Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable.
De asesinos a caballeros: historia de renacimiento y redención
El regalo desconocido
Tokyo, Japón, dos años después de la caída de las Doce Casas
Algunos aguaceros esporádicos, caían sobre Tokyo, provocando comentarios de los mayores, acerca de lo raro del fenómeno en la mitad del verano.
Un grupo de muchachos se resguardaba de la lluvia en la entrada de la escuela secundaria de Kodaira, a la espera de que el tiempo mejorara para poder irse.
-Hey Shun -dijo de repente un castaño muy alegre a un lindo muchacho peliverde que se encontraba a su lado tratando de no empapar su pulcro uniforme- yo no pienso quedarme aquí toda la tarde hasta que esta lluvia pare... sabes qué... te reto a una carrera -terminó con una amplia sonrisa.
-Mmmm... no sé Seiya, se me van a mojar los libros, Ikki me regañará por eso... además no estoy de ánimos...
-Shun es solo una carrera... vamos... te encantará... además ¿qué podría salir mal?
Dos minutos después, ambos muchachos corrían en medio del aguacero haciendo trampa uno al otro, para llegar primero a la mansión, así que utilizaron las ramas de los árboles para moverse más rápido, lo cual hacían con una agilidad asombrosa. Un rato después ambos entraban al porche de la gran mansión en alocada carrera y Shun, quien estuvo allí primero, trataba de abrir la puerta en vano. En cuanto la puerta se movió Seiya se le lanzó encima, haciendo que ambos cayeran en el recibidor empapados y hechos un total desastre, muertos de la risa.
-Valla... ¿es que ya no enseñan modales en la escuela? -Jabu estaba de pie frente al par que seguían jugando a luchar, tirados en el piso de mármol sobre un gran charco que ellos mismos habían formado con lo que escurrió de sus ropas- debieron esperar a que pasara el aguacero... la señorita los va a matar... y eso será muy divertido...
-Jabu, déjalos -dijo Sahori Kiddo mientras bajaba por la gran escalera, los dos muchachos se respingaron ante las palabras de ella y se levantaron de manera torpe, tratando de evitar infructuosamente de ser pillados in franganti- cámbiense, necesito hablar con todos, los veo en el comedor pequeño en media hora.
Un rato después
-Esta enorme caja llegó esta mañana a las oficinas principales de la fundación dirigida a mi persona -Sahori Kiddo se encontraba en frente de un contenedor de madera de al menos unos dos metros y medio de alto, el cual tenía estampados algunos sellos postales- no tiene remitente y traía esta nota consigo...
Princesa Atena:
No te tomes a mal la llegada de este obsequio, te aseguro que te interesará su invaluable contenido. Espero que no malinterpretes las inscripciones del ánfora, porque he tratado de que el mensaje esté claro. Corrí muchos riesgos para hacértelo llegar, ojalá y lo aprecies.
No se admiten devoluciones,
Q.P.
-Como pueden observar la nota está escrita en griego antiguo, así que no cabe duda que tiene que ver con alguna Orden Sagrada, además está dirigida a mí como Atena -continuó la pelilila mostrándoles la caligrafía bellísima de la carta- me intriga mucho todo este asunto...
-Sahori, no crees que tal ves sea peligroso -dijo Shiryu como siempre precavido- se supone que estamos en período de paz, no deberíamos hacer algo que provoque una nueva guerra... es muy riesgoso... ¿sabes al menos de quién podrían ser esas iniciales?
-No realmente ni siquiera tengo una sospecha...
-La lagartija tiene razón -intervino el Fénix desde la pared donde se recargaba con los brazos cruzados- otra estupidez más y Zeus nos fríe, ya nos tiene advertidos...
-Eso sin contar que tenemos relaciones hostiles con las órdenes de Apolo y Artemisa -dijo Hyoga mientras tomaba su tercer vaso de agua helada- yo la verdad quiero mantener mi lindo y redondito trasero fuera de más problemas con esos maniáticos del Olimpo... sin ofender -terminó mirando con una sonrisa sexy a Sahori, quien solo le hizo un puchero de falso enojo.
-Fue demasiado el trauma el darme cuenta de que somos medios hermanos, como para saber cómo es tu trasero Hyoga -intervino Seiya divertido, a lo que los demás respondieron con risas.
Shun se mantuvo muy callado durante toda la reunión y solamente jugueteaba con los granos de azúcar que se habían derramado sobre la mesa cuando endulzó su te, se le veía algo pensativo, como en los últimos seis meses.
-Señorita, a mi realmente lo que me preocupa es que sea... un arma para hacerle daño a usted directamente -dijo Jabu viendo a la chica con esa cara de adoración con la que siempre la miraba- que cuando abra el envío pase algo que la hiera...
Sahori volvió a ver a sus diez caballeros de bronce, uno a uno y preguntó muy seria -¿confían en el buen criterio de su diosa?
Los muchachos intercambiaron miradas entre ellos y respondieron de manera afirmativa.
-Bien, entonces abramos la caja
Mansión Kiddo, esa misma noche
Tenía al menos una hora de encontrarse sentado en la misma posición, mirando aquel bellísimo objeto, mientras trataba de buscar el significado oculto de tan misterioso regalo.
Un ánfora.*
Dos metros de alto en arcilla roja del mediterráneo, decorada con maestría en figuras negras, las cuales contaban una maravillosa historia acerca de héroes caídos... digna de un museo.
Estaba sellada, por el puño y letra de Hades.
Una mano cálida y delicada le acarició los hombros con cariño.
-Si te ve Seiya, se va a molestar...
-Seiya no puede decirme nada, no sé por qué siempre que me acerco me dices eso... ¿te molesta alcaso?
-No, mi querida diosa... para nada... es solo que no quiero que tengas problemas... de ese tipo... tú me entiendes
-Pero parece que tú eres el que no entiende Shun -contestó Sahori con una dulce sonrisa, mientras rodeaba al chico peliverde- ¿cuándo vas a dejar de estar así?, ha pasado mucho tiempo... te queremos de vuelta...
-Sabes que la culpa me come por dentro Sahori -contestó Shun sin dejar de mirar el ánfora- algo cambió... lo siento en mi corazón y no lo comprendo con mi mente... pero para mi alma es imposible librarse de la oscuridad que la sofoca... a veces me siento perdido
Sahori lo besó en la frente, para luego sentarse a su lado acariciándose los brazos para aplacar el frío tan inusual en verano, a lo que el chico de inmediato reaccionó abrazándola para transmitirle algo de su calor.
-¿Cuándo piensas romper el sello?
-Pronto, pero no quiero hacerlo en Japón -y suspiró mientras recostaba su cabeza al hombro del peliverde- si las inscripciones son ciertas, tendremos de vuelta a la mayoría en poco tiempo
-¿Y los otros?
-Solo desearía pensar que es posible
Shun afianzó el abrazo y besó a su diosa en la cabeza, mientras ambos trataban de comprender aquello, cada uno desde su punto de vista.
-Podrás tenerlos de vuelta...ya lo verás princesa...
Camino a Grecia, dos días después
Tal como se lo informó a Shun y aprovechando que los muchachos podrían acompañarla porque estaban en vacaciones de la escuela, Sahori decidió ir a Grecia para llevar el ánfora misteriosa al Santuario y a la vez evaluar los daños consecuencia de la guerra con Hades.
El viaje era largo y agotador, llegar en avión privado hasta Atenas, era lo de menos, sin embargo, los incómodos caminos de lastre, quebrados y angostos, que iban de Atenas a Rodorio eran toda una odisea y solo un conductor experto (o muy temerario) se ofrecía a realizar la peligrosa travesía por unas cuantos cientos de euros de sobreprecio, los que Sahori pagaba gustosa, antes de tener que pasar por la pena de dejar que Hyoga o Ikki tomaran el volante.
Rodorio era un pueblito rural que se encontraba a los pies de la colina donde se alzaba majestuoso el Santuario. Debido al misticismo que emanaba de éste, solía ser visitado por amantes de las ciencias ocultas, y estudiosos de la antropología y la historia, por ello es que en algún momento, Shion solicitó al gobierno de Grecia que no interviniera los accesos al pueblo para no facilitar la entrada de los turistas. Es por lo anterior, que Rodorio se mantuvo fuera de los avances de la modernidad por mucho tiempo, sin embargo para sus habitantes el hecho de no gozar de algunos lujos y comodidades tecnológicas, bien valía el sacrificio con tal de vivir al pie del Santuario y departir con los caballeros de Atena.
Por otro lado, debido a las energías emanadas en el Recinto Sagrado, no era posible ubicar a Rodorio con un dispositivo de GPS y la interferencia electromagnética era tan fuerte, que existía restricción de vuelo sobre esa zona, la cual estaba bien definida en los mapas aéreos internacionales. Además no llegaban claras las señales de televisión, internet o teléfono celular, tampoco había instalación eléctrica en todas partes, así que la gente se acostumbró a cocinar con leña o gas y a depender muy poco de los aparatos eléctricos. Hacía algo más de un año, el maestro Dhonko permitió que cruzaran unos cables para colocar un par de teléfonos públicos por si hubiera una emergencia, pero eso y cuatro emisoras de radio era lo más parecido a tecnología moderna que se encontraba en muchos kilómetros a la redonda.
Como el mar estaba cerca algunas familias se dedicaban a la pesca, otras aprovechaban el suelo fértil y vivían de la agricultura, algunos criaban animales de granja y el resto comerciaban. En Rodorio se podía encontrar un expendio de abarrotes, regalos y suplementos para las manualidades de las señoras y un gran mercado donde se conseguía carne y verdura de la mejor calidad, las panaderías eran excelentes y existían un par de fondas donde la gente se divertía bebiendo, comiendo y bailando, "La almenara" y "El gallego". Sin embargo, desde la ausencia de los guardianes de las doce casas, el ánimo de los alegres habitantes de Rodorio, siempre tan colorido, se vio afectado por la tristeza que emanaba del Recinto Sagrado en estado de ruinas.
Los guardianes sagrados se habían ido, la muerte los arrastró con ella.
Después de ocho horas en avión hasta Atenas, el grupo conformado por seis caballeros de bronce, Shunrei, Kiki, Sahori y el viejo Tatsumi, comieron en el aeropuerto y continuaron con la travesía hasta el Santuario, tras cuatro horas más de camino lleno de curvas y precipicios, dos llantas estalladas y dolor de trasero generalizado, llegaron a la entrada del pueblo al atardecer, desde donde tenían que continuar a pie, ya que Rodorio no tenía caminos asfaltados para seguir con vehículo. Como era tan tarde y no era posible alquilar un caballo que al menos llevara a Sahori y Tatsumi al otro lado, entonces decidieron pasar a "La almenara" a comer algo. Al reconocerlos como caballeros, debido a los gabinetes de las armaduras, el dueño de la fonda los atendió muy amable, les sirvió lo mejor de su menú y tuvo el tino de sentarse a conversar acerca de lo cambiado que estaba todo desde la trágica partida de los dorados, el día del eclipse.
-Ha sido muy triste, mis estimados... algunos de ellos acostumbraban a venir a tomarse algo y la gente los rodeaba para escuchar historias de sus aventuras en las tierras de los dioses -les contó el viejo migrante portugués, mientras se enjugaba las lágrimas con el delantal- ese eclipse del demonio se los llevó con él...
Todos los presentes bajaron la mirada triste, como guardando un momento de silencio por el alma de los caídos.
-Cuénteme, señor -dijo Seiya- eran como personas... ¿normales?
-Sí claro, eran alegres y joviales, muchachos así como ustedes, tal ves un poco mayores... -continuaba narrando el hombre al momento en que una mujer se le acercaba por la espalda y posaba sus manos sobre los hombros de éste.
-Todos eran... tan guapos, la diosa tiene buen gusto... -decía la muchacha algo apenada, pero con una risilla bailándole en la boca- nosotras decíamos que la diosa Atena los escogía por su físico, más que por sus habilidades...
-Hija... por amor a la diosa... no puedes hablar así de la Orden Dorada... no eran actores de cine... ay disculpen a esta imprudente!
Algunos de los muchachos volvieron a ver la reacción de Sahori, quien había enarcado las cejas, para después dejar escapar una carcajada sincera, con lo cual los demás se sintieron en plena libertad de reirse por la ocurrencia de la hija del tabernero.
Una vez hubo terminado la abundante cena, los muchachos se levantaron de la mesa, mientras tanto Tatsumi pagó la cuenta en dólares (el chofer que los llevó hasta Rodorio se encargó de sacarles hasta el último euro que llevaban) y después de agradecer la comida y despedirse, continuaron su camino para llegar al Templo Principal.
Una vez al pie de la larguísima escalinata, Sahori prefirió cruzar por los túneles secretos y evitar la entrada a los templos, esto con el objetivo de no exponer a los chicos y sobre todo a Kiki al triste espectáculo que encarnaban las ruinas, desgraciadamente el portón de entrada a dicho túnel, se encontraba dentro de la primera casa.
Al entrar al templo de Aries se encontraron con un paisaje desolador, el aposento destinado al taller, tenía la puerta arrancada de tajo y en el interior se apreciaba la herramienta tirada por doquier y algunos estantes desbancados, donde seguramente se encontraban los frasquitos de vidrio que se veían esparcidos por todo el lugar, algunos de los cuales se habían quebrado mostrando un polvo muy parecido a la brillantina, solamente que muy finito y de colores matálicos. La mayoría de la columnata estaba en el suelo, lo que había falseado el techo, que estaba a punto de derrumbarse hacia la parte trasera de la casa. Todos los frisos de mármol que contenían los relieves se habían venido abajo, la mayoría por supuesto que estaban hechos pedazos. Cuando Ikki forzó el portón de hierro que seguía de la pared falsa hacia el pasadizo secreto, algunos trozos de escombro les cayeron encima sin hacerles daño, pero esa era señal de que lo mejor era hacer abandono de aquel lugar lo más pronto posible.
La vista de la casa de Aries, fue muy impresionante para los muchachos y sobre todo para Kiki, así que a pesar de que venían alegres, guardaron silencio el resto del camino. Ikki prefirió cargar a Kiki en la espalda para aligerar el tiempo de viaje por los pasadizos, Hyoga, Shunrei y Shun iban atrás de ellos y Tatsumi se agarraba sin querer al brazo del dragón, el agarre del viejo se hizo más fuerte, cuando el foco empezó a fallar y se quedaron a oscuras por unos minutos, hasta que Seiya encendió una antorcha de las que se encontraban colocadas en la pared.
-Deja de apretarme, me estás lastimando -dijo Shiryu al hombre cuando aún se encontraban a oscuras.
-Uy si quieren los dejamos solos... -dijo Seiya mientras encendía la antorcha, lo que provocó las risas del grupo menos del dragón, cosa que aligeró un poco el ambiente triste que dejó la travesía por la primera casa.
Al llegar al imponente Templo Principal, la vista no fue tan desoladora como en Aries ya que no había sido destruido, pero al encender las antorchas pudieron observar los estragos de la suciedad acumulada en tantos meses sin mantenimiento. Seiya se adentró a los aposentos internos y volvió con algunos implementos de limpieza, pero debido al cansancio solo sacudieron lo necesario para poner las bolsas de dormir en el salón del trono y echarse a descansar de inmediato, al otro día comenzarían con el duro trabajo de ordenar el templo principal con el objetivo de hacerlo habitable para el grupo, ya que se iban a quedar allí al menos las próximas cuatro semanas, hasta que las clases comenzaran de nuevo en Japón.
Esa misma noche: primer contacto
-AHHHHHHHHHH!
-Seiya qué diablos pasa! -gritó Ikki, quien se despertó de repente gracias al grito de su hermano- casi me matas del susto... demonios contigo!
-Ya dejen de gritar, que nos van a matar a los demás de un ataque de nervios -terminó Hyoga para hacer más grande el escándalo- miren que tenemos un anciano entre nosotros -dijo aprovechando la situación para burlarse un poco de Tatsumi.
Un gruñido fue toda la contestación del viejo.
Shiryu un poco más prudente, se acercó a Seiya para hablar con él y así tratar de calmarlo un poco.
-¿Qué te sucedió?... realmente te ves mal, te siento muy nervioso, tu cosmo está alterado hermano
Seiya volvió a ver al pelinegro con los ojos vidriosos y su labio inferior temblaba un poco.
-Lo... lo vi -dijo tartamudeando.
-¿A quién viste Seiya? -insistió preocupado el dragón.
-Déjalo Shiryu -intervino Ikki girándose en su bolsa para continuar durmiendo- comió demasiado anoche, tiene que haberle sentado mal la cena, eso te pasa por glotón pony!
-Ikki no molestes a Seiya -regañó Shun con una voz suave, presentía que esto generaría en una de esas peleas largas y aburridas entre el Pegaso y el Fénix- está muy nervioso
-Estaba sufriendo... él... él estaba pidiendo ayuda... ellos... ellos lo torturaban... y se reían de lo que le hacían para... para causarle... dolor...
-¿De quién hablas? -preguntó Shun abrazando a Seiya y haciéndole cariño en la espalda.
-Lo torturaban unos espectros... torturaban a Saga de Géminis...
En los días subsiguientes, los chicos se dedicaron con esmero a las labores de limpieza, pero la prioridad fue acondicionar habitaciones para ellos, debido a que todos amanecían con dolor de cuerpo debido a la dureza del mármol del piso en el Salón del Trono.
A la semana, por fin el Templo se veía limpio y ordenado, tuvieron que tirar todas las alfombras porque estaban raídas y aparte de los espejos que se habían quebrado, lo demás estaba bastante bien conservado. Así que en cuanto estuvieron ubicados, cada uno en una de las habitaciones, decidieron comenzar a inspeccionar las ruinas de las doce casas.
Cuatro días después: segundo contacto
Para esos días muchas cosas extrañas comenzaron a suceder, Shun bajó a la casa de Virgo, porque quería revisar si había quedado algo de Shaka mínimamente recuperable de entre los escombros y Shiryu y Hyoga decidieron acompañarlo para realizar la misma triste tarea en Libra y Acuario. Estando solo, el pequeño peliverde suspiró entristecido, porque todo estaba hecho añicos, la desolación era terrible y lo que más le dolió, fue ver destruido el pedestal en forma de lotto que el guardián de la sexta casa utilizaba para meditar... se acercó y acarició uno de los pétalos y no pudo evitar derramar algunas lágrimas, de repente sintió una presencia detrás suyo, y contuvo la respiración, ya que no se trataba de algún cosmo conocido. Un escalofrío le recorrió la nuca en el momento en que la sensación de que una mano se apoyó en su hombro lo sorprendió de repente, obligándolo a volver a ver hacia atrás donde ya no había nada.
Sea lo que sea que estuvo allí, dejó algo en el suelo.
Una semilla de loto.
Templo Principal
Tatsumi acababa de llevarle la correspondencia, se sentía tan cansada por los trabajos de limpieza, que tomó los sobres y paquetes con desdén y los revisó para separarlos por orden de prioridad. Estaba sentada perezosamente en una señorial silla en el estudio del Patriarca, hacía mucho calor, lo que daría por un aire acondicionado.
De pronto dos sobres le llamaron la atención, uno estaba en noruego y el otro venía sellado con cera... nada menos que por Julián Solo.
Con premura abrió la primera carta enviada por su amiga Hilda, de la región del norte de Asgard.
Mi muy querida Sahori:
Primero que todo, quiero enviarte un abrazo de mi parte, sé que tienes numerosas ocupaciones en tu empresa, pero ojalá pudieras escaparte otra temporada a estos fríos lares de Asgard, te prometo enseñarte a patinar sobre hielo esta vez.
Las cosas por acá siguen muy solitarias desde la dolorosa partida de mis guerreros, Fler y yo somos nuestra única compañía, así que te imaginarás lo que nos gustaría tenerte de vuelta.
Por otro lado, quería solicitarte un favor que me apena mucho pedirte, pero hace unos días recibí un ánfora con inscripciones griegas como regalo y quería pedirte que me ayudaras a interpretar los grafos que contiene... ¿será mucho abuso que pueda visitarte para llevar la pieza y que la estudiemos juntas?
Realmente esto me tiene muy intrigada y con todo lo que ha pasado mi corazón se llena de temor de que esto signifique que algo malo va a suceder pronto.
Espero con ansias tu respuesta.
Me despido amiga querida, un abrazo a la distancia,
Hilda de Polaris
Con el corazón palpitando por lo que acababa de leer, se dispuso a abrir la carta de Julián, sospechando que tenía que ver con el tema del ánfora, leyó seguido los primeros párrafos hasta que encontró lo que buscaba.
"... un ánfora que recibí como regalo hace unos días, trae una "simpática" nota firmada por algún gracioso con las iniciales Q.P., pensaba que tal ves tú tendrías una respuesta para esto... ¿alguno de tus caballeros no habrá querido pasarse de listo conmigo?
Por otro lado, necesito verte para conversar algunos asuntos importantes contigo, y no son prescisamente de negocios.
Quedo a la espera de que agendes la cita, dale prioridad, te aseguro que es urgente..."
Sahori se deslizó suspirando decepcionada por el respaldar de la silla y miró a la ventana con la carta de Julián en la mano.
Como detestaba admitir que necesitaba de Julián Solo ahora.
Templo principal, dos noches después: tercer contacto
El caballero de Cisne se revolvía entre sus sábanas, tratando de quitarse de encima esas imágenes terribles que amenazaban con terminar con su cordura.
Camus... por favor... Camus... maestro Camus, resista por favor...
Mientras tanto en la habitación del lado, Shiryu trataba sin éxito de librarse de su pesadilla.
No les hagan eso... por favor... déjenlos en paz!
A la vez, ambos escucharon la misma voz en sus cabezas.
Cualquiera que ose desafiar a los dioses del Olimpo no se queda sin recibir su castigo, por eso las almas de los llamados Caballeros Dorados no volverán al ciclo de las reencarnaciones y serán torturadas por toda la eternidad...
Hyoga se despertó de repente, respirando de forma agitada y empapado en sudor. Cuando volvió hacia su izquierda, allí estaba Shun viéndolo con un semblante preocupado.
-¿Qué pasó hermano?... no podía despertarte
-Yo... -trataba de contestar el rubio- no... podía salir de la pesadilla... era espantoso... no sé... Shiryu estaba allí... Camus...
Alguien abrió la puerta de golpe, era Jabu, se le veía muy asustado.
-Shun, Pato -dijo con alarma- la lagartija no despierta!
Habían pasado unas seis horas desde que Hyoga y Shiryu tuvieron la misma pesadilla, sin que nadie hasta el momento lograra volver en sí al dragón. Sahori se mantenía viendo hacia la nada con la preocupación tatuada en su bello rostro, mientras Shunrei velaba el sueño del pelinegro sin despegarse un segundo de la cama, Seiya, Hyoga y Shun se habían turnado para tratar de hacer contacto con el muchacho por medio del cosmo, pero en vano. Ikki se mantenía recostado en el marco del ventanal, sin decir gran cosa.
-Pero Hyoga ¿qué fue exactamente lo que viste? -cuestionaba Seiya por enésima vez.
-Ya te dije, era el maestro Camus, lo estaban torturando de formas horribles y me pedía ayuda, en el momento en que estuve a punto de tomar su mano para traerlo me desperté, y heme aquí explicándote ooootra vez lo que pasó...
-Estás sensible... -dijo Seiya con una mueca de resentimiento.
-Y tú estás más distraído que nunca...
El inicio de una larga e infantil pelea entre Seiya y Hyoga se vio interrumpido por la voz cansada de Shiryu, quien deliraba.
Maestro... por favor... ¿dónde está?... ya no puedo verlo...
Los muchachos corrieron hasta donde estaba Shunrei sosteniendo la mano del dragón, quien otra vez parecía estar viviendo la pesadilla de la cual no había podido despertarse.
-Shiryu -dijo Sahori encendiendo su cosmo y acercándose al muchacho- por favor necesito que me escuches, tienes que volver, nosotros no podemos hacer nada por ahora, los Caballeros Dorados están en los dominios de Hades, dominios que nosotros no conocemos, no puedes traerlos a la vida... ni siquiera yo puedo...
-Tú si puedes Atena -replicó Shun de repente- tienes en tus manos lo que Hades pide para liberarlos...
Habitación de Sahori, dos noches después
Tenía horas de dar vueltas sobre las suaves sábanas de su cama de dosel, aquella en la que habían descansado las otras reencarnaciones de Atena durante muchas generaciones.
Varias interrogantes le daban vueltas en la cabeza y no la dejaban en paz.
¿Despertaría Shiryu si ellos revivían? ¿Sería lo correcto traerlos de vuelta, siendo el vagar eternamente el castigo impuesto por un dios? ¿En caso de que volvieran, podrían superar los conflictos entre ellos para enfrentar una vida de convivencia y hermandad en el Santuario?
Sin poder darle más largas al asunto, se levantó decidida y salió al balcón de su habitación dispuesta a cumplir con el que creía su deber de diosa. Estaba tan angustiada por toda la situación, que no se daba cuenta del frío que se colaba por la planta de su pies descalzos o por las fibras de su delicada pijama de seda.
Abrazando el ánfora contra su pecho, se acuclilló sobre sus rodillas para estar cómoda, no sabía cómo romper el sello porque las indicaciones que recibió eran muy ambiguas, pero hizo lo que su corazón de diosa le dictó. Con los ojos llenos de lágrimas, comenzó a encender su cosmo llamando a su ejército caído para que volvieran con ella. De a poco, decenas de imágenes se apoderaron de su mente y enternecieron su corazón, cada una correspondiente al momento en que sus guerreros de bronce y plata perdieron la vida. Pudo sentir el arrepentimiento de algunos y el orgullo o el miedo de otros al morir.
Mis amados caballeros, les pido que vuelvan a luchar a mi lado en las batallas venideras y les aseguro, como su diosa, que sus pecados serán perdonados y sus conciencias quedarán libres de culpa...
De repente, el ánfora comenzó a brillar por sí misma y la tapa que cubría el sello se levantó como empujada desde adentro.
Fue respondido el llamado de la diosa.
Y el sello se rompió, liberando las almas de los caídos.
Alrededores del Templo Principal, días después
Ahora que las órdenes de plata y bronce estaban completas, en el Santuario se hablaba de los miembros de la última Orden Dorada, con la misma devoción y respeto con el que se mencionaban los héroes de la Era del Mito, aquellos hijos de humanos engendrados por dioses, cuyas hazañas marcaron el curso de la historia humana y que ahora estaban registradas en la literatura universal. Los jóvenes guerreros dorados, junto con la figura del Patriarca Shion, se habían ganado el corazón de la gente del Santuario y la admiración de los miembros de otras Órdenes del Olimpo.
La vuelta a la vida de los caballeros de plata y bronce muertos en la Guerra Santa, trajo grandes cambios a los planes establecidos por Sahori antes de emprender su viaje a Atenas. Ahora, tenían mucha ayuda extra para la reconstrucción del Recinto Sagrado y además el espíritu alegre parecía haber retornado a Rodorio.
Tanto a los miembros de la orden de plata como a los de la de bronce se les asignaron tareas específicas en las que tenían que trabajar de forma conjunta. Todas las tareas estaban dirigidas a la reconstrucción de la planta física del Santuario, con el obejtivo de tener las doce casas en condiciones habitables.
Misty de Lacerta, retomó sus deberes como cabeza de la Orden de Plata y Bronce y utilizando sus grandes dotes de administrador, organizó de forma eficiente las labores de limpieza, recontratando los servicios del personal externo, quienes en su totalidad eran habitantes del pueblito.
Poco a poco y con el pasar de los días, el Recinto Sagrado dejó de ser un conjunto en ruinas, para volver a mostrar los vestigios de la majestuosidad de la que se jactaban sus habitantes.
Sin embargo algunos accidentes ocurrían de vez en cuando.
-Sahori... Sahori! -gritaba Seiya quien corría los últimos peldaños de la escalinata para encontrarse con la pelilila, esto ante la mirada atónita de Misty de Lacerta, Capella de Auriga y Moses de Ballena, quienes escoltaban a la diosa, mientras revisaba el avance de la limpieza del jardín de la doceava casa- ufff -jadeó Seiya tomándose de las rodillas- en este lugar... no puede haber alguien que diga que no hace ejercicio con esa escalinata...
-Seiya -dijo Sahori un tanto acongojada por la confianza que demostraba el Pegaso con ella, delante de su escolta de Plata- ¿sucede algo caballero?
-¿Caballero?... ¿te pasa algo Sahori?... ahh -dijo respingándose y fingiendo una posición de firmes, cuando entendió el por qué de la actitud de Sahori para con él- el dichoso protocolo... este -carraspeó y trató de disimular delante de los plateados agravando la voz- princesa Atena, solamente quería informarle que tenemos un tremendo error de cálculo en el templo de Escorpión - y terminó con una reverencia exagerada.
-Disculpe mi señora -intervino Misty y se dirigió al recién llegado- ¿a qué te refieres con "tremendo error de cálculo"? caballero Pegaso
-Ikki se trajo abajo casi toda la columnata...
Aposentos privados de la diosa, horas después
Después de lograr mantener en su lugar el techo de la octava casa y de apagar el incendio que por poco destruye lo que quedaba del cuarto templo, la diosa envió a llamar a dos caballeros de plata con los que tenía planeada una conversación que para ella era muy importante. Media hora después, ella se encontraba sentada frente a su mesita de te, acompañada de Capella y Moses, caballeros de Áuriga y Ballena, respectivamente.
Los dos hombres se veían evidentemente acongojados, mientras la muchacha les servía una taza de te a cada uno y los invitaba amablemente a sentarse con ella.
-Seguramente se estarán preguntando porqué los he mandado a llamar
Ambos jóvenes asintieron en silencio con una cortés reverencia.
-Entiendo que ustedes eran cercanos a algunos caballeros dorados y que saben mucho de ellos, quisiera que me contaran todo.
Los dos se volvieron a ver algo nerviosos y accedieron a sentarse con su diosa a tomar el te. Algo apenado, el caballero del Áuriga habló primero.
-Mi querida diosa, lo digo en nombre mío... pero sé que somos muchos los que pensamos igual, los Caballeros Dorados eran maravillosos, no sé si usted tuvo la oportunidad de verlos en acción, realmente no conozco qué pasó en la última guerra, pero su poder era extraordinario
La niña asintió complacida y con un gesto amable motivó a Moses para que continuara con la conversación.
-Yo...yo, pues si ellos eran increíbles, sin embargo eran un poco… estrafalarios.
-¿Estrafalarios? ¿Puedo saber a qué te refieres con eso Moses?
-Si, ellos eran extraños…exóticos, unos más que otros…nosotros no los veíamos mucho…de hecho el señor Arles no permitía que nos acercáramos a ellos, entonces era difícil reconocer sus rostros, pero sus actitudes eran...
Sahori, trató de apresurar la respuesta con un movimiento de su ceja derecha.
-¿Sí?
-Algo…aterradoras…crueles...
-Moses cállate –interrumpió Capella- señorita, Moses está exagerando un poco…
Sin hacer caso de Capella, Sahori le pidió más explicaciones a Moses.
-Bueno señorita, lo que sucede es que no eran piadosos y algunas veces los vimos ejecutar miembros de la orden sin ningún reparo…
-Ya veo…
-Señora… algunos eran terribles. Arles los utilizaba como verdugos de sus enemigos, eran verdaderas máquinas asesinas… -continuó Moses ya más confiado- los vimos derramar sangre sin remordimiento en muchas ocasiones.
Sahori no contestó, sino que sorbió un poco más de la taza. Una duda se le venía a la cabeza, ¿sería lo correcto? La respuesta era que necesitaba que volvieran y no solo por ella, sino por Shiryu y además, ninguna de las doce constelaciones había brillado anunciando a nuevos miembros de la élite… tenía que tomar una decisión… por el bien de todos.
Templo Principal, días después
Julián Poseidón, junto con su amazona De Sirena, Tethys, y una extraña mujer de cabellos rojos, quien se presentó como Queen, llegaron puntuales a la cita que había solicitado el dios del Mar a Sahori, con la intención de hablar con ella acerca de algunas alarmantes señales en la Tierra. A parecer a Julián le preocupaban ciertas brechas abiertas, entre el mundo sagrado y el de los hombres que podrían, en algún momento, desencadenar un conflicto que involucrara a los Titanes.
En medio de la conversación, Sahori no podía dejar de recodar que hacía unos años el heredero Solo, había hecho lo imposible para convertirla en su esposa y eso la hacía sentirse vulnerable ante su presencia, por otro lado esa misma obsesión había permanecido en él, durante la batalla de los Siete Pilares, por eso respondía a la plática manteniéndose un poco a la defensiva.
Al cabo de un rato de una conversación que en momentos se volvía un tanto incómoda, y varias tazas de te acompañadas con canapés, la pelirroja misteriosa intercambió una mirada cómplice con Julián, quien continuó con el otro tema que los tenía allí.
-Atena, hay otro asunto del cual queremos platicar contigo -indicó el peliceleste de forma categórica y sin esforzarse en mostrar amabilidad a sus palabras.
-Soy toda oídos Julián
-Por lo visto lograste resolver sola lo del ánfora, te felicito... eres más lista de lo que parece!
Sahori juntó sus labios por la ira de forma tal que casi formaron una delgada línea en su hermoso rostro, no pudo contestar nada.
-Julián, creo que no es necesario que seas grosero -intervino la pelirroja- Atena siento mucho su impertinencia, fui yo la que te envié el ánfora
Sahori, casi deja caer su taza.
-Tu... ¿tu quién eres?
-Soy Perséfone, la reina del inframundo, firmo Queen Perséfone, prefiero no pecar de obvia para no ser descubierta, sobre por los odiosos jueces de mi marido.
-Pero... ¿por qué me ayudaste?
-Porque te necesito, de hecho... si mal no recuerdas las palabras de Julián todos nos necesitamos ahora... por eso te devolví tus órdenes de plata y bronce...
-¿Y qué hay de mis caballeros dorados?
-Ellos no están muertos Atena -explicó Tethys refiriéndose a la Orden Dorada- por eso tus caballeros de bronce logran contactarlos a través de sus sueños o por medio de visiones, creemos que están cerca de la frontera entre los vivos y los muertos. Sin embargo solamente un cosmos que esté al nivel del noveno sentido puede traerlos de vuelta. Hay dos problemas, los dorados vagan perdidos en alguna dimensión paralela a la nuestra, la cual ellos no conocen y de la que no pueden salir, por otro lado el único que puede autorizar su regreso y por lo tanto guiarlos es Hades, ya que él y solo él, es quien conoce el camino al mundo de los hombres...
-Hades está herido en el pecho por su propia espada y además furioso conmigo, no... no creo que...
-Hay algo que tú tienes y que él necesita, puedes hacer un trueque -dijo Julián sonriendo de lado, mientras miraba a la diosa por encima de su taza de te.
-No entiendo, ¿a qué te refieres?
-A tu caballero de Andrómeda
Continuará...
*Anfora: jarrón enorme, cuyo fondo era puntiagudo, por lo que había que sostenerlo con una estructura diseñada para ello, eran utilizadas para almacenar todo tipo de líquidos de conserva, como aceites y vino.
Bueno, aquí les dejo el primer capítulo de esta historia, que espero les guste. Un abrazo a los que me apoyan con su lectura y sus maravillosos reviews que no hacen más que darme muchos ánimos para seguir escribiendo.
Shakary
