Un Lucero y Una Luna
-Estoy al tanto sobre la reunión privada de Mon Mothma.
Si Leia no hubiese tenido los ojos sobre unos papeles que releía por segunda vez –una tal petición del sistema Arrias para navegar por territorio de la luna Bismiik con propósitos comerciales que dicho lugar le prohibía- hubiese podido observar como todo el rostro de su hermano palidecía para luego inmediatamente adquirir un tono rojizo.
-¿Q… qué? – tartamudeó Luke.
Tampoco ella se percató de su estado de nerviosismo. –Sí, creen que soy una tonta pero sé que Mon Mothma está tramando algo con Bel Iblis. Ayer en la tarde se reunieron.
Aliviado, Luke tomó una bocanada de aire. No deseaba que su hermana se enterase de lo que estaban tramando a escondidas de ella. Sería la primera en protestar si lo descubría. Era demasiado de muy sobre protectora con él.
-Lo tienen tan callado. Sé que la NRI esta involucrada también. – ella alzó sus ojos marrones, -Me alejo por un tiempo de todo y me echan para un lado.
-¡Ah, vamos Leia! Sabes que eres indispensable, gracias a ti hemos logrado avanzar con este gobierno… Pero, ¿Mon Mothma le habla a Bel Iblis?
Leia enarcó una ceja. –Luke, creo que ya es tiempo que te alejes de todos los asuntos sobre jedis. A veces me preocupas. Hace casi diez años que Mon Mothma y Bel Iblis se hablan.
-¡Oh!
-Lo cual me recuerda… La próxima semana habrá una cena de gala y grandes dignatarios están invitados. Es imperante que estés presente.
-¿Imperante para quién? ¿Para ti?
Era sorprendente la tenacidad de su hermana. No dejaba escapar una oportunidad para hacer del papel de casamentera. El adoraba a su hermana. Ella era una parte intrínseca de su ser pero a veces podía ser fastidiosa y posesiva. Le gustaba visitarla y de igual manera temía la posibilidad de verla por su obcecado deseo de que él decidiera asentar cabeza y que formara una familia.
-Para ti, cabeza de nerf. Todos los ojos están colocados sobre la nueva academia que forjarás aquí en Coruscant.
El hizo una mueca de desagrado. Le molestaba de gran manera como diplomáticos del gobierno tenían la errónea presunción de que los caballeros jedis eran exclusivamente para el uso personal del gobierno. –Leia, sabes muy bien que opino sobre todas esas actividades.
-Te agraden o no, sabes que debes comparecer. Son esas personas detestables las que cubren los gastos de la Academia.
Luke exhaló desalentado. Leia tenía razón. Ella, sintiendo su desazón, se acercó a él, -Ya no somos la Alianza Rebelde. – y ella tomó su mano para apretarla con ternura, -No somos ese puñado de personas que dirigía el espectáculo. Somos negociantes y árbitros para ayudar en las negociaciones entre sistemas y gobiernos por sectores para que se comporten unos con otros.
-Lo sé.
Los ojos marrones lo miraron detenidamente y una leve sonrisa curvó los labios femeninos. –Es increíble todo lo que hemos logrado, ¿no, Luke? Para mi es como si hubiese sido ayer nuestro triunfo en la luna de Endor.
Él correspondió a esa sonrisa, pudiendo captar el apenas escondido tono de asombro. –Hemos logrado mucho… -
-Pero…
-Aún no hemos terminado. Dime, Leia, ¿crees posible una alianza entre la Nueva República y los vestigios del Imperio?
Ella ladeó su rostro. –No lo veo como algo improbable.- y los ojos marrones brillaron, -Sería algo beneficioso para el gobierno. Una unión como esa sería muy significativa y nos haría más fuerte.
Los azules ojos miraron con detenimiento el bello rostro de la princesa de Alderaan. El corazón de Luke se contrajo, era tanto lo que su hermana había hecho para forjar la Nueva República. Tantos sacrificios, tantas noches sin dormir, todo el tiempo dispuesta hacer lo necesario dejando a un lado el cansancio y en ocasiones, hasta ignorando su salud. ¿Y qué había hecho él mientras su hermana hacía todo por reafirmar el nuevo gobierno?... ¿Jugar al maestro Jedi? Una mueca de dolor fugaz cruzó por el rostro masculino.
-¿Luke?
Leia pudo sentir su dolor. Él le envió una sonrisa a medias. –Sería grandioso terminar con una década de guerra, ¿no?
-Sí… Luke, ¿qué sucede?
El la abrazó con ternura. –Nada. Solo soñaba despierto… Dime, ¿cuándo saldrás con Han y los pequeños a Kashyyk? Es hora de que tú también te alejes de todo.
Ella captó el cambio en Luke y estuvo en la punta de su lengua refutarle que sí estaba sucediendo algo pero su hermano ya no era ese mismo chiquillo que adoraba el suelo por donde ella caminaba. No; ahora estaba tratando con un hombre maduro y seguro de lo que debía hacer. Decidió dejarlo pasar –por ahora- y le contestó:
-El siguiente día de la cena de gala.
Él se echó hacia atrás para mirarla. –Espero que permitas que Gavrisom tome el control de cualquier crisis inesperada, no te quiero cancelando tus vacaciones a causa de una.- y los ojos le lanzaron una mirada amenazante.
-Bueno, Luke…
-Bueno nada, Leia. Te irás sin mirar hacia atrás. Nosotros somos muy capaces de manejar cualquier situación en tu ausencia.
Ella le sonrió algo avergonzada, -De acuerdo, pero siempre y cuando tú estés manejando la situación.
-Lo prometo.
Volvieron a asumir la conversación de unos minutos atrás libre de tensión. Luke escuchó a Leia hablar sobre todo lo que sus sobrinos tenían planeado hacer durante sus vacaciones en el sistema nativo de Chewbacca. A pesar de escuchar a su hermana, su mente comenzó a divagar. Su matrimonio será visualizado como el establecimiento de una unión entre la Nueva República y el Imperio. Luke recordó las palabras de Mon Mothma y caviló sobre la revelación que Leia le había hecho inadvertidamente. Estaba seguro que la reunión entre Mon Mothma y Bel Iblis estaba relacionada con su posible matrimonio a Mara. ¿Qué tan cerca estaría la posibilidad de un tratado de paz entre la Nueva República y el Imperio? Si había algo que había aprendido como jedi era que solo el tiempo podría decirle.
Sistema de Ugmul
Una brisa suave levantaba el cabello rojizo dorado. Los verdes ojos contemplaban distraídamente el paisaje que le proveía la capital de la ciudad. El lugar era casi un ensueño, como si hubiese sido desenterrado de un cuento de fantasía. Una enorme luna casi tocaba las enormes montañas en el horizonte. Pero nada de ello parecía calmar el desasosiego en su alma.
Desde la terraza podía percibir el bullicio en el salón. La tripulación del Wild Karrde junto con los huéspedes del lugar celebraban el éxito de la transacción comercial. Una expresión sardónica cruzó las aristocráticas facciones. Todo en su vida aparentaba ser exitosa. Pero las palabras de Luke resonaban en su cabeza.
'Sé que te sientes sola'
Elevó sus ojos al cielo, una extraña mezcla de emociones siguiéndose unas a otras en su interior. En un movimiento inconsciente, posó la mano en el sable de luz que colgaba de su cintura. Siempre lo llevaba consigo. Sintió la frialdad del metal… Ese había sido el primer sable de Luke, construido por su padre, Anakin. Ben Kenobi se lo había entregado en Tatooine. Más tarde, Luke se lo daría a ella.
Luke y ella se transformaron en aliados. Pero ahora… Ella alejó su mano del metal. Ahora no estaba segura de que eran. Un suave suspiro brotó a través de sus entre abiertos labios.
-¿Mara?
-Karrde. – replicó ella intentando darle una inflexión despreocupada a su voz. Sintió sus pasos al acercarse a ella.
-Has estado actuando de manera muy peculiar en estos últimos días.
-No sé a que te refieres. – ella intentó desestimar ese comentario encogiendo sus hombros con indiferencia.
-Normalmente eres taciturna… y tengo que admitir que algo desagradable en tu actitud con los demás pero últimamente estás intratable. ¿Líos amorosos?
-Muérdete la lengua, Karrde.
-De verás, Mara, si hay algo en lo que pueda ayudar.
Por varios segundos se vio tentada a decirle todo pero se mordió su labio inferior. Un ligero temblor recorrió la esbelta figura femenina.
Karrde entrecerró sus ojos no pasando por desapercibido ese gesto suyo. Si había algo de lo que Karrde se sentía orgulloso era de su innata habilidad para leer las personas. Mara le ocultaba algo.
-Vamos, Mara, ¿diez años juntos no significan nada para ti?
Ella se giró a mirarlo, -No me sucede nada, solo estoy cansada.
Karrde decidió no hacer más hincapié en el asunto. Alzó su copa y le dijo a Mara, -Brindo por otra transacción victoriosa.
Volteó su rostro bruscamente, -No fue nada, estaba haciendo mi trabajo.
De nuevo toda una gama de turbulentas emociones chocaban entre sí en su interior. ¡Oh, sí! Tenía una vida envidiable, era una mujer triunfadora. Pero, cuando terminara todo esto, regresaría a su apartamento en Coruscant. Uno vacío y frío. Justo a tiempo detuvo una risita burlona y socarrona, ¡vaya que era una mujer que había alcanzado el éxito!
Y sin embargo, sería capaz de entregarlo todo en un instante por saber que era tener una familia.
-¿Has hablado con Luke últimamente?
"Sith." Era increíble la percepción del hombre. –Sí. Antes de venir hacia aquí.
Karrde estaba consciente de que firmaba su propia condena a muerte, pero de todas formas le dijo, -¿Por qué no te comunicas con él y le hablas? Estoy seguro de que te escuchará, siempre lo ha hecho.
Todo el rostro femenino adoptó una máscara de frialdad total. Los verdes ojos lo miraron con ira contenida. Karrde dio un involuntario paso hacia atrás, nacido del instinto de preservación. Pero tampoco podía quedarse de brazos cruzados y no hacer nada. Los dos eran unos cabezotas. Siempre que les veía juntos podía percibir sin dificultad alguna la conexión entre ambos. No había necesidad de tener habilidad en la Fuerza para percatarse, era casi palpable.
De improviso, la rigidez abandonó a Mara y la ira se desvaneció de sus ojos esmeraldas. –Karrde, necesito un descanso. Yo… - y por primera vez en su vida él le vio titubear, -Tal vez tome unas decisiones que me alejen de la Alianza de Contrabando.
El asintió con un leve gesto de su cabeza. No lo tomó desprevenido. Tarde o temprano el llamado de la Fuerza sería más poderoso que su trabajo con él.
-De acuerdo. - y luego de una breve pausa, añadió, -Eres una mujer valiente, Mara, nunca lo olvides.
Y para su total sorpresa, Karrde se acercó y le besó la frente con ternura. Fue un beso inocente, libre de toda pasión… parecido al que le hubiese brindado un padre a su hija. El le dejó sola, otra vez con sus pensamientos y con un futuro incierto. No. Ella sacudió la cabeza para darle énfasis a esa negación. Ante ella se cernía un futuro con posibilidades. Fue la primera vez que Mara sintió paz en su interior.
