HOLAAA! Sé que tardé un poco mucho en publicar este capítulo pero es que ha habido tres factores en mi contra: estudios, otro fic y el más importante: la falta de inspiración D: A veces doña imaginación se vuelve gandula, PERO ESTE FIC QUIERO TERMINARLO SI O SI
Bueno, dejo que disfruten :3
Capítulo 5
POV Garret
Jack me pidió que me quedase en su casa mientras él "entrevistaba" a los templarios. La verdad, yo quería un poco de acción, pero si había que esperar, se esperaba.
Lo bueno es que no me aburrí porque en seguida simpaticé con Connor. De hecho, mientras esperábamos a mi amigo, el indio y yo estábamos echando una partida a las damas... y me estaba machacando.
-¿Cómo demonios sabes jugar tan bien? -pregunté, con cara de mal perdedor.
-Aprendí en la cárcel. Para salir de ahí tuve que sacar información a un preso y eso me obligó a jugar una partida.
-¿Al final lograste salir? -intervino Eddie.
-No. Me llevaron a la horca.
El ex-alcalde y yo nos miramos pasmados.
-¿Y así moriste? -pregunté.
-Me salvaron en el último momento. -se encogió de hombros- Por fortuna morí de viejo.
Entonces escuchamos un aleteo y vimos a un cuervo entrar por la ventana. Justo antes de que aterrizase en el suelo el ave se transformó en Jack. Aún lo flipo cada vez que lo hace.
-Ya sé dónde están Ezio y Altaïr. -dijo- Los sótanos del Ayuntamiento.
-Creo que aún conservo los planos.
Después de decir esto, el ex-alcalde se quitó el sombrero y metió su mano en él para empezar a rebuscar. Escuchamos unos ruidos dentro del sombrero y no pude evitar abrir los ojos como platos. "¡¿Qué tiene ahí dentro?!", pensé.
-¡Aquí estás! -exclamó Eddie.
Sacó la mano, que sujetaba un papel enrollado que extendió sobre una mesa. "¿Cómo puede caber eso ahí?", fue lo único que se me pasó por la cabeza.
-Bien, -empezó Eddie, señalando lo que era el sótano del Ayuntamiento (ese edificio es enorme)- aquí hay unas pequeñas habitaciones que sirven como almacén del registro histórico y cosas varias. Al parecer lo han modificado todo para hacer las celdas.
-¿Hay alguna ventana o alguna forma de entrar que no sea la puerta principal? -preguntó Jack.
Entonces vi en los planos unos huecos en las paredes del Ayuntamiento.
-Podríamos entrar por aquí. -dije, señalando el plano- Jack y yo podemos entrar perfectamente, si él se transforma en cuervo y yo en murciélago.
-Ya, -intervino Jack- pero el problema es Connor. Dudo que quepa por un agujero tan pequeño como ese.
-No os preocupéis por mí. -dijo el indio- Yo puedo usar mi poder del lobo para ocultarme y entrar por la puerta principal cuando uno de los templarios salga por ahí.
-Pues perfecto entonces. -dije, con una media sonrisa- ¿Y a qué esperamos? Cuanto antes vayamos mejor, ¿no?
-Tienes razón, Garret. -Jack se incorporó de la mesa en la que estábamos inclinados y añadió- Vamos a demostrarles a esos templarios que aquí si nos buscan nos encuentran.
Más tarde seguimos el plan que habíamos trazado en la casa de Jack: yo me adelantaba entrando al Ayuntamiento por aquella ventana como murciélago. Por otro lado, Jack estaba en forma de cuervo en la ventana a modo de distracción. La cosa era la siguiente: tras observar durante un buen rato a los guardias y a sus turnos averiguamos que en los relevos se intercambian las llaves de las celdas. Así que lo que había que hacer era esperar a que venga un guardia para hacer el relevo y así coger las llaves de las celdas.
La espera mereció la pena porque apareció un guardia de siglo quince con unas llaves colgando del cinturón. No me vio porque sé ocultarme perfectamente entre las sombras. Jack soltó un graznido que distrajo al soldado, quien se quedó mirando al cuervo. Pobre de él. Me acerqué por detrás de él y le tapé la boca antes de clavar mis colmillos en su cuello. Por regla general no suelo alimentarme de sangre de muertos, pero como era lo único que había en ese momento y tenía un hambre de lobo, no me quedó otro remedio. Así que dejé a aquel militar más seco y arrugado que a una pasa. Oculté el cuerpo en una esquina, cogí sus llaves y volví al lado de la ventana, donde estaba Jack en su forma normal, de brazos cruzados.
-Oye, -dijo- tienes la camisa un poco manchada.
Miré hacia abajo y efectivamente mi camisa blanca estaba manchada de sangre, además de los alrededores de mi boca.
-Bueno, -respondí, antes de limpiarme la sangre de mi cara con la manga de la gabardina- no hay tiempo para limpiar. Además, he visto gente en restaurantes de comida rápida peores.
Escuchamos una voz, y nos percatamos de que no habíamos tenido en cuenta al otro guardia. Pero mi amigo se encargó de ese problema enseguida porque según se acercó el soldado, esta vez de las Cruzadas, disparó su ballesta y acertó entre los ojos del templario. Lo que hizo más difícil la cosa fue que aquel tío llevaba un casco que solo tenía una rendija en forma de cruz, y el hueco que había entre los ojos era muy estrecho. Así que tiene doble mérito.
Justo cuando íbamos a bajar las escaleras hasta las celdas apareció Connor de repente, haciéndome saltar del susto:
-¡Dios, casi me das un infarto! -exclamé en voz baja.
-Lo siento.
Bajamos hasta los sótanos del Ayuntamiento sin llamar la atención hasta que llegamos hasta las celdas de los Asesinos. Mientras Connor, con el arco preparado, y Jack me cubrían las espaldas; yo abría ambas celdas.
-Bien, señores. -dije- Ya podemos irnos.
-Solo hay un problema. -dijo Ezio, poniéndose la capucha- Nos han quitado todas las armas.
-¡No fastidies! Ahora tenemos doble trabajo.
-Hagamos una cosa. -intervino Jack- Garret, ve con Ezio y Altaïr a recuperar las armas. Connor y yo nos quedamos para que ningún templario vaya a por vosotros.
-Dicho y hecho. -respondí- Vámonos.
POV Jack
Cuando Garret se marchó con Ezio y Altaïr, pareció que los soldados templarios se pusieron de acuerdo en venir a por nosotros.
-Parece que tenemos compañía. -dijo Connor.
-Son demasiados incluso para nosotros dos. Hay que deshacerse de ellos lo más pronto posible.
Mientras la mayoría nos apuntaba con mosquetes, uno de los templarios que llevaba un sombrero con plumas nos gritó:
-¡Tirad las armas y poned las manos donde yo las vea u ordeno que os disparen!
Sonreí mientras sacaba mis hojas ocultas.
-Oblígame. -dije, con voz profunda.
Me transformé en cuervo antes de abalanzarme sobre uno de los guardias con mosquete, momento en el que volví a mi forma original para clavarle mi hoja oculta en el cuello. Agarré el mosquete y, al ver que estaban a punto de dispararme, agarré al de las plumas en el sombrero por detrás, utilizándolo de escudo humano para los disparos. Dos menos. Connor apareció cortando cuellos con el tomahawk y yo aproveché para clavar la bayoneta en un soldado de la Guerra de Independencia antes de disparar y matar a dos de un tiro. Lo bueno es que ya nos habíamos deshecho de los más difíciles. Lo malo, venían cada vez más. Entonces pensé en las bombas de humo que me había dado el doctor.
-¡Apártate, Connor! -exclamé.
-¿Por qué?
-¡Tú hazme caso!
El indio americano asintió y se apartó a una esquina, con el arco preparado. Cogí una de las bombas de humo mientras dejaba que los templarios me rodeasen. Entonces lancé la bomba contra el suelo y, cuando los templarios estaban dentro de la niebla, chasqueé los dedos, provocando una chispa que prendió el humo blanquecino rápidamente. Como soy ignífugo no me ocurrió nada. No puedo decir lo mismo de los templarios, que se calcinaron casi de forma espontánea. Cuando todo el fuego desapareció tan rápido como surgió, miré a Connor, quien tenía los ojos muy abiertos.
-¿Estás bien? -pregunté.
-Em... sí -respondió, sorprendido.
Pronto vimos a Garret con los Asesinos, ya equipados con todas sus armas.
-Vayámonos de aquí. -dije- Ya pensaremos en lo que haremos cuando volvamos...
De repente una avalancha de guardias se dirigía hacia nosotros a toda velocidad.
-¡Salgamos de aquí! -grité- ¡Ya!
Corrimos hacia la entrada principal del Ayuntamiento, mientras yo rezaba porque nada nos retrasase.
POV Jeremy
Yo me encargaba de vigilar la puerta principal por si algún preso se fugaba. Como yo soy bueno disparando me asignaron aquel puesto para que yo disparase a todo aquello que no fuese templario.
Estaba más que aburrido revisando por sexta vez mi mosquete (en algo tenía que entretenerme) cuando oí que alguien corría hacia mi posición. Levanté la vista y vi a los Asesinos que habían encerrado ahí dentro, a un indio y a un hombre de pelo blanco. Delante de todos estaba el Asesino que hacía unas pocas horas me estaba interrogando. Él pareció reconocerme y sacó su hoja oculta. La puerta estaba abierta y algo me dijo que debía dejarlos pasar. Simplemente me aparté y el grupo salió sin dificultad. Lo último que vi de ellos cinco fue el rostro perplejo del esqueleto.
-¡¿Pero qué coño acabas de hacer! -preguntó más que cabreado uno de mis compañeros.
Empecé a verme rodeado de todos los hombres que estaban persiguiendo al grupo que acababa de salir por la puerta.
-¿Es que no lo ves? -dijo un segundo soldado- Nos ha traicionado. Ha dejado pasar como si nada a los Asesinos.
Tiré mi mosquete al suelo sin decir nada. Ya estaba harto de todo: harto de luchar en una guerra que ni siquiera era mía y que encima no tenía sentido, y también estaba harto de sufrir las continuas humillaciones que recibía.
-Nosotros tenemos una norma aquí. -dijo un tercero, recogiendo el arma del suelo- Si hay algún traidor entre nosotros, hay que eliminarlo.
Me dio tal patada en el estómago que me lanzó fuera del edificio, dejándome tirado en el suelo. Cuando incorporé la cabeza, vi al soldado apuntándome con el arma. Cerré los ojos para esperar la muerte cuando escuché un disparo, pero no sentí ninguna bala en el cuerpo. Abrí los ojos y vi a aquel soldado con una herida de bala en la frente. Un hilo de sangre empezó a circular desde el agujero de bala hasta la nariz. Entonces se derrumbó como un árbol cortado.
Me incorporé, sin saber cómo sentirme: por un lado estaba aliviado porque me había librado de un balazo en la cabeza, pero también me sentía asustado, porque no sabía lo que iba a suceder. Una mano fuerte me tapó los ojos y una voz me habló al oído:
-Duerme.
En ese momento me desmayé.
Desperté en una cama más larga que a lo que estoy acostumbrado, en una casa que no conocía. Solo llevaba puesta mi camisa y mis pantalones del uniforme de casaca roja. Estaba confuso y desorientado. Me senté en la cama, poniendo los pies en el suelo y apoyé una mano en mi cabeza porque empezó a dolerme.
-¿Dónde demonios estoy? -me pregunté.
Examiné detenidamente la habitación: era enorme, sus paredes y el techo eran oscuros y delante de la cama había una estantería llena de libros. Me puse en pie para mirar por la ventana, en la que se veía el reflejo de mi rostro en el que destacaban mis ojos verdes asustados. Fuera no había nadie, solo los soldados haciendo su ronda... o tal vez buscándome.
Me di la vuelta y vi una gran puerta del mismo color que las paredes del cuarto. Dudé en abrirla y salir de allí o quedarme por si venía alguien. De repente algo entró... sin abrir la puerta. Lo que me faltaba: un fantasma. Un escalofrío me recorrió la espalda, pero luego me tranquilicé al saber que era un perro (fantasma) lo que había atravesado la puerta. Me miró con curiosidad antes de acercarse a mí para olerme. Me puse nervioso. ¿Por qué? Pongamos que no le caigo bien. Entonces ladraría como un loco, me descubrirían y lo más probable es que me maten... de nuevo.
Todo fue bien porque no se puso agresivo ni nada por el estilo. Pero el ladrido no se lo quitaba nadie. Intenté pedirle que se callara, pero el perro fantasma seguía ladrando con su nariz brillando intensamente. Me quedaba un as en la manga: acariciarlo debajo de la cabeza. El problema era si mi mano atravesaría el cuerpo flotante del animal. Pero no perdía nada por intentarlo, así que acerqué mi mano al perro y, en contra de lo que yo pensaba, logré acariciar la parte inferior de su cabeza. Era un tacto agradable, como si tocase una nube muy densa. Pronto el perro se calló.
-Buen chico. -dije, sin dejar de acariciarlo.
Sin quererlo se me dibujó una sonrisa en el rostro. Entonces empecé a recordar mi infancia en vida. Me encantaban los animales. En cuanto tenía ocasión salía a la calle a dar de comer a los perros y gatos callejeros, que se dejaban acariciar sin problema.
De todos modos el perro se calló tarde porque vi el picaporte de la puerta moverse. Dejé de acariciar al animal fantasma justo cuando la puerta se abrió y entró el esqueleto.
-Oh, veo que ya estás despierto.
No supe qué decir, me había quedado mudo. El individuo que tenía delante me había salvado la vida... pero aún no se me había quitado el susto del interrogatorio.
El Asesino no llevaba puesta la capucha, así que pude distinguir mejor sus rasgos, además de la cicatriz que atravesaba su boca. A pesar de parecer amable y elegante intimidaba sobre todo por su altura (me sacaba por lo menos dos cabezas).
El esqueleto parecía mirar al perro fantasma y esbozó una media sonrisa.
-Parece que le has caído bien a Zero.
Se acercó unos pasos a mí. Mi corazón muerto latía muy deprisa y mis manos empezaron a sudar.
-Oye, siento haberte asustado. -dijo, con simpatía- Pero es que no había otra manera de sonsacarte lo del Ayuntamiento.
Me calmé pensando que, como dice el dicho, no hay que fiarse de las apariencias.
-Soy Jack. -añadió, extendiendo su mano hacia mí.- Tranquilo, no muerdo.
Me sequé rápidamente el sudor de una de las manos en el pantalón antes de estrechársela a Jack.
-Esto... -dije, tartamudeando un poco- ...este... ¿este es tu perro?
-Ajá. Yo me fío de él: si le cae bien alguien desde el primer momento, ese alguien es digno de mi confianza.
Por fin solté el aire que aguantaba por culpa de los nervios. Intenté sonreír, pero me salió una mueca forzada.
-Espero no defraudarte ni nada por el estilo.
-Eso espero. Oye, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Emm... sí, claro.
-Antes, cuando nos encontramos por segunda vez, tuviste la oportunidad de dispararme. -me miró muy serio y preguntó- ¿Por qué no lo hiciste?
Tragué saliva e intenté calmarme.
-Bueno ... yo ... simplemente cumplí una promesa.
Jack frunció el ceño, como si se pusiera a pensar en qué promesa había hecho yo.
-Me amenazaste con matarme si yo te apuntaba alguna vez con un arma. Entonces me prometí a mí mismo que no lo haría, pero...
-...pero nuestro último encuentro implicaba que traicionaras a los templarios.
Asentí antes de continuar, confiando cada vez más en Jack.
-En ese momento hiciese lo que hiciese me matarían.
-Pero eso no pasó. -dijo, esbozando una media sonrisa, con las manos en los bolsillos- Mira, te voy a presentar al resto.
-¿Quienes? ¿El indio, los Asesinos y el tipo de pelo blanco?
Jack intentó disimular una expresión de sorpresa.
-Tienes muy buena memoria visual.
-Ya, es una de mis virtudes. Pero claro, los templarios no la supieron apreciar.
-Pues no saben lo que se pierden. -se giró sobre los talones y caminó hacia la puerta- ¿Me acompañas?
-Claro... -entonces me acordé de una cosa- y oye, siento lo de... esto... lo de tu esposa. Yo... lo vi todo y...
-No quiero hablar de eso ahora. -interrumpió Jack, dándome la espalda.
Sin decir nada más salió por la puerta y yo lo seguí bajando por unas escaleras de caracol hasta una sala de estar. Allí estaba el resto del grupo: el tipo de pelo blanco tenía las piernas sobre una mesa y se echaba una cabezadita en un sofá con las manos detrás de la nuca y el sombrero que llevaba puesto estaba inclinado hacia delante. Por otro lado, los Asesinos y el indio estaban manteniendo una conversación en la que estaba metido también un señor bajito con un sombrero de copa muy alto.
Cuando pisé el último escalón este crujió y todos volvieron la cabeza y el que estaba durmiendo abrió un ojo rojo como la sangre y me miró fijamente. Parecía que su mirada atravesaba mi alma, y por esa razón me sentí intimidado. De hecho, todos los presentes me intimidaban un poco.
El silencio incómodo que se había generado con mi presencia se rompió cuando el hombre de pelo blanco y ojos rojos habló.
-Menudo sueño te has pegado. -hizo un movimiento con la cabeza hacia el indio- Dale las gracias a Connor y a sus poderes místicos.
Mientras él hablaba yo pude fijarme en sus colmillos mucho más largos de lo normal. Genial, estaba delante de un vampiro. Creo que me puse más blanco de lo que ya estaba. Y parece que se dio cuenta porque arqueó las cejas y añadió:
-Vaya, este se ha dado cuenta de que soy un vampiro. -bajó los pies de la mesa y se quitó el sombrero- No te preocupes, Jeremy. No te voy a morder.
Vale, aquello no me tranquilizó para nada. ¿Cómo demonios supo mi nombre? Mi cara de pasmao hizo que el vampiro respondiera a mi pregunta:
-Sé lo que estás pensando. ¿Cómo sé que te llamas Jeremy? Bueno, Jack nos habló de ti. Yo no sé leer el pensamiento. -levantó la mano y se presentó- Soy Garret. Ya conoces al indio Connor, el Asesino de capa y barba es Ezio, el serio es Altaïr y el bajito con sombrero es Edward, ex alcalde del pueblo. Hechas las presentaciones tengo que decirte una cosa: los tuviste bien puestos para traicionar a los templarios.
-Era eso o morir. -dije, encogiéndome de hombros- De todos modos una traición siempre se paga con la vida.
-Menos mal que Eddie apareció para salvarte el pellejo. Bueno, con ayuda de un balazo en la cabeza del tío que iba a dispararte.
-Espera... ¿él fue quien disparó? ¿Pero desde qué distancia?
-Vamos a ver, -empezó a hablar Edward- si desde aquí al Ayuntamiento son unos treinta metros y la torre de esta casa mide unos quince... a ojo son más de treinta metros de distancia desde allí hacia la cabeza del templario.
-¡¿Treinta metros?! ¡¿Y con esa precisión?! Creo que ni yo llego a tanto. Y eso que soy buen tirador.
-Puedo ser bajito y algo torpe. Pero nunca me enfades si tengo una carabina a mano.
-Vale. -dije, pasando mi mano por el pelo- Ya os conozco a todos, y parecéis buena gente... Pero la pregunta es: ¿qué queréis de mí? ¿Y por qué yo?
-Voy a responderte primero la parte fácil. -Jack se colocó delante de mí, con los brazos cruzados- Algo me dijo que no debía quitarte la vida y confié en ti desde que te interrogué. Y no me has fallado por el momento. Ahora bien, lo otro es más complicado de explicar...
-Queremos que nos lleves hasta Fausto, -intervino Garret- para hacer que todo vuelva a la normalidad.
No pude aguantar la risa ante aquella declaración del vampiro.
-¿De qué te ríes? -preguntó Connor, levantándose de donde estaba sentado.
-Lo que me hace tanta gracia. -respondí- Es que pensáis que llegaréis hasta él sin más. ¡Eso es casi imposible!
-¿A qué te refieres? -preguntó Jack.
-Fausto es como una abeja reina: está rodeado de zánganos que lo van a defender a toda costa. Solo hay una manera de llegar a Fausto: hay que eliminar a sus "zánganos" primero. Y esos son Al-Muhalim, Borgia y Charles Lee. Pero no va a ser para nada fácil, os lo advierto.
Se hizo un profundo silencio en la sala, y entonces añadí, decidido.
-Pero eso no quiere decir que no os ayude. Yo quiero que esto termine lo más pronto posible, al igual que vosotros. Yo os puedo decir dónde están todos y cada uno de esos zánganos. Es lo único que puedo hacer. Y también ayudaré con mis habilidades como tirador. Si habéis confiado en mí, yo también confiaré en vosotros. Acabemos con esto de una vez.
Bueno, aquí acaba el capítulo. No olviden poner sus reviews. Saben que aprecio muchísimo su opinión. Nos vemos en el próximo capítulo!
Pumpkin Ponyshy: sorry por haber escrito mal tu nombre (no me pegues pls :'( ). Y me alegro de que te gustase. Sí, eso de "jugar" con Sally se me ocurrió en plan: "vamos a hacer que los templarios sean un poco mucho pervertidos". Gracias por leer y comentar 3
Lady Lyuva Sol: Gracias por todas las reviews que escribes, en serio. Me gusta jugar con los sentimientos de mis personajes. Así se crea lo que en la literatura se pretende siempre: hacer sentir al lector :3.
sallyskellington: Gracias! Ya estaba esperando tu review 3 3 3.
Muchas gracias a todos por comentar, aunque lo más importante para mí es saber que hay gente que lee mis fanfics :3. Gracias a todos, en serio.
