Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable

Primera advertencia: Los doraditos están en problemas, pero aún así, ellos no dejan ni sus malos comportamientos, ni su mal vocabulario. Debido a lo anterior advierto, en caso de que este fic sea accedido por menores de edad.

Segunda advertencia: no se me ha quitado lo romántico.

Tercera advertencia: no tomo en cuenta el episodio G, porque no lo conozco, por ello, utilizo a los titanes tal y como los cuenta la mitología, no como los trata la serie.

En cuanto a Poseidón, de vez en cuando el dios abandona al avatar entonces lo usé como Julián. Ambos tienen actitudes distintas


De asesinos a caballeros: historia de renacimiento y redención

Primera liberación: fortaleciendo lazos. Parte II

Cercanías del Canal de Suez

-KANON... KANON -Saga podía sentir la agonía de su gemelo y eso lo volvía loco. Ante la mirada angustiada de Aiorios, le daba golpes a la piedra como si con ello pudiera destrozarla. Kanon se encontraba atrapado y a punto de ahogarse a solo un metro debajo de donde ellos estaban.

-Saga... ¿pero qué piensas hacer?

-Sacarlo -gimió el gemelo golpeando la piedra una vez más- no lo voy a dejar... no lo voy a dejar... ir


Apenas podía sacar la nariz de vez en cuando, para tomar un poco de aire, sin embargo, el vaivén del agua lo cubría y comenzaba a ahogarse, hasta que de nuevo un pequeño espacio entre el agua y la roca, le permitía tomar una bocanada de aire que le daba unos minutos más de vida. Sin embargo, la flotación vertical lo estaba agotando y su cuerpo le demandaba más aire y reposo.

A punto estaba de rendirse cuando escuchó gritar por él...

Kanon... Kanon

-Sa... Saga -tartamudeó y extendió la palma de su mano en la piedra húmeda, como si con ello pudiera tener un último contacto con su gemelo, antes de desvanecerse.


-¡NO! -gritó Saga allí hincado y derrotado, al sentir a su hermano desfallecer.

Saga... -dijo Aiorios con tristeza- no podemos hacer más... tenemos que pedir ayuda, no sabemos por donde entrar... es más, ni siquiera estamos seguros de que él esté allí

-Él está allí...

A pesar de la desesperación de su amigo, el arquero creyó más sensato ir en busca de algún equipo de rescate. Le preocupaba el estado emocional de Saga, ya que después de su encuentro con el falso Kanon, se mostraba muy nervioso y estaba seguro de que este arrebato, era parte de la misma alteración emocional.

Dejando a Saga atrás, se dirigió a buscar ayuda al centro de la ciudad. Cuando hubo caminado unos cincuenta metros, sintió un calor tremendo a su espalda y una energía creciente estuvo a punto de tirarlo de bruces al suelo. Saga seguía hincado apretando los párpados, exactamente en el mismo sitio, pero un halo de energía dorada lo rodeaba.

Aiorios trago con dificultad: Saga... está elevando su cosmo


Toscana, Italia

-No puedo explicarme cómo sucedió esto...

-Nadie tuvo la culpa Angello... dime ¿cómo ibas a detener la fuerza de un tsunami?

Angello se volvió de repente para tomar a Aldaberán por el cuello y amenazándolo con el puño en que tenía el brazalete puesto, siseó furioso -si no fuera porque Shion nos bloquea y tu pierdes la estúpida llave, hubiera detenido cien tsunamis con una mano y Camus estaría aquí...

Angello soltó a Adaberán, quien derramaba algunas lágrimas y se fue caminando por la playa llena de desperdicios arrastrados por el tsunami, lanzando guijarros al agua, mientras maldecía en italiano. Aldaberán lo siguió con la mirada y lo vio llevarse las manos al rostro; Angello era la viva imagen de la aflicción.

Aldebarán se sentía muy muy culpable.

Con el fin de dejar al cangrejo un rato solo para que se desahogara, caminó hacia el lado contrario, hasta que llegó a unas rocas donde se sentó a mirar al mar que se había tragado a su amigo.

-Camus... -a su mente volvieron los recuerdos de las horas que siguieron a la batalla de las doce casas, cuando preparaban los cadáveres de sus compañeros para los ritos funerarios. Recordaba el cuerpo de Camus sobre la alfombra del salón del Trono, el único de los menores que falleció esa fatídica noche y a Milo removiéndole la escarcha del cabello turquesa, mientras sollozaba como un niño a su lado ¿Cómo iba a explicarle a Milo que su mejor amigo había muerto? Y de esa forma tan indigna.

Oh Camus... cómo iba a extrañar el porte estoico tan propio de él y esa impertinencia que le daba un aire magnífico que no tenía ningún otro en la Orden Dorada. Orgulloso como nadie, ese era Camus de Acuario; meticuloso, prudente pero directo, estudioso, dedicado de lleno a cultivar una inteligencia superior, la cual era su mayor orgullo.

Divagando en los recuerdos de su amigo de la infancia, divisó una medusa roja jugueteando cerca de las rocas. Con el agridulce sabor de boca que deja el amor casual, aquella visión le recordó el ulular de una cabellera roja debajo del agua, tal y como la vio, la noche que compartió un baño de tina con ella.

Con curiosidad, se recostó en la roca, para acercar más su rostro al agua y observar al curioso animalito. Sin embargo, cuando por fin lo detalló, se dio cuenta de que no era una medusa, sino que se trataba de... ¿podía ser posible?

Aquel ser juguetón, emergió el rostro de las aguas mostrando toda su magnífica belleza y sin pedirle permiso, lo tomó y lo acercó hacia ella, atrapando sus labios con un delicioso y suave beso con exquisito sabor a sal.

Céline...

-No Aldebarán... soy Agláope... la sirena


Canal de Suez, Egipto

De un momento a otro levantó sus puños sobre la cabeza y en medio de un grito, lanzó un golpe a la roca, que provocó que el suelo se estremeciera.

El excaballero de géminis dejó ir otro golpe y otro y otro más, hasta que la piedra no resistió su fuerza y formó un boquete de al menos dos metros de diámetro, dentro del cual se veía brillar el agua, que llenaba la cavidad hasta el borde, confirmando sus más terribles temores. Sin esperar ni un segundo, Saga se lanzó de clavado, ante la mirada angustiada de Aiorios.

Sumergido en las aguas, nadaba prácticamente a ciegas y de vez en cuando salía hacia la luz para volver a llenar sus pulmones de aire, en una rutina agotadora. Después de momentos agobiantes, Saga distinguió el cuerpo inerte de su hermano gemelo, el largo cabello azul jugueteando al ritmo del vaivén de las aguas. De inmediato, nadó hacia él y lo rodeó por el torso con su brazo, para sacarlo de allí. En el borde, Aiorios esperaba por sus compañeros y en cuanto vio a Saga emerger, tomó el cuerpo flácido de Kanon y lo recostó para brindarle primeros auxilios.

Kanon estaba pálido y por supuesto que ya no respiraba, presuroso, el arquero lo colocó con la cabeza hacia atrás y comenzó a darle respiración de boca a boca -miluno, mildos, miltres- repetía Aiorios con cada apretón al pecho para estimular el corazón.

Saga salió de la caverna y aún jadeando por el esfuerzo, rasgó la camisa de Kanon y se encargó del masaje al corazón, mientras Aiorios continuaba con la rutina de la respiración.

-Vamos hermano, vamos hermano... hierba mala nunca muere -a Saga se le comenzó a quebrar la voz al ver que el otro no reaccionaba- Kanon por favor... por favor...

Un gorgoteo de la garganta del gemelo menor, los motivó a seguir con el procedimiento

-Kanon... Kanon... por favor

Saga y Aiorios no necesitaron decirse nada, pero estaban de acuerdo en no rendirse y continuaron luchando. Después de eternos minutos tratando de hacer reaccionar a Kanon, éste comenzó a toser muy fuerte, botando gran cantidad de agua por la boca y la nariz, mientras intentaba inhalar aire con dificultad. Saga y Aiorios se miraron sonriendo al fin tranquilos y ayudaron al muchacho a incorporarse para que respirara mejor.

Kanon pestañeó tratando de acostumbrarse a la luz y al verse recostado en el pecho de Aiorios murmuró tembloroso -si... vuelves a... besarme... te corto... las bolas

-Yo también te quiero Kanon -contestó Aiorios en medio de un carcajada- y no te preocupes... me someteré a terapia para superar el trauma

Las tonterías de Kanon fueron música para la atribulada mente de Saga. Sin importarle que Aiorios estaba presente, rodeó a su convaleciente hermano con los brazos -estás vivo... – repetía con la voz quebrada, mientras le acariciaba el cabello y finalmente le dio un beso en la frente -no te voy a dejar solo... te lo prometo... lo siento Kanon... lo siento mucho... perdóname por todo...

Ante semejante gesto de cariño, Kanon abrió los ojos hasta donde pudo, por lo que Aiorios creyó que iba a soltar una grosería o uno de esos comentarios tan propios de él y temía que en el fondo, hiriera a Saga, para quien era muy difícil poner en evidencia sus sentimientos. Sin embargo, Kanon también les iba a dar una sorpresa.

A pesar de que apenas y podía moverse, Kanon correspondió el abrazo de su hermano y juntó su frente con la de él -yo también te quiero Saga y mucho...


Inframundo

Todo aquello pasó muy rápido. Varias centenas de soldados, habían sido movilizados hasta el abismo para ayudar a mantener a Tifón inmóvil, mientras los guerreros sagrados preparaban la prisión del Tártaro para recibir al padre de los monstruos.

Aiacos y Radamanthys se encaminaron hacia donde Dhonko para confirmar la estrategia –hey ateniense… ¿tus plateados lograron abrir la prisión?

Dhonko se encontraba acuclillado en el suelo, aún sostenía el cadáver de Dhorte entre sus brazos. Al ver la situación, Aiacos le dio un codazo a Radamanthys –creo que era su mujer- le dijo mentalmente –lo vi besarla durante la batalla

-A mi qué –le respondió el de Wyvern y se volvió hacia Dhonko- ateniense, lamento informarte que esto no ha terminado… el padre de los titanes sigue vivo y tratando de huir… lo lamento por ella, nosotros también hemos sufrido muchas bajas

Dhonko colocó el cadáver, cuidadosamente sobre la roca y se levantó muy serio –ella cumplía con su deber… estamos preparados para esto– Dhonko suspiró- tal vez Aiacos me acompaña al abismo –el aludido arqueó las cejas no muy convencido del plan de Dhonko- necesito confirmar algo –dijo mirando de reojo a Argol

-Algor -dijo el dorado volviéndose hacia el de plata- ¿qué era lo que tenías que decirme del Fénix?

-¿Qué pasa con mi hermano? ¿dónde está él? -intervino un angustiado Shun- Algor ¿él está bien?... pensé que se había quedado vigilando

-No de hecho... él... él no está bien... tuve que convertirlo en piedra -contestó el de plata acongojado.

-¿Qué estás diciendo? -gritó Shun a punto de tirársele encima a Algor, cosa que no sucedió, gracias a que Dhonko lo tomó de un brazo para evitarlo.

-Habla Algor, de sobra está decir que nos debes una explicación

-Señor, cuando recibí el llamado de auxilio de la amazona, corrí hasta donde la escuché... bajé a los calabozos y llegué justo en el momento en que Ikki la atacaba

-Mi hermano jamás la atacaría... a menos que tuviera una razón para hacerlo

-Esto se pone bueno -cuchicheó Aiacos a Radamanthys, quien dejó entrever una risilla.

-Explícate Algor, me temo que estoy de acuerdo con Shun

-Señor... lo lamento, pero fue el ave Fénix, quien hirió de muerte a esa amazona

-Eso no me lo voy a creer... Ikki no sería capaz de semejante cosa, mucho menos contra una amazona –dijo Shun sin poder contener las lágrimas.

Dhonko detuvo a Shun extendiendo un brazo, había recordado un detalle de su conversación con Shion acerca de esta misión, las características de la herida que mató a Dhorte coincidían con la que recibió June de Camaleón. Shion le había comentado que Algor llevó a June al Sanatorio y que no supo explicar el origen de la herida que sufría la amazona.

-Algor, nos acompañarás a recoger el cadáver del Fénix

-Siento que sospecha de mi, señor

-En este momento Algor, todos son sospechosos


Mansión Kiddo, Japón

El epicentro del tremendo evento sísmico, se ubica 2500 kilómetros al este de las costas de Grecia, en el Oceáno Atlántico. Según fuentes extraoficiales fue de una magnitud de al menos 9,5 en la escala Richter

Todos los noticieros internacionales trataban de ser los primeros en brindar la última información referente al terremoto que sintieron hacía solo unas cuantas horas. Pasaban continuamente videos de transmisiones en vivo al momento del sismo y algunos otros de origen aficionado, en donde se apreciaba la fuerza del terremoto.

Versiones, teorías, datos falsos y verdaderos, iban y venían, pero ninguna definición concreta del origen del sismo, que si fallamiento local, tectónico o volcánico... nada... nada que pudiera dar algo de tranquilidad a la población. Un terremoto de 9.5 grados en escala Richter, que se sintió en la mitad del hemisferio norte y sin una sola réplica registrada hasta el momento.

-Esto fue en el Tártaro… estoy segura

-Yo también lo sentí, mi querida diosa… escaparon la madre y el padre de todos ellos…

Sentada en el sofá, al lado de Shiryu y Hyoga, Sahori, se mantenía concentrada conversando mentalmente con su Patriarca, mientras los chicos pasaban los canales buscando alguna nueva.

-También sentí una ruptura en el oceáno, tiene que haber caído alguno de los pilares, el estruendo fue tremendo en Grecia

-Se habla de un tsunami en las costas de Italia…lamentablemente hay muchos daños en los países en que lo sintieron… ¿sabes algo de los chicos?

-Envié a averiguar por ellos… estoy preocupado, sobre todo por el bloqueo de sus cosmos... me temo que estén en peligro

Sahori se rió -eres sobreprotector con los caballeros dorados, mi querido Shion, como un padre con sus hijos pequeños lo sería... y esa es tu mayor fortaleza por eso te respetan y te quieren...

-No he podido acercarme a ellos como quisiera, para mi son mis hijos pequeños mi señora, recogí a cada uno y me hice responsable por ellos... no me perdonaría si algo les sucediera... solo quería darles una lección de hermandad

-Eres sabio, mi querido Shion, por eso eres mi Patriarca, estoy segura de que esto no fue un error, confío en que ellos están bien...

-Que así sea mi señora...


Inframundo

Algor parecía no inmutarse ante la presencia de los dos guerreros de mayor categoría, y caminaba en medio de ellos tranquilamente.

Los tres hombres, siguieron por uno de los túneles de la prisión del Tártaro, hasta que llegaron al calabozo que tenía las puertas arrancadas desde sus goznes –tal y cómo les dije señores, este es el lugar, aquí fue donde encontré a la amazona herida.

Dhonko se acuclilló justó donde vio las manchas carmesí sobre el suelo – dime Algor… ¿dónde está el cuerpo petrificado de Ikki?

Algor se sintió cohibido ante la pregunta de Dhonko –yo… yo… le juro que estaba aquí –el de plata empezó a ponerse muy nervioso- en serio

Dhonko se acercó al plateado y lo encaró con furia –Algor de Perseo… ¿me crees tonto? ¿dónde está el cuerpo de Ikki?

-Yo…

-¿Qué te traes por un demonio?

-Señor no sé… qué pasó… se lo juro -dijo el de plata temblando de miedo.

En un movimiento que solo Aiacos percibió, Dhonko se colocó detrás del caballero de plata y le sostuvo las manos hacia atrás para inmovilizarlo –Algor de Perseo, al volver a Atenas, te recluiremos en uno de los calabozos mientras investigamos qué está sucediendo

-Pero señor -trató de defenderse un angustiado caballero de Perseo- se lo juro... no tengo nada que ver con la muerte de Dhorte

-Vas a defender tus argumentos delante del Patriarca Shion, cuando volvamos a Atenas... y si eres culpable... te juro que yo seré tu verdugo


Atlantis, un rato después

Comenzó a abrir los ojos con dificultad, había mucha claridad a su alrededor y no se acostumbraba a ella.

Se sentía mareado y le dolía mucho la nuca. Como no enfocaba la vista, no pudo reconocer a la persona que limpiaba sus heridas y refrescaba su frente, pero cuánto agradecía ese gesto.

Cuando al fin sus ojos se acostumbraron a la claridad del ambiente, se topó con un bello rostro femenino, enmarcado en un alborotado cabello dorado. Cuando intentó hablarle a su cuidadora con el fin de agradecerle, le dolió la garganta y no le salieron las palabras.

-No se esfuerce caballero -contestó la muchacha con una voz tan hermosa como no había escuchado nunca- tuvimos que despejar su garganta para que respirara de nuevo, tenía los pulmones llenos de agua

-¿Dónde...estoy? -murmuró ronco.

-Es usted un paciente rebelde, le dije que no hablara... pero ya que lo pregunta, estamos en...

La conversación fue interrumpida por el sonido de la puerta de la habitación al abrirse. La silueta de un hombre, ataviado en una magnífica armadura dorada, se dibujó al contraluz y lentamente se fue acercando hasta la cama donde él se encontraba. Cuando aquel sorprendente guerrero estuvo a su alcance, pudo contemplar los detalles de la armadura. Era muy similar a las atenienses, solamente que decorada con motivos marinos -maestro- dijo el hombre acuclillándose a su lado -se ve bastante bien... por un momento temí perderlo de nuevo -el joven se dirigió a la rubia- ¿cómo lo ves?

-Aturdido... y no es para menos, sin embargo está bien, no tiene heridas mortales... no debes preocuparte

Camus parpadeó varias veces para reconocer al caballero que estaba frente a él -¿quién...?

El hombre se despojó del yelmo -¿ahora si me recuerda maestro?

-Isaak... no puedo... creerlo

-Maestro, tenerlo aquí en Atlantis, es el mayor de los honores...

-Pero tú...

-Supongo que Hyoga no le ha contado -Camus negó con la cabeza- el día que... me perdí... en Yacutia, me había puesto de acuerdo con Hyoga para ayudarle a llegar a la tumba de su madre... en contra de sus órdenes -Isaak bajó la cabeza avergonzado.

-Por que no me extraña -dijo Camus enarcando una ceja.

-Luego Hyoga comenzó a ahogarse y logré sacarlo, pero yo no pude salir, usted conoce el resto de la historia, hasta mi supuesta muerte

Con cautela, Camus levantó una mano y acarició la cicatriz que tenía el muchacho en la cara, Isaak sonrió y continuó con el relato -cuando la corriente me atrapó, perdí mi ojo... y de no ser por el poder del señor Poseidón, no estaría aquí -Isaak se aclaró la garganta ante la mirada de sorpresa de Camus.

-Esa armadura...

-Sí, mi querido maestro, ahora estoy consagrado al dios de los mares


Torre de Jamil

Aioria y Shura, observaban desde abajo, como Mu intentaba entrar a su torre, por una pequeña entrada de luz en el tejado. El lemuriano se mantenía de cuclillas, removiendo con dificultad el vitral que cubría la ventana y una vez hubo quitado el obstáculo entró, pero con tan mala suerte que se fue de cabeza hacia dentro, provocando tremendo estruendo de metales –auch…- se escuchó quejarse desde dentro.

-MU –gritó Shura- carnerito… ¿estás bien?

-Estoy bien… solo… que me tumbé sobre una caja de herramientas –Mu se asomó, dejando ver su rostro perfecto con algunas manchas oscuras de grasa- sano y salvo –dijo con una risilla, mientras se sobeteaba la cabeza- ya despejé el camino para que suban ustedes, una vez estén aquí, encenderé el generador para bañarnos y cocinar

-Eso suena bien –contestó el español y después de meditar un momento preguntó- ¿tienes un generador de electricidad?

-Si -contestó Mu bajando la cuerda- lo construí yo mismo, hace unos años, se alimenta de un molino cercano -Mu rió timidamente- como verán... no salía mucho

-Eres una caja de sorpresas... deberías ayudarnos con nuestras precarias instalaciones eléctricas

-Me encantará ver eso Shura

-Mu -dijo Aioria viendo de arriba a abajo la imponente estructura - solo a ti se te ocurre vivir en una torre sin puertas…

-Arquitectura lemuriana, mi querido Aioria, los de mi raza, no necesitamos puertas, pero nos gusta la luz natural y por eso construimos estas pequeñas ventanas. Compañeros, en cuanto entremos, despejo una entrada secreta que tengo bloqueada... se los prometo

-¿Qué tan bloqueada está?

El lemuriano dejó escapar una carcajada -no tienes idea Shura, suelo acumular muchas cosas

Aioria comenzó la difícil tarea de escalar hasta el tejado -me alegra... que hayas superado tu... miedo a las alturas -comentó pujando, mientras impulsaba su cuerpo por la cuerda.

-Si Shura superó su miedo a las arañas...*

Shura abrió los ojos a más no poder; una enorme araña caminaba por su hombro derecho.


-Es que ustedes no lo entienden... las odio... en serio las odio!

-Ya cabra, solo fue una insignificante arañita -Aioria aún tenía episodios de risa, al recordar al pobre Shura, tratando de librarse del "poder demoníaco" de una viuda negra, que tuvo el mal tino de subírsele encima- me parece que te quiere

-Aleja ese animalejo de mi Mu -a pesar del dolor y el cansancio, Shura se puso la mochila enfrente, protegiéndose del lemuriano, quien para entonces, buscaba algún rincón de la sala que sirviera de refugio para el espantado animalito.

-La pobre no te hizo nada, solo quería un poco de calor... hace mucho frío

Una vez resolvieron el asunto de la araña de Shura y ambos, guerrero y arácnido estuvieron a salvo, los muchachos se deshicieron de la carga que llevaban y Mu encendió el generador que daba energía suficiente para un par de lámparas, una cocina y un tanque de agua. Biralo, por su parte, subió ágilmente por el tejado de cada piso, como si de una escalinata se tratara.

Todo en la torre de Jamil estaba empolvado y se veía que el lugar tenía mucho tiempo de no utilizarse como vivienda. Mu encaminó a sus compañeros hasta una salita, cuyos muebles se encontraban cubiertos por telas blancas, lo que le daba un aspecto fantasmal. Shura y Aioria, descubrieron un par de futones y se pusieron cómodos y Biralo buscó el calor de Aioria, mientras Mu fue por algunos implementos de primeros auxilios para curar las heridas de Shura y reacomodar el hombro dislocado de Aioria.

Cuando abrió un enorme armario que estaba a un lado de la salita, se encontró con su tornamesa y algunos acetatos. Con su acostumbrada parsimonia, sacó uno de ellos y al mirarlo sonrió con nostalgia. Olvidando de pronto, lo que tenía que buscar, sacó con cuidado el disco del empaque y lo puso a tocar en el tornamesa. Era la ópera de Madame Butterfly, cantada por María Callas, la interpretación favorita de su padre.

Por un momento, Mu cerró los ojos para disfrutar de la música y algunas lágrimas quisieron escaparse de sus ojos de esmeralda, pero en vez de eso, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

Recordando de repente, qué era lo que estaba buscando, se apresuró a recoger lo que necesitaba para ayudar a sus compañeros.

-Nadie tiene, ni ha tenido una voz como la de ella…

-Tienes toda la razón cabra -dijo Aioria cerrando los ojos y recostando la cabeza en el respaldar del sillón donde descansaba- sin embargo, me da melancolía escucharla...

Mu, atendía la muñeca de Shura con una sonrisa en los labios –antes si Aioria, no podía escucharla sin llorar… pero ahora las cosas han cambiado, han cambiado para bien


Inframundo

Una vez Aiacos, Dhonko y el atribulado Algor, salieron del abismo, el caballero de libra y líder de la misión, dio luz verde para que entre los tres jueces arrastraran a un furibundo Tifón hasta el fondo del Tártaro, donde con ayuda de la cadena de Andrómeda, lograron encerrar al enorme titán de nuevo en su calabozo, el mismo en el que estuvo encerrado desde la Era del Mito.

Una vez el titán estuvo debidamente encerrado, era necesario resolver la segunda parte de la misión: encontrar a Briareo y quitarle la reliquia que le obsequiaron para así dar con el dios que estaba detrás del escape de los titanes.

Dhonko conocía las habilidades de Shaina y sabía que era una guerrera infalible, así que confió a ella la misión de recobrar la reliquia ya que posiblemente Briareo se opondría a deshacerse de su regalo y habría que quitárselo por la fuerza.


Una vez la de Ophiuco desapareció en las oscuras aguas, el caballero de Libra se dispuso a preparar en cadáver de Dhorte para dejar en manos del Tártaro, la misión de corromper el cuerpo físico hasta desparecerlo.

En presencia de guerreros y diosa, Dhonko colocó el cadáver de Dhorte sobre la roca, le cruzó las manos a la altura del vientre y Perséfone cedió la delicada túnica de su peplo para que la cubriera. Cuando estaba a punto de taparle el rostro, el dorado colocó las monedas de oro en los párparos y la besó en la frente.

-Que linda era -comentó Aiacos, Dhonko lo miró con una ceja levantada, el juez de Garuda se encogió de hombros como si el asunto no fuera con él.

Dhonko levantó el cadáver amortajado y se alejó caminando por el playón. Unos cientos de metros más adelante, despositó con cuidado el cadáver de la amazona en las oscuras aguas -que Caronte guíe tu alma y que tus acciones en vida, merezcan la belleza de los Campos Elyseos...

-Señor –interrumpió Shaina a Dhonko, quien se esforzaba en darle una explicación coherente a Shun acerca de la desaparición de Ikki. La amazona, venía emergiendo del abismo y traía algo en sus manos- aquí… aquí está la reliquia que le quité a Briareo -dijo ella jadeando cansada, ofreciendo a Dhonko el objeto, el cual protegía en su puño cerrado.

-¿Te opuso resistencia?

-No la suficiente señor -contestó ella orgullosa.

Dhonko sonrió y abrió la palma de la mano para revisar lo que le entregó la amazona.

Al ver aquello, Minos y Radamanthys enarcaron las cejas, Aiacos sin embargo no pudo guardarse el comentario -están pensando lo mismo que yo...

Radamanthys asintió con una sonrisa burlona bailándole en los labios -Atena... está en un lío...

A Dhonko se le empalideció el semblante, la reliquia que obsequiaron a Briareo, era uno de los dijes de la Niké que le habían entregado a los caballeros dorados.


Laponia, Suecia

Afro terminaba de colocarle una compresa de hielo a Shaka en la rodilla y lo vendó de nuevo para que descansara un rato, antes de pensar en cómo no congelarse durante la noche. Una vez Shaka estuvo cómodo, Aphrodite comenzó a caminar de un lado a otro, mientras tanteaba las paredes, ante las miradas curiosas de sus compañeros. Llevaba casi una hora en lo mismo, cuando Milo decidió molestarlo un poco para romper el ambiente tenso.

-Si sigues caminando así, provocarás una nueva falla tectónica -sonrió Milo, soplando una estela de vaho a sus manos enguantadas y dando brinquitos para procurarse algo de calor.

-En Suecia no tiembla Milo... mucho menos así -contestó Afro muy serio, pasando sus dedos por una pequeña grieta en la pared- esto ha sido muy extraño... quisiera saber qué fue lo que pasó y si...

-Prudencia con lo que vayas a afirmar -intervino Shaka muy atento a las observaciones del pez.

-Si esto tiene que ver con nosotros

-¿Te preguntas si esto es... sobrenatural? ¿O de origen divino?

-Exactamente Shaka

-Por favor chicos, esto es simple y llanamente un terremoto... la Tierra debe acomodarse de vez en cuando... estirarse y volverse a dormir, así ha sido y será siempre

-La Madre está herida...

Shaka y Milo se alertaron ante las palabras de Afro, tenía lógica, ambos percibieron algo extraño desde el principio. Aunque bloqueado, su séptimo sentido seguía allí, latente y enseguida hicieron un escrutinio visual a la gruta -justo antes del terremoto -continuó el de piscis exponiendo su teoría- hubo un crujido en las profundidades de la Tierra... como un lamento... si solo tuviera cerca...

Shaka tosió un par de veces, interrumpiendo las cavilaciones de Aphrodite, de inmediato Milo se acercó a su compañero para sacarlo de su reflexión y buscar un refugio temporal para el frío.

-Afro, ya oscureció, tenemos que cuidar a Shaka... él es nuestra prioridad... cuando fui a explorar, encontré algunas fisuras en la roca lo suficientemente grandes como para que quepamos los tres, no son un spa de lujo, pero al menos servirán de refugio...

El peliceleste suspiró y volvió la vista hacia el rubio, quien a pesar del frío y el dolor, mantenía intacto su orgullo y no admitía que se sentía mal -está bien Milo... pero mañana temprano iremos al final de la gruta, hasta donde llegaste hoy ¿de acuerdo?

-Trato hecho

-Muchachos -Shaka habló en medio de un ataque de tos- ¿no hay forma de encender una fogata?

Afro frunció el ceño -Shaka... esa tos ¿desde cuándo la tienes?

-No lo recuerdo

Afro suspiró preocupado y le lanzó una mirada a Milo que él entendió perfectamente, Shaka podía estar desarrollando un edema o una neumonía por culpa del frío y por lo tanto, su misión a partir de ahora era mantenerlo caliente.

-Afro... Shaka... -Milo volvió a ver hacia arriba, donde la bocaza de la gruta parecía solo una línea quebrada- dadas las circunstancias vamos a tener que hacer algo... algo que no nos va a gustar a ninguno de los tres

Los aludidos arquearon las cejas, ante semejante advertencia de Milo.

-Vamos a tener que estrujarnos mucho mucho para dormir


Atlantis, un rato después

-Como puede usted observar, maestro Camus, las tropas se han desplegado, junto con los generales de Sirene, Escilla y Caballo Marino, para detener a los titanes -Tetis guiaba a Camus, por los largos pasadizos del Santuario Principal de Atlantis- Isaak partió para unirse a ellos

Camus no hablaba mucho, de hecho se sentía muy incómodo de caminar por allí, ataviado con un enterizo para surfear, exactamente por donde pasaban las compañías de soldados en pos de la batalla.

Me siento patético, pensó.

Cuando llegaron al Salón del Trono, le llamó la atención, que dentro del magnífico aposento se llevaba a cabo una discusión entre un hombre y una mujer.

-Te lo dije Julián, estás invirtiendo los símbolos

-¿Cómo sabes eso?

-Dedico mucho de mi tiempo al estudio de lenguas antiguas, sabes bien que me apasionan

-Definitivamente te hace falta un novio... con urgencia

-Prefiero no pensar en eso ahora...

Al entrar, dedujo que quien se encontraba sentado en la gran silla ornamentada, era la reencarnación de Poseidón, ya que el cuerpo real del dios, seguramente se vería algo mayor y ese chico peliceleste no pasaría de los dieciocho años. El muchacho se encontraba revisando con evidente desdén, unos pergaminos que tenía consigo y a su lado, con uno de los documentos en el regazo, se encontraba ella.

Hilda de Polaris

Ahora sí que quería salir corriendo de allí... el atolondrado de Isaak al menos debió facilitarle unos zapatos. A veces se preguntaba de donde había sacado, a esos dos discípulos suyos.

Tratando de no dejar en evidencia su congoja, mantuvo su porte altivo al seguir a Tetis, hasta el pie del Trono, donde se encontraban la reencarnación de Poseidón y la guardiana de Asgard.

-Señor Poseidón -comenzó Tetis hincándose delante de Julián- traigo ante su presencia al señor Camus de Acuario -Camus imitó a Tetis con la reverencia, mirando de reojo a Hilda, quien al escuchar su nombre, levantó la vista de los pergaminos y sonrió complacida- el señor Camus es...

-El guardián de la onceava casa del Santuario de Atena -completó Hilda, levantándose de su lugar para acercarse al acongojado caballero. Julián alzó una ceja al percatarse de la particular reacción de Hilda... y de la vestimenta de Camus

-Señor Poseidón... señorita Hilda de Polaris -saludó el de Acuario con respeto- estoy a sus órdenes...

Julián miró con malicia a Camus y luego a Hilda -mmm... dime algo… Camus de... Acuario ¿es cierto que fuiste el maestro de mi general de Kraken?

-Sí señor...

-Tal vez... tal vez -Julián se acarició la barbilla, mientras miraba a Camus con los ojos entrecerrados- mira... tengo que traducir e interpretar estos pergaminos y no soy... digamos un amante de las lenguas antiguas. Isaak me ha contado acerca de tus notables conocimientos en historia y cultura ¿podría poner en tus manos este trabajo?... es asunto urgente

-Será un honor, señor Poseidón... por cierto –pidió tímidamente Camus- ¿será posible que pueda avisarle a mis compañeros que estoy bien?

-Me tomé la libertad de enviar una sirena… me debía... un acto de penitencia...

-Oh... muchísimas... gracias –dijo Camus con una reverencia.

-Bueno, en cuanto a las traducciones, las necesito listas para mañana temprano –Camus arqueó las cejas, eso significaba que tendría que trabajar toda la noche. Julián, por su parte, al haberse librado del "problema", se levantó de su silla y se sacudió la túnica, preparándose para salir –ah y por cierto, Hilda… deberías quedarte a ayudarlo… sería una desconsideración dejar al señor Camus con todo este trabajo ¿no crees?

-No sé si… a él le molesta -intervino Hilda, tratando de no mostrarse ansiosa.

-Maestro Camus –se dirigió Julián al francés- la señorita Hilda tiene estudios avanzados en lenguas antiguas, creo que podría serle de ayuda

-Será un honor señorita Hilda -contestó el exdorado, poniéndose de pie al frente de la dama de Asgard y haciendo una atenta reverencia- estoy seguro que entre los dos llevaremos esta encomienda a buen término... además, me convendría mucho tener su compañía para no rendirme al sueño durante la noche

Hilda le dedicó una dulce sonrisa al acuariano como respuesta.

-Entonces que no se diga más -Julián se levantó del trono y se dirigió afuera del salón -Tetis... en cuanto los generales tengan noticias, házmelas saber de inmediato... Camus e Hilda, quisiera que me acompañen a cenar a las siete en punto... Tetis -Julián miró al francés de pies a cabeza- búscale al ateniense, algo decente que ponerse...

Los tres presentes hicieron una reverencia, mientras veían la silueta del muchacho desaparecer detrás de la columnata... lo que me faltaba... -murmuró Julián con una risilla bailándole en los labios- ahora es que me toca hacer de Celestina


Toscana, Italia

-La del hermoso rostro –afirmó en un susurro Aldaberán

-Eso dicen –contestó ella en un suave murmullo

-¿Por qué lo hiciste? ¿A qué has venido? Sabes que me metiste en un problema tremendo con mis compañeros, eso sin mencionar que el Patriarca me va a matar cuando se entere que perdí el dije –Aldaberán se incorporó alejándose de la sirena y se sentó en la roca, ignorando su presencia- gracias a que me robaste… no pudimos salvar a Camus

La sirena bajó la mirada y con una agilidad asombrosa, subió por las rocas donde se encontraba Aldaberán, para sentarse a su lado. Con ella fuera del agua, pudo admirarla tal como era, esa piel inhumana, con un leve tono azulado y la enorme cola, de al menos dos metros de largo hasta la punta, poseía hermosos pechos que ocultaba apenas detrás de los empapados mechones de su largo cabello rojo.

-Si no lo hacía… perdería la vida

-Aún a costa del bienestar de los demás

-Francamente no vi nada malo quitarle una joya a un humano, después de todo, destruyen todo, no se quieren ni entre ustedes mismos… pero no te sientas tan mal Alde –ella lo tomó del hombro para volverlo hacia si- tu amigo está bien…

-Me estás tomando el pelo… otra vez

-Alde –ella le acarició el rostro y ante los ojos de Aldebarán su cuerpo fue tomando forma humana, la cola desapareció y en vez de ella, quedaron frente a él dos hermosas piernas- desde que volví a jurarle lealtad a Poseidón, algunas de mis compañeras me persiguen para hacerme daño… a mi y a Tetis... pertenecemos a los titanes, sin embargo somos leales a un dios del Olimpo...

-¿Y qué tiene que ver eso conmigo? –preguntó él indiferente, Agláope sonrió a pesar de la mala cara del toro.

-Te reconocí cuando nadabas hasta la isla, porque me refugio en unas cavernas cercanas a esta costa, los seguí durante todo el día y no sabes cómo disfruté de sus ocurrencias… me reí mucho con lo que decían

Aldaberán fue suavizando el gesto y dejó que ella continuara hablando –cuando escuché el estruendo, me di cuenta de que había caído uno de los pilares del Sagrado Templo de Atlantis… conocía ese sonido, los atenienses de bronce lo provocaron cuando invadieron los dominios de nuestro dios… sabía que eso traería un tsunami y nadé lo más rápido que pude para asegurarme que estaban bien… de pronto lo escuché, a tu amigo… el de cabello azul, gritando desesperado por el francés…

-Angello trató por todos los medios de sacarlo, pero el oleaje era terrible

-Aunque no te guste, tuve la suerte de poder ayudar al muchacho, sin embargo, cuando lo tenía en brazos, me di cuenta que estaba muriendo y lo llevé a Atlantis, donde podían ayudarlo…

-¿Tienes alguna prueba de lo que me dices?

-Vas a tener que confiar en mi… está bien, aunque aún no había despertado

Aldaberán se levantó de golpe para irse -¿a dónde vas?- preguntó ella tomándolo de una mano.

-Voy a avisarle a Angello, él tiene que saberlo

La sirena bajó la mirada, y poniéndose de pie, lo llamó para detenerlo, justo cuando terminaba de bajar por las rocas –Aldebarán de Tauro –el aludido se detuvo sin volver a verla- aléjense del agua... los tienen vigilados a todos -dijo ella con evidente angustia y mirando de repente alrededor muy nerviosa- todo lo que viene comenzará en el agua, lamento mucho que haya sucedido así -y le dio alcance, lo tomó con ambas manos del rostro y lo acercó hasta ella, permitiéndose sellar su despedida con un último y prolongado beso, desapareciendo, para los dos, el universo por ese pequeño instante.


El Cairo, Egipto

Después de que lo rescataran de la muerte en el canal de Suez, Saga y Aiorios trasladaron a Kanon, hasta una clínica cercana. En Egipto, los daños no fueron tan severos, sin embargo, la calle estaba hecha un caos, porque al ser un día laboral, todos corrían o en busca de familiares o de daños a sus hogares.

En medio de ese caos, Saga cargó a Kanon durante todo el trayecto hasta la clínica, donde fue atendido de inmediato. Allí enyesaron su brazo izquierdo desde el hombro y lo dejaron internado en observación para unos análisis de rutina.

En la sala de espera, Saga se mantenía sentado con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados y al igual que Aiorios, tenía la barba sin hacer, la ropa sucia y el estómago vacío.

-Que tanto me ves arquero -preguntó Saga sin cambiar de posición

-A pesar del brazalete... encendiste tu cosmo en el puerto...

Aiorios estaba sentado frente al peliazul, tenía un rato de no quitarle los ojos de encima, estudiándolo.

-¿De qué hablas?

-No me digas que no te diste cuenta

-No arquero, seguramente te los soñaste -Saga se incorporó en su asiento y estiró las piernas, dejando salir un gran bostezo.

-Encendiste tu cosmo dorado Saga, con este bloqueo es prácticamente imposible… fue por tus sentimientos para con tu hermano

-Bueno… sea como sea, Kanon está aquí y eso es lo que realmente me importa- Saga suspiró, la verdad prefería dejar ese asunto por la paz. Aiorios lo conocía muy bien y sabía cuando al gemelo le incomodaba un tema, así que decidió no acosarlo más.

-Te entiendo amigo... por cierto... como extraño a mi leoncito -Aiorios se cruzó de brazos y miró hacia un lado lanzando un largo suspiro, después de un rato de silencio, se levantó de la silla- tengo un poco de dinero... ¿se te antoja algo de comer?

-De verdad te lo agradezco -dijo Saga dando otro largo bostezo- pero nada que tenga carne y si te alcanza tráeme una botella de agua... la más grande que encuentres

Aiorios se aprestaba a irse, cuando vio que el doctor venía a darles el reporte de Kanon. Saga se levantó de golpe de la silla y salió presuroso, al encuentro del galeno.

-¿Cómo está él, doctor?

-Pues, para haber hecho paro, muy bien... increíblemente bien... estoy seguro de que no tendrá secuelas, sin embargo se quedará cuarenta y ocho horas más para vigilarlo

Saga suspiró tranquilo -¿y el brazo?

-Es una gran fractura de acromión y húmero –señaló el doctor tocándose él mismo, el antebrazo y hombro- no es grave, sin embargo esperaremos los resultados de los análisis para descartar cualquier posible complicación

-Le agradezco mucho –contestó Saga estrechando la mano del médico- mi hermano y yo le estamos muy agradecidos -dijo señalando a Aiorios, quien imitó el gesto con el doctor

-Kanon nos ha dado un buen susto –dijo Aiorios con una sonrisa.

-Pueden entrar a verlo si quieren, pronto servirán la cena y posiblemente tenga dificultades para comer, está imposibilitado de los dos brazos y tú -dijo dirigiéndose a Saga, mientras le señalaba las manos- cuídate esas heridas para que no se te infecten –el médico dudó un rato- me parece que deberías pasar a vendarte, tus lesiones son… curiosas…

Aiorios titubeó, antes de preguntar al médico -¿por qué lo dice doctor?

-Si me lo preguntaran, diría que moliste una roca a golpes


Torre de Jamil

Las carcajadas de Mu y Aioria, llenaba la estancia, mientras Shura continuaba su relato acerca de las amazonas con barba, que les había contado Kanon cuando eran niños, y con el cual los había metido en un problema mayúsculo con el Patriarca.

-El maldito de tu hermano quería conseguirle una novia a Saga -continuaba el español, mientras de vez en cuando sorbía de su copón de vino- según él, para que se le quitara lo amargado...

Mu se revolcaba de risa en su asiento y Aioria seguía intentando comer su sopa de fideos sin escupirla, cada vez que el español refería algún detalle jocoso de la historia.

-Ay Shura... déjalo... ya -suplicaba Mu sosteniéndose el estómago- todo es... tan típico... de mi hermano

Shura suspiró, mientras sorbía de su vino otra vez -criarse con ellos tres fue maravilloso... nos metíamos en problemas todo el tiempo - y de pronto se respingó y le advirtió a sus compañeros- espero que esto no salga de aquí enanos... si Shion se llega a enterar de lo que les estoy contando, estoy seguro que nos persigue por toda Atenas, hasta que nos alcance para darnos una paliza...

-Imposible que Aiorios se pusiera de cómplice con ustedes para meterse en líos... del todo no lo creo -afirmó Aioria con seguridad- mi hermano es demasiado correcto

Shura se carcajeó escandalosamente, sin importarle la cara de ofendido que puso Aioria -Aiorios y yo éramos iguales, siempre nos dejamos arrastrar por esos gemelos sinvergüenzas y nunca les dijimos que no… al final terminábamos siendo cómplices de sus fechorías

-Mis hermanos no eran tan ruines –intervino Mu en defensa de los gemelos- todo lo que hacían estaba dentro de los límites de lo normal para un niño...

-A los siete, desataron una estampida de cabras por Rodorio, que estuvo a punto de destruir el mercado y los nervios de tu padre…

-No hay pruebas de eso –defendió el carnero, Aioria rió con gana al verle la cara de congoja.

-A los nueve años, le robaron la camioneta al viejo Delos para ir a conocer Atenas…

-Esa si no te la creo

-Aiorios y yo íbamos en la cajuela, Saga llevaba el volante y los pedales y Kanon las marchas, lo que no les voy a relatar, es como volvimos y el castigo de tu papá… eso prefiero no recordarlo

-Las fechorías de los gemelos son leyenda en Rodorio, Mu –intervino Aioria con una risilla- lo que pasa es que siempre creyeron que todo lo hacía Saga porque no estaba confirmada la existencia de Kanon... sin embargo había rumores de un gemelo... no era posible tanta maldad en un solo niño...

-No eran tan malos

-Lamento informarte carnerito que eran peor que eso... puedo continuar la lista de delitos toda la noche...

Los tres chicos se encontraban en la gran mesa de madera, al centro del comedor. Mu y Aioria dándole la espalda al ventanal y Shura de frente. En el momento en que Mu se esforzaba por defender a los gemelos y Aiora se revolcaba de la risa, Shura divisó, algo parecido a un destello metálico que pasó por fuera de la casa y una risilla maliciosa se dibujó en sus labios.


El Cairo, Egipto

-Saga… en serio no tienes que hacer esto... de verdad no quiero comer

-Tienes que comer, estás débil, no me hagas obligarte

Aiorios miraba divertido a Saga dándole de comer a un adormilado Kanon, a quien le sirvieron sopa de pollo para cenar. Además de que odiaba ese platillo, tenía el brazo izquierdo enyesado y el derecho con una vía intravenosa, por lo que requería ayuda para usar la cuchara.

-Vamos Kanon déjate mimar, Saga, te recomiendo la siempre efectiva y nunca bien ponderada "técnica del avioncito", a mi me funciona con Aioria –sugirió Aiorios desde el sofá que ocupaba al lado de la cama, donde tenía un rato de pasar canales de televisión.

-¿Todavía le das de comer a ese grandulón? –preguntó Kanon extrañado.

-No siempre, solo cuando se pone insolente con la comida –Saga y Kanon hicieron exactamente el mismo gesto divertido, solo que levantando cejas distintas, como imágenes de un espejo- vamos chicos, acabamos de volver, no le daba de comer desde que tenía seis años…

-Esta información es valiosísima –murmuró Kanon con una sonrisa maliciosa, Aiorios le lanzó una mirada reprobatoria, mientras negaba con la cabeza- al bicho le encantará enterarse…

-Si dices algo te quebraré el otro brazo Kanon

-Saga míralo… me está amenazando

Saga intercambió una mirada de complicidad con Aiorios -¿entonces el avioncito funciona Aiorios? –Saga miró maliciosamente a su gemelo, con una risilla en los labios.

-No... Saga de verdad no te molestes… no lo hagas, Saga hablo en serio... de verdad

Sin importarle las súplicas de Kanon, Saga tomó la cuchara y la elevó al aire, haciendo el sonido de un motor -vamos- decía acercándole la cuchara al quisquilloso gemelo- el avioncito viene por aquí por aquí y ya aterrizó -terminó Saga empujándole la cuchara completa en la boca a su hermano, Aiorios, mientras tanto, gozaba de lo lindo con la curiosa escena.

-Esto... esto está de antología -decía el arquero en medio de carcajadas- el bebé de casi dos metros que se niega a comerse su sopa...

-No me hace gracia –renegó Kanon enojado y con la boca llena.

Aiorios continuó con el zapping, mientras Saga aplicaba la "terapia del avioncito" para alimentar a Kanon. De repente, el centauro se detuvo en uno de los canales, donde daban un amplio reportaje acerca del terremoto.

Se han recibido reportes de daños en toda Europa, el norte de Egipto, China y Japón. Los científicos están desconcertados, debido a las lecturas anormales del sismo, el cual prácticamente se sintió en todo el norte del planeta, sin embargo, hacen un llamado a la calma, ya que se han corrido rumores de que este evento tiene orígenes sobrenaturales…

Saga y Kanon dejaron de pelear un momento y desviaron toda su atención al televisor –¿a qué se referirá la reportera con "sobrenatural"?

-Chicos –concluyó Aiorios- al rato los dioses están jugándonos sucio otra vez

Para tranquilidad de Kanon, en cuanto escuchó a Aiorios, Saga dejó de darle de comer y se quedó estático, con el mismo gesto frío que tenía siempre que analizaba algo minuciosamente –son ellos

-¿De qué hablas hermano? –preguntó Kanon con la boca llena.

-Desde que volvimos, siento una perturbación anormal… una sensación de fatalidad

-¿Crees que… se nos venga otra guerra? –Aiorios se incorporó del sofá y se acercó a la cama de Kanon.

-Creo que sí y también creo que… tenemos que cumplir con nuestro deber

-¿Te refieres a…? –preguntó Kanon, Saga asintió en silencio.

-Muchachos –sentenció Aiorios después de pensarlo un rato- tenemos que volver… volver a la Orden Dorada


Laponia, Suecia

La noche había caído y el frío era cada vez más terrible.

-Estamos a menos quince -dijo Afro consultando el reloj de su muñeca derecha- y en la madrugada se va a poner peor -el peliceleste miró a sus compañeros y suspiró, mientras se rascaba la nuca incómodo. La idea de acurrucarse para dormir, no le hacía ni pizca de gracia.

-Afro... dime ¿a qué le temes? yo no muerdo -le dijo el escorpión al pez adivinando la causa de la evidente congoja del otro y con toda la mala intención de incomodarlo- o te da miedo que termine gustándote mi cercanía…

Golpe bajo para Afro.

Aphrodite se volvió encarando a Milo con una sonrisa malévola como solo él podía hacerlo -lamento informarte que para cuestiones de ese tipo, prefiero la compañía de las damas, sin embargo, si en mi siguiente reencarnación no es así, prometo permitir que seas parte de mi lista de pretendientes.

Golpe bajo para Milo.

-Pez vanidoso... si en tu próxima reencarnación te gustan los hombres, no te corresponderé aunque me supliques de rodillas...

-¿Yo... suplicarte? Ja-ja-ja… brincos dieras escorpioncito

Shaka normalmente era paciente, pero escuchar a Afro y Milo discutiendo acerca de los gustos sexuales de sus próximas reencarnaciones, era demasiado, incluso para él.

-Ruego a los dioses, que por el bien del universo, nunca permitan juntar a un par como ustedes, ni en esta generación, ni en ninguna otra… ahora hagan algo productivo y piensen como nos protegeremos del frío esta noche


Después de un par de horas, Shaka comenzó con fuertes episodios de tos, lo que obligó a los otros, a apresurar los preparativos para dormir. Con el rubio cargado en su espalda, Aphrodite siguió a Milo, en busca de alguna grieta o caverna, que al menos los amparara del viento helado y de la nieve que ya comenzaba a caer.

Preocupados por Shaka, los chicos acordaron la forma en que se acomodarían esa noche para procurarle la mayor cantidad de calor. De acuerdo con el plan, Aphrodite se sentó sobre un trozo de lona, que encontraron entre los desechos arrastrados por la avalancha y Milo colocó a Shaka en medio de sus piernas, para que así Afro pudiera abrazarlo y darle calor.

-Solo quiero dejarte algo en claro -le dijo Shaka temblando de frío a Afro, en el momento en que éste lo acurrucaba consigo- no me mueves ni una hormona ¿entendido?

Afro arqueó las cejas divertido, al menos no era el único al que le incomodaba la situación.

-Bien... solo no quiero malos entendidos

-Has estado demasiado tiempo con Milo... pero no te preocupes compañero... estoy claro en eso -contestó el peliceleste colocando sus manos al frente para defenderse.

Mientras Shaka establecía los límites con Aphrodite, Milo, se acomodó al lado del peliceleste y se taparon los tres con una pequeña manta que traía Afro en su mochila y que para ese nivel de frío, resultaba apenas simbólica.

Conforme el cansancio le ganaba, Milo se le fue recargando a Afro en el brazo.

-Afro –dijo Milo con voz queda- ¿recuerdas la canción de cuna que nos cantaba el maestro?

-No

-¿La cantas?

-No

-Entonces si la recuerdas, pero no quieres cantarla

-Milo, no soy ese hermano mayor cariñoso que tu quieres que sea… ni lo seré nunca…

-¿Por qué?

-Porque no quiero

-Eres bueno Afro, solo tienes que creértelo –Milo bostezó escandalosamente, Shaka tenía los ojos cerrados, pero aún no dormía y al escuchar a Milo, una risilla apareció en sus labios- quería decírtelo por si esta noche me convierto en paleta –otro bostezo, antes de comenzar a cerrar los ojos.

Aphrodite suspiró, pensando en las palabras de Milo y aunque no supo por qué, comenzó a tararear suavemente la canción a la que el escorpión se refería, mientras abrazaba a sus compañeros más fuerte. Después de un rato, notó que los dos, se habían dormido.

-Bueno chicos –susurró aferrándolos a él- no se conviertan en paleta esta noche… mañana saldremos de aquí… se los prometo


Torre de Jamil

Qué bien... ahora es que me toca morirme de frío en el rincón más alejado del mundo, solo para cuidar a este trío de artistas, que lo que tienen de indefenso lo tengo yo de femenina...

Al tener que rodear la montaña de Jamil, debido a la caída del puente, June de Camaleón llegó entrada la noche a la torre de Mu. Se había refugiado en un granero que era parte de la misma propiedad, donde no había corriente eléctrica, mucho menos chimenea, sin mencionar que el próximo lugar poblado, estaba al menos a medio día de camino por terreno difícil y habitado de animales salvajes.

De saber que iba a estar tan frío aquí, al menos hubiera traído un abrigo y algo de comer, murmuraba la mujer molesta, mientras acomodaba un poco de paja seca para acostarse a descansar. De repente, alguien se aclaró la garganta cerca de ella, lo que la hizo girarse en posición de ataque.

-Buenas noches... lamento... mucho que estés pasando penalidades por nosotros

De entre las sombras, emergió la espigada figura de un hombre moreno y con un peculiar cabello verde. Pero lo que la dejó paralizada, fue esa perturbadora mirada y la profunda voz varonil, matizada con un acento que impregnaba de una exquisita cadencia a las palabras, provocando que ese simple saludo sonara como la más bella de las poesías.

Cómo agradecía June su máscara, que aunque aumentaba el calor emanado de sus mejillas, impedía que la expresión de asombro que provocaba tan maravillosa visión, la dejara en evidencia delante del caballero, quien a pesar de traer un brazo vendado, venía con un plato de humeante sopa y mantas para el frío.

-Señor... yo

-Shura... de Capricornio... un placer

-Señor... déjeme ayudarle -dijo ella volviendo en sí, al verlo con problemas para colocar lo que traía en una mesa cercana- tiene ese brazo muy lastimado –dijo ella revisándolo cuidadosamente –parece una fractura de muñeca… y qué fractura

-Sí... pero valió la pena -contestó él con una sonrisa, agradeciendo la delicadeza con la que ella lo examinaba- la sopa está recién hecha y las mantas te mantendrán caliente... los ruidos -dijo de pronto al escuchar los lamentos que salían del abismo cercano a la torre- dice Mu que los provoca el viento... no te preocupes... aquí te queda esta lámpara –dijo encendiendo un fósforo para la mecha

-Gracias... señor Shura

-Un placer amazona... que pases buena noche – dijo él caminando hacia fuera, sin saber que dejaba a la chica con la cabeza más revuelta, de lo que la había tenido nunca- mañana te traeré algo para desayunar…

Gracias… -susurró ella embobada.

Uy June… ¿qué te pasa tonta? –se dijo dándose varios golpecitos con la mano en la cabeza, mientras se sentaba a degustar la sopa, ahora sí que podía asegurar que no sabía qué le estaba pasando, porque nunca lo había sentido... al menos no de esa forma.


Atlantis

-Señor –Eo, entró al estudio y rodilla en piso, se prestó a hacer su reporte de la misión- Escila y Caribdis, ya están encerradas en el soporte principal… tal y como usted lo pidió

Poseidón tomó una actitud un poco altanera -¿y cómo te fue con Escila Eo? Después de todo… es tu monstruo

-Me enfrenté a Caribdis, señor –contestó el marina un poco acongojado, ante la mirada divertida del dios.

-Disculpa general –Camus se aclaró la garganta- ¿se encuentra bien el general de Kraken?

-Sí señor Camus, él se encuentra bien… tiene un par de magullones, pero lo normal

-Puedes retirarte Eo, nosotros seguiremos con el trabajo de traducción… bueno… ellos continuarán… el señor Camus se quedará con nosotros hasta que termine… ¿verdad caballero de Acuario?

-Ex caballero de Acuario –corrigió el aludido- renuncié a mi ropaje hace unas semanas

Poseidón arqueó las cejas –Eo… puedes retirarte… te veo en la cena

El marina hizo una reverencia y siguió las órdenes del dios presente, quien se volvió hacia Camus mostrando una mirada llena de repentino interés.

-¿Eso… se puede hacer?... tengo entendido que los Dorados no pueden abandonar su rango… además es una lástima… son el orgullo de Atena ¿renunciaste solo tú Camus?

Camus bajó la mirada –realmente nos fuimos once… señor

Poseidón se echó una risilla, mientras se mecía en la silla de cuero detrás de su escritorio –once… es una tragedia

-No nos considerábamos dignos de portar nuestras armaduras, señor

-¿No es esa una decisión que debe tomar tu diosa?

Camus guardó silencio, eso nunca se le había ocurrido, realmente no le habían dado a Atena, el derecho a respuesta.

-No conozco bien a todos los miembros de la Orden, pero… he escuchado que poseen talentos más allá de lo impresionante –el peliceleste tomó la hoja en la que Camus había escrito gran cantidad de texto, con las traducciones de los pergaminos en una caligrafía perfecta- y no me queda ninguna duda al respecto- dijo sonriendo –oh, allí viene la señorita Hilda

-Buenas tardes caballeros –ambos hombres se levantaron de sus asientos, Camus no pudo disimular su alegría por la llegada de la muchacha y agradecía en lo más profundo de su corazón que Tetis le hubiera proporcionado acceso al guardarropa de Julián, para no presentarse ante Hilda en traje de baño. Por su parte, el retraso de Hilda, obedeció su apuro, por escoger el vestido que más la favoreciera, para dejar una buena impresión en Camus.

-Hilda –saludó Poseidón haciendo una señal a sus invitados para que lo siguieran hasta el comedor- el Templo Principal, es un laberinto de pasadizos y habitaciones y el comedor está al final. Me gusta la intimidad al comer y…

Hilda y Camus seguían a la reencarnación del dios a una distancia prudencial, lo que les permitía mirarse de reojo de vez en cuando. Mientras Poseidón continuaba hablando de las maravillas de tener un templo laberíntico, Camus e Hilda, disimuladamente rozaron los dedos de sus manos, dando a entender que ambos estaban en perfecta sincronía.


Torre de Jamil

-¿Es que las ovejas ahora comen sopa Shura? –preguntó Mu, quien esperaba al español sentado en su cama, mientras leía. Aioria, roncaba desparramado en la otra cama, con Biralo acurrucado encima de él.

-No se te puede ocultar nada carnerito –dijo Shura sentado en el borde de su lecho, intentando quitarse los zapatos para acostarse. Mu se levantó y se acercó para echarle una mano -tu padre… envió a alguien para que le informara de nuestro estado –Mu le quitó la camisa a Shura y este ahogó un grito de dolor, al sacarse la manga.

-Lo siento… te pondré la ropa de dormir y te vendaré mejor, me parece que debería inmovilizarte… esa muñeca se está hinchando mucho

-De acuerdo –gruñó Shura- pero no le cuentes al cachorro…


-¿Y a quién envió mi padre? –preguntó Mu un rato después, mientras inmovilizaba el brazo del español.

-Una chica… no la vi bien

-Oh… una chica –dijo Mu con una risilla.

-Una amazona –contestó Shura, apretando los dientes por el dolor- nunca la había visto… rubia, de cabello muy largo… y liso, alta… delgada… su arma era un látigo y usa una pequeña katana en la cabeza… atada con una cinta roja o algo así…

Mu dejó escapar una carcajada –vale que no la viste… recuerdas muchos detalles…

-Tonto –contestó Shura golpeando a Mu en un brazo, en son de broma.

-¡Ay!... ahora no te cuento nada de June de Camaleón -dijo Mu guiñándole un ojo.

-No te estoy pidiendo que me cuentes nada –contestó el español con aire ofendido.

-Ya me rogarás –rió el lemuriano terminando el vendaje. Shura no pudo evitar que Mu le arrancara una sonrisa, como siempre lo hacía por lo ocurrente que era.

Una vez Mu terminó la curación, recogió el desorden y se despidió de Shura para irse a dormir. El español algo incómodo por el dolor, se recostó con su brazo bueno detrás de la cabeza, a pensar un poco en todo, en lo cerca que estuvo de morir, en sus dos compañeros junto a él, en su deber como guerrero y volvió a ver hacia donde se encontraba el granero y la tenue luz de la lámpara se apagó de repente.

Buenas noches… June de Camaleón…


En algún lugar desconocido

-Salió mal señor... intevinieron las órdenes de olimpicas y hasta los asgardianos, que mantienen vigilado el extreme norte... ahora la madre de los titanes está encerrada en el Soporte Principal... sin embargo, abrimos la brecha en el corazón de la Madre

El ser gigantesco bufó enojado.

-Tenemos acceso al escudo de la medusa... su portador será castigado... eso es bueno

-También poseemos otra reliquia para sobornar a uno de los hecatónquiros... y espero que esta vez no fallen...

-Y he aquí un regalo -la mujer traía un cuerpo en brazos- ella nos ayudará, será una excelente aliada... señor

-Úsala... úsala como te plazca...


Continuará

Hola, aquí de nuevo, espero les haya gustado este cap y que no se confundieran más, las cosas se irán resolviendo, a su tiempo.

Gracias a Jabed, Princess Virgo, Mariana Elas (tranquila aún heridos siguen siendo bellos), Kennardaillard (fue un placer, gracias por tu comentario), Diana (espero haber respondido a tus inquietudes con el capítulo) Amaranth9, Asalea19, Andromedaioriosayita, Kaito, Pao de Piscis... muchísimas gracias por seguir allí, en el transcurso del día les contesto por MP... besos, besos, besos y abrazos

A Yum-Chen-Mo: gracias por tu extenso comentario, estamos de acuerdo en muchas cosas y tampoco me gusta estereotipar a los personajes y en mi caso, los OC tienen papeles muy específicos en la trama. Me alegra complacerte con ciertos chicos y voy a tomarte la sugerencia del Shaka menos dócil, sin embargo, me parece que en la batalla de Hades, nuestro bello rubio, se hizo un poquitín más bueno (al menos yo lo percibí así), por eso no ha asesinado a Milo y a Afro.

Hay ciertas situaciones que vengo desarrollando desde "Los Asesinos de Arles", me imagino que ya las habrán notado y pues la idea es concluirlas aquí, no puedo complacerles a todas, pero espero llevarlas a buen término y que gusten a la mayoría.

Un abrazo Yum, gracias por continuar pendiente.

*Intento ser coherente con "Los Asesinos de Arles", en el capítulo "36 crayolas", hay un flashback de los caballeros dorados cuando se dirigían a la doceava casa, para una fiesta de navidad, Shaka y Mu, de seis años, van jugando con una araña y Saga le pide a Shura que les quite el animalito, la respuesta del español deja en evidencia que detesta a las arañas.