Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable

Advertencia: Durante algunos capítulos, los doraditos si se van a dedicar a descansar, eso implica que se portarán peor que antes. Debido a lo anterior advierto, en caso de que este fic sea accedido por menores de edad.

Este capítulo está dedicado a sentimientos y amistad, porque me parece que el reencuentro deberia ser asi espero les guste.


De asesinos a caballeros: historia de renacimiento y redención

Il Primo Mosto* Primera parte

Aire y Fuego

-¿Estás completamente seguro?

-Completamente

Dhoko suspiró profundo y dejó de caminar a traves del recién restaurado templo de Escorpión. Shion continuó la marcha y al sentir que su compañero no lo seguía, se detuvo y se volvió para cuestionarlo -¿qué sucede?

-Estás siendo radical

-Para nada, tengo que obligarlos a reconsiderar su desición -Shion se acercó a Dhoko despacio, pero el de libra conocía esa mirada de seguridad absoluta y sabía que cuando Shion llegaba a ese punto, no había quien lo convenciera de lo contrario.

-¿En qué te basas?

-En el comportamiento de las armaduras... el ligamen aún existe

-Ellos renunciaron, rompieron juramentos... eso es imposible

-La armadura de Capricornio tintineó ayer

-No te creo -aseguró Dhoko con una ceja levantada.

-La de Géminis hace cinco días, luego Piscis, después Leo... esto no es casual

-Está bien, digamos que tienes razón

Shion hizo un mohín de enfado -tengo razón... por la diosa ¿por qué tienes que cuestionarme todo?

-Tu balanza se inclina hacia tu parte impulsiva y yo mantengo mi equilibrio mejor que tú

-Eres aire Dhoko... yo soy fuego, soy de armas tomar, tú piensas antes de tomarlas

Dhoko golpeó a su amigo con su dedo índice en el pecho -si, pero últimamente tu fuego está muy vivo y eso me da miedo

-¿Por qué? -preguntó Shion con una gran sonrisa- nada ha salido mal ¿o si?

-Mejor no te contesto


Región de la Toscana, hacienda Di Mare

La hacienda Di Mare, estaba rebosante de vida, gracias a los jóvenes invitados que poco a poco llenaban a la casa. Genoveva corría de un lado a otro, tanto como sus gastados pies lo permitían, preparando la comida que alimentaría a tan peculiar ejército, labor que por lo demás la hacía sentirse útil y orgullosa de su buena cuchara, como hacía mucho no le sucedía.

-Así que ahora, Shura y Aioria son los mejores amigos... increíble -comentó Aldebarán mientras miraba con Mu a los dos mencionados, quienes hacían pases con una bola de fútbol que él les prestó.

-La guerra los separó y el fútbol los unió -Mu le dio un sorbo al te chai que tenía en su taza- al principio fue muy difícil... sinceramente pensé que se matarían… no sabes cuánto agradecí en esos momentos, el bloqueo que mandó mi padre

-Ja... dímelo a mi, tuve que hacer de réferi entre Angello y Camus en varias ocasiones, porque casi se desollan entre ellos, eso hasta que cada uno aceptó su parte de la culpa

-Aioria y Shura se dieron cuenta que se querían como hermanos en el momento en que estuvieron en peligro de muerte -Mu se encogió de hombros con una sonrisa.

En ese instante de la conversación, Shura tocó elegantemente la bola con un lado del pie y a Aioria no le quedó más que mirar como el balón traspasaba de nuevo su portería.

-Goooool… de nuevo para mi – gritó Shura feliz corriendo con los brazos arriba, restregándole a Aioria, que lo superaba por una buena cantidad de tantos. Mu y Aldebarán se interrumpieron para aplaudir y el español les dedicó una exagerada reverencia.

-Oye… no es justo cabra

-Esto no se trata de justicia, gato… se trata de habilidad

-Rocías con sal la herida abierta, Shura –le gritó Mu a su compañero con una sincera sonrisa.

-Es solo orgullo español, mi querido carnero… llevo el fútbol en las venas

-Ya verás cabra… te haré comerte tu orgullo

Después de la celebración desmedida de Shura, el juego continuó con más bríos, ya que el griego tenía el ego herido en lo más profundo. Mientras tanto, Mu y Aldebarán retomaron su apacible conversación, riendo a ratos por la forma en que Shura se empeñaba en molestar a Aioria.

-Esto de ser mediador deberían pagarlo doble –observó el brasileño sin quitar los ojos del juego- voy a hacerle la sugerencia a su Santidad

-¿Pagarlo?... creo que has estado demasiado tiempo con Máscara, por cierto ¿dónde está? No lo hemos visto desde el almuerzo

-Está con su ahora mejor amigo Camus, supervisando la cosecha, por supuesto que ambos coincidieron en su amor por los vinos y trabajan desde la salida del Sol, hasta muy tarde en la noche para salvar la cosecha

-¿Y tú Alde? ¿qué haces mientras tanto?

-Ayudo a la pobre Genoveva en la cocina y disfruto del tiempo que esos dos están lejos de mi -contestó el toro con una risotada.

Mu rio con gana, sin dejar de observar el partido.

-No sé qué tanto sabes de fútbol Muito... pero ¿no te gustaría unirte a ellos para hacer unos cuantos pases?

-¿La idea es hacer que la bola entre en el espacio que marcaron con rocas verdad?

-Bueno, es una forma muy simple de verlo… pero si algo así

Otro gol de Shura, otra desmedida celebración y otro berrinche de Aioria.

-Definitivamente Aioria necesita ayuda

-¿Insinúas que los tres juguemos contra Shura?

El toro se volvió con una risilla –eso mismo

Mu se encogió de hombros –entonces… vamos a darle guerra a Shura


Estocolmo, Suecia

-¿Sucede algo Afro?

-No, para nada ¿por qué la pregunta?

-Es la quinta vez que pasamos por aquí y cuando estamos frente a esta propiedad bajas la velocidad

-Eso no es cierto

-Es cierto pez, Shaka tiene razón

Afro se estacionó cerca de un gran portón de hierro forjado, que protegía un camino de adoquines perteneciente a una hermosa propiedad rodeada de abetos y sauces llorones. Una vez detenido el auto, el peliceleste soltó el volante y suspiró sin decir nada.

-Tenemos dos horas para que el vuelo salga, aún puedes hacerlo –sugirió Shaka poniendo una mano sobre el hombro del acongojado sueco.

-¿Hace cuánto no vienes alumina?

-Desde los seis años… pero saben qué…olvidemos esto, es mejor que no nos retrasemos para el vuelo

-Vamos pecesillo… es tu familia, deberías que se yo… entrar a saludar… decir hola, miren que guapo estoy –sugirió Milo, logrando una sonrisa tenue en el peliceleste.

Aphrodite suspiró agobiado y susurró –mi relación con Klaus… es muy complicada

-¿Klaus? –preguntó Milo

-Mi padre…

-No puedes simplemente ignorar que tu amor por él no existe, tienes que hacer que fluya, eso liberará tu corazón

-¿Amor, Shaka? Podemos llamar a eso de cualquier otra forma, pero amor jamás… -Aphrodite se recostó en el asiento y cerró los ojos, mientras se sobaba el tabique de la nariz.

-Bueno... algún sentimiento te produce la presencia de tu padre, si no fuera así no estaríamos aquí

Afro suspiró profundamente –¿por qué siempre tienes razón Shaka?

Milo soltó una carcajada –yo que tú le hago caso

Afro meditó un instante antes de asentir, tomar aire y salir del auto –ok, ya regreso- dijo al cerrar la puerta

Una vez lo vieron irse, Shaka cerró los ojos y dejó caer su cabeza hacia atrás –espero que logre liberarse ¿a qué se referirá con que la relación con su padre es complicada?

Milo, quien estaba acostado en el asiento de atrás, se enderezó para mirar al peliceleste caminar no muy convencido hacia el gran portón de hierro.

–Entiendo que se llevan peor que mal, la última vez que se comunicaron, fue cuando cumplió dieciocho, el viejo le envió un Maserati de regalo para que dejara la vida de vago que llevaba y Afro se lo devolvió con una nota donde lo mandaba al infierno… eso lo contó el cangrejo

-Oh… ahora entiendo por qué la reticencia -Shaka volvió a cerrar los ojos por unos instantes, después de los cuales se incorporó con dificultad por el dolor que aún sufría en las costillas- por cierto ¿qué es un Maserati, Milo?


Región de Toscana, hacienda Di Mare

Un segundo grupo de recién llegados pasaban la entrada de la enorme hacienda vinícola. El grupo lo conformaban dos hombres peliazules exactamente iguales y un moreno que caminaba, por no decir corría, con más bríos que los otros.

-Aioros… espera –gritaba Saga, quien servía de apoyo para trasladar a Kanon- a veces parece un chiquillo –rezongó el mayor cuando el arquero lo ignoró deliberadamente.

-Es un chiquillo, Saga... recuerda que técnicamente tiene catorce años –Kanon se detuvo de repente y se quedó estático tratando de poner atención- ¿oyeron chicos? ¿qué es ese ruido?

-No tengo idea… pero hay demasiados insultos y risotadas revoloteando en el aire –contestó Aioros, curioso por averiguar de donde venía el estruendo.

-Definitivamente no somos los primeros en llegar -comentó Saga al ver al moreno apurar el paso, sin importarle la gran cantidad de equipaje que cargaba.

Conforme Aioros avanzaba por el rústico camino, pudo contemplar con asombro, de dónde venía semejante escándalo.

Asentados en una planicie frente a la enorme casona, un grupo de sus compañeros de Orden, jugaban con una bola de fútbol algo que no se parecía ni remotamente al fútbol.

Shura perseguía a Mu, quien iba por todos lados con la bola debajo del brazo y Aldaberán cazaba a Shura para evitar que "marcara" al lemuriano. Por su parte, Aioria se apresuró para ayudar al desorientado Mu a llegar a la portería de Shura y lo cargó en la espalda corriendo tan rápido como se lo permitía su ataque de risa. Cuando Aldaberán por fin dio alcance a Shura, lo levantó sobre su cabeza y sin importarle la retahíla de insultos que profería en su idioma natal, lanzó al pobre Shura, cual bola, detrás del gol recién anotado de Mu.

-Lo veo y no lo creo –dijo Aioros asombrado- Shura y Aioria … ¿jugando?

Aioria, Mu y Aldaberán celebraron con gritos y saltos los dos tantos recién anotados, mientras Shura protestaba sacudiéndose el barro de los pantalones, tirado en su propia portería –tramposos… todos… manada de gandules… esperen a que los alcance desgraciados... hijos de sus madres que los malparió- amenazó el español, formando con su mano buena, una gran bola de barro, la cual lanzaría, después de calcular la trayectoria del proyectil, para que fuera directo a la cabeza de Aioria.

-CORRAN –gritó Mu, provocando la escapatoria de Aioria y Aldaberán, en dirección a los gemelos, quienes estaban a punto de llegar a donde ellos estaban.

Una bola de barro, una trayectoria perfectamente calculada y los magníficos reflejos de Aioria esquivando el proyectil, fueron la receta para el desastre.

-SAGA… CUIDADO

Mu distinguía bien a sus hermanos y fue él quien lanzó de forma tardía la advertencia, justo en el momento en que el mayor y más serio de los géminis, caía impactado en la cabeza por el gran proyectil de barro lanzado por Shura.

La maldición que abandonó los labios de Saga, retumbó como un trueno, llenando toda la campiña y será recordada por los siglos de los siglos, en la hermosa y pacífica tierra de la Toscana.


Estocolmo, Suecia

Diez minutos después de que Afro entrara a la gran propiedad, lo vieron llegar de nuevo al auto.

-¿Cómo te fue? –preguntó Shaka tranquilamente.

El muchacho no respondió, solo reacomodó el asiento y encendió el auto.

-No te fue –afirmó Milo intuyendo lo que había sucedido.

-Vámonos, no hay nada que hacer aquí

Cuando estaban por irse, una limusine negra se estacionó dentro de la propiedad, frente al portón de hierro y una distinguida señora, salió del vehículo y corrió hacia el auto donde estaban los tres muchachos. Una vez llegó allí, tocó el vidrio de la ventana de conductor, con el dedo índice.

-Good morgön –saludó la dama, cuando Afro bajó el vidrio, los chicos correspondieron el saludo de forma respetuosa y ella continuó hablándole en sueco al de piscis, quien mantenía el ceño fruncido y la mirada clavada en el volante.

-Krist… por favor ¿podemos hablar?

-Prefiero irme Cassi…

-Kristërn –llamó de forma autoritaria- sal de allí ahora mismo

El chico bufó molesto y apagó el motor –está bien- dijo saliendo del auto y cerrando la puerta. Shaka y Milo, observaban la conversación entre Afro y la señora con preocupación, ya que parecía que estaban discutiendo.

–No debiste irte así Krist… tenemos mucho tiempo de no saber de ti

-Si me quedaba, Klaus me clavaba el bastón en la cabeza

-Krist, no seas irrespetuoso -rezongó ella dándole un manotazo en el brazo.

Afro se echó una risilla -¿y Kari?

-De ella no sabemos nada, se marchó a los trece cuando supuestamente fue elegida para formar parte de una compañía en Estrasburgo, después de allí la hemos visto en contadas ocasiones y la única forma de hablarle es cuando nos llama

-Esperaba verla… nunca más volví a saber de ella, bueno… excepto por este reloj que me envió cuando cumplí veintidós

-Krist cariño… quédate… tienes dos sobrinas nietas que prácticamente no conoces

Afro tomó a la señora de los brazos y le dio un beso en el cabello –lo siento Cassi, no puede ser de otra forma…

-Prométeme que volverás y lo intentarás de nuevo

Afro bufó y miró hacia el cielo –ok, ok… en cuanto pueda regresaré y espero que no me reciba con otro bastonazo

-Es demencia… a su edad es normal…

-Siempre ha sido un demente

-Kristërn Rösentradgard... estás hablando de tu padre

-Está bien... está bien –dijo él dándole un abrazo a la mujer- cuídate mucho Cassi

-Cuídate tú también cariño –respondió ella, secándose las lágrimas de las mejillas con un pañuelito blanco- te estaremos esperando


Una hora más tarde en el aeropuerto de Estocolmo

-Afro

-Dime –contestó el aludido, mientras pasaba la página de una revista, sin volver a ver a Milo.

-Me preocupa tu mamá, se veía muy triste

-Cassi… ¿mi mamá?... no, para nada, Cassi es mi hermana

-¿HERMANA? –incluso Shaka se incorporó de su asiento asombrado, la mujer que habló con el de piscis podría ser la mamá de cualquiera de ellos tres.

-Es la mayor de los seis.

Shaka y Milo ahora si estaban sorprendidos -¿tienes cinco hermanos?

-Hermanas… solo hermanas -Afro se echó una risilla y con resignación, cerró la revista que ojeaba, al ver las intenciones de Shaka y Milo de continuar el interrogatorio –Klaus es un nonagenario que se casó tres veces y tiene la pésima costumbre de engendrar solo gemelos. Mis hermanas mayores tienen cincuenta y ocho años, las que siguen cuarenta y siete y Kari y yo veinticuatro… ah y tengo tres sobrinas que pasan de treinta… esa es mi familia… ¿rara verdad?

Los otros dos se quedaron asombradísimos y Shaka se recostó de nuevo en su asiento mirando hacia delante, como meditando en lo que acababa de escuchar -¿tu padre es un anciano de más de noventa años?

-Sí y yo soy su único varón, hijo de su tercera esposa. Desgraciadamente ella murió, cuando nací… hubo contacto accidental con mi sangre y se intoxicó… Klaus ha pasado toda su vida culpándome por eso

-Afro -dijo Milo acariciándole un hombro- lo siento…

-Tranquilos chicos -contestó él encogiéndose de hombros- mi único padre fue Amadeo de Piscis y murió hace mucho, así que no se preocupen -Afro sonrió al ver la cara de preocupación de sus compañeros- en serio, lo único importante es que lleguemos a Italia y que ustedes dos puedan descansar, sobre todo tú Shaka

-Pero…

-¿Les puedo pedir un favor?

Los dos asintieron de inmediato.

-No volvamos a mencionar esto.


Región de la Toscana, hacienda Di Mare

-Malditas uvas... maldito viñedo

-De nada te va a servir eso Angello

Angello tiraba con una mezcla de frustración y odio, su décimo racimo de uvas al suelo, para machacarlo a patadas. Camus, mientras tanto observaba el berrinche, con una ceja arqueada y los brazos cruzados al frente, dejando en claro lo absurda que le parecía la reacción del italiano.

-Tal y como lo hacían en la antiguedad, yo que tú le hago una ofrenda realmente buena a Dionisios o... le prendo fuego al viñedo

-No puedo hacerle una ofrenda a un dios que no sea Atenea... eso sería herejía

-Atena está en buenos términos con Dionisios... estudié acerca de los avances diplomáticos una vez el Santuario fue liberado de Arles y durante nuestra ausencia, se firmó un acuerdo de no agresión, me parece que es una buena alternativa

-Pues si… en eso tienes –Camus y Angello fueron interrumpidos por una maldición que retumbó en el aire, por medio de una voz ronca inconfundible para los dos. Una bandada de gaviotas salió espantada por los cielos y algunos perros que estaban cerca, comenzaron a aullar asustados.

-Saga –dijeron al unísono y salieron despavoridos del viñedo corriendo colina abajo al encuentro del mayor de los gemelos, a quien a juzgar por lo que gritó, parecía estar pasando por algo terrible.

Cuando llegaron adonde se escuchaba el escándalo, ambos muchachos se quedaron de piedra. Frente a ellos y de una forma que jamás se hubieran imaginado, la Sagrada Orden Dorada de Atena, era protagonista de la más formidable guerra de lodo que jamás se hubiera imaginado ni la mismísima diosa que los escogió como protectores.

-Pero qué demonios -dijo Angello azorado, al ver como sus compañeros se habían formado en dos frentes de tres para atacarse como chiquillos.

-Y eso que no está Milo –susurró Camus sin pensarlo dos veces.


Diez minutos antes

Saga fue empujado al menos dos metros hacia atrás por un proyectil de barro lanzado por Shura. Cuando el gemelo pudo incorporarse con ayuda de Mu, se topó con los rostros desconcertados de sus compañeros y a un pobre Shura, mirándolo casi con terror, parado justo frente a él, con su mano derecha chorreando un caldo oscuro.

-Sa… Saga -el español se aclaró la garganta, dando tiempo al cerebro para escoger las palabras adecuadas que disculparan semejante falta de respeto, hacia el caballero más emblemático de la Orden Dorada- mira… de verdad fue un accidente… el ataque… no era para ti

Saga se puso de pie, mientras limpiaba su pecho y hombro izquierdo de barro, sin contestarle a Shura y sin mirar a ninguno de los presentes. Los otros chicos, a excepción de Kanon, quien hacía un esfuerzo sobrehumano para no estallarse de la risa, alternaban su atención entre el acongojado Shura y el inexpresivo Saga, sin que alguno se atreviera a intervenir.

Y es que para poner más tensa la situación, desde que volvieron a la vida, Shura no había querido hablar con Saga, poniendo mil pretextos para no enfrentar al gemelo mayor, a quien resentía que lo engañara para asesinar a Aioros, entre otras fechorías.

-Bueno -interrumpió Kanon con desfachatez, caminando con ayuda de un bastón al porche, donde hasta hacía un rato conversaban Mu y Aldebarán- yo estoy demasiado cansado y no sé ustedes, pero me voy a sentar y puede que hasta me duerma un ratito… con su permiso caballeros

Todos siguieron a Kanon en su lenta marcha hasta la casa, el menor de los gemelos, se sentó en la silla mecedora donde estuvo Mu y olisqueó el contenido de la tetera -mmmm te chai- y como si fuera suyo, se sirvió una tacita y se acomodó mejor para no perderse ningún detalle de lo que parecía, iba a terminar en pelea entre Shura y Saga -ya pueden seguir con lo suyo- dijo haciendo una señal con su brazo bueno.

Y como si se tratara de un clan de suricatos, todos los ojos se volvieron hacia los dos caballeros que ahora estaban de pie uno frente al otro. Aioros se colocó en medio de los dos hombres, quienes se retaban con la mirada, estudiándose, como si estuvieran a punto de atacarse.

-Chicos -susurró precavido- vamos a arreglar esto pacíficamente… fue un accidente… somos una gran tropa muchachos… por favor… por los buenos tiempos

Tanto Saga como Shura se mantuvieron retándose con la mirada unos instantes más. Sin embargo, al finalizar este intercambio, sus expresiones parecían estar más relajadas que al principio.

-Solo hay una forma de arreglar esto - dijo Saga al fin.

-Estoy de acuerdo -contestó Shura asintiendo.

Ante el desconcierto del arquero, ambos hombres se volvieron sobre sus talones, dándose la espalda.

-Aioros, Aldebarán… ustedes vienen conmigo -ordenó Saga, los aludidos obedecieron sin chistar.

-Mu, Aioria… vámonos del otro lado- indicó por su parte Shura.

Ambos grupos escogieron un charco y Saga se dispuso a dar el banderazo de inicio -caballeros- dijo desafiante -que gane… el mejor batallón.


-Tenemos un hombre caído -indicó Kanon a Angello y Camus, señalando a Mu, quien estaba tirado en un charco sobándose un brazo- ¿estás bien enano?

-Sobreviviré –respondió el aludido con el pulgar arriba y chorreando barro por cada una de las hermosas hebras de su cabello.

De repente, una enorme bola de barro que esquivó Aioros, impactó de lleno la pared de la casona, dejando un manchón enorme y desagradable.

-Shura... eres un idiota -antes de que terminara su frase recriminatoria, Angello recibió de lleno un proyectil de barro en la camisa.

-Uy -dijo Aioros encogiéndose de hombros, con una risilla juguetona en lo labios, que delataba su culpabilidad- que pena Angello, se me fue

Camus miró asustado a Angello, esperando la reacción seguramente violenta, de parte del nada diplomático cangrejo.

-Esta si no se las voy a perdonar... Camus voy a necesitar tu ayuda

-¿Qué piensas hacer?

-Algo que he querido hacer siempre, ven conmigo -dijo el italiano, mostrándole al francés, el hidrante que estaba cerca de allí.

La gran casona se encontraba muy lejos de la calle y el municipio local, exigió a la familia Di Mare, instalar un hidrante que permitiera combatir el fuego en las estructuras principales de la propiedad, en caso de que ocurriera un incendio.

Sin pensarlo dos veces, Camus y Angello corrieron hasta el granero contiguo a la casa y sacaron una gruesa manguera de lona, que conectaron al hidrante. Mientras tanto, seis exmiembros de la Orden Dorada, se atacaban con todas sus fuerzas, a punta de golpes de lodo. La batalla había sido encarnizada, tanto, que era difícil distinguir quien estaba debajo cada capa de barro.

Y en ese ambiente cargado de risas y de repente algún improperio, Kanon, continuaba tomando su te tranquilamente, mientras daba una que otra indicación estratégica de cómo atacarse entre ambos bandos.

Una vez, Camus y Angello resolvieron el tema de conectar la manguera al hidrante, el italiano se colocó en un lugar adecuado para tener a todos sus compañeros a la vista y entonces le dio la orden a Camus de que dejara correr el agua, la que salió con una presión espectacular.

-SI QUIEREN ENTRAR A LA CASA... VAN A TENER QUE BAÑARSE CABRONES...


Aire y tierra

Angello no solo se conformó con el violento baño de agua helada que procuró a sus compañeros, sino que además no les permitió la entrada a la casa, hasta que el frío, los obligó a suplicarle que los dejara pasar a ponerse ropa seca. Una vez bañados y vestidos, cada uno buscó en que pasar el rato, mientras llegaba la hora del almuerzo.

Como Kanon se sentía aún debilitado, decidió tomar una siesta y ya en la habitación que compartiría con su hermano, se dio un baño y se recostó en el suave colchón del camastro de madera. Cuando Saga le preguntó como se sentía, el hombre le contestó con un sonoro ronquido.

Con el fin de dejar descansar a Kanon, Saga decidió salir a conocer un poco el lugar con la idea de congeniar con los demás, cosa que tendría que hacer tarde o temprano. Cuando caminaba por uno de los hermosos jardines que rodeaban la casona, tuvo la suerte de toparse con Shura, quien había ido en busca de algunas hierbas para la cena, solicitadas por Genoveva y en ese momento hurgaba una jardinera, sacando con mucho cuidado, unas hojitas de orégano.

Saga se vio tentado a darse vuelta y marcharse, sin embargo, no lo hizo. El de géminis no era bueno para la charla, sobre todo si se trataba de conversaciones en las que salieran a relucir temas de su pasado, pero Shura era prudente al hablar y eso lo agradecía Saga desde el fondo de su corazón. En cuanto lo vio, el español se incorporó de su labor y se le acercó cauteloso.

-Saga, que bueno verte aquí… limpio y seco -expresó con una sonrisa, que desapareció y fue reemplazada por un suspiro- te fui a buscar y escuché ronquidos en la habitación, pensé que dormías...

-Kanon... estaba muy... cansado

-Oh... de haberlo sabido –el español se aclaró la garganta incómodo porque no sabía qué más decir y el otro parecía sufrir la misma incomodidad, sin embargo tarde o temprano tendrían que hablar y entonces decidió darle prisa al mal paso- Saga…

-Shura –replicó el gemelo al mismo tiempo que el español, situación que los hizo reír a ambos.

-Tú primero... –indicó amablemente el español.

Saga bajó la mirada y tomó aire para pronunciar un discurso de arrepentimiento, sin embargo, miraba hacia un lado y hacia otro, dándole pataditas al suelo. Shura adivinando la causa de la desazón de Saga, lo tomó del hombro, justo cuando estaba a punto de comenzar a hablar y con una sincera sonrisa le respondió –no hay nada que perdonar… amigo

-¿Me vas a dejar así sin más? –replicó Saga con energía renovada, ante la respuesta cálida del español- tenía preparada una gran disculpa y no me dejas decírtela

-Oh… pues yo

-Es una broma tonto –Saga sonrió y le dio una palmada en la espalda al asustado Shura- todavía caes en mis juegos

Shura hizo un mohín – me engañaste cabrón… ya lo verás

-Gracias por perdonarme… amigo

-Nada de gracias… me debes una camisa nueva… coño, no le pude quitar el barro a la otra

-Mañana será la revancha entonces…

Shura se carcajeó –si hacemos otra guerra de barro, Angello nos mata y luego dará nuestros cadáveres como fiambre para cuervos… oye… ¿tienes algo qué hacer?

-¿Me estás invitando a salir? ¿No crees que vamos demasiado rápido?

-No cariño –dijo el español siguiéndole el juego a Saga, mientras le pasaba un brazo por encima de los hombros, con una risilla maliciosa bailándole en los labios- échanos una mano en la cocina… tenemos que preparar la comida para esta jauría de tragones

-Pero… yo… no sé cocinar

-Ya aprenderás, amigo


Fuego con fuego

Había mucho movimiento en la hacienda. A pesar de que los chicos eran mayores, tendían a ser un poco inquietos y curiosos, ya que la austeridad con la que se criaron en el Santuario, contrastaba con la rústica exquisitez de la estética rural italiana, tan colorida y acogedora, que incitaba al merodeo constante.

Mu se había unido a Camus y Angello con la recolección de las uvas, el tema de los vinos no era apasionante para él, es más, ni siquiera le interesaba, pero el trabajo en el viñedo lo hacía sentirse muy relajado.

Aldebarán, Shura y ahora Saga, se dedicaron a colaborar en la preparación de las comidas, todo bajo la dirección de la anciana Genoveva, quien estaba encantada con esos asistentes tan considerados con ella.

Aioria, por su parte, dispuso una caminata por los alrededores con su hermano mayor, para conocer el lugar y hablar tranquilamente, lejos del bullicio de la casa. Aioros accedió de buena gana, de todos modos, de nada le valdría oponerse a los obstinados planes de su hermano.

–Pensé que no sobrevivirías a la convivencia con los gemelos

-Soy un chico fuerte hermanito –contestó Aioros, dándose en el pecho con un puño, luego aflojó la postura y se echó una risilla- la verdad yo tampoco lo creía

-¿Y es cierto que Saga ha cuidado de Kanon en todo este tiempo después de que se accidentó?

Aioros asintió sonriendo sinceramente –lo ha cuidado como a un niño pequeño… -luego bajó la mirada melancólico y le dio unas palmaditas a Aioria cerca de la nuca- los lazos que tenemos los hermanos de sangre no se rompen con las dificultades, sino que se hacen más fuertes… te extrañé muchísimo…

Aioria sonrió con timidez –ahora estaremos uno al lado del otro y juro que nada nos va a separar- el de leo se volvió para tener al mayor de frente y lo apretó con un gran abrazo –te quiero mucho Aioros... y no te pongas llorón por favor

Aioros se aclaró la garganta, pero afianzó más el abrazo –siento… haberte dejado... eras muy pequeño- dijo con la voz entrecortada

-Te dije que no lloraras

-No estoy llorando –los hermanos se soltaron y desviaron sus miradas del otro para no evidenciar las lágrimas, que se les empozaban en los ojos.

-Aioros, lo que menos tienes que hacer es disculparte... tu sentido de la ética, te llevó a sacrificar todo en tu vida por la diosa, por tu deber... muy propio de tu signo –el menor se secó toscamente los ojos, con el dorso de la mano- la verdad, la cabra se ocupó bien de mi, cuando... estabas fuera -Aioria se encogió de hombros.

-¿Lo perdonaste?

Aioria asintió en silencio y el arquero le revolvió el cabello con una sonrisa –bien hecho amigo… ¿te puedo pedir un favor?

-Sí claro, lo que quieras que no sea ayudar en la cocina

-Quiero que perdones a Saga


Entrada a la casa, ese día por la tarde

-¿Shaka seguro que puedes caminar?

-Tranquilo Afro, solo quiero llegar a recostarme, me siento agotado y me duele el pecho

-Ya casi llegamos -aseguró Afro preocupado. Desde que comenzara el viaje, la salud de Shaka parecía estar desmejorando.

-Oigan pero que bonito este lugar –dijo Milo, mientras admiraba todo a su alrededor- así que la jaiba es todo un terrateniente… miren esta casa

-Pues así parece –observó el peliceleste, haciendo una pausa en la escalera del porche.

Aphrodite ayudó a Shaka a sentarse en una de las mecedoras y Milo continuó curioseando todo como si fuera un chiquillo, hasta que unos gritos llamaron su atención.

-PESCE –saludó con viva voz Angello, corriendo al encuentro de los muchachos que llegaban a la casona.

-¿Cangrejo?… CANGREJO –gritó Afro correspondiendo el saludo.

Por su parte, Milo levantó una ceja divertido, cuando vio al antipático Angello, correr hasta donde estaba Aphrodite para abrazarlo efusivamente.

-Pesce –dijo el italiano plantándole un beso en cada mejilla- buda… bicho... no se murieron -Shaka y Milo enarcaron las cejas.

-Se te agradece la consideración -señaló Milo irónico, cruzando los brazos.

-Es hermosa tu hacienda Angello… tal como me la habías descrito -Afro se volvió con un gesto divertido hacia su amigo y le dio una palmadita en la espalda.

Camus apareció en el corredor de la casa, cargando un canasto lleno de uvas, que dejó sobre una mesa del porche. El francés tenía toda la intención de conversar con Angello acerca del estado de los frutos, sin embargo, al ver a sus compañeros, relajó el semblante y con una discreta sonrisa, se acercó para recibirlos.

Milo, de inmediato, se levantó de la silla donde estaba y rodeó con un gran abrazo a su mejor amigo y hermano del alma –Cami… que bueno verte

-Milo, esto es maravilloso, cuando me dijiste que estaban en el hospital pensé que no iban a poder venir ¿cómo te sientes?

-Como un escorpioncito aplastado, pero mejor... hey mírate, eres todo un recolector de uvas, tus botas están llenas de barro, usas sombrero de paja y un canasto en la cintura

Camus suspiró desilusionado y Angello hizo un gesto de que poco le importaba la cosa.

–La cosecha… es todo un desastre -dijo Camus con el semblante algo sombrío.

-Bah, no importa ahora… andiamo... por lo escuálido que se ve, supongo que buda necesita descansar

-Escuálido -dijo extrañado Shaka.

Angello, se dirigió a la entrada de la casa y se volvió al ver que nadie lo seguía -¿y bien gandules? ¿esperan que los cargue en brazos?-

-Ya vamos cangrejito -dijo Afro en un tono que pretendía ser comprensivo con la apática actitud de su mejor amigo.

Camus ayudó a Afro a levantar a Shaka para cargarlo hasta la habitación que ya estaba preparada para recibirlo y Milo los siguió muy de cerca -nunca va a aceptar que le duele lo del viñedo- soltó de repente Camus, para sorpresa de los otros tres- estaba muy ilusionado con esa cosecha y todo se confoabuló para que saliera mal...

Agua y agua

Una vez se aseguró que Shaka se encontraba descansando, Aphrodite se dirigió a una de las bodegas de la propiedad, donde según Camus, se fue Angello, huyendo de las preguntas de los demás.

El peliceleste abrió una de las gigantescas puertas de roble y entró con sigilo a la enorme estructura, la cual parecía sin uso, sin embargo, el aroma de la fruta pasada, era muy penetrante. Afro se encaminó en medio de las hileras de toneles hasta el otro extremo del edificio, en donde reconoció la silueta de Angello, sentado sobre una de las pailas de madera, que estaba volcadas al revés.

-¿No tienes frío?

Angello contestó negando con la cabeza, mientras usaba las uvas en vez de dardos, contra un tablero. Afro se subió a la paila y se sentó al lado del alicaído italiano.

-¿Qué sucedió?

Angello sonrió de forma irónica -¿qué crees que pasó?... a nadie le importaba esto y yo estaba demasiado muerto para hacer algo por salvarlo

-¿Una película de sangre y tetas?

-No tengo ganas fiore... además a ti no te gustan

-Me gustan las tetas... puedo soportar la sangre

Angello sonrió sin ánimo, pero guardó silencio y al parecer no iba a decir nada más en el resto de la tarde, así se lo pidiera la misma Atena. Afro lo conocía y sabía cuando desistir de cuestionarlo. Suspirando algo triste por el italiano, comenzó a tararear una canción que de vez en cuando interpretaba con su él.

Che bella cosa, na jurnata ´e sole

n´aria serena, doppo la tempesta

pe´ll´aria fresca páre gia na festa

che bella cosa, na jurnata é sole

Sin que Afro se lo esperara, Angello entró a hacerle el coro.

Ma n'atu sole cchiù bello, oje ne'.

O sole mio sta 'nfronte a te!

Con ánimos renovados, los dos amigos continuaron el siguiente verso y el siguiente, alternado sus registros en perfecta sincronía, hasta que sostuvieron magistralmente la nota que le daba fin a la cantata.

O sole

O sole mio sta 'nfronte a te!

sta 'nfronte a te!

Al terminar la interpretación, los dos rompieron a reír satisfechos y Angello, ya más tranquilo, se dispuso a mostrarle a su amigo, el fruto recolectado, para que el otro le diera su opinión profesional acerca de lo ocurrido.

Afro se acercó a una de las pailas y tomó una uva, la miró y se la echó en la boca -mmmm... esto es increíble... son las uvas más dulces y jugosas que he comido, es una delicia

Angello enarcó una ceja -es broma verdad

-Para nada...

Angello revisó minuciosamente uno de los racimos, mientras Afro comía con entusiasmo y para su sorpresa, cada una de las uvas, era una perfecta esferita azulada, limpia de manchas y con un exquisito aroma, indicativo de la dulzura que protegía la cáscara.

El italiano se quedó con la boca abierta cuando de casualidad miró los árboles a traves de la ventana y recorrió con la vista todo el paisaje, admirado de la belleza que parecía haberse apropiado de la vida vegetal de la hacienda. Comprendiendo lo que sucedía, se quitó su delantal de trabajo, junto con el sombrero y sin preguntarle a Afro se los embardunó encima y lo tomó de la mano para arrastrarlo al viñedo.

-¿Qué haces cangrejo? -reclamó el de piscis

-Sigue cantando pesce... porque tú… tú salvarás mi cosecha


A una distancia considerable de la casa…

En medio de una amena charla, dos muchachos, llegaron a una de las tantas bodegas que tenía la propiedad. Curiosos como eran, decidieron entrar a mirar un poco. Dentro de la estructura de ladrillo, se encontraban los grandes toneles apilados en hileras y de un lado, una antigua paila de madera, en la que se machacaban las uvas con los pies, a la manera tradicional.

-Que aroma tan increíble, esto es bellísimo enano

-Aioros mira -dijo Aioria corriendo muy entusiasmado, hacia la parte trasera de la bodega, en donde una lona mal puesta, cubría a medias un vehículo.

-Ten cuidado leoncito -advirtió el mayor- no sabemos qué es eso y al rato Angello se enoja si andamos hurgando en sus cosas

-No te preocupes... lo más que hará ese cangrejo malhumorado es un berrinche, pero yo quiero averiguar que hay aquí

-Que impulsivo eres Aioria... si nos metemos en un problema será tu culpa

-Ya hermanito... no te alteres -se defendió el más joven destapando el artefacto- es solo... oh por la diosa... esto es

Aioros se acercó rápidamente al ver lo que había descubierto su hermano. Delante de los dos griegos, una Ducati, posiblemente un modelo de la década de los setentas, yacía olvidada en el rincón más alejado de la bodega, junto con una hermosa Vespa clásica, probablemente de la misma época.

Aioria de inmediato, montó el artefacto y comenzó a probar los aceleradores y el pedal de arranque.

-Ten cuidado hermanito

-Debe tener años guardada... si funcionara... me encantaría conducirla

-¿Y desde cuándo te gustan las motocicletas?

-Desde pequeño -Aioria rio con un dejo de tristeza- ¿ya... no lo recuerdas?

-Desearía recordarlo

-Bueno… pero no te pongas triste… te propongo algo –Aioros arqueó las cejas- le pedimos la llave a Angello y mañana te enseño a conducir

-¿Seguro?

-Como que me llamo a Aioria


Viñedo, unos minutos después del arribo de los azules

Mu se enteró de que los chicos del grupo azul se encontraban ya en la hacienda, cuando vio a Angello arrastrando a Aphrodite hacia el viñedo, mientras el sueco repetía una retahíla inentendible en su idioma natal, la cual llamó irremediablemente la atención de los que trabajaban en la recolección de la fruta.

Alguien dejó escapar una risilla a su lado -por dicha esta gente no entiende el sueco, sería una pena que se den cuenta de lo que es capaz de decir ese pez mal hablado

-¿Y tú si entiendes Alde?

-Algo… en el tiempo en que he compartido con Angello, solo me ha enseñado a decir malas palabras en sueco y en italiano

-Oh, ya veo

-Y la verdad, tú eres muy decente como para que te traduzca... me extraña de esos dos peleando –Aldaberán pasó de estar pensativo a sobresaltarse de repente- oh que bueno, si Afro está aquí, significa que Milo y Shaka también llegaron

A pesar de su postura altiva y su semblante sereno, Mu sentía el corazón hecho un nudo, en el porche de la casa Milo y Camus conversaban amenamente, pero ¿dónde estaba Shaka?

Si Shaka no estaba por allí, eso significaba que algo le pasaba.


Fuego y Tierra

Con nerviosismo le dio vuelta a la manija de la puerta. Sobre una de las camas, descubrió aquellos conocidos y anhelados hilos de oro esparcidos sobre las mantas e intuyó que quien dormía era Shaka.

Caminado de puntillas, se acercó poco a poco a la cama y puso su atención en el semblante del excaballero de virgo; estaba pálido y su respiración no era regular, de vez en cuando dejaba de roncar y tosía un poco. Con cuidado de no despertarlo, decidió cubrirlo más con la manta y cuando estaba por hacerlo, se dio cuenta de que Shaka tenía la camisa recogida hacia arriba, dejando desnudo parte del torso. Al tratar de bajarle la camisa para protegerlo del frío, descubrió unos enormes moretones a la altura de las costillas y en los brazos, muchas marcas de agujas .

Con la angustia que causa el sufrimiento en el ser amado, Mu se sentó en la cama y a pesar de que su cosmo estaba bloqueado, posó su mano derecha en el esternón de Shaka, justo sobre la piel amoratada, tal como la había hecho tantas veces con algún herido o enfermo -siento mucho no haber estado allí… sé que no la has pasado bien

Los guardianes de la casa de Aries, habían sido siempre lemurianos, característica que los hacía más sosegados con respecto a la impulsividad propia de su signo y potenciaba su liderazgo y sabiduría. Los guardianes de aries, eran maestros en la manipulación de los metales nacidos en las entrañas de la Madre Tierra y se dedicaban a la alquimia y la herrería, utilizando de forma más concreta que cualquier otro signo, las bondades de su elemento regente: el fuego.

El fuego sagrado que inmolaba, que redimía y que regeneraba.

Un profundo deseo de ver a Shaka sano, ardió en el corazón lemuriano y el sentimiento fue tan fuerte, que sin darse cuenta, ese fuego dorado brotó de sus manos y rodeó por el torso al indio, confortándolo.


Shaka, se había recostado presa de un agotamiento que nunca había sentido, además, tenía mucho frío y le costaba trabajo respirar. Rápidamente se durmió cayendo en un sueño intranquilo. Extrañas visiones, iban y venían a su mente febril y de repente se sintió absorbido por un abismo de luz violeta, que se abrió a sus pies y que lo atraía con una fuerza incontenible, hasta que su garganta se cerró y empezó a ahogarse.


Mu tenía los ojos cerrados, con su mente concentrada únicamente en reconfortar a Shaka, sin embargo, de un momento a otro, el rubio comenzó a tener dificultades para respirar. Cada inhalación, se tornó en un silbido desesperado y entonces Mu se dio cuenta de que Shaka se asfixiaba.

En la mente de Mu, un abismo de energía violeta se abrió debajo de él y entonces lo vio; su amado amigo era absorbido por la luz violeta y él por instinto, le tendió una mano.

Shaka, por favor… toma mi mano


De en medio de un hermoso resplandor dorado, una voz muy querida para él, resonó en sus oídos como sinfonía salvadora.

-Toma mi mano –escuchó Shaka- toma mi mano… confía en mi…

Con dificultad, debido a la distancia que lo separaba de aquel fulgor, Shaka se estiró lo que le fue posible, su cuerpo adolorido le permitía poco movimiento y después de un gran esfuerzo, sus dedos rozaron los dedos ajenos, hasta que logró aferrarse completamente a la cálida mano de Mu.

Una voz resonó en la mente de los dos, una voz de trueno:

Tú elegiste tu destino lemuriano... serás entonces el primero


Mu tenía la mano de Shaka aferrada a la suya, le había ganado a la luz púrpura... ja... no pudiste salirte con la tuya... sea quien seas -pensó con una risa de triunfo.

Shaka despertó de repente, empapado en sudor y temblando de pies a cabeza, a su lado y con semblante sereno a pesar de la exaltación reflejada en sus grandes ojos, se encontraba Mu, mirándolo con curiosidad.

Las manos de ambos estaban unidas y entonces Shaka se dio cuenta que lo que había visto, también fue visto por Mu.

-Shaka

No hicieron falta más palabras para que Shaka demostrara cuánto agradecía esa presencia, ni preguntas que Mu quisiera hacer acerca de lo sucedido, Shaka ahora estaba bien, los moretones de sus costillas habían desaparecido y el aire llegaba a sus pulmones sin dificultad. Un calor reconfortante lo envolvió, irradiado de Mu al rodearlo con sus brazos y solo ese gesto bastó para decirse todo y nada, pero el espíritu de ambos estaba unido y a salvo.


Fuego, aire, tierra y agua

Al dar el reloj las siete de la noche, los muchachos fueron acercándose al comedor al sonido de la campana, afuera, la lluvia arreciaba cada vez más fuerte, refrescando notablemente el ambiente.

Cordero y pollo asados, eran el plato principal, acompañados de verduras guisadas con tomate, trozos de polenta y queso de cabra, pan fresco y berenjenas en salmuera y para finalizar panna cota, recién cortada. Los últimos en bajar fueron Kanon, ayudado por Saga y Shaka planeando con Mu cuando hablarle a los demás de lo que vio esa tarde en sueños, el rubio, ya con muy buen semblante.

-Buda… pero qué bien te ves –comentó Milo, mientras todos tomaban asiento- de verdad te ha sentado el clima

Shaka se volvió hacia Milo y contestó muy tranquilo –no fue el clima, fue Mu- Milo arqueó las cejas y Mu enrojeció hasta la raíz del cabello –gracias a sus cuidados me siento como nuevo –terminó el de virgo tranquilamente.

El escorpión abrió la boca para contestar una tontería y Camus le dio un codazo –ya come- intervino el francés, Milo se encogió de hombros y continuó sirviéndose- oye Mu -agregó el escorpión, quien no soportaba el silencio- ¿qué es ese bicho?

Biralo, quien recibía los pedacitos de comida que le brindaba el bonachón de Aldebarán, se quedó quieto, moviendo sus extrañas orejas hacia atrás, como si estuviera atento a lo que hablaban de él.

-Yo creo que es una especie de felino

-Hay que ver si cae de pie... como Aioria esta mañana -rio el toro, secundado por algunos, que recordaban el bochornoso incidente en la guerra de barro, cuando el de leo se fue de bruces, ante un ataque de Mu.

-Ja-ja-ja... no me hace gracia -protestó el aludido.

Shaka miró a Biralo con una ceja enarcada -ese bicho simplemente no es de este mundo- y siguió comiendo como si nada, los demás se quedaron mirándolo intrigados y mejor decidieron continuar con la comida sin decir nada más.

Al otro lado de la mesa, Aiorios y Aioria, conversaban muy animados acerca de sus planes para el otro día, ya que Angello los había autorizado a usar la motocicleta. En medio de la charla, Aioros notó un detalle curioso en el plato de su hermano -no me digas que no vas a probar el cordero -le dijo al verlo comiendo solo acompañamientos, ya que el pollo no le gustaba- es la primera vez que veo un carnívoro vegetariano.

-No... se me antoja

Aioros miró hacia el cordero e intuyó la causa del porqué su hermano rechazaba un asado como ese así sin más; la bandeja de la carne estaba frente a Saga, quien también había notado que el león no hacía más que jugar con sus verduras.

-Hey Aioria -el aludido miró sin ganas hacia Saga- ¿quieres? -dijo el mayor ofreciéndole la bandeja.

-Yo ehh -Aioria se quedó sin palabras y su hermano asintió con una sonrisa en los labios- gracias... Saga -murmuró aceptando humildemente la bandeja con el cordero.

Saga se devolvió a su lugar, cortó un pedazo de berenjena y cuando estaba con el tenedor a punto de entrarle en la boca, Aioria se aclaró la garganta y lo llamó.

-Hey Saga -dijo después de una pausa- ¿te gustan... las motocicletas?

Saga lo miró y asintió intrigado ante la extraña pregunta. Algunos, como Mu y Shura, dejaron de comer y dirigieron su atención hacia Saga y Aioria. Otros como Angello y Shaka, siguieron en lo suyo, el primero porque poco le importaba y el segundo porque ni se percató de la situación.

-Mañana... mi hermano y yo -Aioria se volvió hacia el arquero, quien sonreía complacido- pues... vamos a tratar de hacer funcionar la Ducati del papá de Angello... ¿te interesa?...

Saga asintió con una sonrisa -me encantaría... de verdad te lo agradezco

Sentado entre Camus y Angello, Milo se dispuso a alcanzar la canasta del pan, cuando se topó con Kanon, quien intentaba servirse sin éxito, usando la pinza con su mano buena. El escorpión bajó la mirada y al observar el brazo maltratado del gemelo, se puso de pie y le sirvió dos bollos en el plato -si quieres más... solo me avisas

Muy a su manera, Kanon agradeció la amabilidad del muchacho -¿insinúas que soy glotón?

-Si el guante te queda -dijo Shura sin querer, Kanon hizo un mohín de falso enojo y Milo soltó una carcajada.

-Ese fue un comentario digno de Kanon, cabra

-No seas grosero Aioria -intervino Mu, Kanon sonrió triunfal ante la aparente defensa del lemuriano- te dije que es horrible que le digas cabra a Shura

-O sea que no me estás defendiendo a mi -se quejó Kanon con una ceja levantada, para diversión de los demás.

-No hermano... es que es cierto que eres glotón

-Oye...

Después de eso, la cena se volvió muy agradable, todos comían y compartían, algunos incluso comenzaron a narrar de forma jocosa, algunas de sus aventuras en los otros países donde habían estado. Eso hasta que Aldaberán hizo una pregunta.

-¿Estamos todos? –preguntó dándole un mordisco a una costilla de cordero- me parece que aquí falta alguien

Angello y Camus se volvieron a ver casi con terror -AFRO

-Cierto... qué hay del pecesillo -preguntó Aldaberán, con la boca llena.

-Lo envié al viñedo para que cantara

-¿Para que cantara? -cuestionaron varios a la vez.

-Parece que la voz de Afro deleita a las plantas y Angello descubrió que favorece la cosecha -explicó Camus tranquilo- cosa que no es extraña tratándose de un Piscis

En el momento en que Angello se lanzó a buscar un paraguas para ir a recoger a su amigo al viñedo, escucharon los pasos de alguien entrando a la casa. Todos dejaron de comer y el golpeteo de los cubiertos sobre la porcelana cesó a la espera del recién llegado. Los pasos chillaron debido a la cantidad de agua que cargaba el calzado y de pronto, vieron entrar al comedor a un desaliñado excaballero de Piscis, chorreando agua y con el cabello hecho una maraña de rizos desechos y hojas.

-Aquí... está... el último... racimo de uvas –siseó Afro casi afónico y muy molesto, dejando caer la fruta, la cual fue atrapada por Angello antes de que golpeara el suelo- espero… que … estés contento

–Hey, ten cuidado pesce se puede echar a perder… cada racimo es un tesoro- rezongó el italiano, junto con Camus, quien apoyó la moción del otro.

Los demás guardaron silencio ante el espectáculo que significaba ver al sueco en esas condiciones. Furioso con la indiferencia de su mejor amigo, Afro se dio media vuelta y se marchó a su habitación.

-Pesce –llamó Angello- si vas a cenar, báñate y ponte algo decente… te ves desastroso

-Vete al diablo –se escuchó desde la escalera.

-Bien pesce… pero te llevo conmigo


Un rato después, en el porche de la casa

Después de la exquisita cena, Saga se sentó satisfecho en la gradita del porche, a mirar la luna en cuarto creciente y a escuchar los sonidos de la noche. Biralo, mientras tanto, se le acomodó en el regazo, demandando atención y el mayor de los géminis se dispuso a mimarlo, sin dejar de contemplar la oscuridad que se había apoderado de la arboleda. Hacía frío, sin embargo, era muy agradable la brisa marina que acariciaba esas tierras, claro, cuando se tenía una buena chaqueta consigo.

-¿Se puede?

Saga se volvió para averiguar quien le hablaba y se topó de frente con Shura.

-Claro...

Shura se sentó en la misma gradita, exactamente frente a Saga, recostándose en el otro extremo de la baranda. Como era su costumbre para después de comer, sacó un cigarro de la cajetilla que llevaba en uno de los bolsillos de su chaqueta y se dispuso a fumar.

-Buena cena –comentó el español.

-Buen barro –comentó Saga muy serio y aunque trataron de mantenerse ecuánimes, ambos rompieron a reír al mismo tiempo.

-Me quité barro de rincones que ni yo conocía que tenía

-Pero qué bien se sintió –dijo Saga suspirando con una gran sonrisa- vale la pena la comezón… además dicen qué es saludable

-Buenas noches chicos –Kanon, llegó vestido con ropa de dormir y un chaquetón, estirándose perezoso y tomó la mecedora más cercana para sentarse junto a los otros.

-¿No es que estabas descansando Kanon? –preguntó Saga.

-Realmente me aburrí de la cama y quise salir a dar un paseo… hey ¿lograron quitarse todo el barro?

-Fue una tarea difícil, pero lo logramos –contestó Shura sonriendo.

-Vaya, pero miren quiénes están aquí… todo el firmamento en un solo lugar

-Arquerito -dijo Shura a manera de saludo- te has perdido todo el día, estaba buscando un asistente de panadero y te me escapaste

Aioros hizo un gesto exagerado de alivio -de la que me salvé...

-¿No creen que la noche está como para tomarse una cerveza? -preguntó Kanon, como siempre arrastrando a los demás.

-Voy por ellas –dijo Aioros muy alegre


Unas cuantas cervezas más tarde…

-¿Y quién te dijo eso? –preguntó Shura- suena como a teoría de conspiración

Saga se aclaró la garganta para contestar –Nadia… la examazona de Lince

-NADIA… ¿Nadia fosforito? -preguntó Shura asombrado.

Kanon y Aiorios soltaron una carcajada al unísono –exactamente- confirmó Aioros riendo –imagínate lo que es ir a turistear a Egipto y encontrarte con tu novia de la infancia

-Por la diosa –dijo Shura golpeándose la frente- ¿todavía es igual de flaca?

-No es flaca –susurró Saga- solo es muy espigada

-Y eso no es lo peor… lo peor es que las últimas dos noches se quedó con esa asalta cunas –afirmó Kanon sin dejar de reír.

-Es una amiga –dijo Saga después de aclararse la garganta- y no es una asalta cunas

-Si claro… una amiguita con derecho

-Con derecho a qué –preguntó Aioros con los ojos muy abiertos.

-Con derecho a todo y a nada –contestó Kanon- dile a Shura que te explique

-¿Shura?

-¿Por qué yo?... no tengo nada que ver, yo soy un caballero, no acostumbro a esas cosas…

-Cuando nos escapábamos a la Trova, no te comportabas como un caballero –atacó Saga por venganza.

Shura tragó con dificultad –tenía catorce años… no sabía lo que hacía

-JA-JA-JA… permíteme que me ría… claro que sabías a qué ibas

-Bueno… bueno Saga, ya dejemos el tema en paz… oye por cierto que de la última vez que estuvimos en la Trova, me debes 200 dracmas

-Shuris –intervino Aioros- eso fue hace quince años

-Suma los intereses entonces y me lo pagas al tipo de cambio en euros

-Oye… no seas aprovechado

Aioros bebió de su cerveza un gran trago y cambió su semblante, riendo de forma melancólica -¿recuerdan esa última vez?

-Si… pues si –intervino Shura dándole un jalón al cigarro- ese día supe lo que era ganar mi primera partida con trampa a los marineros

-Eres un embustero Shura

-Me temo que tienes razón arquerito –los cuatro guardaron silencio, pero era un silencio pacífico y melancólico, incluso agradable, cada uno sumido en sus propios pensamientos, hasta que la melodiosa voz de Shura rompió ese sosiego

Luna que me brindas tu magia

ahora que me encuentro caminando por estas tierras extranjeras

desde que mi casa fue arrebatada

y las montañas parecían llorar

- To tragoudi tis xenetias –indicó Aioros.

Shura y Kanon asintieron –la cantamos ese día, después de que los marineros ingleses, estuvieron suficientemente borrachos como para ganarles las partidas fácilmente –Kanon le dio otro sorbo a la cerveza- después empezamos a cantar Maggie May

Los cuatro se carcajearon a la vez y Shura comenzó a tararear la cancioncilla, la cual era bastante más alegre que la anterior. Pronto, los otros tres hombres se sumaron a la cantaleta.

Ahora recojan todo a su alrededor marineros y oigan lo que solicito

Y cuando escuchen mi historia, sentirán mi lástima

Porque soy un perdedor en el puerto de Liverpool

La primera vez que vine a casa desde el mar


Una vez Shaka estuvo dormido, Mu se dedicó a buscar a Biralo, cuando de repente, escuchó el escándalo en el porche, entonces se acercó a la puerta principal, para averiguar de quienes se trataba y tal ves sentarse a conversar un rato. Al reconocer las voces, se detuvo antes de darle vuelta a la manija y en vez de salir, se asomó para mirar tan particular reunión.

Así se lo encontró Aioria, mirando disimuladamente por una hendija que abrió, al correr la cortina de una de las ventanas -hola carnerito... ¿por qué no vas con ellos?

Mu se colocó un dedo en los labios, con un ligero shhh, indicándole al griego que guardara silencio. Aioria asintió contrariado y abrió levemente la cortina para mirar él también. Allí estaban Shura, Aioros, Saga y Kanon, conversando animadamente, mientras reían y tomaban cerveza.

-¿Hace cuánto no sucedía esto? -murmuró Aioria con una risa melancólica en los labios.

Mu asintió en silencio, sin dejar de mirar con una sonrisa de satisfacción aquella maravillosa escena.

Cuando los cuatro mayores comenzaron a cantar, el lemuriano se llevó las manos a la cabeza para taparse los oídos y comenzó a reírse. Aioria, por su parte negaba en silencio -Shuris canta bien... pero esos cuatro juntos... no... definitivamente, no pasaron la prueba para el coro

Me pagaron en el puerto de Sierra Leona

cuatro libras al mes ellos me pagaron...

-Vamos amigo- susurró el lemuriano, aún con una mano tapando una oreja, dándole un empujoncito a Aioria para alejarlo de allí- dejémoslos terminar a solas…


Habitación de Aphrodite

Afro se había tirado en la cama agotado, hambriento y más que todo enojado. Además de que pensaba que Angello no era más que un explotador, esclavista y usurero, le parecía que había congeniado demasiado bien con el témpano y ahora lo había reelegado a un trabajador más de la hacienda… ese cangrejo miserable y su miserable viñedo… no… pensándolo bien el viñedo no tiene la culpa.

Seguía refunfuñando metido debajo de las mantas, cuando escuchó lo que creía era un grupo de marineros cantando ebrios, seguido de los aullidos de la extraña, pero interesante mascota que trajo Mu, aullidos que fueron imitados por todos los perros que merodeaban los alrededores de la hacienda.

Con poco dinero en mi bolsillo

me dispuse a gastarlo demasiado rápido,

porque lo tomó una chica llamada Maggie May

-Pero qué demonios –dijo tapándose la cabeza con una almohada- ahora es que tampoco voy a poder dormir… diablos… ebrios malnacidos… desconsiderados… patanes…


En la salita de juegos

-¿En serio? ¿Con Hilda de Asgard?

Angello y Aldaberán, quienes jugaban una partida de billar, se volvieron al par que estaba muy cerca de ellos, se miraron y sonrieron disimuladamente.

-Milo cállate que no quiero que se den cuenta

Milo estiró las piernas en el sillón donde se encontraba sentado y colocó sus brazos detrás de la cabeza para apoyarla, mientras estudiaba pensativo el artesonado del techo. Camus, por su parte, estaba sentado en el sillón contiguo, con libro en mano y hablaba en un susurro para que no lo escucharan.

-Pero… esa mujer no es demasiado refinada para ti

-Es una princesa, por supuesto que es refinada, pero es inteligente y estudiosa ¿y qué estás insinuando… que soy chabacano?

-Ya no te enojes -Milo bufó divertido- ¿te soporta con ese espíritu de octogenario tuyo?

Camus se incorporó de su sillón y enarcó una ceja –lo creas o no puedo llegar a ser muy interesante, además, pienso pedirle en cuanto la vuelva a ver que me acepte como su novio

Milo casi se tira del sillón -¿VAS A FORMALIZAR?

Camus asintió con una discreta sonrisa, Milo estaba a punto de decir algo para persuadirlo de que desistiera de tan descabellados planes, cuando escucharon a los mayores cantando su propia versión de Maggie May, junto con la jauría de animales aullando para acompañar tan desacertada interpretación.

Oh Maggie May, oh Maggie May

tienen que sacarla de la calle de la Lima

para que no le robe a más capitanes y balleneros

Oh malvada y sucia robin Maggie May

Los cuatro muchachos que se encontraban en la salita, dejaron de lado lo que hacían, para aguzar el oído, preguntándose qué era aquello –pero qué…- comenzó a decir Aldaberán, cuando vieron llegar a Aioria y Mu.

-Son los chicos mayores –explicó el lemuriano con una sonrisa sincera- solo están terminando una conversación pendiente…

-Pues que la terminen rápido –dijo Angello- o les doy otro baño con la manguera…


Muchas cervezas y canciones después…

Por lo que había pasado recientemente en Egipto, Kanon aún estaba muy débil... por la diosa, si es que acababa de sufrir un paro cardiaco, no era para menos que se sintiera tan cansado. Con ayuda de Saga logró llegar a su cama, para arroparse en seguida y relajar el cuerpo.

La sensación era tan deliciosa que no quería quedarse dormido. Ese sentido de pertenencia era demasiado refrescante.

Al fin era uno más, sin imposiciones, sin manipulaciones, solo él mismo y los demás lo aceptaban y por qué no, también le querían, así tan él... tan Kanon, como dijo Aioria en la cena.

Y él descubrió cuanto quería a los otros y cuánto ocupaban su mente. La salud y el bienestar de los más jóvenes y de Saga, era lo más importante, porque si, porque eran sus hermanos.

Ya Kanon no era invisible, ahora era uno de ellos.


Aioros entró a la habitación que compartiría con su hermano menor a eso de las dos de la madrugada y como era usual en él, no se sentía cansado. La noche estaba agradablemente fría y lo primero que hizo fue verificar que su "hermanito", estuviera bien cubierto por las mantas. Al mirarlo en su desfachatez, sonrió, recordando las malas costumbres que tenía para dormir y que aún conservaba.

Una vez cubrió al más joven, caminó de puntillas hasta su cama y se metió rápidamente bajo las cobijas, hasta que los escalofríos desaparecieron al calor de las mantas. Tenía que confesar que este viaje a Italia, lo tenía nervioso, ya que prácticamente no conocía a sus compañeros y pensaba que tal ves la diferencia de edades iba a provocar no ser aceptado en el grupo. Sin embargo todo había resultado distinto.

Se durmió con una sonrisa en los labios, se sentía en su hogar, estaba con su familia y aquella conversación que por las circunstancias quedó pendiente, hacía quince años, fue por fin retomada.


Saga se encontraba al fin descansando en su cama. En el otro extremo de la habitación, Kanon roncaba desde hacía unos minutos.

El clima estaba frío y lluvioso, sin embargo, la sensación no era para nada molesta, eso si, mientras se estuviera bien abrigado, así que el peso de las gruesas mantas de la cama no le incomodaba y más bien lo hacían sentir muy confortable. Pronto sintió el cuerpo relajado, sin embargo, de vez en cuando una risilla aparecía en sus labios, al recordar algún detalle jocoso del día, hasta que se quedó profundamente dormido.

Saga durmió como no dormía desde hacía años, cuando Arles comenzó a nublarle la razón. Esa noche, no hubo pesadillas, ni sensación de caída, solo la calidez en el alma, de quien tiene la conciencia tranquila.


Shura estaba en la habitación que ahora compartía con Aphrodite y en la otra cama, los larguísimos rizos celestes de éste, descansaban perezosos sobre la manta blanca con la que se cubría hasta la nuca.

Afro roncaba profundamente, sin embargo la lluvia que comenzó a caer, amortiguó el ruido. Shura se recostó boca arriba, con su brazo bueno detrás de la nuca, mientras se relajaba. Suspiraba de vez en cuando, meditando, recordando las últimas semanas y a su mente volvieron las palabras de una atolondrada amazona.

Había convivido con sus compañeros de Orden durante unas horas y en ese tiempo ni el recelo, ni la aversión se reflejó en las miradas sinceras de ellos. Según pudo percibir en sus conversaciones, el pasado era parte del pasado y lo único importante ahora, era el futuro.

Shura no pudo evitar sonreír, mientras sus ojos de esmeralda, se cerraban poco a poco, debido al cansancio. Por primera vez desde que volvieron, se sentía libre de culpa, porque su corazón lo había perdonado.


Continuará

*Mosto es la primera carga de uvas que se exprime en una cosecha, la fiesta del primo mosto realmente es una invención mía y el nombre es redundante, pero mi italiano es peor que pésimo, entonces pido las disculpas del caso

Les agradezco muchísimo sus comentarios y observaciones, Princess, Kaito, a Guest la reacción de Shion te la quedo debiendo para el próximo, es que como ves este se hizo muy largo, Diana, ya viste cuál es el papel de Nadia, tranquila no es serio, no te va a robar a Saga, jejejejejeje. Mariana, muchas gracias por estar allí, pronto espero, esto comience a avanzar para ir cerrando situaciones ;)

A Kennadaillard, gracias por tus comentarios, me sirvieron mucho para redondear algunas partes de la historia, que aún no me gustaban, espero te agrade este (por qué no te gustan Camus y Shaka, ya fueran de verdad ese par de bellezas, jajajajjaja)

A todos capítulo dedicado a ustedes, cuídense y un gran abrazo, Shakary