Cap. 2

Cuando salí del despacho de la directora algo me dijo que Malfoy no había esperado fuera como ella le había dicho. ¿Habría estado escuchando detrás de las puertas? ¿Era ese trozo de carne que se estaba metiendo al bolsillo una oreja extensible de Sortilegios Weasley? "Vamos, Malfoy, la sala está por aquí. Cuando sepas donde está puedes ir a por tus cosas. No es demasiado grande, supongo que para ti será como la casa del jardinero pero…"

"¿No vas a discutir con ella?" Su cara de asombro me dejó helada.

"Discutir, ¿qué exactamente?". Yo ya estaba en mi mundo pensando que cuanto antes llegásemos antes me libraría de él. Un día entero libre para colarme en la biblioteca y leer hasta la noche, planazo.

"No quieres hacer esto ¿por qué no discutes con ella? ¿de verdad pasarías dos meses contigo porque te doy pena, Granger?"

"No me das pena y no discuto cuando sé que no voy a ganar, es perder el tiempo como ahora por ejemplo, además, sé cuando se me necesita y no doy la espalda a los que lo hacen..."

"Yo no te necesito". Su respuesta fue tan cortante que casi me quedo parada en el pasillo.

"Ya lo sé, hablaba de Mcgonagall, ahora si no te importa sigue caminando, quiero llegar hoy a la sala común."

Seguimos caminando en silencio hasta llegar al recuadro del Quijote y Sancho Panza. "Dulcinea". Dije la contraseña y nos guió hacia la que sería a partir de ahora nuestra casa de verano. Nuestra… Suena tan raro. "Pues ya estamos aquí, esta es la sala común. A la derecha mi habitación, a la izquierda la tuya y la del centro es el baño. Cuando estés dentro haz una marca en la puerta y no entraré."

"¿Una marca? ¿Con qué exactamente?"

"Malfoy, ¿de verdad? Con tu varita".

"Granger, no tengo varita. ¿Con qué coño quieres que la haga?"

Al ver su cara supe que no estaba mintiendo, ¿sin varita? ¿cómo? Supongo que vio mi cara intentando comprender qué había pasado por que añadió "Wizengamot, 31 de Julio."

Supuse que esa sería la fecha en la que se la devolverían pero no quise preguntar nada más. "Pues pon un calcetín, una corbata o tus pelotas, me es igual."

"¿Maldiciendo otra vez? Extraña costumbre para una sabelotodo tan educada y comprometida con el prójimo como tú, Granger. "

Ni siquiera me molesté en responderle, le miré con desdén y fui hacia mi habitación donde tenía un libro bastante interesante esperándome. Me vio caminar segura hacia mi paraíso de las letras, estaba convencida de que estaba clavando su mirada en mí mientras salía de la habitación cuando le oí susurrar lo suficientemente alto para que lo oyese desde los 6 metros que nos separaban "Genial, en esta cárcel y con la asquerosa sangresuci..." Antes de que me diese toda la vuelta ya había cerrado la boca con lo que parecía una mueca de arrepentimiento.

"Atrévete a decirlo en voz alta, Malfoy, y seré la última persona que recuerdes cada día de tu vida que estés pudriéndote en una celda." Recorrí los escasos metros con la varita en la mano y un dolor en el brazo que me decía que tendría marcas de sangre en esa preciosa cicatriz que la tía de este idiota me regaló. "Tengo una cicatriz que me recuerda cada día la clase de lugar del que procedes, no me obligues a cargar con la culpa de encerrarte de por vida en el lugar en el que deberías estar porque no sepas cerrar tu estúpida boca durante dos meses. "

Me giré y casi corrí hacia mi habitación sabiendo que había dado en el blanco, Voldemort estaba muerto pero el seguía siendo tan paleto como para no recordarlo, pureza de la sangre... ¡Me podría reír en su cara! Cuando estaba cerrando la puerta de mi habitación volvió a hablar, he de decir que si no tiene siempre la última palabra creo que se le oscurece un grado de color el pelo.

"¿Por qué haces esto, Granger?" Fue casi un susurro, no parecía ni una pregunta era casi como una confirmación de que seguía teniendo voz.

"Ni tú te mereces que te trate como tú me has tratado a mí, Malfoy." Lo dije sin girarme, sin dejar que la voz me traicionase. Bajé la cabeza, cerré la puerta y me quedé apoyada con la espalda en ella mientras me deslizaba hacia el suelo sin dejar de llorar. ¿Por qué lloraba? ¿Por qué no? Siempre es bastante intenso encontrase con él cuando tu cuerpo y tu mente están completos. Después de una guerra, pérdidas, una ruptura, una pelea con mis padres y 3 días bajo el mismo techo que Trelawny, Malfoy era lo último que me faltaba.

Sabía que probablemente él me estaba escuchando y me daba igual. Dudaba de que pudiese sentir algo por oírme, le daría igual. Y no hizo nada por demostrar lo contrario. Cuando conseguí dejar de llorar oí la puerta de la sala común cerrarse y supuse que mi compañero habría ido a por sus cosas. Fui hacia la cama y me desplomé sobre ella incapaz de seguir despierta, no era ni medio día y estaba exhausta. Cuando desperté estaba anocheciendo y estaba muerta de hambre. Decidí ir a las cocinas para ver a Dobby, demasiado tarde para recordar que Dobby ya no estaría allí. Con ese pensamiento tan triste decidí salir de mi habitación para comer algo pero con más presión en el pecho que antes de entrar en ella. En el fondo no quería salir de ahí y tener la oportunidad de encontrarme con él.

Al abrir la puerta un olor a pan caliente, pastel de chocolate y zumo de calabaza me recibió. Encima de la mesa de la sala común había al menos 4 platos, 3 bebidas y 5 postres distintos. Los elfos me habían leído la mente. Cuando cerré la puerta de mi habitación el ruido debió alertar al idiota que habitaría conmigo que en seguida salió de su habitación para, supongo, comprobar que no había muerto. Miró hacia la comida, luego a mi y tras ver que no había comido nada todavía añadió "Granger, deja de mirar la comida y dale un buen uso, ha estado ahí todo el día." Sin más se metió de nuevo en su cuarto y cerró la puerta.

¿Era idea mía o Lord Malfoy había tenido el detalle de pedir comida para mí? ¿Eso era un signo de preocupación lo que podía intuir en su no tan afilado tono de voz? ¿Esto es consecuencia de que me oyese antes? En seguida descarté esos pensamientos y empecé a comer. Puse música para amenizarme el banquete mientras decidía qué comería y qué no. Tenía hambre pero todo era demasiado y con uno de cada o menos me sobraría. Al terminar de comer lo que creo que fue la cena, quité la música y volví a mi habitación. Ciertamente no había comido mucho pero era suficiente para mí. Sabía que en algún momento volvería el apetito, simplemente era demasiado pronto.

Al rato de estar en mi habitación leyendo intentando no pensar el hecho de que Draco Malfoy había pensado en mi bienestar oí unos pasos que se acercaban a la puerta y como alguien dudaba en tocar para terminar golpeando la puerta como si quisiera tirarla abajo.

"Granger, sal de ahí. Ahora." Era mi queridísimo compañero ¿qué huevos querría ahora? ¿No me puede dejar tranquila ni el primer día? Abrí la puerta para encontrarme con un hurón enfadado con un plato de tarta en una mano y un zumo en la otra. ¿Qué le pasa a este chico hoy? ¿Está enfermo?

"Granger, si no comes, adelgazas y luego pensarán que es por mi culpa. Ergo si no comes, voy a Azkaban. Termínate esto por lo menos." Lo dijo casi sin respirar como se dicen las cosas que no quieres decir pero tienes que hacerlo. Bajó la cabeza y pude ver al Malfoy adolescente, un atisbo mínimo del que hubiese sido un Malfoy al natural.

¿Sabéis esos momentos en los que se para el mundo por que algo tan dramático, inverosímil y grotesco está ocurriendo? Pues mi cara estaba en esa fase. Mi mandíbula cayó hacia el suelo intentando recuperarse mientras mi cerebro iba a toda prisa pensando en tipos de veneno y de pociones que podían haber conseguido que el idiota que hacía horas me había dicho sangre sucia ahora mismo estuviese tan dispuesto a alimentarme y a preocuparse por mi salud. Así que como no sabía cómo responder, me reí. Mucho. Llorando. Draco Malfoy, tocando a MÍ puerta, para darme un trozo de tarta.

"¿De qué te ríes? ¿Mi estancia en ese hotel de 5 estrellas en el que hospedan a la gente más brillante de nuestra época te da risa?"

"No, no, es, no, sé. Jajajaja. Simplemente, no tengo hambre, gracias por la preocupación pero no quiero, gracias. Y no me rió de ti o bueno quizá sí."

"Granger, no has comido. Yo puedo ser un hijo de puta, pero si sigues comiendo así tendrás que pasar dos veces para que te vea. Además, mostrar preocupación por mis congéneres es un buen punto a poner en la valoración y a recordarles a los jueces que intentan encerrarme…"

Nunca había visto a Malfoy poner cara de perrito antes, había oído hablar de ella a algunas de las chicas de mi curso, pero ciertamente no era una cara que esperase recibir de él. Y no iba a fiarme cuando horas antes no había tenido problema en agredirme de la peor manera en la que podía.

"Malfoy, mira, lo he pensado mucho y no creo que sea la mejor persona para hacer esto, ¿vale? Mcgonagall no siempre tiene razón y yo no soy quién, ni siquiera podemos mantener una conversación sin que termines insultándome y yo… en fin, ya no puedo más, creo que deberías pensar en alguien que pudiese hacer el papel de guardián o llegar a un acuerdo con ella." Lo dije de un tirón sin pararme a respirar. Los dos microsegundos que estuvo mirándome sin decir nada me bastaron para saber que ya no había nada que decir y me disponía a cerrar la puerta cuando oí un susurro ínfimo "Granger, por favor." Me quedé parada. No sabía qué responder, ¿era la primera vez que Malfoy decía por favor? Sonaba tan raro en su boca, tan fuera de lugar. ¿Me estaba suplicando?

"¿Por favor?" Hice más la pregunta para mí misma que para él pero supongo que me oyó.

"Por favor, no me devuelvas a Mcgonagall."

"¿Malfoy, te estás oyendo? ¿Qué hacemos tú y yo en una sala conviviendo? ¿Podemos soportarnos? ¿Puedes dejar de pensar por un momento en mi sangre o en la superioridad que crees que tienes sobre mí? No quiero aguantar más sufrimiento del que ya he tenido. ¡Me rindo! ¿sabes? Ya no soy el ángel que recoge a todo el mundo y que confía en los demás. ¡Me rindo! Estoy harta de llorar por culpa de los demás y de que me insultes, quiero, ¡merezco una vida tranquila!…" Ni me dejó terminar.

"Granger, por algún extraño motivo de la naturaleza mi madre piensa que eres buena para mí, yo no merezco nada, lo sé ¿vale? Pero ella ya ha sufrido bastante. Son dos meses. No tenemos que soportarnos más de lo necesario, me comportaré. No tendrás que aguantarme e intentaré que sea lo más cordial posible pero ella… ella confía en mí. Es la única y merece que le devuelva la confianza. No te haré llorar más, me comportaré y no volveré a decirte sangresu… ya sabes."

"No me sirve, Malfoy. Lo siento." Cerré la puerta tan fuerte que creo que le rebotó en la cara. Por un momento sentía pena del pobre chico, de matón a pedigüeño en 1 día. Debía querer mucho a su madre y saber perdonar es de justos pero en ese momento yo no quería verle. Ni a él, ni a su cara de pena.

Tardé 5 horas en salir a la sala común. Me había terminado el libro y quería otro que sabía que estaba en la estantería de la sala junto al trozo de tarta que pensaba zamparme. Eran las 2 de la mañana, probablemente, estaría durmiendo. Y así era. Estaba durmiendo, en la sala común. Estaba sentado en una butaca en frente de mi puerta. Literalmente esperando a que saliese. Tenía una lista en la mano y la boca abierta. Si no hubiese sido Draco Malfoy el rey de las serpientes seguramente habría pensado que era el chico más guapo que había visto durmiendo pero sabemos quién es. Aún así, no pude remediar el calorcito que sentí en el pecho al verle tan adorablemente durmiendo. ¿Cómo podía ser alguien tan pacífico y tan insoportable a la vez? ¿Para qué estaría en mi puerta?

Me dirigí hacia la estantería de forma silenciosa y pausada para no despertar al bello durmiente que residía en la sala de estar. Cogí el libro y me dirigía hacia mi habitación cuando me di cuenta de que el rubio parecía tener frío. A ver, puedo ser maligna pero cuando alguien duerme el rencor hay que dejarlo de lado. Es como matar a alguien durante el sueño, es cruel. Es el mejor momento del día. Cogí la manta del sofá (la manta que traje de mi casa, la manta que mi abuela hizo para mí por mi 5º cumpleaños) y se la eché por encima todo lo despacio que pude. Tenía un mechón de pelo en la frente. La verdad, es que así de tranquilo y sin ese gesto adusto, Malfoy era guapísimo. Yo puedo ser una comelibros pero sé reconocer cuando un hombre está para hecho para que lo miren.

Parecía que se estaba despertando cuando corrí hacia mi cuarto esperando que no se diese cuenta de mi momento de debilidad. ¿Desde cuándo Malfoy dejaba de ser un asqueroso racista para ser ese chico guapo durmiendo? Mañana iría al despacho de Mcgonagall y le diría que no puedo ocuparme de sus esclavos. Guapos o feos.

Me fui a dormir con la mente clara y cristalina sobre la idea de deshacerme de él. No hay nada que 8 horas de sueño no puedan arreglar, ¿no?.

Cuando me desperté, el sol estaba en el zenit. ¿Cuánto había dormido? ¿y mi despertador? Me vestí corriendo y salí sin mirar de mi habitación cuando me tropecé con algo. Caí estrepitosamente sobre algo blando y caliente. Malfoy no había abandonado el sofá. De hecho, estaba bastante despierto con la manta sobre las piernas y un libro. Al tropezar con él, los dos caímos sobre el sofá que se volcó hacia atrás.

"Buenos días a ti también, Granger. ¿Te importaría levantarte? Creo que no me has roto nada, gracias por preguntar."

"¿Qué coño hacías en una butaca en mi puerta, Malfoy? ¿no tienes nada más que hacer? ¿no has pensado en ir a reconstruir el castillo? ¿no podrías pensar en ayudar a alguien hoy?" Estaba tan enfadada con él. ¿Qué seguía haciendo sobre mi puerta? ¿no se daba cuenta de todo lo que quedaba por hacer en el castillo? Maldito egoísta.

"Granger, lo primero, buenos días. Lo segundo, llevo horas despierto y Mcgonagall me ha confirmado que en caso de que quieras retirar tu nombramiento de guardiana tendrás que dar razones de peso, más peso que el hecho de que te rindas el primer día. Tercero, la misma directora me ha dicho que viniese a cuidar de ti hasta que considerase que habías dormido y comido lo mínimo para una persona de tu edad y que me asegurase de que no hacías magia que pudiese extenuarte. Como no lo has hecho aún no puedo salir de aquí. ¡Ah, sí, claro! Cuarto, y último punto, a mí nadie me cierra la puerta en las narices."

Durante toda su perorata había aguantado estoicamente pero la última frase, simplemente, fue demasiado.

"¡Malfoy! Eres insufrible. ¿Has dormido en una butaca para pelear sobre que te cerré la puerta en las narices? ¿Qué tipo de discapacidad tienes? Verás tus planes sobre mi día de hoy no son combinables con mis planes por lo que me temo que…"

"No son mis planes, Gran-ger, son los planes de la directora. El desayuno está en la mesa, come." Dijo esto con tanta naturalidad y altivez que me pareció entender que había un tono de súplica escondido entre muchas capas de tiranía.

Con toda la fuerza de voluntad que pude conseguí decir un "Yo no cumplo ordenes" entre dientes mientras me acercaba hasta la mesa. Era eso o matarle con mis propias manos.

Mi pensamiento se suavizó cuando me respondió "Come, Granger, anda". Su cara de niño herido me dio el pie para añadir con una sonrisa en la cara "¿No te falta algo, Malfoy?" ¿quién pensaría que Malfoy tenía más de una expresión facial. Me estaba sorprendiendo tanto que incluso quería que siguiese hablando.

"Granger, come, s'il vous plaît". Ahí me di cuenta de que por hoy eso era lo máximo que iba a conseguir, por favor en francés. Con dos por favores en 24 horas era más que suficiente para saber que Malfoy estaba tragándose el orgullo para ganar algo de confianza con la que sería su carcelera para los próximos dos meses. A pesar de haber decidido que no quería la responsabilidad, no podía engañarme, Mcgonagall nunca dejaría que le devolviese a Malfoy sin una razón mucho más importante que el hecho de que estuviese muy sensible después de la guerra.

Sabiéndome vencedora, me acerqué a la mesa llena de comida, me senté y me serví un zumo. Mientras le dirigía una mirada asesina le dije "Malfoy, ni se te ocurra pensar que voy a comerme esto yo sola, así que trae tu culo hasta aquí". Aparté la mirada de él y empecé a untar las tostadas.

"Granger, me alegro de que te hayas fijado en que he estado trabajando los glúteos…" Casi oí una carcajada ahogada tras la última palabra.

Sería un verano muy largo pero por lo menos al hurón se le estaban bajando los humos y al final nadie acabaría herido. ¿O sí?