Capítulo X: El Antídoto Que Atrae el Mal

NESSIE'S PoV

Me emocionaba volver a audicionar para una marca reconocida junto a Victoria pues en tres meses solo habíamos trabajado para Alexander McQueen y Balenciaga probándonos distintas prendas exclusivas pero queríamos comenzar desde cero con la colección de verano que anunciaría Zuhair Murad con nosotras como rostro, era tan sorprendente que en tan poco tiempo hubiéramos podido convencer en todas nuestras audiciones y eso enorgullecía a Heidi pues representábamos a su agencia que seguía siendo una de las mejores con las más maravillosas modelos profesionales a la cabeza, y claro que eso atraía la envidia de las 'rubias' y otras agencias que siempre nos llamaban para tratar de convencernos de renunciar para estar en sus instituciones con promesas en efectivo y mucha más publicidad por muchos años, sabíamos que podían ser buenas oportunidades pero no podíamos irnos con cualquiera sin que antes nuestra jefa nos haya decidido entregar pues era una cuestión de lealtad con quien nos dio las oportunidades, sin ella no seríamos nada en esta industria. Lo único malo que había de deber que regresar a la agencia luego de audiciones y photoshoots era tener que toparse cada dos días con el pervertido e insoportable de James que seguía tratando de tener algo conmigo ya no utilizando su falsa historia, sino con persuasión física que solo había observado en el protagonista de la película 'Cruel Intentions' pero ni siquiera le hacía caso ni con sus más ansiados recursos y eso lo hacía enfadarse, el notar que no me atraía de esa forma lo carcomía por dentro pues jamás sería de él, no cometería ese testarudo error; Victoria y yo nos burlábamos de sus degradantes intentos sin resultado para él pues era como ver a un jock tratar de ganar un concurso de matemáticas, era un caso perdido fácil de disfrutar y ese debía de ser su castigo por haber utilizado a mi hermana cuando tenía mi edad, cuando necesitaba a papá como yo ahora, él se había aprovechado de nuestras debilidades emocionales cuando apenas éramos unas adolescentes con un hogar roto y corazones divididos por la falta de apoyo materno en nuestras vidas. Recuerdo cuando le agradecí a Benjamín por haber llamado a mi hermana por ayuda pues su cara no tuvo precio cuando le describí el golpe de Bella hacía el perpetrador de menores, se rio tanto que tuve que llevarlo a ver una película dramática extranjera para que se detuviera aunque gracias a eso lloró renegando de la vida de la protagonista pues le parecía extremadamente duro que todos sus seres queridos le dieran la espalda y le hacía recordar a un compañero suyo del grupo de apoyo al que sus padres lo desearon muerto por admitir que era gay y él se suicidó tres días después dejando con culpa a sus progenitores mientras que a Benjamín le quitaron a su único apoyo cuando lo discriminaban, recuerdo cuanto sufrió mi amigo por aquel joven muchacho del cual muchas veces pensé que B había estado enamorado hasta que me admitió que mis sospechas eran ciertas, lo comprendí mucho más en ese episodio tan difícil para él; Benjamín había demostrado ser mi mejor amigo en mucha oportunidades y ya era hora de que se lo demostrara también así que la semana pasada decidí que lo haría de la única forma en la cual él lo apreciaría de verdad, me refería a ir de compras con una parada en las tiendas de Calvin Klein.

Victoria y yo entramos al estudio donde nos dieron unos vestidos a cada una para modelarlos en una escenografía de las calles de Madrid, nos registramos rápido así que en pocos minutos pude irme a colocar el vestido de una ejecutiva futurista que era rojo sangre, ajustado, medio centímetro por encima de la rodilla, con mangas largas, tres pedazos de tela sobrepuestos uno sobre otros en la extensión de los hombros y una especie de cinturón pegado hecho de eslabones metalizados que tenía una boca con colmillos en el centro, primero me puse los zapatos fucsias de tacón hechos con gamuza y luego intenté ponerme el bendito vestido pero se me hacía difícil que mis caderas entraran así que pedí a una de las chicas de maquillaje que me ayudara a entrar en la malhecha prenda.

▪ No cierra – se expresó ella con dificultad mientras sentía como se me cortaba la circulación al haber hecho todo lo humanamente posible para meter mis caderas en la tela pero ahora con el problema del cierre que tampoco cerraba comenzaba a sentirme una ballena a quien no le queda nada

▪ ¡Tiene que entrar, maldita sea! – exclamé sin aire pero sí con una gran molestia al aguantar la respiración para poder tomarme las malditas fotografías y salir de esta cárcel de gamuza mezclada con terciopelo; en eso el diseñador abrió la puerta del cambiador para ver que sucedía con mi demora, se llamaba Thomas Hoult y se veía impaciente

▪ ¡Miren, no tengo tiempo para esto así que ve a ponerte otro de los vestidos en el que si puedas entrar! – susurró con enojo, mis pensamientos autodestructivos tenían mucha razón al juzgarme de gorda pues si no podía entrar en un vestido significaba que quizá no entraría en los otros, estaba segura que había engordado por esas malditas langostas que comía cuando salía con el perpetrador, ahora lo culpaba a él cuando yo había sido la que me había atragantado como si tuviera cinco malditos estómagos

La estilista me ayudó con el otro atuendo que era corto hasta medio muslo con la apariencia de un vestido de ballet azul marino, con lo que parecían ser flores disecadas en perfecto estado como forma de estampado que iban de los colores rojos hasta los celestes desde el comienzo del pecho hasta un poco arriba de la base de la prenda y en la parte de arriba del pecho estaba todo cubierto por pedazos desordenados de tul azul marino que parecían esos recortes de papel maché que se ponía en las bolsas de regalo, como la otra vez también pude ponerme las pantimedias color rojo por arriba de las rodillas y los zapatos de tacón con correa para sostener el empeine de color azul oscuro en la gamuza con la cual se los cubría por completo, y como más me lo temía volvió a suceder la misma cosa: no me cerraba, las lágrimas no las pude contener por más de cinco segundos pues ya me sentía una maldita fracasada obesa que no triunfaría como una modelo por comer langostas y vino en exceso, deseaba tanto sacar todas las grasa y calorías de mi ser para poder ser delgada de nueva y entrar en el vestido. Thomas volvió a entrar intempestivamente, y nos vio batallando con el vestido como la vez anterior, su expresión fue la misma.

▪ ¿Otra vez? ¡Maldita sea! – gritó con desesperación mientras yo solo miraba al suelo con vergüenza, el miró a la estilista fijamente - ¡¿sabes qué?! ¡Dile a Heidi que me mande a una modelo delgada de inmediato, detesto a las gorditas que no entran en mis diseños!

Y eso significaba que yo me iría, no había contrato para mí, no más diversión, no más popularidad en ese mundo, no más ropa de moda, no más fotografías, me sentía morir pero tuve la fuerza suficiente para sacarme la vestimenta y ponerme las prendas con la cuales vine aquí, como una blusa blanca de cuello cerrado con mangas largas debajo de unos ajustados jeans negros a la cadera con botones blancos en donde debería estar la correa, una casaca de motorista negra con una parte de cuero y otra de felpa de forma horizontal y unos botines de gamuza color plomo blanquecino hasta los tobillos, tomé mi bolso de cuero negro con cierres dorados de Versace y me coloqué unos lentes de sol negros para que no se notara mi maquillaje corrido por la lágrimas al descubrir que también era un inútil en esto, en mi mente se hacía la misma pregunta de por qué no podía mantener mi peso como las demás modelos. Salí del probador donde pude ver a Victoria posando con un vestido extraño de color negro con la falda hecha de encaje negro que por debajo tenía esa estructura pomposa que antes usaban las damas en los tiempos de María Antonieta mientras que sobre eso había una mínima estructura igual pero más oscura y luego venía el corsé del mismo tono con un color medio crema en la parte interior, tenía un collar de cinta negra con un dije de oro en forma de rombo robusto y unos zapatos negros de tacón en punta que se veían por las transparencias del encaje en la gran estructura, sus labios eran rojísimos y su cabello estaba algo despeinado por ella misma creando una ilusión envidiable; y eso era justamente lo que sentía ahora: mucha envidia así que resolví a retirarme para dejar de atormentarme con malos sentimientos que arruinarían mi amistad, en eso la amable estilista que me había tratado de ayudar me detuvo con una mirada de pena sonriente.

▪ Tu jefa te está esperando abajo, lamento que no haya funcionado – emitió con piedad, me hacía recordar a una antigua Alice Brandon, antes de su cambio de personalidad, no por su físico sino por su aptitud sacrificada para con los demás

▪ No fue tu culpa, pero gracias por tratar de apoyarme – respondí decorosamente, sujetando mi bolso por inercia, pues ella había sido grandiosa al ayudarme y apuesto que ninguna otra se habría inmiscuido para esta situación, era una buena persona – nunca olvidaré el gran favor

Luego de eso intenté bajar el ascensor desde el piso treinta hasta el número uno, se demoró más de lo normal pues al parecer en cada piso subía más gente que quería bajar o subir así que decidí bajar de ahí y tomar las benditas escaleras que serían más rápidas, tuve razón obviamente al demorarme solo unos cinco minutos trotando para bajar de peso sin darme cuenta y por la necesidad de llegar a donde Heidi aunque no sabía si me regañaría por haber subido de peso, pensaba quizá me despediría y quería terminar de una buena vez con esta posición por eso su reacción se me hizo tan rara que casi creí que se había vuelto una demente, me abrazó como lo hacía Bella cuando yo me sentía desdichada diciendo que todo estaría bien, pude ver a una de las 'rubias' saliendo de su auto guiñándome el ojo burlonamente mientras se dirigía al establecimiento donde estaban los photoshoots, y entramos a su nuevo Volvo, ahí mismo puso en su reproductor la canción 'Ours' de The Bravery y comenzó a hablar.

▪ Alégrate, niña – dijo con emoción volteando a la derecha para verme en asiento del copiloto con una sonrisa característica de ella - te tengo una audición para Armani en tres semanas y todos tus problemas se solucionaran por arte de mi magia, querida

▪ Me acaban de rechazar por gorda y crees que una marca de ese porte me recibirá aunque pesé más de lo acordado – respondí siendo realista, no maleducada; volteé a mirar los autos que pasaban a nuestro lado por la ventana sin más esperanzas que esperar que pasara el año en la Secundaria con puras As

▪ Mira, yo no creo que estés gorda pero hay que observar esta mala experiencia como una advertencia para no cometer los mismos errores con esta nueva oportunidad, a partir de hoy empezaras una dieta efectiva y rápida – me explicó pausadamente como si fuera una historiadora o uno de esos oradores motivacionales que te dicen que 'sí puedes' cuando saben que les pagaras si funcionan sus métodos, pero no notaba ni un ápice de sarcasmo en su idea así que decidí tomarla en serio – vas a triunfar como le prometí a tu hermana, y tienes la ventaja de que eres una chica natural en esto así que no pierdas esto por un gustito lleno de grasas

▪ Ok, dime cómo es esa dieta, no quiero seguir equivocándome – admití con un pesar peculiar que antes nunca había sentido, no le tomé importancia pues necesitaba esto para seguir siendo yo al doscientos por ciento

▪ Primero dile adiós a las carnes de todo tipo menos al pescado, - afirmó mirándome – queremos que sigas viva pero saludable – esa parte me asustó pero no dejé que mis temores me cegaran y seguí oyendo sus consejos – segundo, cada vez que sientas hambre toma litros de agua hasta que estés satisfecha, nada de jugos con azúcar o sodas, café sí para que no duermas cuando no debas y finalmente tus frutas y verduras del día, - me sonrió entrecerrando los ojos – serás totalmente perfecta cuando termines con eso

▪ Ayúdame a serlo – afirmé esperanzada en que mis deseos se hicieran realidad por la cantidad de peso que perdería convirtiéndome así en un ser infinito y sin igual

Al llegar a la agencia me senté a esperar a Victoria para que me comentara de su sesión de fotos y también para pedirle algunos tips para bajar de peso, ella era un poco más delgada que yo así que debería saber por lo menos uno que diera buenos resultados, aprovecharía mis oportunidades al máximo sin importarme las consecuencias, aunque sí me importaban pues serían grandiosas al yo tener más empleos y ser como debía de haber sido desde el principio de este día. La esperé durante una hora entera que utilicé para comunicarme con mi mejor amigo gay para informarle de mis nuevos rumbos, y pensó que yo me iba a convertir en una de esas chicas esqueléticas con enfermedades pero le expliqué que no sería así al haber sido aconsejada por Heidi con esas grandiosas dietas, sin embargo él siguió con su extracto de Wikipedia sobre los peligros de dietas no prescritas por los expertos y yo continuaba diciéndole que ella no me pondría en peligro, obviamente no le interesó lo que le trataba de hacer entender porque él ya había acatado su posición en mi contra, incluso llegó hasta amenazarme que si lo hacía le diría a Bella que me sacara de la agencia para que no me matara a mí misma así que le tuve que prometer que no sucumbiría a ¨esas mentiras que me decía alguien a quien no le importaba¨, obviamente no le haría caso pero no quería que mi hermana desconfiara de Heidi por los comentarios sin fundamentos de mi irritante amigo, no me gustaba que se comportara así de pesimista conmigo tal y como mi madre al respecto de ser modelo, aún no lo podía creer de él pues siempre creí que me apoyaría en todo como lo había estado haciendo hasta ayer por lo menos me daba su espalda para no caerme pero ahora me dejaba apoyarme en mis codos sin protección alguna para que me raspara y volviera a él, eso era jugar sucio.

▪ Hey – Victoria me sacó de mis pensamientos con su presencia, me miraba con pena pero con su misma aptitud divertida – yo no te veo nada gorda, ¿quieres que te cuente sobre el nuevo fotógrafo casado?

▪ Cuéntame – admití como si fuera un placer culposo entonces recordé su pregunta hasta la última parte - ¡¿está casado?!

▪ Solo es un detalle – se excusó haciéndolo ver como un delito menor – cuando me estaba cambiando me vio y luego dijo que parecía una joven Alicia Siverstone en versión pelirroja con ese vestidito rojo

▪ ¡Qué pervertido! – estaba horrorizada con su confesión sobretodo lo de su vestido en ese tono tan de abusador de menores, era horrible pero ella solo reía

▪ Lo sé, pero has visto a Alicia en sus películas de los 90's, ella es como una maldita muñeca Barbie, así que 'Chip' piensa que soy ardiente – me contestó entrecerrando los ojos mientras sonreía satisfecha por haber logrado algo con el señor casado, como dijo ella misma que eso era solo un detalle – y el photoshoot fue divertido como siempre aunque te extrañé ahí, Ness, no es lo mismo sin ti, aparte de que tuve que soportar a esa estúpida rubia tratando de quitarme protagonismo, se veía que Noela ya la ha entrenado bien

▪ Se comienza a sentir como un campo de batalla nuevamente – afirmé seria – pero cambiando de tema te quería pedir algo, ¿accederías a ayudarme con algo importante? – pregunté insegura y ella asintió con la cabeza sin dudarlo ni siquiera por un segundo - ¿me darías algunos tips para adelgazar que no sean dietas?

▪ Pero no estas gorda, te lo juro – trató de frenar mis ganas de bajar de peso pero para lograr eso tendría que hacerme ver en un espejo con la figura de Kate Moss o Alessandra Ambrosio, para convencerla puse mi cara de ruego – está bien, bueno desde que tenía catorce y era una ballena andante fuera del agua uso ciertos métodos poco ortodoxos para no engordar – sacó una pequeña pastilla blanca de su estuche de base compacta que tenía muchas más dentro en vez del maquillaje que debía de tener

▪ ¿Drogas? – pregunté horrorizada por ese 'método', ella rodeo los ojos como si yo estuviera loca o algo parecido

▪ No, tontita – negó extrañada – no consumo drogas, si lo hiciera me vería como Amy Winehouse, que descanse en paz pero ni que estuviera demente me asesinaría de esa manera tan poco, no lo sé, ¿antiséptica? – me explicó arruinando la memoria de una cantante con una voz verdaderamente envidiable – son laxantes, es un forma fácil y sin sudor de perder esos asquerosos kilos de más, gracias a esta amiguita – miró la pastilla como si fuera un diamante – mi trasero ya no luce como el enorme de Kim Kardashian, y me aman los fotógrafos por el cambio en él – parecía que estuviera soñando despierta – toma una por la noche durante una semana y comenzaras a ver los resultados cuando te pruebes la ropa, estas pequeñas sí que son un bendito invento

Y gracias a dos fabulosos consejos comencé a bajar de peso, durante dos semanas me las pasé comiendo como una vegetariana sin tofu en el menú mientras cuando tenía tentaciones en la escuela cuando veía a Jake y Benjamín comer como cerdos, bueno, al menos el primero sí comía de manera escandalosa que a cualquier ser civilizado le daría asco, pero a veces no me podía controlar y comía unas cuantas de sus fritas papitas francesas así que mi recurso era la maravillosa pastilla blanca que sí que hacía milagros increíbles. Gracias a mi habilidad para la actuación, mi mejor amigo no se daba cuenta de ningún cambio extraño en mis rutinas alimentarias pues sí que comía frutas y verduras frente a él aunque ya me daban asco, sobre todo por tener que comerlas a todo momento, y no fue hasta el final de esa segunda semana cuando noté que ya era talla tres al probarme un corto vestido negro que se pegaba a la piel con dos aberturas verticales con forma de reglas en la espalda y con un cuello semi 'V', cuando me quedó a la perfección sonreí hacía mi reflejo en el espejo y no pude contener las lágrimas sintiéndome orgullosa de mi buena voluntad al llenar la talla más pequeña de esa tienda, por fin me sentí tranquila y sin miedo a las calorías pues ya tenía con que combatirlas a muerte. Ese mismo día pensé en algo para distraerme y lo mejor que se me ocurrió fue salir a trotar en la playa sintiendo la fresca ráfaga de aire que se sentía en mis poros aunque hacía un calor terrible no lo sentía tanto como ese viento permanente de reposo en mi piel, y ahora podía relajarme mientras escuchaba repetidas veces la pegajosa canción 'Corner Of Your Heart' de Ingrid Michaelson en la lista de reproducción de mi iPhone con los audífonos puestos sin que nadie me fastidiara con comentarios malintencionados y ni siquiera escuchaba a los niños de último años de la primaria acosándome con sus débiles vocablos, solo me concentraba en seguir soñando para vivir mis fantasías en la realidad que ya tenía a mi disposición pues ya estaba lista para continuar corriendo en las oportunidades que tomaría sin dudarlo.