunos comenzaron a temer por sus vidas. Si se intentaron poner en contacto con otras comunidades, nadie les oyó. No hay pruebas. No hay señales. Quiero decir, a parte de que los cadáveres han aparecido mutilados o quemados vivos, claro; pero nada que pudiese ser atribuible a un Demonio hasta que fue demasiado tarde".
"Los Demonios no trabajan así" el rubio asintió, casi para si mismo.
"Esto es distinto. Parece demasiado meticuloso, y demasiado frío como para tratarse de algo Demoníaco. Y tú y yo sabemos bien como funcionan esos bastardos. Si algo rompe su frágil Equilibrio, el Caos esta servido. Nosotros hemos visto de cerca lo que hace el Caos, y desde luego no es esto".
No, es mucho peor.
Kiba no era el único que había visto de cerca lo que era el Caos, y Naruto podía darle la razón en eso. Cuando la Balanza de Poder se desequilibraba y los Demonios tomaban el control, el Apocalipsis estaba servido. Naruto ya había vivido uno, y no quería volver a presenciar otro igual.
"Quizás haya alguien que se lo impida" dijo sin pensar, las palabras saliendo de su boca antes de que se diese cuenta. Shikamaru le envió una mirada de entendimiento.
"¿Alguien qué se lo impida?" Kiba dijo, la confusión frunciendo su entrecejo "¿Quien?".
Naruto sonrió abiertamente. Su sonrisa emulando mas bien una mueca dolorida.
"Dime, Kiba ¿Has oído hablar de los Uchiha?".
Al final, resultó que Kiba si que había oído hablar de ellos. Una mención de algún Cazador por aquí y algún cuento de algún otro por allá, lo cierto era que Kiba durante sus últimos dos meses había estado mas preocupado de guardarse las espaldas que de obtener información sobre un clan del que solo conocía su gran renombre.
"¿Uchiha, eh?" murmuró "Algo sé sobre ellos. Un antiguo Clan, creo. Muy famosos por aquí hace muchos años. Lleno de Incubis de los altos Círculos y esas cosas. Creo recordar que era uno de los clanes en más estrecha relación con los Hyuuga. Incluso que solían trabajar juntos. No sé mucho más, pero supongo que los archivos estarán llenos de relatos sobre ellos".
Shikamaru rió sin humor.
"Los archivos han sido borrados, tío".
Kiba le miró, la sorpresa pintada en su rostro.
"¿Q-Qué?" logró articular a duras penas.
El hacker enarcó una ceja, intrigado.
"¿No lo sabías?" preguntó, y cuando el Cazador negó con la cabeza aun estupefacto supo que estaba diciendo la verdad.
"No. Ya sabéis que el acceso esta restringido excepto para unos pocos, entre los que claramente no me encuentro" explicó, volviéndose a Shikamaru "Espera un momento, ¿Cómo has podido…?" comenzó a decir pero se detuvo al ver el aburrido gesto en la cara de su amigo "Olvídalo".
Kiba se pasó una mano por el pelo, un gesto frustrado enmarcando sus facciones.
"Lo normal es que tanto Cazadores como Exorcistas trabajemos de forma independiente" reflexionó en voz alta "Solo reportamos misiones y trabajos que han sido ordenados por los Guardianes y los cuales un Concilio siempre se encarga de archivar y guardar bajo llave. Del resto de Cazas cada uno mantiene su propia cuenta como puede y quiere".
Naruto asintió, pensativo. El mismo había reportado informes en Suna casi a regañadientes, odiando la forma en que ese manojo de viejos relamidos criticaba su forma de hacer las cosas.
Demasiado inocente, decían. Demasiado suave.
¡Ha!.
El Concilio y los Guardianes de cada territorio siempre diferían. Eran independientes, y un Cazador solo tenía que responder ante ellos cuando se trataba de misiones de Alto rango o encargos. Al igual que solo se archivaban aquellos trabajos considerados importantes, casos sin resolver, o sucesos extraños.
Naruto suponía que el exterminio de una Comunidad entera de Cazadores podría calificarse como suceso extraño.
Kiba, desde su asiento, siguió con sus cavilaciones.
"El problema es que desde que llegue aquí no he oído ni una sola palabra de ningún Concilio. Cierto que son un atajo de bastardos reservados y eso" dijo con desdén "pero llevó mas de dos meses aquí y si eso no es suficiente para atraer su atención, que debería, entonces la muerte de sus empleados debería serlo, ¿no?".
"Creo que la existencia o no de ese grupo de capullos es lo que menos debería preocuparnos" intervino Sakura "Con un poco de suerte estarán todos escondidos en alguna apestosa alcantarilla esperando a que pase lo que tenga que pasar porque sus vidas son demasiado… valiosas para perderse".
Naruto no pudo evitar al oír el resentimiento en su voz. La espinita que había tenido clavada en su interior desde que habían salido de Suna con el rabo entre las piernas, horadando aun más en él si cabe. Lejos de querer confrontar la mirada rabiosa de la pelirrosa, se concentró en seguir las observaciones de Kiba.
Pero el otro Cazador también había pillado el rencor en la voz de la enfermera -difícil no hacerlo-, y ahora le miraba con una mezcla de tristeza y preocupación pintada en sus ojos oscuros.
"Oí de que las cosas por allí se pusieron algo difíciles".
Sakura soltó una carcajada seca y sin humor y, Naruto desvió su mirada al suelo, deseando que por una vez ella lo dejase pasar.
Pero, como siempre, nadie ahí arriba le escuchó.
"¡Difíciles dice!. Eso mismo es lo que esos bastardos dijeron".
"Sakura…" Shikamaru intervino con un ligerísimo tono de advertencia, aunque sus ojos nunca dejaron la figura alicaída del rubio.
"¿Qué?. Eso es lo que dijeron, ¿no?. Justo antes de comentar que nuestra relación… nuestra maldita relación con Ellos estaba estrechándose demasiado. Que nuestra presencia allí era demasiado arriesgada para el Equilibrio".
Decir que Sakura estaba prácticamente echando humo por las orejas era como decir que el cielo era azul o algo por el estilo.
El rencor en ella era tan palpable que Naruto casi podía verlo pulular de un lado a otro de la habitación.
"Gaara es un buen tío" Kiba se rascó la cabeza como avergonzado por su confesión.
Gaara ni siquiera es un tío, fue lo primero que Naruto pensó, antes de recordar aquella diminuta sonrisa y la calidez de su mano estrechada y decidir, que sí, que si Gaara hubiese tenido la oportunidad de ser un tío, habría sido uno muy bueno.
Pero desgraciadamente o no, Gaara no Sabaku, Kage de Sunagakure nunca podría ser considerado como tal.
Y aquel estúpido atajo de groupies relamidos ni siquiera le había dado opción a intentarlo.
Sunagakagure no Sato no había sido ese lugar pacífico y tranquilo en el que Shikamaru, Sakura y él habían pensado para empezar desde cero hacia ya cinco años.
Sunagakure no Sato había sido, bien… difícil.
Y un poco -bastante- caótico.
Naruto aun recordaba aquel sentimiento de haberse adentrado en una de esas películas del Oeste cuando entró por primera vez por la puerta de la ciudad.
Sol, desierto y ni un alma por la calle. Las casas cerradas a cal y canto y los bares completamente vacíos, Naruto casi esperó el ver alguna bola de esas de paja rodando a su paso.
Pero no lo hizo.
Solo vio a un niño, o lo que él supuso en el momento que era un niño, pelirrojo, al final de la calle y mirándole como si quisiese asesinarle ahí mismo.
Naruto recordaba a la perfección las ganas que había tenido de salir corriendo de allí y no volver jamás. Algo se lo había impedido, sin embargo.
El niño había desaparecido entonces, solo para plantarse a escasos centímetros de su cara unos segundos después y decir;
"Si no me ayudas te mato".
Y Naruto había sabido con certeza en ese momento que estaba perdido.
Así que Shikamaru Sakura y él, lejos de querer ver hasta donde llegaban las amenazas del mocoso psicópata aquel, le siguieron.
Gaara, como había resultado llamarse el niño, se presentó como Incubi de Tercer Círculo en una ciudad sin dueño ni ley, en la que había muerto ya tanta gente que incluso los Demonios comenzaban a aburrirse. Y Naruto sabía que no había muchas cosas peores que uno de esos bastardos aburrido.
Gaara les había hecho un tour por la devastada ciudad entonces. Hablándoles de cómo alguien de los círculos mas internos había asesinado a su padre, el Kage de Suna y causado el Caos que ahora presenciaban.
Gaara también les había presentado a los pocos Incubis que aun permanecían a su lado, en pos de restaurar el Equilibrio.
Gaara se había vuelto hacia ellos entonces y con su altura de niño de trece años y sus ojos gélidos les había preguntado si le ayudarían.
Naruto no había podido menos que aceptar.
Los meses de Restauración que siguieron fueron seguramente los más horrorosos que tanto él como Shikamaru habían vivido hasta entoncesy lo serían durante mucho tiempo.
La sangre, el dolor y la destrucción que presenciaron a su alrededor plagó sus pesadillas, dejando su garganta rota y sus ojos inyectados en sangre por las noches sin dormir que les siguieron.
Otros Cazadores vinieron cuando oyeron su mensaje de ayuda. Gente como Kiba que se quedó hasta el final, y gente que se quedó en el camino.
Pero lo lograron. Y el Equilibrio se restauró.
Gaara fue nombrado Kage entonces, en un procedimiento secreto y exclusivamente demoníaco en el que ni Naruto ni el resto tuvieron nada que ver, pero del que se alegraron de igual forma.
El Concilio se recuperó también y fueron elegidos nuevos Guardianes ante los que rendir cuentas, y poco a poco, con los años, la normalidad volvió al sitio al que Naruto había llegado a considerar como su hogar.
Su vida, por supuesto, no había sido completamente idílica -Naruto nunca esperó que lo fuese-, pero entre la muerte, el dolor y la sangre derramada, una especie de familia se había formado a su alrededor.
Y Naruto, que solo había tenido en su vida un par de compañeros de litera y un padre fantasma pululando de aquí para allá, se había sentido la persona mas feliz del mundo con tan solo mantener eso.
Y lo había hecho. Durante años.
Hasta que todo cambió.
Naruto, en realidad nunca supo muy bien, cuando el Concilio había dejado de mirarle por encima del hombro con desdén para directamente dejar de mirarle. Nunca supo cuando los rumores habían empezado, ni cuando los cuchicheos que siempre le habían seguido tras su espalda, habían pasado a ser acusaciones de traición, gritadas en su cara.
Naruto nunca vio el comienzo de aquello. Pero sí el fin.
Aparentemente, Naruto se había sentido demasiado a gusto en la presencia del Incubi y no había sido el único. Shikamaru, también había desarrollado una extraña relación de amor-odio con la hermana de este, Temari. Y Sakura parecía haber desarrollado una súbita animadversión por todo lo referente al Concilio que sus miembros habían encontrado de lo más molesta.
Naruto nunca preguntó el porqué de esta. Y Sakura nunca le dio explicaciones.
Las cosas había ido cuesta arriba y contra el viento desde ese momento.
El Concilio había creído que su amistad con el Kage resultaba demasiado estrecha, lo cual por lo visto ponía en entredicho su fidelidad hacia ellos. Los Guardianes le habían interrogado, poniéndole entre la espada y la pared al preguntarle cual de los dos bandos elegiría si el Caos se volvía a desatar. Naruto había contestado que el suyo, y los ancianos se habían reído en su cara.
Ellos no se habían creído su mentira. Naruto tampoco.
La vida se había tornado repentinamente peligrosa para ellos en Suna. El resto de Cazadores ya no le veían como un compañero, sino como una amenaza, y el propio Gaara le invitó a que se largara de allí antes de que las cosas se pusiesen realmente feas.
Y Naruto, igual que la primera vez, solo pudo aceptar.
Y ahí estaba de nuevo.
En una Konoha que ni siquiera reconocía, con amigos que podía contar con los dedos de una sola mano y sin saber una mierda sobre nada.
Fue entonces cuando esa extraña presión en su pecho que llevaba acusándole desde que salió de su Suna volvió con venganza, y la imagen de unos ojos rojos y fríos invadió su mente, que supo que estaba realmente jodido.
Naruto tuvo ganas de salir corriendo de aquella cocina y no volver la vista atrás jamás.
TBC
