Yo te daré inquietudes, sentidas emociones que turben tu vacío

La vista a través del transpariacero era espectacular. Pero no era suficiente distracción para alejar sus pensamientos de las decisiones que debía tomar. Unas que podrían cambiar el curso no solo de su vida sino de millares de vidas en la galaxia; podría cambiar hasta el curso de la historia. Poco antes de abandonar Muunilinst, su última parada en su cruzada -si acaso nada aceptada por sus contrapartes- había recibido noticias de que Coruscant se estaba hundiendo en un conflicto interno. La capital de la galaxia, donde se hallaba los cimientos de la Nueva República. Quizás al borde de una guerra civil. Pellaeon sabía que con solo una orden suya y podrían tomar provecho de la fragilidad en la que se encontraba el enemigo.

Todo debido a unos documentos.

Pellaeon siempre opinó que la política era un juego sucio, lleno de mentiras y engaños. Todos querían un pedazo para sí. Todos buscaban algo a su conveniencia.

-¿No piensa hacer nada al respecto, almirante?

Pellaeon miró a la pelirroja que se había detenido a su lado. Sus verdes ojos miraban el vasto espacio.

-Pensar. Eso es lo que estoy haciendo. – y luego de una breve pausa, - Dígame, Daala, ¿por qué tanta amargura y cinismo?

Ella se sentía incómoda cada vez que él le hacía preguntas tan personales. Desde que tomó la alocada decisión de acompañarlo en su travesía, él le había formulado varias de ese estilo. No entendía la razón de tanto interés en su persona.

-Cuando sé es mujer en un campo dominado por hombres, no es difícil adquirirlos.

-Tiene usted razón. No solemos ser justos con nuestro sexo opuesto.

El no dijo nada más, callado y pensativo. Ella estaba segura de que pronto continuaría con su interrogatorio. No la decepcionó.

-¿Qué opina usted de una galaxia en paz?

Esta vez ella lo miró realmente sorprendida. Tantos años en guerra, casi toda una vida… Sería difícil de asimilar pero no imposible.

-Honestamente, no sabría que decirle. Me imagino que deben existir miles de seres en esta galaxia que la deseen.

-¿Usted no la desea?

¡Por todas las estrellas! Ella le envió una mirada exasperada. ¿Cuál era su obsesión con las preguntas?

-¿A qué viene esa pregunta?

-Creo que una pregunta no contesta a otra pregunta. – dijo él volteándose a mirarla.

Daala advirtió un brillo parecido a la diversión en esa mirada marrón.

-Desear la paz… - murmuró ella, si no le contestaba no la dejaría en paz, - Creo que todos la añoramos y en mi opinión, es mayor el deseo en los que hemos presenciado tantos incidentes en la guerra como la perdida de un buen batallón o de un oficial con grandes probabilidades en su futuro.

-¡Ah! Es una agradable sorpresa saber que es humana.

Ella lo miró furiosa, verdaderamente furiosa pero aún así no dijo nada. El era un oficial que a pesar de compartir el mismo rango, era uno que inspiraba respeto. Decidió ser atrevida y hacerle una pregunta.

-¿Usted está pensando en la probabilidad de la paz entre la Nueva República y los remanentes del Imperio?

El asintió. Ella lo miró horrorizada. Era una cosa alejarse de toda acción de las batallas entre el Imperio y la Nueva República y otra muy distinta unir esos dos grupos. Firmar un tratado, quizás las flotas que aún permanecían intactas formarían a ser parte del ejército de la Nueva República. Ser parte de la Nueva República, lo que en un pasado fue la Alianza Rebelde y exterminó con el gobierno del gran Imperio. No podía aceptarlo… ¿o sí? Se llevó una mano a su frente. ¿Qué en el Sith le ocurría? La culpa la tenía todo ese tiempo que estaba compartiendo con él. No podía haber otra explicación a ese extraño pensamiento que la asaltó.

-Creo que ya es momento de comenzar a formar una alianza. – dijo él decidido.

Para Daala fue particularmente inusitado, pero sus palabras la hicieron sentir tener un propósito… una razón. Tal vez no era una idea tan descabellada.

Coruscant

Leia enarcó una bien cuidada ceja ante la segunda pregunta de Karrde luego de saludarla. La primera inquiriendo sobre si Mara le había entregado el cilindro.

-¿Te ha preguntado Mara por Luke?

-Sí.

-Muy bien.

-No entiendo, Karrde. Si habías acordado esta cita conmigo, ¿por qué no me distes el cilindro personalmente?

No había sido inoportuno de Mara haberle traído el mensaje tres días atrás. La información le había helado la sangre. Eran pruebas contundentes de que una organización estaba detrás de todos los motines y disturbios en las protestas alrededor de la galaxia. Inmediatamente, le había llevado la información a la NRI. Pero le intrigaba la razón detrás de su deseo de que fuera Mara quien le trajera el cilindro cuando ya había acordado a tener este encuentro con él…

-Quería asegurarme de que viniera hasta aquí y que te preguntara por Luke.

… y porque tenía que preguntar por su hermano.

Esta vez los marrones ojos le lanzaron una mirada interrogante, la cual él ignoró, -Yo creo que tengo la solución al problema del conflicto en el cual nos hallamos. Conozco a alguien que tiene altas probabilidades de tener una copia de los posibles autores del ataque a Caamasi.

Leia se colocó de pie abruptamente, -¿Es… esto cierto?

-Sí, sólo hay un problema… Podría decirse que nuestro último encuentro no fue el mejor.

La princesa de Alderaan pudo captar la sensación de fatalidad en el otro hombre.

-¿Quién es esta persona? – preguntó un intrigado Han, decidiendo al fin unirse a la conversación.

-Jorj Car'das.

Han dejó escapar un silbido bajo su aliento. Si eran ciertas las historias que había escuchado en sus años como contrabandista, él definitivamente no querría estar en las botas de Karrde.

-¿Cómo llegaste a conocerle? – Han no podía contener su curiosidad.

Todo el semblante de Karrde se tensó, no le agradaba proveer mucha información sobre su persona, mucho menos de su pasado, -Fui su segundo en mando.

Los ojos almendras se agrandaron y Leia miró a su esposo, presintiendo que había mucho más de lo que ella sabía. Sin embargo, no tuvo la buena fortuna de indagar más en el asunto. Frente a ella apareció uno de sus guardias personales, un noghri. Intentando calmar su corazón, aún podía tomarlas desprevenidas con esas apariciones a si de la nada pues eran muy silenciosos y sigilosos; le preguntó, -¿Sí, Barkhimkh?

-Perdone la intrusión, Dama Vader. – y se arrodilló frente a ella, - Hemos perdido contacto con nuestro guardia en el techo.

Han colocó su mano en la pistola blaster que colgaba de su cinturón; siempre la traía consigo. -¿Enviaron un grupo de reconocimiento?

-Ya están de camino. Pero hasta que no estemos seguros debemos asumir que el intruso puede ya estar entrando en su hogar. Es preferible que se mantengan en este cuarto. Si existe la posibilidad de que sea un intruso debemos rastrearle…

Y de las sombras apareció una alta mujer. –No se tomen la molestia. Ya estoy aquí.

Bothawui

Luke procuraba tener su atención en los libros pero una pelirroja no muy lejos de él le estaba distrayendo. Mara se había ofrecido a ayudarle, ya que tenía experiencia con grandes números financieros. Gracias a su crítico ojo, habían hallado dos discrepancias en los números. Una leve sonrisa afloró a los labios masculinos, Mara estaba consciente de que Orou'ceya, Primer Secretario de los clanes bothans combinados, estaba molesto con ella. Todo su suave pelaje se lo indicaba; se había tornado de un suave marrón a uno violáceo. A Mara le era totalmente indiferente si lo estaba o no. Movió su rostro de lado a lado, sus ojos regresando por tercera vez a la primera fila. Sí, su enlace con Mara era una constante distracción…

Hace sólo media hora atrás, ella se había levantado, anunciándole de que debía ir al lavatorio de damas. En su camino de regreso, él pudo sentir en ella la repentina oleada de sorpresa e inmediatamente después, su dolor. Ni corto ni perezoso, Luke se colocó de pie, sable en mano para buscarle cuando la misma Mara le envió, muy contrita y avergonzada, una explicación de lo que había sucedido. Sólo entonces fue que Luke se percató de lo que estuvo a punto de cometer.

-Malditos bothans y su inherente deseo de pulcritud. – farfulló ella al regresar pues había resbalado con el piso recientemente encerado. –Debería demandarles…

Por toda respuesta ante ese comentario, Luke le envió una mirada reprobatoria. Pero muy dentro de si, estaba conmocionado ante su inesperada reacción al creer que Mara estaba en peligro…

-¿Escuchaste eso?

Luke alzó sus ojos del libro para posarlos en el rostro ceñudo de Mara, quien intentaba escuchar. Era cierto. Mientras Luke se reprendía a si mismo por su falta de concentración y no haberse percatado de ello antes, escuchaba atentamente el peculiar ruido. Mirando a su alrededor se percató de que ninguno de los bothans allí presente lo escuchaban.

-Es un tumulto de seres. – dijo Luke al percibir sus presencias.

-No me gusta el sonido… -murmuró Mara, -Iré a investigar.

-Mara… - le llamó Luke.

Ella se giró a mirarle, sus ojos brillando. 'No te atrevas, Skywalker…' Ella había captado su intención rápidamente. El granjero y su exagerado sentido de sobreprotección.

-Ten cuidado. – le dijo él, aceptando no de muy buen agrado él que ella fuera en lugar de él.

Ella sólo asintió y buscando su blaster, salió del cuarto de archivo. Los bothans que ella había dejado atrás quizás no se habían percatado de lo que sucedía más no era el mismo panorama ahora que caminaba por los pasillos del edifico. Guardias caminaban hacia la parte inferior mientras que oficiales corrían con cajas llenas de tarjetas de datos en la dirección contraria. Se detuvo justo en un mirador que le proveía de una visión general. Bothans con rifles blasters se colocaban de manera estratégica en el atrio frente a la entrada del edificio. Ese no era un buen lugar para investigar que sucedía.

Mara tomó las escaleras en dirección al cuarto piso; recordó que desde ese lugar tenía una amplia vista del exterior; y apresuró sus pasos, esquivando bothans en el proceso. Empujó la puerta, ignorando por completo el rótulo que prohibía la entrada a pedestres comunes y asomó su rostro por los enormes vídriales; era peor de lo que esperaba ver.

La muchedumbre cubría todas las calles de los alrededores mientras caminaban hacia el edificio. Decidió salir hacia un balcón para asesar mejor la situación. Tanto humanos como otras especies vociferaban su exigencia de justicia. Escuchó la diáfana voz de un bothan, que intentaba pedir calma y sosiego. Los gritos subieron de tono y estaban muy lejos de la calma y sosiego. Ella estiró su cuello y vio al bothan justo debajo de ella, en el balcón de lo que ella supuso era el segundo piso. Mara dejó escapar un resoplido lleno de desdén, el bothan no lograría nada con su discurso azucarado.

'Luke…'

El le respondió inmediatamente, 'Lo sé, voy de camino a razonar con ellos.'

Ella volvió a resoplar, 'Buena suerte.'

'Mara.'

Ella rodó los ojos ante su leve amonestación, 'Qué la Fuerza te acompañe.'

El granjero no creía en cosas tales como suerte o destino. Mara estaba consciente de que tendría que hacer algunos ajustes a su estilo de vida para acoplarla a la que sería junto a Luke. No había dado dos pasos cuando lo sintió. Algo había cambiado en el ambiente, algo apenas perceptible no obstante, estaba ahí. Una leve punzada de malicia… y dirigida hacia ella. Tan pronto lo hubo pensado, se tiró al suelo. No se sorprendió de sentir un disparo de blaster pasar sobre ella mas nunca estuvo preparada para lo siguiente.

Luke aplacaba a Orou'cya en tanto caminaba a su lado.

-Están a punto de entrar al edificio. Por favor, maestro Skywalker, debe hacer algo.

El alzó su mano en un ademán conciliatorio, -Haré algo al respecto.

-Sería una catástrofe… -Orou'cya parecía hablar más consigo mismo que con el maestro jedi junto a él.

Luke aligeró los pasos al sentir la definitiva sensación de maldad. Nunca pudo reaccionar a tiempo. Escuchó el sonido de un blaster al ser disparado en la distancia y luego todos los fundamentos del edificio temblaron. Fue sacudido por una sucesión de realizaciones. Una explosión, un aguijonazo de dolor en su hombro derecho que inmediatamente reconoció que provenía de Mara y sin ningún tipo de aviso, la desaparición de su enlace con Mara.

-No. – murmuró él angustiado, temiendo lo peor.

Corazón latiendo con rapidez en su pecho, alargó sus sentidos en la Fuerza para buscarle. El pánico había tomado control de todo su ser, apenas percatándose de que las puertas al interior del edificio fueron forzadas y toda clases de seres entraban guiados por la rabia y la furia, sedientos de venganzas. La cacofonía de sensaciones casi le hace perder la razón, asaltando todos sus sentidos y le desequilibro por completo.

-No. – volvió a repetir, esta vez con más firmeza, los oídos zumbándole por la fortaleza de los latidos de su corazón. De alguna manera habían podido penetrar a ese duro caparazón de auto-defensa de Mara, quizás yacía inconsciente. O muerta.

Toda una gama de sensaciones oscuras y siniestras surgieron de lo más hondo de su alma entre tanto el agonizante dolor se convertía en una furia peligrosa y mortal.