Apenas un comienzo
De pie frente al transpariacero, sus dos piernas separadas con las manos a sus espaldas y ojos cerrados, Luke hacía su meditación matutina.
Había llegado el día y él esperaba con serenidad la llegada de Mara.
Durante toda la semana no había pensado en otra cosa. Sus horas se ocuparon en pensamientos sobre un posible futuro junto a Mara. El problema era que cada vez esos pensamientos tomaban un rumbo más allá del previsto. Si era sincero consigo mismo, quería un matrimonio, bajo lo que se podía llamar normal. Deseaba tener la rutina banal de un esposo junto a su esposa. Intercambiar anécdotas luego de llegar a su apartamento; hacer quehaceres juntos.
Sólo había un concepto que no se permitía ambicionar; ser padre. Conocía muy de cerca el genio arisco de Mara.
Sintió su presencia no muy lejos. Estaba completamente tranquila y se dirigía decididamente hacia él. Como siempre, percibió su aura brillante como una supernova.
Unos segundos antes de que el timbre de su apartamento anunciara la llegada de Mara, él abandonó su estado meditativo. Su astromech hizo una serie de silbidos electrónicos. –No, está bien. Yo contestó.
Unos ojos esmeraldas miraron los azules con detenimiento.
-Buenos días, Mara.
-Skywalker.
-Pasa, por favor.
Ella vaciló momentáneamente. Pero dándose a si misma una sacudida mental, entró. No daría atrás, la decisión estaba tomada. No era una mujer acostumbrada a la cobardía. Luke le guió hasta su sala. Con ojo crítico admiró el lugar; tenía sus méritos ser un héroe de guerra y Maestro Jedi. El lugar no estaba lujosamente adornado, Luke solo había adquirido lo necesario para vivir cómodamente pero era enorme y tenía una vista espectacular a través de los transpariaceros.
-¿Una taza de caf?
-Sí, gracias.
Mara se acomodó en el amplio sofá que le permitía observar los destellos que arrancaban el sol de la mañana mientas ascendía. Los rayos creaban un kaleidoscopio de colores en los tranpariaceros de las enormes estructuras que iban desde las tonalidades del anaranjado al amarillo hasta alcanzar el rojo más intenso. ¿Era casualidad o un simbolismo escondido? Un nuevo comienzo; una nueva vida. Sintió a Luke regresar, tazas en ambos manos y le entregó una a ella.
Aceptando la taza, la acercó a su rostro y aspiró su aroma antes de llevarla a sus labios. Le dio dos sorbos a la bebida caliente sin decir nada. Luke no dijo nada, ni tan siquiera le sintió inquieto. Ella tenía sus barreras fuertemente erigidas, él no podía tener ni la más mínima idea de que pensaba ella. Mas sin embargo estaba tranquilo. Desquiciante granjero.
-De acuerdo, Skywalker. Acepto casarme contigo.
El rostro de Luke se iluminó. -¿De verás, Mara? –
-No tienes que demostrar tanto entusiasmo. - ella hizo una leve mueca de desagrado, el granjero y su eterno optimismo. Siempre en su afán de salvar la galaxia. ¿Qué esperaba ella¿Qué estuviera feliz porque se casaba con ella¡Kriff¿De dónde en el Sith salió ese pensamiento?
-¿Debemos informarle a Mon Mothma?
Luke hizo un gesto negativo con su cabeza. –Ella dijo que luego de que tomáramos una decisión, el resto sería…
-Nuestro problema. – le interrumpió ella con una mueca sardónica.
Luke le miró algo severo. –Que sería algo personal en lo que ella no debía entremeterse.
-Por supuesto.- replicó con burla.
-Mara. – le llamó él con firmeza, -¿Estás segura? No podemos dar atrás una vez comencemos.
-No daré hacia atrás.
En un reflejo automático, Luke tomó la mano femenina. Fue casi una reacción instantánea; ella le empujó logrando que algo del caf de Luke se derramara en sus pantalones.
-¡Mara!
Por toda respuesta ella le envió una mirada asesina. –El haber aceptado no significa que te he dado el derecho de manosearme.
Los azules ojos tenían un leve brillo de reproche. –Eso no fue manosearte.
-Todo lo que invada mi espacio personal es considerado manoseo.
-Hacemos esto o no hacemos nada.
-¿A qué te refieres? – No le gustó esa frasecita para nada. Era tan parecida a la que él tanto le gustaba machacarle a sus estudiantes; Haz o no hagas; no hay intentos.
-Tenemos que ser convincente; tenemos que demostrarle a todos que estamos enamorados.
Ella abrió su boca para refutarle algo mordaz pero inmediatamente la cerró. Tenía razón. El continuó explicando, -No puedes brincar o atacarme cada vez que yo intente demostrarte un gesto afectuoso.
Intempestivamente, él se colocó de pie. –Son muchos los que desean que al fin esta galaxia halle la paz sin importar del bando al que pertenezcan; la Alianza o al Imperio. Todo ser viviente añora la paz. Y nosotros se la proveeremos a través de nuestro matrimonio. – los verdes ojos seguían la figura del jedi mientras caminaba de lado a lado, -El nuestro será un símbolo de pacto, de unión; necesitarán creer que nuestro amor es verdadero.
Mara enarcó una pelirroja ceja. –Creo que en una ocasión te dije que no intentarás hacerte el astuto, granjero.
El tomó una gran bocanada de aire. Decidió ser sincero. Regresó a su lugar junto a ella.
Mara se sintió algo incómoda ante esa mirada persistente. Una pequeña sirena de advertencia zumbó en la parte posterior de su cabeza.
-Yo también quiero que sea un matrimonio normal.
Ella le preguntó con recelo. –Define normal.
-Yo… en realidad no sé.
-Luke… -gruñó ella.
-Tomemos las cosas día a día. Es lo único que te pido y… - él miró de manera significativa su mano. Mara captando el mensaje en los inocentes ojos azules, levantó su mano para ofrecérsela. Sin vacilación alguna, Luke la tomó entre la suya. Ante el contacto de esa piel calida y áspera, una sacudida recorrió su brazo y lejos de ser desagradable, fue una… placentera.
-¿Ves? No se te ha caído la mano.
-No; pero la tuya si corre peligro si vuelves a hacerte el bufón.
- - -
Ojos esmeraldas observaron el reflejo de una mujer en el espejo. No reconoció la imagen; era una mujer sensual y atractiva en su largo traje rojo persa. No era un color llamativo pero ayudaba a realzar el tono de su cabellera. Se amonestó a si misma en silencio. Se estaba comportando como una jovenzuela enamoriscada. No era la primera vez que se vestía con elegancia, lo había hecho en situaciones anteriores para las negociaciones que hacía junto a Karrde. Sin embargo, admitía que ahora tal vez se había excedido en su esmero.
Esa mañana, luego de informarle a Luke que aceptaba, comenzaron a planear la estrategia para los próximos días. Mara sintió que estaban preparándose para una batalla contra el enemigo, organizando todo posible advenimiento y como contrarrestarlo. Cuando ella le indicó que eso era lo que estaba percibiendo de toda la situación; Luke solo le había replicado con un 'tenemos que hacerlo lo más real posible'. Ella le lanzó una mirada tan fría que ni tan siquiera el sistema de Hoth podría desafiar.
Y siendo el típico granjero, decidió que lo mejor sería comenzar todo esa noche. El haría reservaciones para un restaurante reconocido de la capital. Había escuchado sobre el lugar anteriormente; era lujoso y costoso. Skywalker estaba dispuesto a utilizar todas sus municiones. Si luego de esta cita no captaban que había algo entre la ex – Mano del Emperador y el Maestro Jedi, nada más podría hacerlo. Tal vez ese era el motivo por el que ella se había esmerado tanto; solo quería ayudar a Skywalker. Eso era todo.
El zumbido en su puerta la despertó de sus cavilaciones y caminó hacia la puerta. Antes de abrirla pudo sentir la presencia del granjero. Se reprendió en silencio, convencida de que estaba perdiendo su acostumbrada dureza permitiendo que sus barreras se disiparan momentáneamente. Dos cosas llegaron a su atención cuando abrió la puerta. Una de ellas era que el granjero no estaba vestido de negro. Tenía su habitual uniforme jedi solo que esta vez era un azul marino. Lo segundo fue el gran ramo de flores velanie.
Ella miró con algo de recelo las flores mientras las tomaba en su mano. Ningún tipo de expresión apareció en su rostro mientras miraba el ramo como si fuera a brincar sobre ella y atacarla. En realidad no sabía como reaccionar ante el detalle de Luke. Nunca antes había recibido ningún obsequio aparte de los que recibía por parte de Karrde, los cuales siempre eran una muestra de gratitud por haber hecho un buen negocio.
-¿Cómo…? – preguntó ella perpleja luego de aceptar el ramo.
-¿Sé que son tus favoritas? – y se alzó de hombros, -Soy un buen observador, supongo.
Luke le miró algo preocupado, los verdes ojos se cristalizaron al observar las flores. Parecía perdida en recuerdos del pasado. Aprovechó ese raro momento de silencio para observarla. La luz del sol que se ponía a su espalda arrancaba destellos rojizos dorados al cabello que por primera vez lo veía libre de su acostumbrada trenza, pues solo lo sostenía una sencilla diadema. El siempre admiró el color peculiar de su cabello, era el mismo tono que tomaba el cielo de Tatooine al atardecer.
-¿Mara?
Ella alzó su mirada de las flores, intentando acallar sus exaltadas emociones. Solo era un ramo, por todas las estrellas sagradas. Skywalker solo estaba intentando ser caballeroso.
-Gracias, Skywalker. – replicó ella cortante.
A pesar de su dura respuesta, Luke no pudo evitar pensar que era hermosa. Su actitud fiera y hasta cierto punto hostil, en vez de alejarlo le atraía. Esa mirada esmeralda aceleraron los latidos de su corazón.
-Iré a colocarlas en agua. Puedes pasar, si deseas.
El asintió y entró al lugar. No era parecido al suyo, era pequeño pero cómodo y práctico. Representaba la personalidad de su dueña. Vio a Mara entrar a lo que Luke supuso era su cocina. Luego de varios segundos de titubeo, decidió seguirle. Se petrificó en la entrada; Mara escondió su rostro entre las flores, aspirando el dulce aroma, con sus ojos cerrados y la observó por completo cautivado. Las líneas del rostro femenino se habían suavizado dando paso a un rostro espectacularmente bello. Los latidos de su corazón tomaron un ritmo acelerado. Sintió el poderoso anhelo de saber como sería amar a la verdadera mujer que se escondía dentro de Mara. De conocer el amor de esa mujer.
Rápidamente se alejó de allí, sintiendo que se estaba entremetiendo en un momento privado de Mara. El procuro contener y aplacar los pensamientos que le asaltaron. Cuando Mara reapareció estaba más sosegado. Sonriendo, le ofreció su brazo, -¿Estamos lista?
El temió que no lo aceptaría, ella lo miró con algo de desconfianza. No se había percatado de que contenía la respiración hasta que Mara colocó su mano en el brazo extendido.
Al salir de su apartamento, Mara trataba de no darle mucha importancia al gesto. Solo era su brazo… A través de la tela de la oscura túnica, ella pudo percibir la fuerza de ese brazo. Casi apenas pudo contener el deseo de saber que sería sentir ese brazo alrededor de su cintura. Ella dio un pequeño brinco ante ese inesperado pensamiento. Luke, siempre alerta a todo a su alrededor, le miró inquisitivo, -¿Sucede algo?
-Nada. – esa respuesta seca le indicó que no debía insistir.
Fuera de los predios del complejo donde vivía Mara, Luke hizo una señal con su mano para que se detuviera un speeder taxi. Cuando se hubieron acomodado, Luke le dio la dirección al chofer. Ella giró su rostro hacia el lado, intentando observar los edificios por los que el taxi los transportaba. No quería pensar en el hombre a su lado. No entendía que en el Sith le sucedía. Porque su presencia le estaba afectando. Cerrando sus ojos, ella hurgó en su interior la razón de ello.
¿Sería quizás por qué no estaban en ninguna misión donde dependía uno del otro para salir con vida de la situación? Tal vez era el hecho de que al fin podía disfrutar, relajada, de la compañía del hombre que casi toda una vida le había intrigado. Skywalker había sido un nombre, que no obstante durante su niñez era tabú pronunciarlo, lo escuchaba en raras ocasiones en la boca del Emperador pronunciándolo con gran desprecio.
-Llegamos. – le murmuraron al oído.
Abrió sus ojos abruptamente. Todo el cuerpo femenino se tensó. Ella vaciló, no segura de si podría continuar con la farsa… porque no estaba segura donde terminaba ésta y comenzaba la realidad. La línea divisoria era una apenas discernible.
-Mara, relájate.
Ella le lanzó una mirada fulminante. Él bajó del speeder y alargó su mano para ayudarla a descender. Ella colocó la suya en la de él pensando que solo sería para ayudarla a ponerse de pie, pero se sorprendió cuando no la dejó ir cuando ella estaba parada frente a él. Luke la apretó con suavidad y la miró expectante. Mara sintió una agradable onda viajar a través de su brazo, como si hubiese podido percibir la esencia de Luke en la Fuerza y descubrió que él también la había sentido a ella al ver como se oscurecieron sus ojos azules.
¿Sería posible que ellos dos tuvieran esa singular habilidad de sentirse uno al otro por la Fuerza¿Qué la conexión que siempre había existido entre ambos se hubiese intensificado con el pasar del tiempo? Mientras caminaban hacia el restaurante ella miró sus manos aún unidas, la suya tan blanca como la nieve contrastando con la piel bronceada de él.
Un leve dejo de aprensión la tomó desprevenida al entrar al lugar. El restaurante emanaba dinero y prestigio. Ahora comprendía porque Skywalker había optado por cambiar su acostumbrado uniforme negro. Ella se sintió incómoda cuando todos los ojos de los presentes se vinieron hacia ella. Le dio una mirada de reojo a Luke; su rostro era uno de calma total, sin emoción alguna. Mara alzó su rostro y dirigió su mirada hacia el frente, mientras caminaba a su lado, adoptando como siempre su pose de fría indiferencia.
El maître d' del restaurante les guió con diligencia a la mesa. Su rostro nunca reflejó la sorpresa en su interior; tenían una espectacular vista de la capital y ella pudo ver el Palacio Imperial. Luke haló hacia atrás la silla de Mara y ella asintió con un leve movimiento de su cabeza a manera de agradecimiento. Para su sorpresa, el maître d' les dio las cartas de menú. Por lo regular junto a la mesa de los restaurantes a los que ella solía visitar siempre hallaba un pequeño datapad para ordenar. Tomando el suyo, Mara lo acercó a su rostro y entre dientes le murmuró a Luke:
-Todos nos miran. – le incomodaba ser el centro de atención; ella era una persona muy celosa de su privacidad.
Una enorme sonrisa apareció en el rostro de Luke, -Solo admiran a mi hermosa acompañante.
Ella dejo escapar un bufido lleno de incredulidad. No era una tonta, el centro de atención era Skywalker. Solo restaba que los presentes la reconocieran e hicieran su ejercicio matemático. Una ufana twi'lek se acercó a su mesa para anotar sus ordenes. Al reconocer a Luke por poco sufría de un sincope y casi no podía pronunciar palabra alguna. Mara enarcó una ceja algo sardónica al presenciar como el granjero lograba calmarla con su sin igual empatía y comentarios jocosos que parecieron aliviar a la nerviosa mesera. Los labios sensuales de la comerciante se ampliaron con una sonrisa, Skywalker no era consciente del impacto que creaba su presencia.
-¿Qué? – preguntó él curioso ante su sonrisa.
Ella movió su rostro de lado a lado, -No puedo creer que aún seas tan ingenuo.
Luke fue a replicarle algo suspicaz a ese comentario…
-¡Maestro Skywalker!
El correspondió al saludo, -Senador Nodan.
El senador miró a Mara con algo de curiosidad e hizo un gesto de reverencia con su cabeza a manera de saludo.
-Senador quisiera presentarle a Mara Jade, comerciante bajo el mando de Talon Karrde.
Los ojos del hombre casi se desorbitan al reconocer el nombre pero se recuperó con rapidez de su sorpresa, -Un placer.
-El mío. – le contestó Mara con algo de frialdad.
El senador entabló una conversación con Luke sobre unos posibles compatriotas con potencial para ser jedis. Ella dirigió su mirada a Luke. El escuchaba al senador atentamente. Tenía que admitir que Skywalker era realmente apuesto con sus azules ojos que parecían que miraban hasta lo más profundo de su alma y su sonrisa de granjero. No era muy alto, siendo casi de su misma estatura pero no por ello dejaba de ser imponente. Quizás era toda esa aura de calma y seguridad que había ganado a través de los años que luchó en la alianza en contra del Imperio Todos los presentes lo miraban con respeto; el gran héroe de guerra. Pero a pesar de todo eso continuaba siendo el mismo humilde y generoso hombre que conoció nueve años atrás
-Discúlpame. – le dijo Luke luego de terminar su conversación.
-No tienes porque. – y ella se alzó de hombros, -Me imagino que ese es uno de los gajes de tu oficio.
-Sí. – dijo él sonriendo algo avergonzado, - Tienes el título de maestro jedi y todo el mundo cree que tienes la solución para todos los problemas.
-Y supongo que eso llena tus ansias de estar en constante rescate de la galaxia.
No hubo terminado de decirlo que Mara se dio una patada mental a si misma. No era el momento adecuado para manifestar sus opiniones y mucho menos con el tono sarcástico que utilizó. La actitud en Luke dio un pequeño cambio, Mara casi pudo palparlo… corrección, pudo palparlo con sus sentidos.
-Yo sé que tu opinión sobre mi no es la más alta pero preferiría hablar sobre eso en otro momento; no aquí.
Ella desvió su mirada, su carácter terco no le permitía pedirle una disculpa.
Mara. – dijo él suspirando, - Hay muchas cosas de las que tenemos que hablar y sé que una de ellas es mi Academia. Prometo que lo haremos luego, pero no aquí.
-De acuerdo. – murmuró ella mirándole fugazmente y volvió a posar sus ojos sobre los edificios. Sabía que él estaba en lo correcto. Ese no era ni el momento ni el lugar. Al sentir su mano sobre la suya, dio un leve brinco de sobresalto.
-¿Quieres bailar?
Estuvo en la punta de su lengua preguntarle si él sabía pero no lo hizo. Debía aceptar esa tregua de paz e intentar disfrutar lo que restaba del día. Ella asintió.
Llegaron a la pista de baile y él la tomó en sus brazos. Todo el cuerpo de Mara se tornó rígido.
-No suelo morder.
Los verdes ojos chispearon, -Un consejo, Skywalker, nunca trates de vivir de la comedia.
-¡Ah, vamos, Mara! Solo intentaba aliviar tu tensión; estoy consciente de tu desagrado a todo contacto físico.
Ella respingó no muy convencida.
-¿Qué tal el viaje a Ugmul¿Productivo?
-Sí. Karrde esta muy satisfecho del contrato comercial que logramos.
-La organización de Karrde casi abarca toda la galaxia. – fue más una aseveración que una pregunta.
Ella esperó a que Luke le diera una voltereta para volver a sus brazos. El Maestro Jedi engañaba. Para su agradable sorpresa, Mara descubrió que Luke bailaba muy bien. No debía sorprenderle pues lo había visto mientras practicaba con los demás estudiante con su sable de luz. Los movimientos que él utilizaba solo lo podía hacer alguien con habilidad para el baile.
-Pero a pesar de ello, presiento que Karrde no esta del todo satisfecho. – comentó ella alzándose de hombros.
-¿Por qué opinas eso?
-Tal vez solo sean conjeturas mías pero a veces percibo que él está en constante vigilancia de su espalda.
Luke le miró interesado, -¿Crees que alguien le este buscando?
-Es eso o tal vez le debe a alguien más de lo que le gustaría deberle.
El asintió, asimilando la información que Mara le proveía. En silencio, agradeció a la Fuerza y al rígido entrenamiento al que se había auto impuesto. Aparentaba estar charlando como si nada pero en realidad todo su ser estaba siendo arremetido por una vorágine de emociones que por primera vez sentía. Sabía perfectamente que le estaba sucediendo y todo se lo debía a la encantadora seductora que tenía entre sus brazos. A la hermosa mujer que por primera vez en su vida la tenía cerca de su cuerpo causándole todas esas sensaciones desconocidas para él. Como si sintieran el ánimo de ambos, la banda comenzó a tocar una suave melodía. Acoplando sus pasos al cambio de la música, decidió ser atrevido y rodeó la diminuta cintura femenina con su brazo para acercarla más a su cuerpo.
Mara no protestó ante su gesto, una de sus manos estaba entre la de él y de nuevo la misma sensación de estar uno dentro del otro arrasó con sus sentidos. Era algo indescriptible pero a la vez maravilloso e intoxicante. Ella se sentía flotar en el universo; todo a su alrededor se había desvanecido y para ella solo existía Luke. Ella miró los ojos que brillaban como el zafiro. Luke sentía que cada paso que tomaban al ritmo de la música era como si estuviera moviéndose de una estrella a otra; dos almas unidas en un viaje extraordinario por la galaxia. La música terminó y ambos se separaron con pesar, casi sintiendo como dolor físico la separación. Luke, observando un brillo peculiar en sus ojos esmeraldas, deseó abandonarse por completo al impulso de besarla frente a todos. Pero el momento desapareció cuando se percató de que la comida ya estaba servida en la mesa de ambos. Colocando una mano en el codo femenino, la guió de regreso a la mesa.
Mara miró su plato con deleite; fideos pashi en salsa blanca con gambinos. Se veía delicioso. Dirigió su mirada al enorme filete de carne de nerf asada en el plato de Skywalker y enarcó una ceja, -¿Hambre, granjero?
Un leve rubor apareció en las mejillas de Luke, -Sí.
Ella dejo escapar un bufido nada elegante. –Desde ahora te advierto que mis habilidades culinarias dejan mucho que desear.
El corazón dejo de latirle por varios segundos al ver el rostro masculino iluminarse con una sonrisa. Casi parecía tener una calidad tierna…
-Puedo compensar en esa área.
-Por tu bien, así lo espero.
El comenzó a reírse de buena gana. La tensión abandonó a Mara por completo. Quizás su matrimonio con Skywalker podría ser uno agradable. Al ver sus ojos azules brillar pensó que era posible que estuviese entrando a una nueva etapa en su vida. El era un buen hombre, honesto, leal, afable, tolerante… ¿qué más podía ella desear en un esposo? Pero todo ese aire benévolo no la engañaba, sabía de primera mano que él también podía ser fuerte y exigente y si la situación lo requería, firme e impávido. Un zumbido la despertó de sus reflexiones.
-Disculpa. – murmuró Luke contrito.
-¿Tienes que andar con eso todo el tiempo? – le recriminó ella con algo de suavidad.
El buscó su comlink y contestó al llamado, -Aquí, Luke.
-Hola, chico. ¿Interrumpo algo?
Antes de Luke poder contestarle a Han, Mara se le adelantó, -Hola, Solo.
La pausa fue una incongruente; no era consistente con la personalidad de Han.
-Bueno, bueno, aparentemente si estamos muy ocupado¿no, chico?
-Mara y yo estamos cenando.
Al otro lado del comlink se escuchó un largo silbido, -Así que están muy serias las cosas.
-Han, no creo que me llamaras para saber que hago con mi tiempo libre.
Se escuchó una sonora carcajada. –No. Necesito de tu ayuda.
-¿Ya estas en líos en tu segundo día de vacaciones?
-Quisiera yo. El Presidente quiere que Leia intente arreglar una situación entre Diamala e Ishori pero intercepté la llamada y yo le prometí hacer algo al respecto. No quiero que Leia deje sus días libres con los pequeños. Necesito ayuda de ti y tus sabias palabras y decisiones. Si es que Mara te lo permite, por supuesto.
Ante ese último comentario, Mara arqueó ambas cejas. Luke movió su rostro de lado a lado. -¿Para cuándo me necesitas?
-Deja ver… - y le dio a entender que miraba su chrono, -¿Qué tal para ahora?
Luke dejó escapar un pequeño resoplido. –Muy bien, saldré en una hora. ¿Cuál será nuestro punto de encuentro?
-Iphigin.
-Nos vemos entonces allí. – y terminó la comunicación.
-¿Otros de los gajes de tu oficio? – preguntó Mara algo burlona.
-Mara, de verás lo siento…
Ella hizo un ademán con su mano de que lo olvidara. –No tienes que disculparte. Entiendo perfectamente y no es justo que tu hermana interrumpa sus vacaciones de esa manera. – e imprevistamente, ella añadió, -¿Deseas que te acompañe?
Luke se vio muy tentado a aceptar su oferta. Mara podía ser de gran ayuda, pudo comprobarlo muchas veces en el pasado. Pero tampoco sería justo para ella, de seguro estos días era para su descanso. –No, sólo será cuestión de hablar e intentar hacer ver las partes de cada uno. Espero estar de vuelta en unos días.
Los ojos esmeraldas brillaron con picardía. -¿Es eso una promesa?- y una suave risa brotó a través de los sensuales labios al ver como él enrojecía. No podía creer que aún tuviese ese aire ingenuo e inocente a pesar de los años y las experiencias vividas.
Para Luke fue una sorpresa inesperada pero grata escuchar esa risa. En el pasado solo había escuchado sus risas burlonas y sarcásticas. Sin embargo esta era dulce y le recordó una de las caídas de agua cerca al templo de Yavin. Se hizo la promesa de hacerla reír más a menudo.
Mara se sintió algo desconcertada ante la mirada azul penetrante, -¿Qué? – preguntó ella a la defensiva.
-Nada. Sólo te admiraba¿te han dicho alguna vez lo hermosa qué eres?
Esa pregunta pareció desarmarla. –Creo que ya debemos irnos si deseas salir en una hora para Iphigin.
Luke asintió algo desalentado ante el cambio brusco de Mara. Pero no se dejaría vencer, sabía que el camino para romper el caparazón de Mara sería uno arduo y difícil. Al final valdría la pena haber sido insistente. Si en este breve momento ella le había mostrado un vistazo de quien era en realidad detrás de sus barreras y máscara de frialdad, de verás que valdría la pena.
