Capítulo XIV: Experta en Caer

NESSIE'S PoV

Siempre había estado confundida con respecto al calor y al frío pues deseaba poder elegir alguno de los dos buscándoles los pros y contras pero siempre terminaba aún más confundida, inclusive se parecía a lo que sentía con relación al beso 'accidental' que compartí con Victoria, y sabía que ya parecía un disco rayado con respecto a ese incidente pero no podía parar ni siquiera cuando ella insistía que era algo muy normal entre amigas en el calor del momentp y mucho menos cuando Jake seguía insistiéndome en que habláramos sobre nosotros sin compromisos, a veces me daban ganas que todo fuera tan apacible como los baños de agua tibia que tomaba antes de irme a la Secundaria, no eran ni tan fríos para congelarte ni tan calientes para quemarte, estaban a una temperatura ideal que casi era perfecta, allí sí que me podía relajar sin preocuparme por nada pero digamos que todo no eran miel y hojuelas tampoco pues tenía que llegar temprano a clases o pasaría una hora en detención, así que todo tenía que ser o malo o bueno, ni siquiera en mis momentos perfectos había mezclas ya que siempre existiría algo malvado pero necesario que arruinara los mejores momentos, y este era uno de los momentos en el cual necesitaba a mi amigo gay que me daría consejos o llamaría a Bella para que me ayudara ya que yo no me atrevía para no arruinarle más su nueva vida con mis problemas pues quería que comenzara a vivir para ella y no para otros, quería que fuera feliz aunque eso me condenara; y volviendo al problema inicial del dichoso beso, no entendía porque de pronto me sentía extrañamente atraída hacía ella de una forma nada amigable y comenzaba a preguntarme si es que era gay y nunca me había dado cuenta, pero entonces porqué seguía pensando en Jake de forma romántica considerando que era dulce al haber llenado mi casillero con flores silvestres de una manera obviamente vandálica pero adorable, empezaba a entender su forma de ser conmigo últimamente pues solo quería ser suficiente para mí sin darse cuenta de que ya lo era desde que me notó a mí en vez de solo ver a mi hermana, así que se podría decir que me encontraba dividida en cuanto a sentimientos encontrados. Y sí que me sentía una jodida freak, bueno, aunque siendo totalmente honesta todos los adolescentes nos sentíamos así en cierta forma o al menos eso era lo que Glee me había hecho creer, ¿o había sido Teen Mom? El asunto era que quizá debería dejar de preocuparme tanto pues mi vida no estaba siendo escrita en un guion de bajo presupuesto para la peor cadena de televisión en cuanto a noticias ni tampoco acababa de tener un bebé ante las cámaras de un canal que suponía trataba de música, ahora me ponía a pensar que de repente tan solo debía dejar que las cosas fluyeran sin preocuparme de las pelotas que pudieran golpearme con toda la violencia posible pues era parte de crecer, aunque fuera la de voleibol justo en la cara y específicamente en la mejilla izquierda que ahora dolía a horrores a pesar de haber sido arrojada por Tanya en lo que debía de haber sido un partido amigable, y que era más obvio que su nueva nariz, que aquel mate en mi rostro había sido a propósito hace una maldita semana.

▪ Esa perra – suspiré poniéndome base en el moretón tricolor mientras me miraba al redondo nuevo espejo que papá me había mandado desde Rusia como disculpa por alargar su viaje unos meses más – ¡au! – dolía aún más cuando lo rozabas de forma mínima, casi podía recordar con lujo de detalles la expresión triunfante de Tanya al verme recibir la pelota con el pómulo hinchado

Al terminar de maquillarme me vi al espejo notando mi nuevo atuendo compuesto por una camiseta ceñida color celeste con puntos verde oscuro con mangas hasta la mitad del antebrazo y con cuello amplio, un short a la cintura color mora azul oscuro que cubría el polo, dos collares delgados de plata con un dije de triangulo invertido, una pulsera de cuero negro con picos dorados y en el medio una pequeña turquesa ovalada, un par de zapatos plateados de textura arenosa con una abertura en forma de diamante para los dedos y una especie de moño en el medio, un par de aretes con diamantes en forma de cuadrado ordenados en una fila recta de tres delineados y unidos con una línea de oro, y una vincha delgada decorada con hermosas piedras brillantes; debía de admitir que había hecho un buen trabajo con mi rosto ya que me había colocado un poco de rubor para emparejar el golpe, pero aún tenía dudas con este look invernal pues no había llegado al peso que me había aconsejado Heidi aunque me veía delgada, la balanza pensaba lo contrario incluso cuando había comenzado a hacer mucho más ejercicio sin que me importara sudar frente a los demás mostrando que no era tan perfecta, aunque el grupito de atletas obsesivos decía que si alguien debía protagonizar el tráiler de Gatorade femenino debía de ser yo al verme ardiente mientras corría, obviamente que no les hacía caso pues sabía que cualquier hombre heterosexual diría eso de una chica corriendo con poquísima ropa al estilo de Carmen Electra en Scary Movie, así que continuaba ejercitando con la esperanza de seguir bajando de peso por lo menos en apariencia hasta que la balanza me indicara que me detuviera, al menos en eso si habían dos bandos: el de la delgadez y la gordura, tan solo esperaba poder entrar en el primero para sentirme libre al debutar en el desfile más famoso en el mundo como un poderoso ángel con alas de algodón falso para no provocar a PETA.

Salí de casa tomando una botella de agua mineral, aún no le hablaba a mi madre así que no me molesté en darle los buenos días al verla desayunando un bistec con pepinillos bañados en mostaza, todo era tan grasoso y poco saludable que ni siquiera me digné a verla aunque debía de admitir que tenía unas ojeras monstruosas que parecían unas mochilas negras arriba de sus pómulos, lo que era la consecuencia de pasar la noche en un club embriagándose y dándome la razón de que ella lo era sin distinción a los demás pues la prueba estaba impresa en su rostro, literalmente. Entré en mi auto reproduciendo una canción única que se llamaba 'Things Don't Always Turn Out That Way' de The Calling, era pegajosa de una manera muy peculiar pues no era la belleza de una versión pop sino más bien era algo deprimente dándote una bofetada de realidad en tu hermoso rostro adolescente pero sin dolor, aunque si es que contaba la depresión entonces sí te proporcionaba de un ardor en el alma que no cesaba hasta que tu alegría regresaba contenta diciendo que ya eras madura, lo cual te dejaba bien en claro que seguías siendo una niña estúpida que no maduraría a menos que dejara de saltar como una idiota provocando que tus zapatos de tacón no pararan de resonar en mi mente.

▪ ¿Podrías dejar de saltar? – pregunté a Bree junto a Angela, y por supuesto que no me hizo caso pero si dejó de hablar – Ok, lo entendemos, Ben Bilmad te invitó al baile invernal con cuatro semanas de anticipación y es súper maravilloso – Angela asintió junto a mí como una robot copiona – ¡ahora podrías dejar de actuar como niña de preescolar ya que hay gente mirándote como un jodido bicho raro y por ende, a mí! – susurré resaltando lo obvio, ella se calmó un poco y siguió caminando a mi izquierda como su amiga a mi derecha

▪ Es que están emocionante que me haya invitado cuando todas las animadoras lo perseguían junto a Tanya, porque o sea ya sé que no seré la reina del baile pues la corona ya te pertenece – aclaró lo obvio aunque ni siquiera me había ocupado de mi publicidad para ganar pues ellas les prometieron algo al equipo de diseño gráfico a lo que no se podían negar – pero me hace sentir especial que me haya invitado tan pronto, y él es la clase de chico que puede tener a cualquier chica, hasta de otro país ya que su papá gana más de lo que el presidente, creo – estaba equivocada con eso pero no tenía ganas de estropearle su cuento de hadas tan pronto – y me eligió a mí, ¿no es fabuloso?

▪ Hablando de eso… - interrumpí a Angelq con una mirada envenenada pues sabía que quería arruinar la poca alegría justificada de Bree diciéndole que ella había rechazado la invitación de Otto convirtiendo a su ilusionada compañera en la opción número dos del adinerado muchacho, ella me miró resignada - …¿qué vestido lucirás en el baile, linda?

▪ Bueno, estaba pensando en uno negro con escote en el pecho y… - Bree parloteó hasta que Angela la miró aclarándole que la pregunta no era para ella, sino que en realidad era para mí – Ok

▪ No tengo idea, supongo que algo de Jean Paul Gaultier o Donna Karan – cuando hablaba de forma tan plana había como una vocecita dentro de mí que me gritaba comparándome con una 'bimbo' y diciendo que no era como Bella, esa voz pronto se iba revelando como la de mi madre así que no le hacía caso pues me traería mucha rabia que no necesitaba

Ingresé con rapidez a la clase de Física Elemental, que era una de las más trabajosas para mi pobre cerebro promedio pues hasta para los nerds era un reto, por eso siempre odiaba la bendita clase pues en el futuro no me serviría para nada ya que no quería ser una física o científica ni matemática, solo quería vivir del arte que disfrutaba, pero para pasar el año debía de obtener todos mis créditos para salir sobresaliente y que mi madre no me fastidiara con sus tonterías, y a la vez provocarle una alegría a mi papá en el extranjero con mis buenas calificaciones. Sufrí con esa clase unas dos horas, hasta que llegó una de mis nuevas clases favoritas, la gimnasia era tan genial para mi situación de estrés y gordura que no había nada mejor para mí en este establecimiento para aprender. Me vestí con una camiseta ceñida de color plomo manga corta, un par de shorts negros, unas medias blancas hasta la mitad de la rodilla y unas zapatillas blancas sin nada que destacaba, mi cabello lo amarré en una coleta alta para que no me diera comezón en el rostro al correr y comenzar a sudar en grandes cantidades, odiaba la ineptitud de ciertas muchachas de ejercitarse solo para ser observadas con lujuria al haberse olvidado sus brassiere por 'accidente' en los lockers color vino de los cambiadores, era deprimente. Me disponía a retirarme de los cambiadores cuando mi móvil sonó con el tono de Victoria, así que contesté de inmediato.

▪ Hola, ¿qué pasa? – saludé con emoción expectante a lo que me podría informar, temiendo que pudiera ser algo malo o que tuviera que ver con el desfile o mi empleo en la agencia, gracias al cielo sabía disimular muy bien

▪ Hey, niña – saludó con tranquilidad, en el fondo se escuchaba como una ducha correr y me confundía pues podía ser de aquí o de donde estaba ella - ¿adivina quién estará en el desfile de Victoria Secret junto a ti vistiendo nada más que unas alas de ángel falsas y lencería?

▪ ¿Cómo así lo conseguiste?, ¿acaso hablaste con Rebekah?, ¿Heidi te ayudó o algo así? – la bombardeé con preguntas pues necesitaba saber si era algo seguro pues aunque me sintiera inmensamente feliz por mi amiga, también me encontraba preocupada por su situación, no quería que pusiera sus esperanzas en algo que quizá no pudiera concretarse por una pisca de ingenuidad

▪ ¿La Sra. Blacl? – preguntó insegura pero con la misma aptitud encantada de siempre, yo asentí pero me di cuenta de que no me vería, así que me desentendí de esa tontería que cometí

▪ Sí, ¿hablaste con ella?, ¿fue ella la que te ofreció el empleo? – pregunté muy velozmente pues estaba algo nerviosa, y comencé a darme cuenta de que me estaba perdiendo un poco de la necesaria clase

▪ No, en realidad fue el Sr. Black el que me lo dio – respondió con un gran doble sentido en su forma de expresarse – fue el famoso Bill Black, el co-trabajador de la señora y su esposo, es realmente convincente

▪ ¿O en serio?, ¿cuánto? – pregunté con sarcasmo, un poco molesta pues sabía que me contestaría algo terrible que no tenía nada que ver con modelar, ni con diseñadores a la moda - ¿qué hiciste esta vez?

▪ Nada, solo nos encontramos en un club exclusivo – se oía muy tranquila – bebimos mucho y luego me invitó a su departamento, donde nos divertimos como nunca en su hot-tub, - suspiró como si fuera lo mejor de su vida – como se sentía culpable al día siguiente por dormir con una chiquilla, aceptó incluirme en el desfile si es que su esposa no se enteraba de este o de nuestros futuros encuentros, ¿no es divertido? Ahora estaremos juntas.

▪ ¡Oh Por Dios! – exclamé horrorizada ante lo que me decía con tanta franqueza, era como ver cómo era en realidad mi amiga, como decía eso sin sentirse mal

▪ Ay no es para tanto, el sábado tuvimos sexo, fin de la historia – admitió sin pudor alguno, aclarando que no sentía vergüenza al llegar a tales extremos tan asquerosos

▪ ¡Qué terrible! – grité con temor al imaginármela en esa horrenda posición frente a ese hombre que muchas veces había admirado por el legado que había construido con su esposa luego de ser contratada

▪ Ya déjalo, hablo en serio – dijo tratando de callar lo inevitable, era como si tratara de hacer invisible lo que ella había desnudado al llamarme para informarme de sus mañas

▪ No puedo creer cuán lejos puedes llegar con tal de obtener lo que quieres – dije asqueada por su comportamiento, pues lo que había hecho era altamente inmoral y era chantaje aparte de ser nauseabundo venderse a un viejo verde de cincuenta años que por más cirugías que se hiciera y con todo el dinero del mundo, se seguiría viendo como un pedófilo recién liberado de prisión

▪ ¨Cuando deseas una rosa, debes cortarte con las espinas para conservarla para siempre a tu lado¨ – me contestó como si fuera un proverbio chino o algo parecido, pero esto era diferente pues ya no eran juegos coquetos con los fotógrafos sino que ahora era prostitución por dinero – deberías aprenderte esa frase, niña, para que te ayude con lo de tu peso como dijo Heidi, no queremos que falles en la pasarela, y en serio pensé que te alegrarían mis noticias, adiós

Ella colgó y yo seguía manteniendo mi móvil cerca de mi mejilla derecha, sentía que unas lágrimas recorrían mi rostro hace unos segundos atrás y comencé a sollozar por la impotencia de que hasta ella notaba que no bajaba de peso prefiriendo acostarse con ese anciano que verme a mí atractiva, odiaba todo esto, detestaba que la persona que ahora notaba que en realidad me importaba me viera tan horrenda, colgué el móvil arrojándolo contra el suelo mientras azotaba los fríos lockers con mi dura espalda, y no comprendía porque me sentía así por alguien a quien se supone que solo consideraba como mi amiga, con la cual compartí un beso que sí significó algo para mí, no entendía por qué esas ideas tan raras recorrían mi cabeza ni por qué sentía todas emociones y cambios de humor en mi cuerpo, solo quería dejar estar así pues no compendia nada de mis lágrimas, nada de mi tristeza, nada de lo que me sucedía. Lo único que entendía era que debía de bajar de peso ahora pues solo eso me nublaría la mente y ayudaría a mi abdomen a bajar su gordo volumen.

Salí a correr lo más rápido que pude para quemar más calorías mientas oía la fabulosa canción 'Kiss With a Fist' de Florence and The Machine, antes solía saltar como loca en mi habitación cantando esta canción pues era grandiosamente perfecta para una pre-adolescente que no tenía idea de la vida y que creía que el mundo estaba en su contra por su falta de familia, pero ahora no podía creer que la usaba para ejercitarme ante la vista de unos muy distraídos jugadores de basquetbol, me peguntaba a cuantos golpearían si es que fueran jugadores de futbol americano, sonreí ante ese pensamiento pero luego al sentir tanto líquido derramarse en mi piel ya no podía sostenerme por mí misma así que todo se volvió negro.

Cuando abrí los ojos solo pude ver los rostros de Jake y Benjamín, con quienes compartía la clase pero ya no me encontraba en el gimnasio sino en la enfermería aparentemente por los posters de salud que abundaban hasta en el bendito techo, me senté en la camilla donde la enfermera Mildred me solo me observó con el desinterés digno de tener sesenta años y odiar su empleo, así que solo me ofreció un miserable vaso de agua, luego nos dejó solos a los tres.

▪ ¿Qué me pasó? – pregunté algo confundidas mirando a Benjamín y a Jake con miedo a que me dijeran que me había quedado dormida o algo así en plena clase, lo que me aclaraba que no había perdido nada de peso

▪ Gracias a que Jake evitó que te golpearas la cabeza contra el suelo al desmayarte cuando te sostuvo en sus brazos, no tienes una contusión seria – confesó Benjamín algo preocupado en su tono, se veía sudoroso al igual que Jake – ¿ahora entiendes cómo te afecta eso del modelaje?, ya hablé con él y creemos que necesitas una intervención al respecto para que no hayan más accidentes como estos

▪ No quería que te golpearas y creo que Benjamín tiene razón – admitió Jake con una voz tan dulce que me hizo recordar su versión antigua llena de cariño y romanticismo tierno tan necesario pero no podía dejarme llevar por las emociones traicioneras

▪ No necesito nada, y gracias por ayudarme pero no quiero nada de eso, no volveré contigo, – respondí con un hueco en el pecho que me hacía querer arrepentirme de lo que había dicho - no por ahora - me levanté para mirar al causante de que la palabra 'intervención' removiera mi mente – y si quieres que volvamos a ser amigos, apreciaría mucho que no te metieras en mi trabajo como modelo ni en mi amistad con Victoria así que adiós – miré los lindos ojos verdes de mi exnovio despidiéndome de ellos con pesar como si fuera la última vez que los viera tan dulces y tiernos, gracias a eso deseaba nunca haber terminado con él y solo ser felices los dos con sus detalles pero la vida no era tan fácil así que debía olvidarme de lo bonito pues nunca lo obtendría

Llegué a casa con esperanza en que haya bajado algo de peso pero solo bajé una cuarta parte de lo que me había encomendado Heidi así que recurrí a las pastillitas milagrosas para lograr mi objetivo aunque fuera haciendo trampas, quizá así dejaría de tener esas ideas extrañas y esos desmayos innecesarios, quizá hacía falta jugar sucio para ser del agrado de mi amiga, necesitaba estar a su nivel para ya dejar de ser una niña idiota como Bree que confiaba en sus instintos equívocos cuando lo más seguro para mí era llegar a ser tan experta como Victoria.