Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada, yo nada más -me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable.

Advertencia: El bello Shion, lo hizo de nuevo. Así que puso a estos encantadores muchachos en aprietos otra vez. Durante algunos capítulos, los doraditos intentarán volver al Santuario en una pieza, eso implica que tendrán que recurrir a tácticas poco honorables. Debido a lo anterior advierto, en caso de que este fic sea accedido por menores de edad.

De asesinos a caballeros: historia de renacimiento y redención
Camino a Casa. II Parte
Rávena, italia

Damián fue hasta los trece años, un buen chico. De mano del gran Claude de Serpens*, aprendió todo lo necesario para ser un guerrero sagrado. En la Isla de Creta, entrenaban tres aspirantes a la armadura de Delphinus y junto con su amado maestro, formaron algo a lo que llamaron familia. Vivían de forma modesta y compartían sus pocas posesiones entre ellos, se repartían las labores y buscaban el consuelo mutuo, cada vez que el duro entrenamiento parecía quebrar la voluntad.

Fue una hermosa época. Por primera vez, Damián tenía un padre que se ocupaba de él y hermanos con quienes compartir vida, techo y un plato de comida caliente al día.

Sí, todo parecía perfecto... todo hasta que llegó él.

Esa terrible noche de verano, Efraín, su compañero mayor, los llamó a cenar. Y es que le habían dejado al corpulento muchacho la labor de la cocina, porque sabía hacer milagros con lo poco que tenían en la alacena. Esa noche era especial; alguno de los chicos consiguió un par de conejos y Efraín los preparó asados con papas salteadas... todo un manjar para las barrigas hambrientas.

Ante tan espectacular cena, el maestro Claude se levantó para dedicar unas palabras al afanado cocinero y cuando se disponía a iniciar su discurso, un terrible golpe de cosmo, provocó que la copa que sostenía cayera al suelo -busquen refugio y no intenten atacar... no vale la pena- fueron las palabras que recuerda Damián, pronunció su maestro, antes de que la puerta de la cabaña se reventara en miles de pedazos, revelando la impresionante figura de un hombre ataviado con una armadura dorada.

-¿Claude de Serpens?

-Soy yo

-Se te acusa de alta traición contra la Sagrada Orden de Atena, su Patriarca y la todopoderosa diosa regente... ¿tienes algo que decir a tu favor?

-Que ellos tres son inocentes -señaló el de Serpens refiriéndose a su alumnos- no los metas en esto...

-Ellos no me interesan -contestó el dorado con petulancia, tirando un bellísimo rizo celeste detrás de la oreja- la sentencia solo dice tu nombre

-Procede entonces...

Aphrodite de Piscis, no necesitaba una autorización para ejecutar sus órdenes. Caminando con altiveza, disfrutando de esa estimulante sensación el miedo que provocaba en los demás, se acercó a Claude y sin inmutarse por la presencia de los tres aprendices, usó las aristas del brazo izquierdo de su armadura, para abrirle de un tajo el cuello al plateado.

A partir de ese día, Damián se juró que vengaría la muerte de Claude. Afortunadamente, encontró en su camino, a muchos que pensaban como él y gracias a ellos, en ese momento tenía la boca de su arma, en la sien de uno de esos malnacidos caballeros dorados.


Shaka de Virgo, trataba de incorporarse del suelo, después de haber recibido una paliza de antología, de parte de un desconocido, a quien, gracias a su ceguera repentina, confundió con su amigo Aldaberán

-¿Quién... eres? -fueron las dos palabras que el dolor en las costillas, le permitió pronunciar.

-Soy tu némesis... Aioros de Sagitario... y he venido a tomar tu vida...

-Espero entonces, tu armadura resista una de las flechas de mi carcaj... porque Aioros, soy yo…

Damián no se dio cuenta en qué momento, aquel hombre se le había acercado lo suficiente como para escucharlo hablar. El día en que murió su maestro, fue la única vez en que fue testigo de semejante velocidad en un hombre al moverse y de nuevo sintió el miedo de aquel entonces. Despacio, volvió su mirada hacia la izquierda, de donde provenía la voz calma y no pudo evitar sorprenderse ante la presencia de aquel guerrero quien se mantenía erguido en el aire, desplegando un par de magníficas alas doradas, mientras lo apuntaba con una flecha que tensaba con su arco.

-Estás aterrorizado –dijo tranquilamente el impresionante caballero, al notar la gota de líquido que resbaló por su barbilla- empiezas a sudar frío...

-¿Cómo lo hiciste? -preguntó Damián con temor a la obvia respuesta- ¿cómo te acercaste así?

-Eres lento... tu velocidad no supera la del sonido -Aioros sintió claramente, el temblor del otro- ahora... retira tu linda arma de la cabeza de mi hermano o tendré que atacarte...

-Inténtalo -Damián se volvió tan rápido como le fue posible y Aioros soltó la flecha que se mantenía quieta con la tensión de su arco y para sorpresa del arquero, su extraño oponente pudo detener el proyectil con un escudo que se desplegó en su brazo izquierdo.

-Que interesante –susurró Aioros, sin inmutarse- está bien, ya que tienes como defenderte… defiéndete

Aioros se elevó como bólido, plegando las alas de la armadura de Sagitario. Damián lo siguió, utilizando para ello, los cohetes colocados en los pies del aparato que conformaba su "armadura".

-De uno de los brazos de Damián, una versión mejorada de las turbinas de la antigua armadura de Cho, emergió creando una ventisca tan fuerte que estuvo a punto de hacer chocar al griego contra un edificio cercano. Para mala fortuna de Aioros, se le estaba dificultando el control de su cuerpo investido con la armadura dorada; ya que tenía 20 centímetros y 15 kilos extra que desde la última vez que la usó.

De los tres chicos de su grupo, el arquero era el único que no estaba bloqueado y sabía que la seguridad de sus compañeros dependía de él. Por ello, se recuperó lo más rápido que pudo, para terminar con la pelea, esperando la mínima cantidad de daños posible.

-Hey tú… ¿qué clase de guerrero eres?

Damián no contestó. Iracundo por no lograr dañar a su contrincante, se lanzó hacia el frente, golpeando en el torso a Aioros y rodeándolo por la cintura, se aventó con él, hasta estrellarlo en el pavimento.


-SHAKA… ¿Shaka estás bien? –preguntó preocupado Aldebarán, mientras ayudaba al rubio a levantarse.

-Solo… un poco aturdido –contestó con dificultad.

-Ven déjame llevarte a un lugar seguro… parece que esta pelea empieza a complicarse…

Shaka intentó ponerse de pie y una punzada lo hizo trastabillar el paso –esa rodilla otra vez… es la misma que me lastimé en Suecia

Aldaberán soltó una risilla -lo siento, pero en este momento eres la damisela en peligro y yo te rescato...

-Oye... oye Alde... esto no es necesario... en serio... no lo hagas...

Sin importarle la renuencia de Shaka, el brasileño lo levantó en brazos y rápidamente corrió con él a refugiarse en un pequeño callejón, lejos de la pelea que se intensificaba cada segundo, a solo unos metros de allí. Con sumo cuidado, Aldebarán sentó a Shaka en el suelo y lo revisó para verificar su estado.

-Tranquilo Alde… estoy bien… solo es un dolor en la rodilla… ya se me pasará

-Shaka… ¿qué fue lo que pasó?

-No sé –el rubio comenzó a rascarse la cabeza- me perdí… traté de encontrarlos pero no pude… caminé por horas y seguramente me alejé… de un momento a otro confundí a ese guerrero contigo y comenzó a golpearme sin razón aparente

Un golpe atronador, que hizo vibrar el suelo, distrajo a los dos muchachos de su conversación. Damián había clavado a Aioros en el pavimento.

-¿Quién será ese loco?

-No lo sé... pero me confundió con Aioros


Damián no se imaginaba la fuerza que era capaz de generar un caballero dorado. Trató de mantener a Aioros inmovilizado, pero en cuestión de segundos, el arquero dorado, logró zafarse del agarre mecánico y se alejó lo suficiente para retomar su posición de ataque. Debido al desorden generado por la embestida de Damián, la gente comenzó a correr desesperada de un lado a otro en busca de refugio, cuando pedazos de escombro y vidrios volaron por todas partes. Aioros miró preocupado a su alrededor; había demasiadas personas en peligro. Tratando de velar por la seguridad de los civiles y de sus compañeros, decidió volar a un sitio apartado de allí.

-Hey... tú... caballero -llamó con firmeza- probemos tus reflejos al volar, a ver si me alcanzas...

-Ya verás presumido... te acabaré más rápido de lo que digas rayo...

-Terco -murmuró Aioros- de verdad… no me interesa hacerte daño...

-Tengo orgullo caballero –Damián aceleró hasta la potencia máxima y arremetió contra el arquero, quien al verlo en posición tan ofensiva, se colocó de frente a la espera del golpe. El devastador le propinaba golpe tras golpe, que el dorado detenía fácilmente con las palmas de sus manos- maldito dorado… muérete…

Aioros pronto comprendió que su contrincante, no era más que un muchacho cegado por la ira y que gracias a eso sería fácil vencerlo. Sin darle tiempo al otro de dañarlo, respondió los ataques de la misma manera, abollando con cada puñetazo, la armadura profana. Para terminar, se elevó lo suficiente en el aire y con agilidad, giró la cadera y propinó una potente patada en el pecho, que tumbó violentamente a Damián sobre unos tejados cercanos.

De entre los restos de tejas y arrastrando lo poco que quedaba de su orgullo, Damián se incorporó sacudiendo con ira la cabeza, rugiendo furioso por la humillación. A alta velocidad, se elevó por encima de los tejados buscando al caballero de Sagitario, con toda la intención de cercenarle el cuello, de la misma forma en que se lo hicieron a su maestro.

-Aioros... ¿dónde estás cobarde?

-Tu armadura tiene una brecha -le contestó el arquero a unos diez metros de donde él se encontraba. Al mirar de reojo, se encontró con la magnífica imagen de Aioros tensando una flecha, mientras le apuntaba directamente a su sien izquierda- hay una pequeña ranura decorativa en el casco, por allí pasará esta flecha...

Y Aioros tenía razón, ese pequeño punto débil, marcaba la ventaja de la pelea a su favor. Damián lo sabía; estaba perdido. Para él no había segunda opción, simplemente tenía que ganar.

O asesinaba al arquero, o quedaría condenado a muerte en Deucalión.


Estambul, Turquía

Cuando divisaron al asesino de Deucalión, husmeando cerca de ellos, se escabulleron por los distintos callejones que comunicaban a los vendedores de un mercado cercano y en una callecilla solitaria, treparon por las paredes de un pequeño edificio hasta la azotea, con el fin de refugiarse. Allí pasaron ocultos, hasta que amaneció.

-Lo bueno de que envíen sus asesinos, es que no nos pueden detectar por medio del cosmo, son hombres comunes –dijo Kalia, asomando la nariz por el barandal para vigilar al mercenario, quien se reunía abajo con unos cuantos gamberros más para darles instrucciones- maldita sea… son varios… James se lució… envió lo mejor de lo mejor a cazarnos…

-Tenemos que salir de Turquía… insisto en regresar al Santuario

Kalia descubrió su boca del velo que dejaba entrever solo sus ojos y miró a Algor con el ceño fruncido –eres terco… sabes que es un riesgo volver en este momento… el Santuario será el primer lugar donde nos buscarán estos tipos, además, en Atenas terminarán con nosotros sin escuchar razones Algor...

El de la Medusa, tomó a Kalia de los hombros y la miró con severidad -Kalia... todo esto es demasiado grande... nuestro Patriarca sabrá qué hacer... además está por volver la Orden Dorada, la Luna de Cosecha será el fin de semana...

Kalia se soltó del agarre de Algor con un manotazo -no voy a lanzarte a la arena llena de leones... en otro momento no pude proteger a Dhorte, pero ahora daré mi vida por cuidarte... tengo una deuda que saldar y lo haré con mi propia sangre...

-Pero Kalia -replicó sorprendido Algor- no entiendo por qué...

-Porque eres el portador del escudo de la Medusa y solo tu voluntad, puede evitar que esa armadura sea utilizada como llave para liberar a la Madre

Algor suspiró, en parte Kalia tenía razón, pero no podía confiar totalmente en ella, sea como sea, no era más que una traidora. Estaba acostumbrada a jugar desde ambos bandos y quedaba claro que no tenía reparos en asesinar si así fuera necesario. Así que decidió seguirle el juego y mantener oculta su armadura y su presencia, hasta que tuviera la oportunidad de deshacerse de ella, para volver al Santuario.

Si, eso haría, en cuanto se descuidara, la mataría.


Avanzando por Croacia

Milo estaba molesto con Aphrodite. El día anterior lo hizo jurar, que lo apoyaría en todo lo que él sugiriera, con el fin de llevarle la contraria a Saga y eso al de escorpión no le gustaba, sobre todo porque sabía de sobra, que el gemelo seguramente ya había descubierto la treta.

Debido a lo anterior, desde que iniciaron el viaje, el ambiente estaba demasiado cargado. Afro se quejaba a cada segundo del Yugo y Milo parecía un tonto secundando sus quejas. El plan era sencillo, irían por tierra, hacia el norte, cruzarían el sur de Suiza y bordearían a Croacia por la costa. Sin embargo, al llevarle la contraria a Saga, se desviaron por una ruta rural a Rijeka, en lugar de ir por Zagreb.

¿Y qué diablos hacían en Rijeka? Saga no lo sabía. El camino era difícil, el auto resentía el esfuerzo y la ruta era dos veces más larga que la de Zagreb. Saga sospechaba y era algo que esperaba sucediera, dado que Afro y Milo, tenían dos semanas de convivencia y al parecer se habían vuelto buenos amigos. Así que decidió seguirles el juego, "hasta descubrir lo que traman o hasta que las consecuencias lo permitan" –pensó con suspicacia.

-Bonito lugar Rijeka –dijo intentando iniciar una conversación- pero según lo que puedo ver en el mapa, sugiero que nos desviemos a la izquierda para cortar por Zagreb –de inmediato Afro se aclaró la garganta y Milo se respingó; una reacción muy sospechosa.

-Yo… yo creo que mejor seguimos como vamos Saga –dijo Milo sin convicción.

-El camino que sugieres es terrible Saga, muchas carreteras continúan cerradas por daños causados por el terremoto –dijo Afro con toda seguridad.

-Pero Afro… ¿no crees que es mejor ruta la que sugiere Saga? –se atrevió a opinar Milo.

-No Milo –Afro habló sin despegar los dientes- recuerda que esa ruta no

Saga enarcó una ceja, podía entender de qué se trataba todo y estaba seguro que tenía que ver con la petición de Milo para que Afro condujera. Al igual que en todas las comidas, el hotel que eligieron y cualquier otra decisión, Milo le había llevado la contraria, aliándose con Aphrodite.

-Es extraño –dijo Saga doblando el mapa- si no los conociera diría que traman algo… pero yo sé que ustedes no serían capaces

-Estás paranoico –dijo Afro tranquilamente, Saga solo se sonrió y decidió continuar con su averiguación hasta que diera con la causa de todo.

Afro se detuvo en una tienda para bajarse a comprar cigarros y algunas bebidas, entonces Saga se volvió desde el asiento de pasajero y encaró a Milo, quien se tornó evidentemente nervioso –ahora si Milin… ¿qué pasa?

–No… no… Saga… nosotros… para nada

-No es cierto Milo… te delatan tus gestos... siempre has sido un mal mentiroso

Milo suspiró acongojado, pero decidió hablar –le prometí a Afro que estaría en contra tuya… está furioso por lo del reloj y quiere demostrarte que lo del auto fue una pésima idea... entonces

-Entonces quiere exponer el auto a las peores condiciones para que falle –Milo afirmó en silencio- ¿así que el pecesillo está jugando sucio?... pues me va a escuchar


Rávena, Italia

De entre los transeúntes, muchos huyeron cuando los dos guerreros empezaron a retarse, por su parte, otros menos cautelosos, se escondieron en un lugar seguro que les permitiera mirar la emocionante pelea. De entre estos, un hombre vestido enteramente de gris, vigilaba los movimientos de Damián con rigurosidad científica, anotando cada detalle, para hacer su reporte.

-Imbécil Damián… ese al que ataca es Shaka de Virgo –murmuró enojado- sin embargo, apuntó como observación, que era extraño que el rubio no se defendiera y aún más, que no invocara su armadura.

En el momento en que el Devastador, atacó a Shaka, un objeto brillante saltó de su bolsillo y rebotó varias veces hasta que llegó a sus pies. Era una hermosa cajita de plata, grabada con un símbolo que él conocía; el escudo de armas de la casa de Aries; media corona de ramas de roble, con una cabeza de carnero en el centro. Con curiosidad, abrió el contenedor y cual fue su sorpresa, cuando encontró un mechón de cabello muy particular dentro de ella.

-Esto no puede ser verdad –con una sonrisa, se acercó aquel hermoso cabello a la nariz e inhaló el suave aroma -jazmín y té verde- después de que se cercioró de que nadie lo veía, cerró la cajita con su contenido y la guardó en un bolsillo de la chaqueta.

Como investigador de Deucalión, aquel desconocido, había estudiado a los caballeros dorados hasta el hartazgo. Conocía sus apariencias, habilidades, debilidades y sabía que posiblemente este mechón, pertenecía a uno de los lemurianos. Varios años atrás, había visto cabellos muy parecidos en uno de los laboratorios de la organización. Específicamente en el pobre muviano, cuya sangre se utilizó para crear el virus que exterminó a toda su raza y que murió contagiado por la misma enfermedad, dejando un cadáver inservible y altamente contaminante que tuvo que incinerarse de inmediato, haciendo imposible el poder guardar alguna muestra aceptable de ADN.

Si esto era cabello muviano (y estaba seguro de que lo era), podría continuar con su tan anhelado proyecto. Pensó en todas las posibilidades y una sonrisa de satisfacción se le dibujó en los labios.

Feliz por el hallazgo, tomó su celular e hizo una llamada –termina con Damián… de todos modos ya perdió la pelea…


Aioros tenía a Damián en la mira, sin embargo, sus intenciones no eran las de atravesar al iracundo muchacho por la sienes, ya que esperaba que se bajara la ofensiva y se tranquilizara para interrogarlo. Era de suma importancia averiguar su procedencia y las causas de este extraño ataque.

-Hey amigo –llamó el arquero- no tienes escapatoria… ni siquiera podrás desplegar tus escudos, para mi es fácil aumentar la tensión de mi arco para que la flecha te atraviese más rápido de lo que tardas en desplegar tu defensa… piénsalo… te estoy dando la oportunidad

-Yo… -un ruido extraño sonó a lo lejos. Aioros tuvo tiempo de volverse para escudar al otro con su cuerpo antes de que varias dagas los golpearan, sin embargo Damián no fue tan afortunado como el arquero y resultó herido en el pecho por dos de ellas.

Aioros voló hasta donde cayó Damián boca abajo y con sumo cuidado lo volvió hacia arriba para mirar cómo se encontraba. Aioros suspiró; con un tajo en el pecho como ese, no había mucho qué hacer.

-Amigo... de verdad... no quería que sucediera esto -Aioros gruñó frustrado y buscó con la vista la fuente del ataque, mientras el muchacho temblaba agonizante. Una mujer ataviada con una armadura roja, muy semejante a la de Damián, miraba la escena con una sonrisa burlona y justo antes de desaparecer en el aire, tuvo el descaro de lanzarle un beso al arquero.

-Yo... eres... eres un gran... guerrero Aioros… gracias por intentar… salvarme, a pesar... de mi... obsesión por... asesinarte... tú no eres... el asesino de Claude... mi maestro -tartamudeó el muchacho agonizando- ellos no admiten… fallas- dijo antes de exhalar un último suspiro.

Aldaberán y Shaka llegaron donde estaba Aioros con el cadáver de Damián, el primero cargando al segundo -Aio... ¿cómo estás? ¿tienes alguna herida?- preguntó Aldaberán preocupado.

El arquero negó en silencio. Shaka le indicó con un movimiento a Alde que lo bajara y renqueando se acercó al guerrero caído -no era un mal muchacho- dijo con su palma sobre el pecho de Damián- solo resentía demasiado... que la diosa te ampare y el juez de Grifo tenga compasión de tu alma -terminó diciendo el rubio, colocando dos monedas sobre los párpados cerrados.

-¿Euros Shaka?

Shaka se encogió de hombros -consigue denarios y usaré denarios...

-Pues que buen chico eres -escucharon los muchachos de una cuarta persona, al mirarlo se encontraron con tres policías que se acercaban apuntándolos con sus armas- tenemos un cadáver en plena vía pública y ustedes parecen saber de quién se trata... jóvenes... están en serios problemas...


Etiopía, África

-No entiendo… no entiendo qué diablos pasó -Shura se revolvía el cabello desesperado, mientras caminaba de un lado a otro, balbuceando maldiciones en español- además, me duele el cuerpo como si hubiera hecho ejercicio toda la noche

-No quiero estar bloqueado un año… tenemos que buscar a alguien que nos dé un aventón

-¿De gratis otra vez Aioria?... ¿es que acaso quieres terminar en Australia? -dijo histérico Shura.

Mu se había sentado en el borde de la calzada, hastiado de la falta de ecuanimidad de sus dos compañeros. Recostado en un brazo, jugaba con una pajita a dibujar mandalas en la arena -me rindo… ustedes son un caso…

Shura tomó de los hombros a Aioria y lo miró a los ojos -necesito que me digas... ¿cuál era la ruta que decía el tren?

-No sé... no sé cabra... de verdad no me acuerdo

-Recuérdalo Aioria -el griego bufó y miró hacia arriba y ante la presión de Shura, apretó los ojos, obligándose a recordar, mientras se daba golpecitos con el puño en la cabeza.

-Creo... creo que Piza o Niza... algo así

-Piza está en Italia y Niza en Francia... estamos en Etiopía, Aioria... en Etiopía

-NYSA... era Nysa

Mu levantó la mirada para ver a sus compañeros... ahora si nada tenía sentido.


Doce horas antes, vagón de carga del tren misterioso

Para comprender porqué Shura, Aioria y Mu estaban en Etiopía y no camino a Atenas, es necesario devolverse en el tiempo, exactamente unas doce horas antes, justo en el momento en que los tres abordaron aquel tren misterioso y se instalaron en un vagón lleno de ánforas de vino.

-Este vino… está increíble -dijo Mu, después de tomar un gran trago, dejando que el sabor se apoderara de sus sentidos- dulce y maravilloso sabor a ciruela…

-A mi no me sabe dulce… es exactamente como me encanta -Shura aspiró los vapores que emanaban de la bota que había llenado en la misma ánfora que sus compañeros- seco y amaderado…

-Ustedes dos están locos… este vino es ácido y ligero… mi favorito

-Bueno, bueno -dijo Mu con una sonrisilla- o esto sabe a lo que cada uno quiere que le sepa… o simplemente no sabemos nada de vino

-Lo que yo sé es que me gusta y que no tengo que pagar por él... con eso me basta -Aioria levantó su botella a medio llenar -compañeros... es un placer compartir con ustedes esta delicia... ¡salud! -brindó feliz.

-Salud...


Después de un rato de beber, los tres jóvenes aventureros, lejos de manifestar los efectos típicos de la embriaguez, se sentían llenos de euforia. Riendo felices, bailaban al ritmo que ellos mismos marcaban, cantando alegres melodías tibetanas. Mu, quien conservaba más que los otros la curiosidad propia de un niño, se salió de la ronda para dejarse caer sobre unos sacos de grano que estaban cerca de las ánforas. De forma increíble, el cuerpo del lemuriano rebotó, como si en vez de sacos, fueran colchones inflables.

-Chicos... chicos -llamó Mu emocionado- miren esto -dijo saltando para demostrarlo- ¡puedo elevarme tan alto como quiera!

Shura y Aioria, corrieron a donde estaba Mu y disfrutando como pequeños, comenzaron a saltar con el lemuriano -me da miedo golpearme en el techo...

-¡No importa Shura, solo intenta llegar más alto! -gritó el Aioria riendo.

Cada vez más alto y más alto, continuaron saltando, haciendo volteretas en el aire y dejándose caer en cualquier forma que lo hiciera más divertido, eso, hasta que sobrepasaron la altura del vagón y pudieron ver bajo sus pies, el techo de madera del compartimiento de carga donde se encontraban.

-¿¡Vieron!? -gritó Aioria- podemos volar... igual que con nuestros cosmos...

-No chicos... les aseguro que esto es mucho mejor que volar...


Santuario de Atena, Sanatorio la Fuente

-¿Cuánto tiene?

-Trece semanas señor -señaló Ayura, limpiándose las manos después de examinar a Geist- ha tenido síntomas muy fuertes, pero todo parece normal

-¿Trece semanas? -Shion se acarició la barbilla- trece semanas -se repitió, como si le buscara alguna lógica a aquella información -bien Ayura -el lemuriano le dio una palmadita en el hombro a la cuidadora- te agradezco el dato

-¿Necesita que tomemos alguna precaución en particular?

-Quiero hablar con ella primero


Geist se terminaba de vestir, cuando alguien tocó la puerta del cuarto.

-Adelante- dijo la amazona terminando de atarse el cabello.

-Hola

La pelinegra se volvió y dio un respingo cuando vio la figura del Santo Patriarca entrando en la habitación en donde hasta hace cinco minutos, Ayura la examinaba.

-Maestro Shion...

-Disculpa todo esto -apuntó Shion con referencia a la batería de exámenes que acababan de practicarle a la aprendiza- ¿puedo?

-Claro señor -ella se inclinó haciendo una reverencia, mientras Shion se sentaba en una silla que estaba cerca de la cama que ocupaba.

-¿Te llamas Geist verdad? -ella asintió- bien Geist... supongo que conoces las reglas con respecto a este tipo de situaciones

-Si señor -ella estaba impasible, orgullosa, tal como cualquier guerrera del Santuario- sé lo que me espera

Shion asintió con la cabeza -tienes que renunciar a tus aspiraciones

-Kalia me lo había dicho... en cuanto el padre del bebé vuelva, voy a marcharme

-¿Quién es el padre?

Geist inhaló antes de contestar -no quiero comprometerlo señor...

-¿Temes que tome represalias contra él? -ella lo pensó un instante y luego asintió algo acongojada- Geist, no soy la clase de Patriarca que castigaría a uno de mis chicos porque va a ser padre... pero como no quiero causarte problemas, yo lo averiguaré -Shion se levantó y a pesar del desconcierto de la amazona, le colocó una mano en el vientre- disculpa -Shion pareció meditar por unos segundos, después de los cuales preguntó- ¿es de Angello?

-¿Pero cómo...?

-El cosmo se hereda de padres a hijos y el del caballero de Cáncer es tan particular que lo reconocería en cualquier parte -Shion arrugó el ceño sin levantar su mano del vientre de ella- pero qué interesante... -el lemuriano se apartó y después de despedirse con un gesto, salió de la habitación.


Fuera del cuarto, Dhoko lo esperaba recostado a la pared y con los brazos cruzados -Ayura- llamó Shion a la cuidadora- no la dejen salir

-Sí señor...

-¿Y bien? ¿por qué la cara larga? - preguntó el caballero de Libra.

Shion llamó a Dhoko fuera del alcance de terceras miradas y con un ligero empujón en el hombro, lo dirigió hacia afuera del Sanatorio -Angello es el padre... el niño heredó su cosmo como una copia

-Pobre criatura

Shion frunció el ceño -Dhoko esto es serio

-¿Qué averiguaste?

-Su alma... está fragmentada... la del bebé -Shion hizo un gesto con los dedos- hay algo más allí... una concentración de energía impresionante...

Dhoko pasó saliva, recordando las palabras de Dhorte -¿de qué hablas lemuriano?

-Es un hoyo negro... como si parte de su alma no estuviera aquí...

-¿Te puedo hacer una sugerencia?

-Adelante...

-Hablemos con Shun de Andrómeda... el portador de Hades


En un camino de Rijeka

Después de que Saga se enteró acerca de los planes de Afro, le dio una reprimenda épica, porque gracias al comportamiento del sueco, llevaban al menos medio día de retraso para llegar al Santuario.

-Déjame ver si entendí Kristern -Afro ocultaba sus ojos con el flequillo y se negaba a mirar a Saga- ¿planeaste llevarme la contraria con Milo... solo para que yo me hincara a pedirte disculpas por haber tomado una decisión que beneficia al grupo?

-...

-DIscúlpame si no estoy de acuerdo contigo... pero me parece terrible de tu parte que antepongas tus intereses personales al bienestar común...

-...

-Más aún tratándose de un simple reloj... eres infantil y mezquino...

Afro no contestó, simplemente se dio vuelta y se fue. Por supuesto, que el peliceleste ató cabos y dedujo que todo aquello había sido culpa de Milo. Y es que para Milo no era agradable ni seguro, ponerse en contra de Saga, ya que eso significaba problemas con Shion.

-Definitivamente se enojó…

Milo pasó saliva y asintió –me va a matar Saga- murmuró algo inquieto.

-Tranquilo bichín… yo te defiendo

Milo, se volvió al gemelo y se echó una risilla -¿le ponemos una canción de Abba?

-Tú si que no tienes amor propio ¿verdad? –dijo el gemelo dándole una palmadita en la espalda a su compañero- eso sería firmar nuestra sentencia de muerte...

-¿Ace of Base?

-Peor...

-¿Roxette?

-Tú de verdad quieres morir con una rosa clavada en el culo ¿verdad?


Una vez estuvieron en camino, Milo intentó hablarle al sueco para calmar los ánimos. Saga, por su parte decidió guardar silencio para no empeorar la situación –hey tú… le hablo al conductor de esta maravillosa pieza de ingeniería…

Afro bufó molesto y dijo sin separar los dientes –¿tenías que ir a contarle todo a Saga, Milo?

-Afro… él tiene buenas ideas, además… el maestro lo dejó a cargo

-Eres un traidor

-Krist… mira hacia el frente por favor –pidió Saga sosteniéndose de su asiento, al sentir un aumento repentino en la velocidad del auto- desacelera… no bromeo

-No vuelvo a confiarte nada –reclamó el peliceleste, volviéndose hacia Milo, quien al calor de la pelea, tampoco se percató de la forma de conducir de su compañero.

-¿Y qué quieres?... discúlpame que te lo diga aluminita… pero contigo al mando, no llegaremos a Atenas ni en tres meses…

-Muchas gracias por tu confianza Milo

-No eso Afro… es que tienes demasiados líos en tu cabeza –Milo se comenzó a rascar la nuca- y creo que deberías resolverlos antes… me parece que no piensas antes de actuar

Afro se volvió hacia Milo -¿cuáles líos? ¿qué te dijo Saga?

Saga se percató de que la forma de conducir del peliceleste había cambiado radicalmente. Dejando de lado cualquier precaución, el pequeño Yugo rojo, comenzó a moverse en zigzag por el camino, provocando la ira de los conductores que se topaban de frente, ante tanta imprudencia.

-Krist, Milo... suficiente -decía Saga con temor, tratando de llamar al orden.

-No sé que te dijeron, pero te recuerdo que de nos ser por mi te hubieras congelado el trasero en Suecia…

-¿Qué dices? –dijo Milo furioso- fue por tu culpa que Shaka y yo casi nos morimos... acuérdate que fuiste el que tuvo la grandiosa idea de lanzarte por aquella colina endemoniada...

Afro no contestó, pero si que le habían dolido esas palabras, tanto, que las lágrimas le nublaron por unos instantes la vista.

-Hey tú... contéstame... callas porque sabes que es cierto... ¿quién te crees que eres Afro? creo que piensas que eres mejor que todos los demás…

-¡Eso no es cierto!

-Sí lo es… por eso no intentas congeniar, ni te importamos… se lo dijiste a Aioria...

-¡Tú no sabes lo que le dije a Aioria! ¡No tienes derecho a juzgarme!

-Chicos… mejor discutan cuando Krist detenga el auto... por favor...

-Misántropo... engreído -insistió Milo ignorando a Saga.

-¡Basta!

-Pendejo, amanerado...

-Cállate Milo –Afro se estaba exaltando mucho y desde un rato atrás no miraba el camino.

-Por eso estarás solo siempre…

-KRIST... FRENA... FRENA

Saga gritó demasiado tarde. Un rebaño que se les atravesó de repente, fue lo último que vio antes de que el auto se volcara de forma aparatosa y todo se volviera muy confuso.


Frosinone, Italia

-Ay… mi espalda –se quejó Kanon, apeándose de la motocicleta y echando el tronco hacia atrás para estirarse- todo es culpa tuya listillo

-Yo dormí muy bien –señaló Camus con una risilla apenas perceptible, saliendo del sidecar, donde lo obligaron a viajar otra vez, como venganza por haberlos dejado fuera de la tienda la noche anterior- por cierto, anoche mientras dormía a mis anchas, descubrí que la tienda es para tres personas…

-Excelente momento escogiste para decirlo, así que pasamos toda la noche peleando nuestro espacio personal con los mosquitos…

-Ya… ya… ahora lo importante es que gracias a la diosa, estamos a la mitad del camino, pienso que deberíamos quedarnos aquí hoy y continuar mañana temprano, ya no soporto el ruido del motor en mis oídos

-Me parece perfecto... pero voto por alquilar una habitación... aunque sea pequeña... no me importa compartir mi cama...

-Apoyo la moción de Angello -dijo Kanon levantando la mano, mientras tanto, Camus sacó la billetera y comenzó a contar el dinero que tenían.

-Creo que podemos darnos ese lujo... incluso el de cenar en un restaurante

-BENDITA SEA LA DIOSA -gritó Angello feliz- caminemos hacia aquel boulevard, hay lugares baratos y con buena comida...


En una azotea cercana

-¿Serán ellos?

-No sé... parecen hombres comunes... si en este momento me dicen que cualquiera de esos tres es capaz de destruir al ejército más poderoso... no lo creería -observó el tipo que vigilaba a los chicos desde una azotea, ayudado de unos binoculares.

En ese momento entró una llamada telefónica y uno de los hombres contestó con desgano, sin dejar de observar a los tres muchachos, que en ese momento revisaban el menú de un restaurante antes de decidirse a entrar -entendido... le avisaré

-¿Qué pasó ahora?

-Lo que tenía que pasar... Damián falló

-Diablos -refunfuñó el de los binoculares- ¿activaste el dispositivo?

-Si, mi contacto lo hizo desde antes de que salieran del Santuario

-Perfecto... ahora, solo nos queda esperar


-Qué comida deliciosa -dijo Angello estirándose complacido, reposando en el respaldar de su asiento, mientras masticaba un palillo de dientes.

-De entre todo lo malo que podría enumerar de tu personalidad, jamás me imaginé que eras también canibal... ese cangrejo estaba delicioso -rió Kanon y después le dio un largo sorbo a su cerveza- he de decirte Angello que me encantaría volver a tu casa en verano a revisar tanta cosa interesante que guardas por allí...

-Es una promesa compadre

-No prometas lo que no puedes -advirtió Camus- recuerda que el cangrejito nacerá en verano

Angello miró hacia arriba -tienes razón- pero también es cierto que quiero que nazca en Italia... me gustaría que estuvieran allí... para que conozca a sus tíos

-Será un honor -contestó Camus con una elegante reverencia.

-Es curioso -dijo Kanon y dio otro sorbo a su bebida- jamás creí que fueras tú el primero que se establecería... mírate... planeando el nacimiento de tu retoño -Angello hizo un gesto de satisfacción.

-Debe ser... emocionante -dijo Camus serio como siempre- pero creo que no estaría preparado para ello... es mucha responsabilidad

-Aún eres un chiquillo -opinó Kanon- aunque sé de buena fuente que tu mente divaga por una hermosa asgardiana...

-Solo no te reproduzcas todavía, témpano... deja que el abuelo tenga tiempo de mimar a un nieto a la vez...

-Padre se pondrá feliz con el enano... me lo imagino mal criándolo

Camus sonrió apenas y al volver la mirada, se topó con una macetera colmada de flores de Iris. Tan delicadas y tan bellas que no pudo quitarles la vista de encima, hasta que Angello lo asustó para hacerlo reaccionar –hey ¿qué te pasa, franchute?

-Nada… solo pienso –Camus no quería decirlo, pero en ese momento solo pensaba en Hilda.


Tierra de Asgard, al norte de península nórdica

La espigada peliceleste caminaba del brazo de la pequeña rubia, recorriendo los amplios pasillos del palacio del Valhalla. Riendo por la conversación, la mayor olvidaba cuánto extrañaba a su amado caballero de los hielos.

Distraída en su charla banal, las mujeres no se percataron de una presencia que las seguía desde hacía un rato, hasta que una voz varonil habló.

-Señorita Hilda... señorita Flare

-¿Sigfried? -murmuró Hilda sorprendida. El guerrero Alpha, no había querido enfrentarla desde que volvieron a la vida. Para Flare fue fácil notar que entre los dos no se despegaban la mirada y entonces un poco avergonzada, se alejó de su hermana y se dirigió a uno de los jardines cercanos.

Una vez Flare se retiró, el hombre se acercó a Hilda y con algo de temor, la tomó de una mano -¿por qué no me habías buscado?

-Temía enfrentarte mi princesa -Hilda bajó la mirada y él comprendió la congoja de ella, Hägen le había informado del acercamiento de la peliceleste con el caballero de Acuario -creí que- Sigfried inhaló para continuar -creí que me amabas... pero en vez de eso... te pavoneas del brazo de uno de los atenienses

-Pasaron dos años desde tu muerte... quise rehacer mi vida

-¿Lo amas? -ella asintió tímidamente y él inhaló para tranquilizarse- entiendo -susurró en un hilo de voz, antes de darse vuelta para retirarse.

-Sigfried -lo llamó la peliceleste- pero no quiero que...


Flare recorría los senderos del jardín interno del Valhalla, acariciando con sus delicados dedos algunas de las flores que tenían la fuerza para crecer allí. Sentía desazón en su corazón porque sabía que Hilda atravesaba por una situación sentimental muy complicada. Hilda amó a Sigfried como se ama por primera vez y cuando el guapísimo noruego falleció, parte del corazón de su hermana se fue con él. Durante los dos años siguientes, Flare le pedía a Odín por la recuperación de su Hilda y al fin, la princesa se permitió el lujo de amar de nuevo, sin imaginarse que su adorado guerrero alpha, sería beneficiado con el trato entre los dioses del olimpo y volvería a la vida.

Flare exhaló un suspiro, casi no soportaba la ansiedad de saber de su hermana. De repente escuchó un terrible estruendo y el suelo de mármol tembló bajo sus pies. Frente a ella, Alberich pasó corriendo a toda velocidad hacia donde se escuchó el ruido, un espeso humo negro se extendió por los pasillos del gran palacio y la rubia no pudo más que gritar el nombre de su hermana una y otra vez -HILDA... HILDA

Penril emergió de entre la capa de humo, acompañado de Mime, ambos venían discutiendo muy alterados y Penril tosía de vez en cuando -señorita Flare- la llamó Mime -¿se encuentra bien?

Flare asintió asustada -Hilda... ¿dónde está mi hermana?

Penril y Mime se miraron entre ellos con gesto preocupado -señorita Flare- intervino Penril -su hermana... a su hermana la secuestraron...


En algún lugar en Etiopía

Aioria se calmó de repente, aclarándose la garganta para disimular su error delante de los otros dos -bueno una falta la comete cualquiera -Shura y Mu lo miraron con el ceño fruncido- ustedes se durmieron todo el viaje y no avisaron que nos alejábamos -Aioria se rascó detrás de la cabeza arrepentido, al darse cuenta de que ninguna justificación lo salvaría de la ira de sus compañeros- diablos... lo siento muchachos...

-Es cierto lo que dices, un error lo comete cualquiera Aioria... no te preocupes -dijo más conciliador Mu- ¿verdad Shura? -dijo con los dientes pegados y dándole un codazo al español, quien se mantenía de brazos cruzados, recriminándole al griego con una mirada inquisidora.

Shura se respingó al sentir el golpe del lemuriano y bufó enojado -vale... vale... solo no tengas más ideas por un rato Aioria... ¿de acuerdo?- dijo caminando lentamente hacia la carretera, tratando de buscar un transporte que al menos los sacara de en medio de la nada.

-Me muero de hambre -se quejó el de Leo.

-Todos tenemos hambre compañero... pero creo que tendremos que ser fuertes hasta encontrar una forma honesta de ganar dinero -Aioria sonrió ampliamente- que no sea apostando, embaucando a alguien o...

-Vendiendo el cuerpo -terminó Shura, haciendo que la sonrisa se borrara de la cara del griego.

-Yo iba a decir robando -terminó Mu- eso de vender tus órganos no me parece sensato -Mu se adelantó a Shura y Aioria, quienes lo miraron divertidos.

-¿Será que finge inocencia?

-Me temo que no Aioria -dijo Shura, dándole una palmadita en la espalda- me temo que no...


Como no tenían un euro para pagar transporte o comida, Mu, Shura y Aioria, caminaban por la el borde de una carretera que no parecía tener fin.

-¿No les parece extraño que no hemos visto una sola persona por aquí?

Aioria, quien se tomaba la barriga para dejar claro que realmente estaba hambriento, se volvió hacia Mu, quien iba detrás de él arrastrando la maleta -lo que me parece extraño es que aún cargues ese equipaje de tu hermano... yo ya perdí el de Milo...

Shura detuvo la marcha y enfocó la vista hacia adelante, tratando de divisar cualquier cosa que les diera una señal de civilización. El día estaba especialmente caluroso y la sed hacía mella de sus gargantas -Mu tiene razón- los otros dos se detuvieron -todo es muy extraño aquí... no hay construcciones, vehículos... animales o personas -esto último lo dijo en un murmullo. Shura abrió los ojos como platos mirando a Aioria.

-¿Qué? ¿qué tengo? ¿qué me viste? -preguntó el griego asustado. Mu de inmediato se volvió a verlo también y adoptó la misma expresión de desconcierto que tenía Shura.

-Tienes -Mu trataba de escoger la mejor forma de decirlo- hay algo detrás de ti...

-¿Dónde? ¿qué tengo? ¿un escorpión? ¿un insecto gigante? -Aioria comenzó a girar sobre su eje, mirándose el trasero, sin embargo no veía nada.

-Es... es un pequeño... ¿hombrecito? -dijo Shura no muy convencido de sus palabras.

-¿Un... un hombrecito? -tartamudeó Aioria y los otros dos asintieron.

-No soy un hombrecito -el pequeño ser se acomodó en la cabeza del griego como si fuera un sombrero- soy un sátiro... un sátiro... ten respeto

-Ahhhhhhh -gritó Aioria sacudiéndose el bicho y corriendo detrás de Shura para refugiarse. El sátiro persiguió al león riendo estruendosamente y se le abrazó de una pierna a Shura, quien comenzó a sacudirla asqueado.

-Este bicho está...

-Está erecto -dijo un hombre con un físico muy particular que abrazaba a Mu, quien al escucharlo se respingó apartándose, sobre todo, porque el tipo estaba vestido de mujer- es un sátiro mi querido ateniense... ellos padecen de erecciones perpetuas... por cierto que bien que ya llegaron -los chicos se quedaron extrañados por el recibimiento tan familiar del individuo- los estábamos esperando

Shura se acercó con sigilo al llamativo hombre -disculpe... señor ¿quiénes nos están esperando?

-El séquito de mi señor... vamos... las chicas ya deben tener la comida lista -respondió el hombre iniciando la marcha por la orilla de la carretera, seguido del sátiro, quien le sacó la lengua a los confundidos muchachos. Eso de la comida sonaba muy bien, sin embargo los chicos eran desconfiados y no se fueron de buenas a primeras.

-¿Y usted quién es? -preguntó Mu muy serio.

-Soy Príapo, mi querido especimen lemuriano... sirviente de Dionisios


En un camino de Croacia

La última afirmación de Milo, fue demasiado dura para Afro. Todo pasó en cuestión de segundos. Corriendo a gran velocidad por una callecita rural, el sueco no se percató de un rebaño de ovejas que cruzó el camino, justo frente a ellos y derrapó al esquivarlo, lo suficientemente fuerte, como para que el auto diera varios trompos, hasta volcarse en un prado cercano.

Una vez se recuperaron del tremendo sacudón, los tres maltrechos muchachos, intentaban salir del yugo que ahora se encontraba volcado a un lado del camino. Saga trató de incorporarse en el asiento de pasajero y lo que hizo fue caerle encima a Milo, quien de inmediato se quejó escandalosamente.

-Ay... quítate de encima de mi cabeza

-Eres un quejumbroso... ¿están bien los dos?

-Yo... tengo una pierna del bicho en la cara... y tu trasero en mi espalda Saga

-Me estás tirando del cabello con tu brazo piraña...

Afro intentó moverse para no jalar más el cabello de Milo y terminó rodando, junto al menor, hacia atrás. Como quien se ríe en vez de llorar, el sueco comenzó con una risita de tono creciente que hizo desesperar a Milo, quien entre maldiciones, le propinaba manotazos por todo el cuerpo -idiota... ¿de qué te ríes?... casi nos matas...

-Es... es todo... tan gracioso- dijo Afro riendo con fuerza, desesperando aún más a Milo.

-Nada es gracioso... solo no quiero tenerte cerca... eres un a amenaza... vete

-¿A dónde quieres que me vaya idiota?

-Cállense los dos -gritó Saga histérico, mientras trataba de no rodar, sosteniéndose del asiento- me tienen harto... parecen adolescentes... ¡son Caballeros Dorados por la diosa!

-Tú lo serás -dijo Afro arrastrándose con agilidad hacia la ventana, hasta que logró salir- a mi no me incluyas... no me interesa compartir lo que me queda de vida con una partida de buenos para nada como ustedes- el peliceleste, sacó de la guantera un librito, que había cuidado desde que salieron de Atenas y se marchó de allí.

Milo, por su parte sintió que la ira se le subía a la cabeza y con bríos, salió a como pudo del auto y corrió para alcanzar a Afro quien caminaba atontado por la vía, buscando a alguien que le diera un aventón para alejarse de allí.

-MILO -gritó Saga furioso, mientras se deslizaba para salir por la ventana- MILO DÉJALO...

Milo no hizo caso. Corrió a todo lo que las piernas le dieron y sin decir nada, le propinó un puñetazo en la boca a Afro que lo hizo voltearse violentamente. Afro parecía perturbado y después de recibir aquel golpe, continuó con sus tontas risitas, provocando que Milo siguiera, golpeándolo en la cara, hasta que un chorro de sangre brotó de la nariz y boca y el peliceleste, quien cayó tumbado al suelo.

Saga logró zafarse el cinturón y a duras penas salió del Yugo a tiempo para evitar que Milo le sacara los dientes al sueco -BASTA... BASTA YA LOS DOS- gritó el gemelo furioso, arrancando a Milo de encima de Afro -me hartan... LOS DOS... es como viajar con un par de bebés mimados- ambos muchachos se incorporaron, sacudiéndose las ropas llenas de polvo.

Saga bufó enojado y se dispuso a dar las órdenes -no viajaremos más... pasaremos la noche allí- dijo señalando un pequeño hospedaje a unos cien metros de allí.

-¿Qué hay del Yugo?

-Mañana volveremos... por ahora solo quiero descansar de ustedes dos


Nysa, tierra fantástica en Etiopía

-O sea, según dice usted, nos trajeron aquí para salvarnos la vida –Aioria repetía sin poder creerlo, las palabras que el curioso hombre vestido de mujer les dijera durante la abundante cena que acababan de disfrutar. Ese era el lugar más extraño, pero a la vez más encantador que jamás habían visto en su vida.

Candelabros de todas formas y colores, flotaban en el aire, iluminando un inmenso viñedo, cargado de frutos maduros de diversidad impresionante. Ramos verdes, dorados, rojos, azules y negros, colgaban como gotas de rocío por en medio del enrejado que formaron las ramas retorcidas de las vides, justo sobre una majestuosa mesa, llena de los más exquisitos y delicados manjares.

Un trío de mujeres cargadas cada una con un ánfora distinta, bellas e igual de apetecibles que la comida, rodeaban a los complacidos muchachos, instándolos a probar los vinos, por medio de caricias y uno que otro atrevido beso.

-Mujeres… compórtense… están acongojando a nuestros invitados –regañó el hombre del vestido a las chicas, quienes no dejaban de toquetear a los caballeros dorados. Las muchachas dejaron de bailotear alrededor y entre risitas, se acomodaron al lado de los dorados, quienes se mostraron un poco inquietos con la seductora intromisión de sus espacios personale -verán- el hombre comenzó a hurgar la mochila de Shura descaradamente.

-Oiga… no lo haga… no… no –Shura iba a reclamarle al extraño hombre por registrar sus cosas y dejó de hacerlo, cuando una preciosa ménade rubia, comenzó a recorrer su rostro con los dedos, mirándolo curiosa, como si lo estudiara- que… ¿qué busca? –preguntó el español con voz nerviosa, mientras la rubia sonreía de forma encantadora, disfrutando el temblor de aquel bellísimo ejemplar masculino.

-Ellos saben donde están ustedes… y quiero averiguar cómo los encuentran

-No entendemos –Mu tenía una pelirroja a su lado, quien no dejaba de jugar con su cabello. Sin embargo, el lemuriano, más ecuánime que los otros dos, se limitaba a devolver una encantadora sonrisa a su acompañante, cada vez que sentía un jalón en su cabello- ¿a quiénes se refiere con ellos?

-Me refiero a los hombres que usan los dioses titanes como esbirros para llevar a la perdición a la humanidad –el hombre sonrió de repente, cuando su mano tocó algo en el fondo de la mochila de Shura- ¡eureka!... este tiene que ser el culpable de todo –Príapo sacó el celular y se los mostró- aparatos infernales –dijo el hombre tirando el teléfono al suelo y destruyéndolo de inmediato, al lanzarle una enorme piedra encima.

-Hey… ¿qué hace? –reclamó Aioria, quitándose de encima a la ménade de piel tan dorada como la suya, que no dejaba de acariciarlo.

-Bueno… si teníamos que comunicarnos con los otros… estamos perdidos –dijo Mu con resignación.

-No se preocupen hijos… comunicarse es lo de menos… ahora están aquí a salvo… disfruten de la comida y la compañía… son los invitados del Dionisios… amo y señor de esta tierra sagrada…


De vuelta a la tierra de los hombres, en un pequeño hospedaje de camino, en Rijeka

-¿Vas a seguir enojado?

Afro no contestó. Continuó fumando como si nada, sentado en el barandal del corredor que estaba frente a la pequeña habitación que alquilaron para pasar esa noche en Rijeka. Tenía una hora de mirar al Yugo volcado en el campo de ovejas, cuando Saga salió a buscarlo.

El peliceleste suspiró muy serio- dime algo Saga... ¿qué tanto recuerdas deesa época? -preguntó sin mirarlo. El gemelo se recostó en el barandal al lado del sueco y sonrió con tristeza.

-Absolutamente todo

Aphrodite lo miró sorprendido -lo siento...

Saga encendió su cigarro y bajó la mirada dejando entrever una sonrisa triste –la lección aprendida es no guardar lo que sientes, para que las cosas no se compliquen... guardé silencio acerca de lo que me pasaba y por eso nadie pudo ayudarme a tiempo... es algo que tú también deberías aprender

-A nadie le importa lo que siento o pienso…

-A mi me importa –dijo Saga mirándolo. El peliceleste se quedó sorprendido y bajó la mirada apenado- siempre me ha importado…

-No entiendo por qué…

-Prometí estar contigo…

-No debes sentirte comprometido…

-Si debo- Saga suspiró un poco agobiado -¿sabes qué me duele tanto de lo que me pasó? –Afro negó con la cabeza- que los abandoné… que los obligué a convertirse en hombres, cuando tenían que dedicarse a ser niños…

-Nacimos para ser guerreros Saga… pasó lo que tenía que pasar

Saga sonrió con amargura -¿estás seguro de eso? ¿crees que lo que te pasó a ti, tenía que pasar Krist?

Afro guardó silencio y suspiró, dejando escapar una estela de humo –no sé… no quiero hablar de eso- dijo en un hilo de voz.

-¿Lo has conversado con alguien?

-No

-¿Ni con Angello? –Afro negó en silencio, Saga desvió la mirada de nuevo a la nada- tienes que hablarlo

-Angello lo sabe... él estaba allí... no hace falta decirle más

-¿Ah no hace falta? -canturreó el gemelo con sarcasmo- ¿aún evitas los espejos? ¿te sientes culpable? ¿sigues pensando que tu belleza es una maldición?

-Ya Saga… por favor –imploró el sueco con la voz quebrada.

Saga lo encaró y lo tomó de los hombros -¿te duele verdad?- Afro afirmó evitando la profunda mirada del mayor –mientras te duela no podrás liberar completamente tu cosmo… ¿quieres continuar en la Orden? –el chico asintió- entonces habla, conmigo o con quien sea… pero debes hacerlo

-Yo… -el peliceleste no pudo continuar hablando y muy a su pesar comenzó a llorar, encontrando en el hombro griego el tronco de salvación, sobre el cual amparó a su cordura del mar de dolorosos recuerdos que lo ahogaban- prometí no llorar por esto… nunca... los hombres no deberíamos llorar- la voz sonaba empañada, las palabras se entrecortaban.

Saga abrazó al muchacho con todas sus fuerzas y acarició los cabellos de cielo con cariño –todos los hombres lloramos Krist… que te lo diga yo, que lloro todos los días...


Milo estaba furioso. Con desidia, pasaba canales de televisión por inercia. Estaba tan enojado, que no ponía atención a la pantalla, repasando las palabras que debió decirle a Aphrodite para dejarle la boca cerrada de una vez por todas.

Frustrado por no encontrar algo que valiera la pena mirar para distraerse, apagó el televisor, y de inmediato escuchó los murmullos de dos hombres que hablaban afuera "estoy seguro de que Saga quiere convencer a Afro de que se disculpe... ¡ja! conociendo a esa piraña de seguro lo manda al infierno, antes de aceptar que se equivocó". Con una mueca de fastidio, acercó el oído a la ventana, según él, para estar al tanto de lo que pensaba el peliceleste, solo por si necesitaba defenderse delante de él.

-Yo... prometí no llorar por esto… nunca... los hombres no deberíamos llorar

"Piraña cobarde" -pensó Milo con una risilla- "llorar por esa tontería, con razón Death lo molesta tanto"

Todos los hombres lloramos Krist… que lo diga yo, que lloro todos los días...

"Vaya... no conocía el lado cursi de Saga" -pensó extrañado, sin embargo, la rápida mente de Milo se paralizó cuando Aphrodite continuó hablando.

-De acuerdo Saga -se escuchó la voz del sueco.

-Tranquilo... no tiene que ser en este momento

Afro hizo una pausa muy larga, tanto que Milo estuvo a punto de echarse a dormir, sin embargo, después del silencio, decidió continuar- todo ocurrió el día que desperté de mi primera prueba de veneno...

Nunca jamás a Milo le hubiera pasado por la cabeza, la terrible razón por la cual Afro no actuaba normalmente y como le dolió enterarse.


En alguna parte, de algún reino desconocido

-¿Cómo salió todo Dhorte?

La amazona bajó la mirada abochornada –salió como usted lo planeó, mi señora… él estuvo conmigo

Deméter se acercó a la amazona y colocó su mano en la parte baja del vientre, mientras tanto, Perséfone esperaba angustiada el veredicto de su madre -¿hay vida madre?

-Si… el caballero de Libra ha plantado su semilla –Dhorte enrojeció hasta la raíz del cabello y Perséfone esbozó una sonrisa- él va a crecer en igualdad de condiciones que el niño que porta al espíritu de Cronos… la vida que crece en un vientre sin vida…

-Pero tía… ¿no hay otra forma?... no me gusta involucrar a humanos en esto…

-No, Artemisa… por más que Atena intente detener lo que viene, no va a lograrlo, porque está escrita esta batalla desde la edad del Mito… la era de los hombres finalizará cuando estalle la Guerra del Caos y nada, ni nadie, podrá detenerlo… sin embargo, es deber de los olímpicos, no permitir que el dios de los Titanes, gane el poder sobre el Olimpo y lo que quede de los mundos conocidos

Artemisa se volvió hacia Dhorte al escucharla sollozar –vive dichosa amazona… que los dioses te han elegido para llevar en tu vientre a la reencarnación del padre de los dioses… no llores por ese mortal… tu destino es más grande que solo pensar en afianzar un compromiso amoroso con ese caballero

-Es que yo…

-No repliques amazona –Deméter solía parecer muy severa y era realmente intimidante su presencia, eso, a pesar de la delicada belleza que poseía- de ahora en adelante vivirás en mi palacio… cuando nazca el niño, lo cuidarás hasta que crezca, pero nadie debe saber que él existe… mucho menos el padre…

Dhorte se inclinó delante de la diosa mayor –como usted diga… mi señora- dijo sin convicción y soportando el nudo que se le hizo en la garganta al saber que viviría encerrada por toda la eternidad, al cuido de un niño, cuyo único destino sería sacrificar su vida en una guerra.

Si, el destino podía ser muy cruel.


En el pequeño motel de camino, en Rijeka

Dos horas, entre frases cortadas y dolorosas pausas, fue el tiempo que necesitó Aphrodite para contarle a Saga cada detalle de la más espantosa experiencia de su vida. El griego tenía el corazón hecho un nudo, más aún, que el sufrimiento de aquel niño sueco, acarreaba sus más amargos recuerdos del Santuario.

-Eso es todo -terminó el sueco, después de dar un largo suspiro.

-¿Cómo te sientes? -preguntó Saga tomándole una mano.

-Mejor -contestó escueto como siempre- disculpa esto Saga

-No hay nada que disculpar

-El reloj -dijo sorprendiendo al gemelo- me lo había regalado mi hermana... por eso me enojé tanto y actué como un idiota...

-Lamento mucho eso –Saga se acercó al peliceleste y le revolvió los cabellos con cariño- y no te preocupes… te prometo que lo recompensaremos

-No hace falta…

-¿Quieres entrar a dormir?

Aphrodite negó con la cabeza y Saga supuso que quería quedarse a solas un rato, así que dándole un par de palmaditas en la espalda, se dio vuelta para entrar a la habitación -trata de descansar pecesito... recuerda que mañana tenemos que salir temprano a recuperar el auto…

-Claro -Afro se aclaró la garganta- solo me quedaré un rato aquí… quiero hacer algo antes de irme a dormir…

Saga sonrió, el semblante del sueco se veía diferente. Por primera vez, lo escuchaba hablando sin dejos de ironía o burla. Su ceño no estaba fruncido y aunque en su mirada, era evidente el agotamiento, parecía tranquilo. Por otro lado, para él fue desgarrador escuchar todo aquello, inyectando la fortaleza que él mismo no tenía, concluyendo que fue algo que pudo evitarse y sintiendo la vergüenza de su compañero. Para ese momento, ya cerca de la media noche, estaba exhausto. Sabía que le sería difícil conciliar el sueño, pero le llenaba de satisfacción que Aphrodite hubiera confiado en él, tal como lo esperaba.

Por su parte Afro, sacó de su chaqueta, aquel librito forrado en cuero que siempre cargaba en secreto con él y abrió la última página escrita:

"Aunque suene terriblemente cursi, quiero que lo sepas; Kristern eres lo MEJOR que tuve en la vida, tengo que agradecerte por haberme permitido sentir el amor verdadero, un sentimiento muy diferente al amor pasional o amistoso, me dejaste experimentar el amor por un hijo (de verdad, me llena de orgullo poder llamarte así ).

Te quiero y te querré por siempre mi pequeño pez, aquí y en la eternidad...

Tu padre, Amadeo Bollingbroke, Caballero de Piscis."

Sonriendo con tristeza, el hermoso peliceleste, tomó el lápiz que guardaba junto con la libreta y comenzó a escribir en una página nueva;

"Mi querido sucesor, espero que las palabras que registre a partir de aquí, te sean de utilidad para cuando tengas que cumplir con tu destino. Ser un Caballero de Piscis no es fácil y espero que mis consejos te ayuden con esta tarea.

Como en todas las generaciones anteriores, seguramente serás el poseedor de un físico que reúne todas virtudes del estereotipo de belleza, pero no te aflijas… ahora sé que tienes que estar orgulloso de eso.

Te veré en las siguientes páginas.

Tu maestro, Kristern Rosenträdgard, Caballero de Piscis"

Con una sonrisa sincera adornando sus labios, Afro entró a la habitación, donde sus dos compañeros fingían dormir, se cambió y se arropó entre las sábanas de su cama –mañana es el primer día de tu vida Kristern- se dijo a sí mismo y cerró los ojos agotado.


Frosinone, Italia

Una melodía pegajosa, lo sacó abruptamente del sueño delicioso en el que se encontraba.

-Maldito teléfono –murmuró Angello, dándose vuelta para no escuchar el aparato.

All I wanna do is have some fun
I got a feelin, I not the only one
All I wanna do is have some fun

Until the sun comes up over

Santa Monica boulevard

Camus y Kanon se revolvieron en sus camas y Kanon expandió sus extremidades hasta que colocó una pierna sobre Camus, quien estaba tan cansado que ni se inmutó por el peso sobre su espalda. Angello levantó la cabeza y solo pudo abrir uno de sus ojos –aló- murmuró sin fuerzas.

-¿Enrico Carozzi?

-No

-Disculpe, creo que estoy equivocado

-Váyase mil veces al infierno –balbuceó con voz ronca, antes de echarse a roncar otra vez, no sin antes tirar el teléfono hacia un sillón cercano.

Cerca del hotel en el que se hospedaban los tres muchachos, alguien finalizaba una llamada telefónica –al infierno te irás tú… caballero dorado

-¿Tenías que decir Enrico Carozzi? -preguntó divertido el otro hombre que estaba con él.

-No se me ocurrió otra cosa- el albino, buscó entre sus contactos y marcó un número telefónico –Vincent… los tenemos… me contestó el italiano mal hablado

-Perfecto... procedan con el Devastador


Continuará

*Claude de Serpens, es un personaje original que como muchos otros en mis fics, solo se menciona. En el caso de él era un maestro de plata de la Isla de Creta, quien fue asesinado por Aphrodite en "Los Asesinos de Arles". En el tercer capítulo "El coleccionista de rostros", Angello, trata de consolar a Afro, porque éste se siente muy mal por haber tenido que asesinar a Claude.

Bueno... que puedo decir, les agradezco de corazón el ratito que se toman para escribirme acerca de sus impresiones, eso es muy importante para mi. Kaito, Andromedaaiorossayita, KarliCM (creo que ya quedó definido porque el cangrejito es peligroso), Princess, muchas gracias y un abrazote, Mariana Elias, no te aflijas, no eres la única que quiere un mechón de esa belleza, yo me peleo por el, jejejejejeje, espero te agrade esta capítulo, Kenandaillard... MUERO DE LA VERGÜENZA... reprobé geografía. Realmente la explicación es que en la primera versión de la historia, estos chicos irían a Luxemburgo, no puedo decir por qué, porque al rato use la idea para después... pero que pena me dio ese desliz. Ufff y bueno Derama 17, bienvenida y espero te siga enganchando la historia.

En general, gracias por su apoyo, para mi algo que comenzó como una terapia de relajación, es ahora un maravilloso pasatiempo y cada capítulo es un esfuerzo que gustosa continúo haciendo hasta que mi mente deje de maquinar locuras.

Un abrazo muy grande, Shakary