Con el amor silencioso que desafía estrellas, galaxias e imperios

Todo capitán y almirante imperial prefería el color negro en su diario vivir; desde su uniforme hasta en las paredes de sus oficinas. Un color, que además de ser práctico, era intimidante y para la hermosa mujer de largos cabellos rojos que estaba sentada detrás de su escritorio, le era muy placentero ese ambiente. Una mujer que para todos en la República se encontraba muerta. Su oscuro uniforme hacía resaltar la blancura de su piel y sus helados ojos verdes. Detrás de toda esa espectacular belleza se hallaba una mujer fuerte y tenaz, que nada ni nadie lograba acobardarla.

Y ahora toda esa tenacidad y fortaleza las utilizaba para dirigir un pequeño poblado en Peduccis Chorios, dejando en su pasado las constantes luchas en contra de la Nueva República. Ya no sentía el mismo ímpetu, las ansias. Estaba cansada, sus labios curvados en un gesto de amargura. En ocasiones sentía que toda su vida había sido una gran equivocación, dudando la posibilidad de haber sido parte del bando correcto. Ella dejó escapar un suspiro, no era el momento para auto recriminarse y de nuevo miró el mensaje que había recibido él cual no le agradaba para nada.

Cuando ya creía que todo estaba en el pasado, que sentía que podía llevar una vida alejada y tranquila de todo problema entre las confrontaciones del Imperio y la Nueva República, tenían que asaltarle con esta imprevista situación que parecía salir de la nada. Volvió a leerlo, negándose a creer en la información que le proveía… era irreal, algo sacado de una holo-serie. Con rabia contenida, oprimió el botón para borrar el mensaje. Ella se comunicó con el puente de mando.

-Capitán Reigh.

-¿Sí, almirante Daala?

-Entre las coordenadas para los Territorios del Borde Exterior. Quiero estar en ruta en menos de una hora.

-Inmediatamente, almirante. – e hizo un saludo de deferencia con su mano.

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Cejansij

Ese era el tercer atardecer que Mara venía a observar la demostración de protesta por el trato de los bothans hacia los caamasis. Era una sin igual; evocando en ella emociones muy particulares. Sólo había estado unos días alejada de todo el meollo y al regresar se halló a si misma chocando contra una invisible pared saturada de rencor, resentimiento y desprecio. Todo indicaba que si no había una solución inmediata a la situación, el panorama podría tornarse en uno siniestro.

La protesta que ella presenciaba era una de las pocas demostraciones pacíficas. Los sistemas pertenecientes a la Nueva República exigían que su gobierno tomara pronta acción y que se le diera justicia a los caamasi. Muchos de ellos utilizaban métodos muy violentos.

Los verdes ojos seguían las columnas de seres con diferentes luces de colores mientras tomaban su lugar para comenzar; la hermosa mujer dejó escapar un suspiro. ¿Habría Luke y ella tomado el camino correcto? Había pasado una semana desde que se despidió de Luke; sólo una semana en la que se había permitido llevar por sus impulsos. En un reflejo involuntario se llevó sus dedos a sus labios. Luego de aquel encuentro, en el que Luke le hizo el amor no una, ni dos veces; el granjero en su característica personalidad impetuosa, le pidió casarse. No en un mes, no en una semana; deseaba hacerlo en ese momento, ahí en el sistema que ni tan siquiera Mara recordaba su nombre.

Ella había titubeado por unos segundos, y quizás fuera el hecho de que la personalidad de Luke ya comenzaba a entremezclarse con la suya o tal vez la inexorable sensación de que la oscuridad parecía cernirse sobre ellos, aceptó con firmeza su pedido. Y se casaron, siendo un oficial militar de alto rango del lugar quien medió de celebrante. Artoo fue su único testigo junto a la secretaria del general. En realidad, Mara no se extrañó de tener una ceremonia como esa, después de todo ambos no llevaban una vida normal. Mara hizo una leve mueca de petulancia. Así que para una pareja fuera de lo común, una celebración algo insólita. No era de extrañase.

Aún no le había dicho nada a Karrde, pero éste se sospechaba algo. Una presencia cercana a ella le hizo salir de sus cavilaciones. Le observaban y se hallaba no muy lejos de ella. Parecía vacilar, pero inmediatamente tomó una decisión. Mara escuchó a su espalda los suaves pero seguros pasos.

-Disculpe, ¿pero es usted Mara Jade? – una tranquila voz le preguntó.

Era posible que no compartiera la misma fama que Luke, pero en ocasiones, su reputación solía precederla. Mara se giró a mirarle; reconoció con rapidez la especie al ver la alta figura recubierta de pequeños caparazones parecidos a los de una tortuga. Provenía de Rellnas Menor.

-Sí.

Le hizo un ademán de respeto, -Yo soy Mosheme Tre, de la tribu de Cas'ta. – y alzando su mano, le mostró una distintiva insignia que llevaba en el collar de su capa, - Y también un emisario de la Nueva República; un observador. Es un honor conocerle.

-También el mío. – no era la primera vez que Mara tenía encuentro con emisarios de ese tipo. La Nueva República había creado ese tipo de agentes para velar de manera pacífica en los sistemas que se le asignaba y dar a conocer al gobierno de alguna irregularidad o violación de las leyes. En cierta forma, tenían un parecido a los viejos emisarios del antaño, a los jedis de la vieja República.

-Me he percatado de que esta es su tercera vez.

Mara arqueó sus cejas no entendiendo lo que le quería decir.

-Quiero decir, en presenciar la demostración.

Mara no era particularmente amigable y mucho menos simpática, sin embargo asintió y comentó para su total desconcierto, -Es una demostración muy hermosa. – Definitivamente se estaba ablandando.

-¿Entiende el significado de las luces?

-Me temo que no.

-Puedo explicarle, si lo desea.

Ella accedió con un movimiento apenas imperceptible de su rostro.

-Observe.

Los seres que llevaban consigo las luces blancas se reunieron en un círculo.

-Ellos representan a Caamas. Y ahora… - e hizo una leve pausa, -Sí, ellos representan a las víctimas de Vrassh.

Y alrededor del grupo de las luces blancas se colocaron otros con luces azules. –Las tierras que adquirieron al cometer tal atrocidad les proveyó de innumerables riquezas a los responsables, sin embargo ni el gobierno de Pas'sic y tampoco la Nueva República han insistido en que le devuelvan esas riquezas a las familias de los sobrevivientes.

Para su pesar, Mara tuvo que admitir que era cierto. Tre levantó su mano y señaló el nuevo grupo que se unía a las luces blancas y azules. –A pesar de ser acontecimientos que crean rencor y odio los reunidos en ese lugar no lo sienten. Intentan clamar por justicia de manera pacífica.

Continuaron observando en silencio como distintas luces eran agregadas al círculo. Los seres con las luces blancas le dieron paso al centro a los de las luces azules. Y en ese orden, le siguieron las amarillas y a su alrededor se colocaron luces rojas. Mara escuchaba atentamente a Tre cuando le explicaba que injusticia representaba cada color. Ella podía entender la razón de tal clamor y aún así…

-Es justo lo que piden pero nunca ningún daño puede ser fácilmente arreglado.

Tre asintió. –Sabemos que los muertos no pueden ser traídos a la vida y tampoco que mundos completamente devastados pueden ser restituidos a lo que fueron en un principio. Simplemente piden justicia en lo que humanamente puede darse.

-No creo que la República apruebe el exterminio completo de los bothans en restitución por las pérdidas de los caamasis.

-Y no es eso lo que pedimos, aunque es posible que algunos pueblos si exijan esa retribución. Y a pesar de ello, sus voces de protestas también deben ser escuchadas. La justicia debe existir para todos.

Los inmaculados círculos de colores comenzaron a romperse y las luces se entremezclaron. Fue entonces que Mara realmente comprendió. La República no sólo estaba formada por caamasis, bothans o alderaanios. Viendo toda esa mezcolanza de luces le dio una nueva visión. Todos representaban a distintas especies y todas solo deseaban una cosa, que se les dejara vivir en paz. El interior de Mara se estremeció, realizando lo que significaría su unión con Luke a todos esos seres. Una paz como ninguna descendió sobre ella, sintiendo que su vida al fin tenía un sentido. Mientras sus verdes ojos seguían a los participantes, las luces creando un hermoso calidoscopio, fue invadida por una profunda emoción al ver el despliegue de unidad. No importaba la raza, siempre era innato el deseo a convivir en paz. Cerró sus ojos momentáneamente.

¿Podría ser posible que todos sus crímenes del pasado pudieran ser perdonados? ¿Qué quizás todo tenía un propósito, qué era necesario que ella fuera la Mano del Emperador, ser ese importante símbolo para traer la paz a la galaxia junto a Luke? Ella volteó su rostro al sentir que sus ojos se anegaban de lágrimas y a pesar de ello las contuvo. No era la primera vez que sentía cierta similitud de sus atrocidades del pasado con lo acontecido en Caamasi. Habían sido diez años cargando con la horrible culpa, diez años en que las pesadillas atormentaban sus noches, trayendo consigo sus acciones del pasados. Miró sus manos; siempre las había sentido sucias, salpicadas de la sangre de vidas inocentes. Mas ahora, ante ese despliegue albergó tener esperanzas. Tal vez ella también tenía derecho a rehacer su vida.

-Ahora, ¿entiende?

-Sí.

-Nadie es enemigo de nadie. Simplemente somos distintas voces, diferentes ideas y opiniones pero todos deseamos lo mismo. Justicia y paz.

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Coruscant

Por primera vez en muchos años, Luke sentía que podía enfrentar a toda una galaxia. Todos los sentimientos lúgubres y pesimistas que le habían estado persiguiendo durante los últimos años habían desaparecido. El pecho henchido por la felicidad, al fin podía apreciar la vida y lo que ésta le podía brindar.

Mara Jade era su esposa.

Fue inesperada la rápida aceptación a su ofrecimiento. No dudaba que Mara sintiera algo por él, razón por la cual la llevó a casarse con él. Sabía esperar; después de todo, tenían toda una vida. El era muy optimista para su propio bien, como en muchas ocasiones Mara se había tomado la molestia en señalarle ese defecto suyo.

¡Ah, Mara! ¿Cómo nunca antes lo vio? Ambos habían sido unos ciegos…

-¿Luke?

Ante el llamado de su hermana, se giró a mirarle e inmediatamente borró la sonrisa tonta que debía tener en sus labios al ver la mirada perpleja en los marrones ojos.

-¿Qué decisión tomaron?

-¡Ja! ¿Es eso una broma, hermano? – y Leia se llevó una bien cuidada mano a su sien, -Con los bothans nunca nada tiene una solución definitiva. La única solución a la que logramos llegar es que tendré que ir a Bothawui a reunirme con el Secretario de los Clanes Combinados de Bothan y leer toda la documentación sobre sus posesiones económicas.

Luke la miró extrañado, -Pero tú no eres una experta en finanzas.

-Intenta decirle eso a Gavrisom.

-Me das la impresión de que ya lo intentaste.

-El no puede aceptar ningún tipo de excusas, justificadas o no. – e hizo una mueca de desagrado, -Tengo que comunicarme con Han; tendremos que dejar a los pequeños.

En su inherente carácter impulsivo, Luke rodeó los hombros de Leia con sus brazos para confortarla; no era justo que siempre todo el peso de la galaxia sobre ella. ¿Por cuánto más podría ella sostenerse sin que comenzara a deteriorase su salud?

Leia se reclinó de ese cuerpo que tanto le había brindado fortaleza en el pasado, permitiendo que su esencia en la Fuerza la envolviera en una invisible manta de seguridad. Ella procuraba no enojarse contra los designios del destino, mas en ese momento no podía hacer lo mismo. Han y ella habían planeado esas vacaciones desde varios meses atrás, pensando que al dejar su puesto como Jefe de Estado gozaría de más libertades logrando brindarle de su tiempo a su esposo e hijos. Al parecer, alguien o algo le odiaba, porque siempre tenía que surgir una crisis en la galaxia en la cual tenía que suspender y dejar atrás su bienestar para hallar una solución.

-Hablaré con Gavrisom. – le dijo él mientras echaba su rostro hacia atrás para mirarle.

-Pero, Luke…

-No; permanecerás aquí junto a Han y los niños. Estoy seguro de que hay algo que puedas hacer desde Coruscant para hallar una solución a todo este embrollo.

-Bueno, podría supervisar a Ghent mientras intenta decodificar viejos documentos del Imperio; estamos intentando hallar algún documento con los nombres de los clanes que le proveyeron al Imperio la información… pero no sé. Tal vez yo deba ir.

-¿Acaso no confías en tu hermano?

-¡Oh, Luke, no es eso!

El le sonrió con ternura, -Lo sé, sólo bromeaba. Entiendo que es difícil ceder responsabilidades, te has encargado prácticamente de todo en estos últimos años. Pero también debes pensar en ti, en Han y los chicos. En el pasado ese era el deber de los caballeros jedis y creo que ya debo comenzar a ser uno.

Durante un breve instante, Leia consideró esa posibilidad. Poder permanecer al lado de su familia entre tanto hacía todo lo que estaba a su alcance para hallar los documentos que exoneraran a toda la raza de bothans y simplemente castigar a los clanes que estuvieron envueltos con el Imperio. Los ojos marrones miraron los azules, ese semblante masculino manifestando su paz y seguridad. Y ella confió en él y decidió darle parte de su carga.

-De acuerdo.

- - -

Cejansij

-¡¿Qué?!

Karrde ni tan siquiera levantó los ojos de los papeles que leía, en realidad no le daba mucha importancia al exabrupto de Mara. Vorsnk que ladra no muerde.

-Karrde… - comenzó ella a replicar pero se detuvo abruptamente al ver como el rostro de su jefe palidecía y sensaciones tumultuosas viajaron hacia ella provenientes del hombre,

-¿Karrde?

Sólo media hora atrás ella había conseguido el cilindro que contenía el mensaje que él leía en esos momentos – por supuesto leía la versión traducida por Odonnl, los documentos estaban codificados. Le vio tomar los documentos y colocarlos de regreso en el cilindro.

-Le llevaras esto a Leia y luego buscarás a Luke. – y le entregó el cilindro.

Ella ladeó su rostro entretanto fruncía el ceño, - Soy tu segunda en mando, regresaré luego de entregarle a Leia los documentos.

-No harás tal cosa.

-No me iré…

-Es una orden, Mara. – En ningún momento alzó la voz, pero pronunció el mandato en un tono que no aceptaba discusión alguna, -No soy ningún tonto; sé muy bien que algo hay entre Luke y tú. Y me atrevería a apostar el Wild Karrde que ya dejaron atrás la etapa de las citas… ¿matrimonio tal vez?

Mara enmudeció. Maldito sea el hombre y su certera percepción. -¿Cómo?

El rió suavemente, -¡Ah, Mara! Eras la pura visión de una mujer feliz cuando llegaste aquí y si a eso le sumamos el hecho de que nunca llegaste a la nave de Booster como te lo pedí, sino que llegaste algo atrasada aquí…

-Recuerdo que te pedí disculpas. – le reclamó ella algo agresiva.

-No estoy molesto por ello. – e hizo una breve pausa, -Es más, me alegro. Ya era hora.

Por respuesta recibió una fulminante mirada.

-A lo que me lleva a tener más razón al ordenarte que vayas con Luke. Debo ir a buscar a alguien… y es posible que éste sea mi último viaje.