Cap 3
Tras ese primer desayuno en la sala común tomamos la rutina de hacerlo todos los días. Durante esa primera semana Malfoy fue lo primero que vi al despertarme y lo último antes de irme a dormir. Vivíamos juntos, leíamos juntos cada uno en su parte del sofá, íbamos juntos a reconstruir Hogwarts (el techo de la torre de astronomía lo acabamos al tercer día de estar juntos, la verdad que dos varitas juntas tienen mucho más poder) y lo hacíamos todo juntos. En el más estricto silencio, casi siempre.
Así fue como aprendí que Malfoy podía ser una persona racional de vez en cuando, que podía ser incluso educado en sus maneras y que la forma de ver la vida en la que todo el mundo está a sus pies había desaparecido, o al menos no era tan evidente. Además, aprendimos a dejar de agredirnos verbalmente, no llegábamos a ninguna conclusión. De vez en cuando nos mirábamos con desagrado pero esa especie de tregua que se había formado bien valía mordernos la lengua de vez en cuando.
A los 7 días de haber establecido una rutina casi sin hablar entre nosotros nos tocó ir al despacho de la directora a la primera visita como guardiana y esclavo… digo castigado. Al llegar al despacho de Mcgonagall lo hicimos como habíamos hecho todo lo demás esa semana, en silencio, tanteándonos sin saber cómo nos recibiría la profesora.
"Cuánto me alegro de verlos, señorita Granger, señor Malfoy. Según me han comentado no se han asesinado entre ustedes en 7 días. ¡Milagro! Debo decir que me ha sorprendido gratamente que hayan tardado tan poco tiempo en hacer las paces pero me complace muchísimo que lo hayan hecho. Ahora bien, tras esta primera semana de acostumbramiento me gustaría comentarles el impacto que ha tenido en el ministerio que la señorita Granger sea su guardiana, señor Malfoy."
No pude aguantarme. "¿En el ministerio, profesora Mcgonagall?"
"Sí, señorita Granger, en el ministerio. Como comprenderá el señor Malfoy tiene asignado un abogado que tiene que estar al día de todo lo que pase con él. El rumor de que usted era la encargada de controlar la estancia del señor Malfoy entre estos muros ha calado hondo en el ministerio y ha relajado la mirada sobre el señor Malfoy, aquí presente. ¿Me está escuchando, verdad, señor Malfoy?"
Malfoy se había pasado todo el tiempo en el despacho de Mcgonagall mirando a un punto entre el cuadro de Dumbledore y la pared. Parecía un fantasma y ciertamente, no estaba escuchando. O eso creía.
"Sí, profesora, sigo aquí. Imaginé que tras el juicio y todo lo que pasó… esto sería un golpe bajo para algunos."
¿Golpe bajo? ¿Algunos? ¿De qué estaba hablando?
"¿Para quienes?" No pude evitar intervenir mirando a ambos lados intermitentemente.
Mcgonagall le miró a él y luego a mi. Algo había pasado y no sabía el qué.
"Señorita Granger, ¿hace cuánto no habla con el señor Weasley?" La pregunta me pilló totalmente desprevenida. ¿Ron? ¿Qué pinta Ron en todo esto?
"¿Yo? ¿con Ron? No sé, la verdad. ¿Un mes y dos semanas y un par de horas? ¿Qué ha pasado? ¿Está bien?" ¿De qué estaban hablando? ¿Por qué recordaba exactamente el último momento en el que había hablado con él? Mierd…
Mirando a Malfoy me respondió "el señor Weasley se encuentra perfectamente, pero no soy yo quién debería hablarle de eso. Por el momento diremos que su comportamiento ha sido deleznable y que espero que en el futuro no se repita. En cuanto a ustedes, el ministerio ha pensado que lo mejor será que sirvan de ejemplo para los demás castigados. A partir de ahora trabajarán con ellos en la reconstrucción del castillo. Usted, señorita Granger, será la encargada de informarme si hay algún problema y de ayudar en la rehabilitación tanto del edificio como de los mismos alumnos. Por hoy voy a dejarles que vuelvan a su torre y hablen de lo que tengan que hablar. Mañana a las 8 empiezan los trabajos de reconstrucción del Hall y del pasillo del primer piso. Buenas tardes." Con un ademán hacia la puerta Mcgonagall se deshizo de nosotros igual que quien tira un papel con mocos.
Como siempre, durante estos últimos 7 días, volvimos en silencio a la sala común y nos sentamos en silencio cada uno con su libro. Nunca hubiese dicho que Malfoy leyera tanto como yo. Aunque yo en ese momento no estaba leyendo tenía una gran duda en la cabeza. ¿Qué había pasado con Ron? Claramente, tenía algo que ver con Malfoy. No podía dejar de pensar en ello y mientras lo hacía no dejaba de mirarle. No sabía como preguntarle por que tenía su cara de voy a salir hacia mi cuarto con tal de no responderte a lo que sea que quieras preguntarme.
Desde el mismo día en el que lo encontré durmiendo Malfoy había cambiado su imagen en mi cerebro. Ahora ya no me fijaba en la sonrisa cínica que siempre llevaba encima, me fijaba en sus ojos, grises y azules en el centro. Estaban tristes, enfadados, resentidos, muchas cosas menos felices pero ¿por qué debería importarme? ¿Qué demonios había pasado con Ron?
Supongo que se daría cuenta de que no dejaba de mirarle porque de repente dijo "Granger, si sigues así voy a cobrarte entrada ¿Algo que te guste?". Me quedé de piedra, no sabía ni qué responderle ¿en qué universo me iba YO a quedar mirándole a él? Tierra, trágame. Hice de tripas corazón y racionalicé que si quería respuestas tendría que hacer las preguntas correctas.
"Malfoy, ¿a qué se refería antes Mcgonagall con que no era ella quien tenía que hablarme de algo?"
La reacción de su cara fue inmediata aunque casi ningún músculo se activo denotando que estaba evitando una expresión facial. Simplemente abrió un poco más de lo que solía abrir los ojos, incluso cuando algo le impresionaba. ¿Desde hace cuánto me fijo en cómo abre Malfoy los ojos? Por dios, hormonas.
"Granger, no sé de qué me estás hablando." Con el mismo ademán de imbécil que tenía siempre se levantó y se preparó para irse pero yo fui más rápida. Le cogí del brazo y estiré de él para que no se marchase sin responderme. Nadie se iba sin responder a mis preguntas. Por desgracia, mientras el intentaba irse, yo cogerle y demás, las dos fuerzas hicieron vectores contrarios y acabó cayendo en el sofá sobre mi regazo. Al caer la espalda hizo un ruido sordo, un gran crujido, como si se la estuviese rompiendo en dos y cuando fui a darme cuenta tenía a un Malfoy inconsciente sobre los muslos. La camisa que llevaba se le levantó y dejó ver una herida reciente con un gran hematoma amarillo sobre el abdomen. La herida no tendría más de 1 mes.
"¡Malfoy, Malfoy! ¡Abre los ojos! ¡Vamos, idiota, que pesas!" Con toda la rapidez que fui capaz, lo elevé con la varita y corrí hacia la enfermería intentando que no se diese con ninguna esquina del castillo. Al llegar a la enfermería, la señora Pomfrey, estaba curando a uno de los castigados. Cuando nos vio llegar ahogó un grito y me hizo poner a Malfoy sobre una camilla. Me pidió que saliese de la habitación y esperase fuera.
Después de todo lo que he pasado con Harry y Ron y de la guerra, el simple hecho de perder a alguien más era insostenible. Incluso si era él. ¿Qué le pasaba a Malfoy? ¿De qué sería esa herida? ¿Cómo ha podido perder el conocimiento si la caída no ha sido para tanto? Cada vez tenía más preguntas y menos respuestas.
Estuve 3 horas esperando en la sala de espera de la enfermería. 3 horas muy largas. A las 3 horas, la señora Pomfrey salió a decirme que si quería podía pasar a verle, por supuesto pasé sin pensarlo y lo que vi no me gustó nada.
Malfoy estaba durmiendo en una de las camas con toda la parte de arriba del torso descubierto y la parte inferior del abdomen con un vendaje. Tenía todo el pecho lleno de marcas amarillas, antiguos hematomas que bien podían haber sido del improbable caso de que a Malfoy le hubiese pasado un camión por encima o que había sido apaleado entre una multitud. Estaba durmiendo tan plácidamente que ni siquiera parecía real.
La señora Pomfrey salió a mi encuentro y me dijo que fuese con ella hacía la salita de enfermeras. "Señorita Granger, me gustaría prevenirle de que haya pasado lo que haya pasado entre ustedes esa no es manera de solucionar las cosas. Pelearse con las manos, en fin, el señor Malfoy ya ha tenido bastante este mes. No es un alma de dios pero es un ser humano y con su amigo ya tuvo bastante. Cuando llegó aquí casi no se podía hacer nada por él pero ese chico tiene ganas de vivir, créame. Me gustaría que cuando despierte le dé otra oportunidad y se ocupe de que esta semana se la tome de descanso. Podrían hacer una tregua y compartir momentos juntos, no sé, como amigos, quizás. Pero dejen de pelearse, la guerra ha terminado y deberían saber perdonar."
Durante todo el sermón de la señora Pomfrey ni siquiera abrí la boca ¿qué podría decir? ¿qué se me cayó encima? ¿qué ya no nos peleamos? ¿quién me creería? Pero más importante… ¿qué quería decir con su amigo ya ha tenido bastante? ¿Tiene esto algo que ver con lo de Ron?
A cada momento tenía más y más preguntas y menos y menos respuestas. Salí de la sala de enfermeras sin ni quiera decirle adiós a la señora Pomfrey, había pensado a la primera que YO había atacado a Malfoy... ¡Por el amor de dios!
Cuando me senté en la silla que tenía al lado me permití observarle durante tanto tiempo que cuando me quise dar cuenta era de noche. ¿Qué estaba escondiendo Malfoy? Mmm… Ya lo averiguaría… ¿Qué habría hecho Ron? Solo quería pensar que todos esos golpes no provenían del chico dulce del que estuve tan enamorada… No podía ser.
Llamé a un elfo doméstico para que me trajese la cena y le pagué con el dinero que había hecho conjurar desde la enfermería. Era mi culpa que Malfoy estuviese ahí y no iba a dejarle solo porque tenía hambre. Supongo que el olor llegaría a la nariz del enfermo ya que empezó a despertarse cuando olió el maravilloso cordero que el simpático elfo había traído para mí.
"Granger, es pecado traer eso a la habitación de un enfermo, no hay ni una posibilidad de que Pomfrey me deje comer de eso, vete a la sala común a cenar."
Seguía con los ojos medio cerrados pero sabía que estaba despierto, la cara no le había cambiado pero esa forma que tiene de contraer los pómulos me decía que estaba intentado no reírse. ¿Cómo y por qué me había dado cuenta de la forma de contraer los pómulos de Malfoy? Empezaba a necesitar otro tipo de estímulos, una semana con él y ya estoy pensando en sus pómulos…
"Malfoy, estás aquí por mi culpa, yo no soy tú. Yo me preocupo cuando le hago daño a los demás". No quería decirlo de esa forma tan llena de rencor pero me salió así. Y por su cara supe que no le había pasado por alto el tono de odio. "Pero si quieres puedo darte un trozo, no le diré nada a Pomfrey". No sé de dónde salió esa frase intentando hacer las paces por algo que no había podido controlar pero que quizás le podía haber sentado mal. ¿Y si le había sentado mal? ¡En qué momento me importa a mí lo que le pueda sentar mal a él!
Girándose hacia mí con cara de estar sufriendo me dijo "espero que no lo hayas cocinado tú pero si es de los elfos me lo comeré". No pude no reírme ante semejante perla. O sea de los elfos sí y de mi, ¿no?.
"Es de los elfos, señor no me tires que me rompo. ¿Qué son esos golpes, Malfoy?" Y ahí iba, la pregunta de las 6 horas de espera al lado de su cama. ¿No podías esperar un día o dos, Hermione?
Sin mirarme e intentando incorporase en la cama me dijo "No son nada, Granger, me caí. Dame un poco, anda". Estaba mintiendo y no iba a dejarlo ahí.
"¿Qué tiene que ver Ron con esto? La señora Pomfrey, la profesora Mcgonagall, está pasando algo y no me estoy enterando. ¿Qué te ha pasado? Y quiero la verdad, ahora." Ni siquiera sé de dónde me salió la fuerza para decirlo. Estaba metiéndole prisa a un enfermo para satisfacer mi curiosidad. Maldito Malfoy.
"Granger, no-es-de-tu-incumbencia. Ahora por favor, vete a la sala común quiero descansar". Ni siquiera intentó volver a pedirme el trozo de cordero, se giró en la cama, me dio la espalda y se hizo el dormido, el momento divertido que estábamos compartiendo se había terminado. ¡Es que nunca va a cambiar! Me enfadé tanto ¡yo ahí preocupándome por él, haciendo guardia en su cama y el se niega a hablar conmigo! Salí de la enfermería cabreada como no lo había estado en mucho tiempo. Me sentía ofendida. ¡Había pasado el día al lado de la cama de Malfoy sin preocuparme nada más que por él y me seguía tratando como si fuese el peor insulto a la raza humana! Quizás no tan mal pero todavía sin ningún tipo de respeto. ¡Estaba tan ofendida! Llegué a la sala común e hice lo único que se me ocurrió. Mandar cartas.
Queridos, Harry y Ginny: Espero que todo vaya genial con la casa, por aquí todo normal. Construyendo y sin tiempo para nada más que para curar las heridas que la guerra nos ha dejado a todos. Supongo que lo habréis oído, no tengo excusa para no haberos informado antes. Soy la guardiana de la custodia temporal de 2 meses de Malfoy, simplemente compartimos sala común y tengo que ocuparme de que se porte bien. Realmente, no hablamos mucho. Hoy hemos tenido un altercado y está en la enfermería. ¿Alguno de los dos podría decir qué le pasó hace 1 mes tras el juicio? Tiene unos hematomas enormes y se niega a decirme nada. Espero que me confirméis que no ha sido nadie que conozcamos. Aún así, sigue siendo el mismo idiota de siempre pero ahora ya no me insulta. Por lo demás, Mcgonagall será una directora más dura que Dumbledore pero igual de preocupada por sus alumnos. Os echo de menos, Hermione.
Ahí iba la primera carta, ahora la difícil…
Ron: Espero que todo vaya bien. Me parece increíble que Mcgonagall tenga que preguntarme hace cuánto no hablo contigo. ¿Qué ha pasado? ¿Qué paso hace un mes? Yo estoy bien, seguimos de reformas en Hogwarts, va poco a poco pero mejorará. Cuídate.
Cuando terminé la carta de Ron sabía que ninguno iba a responderme sinceramente, no sé por qué estaba intentando averiguar algo que tuviese que ver con ese imbécil encamado que me había sacado de mis casillas pero necesita respuestas. Pero si le preguntaba a Ron directamente le ofendería que pensase que podía haber sido él. Por que él… ¿él no haría algo así no? Ni siquiera a Malfoy. ¡La curiosidad mató al gato, Hermione!
Así que…
Estimada, señora Malfoy: Quizás no me conozca. Me llamo Hermione Jane Granger y estudiaba en Hogwarts con su hijo, Draco. Lamentablemente, hoy hemos tenido un accidente aunque su hijo está descansando totalmente sano en la enfermería. Sin embargo, he podido comprobar que tiene unas heridas en el abdomen. Espero que haya sido atendido adecuadamente. Ya que, como me han dicho, usted fue una de las personas que sugirió que me encargase de la custodia de su hijo. Me gustaría preguntarle cómo ha llegado su hijo, Draco, a tener unas heridas tan horribles en el pecho. He intentado preguntarle a él pero he obtenido el peor de los silencios. Para poder continuar con la dura tarea de valorar la mejoría de su hijo me gustaría que me ayudase a entenderle. Quedo a su entera disposición. Hermione Granger.
Cuando había terminado de mandar las 3 cartas salí de la lechucería a la sala común que compartía con Malfoy. Cuando entré por el retrato verle tumbado en el sofá era lo último que esperaba.
"¡Malfoy! ¿Qué cojones haces aquí? ¡Deberías estar en la enfermería!"
"Granger, no seas madre. Estoy bien. Fue solo un golpe, no eres tan fuerte". Se intentó acomodar en el sofá estoicamente sin que se le notase en la cara que estaba sufriendo, aunque por sorpresa ya me había convertido en una experta en expresiones faciales de Malfoy. Intentaba recordar si durante la semana había observado alguna pero no las recordaba.
"Cállate y vete a la cama, estarás más cómodo." Al ver que intentaba levantarse y no luchar contra irse a la cama fui a ayudarlo. Le cogí un brazo y me lo pasé alrededor de los hombros. No me había dado cuenta hasta ese momento de lo alto que era Malfoy y de lo bien que olía. ¡Por el amor de dios, Hermione! ¡Contrólate! ¡¿Menta?!
Le llevé hasta la puerta de su habitación peleándome con el que creo que era su orgullo por recibir mi ayuda. Abrí la puerta y vi su habitación. Verde y plateado, cómo no, pero lo que más me sorprendió fue que estaba perfectamente ordenada. No sé que tipo de casa para osos esperaba pero tras la convivencia con Harry y Ron el orden que tenía la habitación de Malfoy era sorprendente.
Le solté solo un momento para abrir la cama y le miré esperando a que se atreviese a venir hacia ella. Se acercó lentamente, se metió dentro y ni siquiera se movió cuando le tapé. Estaba automáticamente KO. No sé si durmiendo, pero seguramente inconsciente. ¿En qué sano juicio a la señora Pomfrey se le había ocurrido sacarlo de la cama? Cuando volví a mirar fue cuando me di cuenta de que estaba temblando y tenía fiebre. Pasé más de dos horas conjurando paños de agua fría y todos los antipiréticos que había conseguido aprender en el curso de magia en enfermedades cotidianas. Cuando le bajé la fiebre era noche cerrada, estaba cansadísima y me apoyé en la silla donde había estado toda la tarde; sin darme cuenta me dormí exhausta al lado de su cama.
"Granger, despierta. Te buscan." Oí el susurro antes de abrir los ojos jamás hubiese esperado encontrarme con un Malfoy a escasos 2 cm de mi cara, ni con una lechuza mirándome detrás de él con cara de pocos amigos. Me desperté d golpe y vi que era de día. ¿Cuánto había dormido?
"Oh, Malfoy. ¿Sigues teniendo fiebre? ¿Qué es esa lechuza? ¿Qué hora es? ¡Tenemos que ir a reconstruir con los demás! ¡Llegamos tarde!"
"¡Por Merlín, ¿siempre te despiertas con tanta energía? No, gracias, no tengo fiebre. La lechuza te busca a ti. Son las 11 y media. Y no, no tenemos que ir a por los demás porque recibí un memorándum de Mcgonagall y sabe que ayer salí de la enfermería y que he tenido fiebre. Nos ha liberado de otro día de reconstrucción pero dice que al haber faltado tanto tendremos que trabajar dos fines de semana y hacer 4 guardias."
Al escuchar que no teníamos que bajar hoy a echar una mano con el castillo la energía que me había invadido un momento antes se deshinchó y me di cuenta del cansancio acumulado que tenía de haber dormido en la silla de la habitación de Malfoy. Lentamente, me desperecé y me levanté de la silla para recoger a la lechuza, mi espalda estaba gritándome que no volviese a dormir en una silla jamás. Le cogí el papel de la pata y le acaricié la cabeza con mimo. Eran animales que no me gustaban especialmente pero a todos nos viene bien un poco de cariño.
Abrí el pergamino y leí.
Querida, Hermione: nos encantaría contarte qué paso hace un mes pero no somos nosotros los que debemos hacerlo. Nos ha costado decidirnos aunque al final hemos optado por hacernos a un lado. Esperamos que lo entiendas. Estamos muy bien, los dos juntos no podemos estar mal. De verdad, sentimos esta situación. Solo esperamos que al final todo se resuelva y que entiendas que en ningún momento tuvimos nada que ver. Sabemos que ya no recibes el profeta pero si reconsiderases la idea pide los ejemplares que no has recibido desde hace 1 mes y 5 días o que intentes hablar con él, para algo vive contigo… Te queremos y sabemos que nos entenderás. No podemos hablar por los que deben dar las explicaciones. Te queremos. Harry y Ginny.
p.d: Soy Ginny, ¿cómo es vivir con el hurón? ¿os habéis matado ya? ¿sigue igual que antes? No seas muy dura con él. Y dile que, bueno, que lo sentimos.
Mi furia iba aumentando por momentos ¿qué está pasando? ¿por qué nadie me dice nada? ¿qué tenía que ver Malfoy en todo esto?
Sin pararme a pensar me giré hacia la cama donde Malfoy estaba tumbado aparentemente observando mi expresión. Cuando me dirigí hacia él se hundió en las sábanas y se refugió en la cara de pena que supongo que le funcionaría con todas las demás tipas de ese maldito castillo.
"Granger, no empieces…"
"Malfoy ¿podrías explicarme por qué desde hace 2 días parece que todo el mundo me esté escondiendo algo y todo empiece y termine en ti? Me estoy desesperando y te aseguro que no quieres verme cabreada."
Como si alguien del más allá me hubiese oído otra lechuza entró en la habitación topándose con la puerta. Reconocería a Errol en cualquier lugar. Sin darle tiempo a pensar la recogí y cogí el pergamino.
Hermione: como entenderás tú para mí ya no eres nadie. Me alegra saber que sigues pensando en mí. Lo que le hice o le dejé de hacer a tu nuevo amiguito es mi problema. Y el suyo. Espero que le siga doliendo. Ya te arrepentirás de estar de su lado. Yo estoy mejor que bien por fin he conseguido follar a gusto. Gracias por nada.
¿Era esa la confirmación de que Ron le había hecho eso a Malfoy? ¿Por qué? No podía ser por otra cosa. Ron le había hecho eso a Malfoy… ¿por mi culpa?
"¿Fue por qué decidí testificar?" Lo dije sin mirarle. Sin ni siquiera levantar la mirada del pergamino del que se suponía que era un de los hombres más importantes de mi vida, uno de mis mejores. No quería llorar, ni mostrar debilidad delante de él pero no pude evitar desplomarme al lado de la cama. Ron no era así. Y Malfoy no se merecía pagar por algo que yo había decidido hacer. Así no eran las cosas.
Ni siquiera me di cuenta cuando se acercó a mí, ni cuando se arrodilló a mi lado, ni cuando me levantó y sentó en la con todo el cariño del mundo. Parecía que fuese una muñeca de cristal y él me estuviese cuidando.
"Granger, no te preocupes. No lo merezco. No fue nada ¿ves? Estoy totalmente recuperado. Estoy hecho de acero, es el gen de los Malfoy. Mala hierba nunca muere. Va, no llores… Weasley no sabe hacer nada mejor con su vida que atacar a alguien dentro de su celda, no fue tu culpa. Tú solo me ayudaste a salir de ahí. De verdad, no fue nada." Mientras me hablaba con ese tono de voz que supuse reservaría para su familia, como cuando le hablas a los niños me sujetaba la mano y me acariciaba intentando calmarme. Si no hubiese sido él, ni yo, habría pensando que notaba corriente eléctrica entre nosotros. Como una chispa, un chispazo.
"¿Por qué me dijo la señora Pomfrey que casi no llegas? ¿por qué no fuiste a San Mungo? ¿por qué no querías decírmelo? ¿por qué no me hablas? ¿por qué…?" Tenía tantas preguntas. "¿Por qué no han castigado a Ron? ¿cómo llegó hasta ti? Fue por mi culpa, lo siento, Draco".
Nos sorprendimos tanto los dos de que en ese precioso momento hubiese decidido utilizar su nombre de pila. Jamás, ni una sola vez le había llamado así. Por lo menos a la cara. Giró la cara evitando responder a mis preguntas.
"Ah, no. Ni se te ocurra girar la cara, responde ¿Qué pasó?" Le miré con tanta intensidad que creía que iba a partirle los ojos.
"Granger, no preguntes cosas que no quieres oír. Alguien tenía que hacerlo y él me ahorró que fuese una muchedumbre enfurecida que es lo que tendría que pasar. Así que dejemos el tema, ¿eh?" Se levantó de la cama dirigiéndose hacia la ventana. Pero yo no me había dado por vencida.
"O sea, que entró a tu celda en el ministerio, y tu te dejaste golpear. ¿Perdiste el sentido y creías que ibas en la misma dirección que tu padre y Voldemor o le pediste que parase? ¿Lloraste por tu madre? ¿Se estuvo riendo? ¿Me mencionó? ¿Te dijo lo mierda que eres y que te mereces todo lo malo que te pase? ¿Amenazó a tu madr…"
No me dejó terminar, se giró muy rápido, vino hacia mi y me sujetó por los hombros con tanta fuerza que entre el susto y el dolor no pude soltar un grito. Tenía la cara pálida, más de lo normal. Claramente, mencionar a su madre no había sido una buena estrategia. Había estirado demasiado la cuerda y me iba a explotar en la cara.
"Tú te lo has buscado." Me arrastró hacia el armario, lo abrió y allí estaba la vasija. ¿Me iba a dejar ver su recuerdo? Antes de darme cuenta ya se había quitado un pelo y lo estaba insertando dentro del pensadero. "Te vas a arrepentir de querer saberlo todo. Lo siento."
