Porque ciego es el destino
Algo no estaba marchando bien. Sólo eso podía Mara captar. No le agradaba sentir esa pequeña alarma resonando en la parte trasera de su cabeza; solamente le indicaba que algo no estaba bien pero no podía discernir concretamente que era. Para su total ansiedad, parecían subir en volumen con cada hora. Ella frunció el entrecejo; no, algo definitivamente no estaba del todo bien.
Para males de colmo, el atrevido –si es que se le podía llamar así- de Skywalker se había marchado después de ayudar a Han con los damialinos e ishorianos a investigar una rara ocurrencia en Iphigin. Han le había llamado personalmente para darle el mensaje. Ella ignoró la mirada de interés y curiosidad en los ojos almendras. Si Skywalker no le había dicho nada a su cuñado, ella tampoco le daría ninguna información.
Los ojos verdes se posaron en la sortija en su mano derecha. El granjero la había tomado desprevenida cuando al dejarla en su apartamento le entregó una pequeña caja. Fue a replicarle algo nada gentil sobre dar demasiados presentes en la primera cita pero algo le hizo detenerse. Cual no fue su sorpresa al ver la sortija con una solitaria gema de coruscante en el interior de la costosa caja. A través de la Fuerza ella pudo percibir que él estaba un poco avergonzado. Sin esperar respuesta alguna, le dio las buenas noches y le besó fugazmente la mejilla antes de marcharse. Para Mara fue inesperado pero placentero. Luego deslizó la sortija en su dedo, observando como la luz arrancaba una mezcla extraña de tonalidades rojas y verdes de la gema. No se sorprendió de que le quedara a la medida.
-De verás Mara, lamento mucho molestarte en tu tiempo de descanso.
No pasó por desapercibido la mirada subrepticia de Karrde a su anillo. Si él no le hacía ninguna pregunta directa… ella se alzó de hombros, tampoco le daría información de gratis. Ella solo asintió con un movimiento brusco de su cabeza para que él continuara. Se habían puesto de acuerdo para encontrarse en un café y estaban sentados al aire libre, las distintas naves en el tráfico aéreo prácticamente sobre sus cabezas rompiendo la monotonía del silencio en el lugar.
-Nunca imaginé que al contratar los servicios de Lak Jit sólo lograría abrir la caja de Pandora. – e hizo una apenas imperceptible mueca de desagrado, -Los documentos de Caamas. Por más codicioso que aparente ser no es para mí ningún placer sumergir a la República en una guerra civil.
Mara pensó que estaban al borde de ello. Luego de su salida con Skywalker, varios diarios de la capital en conjunto con los holo-canales de farándula, habían tomado la iniciativa de chismorrear sobre ellos dos. Una helada sonrisa curvó los labios de la comerciante mientras veía algunos de los canales, llegando hasta mencionar que era posible que ella fuese la causante de que Callista abandonara intempestivamente al Maestro Jedi unos años atrás. El circo solo duró un día. Toda la conmoción de su salida con Skywalker fue eclipsada por posibles rumores de que habían sido hallados los documentos de Caamas en Mount Tantiss, Wayland.
Ahora entendía porque el senador Fey' lya estaba tan ansioso para que destruyeran el lugar la última vez que ella fue con Skywalker. Un escalofrío involuntario recorrió su cuerpo al recordar todo lo que había sobrellevado allí. Ella no estaría ahí en ese momento, hablando con Karrde de no ser por Skywalker. El documento señalaba con un dedo acusador a los bothans del ataque a Caamas; uno que dejó al planeta por completo destruido e inhabitable.
Lak Jit, ni corto ni perezoso, conociendo del deseo público de conocer quienes habían logrado sabotear las barreras de Caamas, él había vendido la información al mejor postor sin importarle el caos que podría traer tal acción a la galaxia. Una semana había transcurrido desde la partida de Skywalker y el senado estaba completamente dividido. '¿Estás del lado de los bothans o del lado de los caamasi?' esa era la pregunta del momento.
-Karrde. – le llamó Mara mientras dirigía hacia él una mirada determinada, -¿Qué es lo que en realidad buscabas en Mount Tantiss? Hay algo que está carcomiendo tu interior.
El movió la cabeza de lado a lado. –No tiene ninguna relevancia en estos momentos.
'Pequeño mentiroso.' pensó Mara al percibir un cambio en emociones en el hombre mayor.
-Necesito de tu ayuda, Mara. Han desea que investiguemos una banda de piratas.
-¿Qué tienen de especial?
-Es posible que estos piratas estén bajo el mando del Imperio. Atacaron la atmósfera de Iphigin con naves muy avanzadas… y Luke sintió clones a bordo de las naves.
El rostro de Mara palideció. Solo eso faltaba; a punto de una guerra civil y encima de todo, reapariciones de clones. Nunca presenció la guerra de los clones, fue mucho antes de ella nacer pero el Emperador se había tomado la molestia en demostrarle todo los daños que había causado la batalla. Era su constante placer vanagloriarse sobre ello.
Todo el rostro de la bella mujer se transformó cuando una molesta idea llegó a su cabeza. –Skywalker. – farfulló ella por lo bajo. Apostaba todas sus ahorros a que él imbécil había saltado a investigar el grupo sin tan siquiera pensar en las consecuencias de su acción… a su persona. Los labios se comprimieron en una blanca línea, ella esperaba que por su bien no regresara con la necesidad de un baño en un tanque de bacta.
Ella hizo otro descubrimiento. Ya estaba comportándose como la futura esposa de Skywalker. Hizo una mueca derogatoria hacia si misma. ¿Cuántas veces no había ella menospreciado a todas esas mujeres que se preocupaban por sus esposos? Y aquí estaba ella haciendo lo mismo por alguien que todavía no era su esposo.
-¿Mara? – Karrde miró con curiosidad a su segunda en mando mientras una gama de emociones incongruente cruzaban por esa hermosa cara. No era muy dada de demostrar lo que sentía.
Mara endureció su presencia e ignoró la muda pregunta de Karrde. -¿Opinas que el Imperio este detrás de ese ataque?
-No es la primera vez que recurren a ello.
-No. – concedió ella recordando todo tipo de basura a la que el Imperio contrataban sus servicios para contrarrestar la Alianza Rebelde.
-Y tal vez pudo haber sido que este grupo de piratas hallara algunos clones de los cuales la República no tenga conocimiento de ello.
-Lo dudo mucho. ¿Desea que investigue esta ganga?
-Sí. – y le lanzó una mirada inquisitiva, -Han me informó que Luke ya esta detrás de una banda de piratas cavrilluh.
-No me digas. – dijo ella con todo el sarcasmo del que era posible. –No es de extrañarse, el granjero y su afán de ser el héroe del día.
Luego de una breve pausa, él añadió, con algo de recelo pues conocía como Mara vigilaba celosamente su privacidad, -Han y yo estábamos hablando sobre lo extraño que tú y Luke se han estado comportando últimamente.
-¿Tan aburrido estás Karrde que ahora recurres al chisme? – fue la réplica helada de Mara.
La curiosidad pudo más que su instinto innato de preservación. –Ambos nos hemos percatado de que están algo inquietos. ¿Alguna visión o premonición de la que debamos saber?
-Ninguna. – ella aparentó indiferencia. Pero todo su interior se congeló ante esa aseveración de su jefe. Era real su temor; algo tenebroso parecía cernirse sobre ellos. Skywalker también lo estaba presintiendo.
-No te creo.
-Es tu prerrogativa si me crees o no.
-Ambos son muy fuertes en la Fuerza. Y además siempre ha existido esta peculiar conexión entre ustedes dos. Algo están presintiendo. ¿Tiene que ver con los clones?
Por unos breves segundos Karrde temió que ella volvería a negarlo pero se sorprendió cuando la escuchó decir, -No puedo asegurarte que tenga una relación con los clones; es algo elusivo y Skywalker siempre me advirtió sobre esas percepciones vagas. Debo esperar con calma a que sean más concretas. Siento no poder ayudarte en ese departamento, Karrde.
-Entonces, aparentemente si viene algo sobre nosotros.
Mara titubeó brevemente antes de responder, -Sí.- murmuró ella.
No aparentó estarlo pero Karrde se preocupó. Luke y Mara nunca se habían equivocado en sus premoniciones. Los ojos color azul hielo volvieron a posarse en la mano que sostenía la humeante taza de caf, la luz del sol arrancó destellos a la gema de coruscante. Su ojo de comerciante pudo apreciar el valor de la sortija.
-No sabía que utilizaras prendas. – comentó él.
-No suelo hacerlo.
-Esa gema es una muy exótica y rara. Suele costar una fortuna.
Ella no dijo nada. Para su desconcierto tuvo que admitir que Karrde tenía razón. No entendía porque Luke la compró, el suyo sería un matrimonio de apariencia. No había amor envuelto en éste.
-Su color me recuerda mucho tu personalidad. ¿Regalo de algún pretendiente?
Ella deseó… y detuvo abruptamente la línea de sus pensamientos, -Muérdete la lengua, Karrde. – La dureza en su voz fue contrapesada por su tono suave.
- - -
Era estos momentos, mientras viajaba en el hiperespacio, que Luke tomaba provecho de las horas que parecían no tener fin para pensar y meditar. En su cabeza aún resonaba las palabras que Han le dijo cuando él le preguntó la razón por la que los diamalinos no le querían en las negociaciones. 'Porque opinan que eres muy poderoso. A su entender, cuando un jedi utiliza sus habilidades como tú lo has hecho en el pasado siempre terminan entrando al lado oscuro.'
El dejo escapar un suspiro; no podía culparlos. Admitía que en el pasado había hecho uso indiscriminado de la Fuerza. Hace dos años atrás que se había percatado de ese horrendo error. Cada vez era menos su contacto a la Fuerza, intentando recurrir a su astucia e innata habilidad para salir de situaciones difíciles. Luego su cuñado había comentado sobre ello. La conversación no alcanzó el nivel de una discusión pero apenas lo estuvo. Han le recriminó de ocasiones en que había sido muy llamativo en su uso de la Fuerza. Sin embargo, era cierto lo que Han señaló, lo había sido más de lo que le hubiese gustado tener que aceptar.
Ante sus ojos apareció una imagen de Mara, ojos verdes mirándole acusador. Ese era la gran espina que existía en su relación con ella. El pudo percibir el temor en ella… quizás porque le estaba recordando de manera inconsciente al Emperador. ¿Habría sido esa la causa por la que tuvo la extraña visión? Momentos antes de entrar a luchar con Han contra la ganga de piratas, tuvo una escalofriante visión del Emperador, uno de los puntos focales de su confrontación con el lado oscuro. Ese horrible rostro flotando frente suyo en el y su risa le heló hasta la sangre. Como si se estuviera mofando de él… o de un posible futuro.
Futuro; esa había sido una palabra que siempre le inquietaba. Más ahora, junto a Mara, no lo veía como uno oscuro y tenebroso. Ella podría comprenderle, ella sabría darle su apoyo.
Luke miró a través del dosel de su nave al negro espacio. Sí, él había intentado cortar todo lazo necesario, llamando la Fuerza sólo cuando necesitara de ella para lograr alguna meta loable. Pensó en Obi-Wan Kenobi, su primer maestro. Un poderoso jedi y de todas manera permitió que Vader le derrotara. Al igual que Yoda, quien tenía una gran sabiduría de la Fuerza y vivió por todos esos años en un olvidado planeta, en espera de su llegada. Ayudar a Leia y a Han había sido aparentemente una acción loable, al menos desde su punto de vista pero Yoda le hizo ver lo contrario. El, en su terquedad, procedió a no escucharle y terminó de manera muy desastrosa, perdiendo su mano en el proceso.
Inevitablemente, pensó en su padre. ¿Acaso habría él cometido el mismo error y en su afán de salvar o rescatar a alguien cercano había entrado en la tentación de utilizar más de lo debido en la Fuerza, logrando que cayera de manera estrepitosa al lado oscuro?
Lo que lo llevó a pensar en Callista. Una mujer que el amó… y que quizás huyó de su lado, de alguna manera atemorizada por su poder. Pero, entonces¿por qué Mara no había huido de su lado a pesar de ello? Fueron incontables las veces que solían hallarse uno al otro. Si hubiese sido otro su opinión habría sido que era espeluznante como respondían al llamado de ayuda del otro. Pero ambos lo tomaban como algo rutinario, algo que no podían eludir y era parte de sus vidas. Y quizás habían sido obcecados y ciegos al no ver lo que tenían frente a sus ojos.
Un mensaje en la pantalla de su nave lo despertó de sus cavilaciones. Artoo le estaba indicando que estaban cerca. El aspiró una gran bocanada, despejando su mente de todo pensamiento y concentrándose en la tarea que pronto tendría entre sus manos.
