Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable.
Nota:
En este capítulo me devuelvo y regreso en la línea de tiempo, traté de que no fuera confuso por medio de los subtítulos… un abrazo.
De asesinos a caballeros: historia de renacimiento y redención
No hay oscuridad más profunda, que cuando está a punto de amanecer
Habitación de Sahori, ocho días después del renacimiento, once de la noche
Hacía unas cuatro horas, Shion le informó que el estado de salud de su caballero de Piscis iba de mal en peor, y que al parecer tenía que ver con la muerte de un "árbol sagrado" que se encontraba en el jardín interno de la doceava casa, el cual guardaba las memorias de los caballeros que habían fallecido como guardianes de ese templo. Al parecer este abedul formaba parte de todos los ritos propios de la Casa de Piscis y estaba allí desde los primeros registros de la Orden, nadie sabía cuando nació o cómo llegó allí.
Pero ¿qué importancia tenía esto para la Orden? ¿Por qué la vida de un caballero dorado estaba ligada de esa forma a un árbol de abedul? ¿Era ese árbol, solo un contenedor espiritual o quizá los caballeros Piscis lo sacralizaron sin motivo alguno? O… ¿simplemente era una cuestión de apego sentimental?
Sahori no estaba dispuesta a perder la vida de un caballero dorado por razones como esas, además todo el asunto le parecía muy perturbador, así que decidió consultar con la única que podría saber todo al respecto; la diosa Deméter.
Y es que nunca antes, había intentado comunicarse directamente con alguno de los Olímpicos, pero le parecía que la situación lo ameritaba, así que se dedicó a despejar la mente y a concentrarse en la figura de la diosa de la vegetación y la fertilidad. Y en un hecho sin precedentes, Deméter respondió.
Llevaba meditando un rato sin que sucediera nada y pensó que no lograría el contacto, hasta que sintió el enorme cosmo acercándose a ella. De repente, tenía frente a sí una mujer bellísima con ojos ámbar, que no dejaba de brillar con una luz blanca que la hacía ver etérea, casi fantasmal. Deméter poseía un larguísimo cabello verde que caía en una cascada de rizos hasta el suelo, y los traía peinados primorosamente con algunas trenzas y adornado con flores blancas, dispuestas en forma aleatoria, venía vestida con un peplo verde y su aroma era el del más exquisito campo de flores.
-Mi querida niña…
-Adorada Deméter Anesidora*, diosa de los dones de la tierra y la fertilidad… bienvenida seas… -contestó Sahori con una reverencia.
-Respondo a tu llamado Atena Partenos, diosa de la guerra justa y la sabiduría... es un placer volverte a ver, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvimos una frente a la otra... sobrina…
-Sí, lo sé… desgraciadamente nuestra familia ha vivido en guerra desde que el hombre apareció en esta tierra…
-Diferencia de criterios… diría yo… posiciones irreconciliables… unos aman a los hombres como tú, otros los detestan, como Ares y a otros no nos interesan…
Atena guardó silencio y bajó la mirada, su tía tenía razón, esa guerra sería eterna.
-No creo que me hayas invocado para hablar de nuestra familia… y sus... dificultades para comunicarse… sobrina…
-No señora… con humildad solicito un favor de su parte; uno de mis caballeros dorados está agonizando y su destino está ligado al de un abedul que se considera sagrado en la tradición de su casa, quería saber si usted sabía algo al respecto…
-Ese árbol, es uno de los tres existentes que mantienen el ciclo natural en la Tierra, la muerte de uno de ellos significa un cambio drástico en el equilibrio total del planeta y en este momento además del árbol de Piscis, solo quedan el Roble de Thor en Asgard y el Cedro Dorado, en Persia; cada uno data de la Era del Mito y tu Abedul Sagrado, fue cultivado en este Santuario, específicamente en la doceava casa, para que gozara de tu protección. Desde entonces, cada caballero Piscis es su guardián y al morir, su conciencia mantiene y fortalece la vitalidad de ese árbol.
-Pero entonces… ¿por qué… el Abedul Sagrado murió?
-Lo que sucedió en esta generación, es que tu caballero Piscis perdió el ligamen con el gran Abedul siendo muy niño y la conciencia de Amadeo de Piscis, su maestro, solamente pudo mantenerlo vivo durante poco tiempo, realmente el abedul no ha muerto del todo aún, pero si tu caballero no puede alimentarlo con su cosmo, sí perecerá...
-¿Por qué pasó eso?
-Le arrebataron la inocencia siendo muy pequeño y desde entonces, perdió la pureza de su alma…
-¿Por qué no interveniste? –reclamó Sahori con lágrimas en los ojos.
-Porque tu Santuario estaba bajo el dominio de Ares y yo no tengo el poder para enfrentarlo… - y entregándole una pequeña semilla roja a Sahori le dijo- plántala en su pecho y si es digno, la conexión florecerá con su energía y la tuya… y estoy segura que se salvarán los dos…
-Y… si la semilla no retoña…
-Inevitablemente morirán, es lo único que puedo hacer, mi querida sobrina, lo siento…
Poco después de eso, la reencarnación de Atena corría por los pasillos del Templo Principal hasta la habitación donde el caballero de Piscis, se batía en una terrible batalla contra la Parca.
Despacho del Patriarca
Shion se encontraba prácticamente echado en la silla de cuero que estaba detrás del antiguo escritorio de roble. Después de que Atena intentara sin éxito ayudar al caballero Piscis, se sintió tan derrotado que decidió enclaustrarse en su despacho.
Encerrado en sus pensamientos jugueteaba con una copa de plata que estaba a medio llenar de vino dulce, dibujando la circunferencia del borde con sus largos dedos, mientras que con la otra mano se sobaba la suave piel de su barbilla tratando de repasar una y otra vez los sucesos que había vivido en los últimos tiempos, buscando una explicación lógica al deterioro de salud, sufrido solamente por Aphrodite.
Había intentado por todos los medios que Saga le contara lo sucedido en la dimensión en la que estuvieron encerrados los últimos meses, después de la batalla con Hades, pero su hijo era un hombre testarudo, al igual que Helena, su madre y se negó rotundamente a darle detalles, ya que aparentemente, Aphrodite le pidió que no contara nada.
Bueno... Saga era un hombre de palabra y eso era una virtud digna de reconocerse, sin embargo, no tenía tacto para decir las cosas y había sido poco diplomático (por no decir que insolente) al comunicarle a la diosa su decisión de mantener el secreto a salvo.
Sus hijos gemelos tenían un carácter fuerte y orgulloso, sobre todo si se les comparaba con el pequeño Mu, quien había heredado la dulzura de May, su madre, aquella bellísima lemuriana de cabellos lilas, de la cual se enamoró como un adolecente y cuyo recuerdo él guardó en su mente y en su corazón como el más valioso de los tesoros... y cómo desearía que estuviera acompañándole en este momento.
Mi querida May, si supieras cuánto te necesito ahora…
Ocho días antes, la noche del renacimiento
Tal y como les había ordenado Misty, corrió junto con su compañero de equipo Nachi, hasta la sexta casa, de camino se toparon con el caballero de Aries, quien traía al pequeño Kiki de la mano brincando de la felicidad.
-¿Caballero de Aries?... señor Mu de Aries... ¿es usted? -preguntó Nachi asombrado.
-Mi maestro ha vuelto Shaina -dijo a todas voces el pequeño aprendiz- mira, mira Shaina... está igual... es mi maestro... ¡no es un fantasma... no es un fantasma!
-No la aturdas Kiki... señorita, Nachi... soy Mu de Aries, un placer conocerlos..
Shaina sonrió por debajo de la máscara y le agradeció a esta que los demás caballeros no pudieran observar sus ojos llorosos, aunque no lo aceptara, Kiki le despertaba lo más parecido a un instinto maternal–me llamo Shaina de Ofiuco, señor Mu…
-Señor Mu... ¿se encuentra usted bien? –preguntó Nachi.
El lemuriano asintió con la cabeza sonriendo suavemente a la vez que revolvía los cabellos de fuego de su aprendiz -¿son catorce cosmos, verdad?- dijo Mu mirando la escalinata hacia arriba, en el momento en que llegaron a su templo Dante y Aracné, quienes se quedaron paralizados al observar al imponente caballero enfundado en su armadura dorada.
-Señor Mu -intervino Dante- ¿cómo se siente?
-Le preguntaba a la amazona –dijo ignorando la pregunta de Dante, sin dejar de mirar hacia la escalinata - si efectivamente se han sentido catorce cosmos dorados...
Shaina al escucharlo, se echó una risilla, segura de que Mu ya había olvidado su nombre, ya que escuchó por allí que el caballero de Aries era sumamente distraído.
-Sí, así es señor -contestó Aracné presuroso.
-Podrá ser posible que… él haya vuelto -murmuró más para sí mismo que para los demás- caballeros, señorita –continuó recordando de repente que estaba acompañado –Kiki, necesito ir al Templo Principal, quédate a ayudar a los demás –Mu se acuclilló para estar a la altura del niño- te prometo que hablaremos largo y tendido cuando amanezca… primero tengo que verificar algo...
-Pero falta mucho para que salga el Sol… -protestó el niño al tiempo que veía a su maestro desaparecer de repente.
En cuanto a Mu, él tenía muy claro hacia donde se dirigía y segundos después apareció frente a la puerta de la habitación del Patriarca, aspirando profundamente para tomar valor, caminó unos pocos pasos hacia el aposento y pudo constatar que había mucha gente reunida allí. Sigiloso entró y lo primero que vio en la cama, fue un lemuriano de cabello verde; su padre Shion.
Primer día del renacimiento
Las risas de dos hombres se escuchaban fuera de la habitación del Patriarca. Después de quince años de no estar con él, por fin Mu pudo reunirse con su amado padre.
-Siempre te asustaba con ese asunto de que un… zombie te iba a comer la panza –Shion casi no podía hablar porque tenía algunas costillas quebradas y al reírse le escocían de dolor, pero aún así no quería dejar pasar un minuto sin conversar con su "pequeño hombre", quien ya era todo un veinteañero.
-Si… me acuerdo… acostumbraba a leer esas tonterías en revistas de historietas… por cierto que cuando… todos se fueron, encontré un puñado en la tercera casa, las que aún conservo conmigo –Mu estaba sentado en el borde de la cama en la que se encontraba recostado Shion, el pelilila tenía el torso vendado y de vez en cuando buscaba una posición más cómoda, pero se sentía tan contento de tener allí a su padre, que no le daba importancia al dolor.
-Y a propósito de historias de zombies… ¿Kanon... qué tal está?
-Está bien, sin embargo el pobre también padece este agotamiento que nos mantiene a todos tan aletargados, tiene heridas, pero nada de consideración… Eneas dice que no hay de qué preocuparse…
Shion asintió complacido y se relajó, recostando la cabeza sobre la almohada –tengo… tanto que compartir con ustedes, tanto… de qué hablar… mi temor más grande es volverlos a perder… ¿cómo está Saga? -Mu guardó silencio, pero la perturbación en su cosmo, fue evidente para el Patriarca –habla con la verdad Mu…
Mu suspiró, ya que no quería darle preocupaciones a su padre.
-Delicado… pero estable, hoy lo fui a ver, sigue inconsciente y ha tenido algo de fiebre...
Shion se volvió a recostar en la almohada, estaba agotado –lo sé por la diosa que va a estar bien- dijo suspirando –si nos permitió volver es porque tiene grandes planes para nosotros...
-Padre yo… me siento muy mal por no… haber intervenido por Saga en el "otro mundo"…
-No debes sentirte agobiado, lo que has hecho lo has hecho bien y estoy muy orgulloso de ti… hijo mío… -dijo Shion casi arrastrando las palabras, a la vez que los ojos se le cerraban sin remedio- lo siento pero… no puedo… mantenerme…
Mu arropó a su padre y se agachó para darle un beso en la frente en el momento en que Shion se quedaba profundamente dormido otra vez.
-Ya habrá tiempo, padre… yo también estoy orgulloso de ti…
Casa de Géminis, dos días después del Renacimiento
Cuando se despertó, dos días después, no reconoció el lugar donde estaba, "esto no es el Santuario Marino". Se sentía un poco más descansado, pero sumamente confundido, estaba en una habitación sencilla, cuyo único mueble era un camón antiguo de dosel, en el que él se encontraba recostado y un viejo armario, las sábanas que lo cubrían olían a limpio y estaba lleno de vendajes que parecían recién hechos, definitivamente alguien lo estaba cuidando.
-Buenos días, señor Kanon –le preguntó una amazona, quien recordó, fue la que le ayudó la noche que volvieron- ¿se siente un poco mejor?
-Si… si gracias… eres muy amable –le había llamado mucho la atención que la muchacha parecía más madura que el resto de las amazonas al hablar, tenía un andar elegante y además llevaba el cabello celeste recogido en un moño alto, cosa que no había visto en ninguna otra.
Al verlo revisando todos los rincones de la habitación, ella se apresuró a aclararle un poco el panorama.
-Se encuentra en la casa de géminis, esta es la habitación principal, y bueno –dijo señalándole las heridas- estaba lleno de golpes y algunos cortes en todo el cuerpo, traje un sanador para que lo revisara y parece que sobrevivirá, de hecho fue él quien hizo estos últimos vendajes…
-Oh… te lo agradezco mucho… –contestó Kanon, realmente impresionado por la soltura de la chica al expresarse- ¿puedo preguntar tu nombre?
-Sí señor, soy Kalia, amazona plateada de Corona… hemos tenido mucho trabajo estos días… y parece que olvidé presentarme, disculpe mis modales... -dijo reverenciando algo cansada.
-Yo tampoco recuerdo nada de lo que ha pasado… y tú… deberías descansar… –Kanon sintió de inmediato el llamado del hambre en su estómago como un rugido, debido a lo cual la amazona soltó una risilla de tono cristalino– que pena contigo Kalia, la verdad es que sí me muero del hambre y te agradecería algo de comer…
-No soy buena cocinera, por eso le traje algo del Templo Principal… el Patriarca ordenó que se preparen cinco comidas al día, tres principales y dos meriendas a horas establecidas, quiere que comamos todos juntos, en el gran comedor...
Kanon se volvió con cara de asombro hacia la puerta donde ella se recostaba.
-¿Ya tenemos Patriarca?¿Quién... quién es? –dijo apenas con un hilo de voz.
-Ah señor, un hombre maravilloso… el gran Patriarca Shion...
De los ojos abiertos como platos de Kanon, comenzó a brotar de forma descontrolada un camino de lágrimas.
Habitación de Aldaberán, tres días después del Renacimiento
-¿Todo mejor Aldaberán?
-Pues sí, solamente muy apenado por lo sucedido...
Aldaberán de Tauro, apoyaba su gigantesca mole en el marco de la puerta de la habitación, que se le había asignado en el Templo Principal, tenía la cabeza vendada y la barbilla con un enorme moretón, cortesía de Milo. Shaka, mientras tanto, se había dado a la tarea de visitar a sus compañeros con dos propósitos; primero conocerlos físicamente y segundo, comprender lo mejor posible, la forma de ser de los otros dorados.
-¿Por qué apenarse por algo que has hecho de forma inconsciente? Tuviste una falla normal en tu sistema, que te llevó a un momento hipnótico, provocado por el trauma extraordinario de volver a este Samsara, no es lógico avergonzarse…
Aldaberán enarcó las cejas y no supo qué decir.
-En fin, solamente quería conocer tu estado físico y emocional ahora que ya estas descansado… buenas tardes caballero….
Y así como vino, Shaka volteó sobre sus talones y se dispuso a irse.
-Hey… espera –después de salir del aturdimiento mental que le habían dejado el par de frases que intercambió con el Virgo, decidió que sería muy interesante hablar con él, Shaka por su parte se devolvió sobre sus pasos y aceptó gustoso la invitación de su compañero a quedarse, Aldaberán le parecía un hombre agradable y gentil y tal vez podrían convertirse en buenos amigos -¿te gustan las películas Shaka?
-Yo… pues… nunca… no sé…
-Entonces podemos hacer planes para el futuro… -contestó un sonriente Aldaberán –tengo a mano un diario con la cartelera…
Shaka solo respondió con una sincera sonrisa y entró a la habitación de su compañero para disfrutar de un rato de conversación con una persona que legalmente era su hermano, pero con quien nunca había cruzado más que unas cuantas frases.
Sanatorio, habitación de los dorados, cuatro días después del Renacimiento
-Hola…
Camus levantó la mirada de su ejemplar de la "Dama de las Camelias" y se encontró de frente con Milo de Escorpión, quien lo miraba con el ceño fruncido.
-Bonjour, Milo –contestó algo incómodo.
-Sólo quería saber cómo te encontrabas… -dijo el octavo caballero viendo para otro lado.
A Camus le extrañaba mucho la apariencia de su compañero de armas, su semblante estaba pálido y se veía ojeroso, tenía los ojos enrojecidos y daba la impresión de que sufría de ansiedad.
-Très bien, agradezco tu preocupación…
Milo sonrió de forma irónica, siempre viendo hacia donde se encontraba Aiorios, mientras tanto Camus no dejaba de mirarlo directamente, cerró su libro y lo dejó a un lado en la cama, conocía al Escorpión y sabía que se moría por decirle algo.
-Además del evidente interés que despierta la presencia de Aiorios en esta habitación… ¿hay algo más que quieras decirme?
Milo lo miró y decidió hablar.
-Tuve una pésima noche… -Camus enarcó las cejas- una pesadilla… terrible…
-Viniste a decirme que tuviste una pesadilla y que estás asustado –afirmó Camus con su aire de estoicismo que hacía sentir estúpido a cualquiera.
-¡Te vi morir… y sabes qué… te lloré como un idiota…! -Milo tenía los ojos humedecidos- fue casi real… pero bueno… ya que vi que estabas bien… me retiro…
Camus se había despertado el segundo día y al hacerlo, tuvo la mala suerte de escuchar al Escorpión hablando con Aioria, acerca de la deshonrosa participación en la última batalla, de los cinco caídos en las Doce Casas, llamándolos traidores, y eso le había dolido en lo más profundo de su ser.
Hades, ya se había vengado de ellos cinco, por eso aún permanecían en el sanatorio tratando de superar las heridas producto de las torturas recibidas por meses y eso lo sabían sus otros compañeros, ¿no había sido suficiente prueba de que habían traicionado al dios de la Muerte con tal de salvar a su diosa? ¿No acumuló Milo varios asesinatos a su haber, durante el reinado de Arles?... no, en la Orden Dorada, nadie estaba libre de culpa.
Si las cosas iban a ser así con Milo y Aioria, las dos personas más cercanas para él en el Santuario, entonces se mantendría al margen, como siempre debió ser, él era un caballero dorado, no un socialité.
Así que sin más solo asintió con la cabeza una vez hubo finalizado el Escorpión su resumida conversación y continuó en su lectura, a tiempo que el otro se retiraba muy dolido y es que Milo no culpaba a Camus, la verdad pensaba muchas cosas negativas de su amigo, pero en el fondo lo quería y en ese momento se dio cuenta de que lo había perdido… quizá para siempre.
-Eres un orgulloso Camus de Acuario –Dhonko estaba cerca del caballero de los hielos y pudo escuchar la brevísima conversación entre los dos jóvenes- de esta forma nunca podremos ser una Orden Dorada como se merece Atena y la humanidad… todos tenemos que poner de nuestra parte si queremos salir adelante…
-Si hay algo que no voy a tolerar ni de Milo, ni de nadie, es que me llamen traidor y discúlpeme si le contradigo maestro, pero esto es una Orden Militar, no un grupo de autoayuda, los besos y los abrazos no son necesarios entre nosotros…
-Me temo que no estoy de acuerdo contigo, son hermanos de crianza y compañeros de armas, tienen que aprender a llevarse bien para que no cometan errores en el campo de batalla, no saben complementarse, ni siquiera se conocen, en una guerra se matarían unos a otros antes de tocarle un pelo al enemigo…
Camus frunció el ceño y miró a Dhonko casi con odio, detestaba que alguien tuviera más razón que él, sin embargo no dijo nada y continuó con la lectura, ignorando al sétimo caballero.
-Au revoir, maître –terminó tajante el francés.
Shion la va a tener muy, muy difícil… se dijo a sí mismo el viejo maestro.
Estudio del Patriarca, cuatro días después del renacimiento
-No puedes y no debes condenarte a una vida de soledad, sé que no es mi asunto Sahori, pero más que una diosa, eres una mujer...
-Lo sé, pero ahora tengo demasiadas cosas en la cabeza -y dijo mirando a Hilda entrecerrando los ojos- por cierto... tú también eres mujer-diosa y que yo sepa no has hecho nada por buscar a alguien, o... estoy equivocada?
La peliceleste se echó a reír de forma sincera.
-Touché... pues realmente no creo que pueda encontrar a alguien que posea gustos como los míos...
-¿Y qué tipo de aficiones tienes que no puedes encantarle a un hombre?
-Disfruto de actividades que más bien corresponden a una mujer mucho mayor que yo, así que tendría que comprometerme con un anciano, y… no me gustan los hombres mayores de treinta, no me queda de otra que... mantenerme como hasta ahora... evitando ese tipo de encuentros...
-Mereces a un hombre que sea... algo así como un príncipe...
-¡Un príncipe! –Hilda reía con gusto por la ocurrencia de su joven amiga.
-Sí claro… joven, preparado, caballeroso, elegante y muy muy guapo...
-Sí amiga -contestó Hilda riendo- esos príncipes... no existen...
Desde el interior del estudio la imagen de Hilda con Sahori, tomando el te mientras conversaban, era por lodemás hermosa y Dante de Cerbero, quien venía con un mensaje para la diosa, tuvo que hacer un gran esfuerzo para despertar del embelesamiento que le producía el efecto de la luz de la tarde, colándose a través de las amplias faldas de ambas mujeres, dejando entrever las bellas formas de sus pantorrillas.
Con un leve sonrojo, el caballero carraspeó para llamar la atención de las damas.
-Buenas tardes Dante -dijo Sahori saludando amablemente a su caballero - ¿todo está listo ya?
-Si, mi señora -dijo el hombre haciendo una reverencia, un poco avergonzado de sus pensamientos anteriores- los caballeros del campo de entrenamiento de la Isla Andrómeda y de Algeria, se encuentran en el Santuario y están esperando en el Salón del Trono para ofrecerle sus respetos...
-Hilda… ¿me disculpas?
-Claro amiga, no te preocupes…
-Piensa en lo que te dije, por favor…
Hilda asintió con la cabeza y le dedicó a Sahori una dulce sonrisa; la tarea no podía ser más complicada; solamente tenía que empeñarse en encontrar a un príncipe…
Salón del trono
Cuando Sahori arribó al salón del Trono, se encontró con un grupo numeroso de caballeros y amazonas de plata y bronce ataviados con sus armaduras, unas más maltrechas que otras. Los maestros encargados de las Islas se adelantaron a los demás y se hincaron de inmediato delante de la diosa, gesto que imitaron los otros.
-Señora Atena Partenos, es un honor tenerla de nuevo en el sagrado Santuario –Albiore de Cefeo estaba a punto de las lágrimas ante la presencia de la niña, nunca había sentido el cosmo de la diosa y el solo hecho de verla le enternecía hasta la médula, era tan hermosa, tan delicada –los guerreros de la Isla Andrómeda nos ponemos a su servicio… y agradecemos mucho esta nueva oportunidad, mi Señora…
-Barahaim de Altar… -se presentó un atractivo moreno de ojos almendrados color ámbar- es un honor para nosotros estar de vuelta al servicio de nuestra amada diosa, el campo de Algeria se postra ante ti, amada señora…
A pesar de haber sido criada como una princesita de cuentos de hadas, ella no estaba acostumbrada a esas muestras de sumisión, a excepción de Tatsumi, por supuesto, quien era más bien un viejo lamebotas.
-El honor es mío por contar con guerreros tan fieles y valiosos dentro de mi Orden, espero que puedan permanecer una temporada en el recinto para que se familiaricen con el resto de sus compañeros… Albiore, Barahaim acérquense por favor…
Los dos caballeros de plata se acercaron y no se atrevieron a subir los cinco peldaños que los separaban de su diosa, al ver ella que los hombres no iban a moverse, bajó hacia ellos y los tomó de las manos, sin importarle la cara de sorpresa de los dos maestros.
-Gracias por haber creído en mi… hasta el final –y sin que los dos dieran crédito, les dio un acogedor abrazo, como la madre que recibe a sus hijos después de mucho de no tenerlos con ella- tienen un lugar muy especial en mi corazón… bienvenidos sean…
Escalinata de las doce casas
June de Camaleón, decidió salir a dar un paseo después de la emotiva audiencia con la diosa, la verdad estaba muy feliz de tener a su maestro y compañeros de vuelta. Claro, su felicidad sería completa en el momento en que se encontrara de nuevo con su adorado caballero de Andrómeda. Se sentía dolida con él porque nunca volvió a la Isla, a sabiendas de que ella estaba sola y pasándola mal, situación que le había descrito en unas cuantas cartas que intercambiaron en dos años, sin embargo, June era conciente de que a él tampoco la había ido bien. Cuando se enteró de que su dulce Shun, fue utilizado como recipiente para el espíritu de Hades, sintió que el universo completo quería arrebatárselo.
Sumida en esos pensamientos, se encaminó hacia un claro que estaba rodeado de vestigios de esculturas, columnas y mosaicos, al llegar allí escuchó voces y como nunca había estado en el Santuario, prefirió esconderse detrás de un trozo de columna que aún se mantenía en pie. En medio del claro enzacatado conversaban dos personas, mientras jugaban con una cabrita, uno era un niño pelirrojo de unos nueve años y el otro era su adorado peliverde… sin embargo no parecía ser el mismo que ella recordaba.
Shun había crecido, su rostro ya no parecía tan aniñado y su expresión perdió su dulzura característica. Su cabello, ahora tenía algunos mechones color rubí intercalados con los esmeralda. Un deseo inocontenible de encontrarse con Shun se le vino de repente, pero cuando estaba a punto de salir de su escondite, una voz de hombre se escuchó un poco más lejos llamando a su amado y entonces prefirió mantenerse donde estaba.
-Hey… ¿no es cierto que deberías estar en cama?
El muchacho peliverde volvió a ver con el ceño fruncido al rubio que se le acercaba por detrás –me siento bien Hyoga, no puedo seguir encerrado en un dormitorio toda mi vida, los dorados necesitan más cuidados que yo…
-Ikki no piensa igual…
El chico le hizo una mueca de fastidio a Hyoga dándole a entender que Ikki siempre se comportaba así de sobreprotector con él y que no pensaba hacerle caso.
-¡Hyoga… Hyoga! ¿viste a mi cabrita?... se llama Nube!
-¿Alguien sabe que este animalito está aquí?... digamos… tu maestro Mu –Hyoga se agachó a acariciar el animalito, quien agradeció el gesto lamiéndole la mano- las cabritas son muy lindas Kiki, pero se comen todo lo que se les pone al frente…
-Se la regaló un aldeano porque Kiki le insistió mucho en que la cuidaría, aparentemente el animalito no tiene el tamaño necesario para dejarla con vida y –Shun bajó la voz a un susurro- la iban a sacrificar…
-Bien, entonces… dadas las circunstancias voy a fingir que no sé nada… eso sí, esperemos que Kiki la mantenga alejada de las doce casas… verdad Kiki…?
Kiki asintió no muy convencido, y salió corriendo detrás de Nube que se fue a pastar por allí cerca, dejando a los dos caballeros de bronce a solas, momento que Hyoga aprovechó para hablar con su hermano.
-Volvieron los del campo de entrenamiento de Andrómeda…
-¿Todos?
-Sip… ¿qué vas a hacer con ella?
-Decirle la verdad, no puedo hacer otra cosa… no debería sufrir más por mi… no puedo darle lo que ella quiere… no puedo amarla…
No puedo amarla…
June sintió que se mareaba, al tiempo que un dolor terrible la hizo acuclillarse con los brazos cruzados sobre el vientre y el sabor ferroso de la sangre se acumulaba en su boca, después todo se volvió oscuridad y no supo nada de Shun, hasta que despertó quince días después en el Sanatorio.
Sanatorio, habitación de los dorados, cinco días después del Renacimiento
Shura abrió los ojos por primera vez desde que volvieron, a los cinco días de estar en el Sanatorio. Tenía tanto tiempo de estar en la misma posición, que le costó muchísimo mover el cuello para ver qué sucedía a su alrededor.
Tratando de enfocar la imagen se encontró de repente con un par de enormes ojos verdes que lo miraban con una curiosidad tan infantil, que si no fuera porque pertenecían a un corpulento moreno que estaba sentado en la cama del lado, él hubiera jurado que eran de un niño.
-Hola –soltó el moreno - ¿te acuerdas de mi?... porque yo si te recuerdo… amigo mio –le dijo en español Aiorios de Sagitario.
Shura, seguramente nunca en su vida había abierto los ojos tanto como ese día, intentó pellizcarse a sí mismo para saber si estaba dormido todavía, pero tenía el brazo derecho inmovilizado y el izquierdo adormido, su torso era una verdadera colección de moretones y cortaduras, tenía la cabeza vendada, y todo le dolió en ese momento a la vez… definitivamente, estaba despierto.
Sin poder contenerse, el llanto se le acumuló en el pecho y a la hora de sacarlo, lo único que pudo salir de su garganta fue un lastimero perdóname…
Sin pensarlo dos veces, Aiorios se bajó de su cama y abrazó a quien siempre fue su mejor amigo sin expresar nada más que ese gesto, mientras el español se deshacía en llanto. Un rato después, Aiorios se separó del capricornio y lo miró a los ojos, tuvieron un momento de entendimiento entre ambos y eso le permitió a Shura calmar un poco los sollozos.
-Soy tan estúpido que acabé… con lo único bueno que he tenido en la vida… eres lo más… cercano… a mi hermano, Aiorios –para Shura aquello era sumamente doloroso, Aiorios, apenas un mes mayor que él, lo había aceptado en su familia cuando ambos tenían cuatro años con los brazos abiertos y desde entonces se consideraron hermanos- te traicioné y deshonré a tu familia… no tienes porqué perdonarme…
Aiorios negó con la cabeza, a la vez que le tomaba una mano al español, quien aún lloraba –te considero mi hermano y si entiendes el significado de esa palabra sabes que no hay nada que perdonar… ahora vas a comportarte como tal y me vas ayudar a adaptarme a esto- dijo el moreno sonriendo, mientras observaba su cuerpo de veintisiete años- tengo serios problemas de percepción espacial, entre otras cosas que no entiendo del todo…
Shura no pudo evitar reír en medio del llanto y apretando la mano del noveno caballero, asintió con la cabeza.
-Por supuesto, hermano… tengo que enseñarte tantas cosas y tan interesantes… que no sé si el leoncito va a permitirlo…
Sanatorio, habitación de los caballeros dorados, seis días después del renacimiento
-Maestro Camus, es un placer poder tenerlo de vuelta con nosotros -Hyoga se encontraba al pie de la cama de su maestro, junto con Seiya y Shiryu, haciendo una ronda a todos los caballeros dorados que se encontraban internados en el Sanatorio, desgraciadamente para el cisne, Camus estaba despierto y leyendo un libro, sentado tranquilamente en su cama- lo extrañé muchísimo, señor...
Camus asintió con la cabeza y una mueca apenas perceptible que indicaba que estaba complacido con el saludo, pero que ya lo habían interrumpido lo suficiente en su lectura como para tolerarlo mucho tiempo más; la breve charla, había finalizado.
-Bueno... es una felicidad ver ese semblante sonrosado, señor Camus -continuó Seiya, quien no conocía los ademanes del maestro tan bien como Hyoga y pensaba continuar con la conversación- de verdad... de verdad... de verdad, Hyoga nos ha hablado maravillas de usted y lo digo por todos los caballeros de bronce... nos encantaría poder conocerlo mejor... -Seiya se echó una risilla- nos contó que es mejor que un aire acondicionado para calmar el bochorno…
Camus enarcó las cejas, levantó la mirada de su libro y lo cerró de golpe, mostrando un levísimo intento de sonrisa. Hyoga por su parte conocía las señales y sabía que Seiya se había pasado de la raya con ese comentario tan… ¡estúpido!
-Dice Hyoga que sus conocimientos acerca de historia, antropología, sociología y cultura son bastísimos y que es como una biblioteca humana -Seiya continuó parloteando, a pesar de que el acuariano no hizo ningún intento de comunicarse... al menos de forma evidente para el dragón y el pegaso- también nos dijo que es excelente esquiador... sabe maestro, esquiar es algo que me hubiera encantado aprender a hacer algún día... sería un honor para mí que pudiera enseñarme y...
Camus se quitó los anteojos y comenzó a mordisquear una de las patillas, mientras la habitación comenzaba a enfriarse… mala… malísima señal…
-...no sé... también me encantaría verlo alguna vez haciendo un ataúd de hielo y... tantas cosas... esto de verdad es tan emocionante... tenerlos aquí a todos... juntos... es... es impresionante... imagínese, en esta habitación...
Hyoga le hizo una señal a Shiryu, quien de inmediato comprendió y tomó a Seiya del brazo para conducirlo hacia las otras camas, mientras se despedía del caballero de Acuario con la mano y una rebozante sonrisa. Hyoga por su parte, hizo una reverencia silenciosa y se dispuso a emprender la graciosa huida. Camus se puso los anteojos y abrió el libro de nuevo para continuar su interrumpida lectura.
-¡Hyoga!
El caballero de Cisne sintió que una gota de sudor frío le resbaló por la frente.
-Mañana por la mañana salgo de aquí, a las ocho en punto estaré listo, ven por mi para ir a realizar un sondeo de los daños de la onceava casa...
Hyoga tragó saliva... podía darse por muerto...
Habitación de Ikki, esa misma noche
Un exquisito moreno dormía profundamente sobre un antiguo camastro de dosel que se había dispuesto él mismo, en la habitación más alejada del resto de los caballeros que se hospedaban en el Templo Principal, el calor era tan insoportable que el muchacho dormía con las ventanas abiertas de par en par y cubierto solamente con un pantalón negro de pijama, que se le había resbalado un poco, por lo que se dejaba ver parte de la hermosa curvatura de la cadera.
Ikki tenía el sueño pesado, sobre todo por la trabajosa rutina por la que pasaba la Orden después del regreso de los caballeros dorados, quienes aún se encontraban convalecientes, sin embargo unos golpes repentinos en su puerta lo hicieron levantarse de sopetón con las sábanas marcadas en la mejilla.
Limpiándose la saliva que se había abierto camino en su barbilla, se encaminó a trompicones hacia la puerta, preocupado de que algo malo le hubiera sucedido a Shun.
-Pato!... son las once de la noche, qué querías... matarme del susto… cabrón!
-Ikki… es que yo... -Hyoga miraba hacia el suelo, traía una almohada abrazada al pecho y se veía realmente como un niño asustado- ¿me puedo quedar?
Ikki no contestó, giró sobre sus talones y tiró la puerta, pero el cisne fue más rápido y detuvo el avance de la misma con un pie -Ikki, por favor!
-Dile a tu novia noruega que te acepte en su cama y déjame a mi en paz…
-Ya fui donde ella... -dijo el rubio apenado- pero Hilda me echó…
-¿Y el pony alado o la lagartija… o el pony cuernudo?… tienes nueve hermanos más... ¿¡por qué diablo tengo que ser yo!?
-¿¡Crees que fuiste mi primera opción!? … nadie quiso recibirme…
El puchero que Ikki observó en la cara de Hyoga fue más de lo que podía resistir, aunque no quisiera aceptarlo nunca, el fénix tenía su corazoncito y se tomaba muy en serio el papel de hermano mayor, así que después de pensarlo unos instantes le respondió al cisne.
-Está bien pato… pero este es mi territorio, así que aguantas mis malos olores y mis ruidos, pero yo no tengo por qué soportar los tuyos… ¿entendido?
El cisne asintió contento y miró de forma agradecida al fénix.
-Nada de abrazos, ni charlas… ni consejos... solo dormir -terminó el fénix haciéndole una señal al otro para que pasara, de inmediato se echó en la cama boca abajo y se dispuso a roncar de nuevo.
-¿Quieres saber por qué estoy asustado? -dijo Hyoga acostado boca arriba, mientras suspiraba profundamente.
-No
-Bueno... te cuento... -el cisne suspiró de nuevo y acarició la almohada- resulta que hace unos días hubo un derrumbe en el sótano de la onceava casa...
Sanatorio, siete días después del renacimiento, por la mañana
-Monsieur Eneas, necesito que comprenda que no puedo aplazar más una revisión en mi templo porque aparentemente hay muchos daños.
Camus estaba sentado en la que había sido su cama los últimos siete días en la habitación que compartía con los otros dorados que estaban en recuperación, tenía el semblante muy serio y era notorio que hacía un esfuerzo tremendo por no perder los estribos.
-El onceavo templo puede esperar, mi estimado maestro Camus… su salud no ¿será que tengo que recordarle que tiene algunas fracturas y que no puede moverse si no es con muletas? Si bien es cierto la recuperación ha sido impresionante, puede sufrir una recaída y eso no sería bueno para nadie…
-Pero…
-Lo siento señor Camus, puede tener el rango más alto en la Orden, pero aquí soy yo el que manda y el Patriarca Shion, me ha solicitado que le informe de cualquiera de ustedes que no quiera aceptar el tiempo de reposo que yo sugiera…
Camus era orgulloso como solo él podía serlo y sin decir nada le hizo una señal a Hyoga para que lo acompañara y con dificultad, porque no sabía utilizar bien las muletas, se encaminó fuera de la habitación para ir a instalarse a uno de los dormitorios del Templo Principal por ocho días más. Cuando el onceavo caballero hubo salido de allí, Hyoga, quien se había quedado rezagado, le guiñó un ojo a Eneas, quien le respondió de forma cómplice el gesto, levantando el dedo pulgar.
Si había algo que Hyoga tenía que reconocerle a Ikki, era su genialidad para dar ideas.
Sanatorio, ocho días después del renacimiento
Saga había dormitado toda esa tarde mientras veía moverse las hojas de un enorme manzano que se asomaba por la ventana, tenía ocho días de estar recluido en el Sanatorio bajo los cuidados del equipo de curadores y la verdad estaba harto. Normalmente era un hombre muy activo y el estar allí viendo pasar las horas muertas lo desesperaba, sin embargo tampoco se sentía lo suficientemente fuerte como para volver a la rutina de trabajo-estudio-entrenamiento.
Él junto con Afro, eran los únicos dos caballeros que se mantenían aún internados, Shura y Camus fueron dados de alta el día anterior y Aiorios dos días antes. Lamentablemente el único intento de conversación que tuvo con el Sagitario se vio truncado por una acalorada discusión entre Aiorios y Aioria por la negativa de este último de perdonar a Shura por el asesinato de su hermano.
Por otro lado, los recuerdos acumulados de sus días como Patriarca, bajo el dominio de Ares, junto con el maltrato recibido por parte de los espectros, volvían a él en forma de pesadillas casi todas las noches y por eso evitaba en la medida de los posible quedarse dormido, sin embargo ese día había pasado tan aburrido que no podía evitar cabecear.
-¿Saga?
La presencia de Mu era refrescante y anhelada para él, ya que estaba muy alterado porque en los útlimos días trató, sin éxito, de mantener una charla de más de dos minutos con Kanon y estaba tan desesperado por hablar con su gemelo, que intuía que la única forma de lograrlo era por medio de Mu.
-Mu -dijo el geminiano con voz perezosa, quien pensaba conversar un poco de todo con su hermano menor, cuando detrás de él vio que se acercaba alguien mas, era su gemelo.
-Te traje a alguien para que hablen–añadió Mu sonriendo, Kanon venía muy serio y sin disimular que el estar allí era algo que hacía en contra de su voluntad- Kanon… por favor -Mu no era de forzar esas cosas, pero le parecía que en este caso había que hacerlo, era el colmo.
Ambos gemelos quedaron frente uno del otro, sin embargo no dijeron absolutamente nada, Saga era muy serio y Kanon todo lo contrario, pero ninguno de los dos se caracterizaba por ser conversador, así que era difícil que alguno diera el primer paso, por eso Mu decidió entonces darles un empujón.
-Bueno… Kanon te presento a Saga, mi hermano mayor… Saga te presento a Kanon, mi otro hermano mayor… como tienen tanto de qué hablar, me retiro a cuidar un ratito a Afro, no se maten por favor, los necesito vivos…
Saga no pudo evitar reírse de la ocurrencia de Mu y Kanon nada más abrió los ojos indignado, debido a la carcajada de su gemelo.
-No sé qué te hace tanta gracia –dijo Kanon cruzando los brazos y viendo hacia otro lado.
-Él siempre me ha hecho reír… recuerdo que a ti también te hacía reír...
-Todo ha cambiado mucho, hermano… reía antes de que me enviaras a ahogarme a Cabo Sunión… o es que ya no recuerdas eso?
A Saga se le apagó la sonrisa y la mirada se le llenó de tristeza.
-Kanon... nunca vas a perdonarme, ¿verdad?
...
-¿Cómo te demuestro que no hubo día que no llorara por ti después de eso? ¿Qué anhelaba que estuvieras conmigo? ... haré lo que quieras... de verdad... pero no quiero que me odies por todo lo que nos quede de esta vida… no lo hagas por mi, hazlo por Mu…
Kanon sintió que todo el rencor acumulado ahogó los renovados sentimientos de amor fraternal que emergieron en él por Saga en el inframundo y con todo el odio que podía inyectar a sus palabras sentenció:
-No… Saga... no tienes que hacer nada... porque ya no hay nada que hacer, los años perdidos están perdidos y no volverán... aquí soy nadie, tú me arrebataste todo, mi niñez... mi familia... mi armadura... -y con lágrimas en los ojos salió de la habitación para dirigirse al tercer templo, ya que tenía decidido marcharse esa misma noche del recinto- te devuelvo aquello que creí poder compartir contigo algún día…
-¡Kanon! ... Kanon por favor... -Saga estuvo a punto de tirarse de la cama para detener a su gemelo, cuando se vio interrumpido por la voz de Mu que lo llamaba desde la cama de Aphrodite.
-Saga... ¿Afro ha estado tan intranquilo hoy?
El caballero de Piscis gemía dolorosamente, mientras su frente brillaba por las pequeñas gotitas de sudor y su pecho se hinchaba al respirar. Una mancha carmesí comenzó a formarse en la almohada blanquísima en la que descansaba la cabeza del muchacho y también en algunas partes de la sábana. Saga asustado se trató de incorporar en su cama para tocar la campanilla que alertaba al personal del Sanatorio, cuando de repente Aphrodite comenzó a convulsionar…
Escalinata, camino al Sanatorio, dos horas más tarde
Se sentía estúpido por la forma en que huyó de la habitación de su gemelo esa la tarde y se retiró a recapacitar durante horas a cabo Sunión, acerca de todo lo ocurrido. Después de que los dorados desaparecieron en el Muro de los Lamentos, fueron a parar junto con él y Shion en algún lugar del inframundo, donde los encerraron y torturaron.
Saga compartía su celda con Kanon y era él quien calmaba el dolor de sus heridas de tortura y aunque sonara terrible, aquella experiencia, creó un sentimiento de admiración mutua y fortaleció el debilitado lazo que tenían los gemelos. Ahora, como nunca, Kanon admiraba a Saga por la fuerza con la que soportó todo el tiempo bajo el dominio de Ares y la gallardía al aceptar seguir a su padre, para salvar a la diosa a costa de su propio honor.
Sin embargo, aunque muy en el fondo Kanon perdonaba a Saga, no podía externárselo, primero, porque no sabía cómo hacerlo sin terminar reprochándole todo y segundo porque desde que se levantó de la cama, trató de pasar el mayor tiempo posible con Mu y el menos con Saga... ¿por qué?... no tenía respuesta.
Unas cuantas horas después de su última pelea con Saga, se dio cuenta por habladurías que escuchó en los alrededores del Santuario, de que el caballero de Piscis estaba grave, así que se apresuró a llegar al Sanatorio para averiguar qué sucedía, ya que sabía que Aphrodite había pasado por lo mismo que su gemelo durante su encierro en el inframundo y un gran temor de que a Saga le sucediera lo mismo, se apoderó de él.
Al pasar por la "polvareda de Piscis", escuchó que una mujer lo llamaba y al volverse, se encontró de frente con dos amazonas de plata, no sabía quién era la rubia que gritaba su nombre, pero la otra volvía a su mente de vez en cuando desde que la conoció, era Kalia de Corona.
Escalinata, Jardín de la casa de Piscis
-Al fin te encontré… te he estado buscando por todo el Santuario, Misty necesita que le ayudes a ordenar las bitácoras con los informes de los dor… Kalia… ¿sucede algo malo?
Cuando vio que Kalia no contestaba, Dhorte se acercó preocupada por la actitud de su amiga. Acuclillada sobre la polvareda que quedaba de lo que era el jardín de Piscis, la amazona de Corona contemplaba un puñado de tierra seca entre sus manos, ignorando por completo lo que acababa de decirle Dhorte, la máscara plateada, brillaba a su lado puesta en el suelo.
-Él está mal… Dhorte, dicen que no hay mucho qué hacer…
Dhorte se acuclilló junto a Kalia y se quitó la máscara para observar junto a ella el puñado de tierra seca que el viento se llevaba de entre sus largos y finos dedos.
Kalia…
-Qué voy a hacer… el universo siempre conspira para quitármelo… -terminó la amazona de Corona echándose en los brazos de la otra, mientras sollozaba amargamente- pensé que ahora si podría…
-Amiga… tienes que ir a verlo…
-No… no me van a dejar… entrar…
-Mmm… yo sé quien te va a ayudar a pasar… -Dhorte tomó del brazo a su amiga y poniéndole la máscara corrió detrás de uno de los caballeros de Géminis, quien pasaba en ese momento por allí hacia el Templo Principal.
Cuando Mu reportó que Aphrodite estaba convulsionando, jamás se imagino que el estado de salud de su compañero se vendría en picada en tan poco tiempo. Después de que el personal del Sanatorio ingresó a la habitación que el peliceleste compartía con su hermano, decidió ir en busca de Kanon a la tercera casa con el fin de conversar con él o golpearlo por su actitud con Saga, lo que tuviera que hacer primero y al llegar a géminis, se dio cuenta de que su hermano nunca había vuelto allí, así que salió a buscarlo al recinto sagrado por horas, hasta que rendido, decidió volver al Sanatorio, no sin antes pasar a aries primero por un frasco de belladona que podría ser útil.
Para su disgusto, al primero que vio al llegar a la salita de espera, fue a Kanon, quien tenía una habilidad innata para ocultar su cosmo de forma impresionante, habilidad que seguramente desarrolló de niño al tener que permanecer escondido la mayoría del tiempo.
Frente a Kanon y caminando de un lado a otro estaba MM, que mostraba un semblante de impotencia capaz de enternecer a cualquiera y Shaka, quien se mantenía silencioso en un sillón contiguo a Aiorios, que dormitaba cansado, Mu con su habitual parsimonia se adentró al aposento y saludó de forma cortés.
-Buenas tardes caballeros –los presentes respondieron con un gesto silencioso y Mu se dirigió a MM para consultar por la salud de Aphrodite- Máscara… ¿cómo está él?
Máscara hizo una señal negativa con la cabeza y respondió –nos acaban de sacar de la habitación, Shion y la diosa están hablando con Eneas, parece… que no hay mucho que hacer… su cuerpo rechazó su propia sangre y tiene hemorragias por todos lados… -MM bajó el semblante muy afligido y suspiró- verás carnero, los caballeros Piscis son hemofílicos, por eso su sangre no se coagula y pueden almacenarla, sin embargo tienen una regeneración de tejidos tan asombrosa, que son capaces de soportar el veneno que corre por sus venas y a la vez autocurar una herida en segundos evitando que se desangren...
-Entonces ¿qué fue lo que sucedió?
-El Abedul Sagrado murió –reconoció Shaka- para un caballero Piscis, la muerte de ese árbol significa su propia condena, porque el destino de ambos está encadenado, si el árbol estuviera vivo, Aphrodite saldría adelante, pero no es así. Además, recuerden que Saga y él fueron tan maltratados que volvieron muy débiles y sus cosmos no están lo suficientemente fuertes como para curarlos de lesiones como las que tienen ahora, al parecer los tejidos de Afro ya no se regeneran como antes y su sangre se volvió tan tóxica que su cuerpo lo único que hace es expulsarla…
La intervención de Shaka, ensombreció más el semblante de Máscara, quien siguió con su eterna caminata por el salón, momento que aprovechó Mu para tomar asiento al lado de su hermano Kanon.
-No me sermonees Mu, no es el momento…
Mu sabía que Kanon tenía razón, sin embargo no le hizo caso.
-¿Cuándo vas a intentarlo de nuevo?
…
-Quieras o no tienes que hablar con él algún día… lo que sea que te haya hecho no fue su culpa Kanon… son hermanos por la diosa... y además… gemelos!
…
-Bueno… no me respondas si no quieres, nada de lo que te digas o hagas va a lastimarme, soy más fuerte de lo que crees... -dijo Mu muy serio- te quiero porque eres mi hermano mayor y anhelo verte compartiendo con todos nosotros… como familia… confío en que Afro se pondrá bien y estaremos todos juntos de nuevo…
Kanon odiaba que lo sermonearan y aunque le doliera en el fondo de su alma lastimar a Mu, sabía que lo dañaría más si le decía lo que pensaba, así que como siempre, prefirió escapar de la conversación.
Shaina arribó al Sanatorio en cuanto Geist le contó que la condición de Aphrodite había empeorado, y decidió correr escaleras arriba para averiguar qué sucedía. En cuanto entró a la salita de espera del Sanatorio, se encontró de frente con Kalia de Corona quien salía de otra de las habitaciones abrazada de la amazona de Columba, ninguna de las dos le habló, solo Dhorte la saludó con un gesto de cabeza.
Mientras MM caminaba de un lado a otro del salón, Shaka de Virgo se encontraba sentado en uno de los futones de frente a Mu de Aries, con los ojos cerrados. Al lado de Mu, con los brazos cruzados y viendo hacia el suelo, estaba el gemelo menor, a quien por cierto nunca había visto de tan cerca, el tipo tenía sus largas piernas estiradas y cruzadas por los tobillos y no paraba de mover los pies con ansiedad. El caballero de Aries, conversaba por lo bajo con Kanon y por lo visto, éste último no estaba nada contento con lo que el otro le decía, ya que escuchaba sin contestar y de un momento a otro, se paró y se fue.
Shaina no pudo evitar observar a Mu, quien suspiró y bajó el semblante, sin moverse de su lugar al frente de Shaka, quien después de un rato le hizo una señal de asentimiento al ariano con la cabeza, por lo que éste de inmediato éste se puso de pie y salió de la estancia, al parecer para alcanzar a Kanon.
Mu le parecía una persona de lo más agradable, había escuchado por allí que era pariente de Shion, y la verdad se lo recordaba mucho, tanto físicamente, como en el aura que despedía, era un hombre fascinante.
La amazona buscó con la vista un lugar para sentarse a esperar y lo encontró, justo al lado de Aiorios, que dormitaba en el sofá y al sentir su presencia se espaviló y le dedicó un saludo inclinando la cabeza.
-Señor Aiorios -dijo Shaina algo apenada- ¿sabe usted algo de Aphrodite?
Aiorios suspiró y le contestó en forma de susurro -la diosa acaba de salir de la habitación con Shion, parece... que lamentablemente... no hay nada más qué hacer...
La muerte de un caballero dorado era una tragedia para la Orden, seguramente por eso Shaina sintió un dolor profundo en su corazón al enterarse de la noticia y agradeció a la máscara que llevaba, que cubriera sus rostro bañado en lágrimas.
Sanatorio, nueve días después del renacimiento
La mañana había sorprendido a los que hacían guardia en la habitación del Sanatorio en la que agonizaba el caballero de Piscis, los brillos del sol que se colaban por la ventana, les habían abierto los ojos a algunos que se quedaron dormidos, presa del cansancio. MM, hizo todo lo posible para tratar de que la agonía del muchacho no fuera tan dolorosa, y el esfuerzo lo agotó de forma tal, que se quedó profundamente dormido con la cabeza recostada en la cama del enfermo.
Aiorios, quien se encontraba roncando en un sofá al lado de la cama, se estiró deliciosamente y aspiró aire con placer… -mmm… que bien, huele… a… a... ROSAS! –gritó de repente- Angello despierta!...huele a rosas!
MM se despertó de sopetón atontado y luego de unos minutos comenzó a olisquear el aire.
-Es ese empalagoso, exasperante y cursi aroma a rosas! –gritó y se volvió hacia su amigo, quien parecía dormir plácidamente. Cuando se acercó más a Aphrodite, notó que lucía un semblante tranquilo y que la belleza natural había vuelto a ese rostro de porcelana, los labios estaban sonrosados y húmedos, las mejillas tenían un leve rubor y el cabello había vuelto a ser como una cascada de rizos satinados color del cielo. Con cuidado lo revisó ligeramente y no parecía haber sangre fresca, entonces Shaina corrió lo más rápido que pudo en busca de un sanador, con el fin de confirmar si lo que estaban viendo era un milagro.
-Pez sinvergüenza... ¿me querías matar del susto cabrón? -dijo MM con lágrimas en los ojos.
-Angello el abedul, el jardín... ven a ver el jardín -Shaka había entrado a la carrera y al ver el estado del caballero dijo- ha vuelto, Angello, el ciclo ha reiniciado en la casa de Piscis.
Sahori sintió el cambio en el cosmo de Aphrodite desde su habitación y sin esperar más, se dirigió al Sanatorio. Cuando caminaba por uno de los corredores externos del templo principal, pudo constatar que el jardín de la doceava casa estaba lleno de brotes de plantas nuevas y saludables, los rosales brillaban con botones de color acuamarina y las aves y mariposas se habían vuelto a acercar en busca de néctar, "esto tiene que ser bueno", pensó la diosa. Al entrar al cuarto todos los presentes le dieron paso y le hicieron reverencia. Shion se encontraba sentado en el borde de la cama velando a su caballero de Piscis, quien aún no despertaba.
Al ver el semblante del muchacho, Sahori, sabía que con la ayuda de Deméter, se había logrado el milagro.
Y ante la mirada atónita de quienes estaban en la habitación, se acercó a la cama donde yacía Aphrodite y sin protección alguna para ella, tomó una de sus manos y la acarició.
-Atena... ¡no puede hacer eso! -Shion tomó el hombro de la niña con toda la intención de detenerla- el tacto con el muchacho es letal...
-¿Es que acaso mi Patriarca no confía en mí? –dijo ella mirándolo de forma tal que el lemuriano la soltó de inmediato.
Shion no supo qué decir y después de un momento se limitó solo a afirmar con la cabeza. Levantando un brazo detuvo el avance de los otros guerreros que estaban por intervenir por salvar la vida de su diosa.
-Aphrodite de Piscis -dijo Sahori al oído de su caballero, una vez que vio que los demás se habían detenido, sin embargo tenía sobre ella varias miradas llenas de angustia- soy yo, tu diosa... quiero que vuelvas conmigo -Sahori acarició suavemente una de las mejillas aterciopeladas con el dorso de la mano y peinó los cabellos empapados del flequillo con los dedos para descubrirle la frente, el rostro de la niña estaba muy cerca del de Aphrodite y pudo observar los detalles de aquellas facciones perfectas, mientras él abría lentamente los ojos, dejando semi-descubiertos, dos hermosos cristales celestes.
El caballero de Piscis se sentía confuso, agotado y adolorido, pero sobre todo sorprendido de sentir la piel de otro ser humano. Como había tenido que privarse siempre del contacto con otras personas, con animales e incluso con objetos que fueran a ser utilizados por otro ser vivo, su sentido del tacto no se había desarrollado.
Durante toda su vida, se acostumbró a no compartir alimentos u objetos personales, por eso comía aparte de los demás y nunca había nadado en el mar, un río o una piscina, usaba guantes la mayoría del tiempo y debido a la fama de su veneno, todo el mundo le tenía miedo, así que la cercanía de la niña con él, a quien además nunca había visto antes, lo puso muy nervioso.
-Todo está bien, mi querido caballero de Piscis –dijo ella adivinando la congoja del otro y diciendo esto, lo abrazó por el cuello y le besó en la mejilla, a lo que él, cerró los ojos y se dispuso a disfrutar del primer contacto físico que recibía en su vida.
Aphrodite de Piscis, jamás imaginó que algún día recibiría un beso, mucho menos que iba a ser de parte de su diosa.
Continuará…
Lo acepto, estoy pasando por una racha sentimental, prometo se me va a quitar pronto…
Aquí les dejo… provecho!
Agradezco como siempre sus comentarios, de verdad que me alientan a mejorar y a continuar escribiendo, un abrazo… Shakary
* Deméter tiene algunos títulos además de este, asignados de acuerdo al lugar donde se le rendía culto o a los dominios que se le atribuían dentro del cosmos, sin embargo para efectos de este fic, el título que conviene es el de la Anesidora, diosa de los dones que da la tierra
