Una duda, una esperanza

-¡Mara, espera!

Ella no se detuvo, ni tan siquiera se dignó en mirarlo mientras se alejaba del apartamento de Mon Mothma. De todas las ideas atolondradas y estúpidas… ¿Casarse con el granjero?

¿Ella?

¡Já! La mujer debía estar senil, primero se congelaría el infierno antes de casarse con él. Una mano callosa se posó sobre su brazo y la obligó a detener su huida.

-Déjame ir este instante, Skywalker.

-Mara, por favor…

Ella le arrebató su brazo como si le quemara la piel. Él siempre lograba desconcertarla. –Estás loco si tan siquiera estas considerando la idea. – Los verdes ojos chispearon por la furia.

-¿Por qué no?

Los azules ojos la miraron con una serenidad desquiciante. Todo el rostro femenino se transformó con una mueca burlona. -¿Por qué no? – ella replicó con sarcasmo, -Tú y yo no congeniamos, Skywalker.

Ella enfatizó esta aseveración mientras golpeaba el pecho de Luke con su dedo índice. –Tienes muy mala memoria. Desde la primera vez que te vi desee matarte. No creo que esa sea la mejor base para un matrimonio exitoso.

-Vamos, Mara. Dudo mucho que todavía quieras hacerlo.

-En estos momentos lo estoy considerando seriamente.

Luke cruzó los brazos sobre su pecho y la miró dudoso. Una sonrisa amplió sus labios, -Bueno, dicen que del amor al odio hay sólo un paso.

Por un segundo, Luke vaciló sobre la sabiduría de haber hecho esa broma. La mano femenina se posó sobre la empuñadura del sable de luz que llevaba colgado de la correa de su uniforme de piloto, el sable que había pertenecido a Anakin Skywalker.

-Nada ni nadie me hará cambiar de parecer.

-¿Tan detestable te soy?

Eso nunca. Mara siempre opinó que Luke era un hombre apuesto… demasiado de muy apuesto. Fueron siempre las tumultuosas emociones que su presencia evocaba en ella lo que la empujaba a ser dura y un poco intransigente con él. Odiaba sentirse vulnerable y era eso lo que la hacía enfurecerse.

-No. – farfulló ella algo contrariada con esa confesión.

-Confía en mí. Estoy seguro de que un matrimonio entre ambos si puede funcionar.

-¡Por la gran Fuerza, granjero! Tú y tu alma altruista. ¿Serías capaz de sacrificarte así por el bien de una galaxia que ni tan siquiera piensa en ti?

-Si debo hacerlo, sí.

De verás que Mara no sabía si patearle por ser tan generoso y desinteresado. Ella procuró acallar el dolor que esa respuesta suscitó en su interior. La idea de casarse con ella era un deber, un medio para alcanzar un propósito. ¿Qué esperaba ella?

¿Qué el gran maestro jedi lo hiciera por amor a una asesina a sangre fría?

Ella sacudió su cabeza mentalmente, ¿qué en el Sith la había llevado a pensar en la palabra amor? Toda esta conversación era una inútil.

-Lo siento, Skywalker, pero no lo haré.

Y girando abruptamente, continuó su camino.

-Mara, por favor…

Ella maldijo por lo bajo. ¿Por qué en el Kriff le habló así? No podía negarse ante ese tono sosegado con un leve dejo implorante. Con apenas algo de rabia bajo control, se detuvo y le miró:

-Tienes un minuto para intentar convencerme. – y mirando su chrono, - Del cual ya te restan cuarenta segundos.

La mirada azul intensa pareció desarmarla. –Yo sé que te sientes sola, Mara.

-¿Quién te dio permiso para entrar a mi cabeza?

-No tuve que hacerlo, proyectaste todas tus emociones.

El rostro femenino palideció por la ira. ¿Cómo pudo ser tan descuidada?

-De acuerdo. ¿Y qué si lo estoy?

Luke se acercó a ella. –Yo también me siento solo, Mara.

-¿Y eso nos lleva a tener que casarnos? – su voz estaba cargada de sarcasmo.

-Piensa en la posibilidad. Nuestro matrimonio sería uno sólido en la Fuerza. Y aunque parezca difícil de creer, también tendríamos ciertas ventajas.

Si era honesta consigo misma, las ventajas serían solo para ella. Todas las puertas que se le abrirían en sus negocios junto a Karrde solo por tener el apellido Skywalker. Sin embargo, no veía que oportunidades ella le podría brindar a Luke a través de esa unión.

-Yo… necesito pensarlo.

-Es lo justo.

-Mañana saldré con Karrde al sistema de Umgul y en una semana regreso, entonces te daré mi respuesta.

-Muy bien.

Esa sonrisa logró que su corazón saltara en su pecho. ¡Gran Fuerza! ¿Estaba ella cometiendo un error? Sin decir palabra alguna, se alejó de la presencia masculina que tantas agitadas emociones despertaba en ella. Con lo alocado que estaban sus sentidos sería capaz de aceptar su oferta en ese momento.

Luke la observó alejarse. Él también se había sorprendido ante la sugerencia de Mon Mothma, pero al ceder la sacudida del asombro inicial, algo en su interior le exigía que aceptara. No esperó menos de Mara. Se levantó enfurecida y le hizo saber a Mon Mothma cual sería su inminente final si volvía a repetir algo como eso. Salió intempestivamente del apartamento. Enviándole una sonrisa a manera de disculpa a Mon Mothma, Luke salió detrás de ella.

Tal vez no apreciaba su vida como era debido pero decidió intentar razonar con ella. Quizás era una corazonada o una llamada de la Fuerza, pero no pudo ignorar el llamado. Tampoco podía negar que ese llamado estaba entremezclado con ese deseo suyo de tener su familia, alguien a quien llamar suyo. Han y Leia con los pequeños eran un constante recuerdo de lo que no tenía, de lo vacío de su vida. Quería intentarlo y si era sincero consigo mismo, siempre había hallado a Mara muy atractiva. Era una hermosa mujer, muchas veces siendo confundida con alguna princesa o como algún miembro de la aristocracia de algún sistema.

Aún recordaba cuando abrió sus ojos y se halló a sí mismo mirando esa mirada verde helada apuntándole con su pistola blaster. Detrás de todo su desconcertante odio pudo admirar a la hermosa mujer que tenía frente a él. Solo otra mujer lo había fascinado de tal manera... Leia. La princesa de Alderaan, la líder de la Alianza Rebelde, que cada vez que le dirigía la palabra a él, el humilde granjero de Tatooine, no entendía porque lo hacía. Leia era algo inalcanzable, elusivo pero que sabía debía proteger con su vida. Mara era eso y mucho más. Un sueño que no estaba destinado para él. Una estrella tan lejana en la inmensidad que nunca podría alcanzar. Lo bello, lo sublime, lo noble… y él, un simple y humilde granjero.

Solo esperaba… él sacudió su rostro. Ahora solo le restaba aguardar.

. . .

Mara entró a su apartamento y por primera vez lo percibió como un lugar frío, impersonal y vacío. Ella se encaminó hacia uno de los transpariaceros de su pequeña sala con vista al tráfico aéreo y colocó su frente sobre el frío cristal. Mara había creado esta imagen alrededor de su persona tan contraria a lo que realmente era su interior en un modo de autodefensa. Como todo ser humano, deseaba pertenecer, amar y ser amada. Tener una familia… Cerró sus ojos mientras la angustia apretaba su corazón y golpeó el cristal con su frente, molesta consigo misma.

¿Podría casarse con Luke?

¿Podrían tener un matrimonio estable y hasta cierto punto, feliz? El granjero era honesto y responsable, estaba segura de que se comportaría como era debido. Ese gran sentido de honor no le permitía actuar de otra manera. Pero de igual forma ella reconocía que entre Luke y ella existía un abismo insalvable

Desde el primer momento en que lo vio, sintió la extraña conexión con él y a pesar de que tuvo muchas oportunidades para asesinarlo nunca lo hizo. Algo dentro de ella la detenía. En especial esos ojos azules que brillaban con ingenuidad y la invitaban a ser otra persona contraria a la que siempre había creído ser. Todos los momentos que ella deseó creer que podía ser igual a él, llegar a ser una gran caballero Jedi. ¡Oh sí, cuánto deseó creer lo que Skywalker le decía! Pero no podía negar lo que había sido, una asesina a sangre fría. Ella, la Mano del Emperador y él, el maestro de una Nueva Orden de Jedi. Luke le ofreció su amistad entregándole el sable de luz que le había pertenecido a su padre sin pedir nada a cambio, siempre dándole la opción de escoger su camino. Una amistad que había sido reciprocada. Fue asombroso y hasta extraordinario como uno respondía al llamado de auxilio del otro. Siempre estando el uno por el otro.

¿Sería ella lo suficiente valiente para aceptar esa proposición? Todo a cambio de restaurar la paz para toda una galaxia. Ella suspiró. Quizás esa era su penitencia por todas las atrocidades de su pasado. No es que le fuera inmune el agrado de estar casada con el granjero…

Una semana, lo pensaría bien por toda una semana. Solo entonces le daría la repuesta.