Nada de esto es mio y bla bla bla...

Espero que os guste! =)


El Bosque de los Lobos había estado inundado de hombres, caballos y perros todo el día y Eddard Stark estaba preocupado, por lo que fruncía el ceño constantemente.

A parte del comportamiento extraño que de repente tenía Sansa, que andaba dubitativa y muerta de miedo (No sabía aún por qué), había un problema aún mayor. A Ned le preocupaba demasiado que los invitados estuviesen demasiado tiempo allí, sus hijos no necesitaban tanta gente, lo único que hacían eran ponerlos en peligro. Y, además, tendría que llevarse a tres de sus hijos con él a la capital, si no se llevaba a unos cuantos parecería muy extraño.

Las elecciones obvias estaban allí y las decisiones habían sido tomadas. Sansa, por lo menos, podría estar en menor riesgo, sin embargo, a los que si les había costado trabajo el llevar era a Bran y Arya. Rickon era muy pequeño e impredecible, Robb debía actuar como un Lord en su ausencia y a Jon simplemente no lo podía llevar con él, el rey, a pesar de tener muchos bastardos, no le habría dejado llevar el suyo.

Aun así, hubiese preferido que uno de los dos se hubiese quedado en Invernalia, preferiblemente Arya, porque, desde que había nacido, sabía a qué atenerse, ya que era una copia exacta de Brandon y Lyanna, tan salvaje e incontrolable como ellos y con el mismo aspecto, aunque Rickon parecía estar empezando a mostrar que en su interior era también igual que su hermana.

Bran, por suerte, aunque también tenía su lado aventurero, era más tranquilo y se pensaba las cosas dos veces antes de hacerla, lo que era un consuelo. Sin embargo, también había una cosa que le preocupaba de él y era su pasión por escalar, al igual que su hermano Brandon. La Fortaleza Roja no era un lugar en el que escalar fuese algo bueno, podría entrar en una reunión llena de víboras y acabar siendo empujado para que no confesase verdades.

Tendría que hablar muy seriamente con sus dos hijos.

Encima, las transformaciones tendrían que ser hechos en cuartos o mazmorras bien alejadas de la población, para que no llamase la atención, y sabía que sus hijos no podrían evitar el hacer ruidos.

Aun así seguían corriendo grave peligro y cada segundo que pasaba Eddard Stark se ponía más nervioso ante las perspectivas. Si no fuese por la muerte sospechosa, posiblemente un asesinato, de Jon Arryn, nunca se habría planteado el sacar a ninguno de sus hijos del Norte, porque sabía que, a pesar de las protestas de Sansa, a todos los habría terminado casando dentro de su territorio, sabiendo que allí estarían más protegidos de su condición.

– ¡Ned, deja de pensar y atiéndeme! – bramó de pronto Robert a su lado, sacándole de sus cavilaciones.

– Lo siento, su majestad ¿Qué decía? – intento reincorporarse a la conversación.

– Diablos Ned ¿Cómo vas a ser mi nueva Mano si ni si quiera me oyes cuando te hablo? – protestó el rey con molestia, rojo de la indignación al no ser escuchado.

A veces, Eddard, veía pequeños fantasmas del comportamiento de Robert que era como el hombre que había conocido antes, en Nido de Águilas, pero, la mayoría del tiempo, solo era un desconocido que se aferraba con todos sus fuerzas a los recuerdos del pasado y no quería hacer frente al presente.

– Lo siento – repitió por segunda vez –. Pero me abruman todos estos acontecimientos reciente. La muerte de Jon, mi nuevo cargo – La separación de mi familia –, el viaje que haremos, la adaptación de mis hijos a la corte… Supongo que todas esas cosas de las que cualquier persona normal se preocuparía – meditó suspirando y notó la fuerte palmada que recibió de su viejo amigo en la espalda, una que le tambaleó un poco. Parecía que su antigua fuerza no se había perdido del todo – Ahora que lo digo, una cosa que quería hablar contigo era sobre la muerte de Jon ¿Había estado enfermo con anterioridad?

Su pregunta no pareció haber tomado al rey desprevenido e iba a contestar, pero, de repente, un caballo se vio galopando con fuerza a su encuentro, junto a un jinete ansioso.

Habían estado volviendo ya de la ardua caza, con sus presas siendo arrastradas por los siervos que les habían acompañado y el hombre que había hecho su aparición no estaba cansado, pero sí muy agitado, como si algo grave hubiese pasado. A Ned le dio un muy mal presentimiento.

– Mis señores, su majestad…

– Escúpelo, chico – soltó bruscamente Robert, harto del tiempo que estaba tomando – ¿Qué pasa?

– Es… – sus ojos oscuros se clavaron en Eddard y sus sospechas se intensificaron – Es el hijo de Lord Stark, Brandon Stark. Él parece haber sufrido una caída desde un muro y está inconsciente.

El alma de Ned se le hundió hasta los pies y no tardo nada en dirigirse al galope hacia Invernalia, con el rey y su séquito a la cola.