He tenido en mi mano las estrellas
Mara se encontraba detrás de la montaña que rodeaba la Torre Alta de la fortaleza, lugar cuidadosamente vigilado. El alto nivel de custodia fue una de las razones que le llevó a sospechar la posibilidad de que en el lugar pudiera hallar información vital para la Nueva República. Escudriñó cuidadosamente la escabrosa elevación y dejando escapar un suspiro desalentado, murmuró. –Si hubiese otra manera para entrar…
-Existe una manera.
Todo el cuerpo femenino se tensó; no había esperado respuesta a esa replica. Con cautela, se giró a mirar mas no halló a nadie.
-Estoy perdiendo el juicio o esto de escuchar a la Fuerza va más allá de lo que pensé.
-Fui yo.
En esta ocasión Mara dirigió su mirada al lugar de donde provino la voz. Para su sorpresa, sus ojos se toparon con una extraña criatura que se suspendía de una de las rocas de la montaña; parecía ser un tipo de dragón en miniatura.
-Hola, creo…
-Saludos. ¿Deseas entrar a la Gran Torre?
-Sí. – le contestó Mara, quien todavía no sabía que deducir del peculiar ser al igual que tampoco entendía como estaba logrando comunicarse. Ella escuchaba que el emitía una serie de chillidos así que especuló que debía de estar captando sus pensamientos. O algo parecido a ello.
-Puedo guiarte hasta esa entrada, no está lejos.
-Gracias, eso me ayudaría mucho…
-Niño del Viento es mi nombre.
-Mara Jade es el mío. – y ella asintió a manera de saludo.
-No lejos de aquí está el Lago de Peces Pequeños, cerca de éste hay una entrada; la boca de una cueva.
Los verdes ojos examinaron el rostro de la criatura cuidadosamente. -¿Por qué me ayudas?
Era inevitable para Mara recelar el ofrecimiento de ayuda; en la mayoría de las veces siempre esperaban algo a cambio.
-Te he estado siguiendo, tu melena no es común. Me recuerdas a los Come Fuegos. Mientras te seguía he podido captar tu soledad… y tristeza. – él pareció hacer un gesto como el de encogimiento de hombros, -Pensé que debía ayudarte.
El ser era muy perceptivo.
-Te lo agradezco. Es muy importante para mí llegar al lugar.
-Y para mí un placer ayudarte. – y se alzó en vuelo, -Sígueme, es por aquí.
Esquivando árboles y diminutos montículos de rocas, Mara corría tras de Niño del Viento. Sólo había transcurridos unos minutos cuando divisó el lago que él le había mencionado. Y no muy lejos, Niño del Viento se posó sobre una saliente.
-Aquí está la entrada.
Encendiendo su sable de luz, Mara observó la pendiente que le llevaba al interior de una cueva. Sin pensarlo dos veces, se deslizó por la entrada. La caída no fue lo difícil que temió sería. Apareció en un túnel algo angosto que parecía no tener fin. Sólo había dado dos pasos cuando un ruido a sus espaldas le sobresaltó. Tomando una postura de defensa se giró con rapidez para hallarse de frente con el dragoncillo.
-No es necesario que me acompañes. Te agradezco mucho que me guiaras pero creo que ya es tiempo de que regreses a tu hogar. – Mara no sabía con que clases de peligro se enfrentaría en el lugar. Conociendo el Imperio, no dudaba de que el lugar tuviera medios de seguridad preventivo para intrusos como ellas y podían llegar a ser letal.
-¡Oh, no! No dejaré pasar la oportunidad de saber porque los Qom Jae no entran a esta cueva.
-¿Los Qom Jae? – ella sospechó que debía ser alguna tribu de la especie.
Niño del Viento asintió, -Sí, los Qom Jae viven en cuevas y los de mi clan vivimos a la intemperie pero no lejos de las montañas.
Mara arqueó una ceja, teniendo una leve sospecha, -¿Qué edad tienes, Niño del Viento?
El infló su pecho y con alarde, contestó: - Seis orbitas al sol.
Apenas un preadolescente, opinó Mara. –Corrígeme si estoy presumiendo mal; no se te es permitido entrar al lugar.
-Puedo hacerlo en la compañía de un adulto.
-Y me imagino que yo soy ese adulto calificado. – ella movió su rostro de lado a lado, -Lo siento, Niño del Viento, no es correcto que vengas conmigo.
-¡Por favor, Jade de Mara! Prometo obedecer… y nunca sabes cuando podría serte de ayuda.
Ella se cruzó de brazos, -No, lo siento mucho. No deseo tener sobre mi cabeza tu seguridad; que la Fuerza no lo quiera y te suceda algo.
-De acuerdo, pero te esperaré afuera para que me digas que es lo que hay en el interior que a los Qom Jae no les gusta.
-Muy bien, eso puedo hacerlo. – dijo ella sin prometerle nada, no sabía que hallaría en su interior que no le permitiera salir.
Cuando se hubo asegurado de que Niño del Viento abandonó la cueva, ella resumió su camino. Apenas caminó unos cien metros cuando la cueva se transformó en un amplio pasillo. Llevó sus manos a las paredes y confirmó que estaban pulidas, indicándole que era obra de humanos o de Chiss. El techo era particularmente alto; ella entrecerró sus ojos, captando algo diferente en éste. Buscó su sable de luz, lo encendió y lo lanzó hacia arriba con todas sus fuerzas. El sable pareció chocar con algo, que lanzó varias chispas al aire. Ella corrió con rapidez hacia el lado, esquivando lo que venía detrás del sable.
-Así que esto es lo que le asusta a los Qom Jae… -murmuró ella al tiempo que tomaba su sable del suelo y con la punta de su bota movía una especie de red. De lo seguro los Qom Jae acostumbraban sostenerse del techo de la cueva y quien quiera que fuera que preparó la cueva, quería asegurarse de que no entraran. Ella comprimió los labios y miró hacia el final del pasillo el cual terminaba en un tipo de arco que le llevaba a una habitación.
-Tengo un mal presentimiento de todo esto… - y se frotó los brazos al sentir un escalofrío involuntario.
Preparándose para lo que hallaría, Mara cruzó el arco para adentrarse a una enorme habitación con un techo aún más alto que el anterior. Estaba muy bien iluminada y no muy lejos escuchaba el generador de energía emitir un tenue zumbido. El suelo estaba decorado con azulejos de un material desconocido para ella. En lo alto de las paredes, que eran las mismas de la cueva, habían construido un balcón enrejado a lo largo de toda la habitación. Mara vio allí todo un sistema muy avanzado de informática en el que estaba segura que encontraría información con respecto a los Documentos de Caamas. Así que sin dilación alguna subió por la escalinata que le llevaba al ordenador y se dispuso a trabajar. No fue difícil entrar al sistema; todavía utilizaba el viejo código del Imperio.
Media hora más tarde, Mara no creía lo que veía. Frente a sus ojos estaba el documento que salvaría a toda una galaxia de hundirse en una guerra civil. Buscó su aditivo de memoria portátil y archivó la información. Luego lo miró por varios segundos detenidamente, era increíble que un objeto diminuto fuera de suma importancia y pensando en ello, buscó el lugar más seguro para guardarlo en su cinturón de utilidades. Decidió darle una última ojeada al lugar antes de marcharse cuando se percató de una pequeña entrada que no había advertido con anterioridad. Una peculiar sensación le empujó a ver que tendría en su interior de lo que parecía ser otra habitación.
Mara dejó escapar un grito ahogado. En el centro de la circular alcoba se hallaba un cilindro de transpariacero y en su interior, entre lo que de seguro era líquido de nutrientes, flotaba un clon. Y no cualquier clon. Ahora entendía porque tanto Parck como Jag le habían dicho lo mismo.
"Thrawn regresará en diez años."
Ella había sido una tonta al ignorar las señales. ¡Por supuesto que el astuto almirante regresaría! Con un clon suyo. Caminó con sigilo y colocó su mano sobre el transpariacero. Alguien tenía que detenerle…
-¡Oh, gran Fuerza!
Mara se giró con brusquedad, -¡Tú! ¿Qué haces aquí?
Ignoraron su pregunta y la intrusa se acercó, realmente asombrada, a mirar el clon.
-Ahora entiendo porque lo esperan…
-¡Por favor! No me digas que no lo sabías. No lo voy a creer.
Los grises ojos le miraron con fijeza, -Es cierto. Y estoy segura de que ni el almirante Parck tenía idea…
-¡Por todas las estrellas sagradas! Ahora me dirás que estaban esperando a que el hombre resucitara.
-No estás muy lejos de la verdad.
Mara movió la cabeza de lado a lado, -¿Qué tan ingenuos pueden ser?
Callista se alzó de hombros.
-¿Cómo llegaste hasta aquí?
-El pequeño animal me mostró el camino.
-Niño del Viento. – y ella miró buscando su figura; le halló no muy lejos de la entrada.
-Pensé que era tu amiga. – él intentó excusarse.
Mara arqueó ambas cejas y respingó, -Eso si que es risible.
Callista frunció el ceño, no podía comprender que decía Niño del Viento, -Te ví correr entre los árboles desde una de las torres. Decidí buscarte, tal vez necesitarías de mi ayuda…
-¿Y se supone que yo crea eso?
-De verás, Mara, que me es indiferente…
Callista cerró su boca y ambas tomaron una posición de defensa al escuchar algo rodar por el suelo.
-¿Qué en el kriff…?
Dos androides se detuvieron frente a ellas.
-Droidekas. – farfulló Callista y al ver que uno de ellos rodaba para darles la vuelta, exclamó con desespero, -¡Rápido! Detrás de mi.
Mara nunca tuvo oportunidad para preguntarle a Callista que en el Sith era un droideka. El extraño mecanismo –al menos para ella sí lo era- abrió fuego contra ella. Gracias a la Fuerza que tenía sable en mano y desvió los disparos. No obstante, a pesar de enviar los disparos hacia los androides descubrió que no lograban hacerle nada. Al parecer un tipo de escudo los mantenía inmune a cualquier tipo de daño.
-¡Hijo de Sith!
-Lo dices y no lo sabes. – le replicó una sofocada Callista.
La caballero Jedi estaba procurando hacer todo lo posible de contrarrestar los disparos sin la ayuda de la Fuerza. Comprendiendo inmediatamente que le sucedía, Mara le llamó, -Callista…
-Estoy bien… - y Mara le escuchó jadear, -Por ahora.
Una desesperada Mara comenzó a buscar a su alrededor, intentando hallar algo o alguna manera de detener el furioso ataque. Si para ella era extenuante no quería ni imaginarse lo que debía estar pasando Callista. Tenía que existir algo, haber una forma… Fue entonces cuando por el rabo de sus ojos vio una rápida sombra y decidió que ese era el momento para actuar.
Niño del Viento voló hacia el droideka que le disparaba a Mara. El droide, sintiendo la presencia del pequeño intruso, dirigió una de sus pistolas blaster hacia él. Ahora, sólo uno de sus blaster le disparaba a ella. Mara reaccionó instintivamente –todo el tiempo rogando que nada le sucediera al dragoncillo – y gritó, -¡Abajo ahora, Callista!
Mara permitió que su pierna derecha colapsara al suelo, cayendo de lado. Sintió que Callista siguió su orden pues la espalda de la otra mujer quedó reclinada de la suya. Los dos centinelas, al no divisar a sus dos oponentes, se desorientaron por varios segundos y detuvieron el ataque. Mara no vaciló, tomando provecho de la situación. Se impulsó hacia el droide y le cercenó ambas manos. Mirando detrás suyo vio que Callista había hecho lo propio.
-Esto no los detendrá por mucho tiempo. – anunció Callista.
Para su desaliento, Mara vio como el droide abría un compartimento para aparecer otro miembro con un arma. Ella gruñó por lo bajo y tomando el sable, se propulsó con toda su fuerzas no hacia el droide, pero hacia la pared detrás de éste. El sable penetró sin problema alguno y el agua salió disparada por alrededor de la empuñadura.
-¡El lago! Muy bien pensado, Mara.
-No estoy segura de ello. – replicó una inquieta Mara al ver que el chorro se extendía a casi unos veinte metros detrás de ella. Pudo palpar la presión del agua en la pared. Una fisura apareció en la superficie y comenzó a crecer con rapidez. No tuvo tiempo para prepararse, la pared estalló bajo la presión del agua y todo el lugar se inundó inmediatamente. Una fuerte oleada le hizo perder el equilibrio y le arrastró sin misericordia, arrojándola contra la pared. Mara intentó luchar contra la fuerte corriente cuando sintió un brazo alrededor de su cuello. Su primer instinto fue pelear.
-¡Mara! – le amonestó una Callista sobre el ensordecedor ruido del agua. –Te estoy ayudando.
Mara se relajó para permitirle a Callista que hiciera su trabajo. Tuvo que admitir, a regañadientes, que Callista era una buena nadadora. Recordó que su lugar de crianza fue Chad, un planeta por completo rodeado de océanos con sólo varias pequeñas islas.
-¡Agárrate!- exclamó mientras le mostraba el pasamanos del balcón. Sólo entonces Mara se percató de que el agua les había arrastrado hasta la otra habitación. Ambas mujeres se subieron al balcón y se dejaron caer al suelo, procurando tomar grandes bocanadas de agua.
-¡Niño del Viento! – llamó una azorada Mara, recordando de improviso al pequeño dragón.
-Aquí estoy.
Estaba posado sobre el pasamano de metal.
-Tienes que salir… – y Mara dirigió su mirada a la salida. El corazón bajó hasta sus pies, el agua subía con rapidez alarmante, - …ahora. Pero antes necesito un pequeño favor.
Ella sacó de su cinturón de utilidad el pequeño dispositivo donde había guardado el documento. –Por favor, ve a la base y busca al maestro Skywalker para que le entregues esto…
-Jade de Mara… - le cortó un desasosegado Niño del Viento.
Ella continuó como si no le hubiese interrumpido, -Le dirás que yo se lo envíe, que es muy importante que se lo lleve a su hermana. ¡Vamos, ahora! Antes que sea tarde.
Preocupado, tomó en una de sus garras el dispositivo que le entregaba Mara y alzando el vuelo, le dijo, - Le avisaré de tu situación para que venga a ayudarte.
Mara le vio alejarse por el pequeño espacio que pronto el agua cubrió.
-No creo que llegues a tiempo, Niño del Viento, pero gracias de todas formas. –murmuró Mara.
- - -
N/A: Bueno, Y vuelvo de nuevo a disculparme por la dilacción. Pero ya sólo le resta un capítulo y un posible epílogo. Ahora, quisiera darle las gracias a Silca Lennym, Entendí todo, así que no te preocupes. Es lindo saber que alguien de Brasil lee mi fic. Y si deseas subir algo en español, puedo ayudarte a hacerlo. ;p
