Lo mismo de siempre, juego de tronos no es mío, aunque querría que lo fuese ~_~ (suspiro)
Todo estaba oscuro, no había nadie allí, solo él y su sombra, pero al darse la vuelta, no era una silueta normal, no era su propia forma, si no la de un lobo gigante, más grande que cualquier caballo, tan colosal que hasta él tuvo miedo de su propia sombra, pero entonces, la nada se convirtió en algo que poseía color, era blanco y, aun sabiendo que era un sueño, pudo sentir el frio en los pies descalzos recorrerle todo el cuerpo con un escalofrió.
El sol le incidió con fuerza y la sombra se volvió más oscura y terrorífica, sin embargo, de pronto, ya no era un huargo, sino que se transformó en un cuervo y la sombra dejo espacio para dar forma a tres ojos en su cabeza.
Aunque no se había movido desde que se dio la vuelta, las sombras alzaron las alas y de ellas mil pájaros negros salieron revoloteando hasta las copas de los árboles del bosque, que se había creado en ese mismo momento, todos cantando el mismo nombre "Bran", "Bran", "Bran".
Era igual que su sueño anterior, pero no se alzaba en el cielo y los destellos dorados habían desaparecido por completo, aunque el susurro de "Las cosas que hago por amor" seguía allí como una cantinela que se repetía y repetía sin parar en murmullos de agua.
Entonces, el cuervo que se había colocado en la rama más baja, justo en frente suya y donde su sombra tendría que estar, pero faltaba, hablo con voz estridente y aguda.
– Puedes volar – insistía otra vez –. Vuela.
–––
Se despertó con el ruido que hizo su hermana Arya al entrar por la puerta del carro, en el que había sido transportado casi todo el camino.
– Parece que vamos a tomar otro descanso – se quejó yendo hacía él y sentándose a su lado –. El carruaje de la reina se ha estropeado otra vez. Será que a la familia real le pesa tanto el culo que ni seis ruedas pueden hacer el trabajo de llevarlos por tanto tiempo – protesto cruzándose de brazos –. Aunque tú ya has tomado el tuyo – observo, curvando un poco los labio en su rostro solemne, el mismo que el de Jon Nieve y su padre.
Bran suspiro echando la cabeza hacia atrás en su asiento.
– Sabes que aún no puedo jugar contigo – dijo rompiendo el silencio que se había formado, obligandole a recordar a su hermana porque aún estaba allí.
– ¿No puedes dar ni si quiera un paseo pequeño conmigo? – intentó persuadirlo con una sonrisa alentadora, posando una de sus manos en su antebrazo –. Así no tienes que quedarte solo aquí. Sansa se ha ido otra vez con Jeyne Pool a pasear por el campamento y no creo que venga aquí.
Bran estaba al tanto de que lo único que no quería era tener que pasar una tarde aburrida por allí, porque, aun a pesar de que hiciese amigos con la facilidad que solo ella parecía tener, aún prefería pasar su tiempo con su hermano.
– No puedo correr y me cuesta mucho andar – explico Bran por undécima vez, pero en ese momento Arya tuvo una respuesta a sus escusas.
– Puedo encontrar un palo y tú puedes apoyare en él, como un bastón – al ver que estaba a punto de protestar otra vez, volvió a insistir –. Nos pararemos todo lo que quieras para descansar, si te apetece.
El niño se rindió y asintió
En realidad, Bran había querido salir desde el principio, pero no había creído que pudiese durar mucho. Hasta hace poco las dos piernas le habían dolido como el infierno, mucho peor que cualquier otra herida que hubiese tenido antes, pero parecía haberse mitigado hacia un tiempo y quizás podría salir.
Todo el mundo le había dicho lo mismo, que era una suerte que pudiese aún caminar en un futuro, quizás no con toda la libertad de antes, eso se lo habían advertido, sin embargo, podría hacerlo y eso ya era algo, porque la caída había sido tremenda.
No se acordaba de lo que paso antes de su caída, de porque se había soltado.
La reina parecía haber empanizado mucho y hasta le había hecho una visita, al final de esta le había acariciado el pelo con una sonrisa y se había marchado.
Su hermana se había ido para conseguir el palo y, mientras tanto, él se había arrastrado a fuera, hacia el borde, donde uno de los guardias de su padre estaba montando guardia.
No le dejaban ni a sol ni a sombra, porque, cuando Bran había estado inconsciente, por un par de días, alguien había llegado en mitad de la noche, cuando la biblioteca había estado ardiendo y había intentado matarlo. Su madre lo había impedido, junto a unos cuantos guardias, aunque, de esta última parte de los hechos, su madre no había estado muy convencida cuando se lo había contado y se había tornado un poco pálida al principio.
De todos modos, lo que habían conseguido de todo eso, era a un rey enfadado, pero que había renunciado pronto a la búsqueda de culpables, porque el asesino estaba muerto, a su padre furioso y su madre entre preocupada y decidida a llegar al final de todo aquello.
Arya volvió después de un tiempo, con un palo grueso y grande, que soportaría su peso sin problemas.
– Bien, pásame el otro brazo por el cuello y apóyate también en mi – instruyó la niña, haciendo lo que le había indicado.
Se habían colocado bien y era fácil. Al principio, dieron unos cuantos pasos dubitativos. Bran casi relegando todo su peso a su hermana y, después de hacer una corta distancia exitosa, Arya se tragó de lleno una piedra, o algo, en el camino, porque los dos cayeron de boca al suelo, en una bola de masa que al final resulto con que el bastón le diese a él en la cabeza.
Al guardia debió hacerle gracia cuando los dos cayeron al suelo, porque escucharon su risa, pero no les ofreció ninguna ayuda. Así que su hermana, se puso de pie después de un rato de quejarse e intento levantarlo, aunque no pudo y se conformó con acomodarlo en el medio del campo, sentándose en enfrente de él, también, con las mejillas aún rojas de vergüenza.
– Bueno, yo quiero descansar aquí – dijo Bran, para calmar un poco el orgullo de Arya, aunque el suyo también estaba muy dañado.
Hasta la próxima actualización ;)
