Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable

Primera advertencia: Los doraditos están en problemas, pero aún así, ellos no dejan ni sus malos comportamientos, ni su mal vocabulario. Debido a lo anterior advierto, en caso de que este fic sea accedido por menores de edad.

Segunda advertencia: Me puse romántica… lo lamento… pero no lo pude evitar… espero se me pase rápido para no endulzar más de la cuenta ;)

De asesinos a caballeros: historia de renacimiento y redención


Primera liberación: En contra de la adversidad. Parte I

Masión Kiddo, Tokyo Japón

-Sahori... Sahori... despierta por favor –en cuanto Seiya sintió la asombrosa perturbación en el cosmo, corrió hacia el estudio principal, donde se encontraba Sahori trabajando desde la mañana. Al llegar allí, se topó con Hyoga, quien también tuvo el mismo presentimiento que él.

Cuando entraron al amplio aposento, se encontraron con Sahori inconsciente. Asustados por verla con tan mal semblante, corrieron a auxiliarla, cuando de pronto escucharon un retumbo y todo comenzó a moverse violentamente.

Por uno o dos minutos, los ventanales vibraban y pequeños trocitos de repello, se desmoronaban ensuciando la alfombra. Y aquel terrible rugido desde el interior de la Tierra, terminó hasta que todo dejó de moverse.

-¿Pero qué sucede Hyoga?

-Tranquila...

Una vez todo volvió a la calma, la heredera Kiddo fue llevada al sofá de la salita que usaban los chicos normalmente para ver televisión- creo qué… oh por Zeus –murmuró ella de repente empezando a revolverse en brazos de Hyoga- algo pasó… algo… se… una puerta…

-Hubo un temblor... más fuerte de lo que estamos acostumbrados a percibir a diario -dijo Seiya, ventilando a la muchacha con una carpeta- sin embargo, lo que realmente me asustó, fue la perturbación en el cosmo, justo antes de que comenzara

Sahori se empezó a incorporar de a poco y luego se levantó de sopetón –Shion… necesito hablar con Shion…

-¿Pero qué pasó Sahori?

La muchacha volvió a ver a los muchachos, con gran angustia.

-Chicos… se quebró la voluntad de Briareo*… está abierta una de las puertas del Tártaro


Inframundo, "El Límite"**

El estruendo fue de tal magnitud, que hasta el guerrero más osado, vio mermar su valentía.

Cuando se sintió aquello, fue de forma tan violenta que ninguno, excepto Dhonko, pudo mantenerse en pie. Una onda expansiva de luz violeta, se extendió por toda el área cercana a los límites del Tártaro, corriendo incluso más allá del antiguo Muro de los Lamentos y la Giudecca, derribando a todos a su paso.

Cuando aquel golpe de energía se desvaneció, el inframundo se sumió en un profundo silencio, el cual rompió Dhonko, cuando corrió a levantar a la Dama Perséfone –señora… ¿está usted bien?

-Le agradezco caballero –contestó ella incorporándose- ¿qué fue lo que pasó?

-Eso iba a preguntarle yo a usted –Dhonko se volvió a ver a su alrededor- ¿alguno está herido?

-No, solo un poco confundidos señor –contestó Algor en nombre de todos.

Mientras esto sucedía, Shun se mantenía con la vista fija en el abismo que se abría delante de ellos. El lugar donde estaban era la parte más profunda y alejada del Inframundo; el límite entre el Reino de Hades y el Tártaro.

"El Límite", como le llamaban los habitantes del Inframundo, era una vasta planicie de roca grisácea, sembrada de estalagmitas, tan antiguas que se fundían con las estalactitas del "techo" de la gran caverna. Esta planicie terminaba en un borde infinito, el cual bañaban las calmas y oscuras aguas del Tártaro. Por otra parte, "El Abismo", consitía en una inmensa depresión submarina, que se veía a simple vista desde "El Límite", como un círculo irregular de aguas negras, inserto en el mar.

-La onda de luz salió de allí –indicó Ikki, señalando hacia el abismo- pero… todo está… muy silencioso

-Eso es lo que me temo –dijo Dhonko preocupado


Atlantis

Julián se encontraba tratando de interpretar unos rollos muy antiguos que le entregó la Dama Perséfone desde hacía un par de meses. Era una tarea que detestaba, pero no podía seguir postergando el trabajo, puesto que Perséfone insistía en que era urgente que conociera su contenido –cielos- suspiró- cómo extraño a ese patán Dragón Marino, cuando me toca hacer este tipo de cosas… era el único capaz de interpretar estos vejestorios sin volverse loco

Los rollos que el joven peliceleste tenía en mano, correspondían a algunos registros históricos, cuya antigüedad se remontaba a los inicios de la Era del Hombre, escritos por unos pocos sobrevivientes de la guerra del Caos. Los documentos fueron hechos en alguna versión de escritura cuniforme, tal vez predecesora del griego y la verdad él no tenía la paciencia para traducirlos, mucho menos desde que Poseidón dormía dentro de él, con toda la mala intención de no ayudarle.

Cuando estaba en lo más y peor con sus rollos tirados por todo el Salón del Trono, el sonido inconfundible de la piedra crujiendo al quebrarse, lo sacó de su concentración por completo.

-Pero... qué...


Inframundo, "El Límite"

Ese silencio atroz continuaba y Dhonko creía que se iba a volver loco por la tensión que provocaba.

Mientras nada sucedía, el maestro de Libra, decidió repasar la posición de los atenienses y aseguró a Perséfone y Pandora, con el fin de iniciar una inspección por el lugar.

Cuando el dorado estaba por iniciar la exploración, acompañado de soldados del Inframundo y las dos amazonas, el caballero de Andrómeda subió por una loma para tener una buena vista del Tártaro.

-Allí hay algo –señaló Shun, con una mirada fría- se mueven por debajo del agua -los demás se acercaron y pudieron distinguir las enormes siluetas de tres gigantescas criaturas nadando perezosas en las oscuras profundidades del Tártaro, bordeando el abismo y dirigiéndose luego hacia el horizonte, hasta que desaparecieron.

De repente, las aguas del centro del abismo, comenzaron a moverse formando un remolino, del cual nació una luz púrpura, que se extendió hacia la superficie, hasta que en medio de una inmensa columna de agua, emergió una gigantesca criatura antropomorfa, con serpientes que nacían de su cadera y piernas y con unas horrorosas alas negras que batía vigorosamente, provocando tales ráfagas de viento, que todos los presentes vieron levantarse sus cuerpos del suelo.

Tanto guerreros como deidades, buscaron la forma de afianzarse para que el tornado no los atrapara, sin embargo, algunos desafortunados soldados, terminaron sus existencias estrellados contra las rocas.

-No puede ser -exclamó la Dama Perséfone muy alterada, mientras se aferraba a Dhonko, quien corrió a protegerla, en cuanto aquel gigante emergió de las aguas.

-¿Pero quién o qué demonios es eso? -preguntó Ikki, sosteniéndose de una de las estalagmitas, de la cual también se aferraba Shun.

Es Tifón -susurró Perséfone aterrada- han dejado salir a Tifón


Atlantis

-Julián... Julián -gritaba el general de Caballo Marino, mientras corría hacia el estudio- ven para llevarte a un lugar seguro…

-¿Pero qué está pasando Baian?

-Krishna hacía guardia en el Índico y de pronto vio unas sombras nadando por encima de su cabeza, se dirigían al pilar de Kanon

-Ese pilar no es de Kanon… es de Atlantis

-Bueno como sea, no son de este mundo, parece que hay peligro

Ignorando la preocupación de Baian por protegerlo, Julián corrió hacia afuera del Gran Santuario Marino, con el fin de asegurarse de que los pilares estaban a salvo –ve y ordena a la guardia que vigile el Soporte Principal… luego llama a los otros cinco y a Tethys

-Julián –dijo Baian en un murmullo, mirando hacia arriba- creo que a eso se refería Krishna

Efectivamente, tres sombras enormes nadaban despacio, por encima de los escudos de Atlantis. Julián miró aquello en silencio y al hablar su voz se tornó más grave –en cuanto los demás lleguen, abran las compuertas del Soporte Principal… los encerraremos allí…

-Señor –Baian sabía perfectamente cuando se encontraba frente al mismísimo Poseidón e hizo una reverencia- ¿qué o quienes son?

-Son titanes – Baian empalideció- estos tres estaban a cargo de Briareo… alguien engañó a ese tonto con alguna baratija… se lo había advertido a los otros… ahora que mi hermano Hades está débil, los límites del Tártaro son vulnerables… pero no, nadie me escucha

Desde que fue manipulado cual marioneta por Kanon, el dios de los Mares había perdido credibilidad en el Olimpo y su posición era comprometedora. Demostrar que tenía razón con respecto a los guardianes Hecatónquiros y su debilidad por las reliquias, implicaba que recuperaría su estatus delante de los demás, sobre todo si atrapaba a los titanes fugitivos y lograba mantenerlos seguros en sus dominios.

De pronto, uno de los monstruos, se separó de los demás y rápidamente nadó hacia el Atlántico Norte. Al ver el cambio de trayectoria del titán, Baian corrió sin decir nada a movilizar al ejército y a llamar a los otros generales. Mientras tanto, Poseidón invocó a su armadura, presto a la batalla.

-Vamos demonio… ¿qué tratas de hacer? –murmuró el dios del Mar empuñando su tridente, viendo la sombra desaparecer a lo lejos.

En cuestión de segundos, un alarido horroroso seguido de un poderoso estruendo, hizo vibrar los cimientos de Atlantis.

El Pilar del Atlántico Norte, había caído.


En algún lugar desconocido

Cuando el suelo comenzó a moverse violentamente, un derrumbe de rocas, se le vino encima. En la oscuridad en la que se encontraba, a Kanon se le complicó esquivar todos los golpes de las piedras y una más o menos grande, cayó en su hombro izquierdo, fracturándole varios huesos, lo cual lo hizo desplomarse al piso, presa del dolor.

Arrastrándose como pudo, logró evitar que el derrumbe lo matara y conforme el movimiento mermó, la caída de rocas también. Afuera, se escuchaban los gritos de sus captores, huyendo aterrados por el sismo.

Después de un par de minutos interminables, la tierra dejó de moverse y Kanon suspiró tranquilo "necesito salir de aquí ahora", pensó y comenzó a llamar –auxilio... help… aiutare… hjälpa… - gritó varias veces en todos los idiomas en los que conocía, pero nadie le escuchó, así pasó un largo rato hasta que se dio cuenta de que lo habían dejado solo.

-No me voy a desesperar… todo estará… bien –se decía para calmarse- es solo un tonto terremoto y un espantoso dolor de brazo…

Gruñendo adolorido, se volvió a todas partes buscando la forma de salir y halló un hilo de luz, poco más arriba de su cabeza. Seguramente, los vigilantes salieron tan rápido, que no se percataron de que dejaron las antorchas encendidas afuera y la débil luz de las mismas, remarcaba el sitio donde se encontraba una pequeña salida. Kanon era de armas tomar y a pesar del dolor, se acercó a donde se encontraban las rocas que cayeron por el derrumbe y comenzó a lanzar las menos grandes hacia el sitio que marcaba la luz, pero era realmente torpe usando la diestra y las rocas daban en cualquier parte, menos donde debían.

Al ver que la luz se debilitaba, Kanon rogó que esa última esperanza no se apagara, sin embargo todo pareció ponerse en su contra, cuando sintió el agua cubriéndole los pies.

La caverna donde se encontraba, había comenzado a inundarse.


Atlantis

-¡SEÑOR! –gritó Sorrento a su dios.

-Sí, ya me di cuenta –contestó sin emoción refiriéndose a la caída del pilar- ¿está la milicia donde la pedí?

-A punto de llegar señor –reverenció el de Sirene.

-Necesito que lleven ese monstruo al Soporte Principal –y comenzó a refunfuñar en voz baja- y ahora lo único que me falta es que Atena me reclame por el tsunami que provocará la caída de ese pilar –de pronto sonrió malicioso como si recordara algo, mientras caminaba hacia el centro de Atlantis- necesito un par de guardias para enviar un mensaje

-¿Se puede saber para qué señor?

-Solo quiero hacer valer los términos de un acuerdo de paz –dijo él guiñándole un ojo a Sorrento- pronto tendremos ayuda... del norte


Toscana, Italia

Aldaberán y Angello, subían por el acantilado que los llevaría de vuelta a casa. La playa en la cual habían dejado al rebelde Camus, se miraba al fondo y el paisaje del mar coronado por el atardecer era bellísimo, sin embargo el frío otoñal, los obligó a volver para dase un baño caliente y echarse a descansar.

-Francés terco, vas a ver que volverá implorando por un plato de minestrone caliente

-Angello, a él el frío no le afecta tanto como a nosotros... oye -dijo el toro deteniéndose- ¿sentiste?

Angello también se detuvo -si... fue una vibración... tal vez un pequeño temblor... eso pasa... algunas veces... claro, no es muy común

Los dos muchachos continuaron la escalada tranquilamente, hasta que a Aldaberán se le ocurrió volverse hacia la playa de nuevo -¡ANGELLO... MIRA EL MAR!

El espectáculo del mar corriéndose hacia adentro era simplemente aterrador, la playa creciendo, mientras quedaban al descubierto las formaciones rocosas que antes estaban cubiertas por las celestes aguas.

-Mierda… eso es un Tsunami… -Angello subió unas cuantas rocas para quedar a la vista de Camus- HIELO… HIELO –Camus no se daba cuenta y seguía dormitando aperezado- TSUNAMI…. CAMUS…

Aldebarán se unió a los alaridos del italiano –CAMI…. CAMI… EL MAR –gritó, batiendo los brazos, cuando vio que el francés se levantó desconcertado y miró alrededor. Angello tiró lo que traía en la mano y comenzó a bajar el acantilado lo más rápido que pudo, sin importarle la gigantesca ola que comenzaba a formarse en el horizonte.

-Maldito francés orgulloso –refunfuñaba Angello, mientras sorteaba las rocas- es que cuando lo saque de allí, va a recordar porqué soy un Di Mare… y porqué tiene que obedecerme… yo soy el mayor… chiquillo tonto… presumido… arrogante… sabelotodo

El italiano apresuró el paso, sin importarle las rocas cortantes y lo empinado de la ladera, mientras Aldaberán no paraba de alertar a Camus con su potente voz, sin embargo, para cuando el francés se percató de lo que pasaba, fue demasiado tarde y Angello solo pudo ahogar el grito de desesperación al ver a su amigo, ser alcanzado por la fuerza del Tsunami.


Inframundo, El Límite

A como pudo, Dhonko corrió con la Dama Perséfone, para ponerla a salvo y se devolvió a una posición que le permitiera tener a Tifón al alcance para atacarlo.

-Atenienses... ¡posición de ataque angular!

De inmediato, Dhorte, Shaina y Algor, se colocaron detrás del caballero de Libra, listos para atacar, mientras que Shun e Ikki, se posaron en las esquinas unos pasos más atrás que los de plata.

-¡Caballero de Libra! –gritó la Dama Perséfone, mientras se protegía del tornado con Pandora- hay algo que tiene que saber… cuídense de la lava… ¿me escucha?

Dhonko se golpeó el lado del casco en señal de que no la escuchaba. Perséfone y Pandora, comenzaron a gritar en coro –¡que se cuiden de la lava!

-¿De qué? –gritó el caballero, en el momento en que el ser comenzó a lanzar grandes cantidades de lava, desde su boca- ya entendí –gritó Dhonko, rodando en el suelo, para esquivar el nuevo ataque del titán.

Los atenienses elevaron sus respectivos cosmos para iniciar la ofensiva, cuando sobre sus cabezas, pasaron a gran velocidad, tres figuras oscuras, que sobrevolaron al monstruo en perfecta formación, rodeándolo para finalmente aterrizar al lado del de Libra. Aiacos de Garuda, Minos de Grifo y Radamanthys de Wyvern, se colocaron en hilera con Dhonko, en posición de ataque.

-Si el Inframundo va a caer, no será el día de hoy -murmuró el juez de Wyvern, listo para la batalla- con que formación angular de ataque ateniense... ¿dónde entramos nosotros?

Dhonko asintió enseguida y se dispuso a dar las órdenes -juez de Grifo, con tus hilos, inmoviliza las alas. Aiacos, encárgate de las serpientes... decapítalas... Radamanthys y yo lo golpearemos en el pecho... Shaina tu cercenas la garganta, Ikki y Algor, cubran a Shaina... Dhorte y Shun lo atan en las piernas para terminar de inmovilizarlo...

Todos los guerreros obedecieron al dorado, incluso los prepotentes jueces, con lo que demostraron su respeto hacia el caballero de Libra. Radamanthys se acercó a Dhonko -¿qué haremos con los otros tres que se escaparon?

-Tendremos que perseguirlos después, por ahora, hay que terminar con este, o al menos lograr encerrarlo.

Después de que Dhonko girara órdenes, todo sucedió muy rápido.

Tal como indicó el dorado, Minos voló rápidamente hasta colocarse detrás de Tifón para atarle las alas con sus hilos. Dhorte y Shun buscaron la posición óptima para inmovilizarlo de las piernas.

-¡Cadena nebular! -gritó el de Andrómeda lanzando su ataque a las piernas, logrando rodear al titán por los tobillos.

-¡Aros celestes! -los aros de energía de la amazona de Columba, envolvieron al monstruo por las rodillas y junto con la cadena de Andrómeda lograron mantener las piernas de Tifón inmovilizadas, justo a tiempo para que Aiacos entrara en acción.

El juez de Garuda, rodeó al titán a la altura de las caderas, mientras aleteaba, provocando sus ráfagas de aire cortante que mutilaron a las serpientes que le colgaban del torso -¡Aleteo de Garuda!- invocó el imponente guerrero, provocando chillidos horribles de parte de Tifón al ver caer cercenadas a sus víboras.

-¡Marioneta cósmica! -lanzó el juez de Grifo hacia las alas, sin embargo la fuerza impresionante con la que Tifón las batía, era desmesurada, incluso para él -¡RADA... ATENIENSE!... apresúrense, no... lo podré detener por mucho tiempo...

-¡AMAZONA! -ordenó el de Wyvern a Shaina- ¡haz lo tuyo!... Dhonko... nuestro turno!

Presto, Dhonko y Radamanthys, invocaron cada uno sus técnicas de cosmo.

-CIEN DRAGONES DE ROZAN

-ONDAS INFERNALES

Junto con Ikki y Algor que la cubrían, Shaina emprendió la carrera hasta situarse frente a Tifón, que desesperado, trataba de batir a Minos con sus brazos para que le soltara las alas.

Ikki, levantó a Shaina en brazos y la lanzó hacia arriba -¡A MI COBRA!- invocó ella y cortó la garganta del monstruo impidiendo que siguiera lanzando lava, sin embargo, el corte no fue lo suficientemente profundo para degollarlo, pero al menos lo dejaba desarmado, mientras lo volvían a su antigua prisión.

Tifón se desplomó hacia el Tártaro, revolcándose furioso, gracias a la habilidad y fuerza tremenda de los guerreros de Atena y Hades.

-Bueno -suspiró Dhonko más tranquilo- al menos... lo atontamos

Radamantys de Wyvern, le dedicó una sonrisa burlona y le dio una palmada en el hombro – si tú lo dices...


Atlantis

-Sorrento... ¡duérmela!... - Krishna intentaba junto con Baian de noquear a la Equidna, que se mantenía enrollada con su cola de serpiente, en lo que quedó del Pilar del Atlántico, lanzando su veneno a los guerreros, y aullando de forma espantosa.

Las órdenes de Poseidón, habían sido claras, no debían matarla, solo encerrarla en el Soporte Principal, así que sus generales marina, iniciaron con la táctica para aprisionar al monstruo.

Sorrento colocó la flauta en sus labios e interpretó una melodía lenta, que hizo que la criatura comenzara a adormilarse. Krishna, de inmediato, creó una ilusión, en la que el Soporte Principal, se parecía a una cueva y Atlantis, al país de los Arimoi, donde Zeus desterró a Equidna en la Era del Mito.

La gigantesca criatura empezó a soltarse poco a poco del pilar y sumisa, se arrastró hasta la entrada del Soporte Principal, custodiada por Baian, Eo y Caza, mientras Krishna meditaba para mantener la ilusión y Sorrento caminaba delante del grupo, interpretando la melodía con la flauta, en un tono tan bajo, que solo afectaba a la criatura.

A la entrada del Soporte Principal, Poseidón aguardaba por Equidna, para cerrar él mismo la entrada y controlarla, en caso de que al momento de que dejara de estar bajo los efectos de la música, quisiera pasarse de lista.

-Bien monstruo... gracias a ti, Zeus va a escucharme de nuevo


Inframundo. El Límite

Tifón se revolvió furioso, lanzando a Minos, Dhorte y Shun por los aires, sin embargo, afortunadamente el agarre de Minos y Shun no se rompió, evitando que el monstruo escapara.

Una máscara de amazona cayó a los pies de Dhonko, seguida de un grito que le alertó de que algo se le venía encima -ahhhhh...

Desconcertado, Dhonko se encontró de repente, con una amazona en brazos, cuyo cuerpo temblaba como reacción al tremendo golpe -¿estás bien?- la muchacha no respondió. Preocupado, la volvió para revisarla y se topó de frente con el hermoso rostro de Dhorte, quien mantenía los párpados apretados debido al dolor y un hilo de sangre se abría camino desde su ceja izquierda hasta la barbilla –tremenda herida- dijo el de Libra, tomando un trozo de su propia capa para sellar el sangrado.

La alemana, abrió sus enormes ojos azules, al percibir la delicadeza de Dhonko al tratar su herida, comportamiento opuesto a la violencia descomunal con la que se enfrentaba en batalla. Tal actitud del caballero, la sumió en un embelesamiento tal, que por un momento olvidó su verdadera razón de estar allí.

-Niña… te pregunté que si estás bien…

-Maestro... yo…

-Niña disculpa, pero este no es el momento... -dijo Dhonko asumiendo que la muchacha iba a sacar a relucir que la había visto sin máscara y que tenía que cumplir con su responsabilidad.

Las duras palabras del maestro la volvieron a la realidad. Dhonko tenía que saber lo que ella iba a decirle ahora y por lo tanto, no estaba dispuesta a ser ignorada, así que en un arrebato de insensatez, tomó el rostro del dorado y a sabiendas de que esto le costaría un castigo mayúsculo, lo besó apasionadamente en los labios.

Por su parte, a pesar de lo severo que podía llegar a ser, el caballero de Libra, no resistió el encanto de aquel beso y se dejó llevar por los segundos que duró ella en acariciarle los labios con los suyos. La batalla fue corta, pero terrible y la tensión había pasado, así que un beso para cerrar ese episodio… no le parecía mal.

-Si que eres una chiquilla imprudente- le recriminó él cuando se separaron.

-Al menos... logré llamar su atención... maestro

Dhonko dejó escapar una cristalina carcajada -bueno, acepto que me sorprendiste... sobre todo por las circunstancias…

-Si tuviera otra oportunidad, le aseguro que buscaría el lugar y el momento correcto… sin embargo, tengo que hablarle… y no es de amores

Dhonko arqueó las cejas sorprendido.

-Si es relevante lo que vas a decirme y no es algo así como "maestro es cierto que tiene más de doscientos años"... puedes hablar ahora amazona

Un nuevo estallido se escuchó cerca del Abismo, Dhonko levantó a la chica en brazos y se atrincheró detrás de un grupo de estalagtitas cercanas

-Maestro...

-Vamos a tener que posponer nuestra conversación... y no creas que lo que hiciste se quedará así... –contestó el de Libra, besándola rápidamente, antes de alejarse para continuar con la batalla. Dhorte no pudo dejar de mirarlo cuando se fue y cerrando los ojos suspiró profundamente, disfrutando el aroma del caballero impregnado en sus labios.

Una vez volvió a la realidad, Dhorte reacomodó su gruesa trenza rubia y se colocó de nuevo la máscara. Cuando se hubo puesto de pie para volver al ataque, tanteó su seno, buscando algo y suspiró aliviada al sentir el objeto metálico que guardaba en su pecho.


Santuario, Templo Principal y alrededores

Algunas casitas del pueblo resultaron dañadas y mucha de la mercadería de los negocios, yacía en el suelo. Los rodorianos, no estaban acostumbrados a los temblores y con una mezcla de terror y asombro vivieron aquella experiencia, elevando plegarias a su amada diosa para que los protegiera de tan tremenda sacudida.

Mientras tanto, en el comedor Principal, Marín y Misty, corrieron a auxiliar a Shion cuando se desvaneció en la mesa, justo en el momento en que comenzó el sismo. Con sus propios cuerpos, protegieron al Santo Patriarca de cualquier objeto que pudiera caerle encima y hacerle daño.

Otros guerreros presentes, se apresuraron a sostener las columnas para que no cayeran sobre de los aprendices y entre June y Geki, sacaron a los más chicos del comedor, para evitar un accidente.

Una vez pasó el sismo, Shion comenzó a volver en sí y en medio de la ensoñación provocada por la debilidad, balbuceaba los nombres de sus amados caballeros dorados; Shura… Mu… Kanon… Angello…

-Señor –decía Marín, preocupada por el semblante cansado del Patriarca- tranquilo, está en el Santuario… los dorados están de vacaciones... ¿ya no lo recuerda?

-Ellos… -Marín le acercó una copa con agua porque la voz apenas le salía- mis… mis niños… están en peligro

-Señor –se apresuró a preguntar Misty, mientras le secaba el sudor- ¿qué fue lo que vio?

-Esto… esto no fue un terremoto –murmuró Shion, en medio de un delirio- fue… una liberación

-¿Una liberación?

-En el Tártaro… los titanes… Equidna, Escila y Caribdis


Inframundo

-Algor entra al mar para que tengas lista la prisión

-Si señor -contestó el de plata

-Señor, yo puedo ir a ayudarle

Dhonko asintió de mala gana, ya que no le hacía nada de gracia que Dhorte se expusiera al peligro, ya que ella le gustaba y además le agradaba la idea de estar con alguien otra vez.

Ahora que Tifón había caído, era la oportunidad para volverlo a su cautiverio y de paso, descubrir cómo pasó todo aquel desastre. Por eso, Ikki se unió a los de plata con el fin de averiguar qué le habían obsequiado a Briareo para que soltara las bestias. Dhonko estaba convencido de que un dios estaba detrás de aquello y por supuesto que todos eran sospechosos, sin embargo la única forma de averiguarlo, era quitándole la reliquia al Centimano.

Con algo de aprensión por la seguridad de Dhorte, el caballero de Libra vio a los tres guerreros desaparecer en las inertes aguas del Tártaro.

-Todo saldrá bien maestro -Shun habló detrás de Dhonko, muy cerca de donde él se encontraba- ya lo más diflicil pasó

El de Libra suspiró, sin dejar de mirar, las tres figuras de los guerreros sumergirse en el Tártaro.


Llegar a los dominios de Briareo, les llevó aproximadamente cinco minutos de nado a gran velocidad, ya que el abismo tenía al menos ochocientos metros de profundidad.

Al salir del abismo por la parte de abajo, ya en tierra seca, cayeron en un complejo de túneles cavados en la roca, a cuyos lados se apostaban decenas de gigantescos calabozos. Las aguas del Tártaro servían de techo a la enorme depresión y los aullidos de los prisioneros hacían eco en las paredes, erizando la piel de los guerreros.

-Este definitivamente no es un lugar al que desearía volver -dijo Ikki mirando a todas partes- compañeros, yo sugiero que nos separemos para apresurar esto... la verdad no me gusta estar aquí

-Estoy de acuerdo contigo -contestó Algor sin disimular que el lugar tampoco le gustaba

-El maestro dijo que no nos separáramos -intervino Dhorte deteniendo a Algor por el brazo- no podemos desobedecerle

-Lo siento por ti linda... pero yo no le obedezco a nadie -Ikki se dio media vuelta y tomó su propio camino, sin importarle lo que había ordenado Dhonko.

-Diablos Fénix, entonces has lo que te venga en gana -gruñó Dhorte, dispuesta a continuar el camino por donde venían, Algor, por su parte, se desvió hacia la derecha ignorando también a la mujer- igual... me vale... púdranse los dos si quieren

Tras un rato de caminata, Dhorte llegó al único calabozo que tenía la reja fuera de sus goznes -esto si es un problema mayúsculo, ojalá y ese desagraciado fénix haya encontrado al centimano, de lo contrario no podremos encerrar al bicho sin una puerta que lo sostenga...

Sin saber muy bien qué hacer, se dispuso a volver sobre sus pasos para buscar a sus compañeros y recomponer la celda, sin embargo, el destino le tenía una desagradable sorpresa.

-Hola Dhorte...

- -susurró ella desconcertada- ¿no es que tú ibas por tu cuenta?¿qué estás buscando aquí?

-Algo que tienes y yo necesito -contestó Ikki con una macabra sonrisa.


El Cairo, Egipto

-SAGA… SAGA –gritaba desesperado Aiorios, corriendo por los aposentos de la habitación en busca del geminis mayor, cuando un retumbo se escuchó y todo comenzó a moverse violentamente.

Correr por el pasillo sin golpearse con las tambaleantes paredes, fue toda una hazaña. Con dificultad, entró a la habitación de Saga y lo encontró tendido en la cama, con la mirada clavada en la madera del cielo raso.

-SAGA -gritó Aiorios sacudiendo al gemelo- ¡Saga por la diosa!... tenemos que salir de aquí

Saga no movió ni una pestaña.

-Saga... es un terremoto ¿es que no te das cuenta? -gritó el arquero, tratando de esquivar, los trozos de concreto que caían encima de sus cabezas- Saga, si no contestas me iré solo -Aiorios sabía que no haría eso, sin embargo creyó, equivocadamente, que la amenaza funcionaría. Así que emitiendo un gruñido, se agachó y tomó al catatónico gemelo del brazo, para arrastrarlo con él hacia la salida y ya en el marco de la puerta, lo abrazó para protegerlo hasta que pasó el sismo.

Aiorios respiró aliviado cuando el movimiento cesó, después de unos minutos que le parecieron eternos. Afuera se escuchaban los gritos de las personas y por la puerta que daba al balcón, se divisaba una nube de polvo que se alzaba por encima de los edificios, señal inequívoca, del colapso de algunas estructuras.

Preocupado aún por el estado de Saga, deshizo el abrazo y tomó el rostro del gemelo con las dos manos, para obligarlo a mirar a sus ojos -Saga... soy yo... Aiorios... ¿qué te hizo? ¿estás herido?

Cuando Saga al fin mostró una reacción, algunas lágrimas corrieron por sus mejillas -Aiorios... ese que tomó el lugar de mi hermano... me hizo recordar... -continuó con un hilo de voz- me hizo verlo todo

-¿Recordar qué Saga?

-Todo... todo lo que hizo Arles


Laponia, Suecia

Como por instinto, tomó a sus compañeros, cuando sintió la tierra moverse y la montaña se les vino, literalmente encima.

La terrible avalancha bajó con una fuerza temible, arrastrándolos y vapuleándolos por cientos de metros de ladera. A pesar de eso, Aphrodite mantuvo a Milo agarrado de la chaqueta, sin embargo, sostener a Shaka le fue imposible -Sha... Shaka- gritaba esforzándose por aferrarlo de nuevo, ya que la nieve le entraba en la boca ahogándolo -mi... mano...

Por su parte, Shaka trataba de caer con los pies de frente para no recibir golpes mortales, de repente sintió una mano tomándolo de su chaqueta, al mismo tiempo que veía abrirse, frente a él, un enorme abismo, por el cual caía la nieve, como agua en una catarata.

Por todos los medios, Shaka intentó aferrarse a algo, para no caer en la gruta, sin embargo, chocó con sus compañeros violentamente y no pudieron evitar caer por el abismo.

Para fortuna de los tres chicos, Shaka aún traía consigo uno de los bastones para esquiar y atinó a clavarlo en el borde de la gruta, apenas a tiempo para permanecer aferrado a "tierra firme". De inmediato, un bulto negro con azul, pasó a su lado en medio de una cascada de nieve, y con agilidad logró tomar a Afro con la mano libre antes de que cayera de clavado en el fondo de la gruta -toma mi brazo

-Ufff... eso... eso estuvo más que cerca... -jadeó el pez, moviéndose como péndulo de la mano del rubio.

-AHHHHHHHHH! -el grito de Milo los puso en alerta. Por encima de su cabeza, Shaka distinguió al peliazul cayendo hacia la gruta. No fue necesario que se pusieran de acuerdo, Shaka aferró más fuerte al sueco, quien se balanceó justo a tiempo para agarrar a Milo de un brazo.

-Te tengo bicho...

-Se te agradece… alumina -contestó el escorpión agitado.

Una vez pasado el movimiento y con menos nieve cayéndoles encima, respiraron un poco más tranquilos -hey muchachos ¿están bien?

-Tengo golpes en todas partes y perdí mis hermosos esquís –contestó el pez.

-Me siento mareado, sin dignidad y atiborrado de nieve -contestó Milo- pero sigo vivo

-Bien -dijo Shaka pujando- yo... efectivamente estoy golpeado y por si no lo pueden ver, les informo que nuestras vidas penden de uno de mis bastones, el cual creo no soportará, es mucho el peso

-Oiste pez -dijo Milo riendo agitado- estamos gorditos...

-Oye... el más pesado aquí eres tú -si había algo que molestaba a Afro es que se refirieran a su peso.

-Oh... sensible con el peso... -dijo Milo con una risilla triunfal, al descubrir algo que realmente molestaba al peliceleste- estás redondo pecesito...

-No estoy gordo bicho del demonio

Shaka entornó los ojos, a veces pesaba que era el único adulto en ese grupo -compañeros...- dijo al sentir que el bastón de esquiar cedía –les aseguro que no es el momento... para discutir de su peso

-La verdad es que eres un pez escuálido...

-No soy escuálido...

-Si caemos, es por tu enorme trasero de pescado

-¡Si mi trasero es enorme, el tuyo es una abominación!

-Solo es el suficiente... para deleitar a quien se lo merezca... -contestó Milo levantando las cejas coquetamente.

Mientras Afro y Milo discutían acerca del tamaño de sus nalgas, el bastón no soportó más.

-Que la diosa nos acompañe -susurró Shaka- al ver el bastón quebrarse…


Jamil, frontera entre China la India

Las violentas sacudidas del terremoto, provocaron una oscilación tan fuerte del puente de hamaca, que los tres chicos del grupo rojo, no pudieron mantenerse en pie y tuvieron que aferrarse como pudieron a las cuerdas del puente.

-¡Enrédense en las cuerdas! -gritó Shura al ver que los nudos de fibra natural cedían al movimiento y comenzaban a adelgazar en medio. Y tal como predijo, las cuerdas cedieron y reventaron cuando la oscilación se tornó más fuerte.

-¡CHICOS NO SE SUELTEN!

De inmediato, ambas partes de lo que quedó, cayeron, cual trapecio, hacia su respectivo lado, chocando contra las paredes de roca y de paso, golpeando fuertemente a los caballeros.

A pesar del impacto, los tres muchachos se sujetaron con todas sus fuerzas de aquel péndulo, hasta que la oscilación comenzó a mermar –estamos del mismo lado- jadeó Shura, cuando pasó el terremoto- eso es bueno… –y miró hacia abajo, pasando saliva con dificultad- y seguimos en el puente… eso… también es bueno

En una posición muy complicada, los tres excaballeros dorados quedaron pendiendo del lado que daba a la torre de Jamir. Biralo gruñía desesperado al pie del acantilado, asustado por la suerte de sus amos y para cuando la tierra dejó de moverse habían pasado al menos dos minutos.

-Uff... -bufó Aioria, quien se encontraba en el extremo inferior de aquella especie de hamaca- bueno… al parecer, ya terminó

-¡Mu! –gritó Shura, preocupado por el silencio del lemuriano- ¿estás bien?

-Odio las alturas… sobre todo si no tengo mis poderes –contestó el pobre pelilila cerrando los ojos con fuerza- esto es… una pesadilla

-Aioria… ¿y tú qué tal?

-No voy a soportar sujetarme por mucho… tiempo… creo que me disloqué un hombro, no soporto mover el brazo

Aioria lastimado, Mu emocionalmente impactado y él en medio… ¿qué podía ser peor?

El sonido inconfundible de la fibra, cuando está demasiado tensa y comienza a reventar.

Sí, se podía poner peor.

-Chicos… escuchen –dijo Shura tratando de parecer calmado- saldremos de esta… Mu… quiero que sujetes a Aioria cuando esté a tu lado ¿de acuerdo?...

El aludido afirmó con un hilo de voz y sin abrir los ojos.

-Aioria… esto lo vamos a hacer entre tú y yo…

-Shura… el puente está cediendo, no tengo donde apoyar los pies

-Gato eres un caballero dorado… tú también Mu… ¡compórtense los dos como tales! –dijo el español en un tono que no daba a pie a réplica, sobre todo porque la cuerda seguía reventando- háganle honor a su rango y obedezcan carajo

Shura enredó su muñeca izquierda en unas cuerdas más pequeñas y más flexibles y giró el cuerpo en su eje, con una habilidad digna de un malabarista. Le tenía miedo a la altura, no lo podía negar, pero no iba a permitir que algo les pasara a los más chicos.

-Sujétate –dijo tendiéndole la mano a su compañero, quien se veía inseguro y asustado.

-No… no sé… creo que no… podré hacerlo

Shura inhaló y tomó firmemente la mano del león.

-Tranquilo Aioria... nunca te voy a dejar caer... te lo prometo


El Cairo, Egipto

-Aiorios... -Saga pareció salir de su estupor y tomó a Aiorios por los hombros mirándolo con los ojos muy abiertos- sé donde lo tienen...

-Pero Saga... todo es un caos, acabamos de tener un terremoto... –y de pronto el arquero se incorporó, al reparar en las palabras de Saga- ¿a quién tienen? ¿a Kanon?

-Vamos Aiorios -dijo Saga incorporándose de golpe, tomando a su desconcertado amigo por el brazo. Ambos tenían puesta la ropa de la madrugada anterior y apestaban a una mezcla de licor, sudor y cigarro y Saga obligó a Aiorios a seguirlo por los pasillos del hotel, hasta que salieron del semi derrumbado edificio.

Al salir del hotel, efectivamente se encontraron con un caos en la calle. Algunos vendedores recogían, lo quedaba desperdigado de sus puestos en el suelo y había gente con ataques de histeria por todas partes.

Saga emprendió la carrera a toda velocidad delante de Aiorios y de vez en cuando se detenía en alguna intersección de callejuelas y cerraba los ojos buscando una dirección que ni él mismo conocía –¿Saga qué haces?

-Lo busco… esta vez no lo voy a dejar solo… lo juro


Toscana, Italia

Cuando se percató de los gritos de Angello y Aldaberán, ya era tarde.

La sombra de una ola gigante lo cubrió por completo y después, simplemente, no pudo escapar, todo pasó muy rápido. De un momento a otro, la gran ola lo golpeó fuertemente, haciéndolo perder el control de su cuerpo y lanzándolo contra las rocas, provocando profundas heridas y moretones, sobre todo en el costado derecho y las dos piernas. Sin embargo, justo cuando logró emerger, otra ola gigante le golpeó de nuevo.

Emergiendo apenas, aspiró aire con fuerza e intentó ponerse en pie y en un segundo que logró estabilizarse, divisó de largo la figura de Angello intentando alcanzarlo desde las rocas, donde también recibía los golpes del tsunami –An… ange… -no pudo llamarlo debido a que la corriente lo sumergía y el agua le entraba por la boca y la nariz- ange…- de repente, algo le dio en la nuca y no supo más de sus amigos.

-¡CAMUS! -Angello emergió de las aguas a como pudo, sin embargo, por más que lo intentaba, no podía avanzar mucho, ya que la fuerza de las olas aún era tremenda a pesar de que había pasado un buen rato desde que comenzó todo aquello. El mar traía consigo gran cantidad de basura, y trozos grandes de barcos o árboles que eran muy peligrosos, también animales muertos- ¡CAMUS!

Angello estaba agotado, pelear contra el mar enfurecido, había extraído su energía casi por completo, de pronto sintió que alguien lo jaloneaba hacia afuera, aunque él luchaba por soltarse.

-Angello -era Aldebarán, su semblante y su voz estaban llenos de dolor- ya Angello... llevamos una hora buscándolo... ya... ya basta

-Déjame -ambos hombres habían llegado a la playa, Aldebarán se tiró sentado en la arena a ver el mar y Angello estaba de rodillas sollozando desconsolado -lo dejamos toro... lo dejamos solo...

A Aldebarán las lágrimas comenzaron a empaparle el rostro, mientras miraba al Sol ocultarse detrás de ese mar sucio y revuelto que les había arrebatado a su amigo -Cami... Cami... hermano... lo siento... lo siento mucho


Jamil, frontera entre China y la India

Aioria suspiró, miró al fondo del abismo y decidió confiar, pemitiendo el agarre al español, quien le sonrió cariñosamente, como lo recordara cuando era un niño –anda cachorro –dijo Shura pujando por el esfuerzo- un paso a la vez, yo te levanto y de inmediato te apoyas con los pies y subes.. ¿de acuerdo?... sigue mi ritmo...

El león asintió en seguida y con paso decidido, se sincronizó de manera perfecta con su compañero y así fue ascendiendo poco a poco con su ayuda, manteniendo inmóvil el hombro adolorido y cargando varios kilos de equipaje y provisiones, hasta que estuvo a la distancia necesaria para tomar la mano de Mu, quien lo recibió y lo colocó a su lado de un solo tirón.

Shura, mientras tanto, en su afán por evitar que Aioria cayera, exigió demasiado la muñeca con la que se sostenía de la cuerda y en el momento en que dio el último jalón al león para que se encontrara con Mu, algunos huesos no soportaron el esfuerzo y cedieron, haciendo que gruñera de dolor.

-Shu –le gritó Aioria- ¿estás bien?

-Suban –dijo él jadeando- suban ya, esto… no soportará

-Pero Shura –quiso decir Mu con angustia

-¡Que suban ya! –les gritó.

Mu y Aioria asintieron obedientes, apresurándose a ascender los treinta metros que los separaban de la seguridad del borde, para ayudar en cuanto llegaran a Shura, quien se encontraba tratando, sin éxito, de desatar su muñeca fracturada para comenzar a subir.

Mu y Aioria llegaron arriba, pero Shura no había comenzado a subir, estaba demasiado adolorido y el sonido de las cuerdas desgarrándose como su muñeca, lo hacía considerar cortarse la mano para no sentirla más.

-¡SHURA! –gritó Aioria desde el borde- tienes que subir ya, Mu… no lo voy a dejar allí –al león le temblaba la voz de la angustia, mientras Mu buscaba desesperado en su mochila, hasta que dio con la cuerda y arneses que usarían en sus paseos por la montaña.

-Aioria tienes que bajar tú y yo los subo… tu hombro no puede soportar el peso de nosotros dos

-Mu… amárrame ya…

Rápidamente, Mu colocó los arneses para que el león bajara de forma segura y se paró en el borde, rodeando con la cuerda su cintura a manera de polea, mientras con los brazos regulaba el avance de descenso de Aioria.

Mientras Aioria bajaba, con algo de dificultad por su hombro dislocado, las cuerdas del puente colapsaron rápidamente y el tejido se deshizo al tiempo que la estructura empezó a caerse a pedazos.

Vamos Aioria… vamos Aioria –pensaba Mu angustiado, mientras esperaba que el león jaloneara la cuerda en señal de que había llegado donde estaba Shura.


Shura se había resignado a morir, hacía un tiempo, escuchó por allí, que cuando una persona cae de gran altura, no muere a causa del impacto, sino que la impresión de caer, provoca un paro cardíaco que lo mata antes de reventar contra el suelo … al rato ni sienta el golpe… se decía con una risilla cansada.

Pero cómo le dolía terminar sus días allí y no dignamente en una batalla.

Lo que tenía que pasar pasó y el puente cedió al fin al peso que soportaba y se vino abajo, con todo y excaballero de capricornio. Shura cerró los ojos, a la espera de que el dichoso paro cardíaco lo matara, pero en lugar de eso la mano cálida de un amigo, aferró la suya con firmeza.

-Nunca te voy a dejar caer Shura… te lo prometo


Laponia, Suecia

-Auch -se quejó Afro en medio de Milo y Shaka.

Cuando el bastón de Shaka no pudo sostenerlos más y se fueron al fondo de la gruta, se toparon con una pared inclinada, unos cuantos metros más abajo, por la cual rodaron hasta el fondo, suavizando el golpe, sin embargo cayeron uno encima del otro -Milo, quítate de encima... me presionas la barriga y creo... que matamos a... Shaka... ¡Shaka!...

-…

-Diablos Shaka, di algo

-Algo -contestó el rubio en medio de un quejido.

-Está vivo Milo… –Afro, empujó al escorpión de encima suyo, con las dos manos apoyadas en la espalda de este- trata de ponerte… de… pie

-Estas botas y los esquís son… muy incómodos…

Con dificultad, debido a la posición y a la ropa que llevaba, Milo se incorporó y de inmediato se volvió hacia Afro para echarle una mano.

-Shaka... Shaka dime que estás bien -exclamó Milo acongojado, aprestándose a ayudar al aturdido rubio, quien se encontraba boca abajo sobre el suelo. Con mucho cuidado para no empeorar cualquier lesión, los dos amigos, lo volvieron boca arriba, de forma que pudieran revisarlo.

A pesar del frío, Milo le abrió el abrigo, mientras Aphrodite le quitaba los zapatos de esquiar -Shaka... Shaka en serio... ¿cómo te sientes?

-Algo... atontado -dijo con una voz débil.

-¿Te duele algo?

-La pierna derecha - Afro se dispuso a revisarlo y después de luchar con todos los pantalones que tenía puestos, efectivamente encontró una lesión seria. Shaka había caído sobre su rodilla, provocando que se desmontara la rótula y esto a su vez desgarró varios músculos, ocasionando un extenso derrame interno de sangre.

-¿Se ve terrible? –preguntó Shaka ante la mueca de dolor en los rostros de sus dos compañeros

-Ehhh… si algo así –contestó Milo, rascándose la cabeza y bajando la voz hasta un susurro, para hablarle a Afro- vamos a tener que montarle la rodilla, para evitar que esto se desgarre más… es un desastre

-Milo… eso nunca aprendí a hacerlo –contestó Afro de la misma forma, tratando de disimular delante de Shaka- en una persona no…

-Tranquilo, tú lo sostienes para que no se revuelque por el dolor y termine lastimándose más…

-Compañeros… ¿pueden decirme qué pasa?

-Nada Shaka –dijeron los dos al unísono con una sonrisa y se volvieron para continuar discutiendo.

-Milo… ¿has hecho esto antes?

-No… o al menos no me recuerdo

-Lo que yo recuerdo es que nunca ponías atención a las clases de Eneas

-Tú tampoco, puesto que no sabes cómo hacerlo…

-Bueno si, pero tengo un parte médico que me declara oficialmente distraído, se supone que tú no…

-Muchachos ¿podrían dejar de hablar de mi como si no estuviera?

-Tranquilo Shaka, no hay de qué preocuparse –dijo Milo con una radiante sonrisa- bueno… bueno, como sea… el asunto es que me temo que esto se ponga tan mal que haya que amputarlo…

-Milo ¿de qué hablas?... aquí no hay que amputar nada… tal vez tu cerebro, arácnido…

Ignorando la discusión entre sus compañeros, Shaka se incorporó despacio, conforme el dolor lo dejó moverse y decidido, levantó la mano derecha con el puño cerrado –yo si me acuerdo como había que hacerlo- y ante la mirada atónita de sus compañeros se dio un golpe en la rodilla, que volvió la rótula a su lugar, sin embargo el dolor fue tan espantoso, que apoyó su cabeza en el hombro de Afro y mordió la manga de su abrigo para ahogar un grito.

-¡Shaka!... pe… pero si es que eres… estás loquito de verdad

-Duele –dijo en un hilo de voz, mientras jadeaba- dema… siado


Templo Principal

-Señor, no podemos comunicarnos con los caballeros dorados. Ptólemy ha puesto todo su esfuerzo en ello, pero las líneas en general, están hechas un caos

Shion dirigió la mirada hacia un lado, preocupado por la seguridad de aquellos a quienes consideraba sus hijos –no te preocupes Misty, lo comprendo- dijo incorporándose de la cama para levantarse.

-Señor –señaló el de plata- no debe hacer eso, está usted delicado…

-Misty –contestó el Patriarca, poniendo la mano en su hombro cariñosamente- ha sucedido algo terrible y no puedo simplemente quedarme acostado aquí a pensar… vamos ayúdame –y se dirigió a algunos miembros de la Orden, que estaban acompañándolo- Junet, Kalia, Nachi y Dante –los aludidos dieron un paso al frente e hicieron reverencia- cada uno irá en busca de uno de los grupos de dorados… Misty les indicará… - y poniéndose de pie siguió con las instrucciones- no intervengan a menos que exista una situación de vida o muerte, no se dejen ver, recuerden que ellos son superiores a ustedes y aunque estén bloqueados son hábiles y perspicaces… vuelvan lo antes posible para que nos informen del estado de los muchachos por favor…

-¿Qué hacemos los demás? –preguntó tímidamente Geki.

-Divídanse en dos grupos… la mayoría ayudará en Rodorio y otros revisarán el Santuario… pueden retirarse jóvenes

-Maestro – se acercó Marín algo acongojada- podría ir yo a…

-¿Preocupada por alguno en especial?

-Yo… la verdad yo –tartamudeó ella nerviosa.

-Hija –Shion la miró cariñosamente- quédate a ayudar aquí, irán aquellos que no están ligados sentimentalmente con alguno de los chicos

-Pero yo… ¿lo sabía entonces?

Shion asintió -¿estás segura de que podrías abstenerte de hablarle cuando lo tengas cerca?... realmente no quiero que sepan que los envié a vigilar… -Shion bufó- se enojarían mucho conmigo… como si no los conociera…

Marín asintió con la cabeza gacha y frotándose los brazos apenada.

-No te preocupes… tu secreto está a salvo conmigo… -dijo él riendo- en cuanto sepamos algo, te mando a llamar para informarte… ¿de acuerdo?

-Gracias señor…

-Entiendo lo que sientes… ellos son lo que más quiero y no podría pensar en perder a uno solo –Shion suspiró apesadumbrado- no lo soportaría…


Laponia, Suecia

Entre Afro y Milo, lograron poner cómodo al adolorido Shaka, en un rincón de la gruta e inmovilizaron su pierna. Afortunadamente, Afro acostumbraba a cargar algunas cosas cuando iba a esquiar y en el momento en que el terremoto ocurrió, llevaba una pequeña mochila llena con cosas de comer y beber.

-Toma Shaka… sé que está en contra de tus creencias, pero debes beberlo para calentarte

-¿Qué es? –preguntó el rubio desconfiado ante la tacita que le brindaba su compañero.

-Chocolate caliente con brandy y mantequilla – y al ver la expresión de recelo de Shaka, bufó- hecho con leche y mantequilla de vacas felices, alimentadas en pastizales silvestres, sin aditamentos químicos y 100% cacao orgánico natural, cultivado por mujeres indígenas centroamericanas –Shaka arqueó las cejas- el brandy… no sé…

-No te burles…

-No me estoy burlando, soy igual de histérico que tú con lo orgánico y eso… lo que pasa es que no me gusta que se den cuenta ¿de acuerdo?

-Entonces deja de fumar…

-Padezco de ansiedad…

-¿Y los cigarros te la quitan?

Aphrodite se sentó mirando hacia el lado contrario de Shaka –no,… solamente me calman un rato y por cierto que me muero por uno

-La paz viene de adentro… no la busques afuera –Shaka tomó la tacita que Afro tenía en la mano- mmm… está rico –contestó el rubio sonriendo agradecido.

En ese momento llegaba el escorpión de un viaje exploratorio.

-Espero que te refieras al chocolate –rió Milo con picardía.


Milo se había alejado para explorar un poco el lugar donde se encontraban y mientras, Afro luchaba por lograr que Shaka bebiera un poco de chocolate, el exescorpión caminó por la gruta, hasta llegar a una parte tan estrecha que no pudo pasar. Como último intento, escaló algunos metros hacia un pequeño claro que vio desde el suelo, y no pudo avanzar debido a lo liso de las paredes, de todos modos, empezaba a oscurecer y no pudo distinguir gran cosa.

Algo frustrado trató de buscar un espacio por el que pudiera salir aunque fuera uno de ellos, sin embargo, la gruta estaba completamente sellada. Con furia, propinó algunos puñetazos intentando romper el hielo, pero fue inútil, la nieve estaba muy compacta y era imposible quebrarla.

La luz era escasa, así que decidió volver suspirando desanimado por tener que darles la mala noticia a sus compañeros. Sabía que Afro estaba muy preocupado por la salud de Shaka y su vulnerabilidad al frío y la verdad es que él tenía los mismo temores.

Con cuidado, se deslizó por la pared hábilmente hasta llegar al suelo y de allí apuró el paso para llegar donde se encontraban los otros dos; Shaka atendido por Afro, como un niño que no quiere comer y que al final accede a probar lo que le están ofreciendo.

-Mmm… está rico...

-Espero que te refieras al chocolate

-¿Y cómo te fue malpensado? -dijo Afro con cara de ofendido.

Milo suspiró y se sentó al lado de Shaka, abrazándose las piernas con los brazos.

-Desgraciadamente chicos, me temo que estamos bien atrapados.


Inframundo

-Dhorte... Dhorte... -al ver a la hermosa rubia salir del agua, ayudada por Algor y tomándose un costado que sangraba profusamente, el caballero de Libra corrió a auxiliarla- pequeña... ¿qué fue lo que le pasó? - dijo él tomándola en brazos y acuclillándose para recostarla- ¿dónde está Ikki?

-Maestro tenemos que hablar -contestó Algor con una expresión grave en el rostro- tiene que ver con el Fénix

-Ma... maestro

-Dhorte… tranquila, saldrás de esta... Algor ve a ayudar a los otros -y inhalando aire, le dijo bajando la voz- pronto... te alcanzo -el de plata hizo una reverencia y se retiró sin replicar, sabía reconocer cuando a un compañero caído no había mucho que hacerle.

-No importa, señor –ella se introdujo una mano en el peto y sacó un medallón- tome… señor

-¿Qué es esto? –preguntó él tomando el objeto, hecho en tres colores de oro. Al centro estaba agrietado y tenía unas inscripciones en griego antiguo:

λανθασμένος - ερείπιο - εξαπάτηση - τρέλλα

Mal / Ruina / Engaño / Locura

-Es… el sello de… Kampe –contestó ella jadeando. Dhonko le quitó la máscara para que estuviera más cómoda- si ella regresa… encerrará a… los Hecatónquiros

-Y se liberarán los Titanes –murmuró el de Libra. Dhorte gimió por el dolor, así que Dhonko revisó la herida para ver qué tan grande era y al correr la tela de la blusa, se encontró con un tajo a la altura del hígado y entonces no pudo disimular la tristeza por el mal estado de la muchacha.

- Cuidado con… los Pseudos… hay… varios… no se confíe

-Tranquila, no tienes que alterarte - contestó él quitándose la capa para usarla como compresa y detener un poco la hemorragia.

-No… se preocupe… maestro, yo sé que no hay mucho que… hacer… nos… prepararon para esto –dijo ella con calma- pero… lo importante… es que… usted tiene ese sello…

-Dhorte… linda ¿esto era lo que buscabas en Acuario el otro día? –ella asintió- lamento… que hayas tenido que asumir esta responsabilidad

-Ha sido… el mayor de los honores… señor –dijo ella cada vez más débil- mi diosa… me lo ha… pedido…

Él le dio un beso en la frente y le limpió algunas lágrimas que le corrían por el rostro.

-¿Puedo hacer algo por ti? –preguntó él al verla desfallecer rápidamente y entonces, ella sonrió avergonzada.

-¿Un beso… de despedida… es mucho pedir?

Él contestó negando con una sonrisa dulce y acariciándole la mejilla y el cabello, besó a la agonizante amazona con dulzura, una y otra vez hasta que ella no le correspondió más y exhaló un último suspiro cobijada al calor de su pecho.


Alrededores del Canal de Suez

Aiorios y Saga llegaron a las costas del Canal de Suez, empapados en sudor, debido a la tremenda carrera desde el hotel, sorteando infinidad de obstáculos tirados en la calle debido al terremoto.

Saga se detuvo un momento frente al mar y de pronto corrió hasta unas formaciones rocosas que empezaban a cubrirse por una marea anormalmente alta.

-Está por aquí...

-Saga disculpa -dijo Aiorios jadeando- ¿cómo sabes que él está aquí?... es un acantilado... no hay más que roca… además hay alerta de tsunami… creo que no es seguro... busquemos ayuda

Saga ignoró al arquero y continuó con su afán de encontrar a su hermano. Sin importarle la rápida subida de la marea, corrió hasta un punto específico en el acantilado y se agachó colocando una oreja en la roca para escuchar –¿Kanon?


No... no de nuevo... decía Kanon tratando de mantenerse a flote, lo cual se le dificultaba enormemente por el hombro fracturado

Mientras sentía que las fuerzas no le daban para luchar más, dejó a su cuerpo a merced de la voluntad del agua, esperando que la Parca viniera por él.

Estaba cansado, perdido, solo.

Y lo peor de todo, es que no aprovechó esta oportunidad para decirle a Saga que lo sentía.


Continuará

Espero les haya gustado, mucha paciencia, no hay que desesperarse ni hacerle vudú a la autora. Me cuesta escribir de terremotos porque les tengo pánico (en Costa Rica tiembla mucho y fuerte), pero bueno, necesitaba hacerlo.

*Briareo es uno de los tres centimanos o hecatónquiros, junto con Giges y Coto, encargados de la vigilancia de la prisión del Tártaro

**Esta es una descripción mía del Inframundo, tal y como yo me lo imagino, no es oficial

A Kenardaillard, lo de Shuris va para vos y sigue, él comenzará a tener más protagonismo, lo que pasa es que la aventura no lo permitía todavía, pero a todo el mundo le llega su hora.

A Jabed, Kaito, Mary Yuet, Princess Virgo, Mariana Elas, Amaranth9, Asalea19, andromedaioriosayita, muy agradecida por sus comentarios y lamento la angustia, shocks, lágrimas, ataques de bipolaridad... causados por el capítulo anterior u.u no puedo prometer que no vuelva a pasar.

Un abrazo a todos.