Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable.
Advertencia: El bello Shion, lo hizo de nuevo. Así que puso a estos encantadores muchachos en aprietos otra vez. Durante algunos capítulos, los doraditos intentarán volver al Santuario en una pieza, eso implica que tendrán que recurrir a tácticas poco honorables. Debido a lo anterior advierto, en caso de que este fic sea accedido por menores de edad.
De asesinos a caballeros: historia de renacimiento y redención
El principio del Fin. I Parte
Instalaciones de Deucalión
Kanon y Angello corrían a todo lo que les daba las piernas. El italiano cargando a Camus en su espalda y Kanon, con Vincent Faure inmovilizado sobre su hombro. Para ese entonces, todos los sistemas de defensa estaban activados a su máxima capacidad y el caos se había apoderado del lugar.
Personal de seguridad de más bajo o alto rango, corría por los pasillos en busca de glorias, interceptando de frente a los invasores atenienses, quienes soportaban los inútiles ataques militares como si de un ejército se tratara. Cuerpos y armas caían esparcidos a los lados del pasillo, sangre bañando las ropas de dormir que aún cubrían las pieles de los guerreros sagrados, gritos, lamentos... caos y más caos.
Pero... ¿cómo se armó todo este desastre?
Alexander fue por muchos años, el asistente personal de Vincent Faure, un lamebotas. Cuando el francés le pidió que lo ayudara con las armas químicas para la exterminación de la Orden Dorada, no lo dudó ni un momento, tampoco hizo preguntas, no hacía falta; Faure era la persona que más admiraba. Incluso no dudó cuando Faure le ordenó que inyectara el veneno que seguramente mataría a su único nieto y heredero.
Y no dudó cuando herido de muerte, tomó el control de la mano amputada de su señor y activó el sistema de seguridad de Deucalión.
En un laboratorio de Deucalión, media hora antes
-Di Mare... considere mi oferta... en el momento en que salgan de allí, yo mismo los conduciré al laboratorio donde está el antídoto para Camus -Faure siguió buscando con la mirada por toda la pieza y debido a la baja iluminación, no logró divisar el escondite de los dos caballeros dorados- le informo que en estas instalaciones, existen más de ciento veinte laboratorios, por lo que les será imposible encontrar el antídoto en poco tiempo... ustedes eligen... de lo contrario, activaré el sistema de seguridad y no podrán salir vivos de aquí -Faure levantó un control en su mano derecha y se dispuso a activarlo.
Angello se volvió a Kanon, el gemelo se mantenía recostado a una pared vigilando el entorno y pensando en la mejor forma de solucionar aquel dilema. De repente, los dos muchachos intercambiaron miradas y asintieron... se jugarían una última carta.
-Bounasera... signore Faure -saludó Angello levantándose y haciendo una exagerada reverencia. El francés arqueó una ceja, con gesto altivo.
-¿Qué estás haciendo soquete? -reclamó Kanon desde su improvisada trinchera.
Angello lo miró hacia abajo -¿qué quieres que haga?... ¿que lo deje morir?- el italiano se volvió hacia Faure- témpano septuagenario... haré lo que me diga... pero lléveme a donde está ese dichoso antídoto
-Angello -Kanon se puso de pie con una mueca de furia en el rostro- diablos... la idea no era que te entregaras idiota...
-A ti no te importa Camus... sé que lo dejarás morir -Angello le dio un empujón a Kanon en el pecho y el otro reaccionó igual de violento. Faure, por su parte, parecía realmente estar disfrutando del espectáculo y entonces dejó que fueran Kanon y Angello, quienes delataran su presencia, así que no vio necesario utilizar el interruptor que activaría todos los sistemas de defensa internos y lo guardó.
-Señor Faure -murmuró el rollizo joven que acompañaba al francés- si esos dos se pelean...
-Nos ahorrarán la penosa tarea de matarlos Alex...
Vincent Faure no les quitaba la mirada de encima, mientras ambos muchachos parecían calentar la discusión y justo cuando comenzarían los golpes, el francés pudo ver de reojo como su asistente caía fulminado al suelo. Por instinto movió su mano hacia el bolsillo de la chaqueta para sacar el dispositivo que activaría las alarmas y cuando lo tuvo consigo, un golpe certero le arrancó el control, junto con la mano que lo sostenía.
El viejo dejó escapar un alarido, junto con una sarta de maldiciones en su lengua natal, cayendo de rodillas al suelo.
-Ahora si Faure -Kanon estaba de pie frente a él- ¿dónde está el antídoto?
De vuelta huyendo por los pasillos de las instalaciones de Deucalión
-Se van a fundir al calor de los infiernos...
-Y tú te iras con nosotros malnacido -replicó Kanon tomando al viejo por el cuello, estrellándolo con furia contra una pared- ¿dónde está el antídoto?... dijiste que estábamos cerca y recuerdo haber pasado por aquí antes...
-Desnúcalo -sugirió Angello con la mirada llena de furia- encontraremos el laboratorio sin él... tienes tu velocidad luz Kanon… ese es solo peso muerto
El hombre no contestó y a pesar de que estaba a punto de morir ahorcado, esbozó una sonrisa de satisfacción. Kanon lo miró extrañado, pero pudo distinguir en los iris galos, el reflejo de un puño metálico a punto de estrellarse contra su cabeza.
Santuario de Atena
Shion se encontraba meditando acerca de las palabras que intercambió con el caballero de Andrómeda, hacía unas cuantas horas. Ese fue un día complicado, como los de las últimas tres semanas y se sentía agotado. A pesar de eso, estaba tranquilo, porque había terminado de reparar la armadura de Virgo y por fin el templo de Aries, estaba listo. El reloj marcaba la una de la mañana y Biralo retozaba con pereza sobre su regazo y al calor de la estancia, ambos; lemuriano y grifo se fueron quedando dormidos.
Un estremecimiento le recorrió la espina y una vibración retumbó en sus tímpanos. Despacio, como si se tratara de un telón, sus párpados se abrieron, dejando al descubierto ese bellísimo par de zafiros que constituían sus iris. Poco a poco, levantó la cabeza y posó su mirada magenta en la puerta de entrada. Biralo, fue menos sutil, incorporándose de repente, gruñendo como un poseso y caminando en círculos con nerviosismo.
La quietud era exasperante y sintió el aroma de la muerte invadiendo sus fosas nasales "La luna de Cosecha está roja", pensó y dándole un par de palmaditas a Biralo en la nuca, caminó sigiloso, hasta la puerta de su despacho. Tal tensión se percibía afuera, que ni siquiera recordó ponerse la túnica patriarcal y salió solo con la ropa de entrenamiento que normalmente llevaba debajo de su vestimenta sagrada.
De repente, su sexto sentido lo obligó a moverse para proteger a Biralo, cuando una mole enorme de escombro y metal le cayó encima "pero qué diablos", se dijo a la vez que un guerrero ataviado en una armadura negra, caía encima de los restos del techo, presionandolos con su puño.
Shion se incorporó impasible, mientras Biralo se colocaba en posición de ataque -¿por qué invades nuestro Santuario?- preguntó.
-Vengo por algo que tú tienes y nos pertenece -dijo aquel conocido, con una voz que no era la suya.
Shion se acercó al espectro sin mostrar emoción alguna, quería averiguar un poco más y de paso amedrentarlo -te pavoneas con tu sapuri de Wyvern, por el Recinto Sagrado de Atena... destruyes mis aposentos y exiges tu precio... no tienes derecho a pedir nada de nuestra parte... mucho menos de esta forma -el Patriarca levantó su índice y un brillo dorado y enceguecedor lo rodeó- no voy a permitir que nadie destruya el Santuario que tanto nos ha costado reconstruir...
El invasor se quedó pasmado porque nunca imaginó antes, que un hombre tuviera un poder semejante, un poder que solo había visto emanando del cuerpo divino de su Dios.
Para cuando aquel brillo enceguecedor mermó lo suficiente como para el espectro lograra distinguir a aquel de quien emanaba, delante de él la impresionante figura del antiguo caballero dorado de Aries, se alzaba orgullosa.
Dhoko de Libra, arrancaba con cada golpe de su cosmo, todas y cada una de las presencias que poseían a las almas de los guerreros sagrados de Atena. Lo había despertado la perturbación en el cosmo de algunas de las amazonas y su corazón se llenó de indignación y tristeza, cuando se encontró con una terrible batalla en el recinto de las guerreras; atenienses contra atenienses, armaduras profanas contra armaduras sagradas, humanos contra demonios... y esa inquietante niebla púrpura.
Al ver las armaduras mecánicas hizo la asociación y de inmediato supo que aquello solo podía ser obra de los gamberros humanos que ayudaban a los titanes "idiotas... exponer sus pobres pellejos por una causa ajena" se dijo con un bufido.
Para Dhoko fue fácil adivinar que algunos de los atenienses no actuaban por su voluntad. Su mirada estaba perdida y parecían marionetas peleando sin elegancia, ni técnica, lo descubrió en Mushka y en Asterión cuando lo atacaron.
Asterión lanzó un golpe al rostro del caballero de Libra, errándolo torpemente -maldita sea- se dijo Dhoko -Asterión, no quiero lastimarte tonto- el chino, aprovechó el desatino del plateado para hacerle una llave, luego encendió su cosmo hasta que una sombra salió de Asterión y este volvió en sí, aturdido y confundido.
-¿Qué está sucediendo aquí? -interrogó el chino furioso.
-No lo sabemos señor, lo único que puedo decirle es que es difícil distinguir a los amigos de los enemigos, algunas estructuras del recinto de las amazonas... arden bajo el fuego enemigo señor -le informó Shaina de inmediato.
-¿Sabes por qué los nuestros pelean contra nosotros?
-Señor... yo
La charla fue interrumpida, por un estallido proveniente desde la Casa de Aries y un rayo dorado surcó el cielo encima de la escalinata para dejarse caer sobre el Templo Principal.
Shion había invocado a su antigua armadura dorada.
Nysa, tierras sagradas de Dionisios
-¿Así que una niebla púrpura que los tocaba? –preguntó Shura a Priapo y a Aioria.
-Te lo juro... todo estaba cubierto de esa horrible y picante niebla
Shura miró a Aioria con una ceja arqueada -¿picante?
-Este escozor es terrible y no se quita con nada -Aioria dejó de rascarse y se cruzó de brazos- claro... como tú te dedicabas a coger como poseso... no te diste cuenta...
Shura detuvo la marcha al escuchar las palabras del león y se volvió para toparse de frente con él -¿ah si?... según palabras de Priapo, te encontró con las nalgas al viento, retozando en medio de las piernas de tu morena...
-Yo... pues... ¡eso se oyó horrible Shura! -reclamó el griego sonrojado.
-Tú si que tienes la vergüenza en los calzones Aioria -Shura se volvió y continuó la marcha- si es que los llevas puestos...
Un rato antes, Shura, Aioria y Priapo, salieron en busca de Mu por algunos de los senderos que entraban y salían del viñedo sagrado. Debido a que Shura se tardó unos minutos en vestirse, para cuando dejaron la tienda donde se encontraba el español, la niebla ya había desaparecido.
-Y tú hombre del peplo ¿recuerdas hacia dónde se fue el lemuriano?
-Para nada… estaba tan ebrio que ni siquiera me percaté cuando se fue…
-No entiendo qué puede ser esa niebla –dijo Aioria, mirando los cadáveres de algunos animalitos pequeños esparcidos en el camino- ¿puede ser posible que eso fuera capaz de matar a estos bichos? –luego se dirigió al semidiós- ¿sabes qué es?
-Ni idea… pero si pudo profanar esta tierra sagrada… les aseguro que atrás de esto hay un ser divino… y muy poderoso
-Diablos –gruñó Aioria preocupado- lo que nos faltaba, otro dios loco detrás de nosotros… te juro cabra que nunca más dejo a Shion planear mis vacaciones…
-Lo mismo digo –dijo Shura frenando de golpe- chicos... miren… allí está Mu
Delante de ellos, la figura del lemuriano se movía etérea, ajena a la presencia de sus amigos y sin responder a sus llamados.
-No entiendo -Aioria se peinó el cabello con los dedos hacia atrás con preocupación- Mu parece no escucharnos…
-Corre Aioria... que va a desvanecerse -Priapo detuvo la carrera y comenzó a caminar hacia atrás nervioso, de repente, simplemente se volvió sin decir nada y corrió al lado contrario.
-Priapo... ¿qué sucede? -se volvió Shura enojado- bah -dijo haciendo una seña de desdén con la mano- que se vaya al demonio...con todo y su peplo
-Mu... MU -por otro lado, Aioria no interrumpió la marcha en ningún momento y por eso logró alcanzar al lemuriano. Por acto reflejo, deslizó su brazo intentando atraparlo -MIERDA- gritó al sentir el dolor lacerante en su mano.
-¿Qué sucede? -Shura se acuclilló al lado del griego para revisarlo, tenía un gran tajo que le cruzaba la palma de la mano de lado a lado.
-Hay que detenerlo Shura, algo le pasa
-Mu... ¡Mu! -pero por más que lo llamaron, el hermoso lemuriano de cabellos lila, nunca respondió.
Santuario de Atena
Los golpes del metal chocando y los aullidos furiosos de Biralo, recibieron a un acelerado Dhoko, quien entró a toda velocidad a los corredores que llevaban hacia los aposentos de Shion.
Cuando se acercó al despacho del Patriarca, se encontró con una escena que no creía volver a ver nunca; delante de él, Shion tumbaba en el suelo a punta de puñetazos a un viejo conocido suyo; Radamanthys de Wyvern –pero qué diablos- se dijo Dhoko divertido –el viejo no ha perdido el toque con los puños…
Shion había dejado tendido en el suelo a su rival y Biralo aprovechó para lanzarse encima del aturdido hombre manteniéndolo en el suelo -¿y éste?- preguntó Dhoko acercándose a su amigo peliverde.
-Esa misma pregunta iba yo a hacerle… hey tú –el lemuriano se dirigió a Radamanthys- ¿por qué has violado nuestro tratado de paz con el Inframundo? –Shion lanzó la pregunta a quemarropa, ya que hasta ese momento había sacado sus propias conjeturas al respecto, sin embargo, a pesar de lo intimidante de la presencia y la voz del lemuriano, el espectro no respondió.
-Déjalo... yo lo haré- Dhoko, lo tomó y lo estrelló contra una pared -dime Wyvern ¿qué secreto oscuro nos ocultas? ¿cuáles son tus sucias intenciones?
-¿Por qué me preguntas eso?... no puedes -susurró Radamanthys al notar el brillo en los ojos de Shion, al no recibir la respuesta que esperaba. Y esa expresión no presagiaba nada bueno.
-Claro que puedo –respondió tajante Shion, acercándose al maltrecho individuo, mientras Dhoko lo mantenía inmovilizado- te hice una pregunta… contéstala
-No tiene… derecho…
-Claro que lo tengo... entraste a este Santuario Sagrado causando miedo y destrucción, golpeaste a la mascota de mi hijo y ahora ensucias el piso de mi estudio con tu sangre… por supuesto que tengo derecho a saber a qué vienes realmente…
-Necesitamos algo que tú tienes...
-Si vienes en busca de tu señor Hades, él está en este Santuario por su propia voluntad -contestó Shion con voz ronca.
Dhoko miró al lemuriano, ya que pocas veces se le veía tan enojado, a excepción de las numerosas ocasiones en que los gemelos hicieron de las suyas –Shion… -trató de calmarlo- Radamanthys tiene un brillo en los ojos que no había visto antes...
-No me importa –y haciendo caso omiso de las advertencias de Dhoko, Shion enfocó su mirada en los ojos del guerrero, con el fin de leer cada uno de los pensamientos escondidos en aquella mente. Encendiendo su cosmo al máximo, tomó los lados de la cabeza del Wyvern con ambas manos y comenzó con la liberación.
Shion entró en la mente de Radamanthys. De pronto, una niebla púrpura lo rodeó y una voz femenina murmuraba su nombre a la vez que incontables manos lo recorrían sin pudor. Cerró los ojos disfrutando de aquella caricia, porque hacía mucho que nadie se le insinuaba de esa manera.
De pronto, una sensación de escozor en la piel, como si la bruma pudiera cortarlo y un frío terrible del pecho a la garganta, se apoderaron de su cuerpo y el miedo y la incertidumbre invadieron su corazón.
-¡Shion! -llamó suplicante Radamanthys- ¡Shion ayúdame! -insistió.
En el interior de aquel extraño universo, Shion divisó un enorme abismo, desde donde escuchaba la voz del espectro. El movimiento centrifugado de las energías que formaban el abismo, le dificultaban el paso, pero aún así avanzó hasta llegar al borde, Radamanthys estaba atrapado en aquel remolino y a pesar del miedo, el lemuriano hizo explotar su cosmo y abrió una brecha que le permitió tomar la mano del espectro.
-LEMURIANO... LEMURIANO... -era la voz frenética de Dhoko.
-Dhoko... yo... ¿qué...? -Shion se volvió confundido hacia la derecha. Radamanthys estaba a su lado, aún le sostenía la mano.
-Gracias -murmuró Radamanthys- gracias por liberarme...
Instalaciones de Deucalión
Un golpe de metal, otro más y otro. Cada uno haciendo vibrar los cimientos de las instalaciones secretas.
-Dególlalo Kanon... tú puedes -cargando a un inconsciente Camus, Angello intentaba darle ánimos al gemelo, quien se encontraba intercambiando golpes con algo parecido a un robot plateado.
-Mierda... ¿quién eres? -gruñó Kanon deteniendo con el antebrazo uno de los golpes adversarios. Quien estuviera debajo de aquella armadura, respondió con otro ataque y con otro más sin tregua y Kanon encontró fácilmente su punto débil: estaba desesperado- muy bien -dijo el gemelo con una sonrisa -te lo buscaste...
Un resplandor enceguecedor rodeó a Kanon y provocó que el devastador retrocediera hasta chocar con un muro. El guerrero mecánico podía escuchar sus jadeos nerviosos, haciendo eco en el metal de su casco. Después de unos instantes, aquel brillo dorado, se volvió soportable para las retinas y la silueta del griego envestido con el ropaje sagrado de Géminis, comenzó a formarse delante los presentes.
-Llévate al viejo y a Camus de aquí Angello -ordenó un imponente Kanon, tomando una posición defensiva- porque esto se va a poner bueno...
Mientras eso sucedía, Faure buscaba con la vista la forma de escaparse de ese frente de batalla, a sabiendas de que salir vivo de en medio del fuego cruzado, era casi imposible.
-¿Y tú escoria? ¿hacia dónde vas? -para desgracia del viejo francés, Angello lo pilló en el momento en que huía de allí- no te querías escapar de nosotros... ¿o sí? -Angello lo tomó de la chaqueta, lo arrastró por el piso por un par de pasillos y lo lanzó cual ropa vieja, detrás de un mueble de acero inoxidable. En seguida, tomó a Camus con mucho cuidado y lo sentó cerca del anciano- Camus nos contó una historia muy perturbadora -comenzó el italiano secando el sudor en la frente de su compañero- era acerca de un hombre que cercenó la cabeza de su amante, porque no quería compartirla con nadie -en medio de los jadeos por el dolor que sentía en el muñón, el viejo francés dejó entrever una mueca de odio- no me interesa el cómo, ni el cuándo… pero resulta que el nombre que Camus nos dio es igual al tuyo... mucha coincidencia... ¿no lo crees?
-Camus... no sabe nada de mi...
-Por el contrario... nos dio información muy valiosa acerca de la clase de rata que eres -Angello abrigó a Camus con su propia chaqueta- ¿por qué le hiciste esto?
El viejo Faure bufó enojado, en el mismo momento en que un golpe sacudió toda la estructura, provocando que algunos muebles cayeran. El hombre estaba pálido y respiraba nervioso -Euridice... era la abuela de Camus... Clement... el hijo que tuve con ella... un error de juventud, sin embargo, llegué a quererlo, le di lo que necesitaba y tuvo la mejor educación- el viejo soltó un gemido de dolor- pero como siempre, los hijos hacen lo contrario a lo que uno les ordena... al final tiró todo por la borda para casarse con una mujerzuela... la madre de Camus... tan ordinaria que no creo que éste -señaló al joven galo con desprecio- sea hijo legítimo de Clement...
Angello miró a Camus, luego a Vincent y de nuevo a Camus -pues déjame decirte que es igualito a ti...
Faure miró a Angello con odio -no te burles Di Mare... yo... –el viejo francés lanzó un gemido de dolor.
-¿Te duele?... awww cosita… –se burló Angello con una risilla, ganándose una mirada de odio contenido de parte de Faure. Un retumbó interrumpió la amena charla, la pelea afuera, estaba calentando.
-ANDA -Kanon caminó con paso firme hacia su contrincante, que yacía incrustado en uno de los gruesos muros del complejo- DEFIÉNDETE... PENDEJO
El griego se detuvo hasta tener al devastador en medio de las piernas y con un brazo lo levantó para tener su cabeza al alcance del puño. El gemelo no era precisamente compasivo y estrelló su puño izquierdo contra el casco de la armadura azul, la cual yacía abollada en varias partes del cuerpo. El golpe fue fatídico para el devastador, quien salió aventado en el aire, haciendo un zanjo en el piso, del cual no se levantó más.
Kanon caminó hacia su atacante y al levantarlo del cuello se quedó pasmado, mirando a quien estaba debajo de la armadura mecánica -pero... ¿eres una mujer?- preguntó haciendo una mueca de extrañeza.
-Si... ¿y qué?- Kanon la soltó por reflejo y ella cayó sentada. Abochornada, comenzó a sacudir lo que quedaba del casco, dejando entrever una larga trenza roja, que le caía casi hasta la cintura.
-No acostumbro a golpear mujeres -él se dio media vuelta, dispuesto a irse- tu armadura no sirve para protegerte... sería una cobardía que te atacara de nuevo...
Ella se puso de pie furiosa -¡¿y qué si soy mujer?... no tengas compasión por eso, caballero... porque de estar en tu lugar, yo no la tendría por ti...!
-Bien -Kanon se volvió de repente, enfrentando la mirada furibunda de la muchacha- quédate quieta...
Y sin darle tiempo de protegerse, Kanon arremetió contra ella, quien lo único que vio fue un destello de luz dorada pasar sobre su oreja, a la vez que su cuerpo era empujado hacia la pared con una fuerza inmensa. Para cuando ella abrió los ojos, el puño izquierdo de Kanon había traspasado una pared completa y estaba clavado en el pecho de un hombre, quien cargaba un rifle de asalto.
La mujer temblaba sorprendida, mientras su aliento rebotaba en el pecho de la armadura sagrada. Kanon por su parte, sacudió la mano para dejar caer el cadáver -un francotirador... al parecer los asesinan si pierden una pelea... ¿o me equivoco?
-¿Cómo… cómo te llamas? –preguntó la mujer, con voz temblorosa.
-Kanon... Kanon de Géminis, preciosa
-No soy preciosa -dijo titubeando por la conmoción- me llamo Samara y... y tengo que admitirlo... me salvaste la vida... muchas gracias
-Nada de gracias Samara -Kanon levantó la barbilla de la pelirroja y la hizo mirarlo a los ojos- en esta guerra un favor se paga con otro y tú vas a mostrarme dónde está el antídoto para salvar a Camus...
Sarajevo
-¿Qué vas a hacer Saga?
-Iré a ayudarlos -contestó el gemelo poniéndose los pantalones- es mi deber Krist...
Afro suspiró, mientras Milo lo miraba suplicante -Saga- Aphrodite sostuvo de un brazo al gemelo- no sabes dónde están... puedes terminar vagando por infinidad de universos alternos, antes de encontrarlos...
Saga se volvió hacia Afro y Milo -como mayor prometí protegerlos y Camus…
-¿Camus qué, Saga? -preguntó Milo con desesperación.
-A Camus lo envenenaron -susurró con voz ronca, era evidente que el asunto le angustiaba mucho- no saben con qué… ni hace cuánto...
Milo se adelantó y enfrentó al gemelo más de cerca -iremos contigo- Afro sonrió y asintió -Camus es mi mejor amigo... mi hermano... no lo puedo dejar morir...
-Chicos no quiero ser grosero... pero -Saga levantó la mano derecha de Milo, en donde brillaba el brazalete azul- con esto en sus muñecas... no podrán ayudarme
Los chicos menores se miraron, Saga tenía razón, estando bloqueados no serían más que peso muerto -me siento tan inútil -Milo se sentó en la cama y bajó la mirada. Tenía la espalda encorvada y apoyaba las manos en las rodillas, mientras su cuerpo temblaba de impotencia y dolor- Saga… si Camus necesita algo… dile que solo lo pida- Afro se sentó al lado del escorpión y en un gesto de fraternal cariño, le pasó un brazo por los hombros para consolarlo -dile que en cuanto esté bien… tomaremos vino y jugaremos cartas- Afro sonrió con cariño y Saga suspiró conteniendo las lágrimas- pídele que no se vuelva a ir- Milo comenzó a hablar en un hilo de voz, a la vez que comenzó a sollozar- ordénale que no se vuelva a ir...
Afro suspiró otra vez, su mirada de cielo estaba empañada por el dolor -¿al menos tienes una idea de hacia dónde teletrasportarte?
-Kanon está usando la armadura en este momento y quiera o no... tenemos un ligamen… la armadura me llama, débilmente, pero lo hace
-Ayúdalo Saga… por favor… -murmuró Milo suplicante.
Saga agachó la cabeza meditando acerca de la situación; si bien es cierto Milo y Afro continuaban bloqueados, eran caballeros dorados y sabían defenderse, además que muy posiblemente tendrían mejores ideas que él. Con sus manos sobre la cabeza y enredando los dedos en sus cabellos alborotados, bufó antes de cruzar los brazos y mirar directamente a los menores -está bien… está bien
Afro abrazó más fuerte a Milo, como quien acaba de ganar una discusión -¿qué decidiste?
-Ustedes dos irán conmigo...
Instalaciones de Deucalión
-¿Para qué la trajiste? -Samara le lanzó una mirada a Angello que de ser posible lo habría desollado vivo- Kanon -el italiano dejó de atender a Camus y se levantó para encarar al gemelo -si esta es una conquista tuya te aseguro que te mando de bolas al infierno- amenazó en un murmullo.
-Tranquilo cangrejo -Kanon colocó las manos al frente para escudarse y también contestó en un susurro- me debe un favor, le dije que nos llevara al laboratorio que tiene los antídotos…
-¿Estás seguro de esto?... no confío en ella -Kanon se apresuró a acuclillarse para revisar a Camus
-Es nuestra única opción -Kanon miró al viejo Faure con desdén- porque al parecer este maldito no nos ayudará –dijo al ver la risa de burla en el viejo francés.
Un rato después corriendo por los pasillos de Deucalión
-Este es el laboratorio de Alexander, el asistente de Vincent… si existe un antídoto para tu amigo, debe estar aquí –dijo Samara apuntando con una de las armas de su brazo hacia la puerta de acero inoxidable- apártate caballero –le indicó a Kanon, quien alzó una ceja y la miró divertido.
-Tranquila por mi armadura… te aseguro que no se dañará…
La mujer bufó enojada y al toparse con la mirada verde se sonrojó como su cabello –los atenienses tienen un extraño sentido del humor…
-No tienes idea…
El arma cumplió con su cometido y por medio de un rayo destruyó la puerta, la cual quedó hecha añicos al otro lado de la pieza
–¿Es que los devastadores tienen que dispararle a todo? –bromeó Kanon, entrando al laboratorio, el cual sondeó rápidamente, tratando de encontrar un lugar donde pudiera estar el antídoto correcto. Samara, por su parte, se mantenía al margen, sin quitarle la vista al dorado, quien comenzó a revolver todo el contenido de la pieza en su búsqueda.
-Y los atenienses… ¿son tan caóticos?
-Solo cuando amerita –contestó el gemelo ya de mal humor, por su infructuosa búsqueda- ¡diablos! –protestó dando un golpe a unas puertas de acero, abollándolas de tal forma que una gran cantidad de tubitos de ensayo, salieron rodando por el piso.
-Eureka –dijo ella- tiene que ser uno de esos…
Kanon, miró frustrado los tubos de ensayo –si… pero me encantaría saber cuál es…
-Quizá yo pueda ayudarte -contestó una voz a su espalda cuya elegante cadencia solo podía pertenecerle a alguien; Aphrodite de Piscis.
Tierra sagrada de Nysa
-¿Por qué huiste de esa forma al ver a Mu?
-Tengo mis razones ateniense -contestó Priapo soltándose del furioso agarre de Aioria- nada de esto tenía que pasar... esto es muy malo -el hombre seguía caminando, mientras se quejaba una y otra vez.
-¿Qué no tenía que pasar?
-Esto... la invasión a nuestra tierra... al viñedo sagrado -Priapo bajó la mirada y luego la levantó hacia Aioria- jóvenes... tienen que irse... ustedes atraen las fuerzas malignas y la desgracia a nuestra tierra
-¿Irnos?... no podemos irnos sin Mu -replicó Aioria.
-Por él no se puede hacer nada ahora muchacho... el lemuriano está perdido
-¡Yo no voy a aceptar eso! -gritó Aioria furioso, preparándose para golpear a Priapo, sin embargo, fue detenido por Shura, quien hasta el momento se había mantenido muy silencioso.
-Déjalo Aioria... recoge tus cosas y las de Mu...
-No pienso dejar a Mu aquí... ¿te has vuelto loco?
-Gato -Shura miró a Aioria de una forma en que el león no se atrevió a replicar- obedece...
-Pero cabra...
-No discutas... Priapo tiene razón... Mu ya no está aquí...
Santuario de Atena
-¿Y de verdad no recuerdas nada?
-Absolutamente nada, Patriarca... estaba en revisión de tropas en "El Límite" y de pronto usted me tomaba de la mano...
-No entiendo qué quieren lograr con todo esto... ¿para qué enviarte contra nosotros?
-Para distraernos, en sus filas no existe un guerrero capaz de derrotar un dorado, por eso enviaron a un Juez del Inframundo... así de fácil Dhoko... estoy seguro de que buscan algo más
-Quieran los Olímpicos que la prisión del Tártaro no sea su objetivo -agregó el Wyvern, mientras bajaba la escalinata de las doce casas, junto con Shion y Dhoko.
-Hablas con razón -contestó Shion severo- cumple con tu deber Radamanthys y ve a vigilar la prisión que guarda a los Titanes- Radamanthys hizo una reverencia y se retiró en seguida, mientras los dorados lo miraban elevarse al cielo y perderse en el horizonte.
-Maestro… maestro Shion- escucharon al arribar a la plaza que separaba el Santuario de Rodorio -¿qué sucede amazona? –interrogó el Patriarca a Marín, quien en cuanto lo vio llegar, corrió a informarle.
-Son muchos y de muchas especies señor... entraron por el pueblo… hay pocos aldeanos heridos… sin embargo –Marín bajó la mirada mostrando su pena- cayeron seis miembros de la guardia femenina… las asesinaron a quemarropa
El gesto del Patriarca lo decía todo, Shion estaba llegando al límite de su paciencia- lleven a los pobladores al Coliseo y atiendan a los heridos... quiero a la Orden de Plata aquí...
-Si señor -la amazona hizo una reverencia y se retiró de inmediato.
A lo lejos, varios focos de incendio se vislumbraban en los alrededores del Recinto de las amazonas y los guardias corrían de un lado a otro tratando de refrenar el caos y la histeria de la gente del pueblo
-Llegaron muy lejos Dhoko -murmuró Shion furioso- esta vez llegaron muy lejos...
Aposentos de la diosa
Ajenos al desastre en el exterior, una pareja de jóvenes intercambiaba cálidos besos y caricias, mientras se perdían en las miradas del otro. El intercambio no había llegado más allá y la intención era más inocente de lo que podría aparentar delante de cualquiera. Ella se sentía culpable y él estaba dispuesto a morir embriagado en los encantos de ella.
-No sé Shun...
-No es la primera vez que pasa
-Pero... no creo que sea lo correcto
-Te amo -dijo él y acalló las inquietudes femeninas con un beso y una caricia en los cabellos- y no puedo dejar de amarte solo porque no es lo correcto...
-Shun... yo...
-¿Tú me amas?
-Desde aquella vez en la cabaña de mi abuelo... ¿lo recuerdas?*
-Casi me convierto en caballero asado -los dos rieron por la ocurrencia.
-SAHORI -era la voz de Seiya la que los interrumpía, abriendo la puerta de golpe, encontrándose con aquella escena de frente.
-Seiya... apresúrate... hay que sacarla de aquí -Shiryu llegó detrás de Seiya, quien permanecía paralizado en el umbral de la puerta.
-Seiya! -dijeron Sahori y Shun al unísono, mientras se recomponían acongojados.
Seiya suspiró atragantándose con su decepción -atacan el Santuario y el Patriarca cree que ustedes están en peligro- dijo secamente, Shiryu se mantenía al margen, pero cuando un silencio incómodo se instauró en el lugar, sin que nadie hiciera o dijera nada más, el dragón decidió tomar a Shun y Sahori para sacarlos por la fuerza.
-Tenemos que irnos... aparentemente las huestes de ese maldito de Hades -Shiryu se calló de golpe al caer en cuenta delante de quien estaba hablando- lo siento...
Shun frunció el ceño y se detuvo -no puede ser posible...
-Pues lo es -Seiya caminó hasta Shun con paso firme y se colocó delante de él para encararlo- no sabes lo traidor que me pareces ahora...
-Te aseguro que si hubiera sabido que los espectros atacarían el Santuario... Hades no lo hubiera permitido
-Chicos... de verdad, de verdad, de verdad... les aseguro que este no es el momento para discutir -el dragón de bronce se colocó en medio de los dos muchachos y Sahori se mantuvo al margen mirando angustiada -tienen que hablar... de eso no hay duda- Shiryu miró a Sahori con el ceño fruncido -pero eso será después de que este lío se resuelva... el maestro Dhoko nos espera al pie de la escultura de la diosa...
Los cuatro jóvenes iniciaron la carrera de nuevo, Shiryu llevando a Sahori de la mano y como siempre, concentrado en la batalla. Mientras tanto, Seiya y Shun lo seguían con el corazón destrozado, uno por la decepción, el otro por la culpa.
Santuario de Poseidón, Atlantis
-Ya te lo dije Hyoga… tranquilízate –Isaak entrelazó sus dedos y estiró los brazos, haciendo que le sonaran los nudillos- el maestro estará feliz con las botellas que has conseguido…
-Uff… espero que si, todavía no he dado con las más costosas…
Hyoga e Isaak, se encontraban pereceando, al pie del Soporte Principal en Atlantis. Ambos amigos, decidieron aprovechar el poco tiempo que podían compartir juntos y se dedicaron a conversar trivialidades de adolescentes con tal dedicación, que no se dieron cuenta que ya era entrada la madrugada.
-Oye –el finlandés se acercó al rubio para secretearse con él- ¿es cierto que tienes un tórrido romance con la asgardiana menor?
-No es solo un tórrido romance, mi querido Kraken –Hyoga se limpió las uñas de la mano en el pecho de la camisa y miró a Isaak con orgullo- eso es amor…
Isaak soltó una sonora carcajada –entonces las cosas quedarán entre familia…
-¿A qué te refieres?
Isaak se levantó juguetón y apoyó el peso de su cuerpo en el Soporte Principal –tengo una información tan valiosa que solo te la soltaré si me invitas unas cervezas…
Hyoga se levantó para acercarse a su amigo y miró a todas partes antes de susurrarle –no te puedo invitar a una cerveza tonto… somos menores de edad, el maestro nos mata si se entera…
El peliverde comenzó a revisarse las uñas –entonces no te diré nada- canturreó con una risilla.
-Bah –protestó Hyoga, haciendo un gesto de desdén con la mano- no debe ser tan importante… te haces mucho de rogar, lo que quieres es lograr las cervezas
-Tiene que ver con el maestro…
Hyoga enarcó las cejas sorprendido -¿un chisme del maestro Camus?- Isaak asintió con una risilla- ¿cuántas cervezas me va a costar eso?
-Diez…
-¡¿Tanto?! –Hyoga lo pensó mejor al ver la determinación en Isaak- está bien, está bien… que sean diez
Isaak estudió los alrededores con la vista y se acercó a Hyoga -me temo, mi querido amigo, que tu concuño es el maestro Camus... lo encontré in fraganti con la señorita Hilda entre sus manos
-Noooooo… -Hyoga se bajó ambas mejillas con las manos- ¿el maestro? –dijo apenas con un hilito de voz, a lo que Isaak respondió afirmativamente, haciendo un gesto exagerado con la cabeza.
-Y eso no es todo…
Los gritos de los guardianes del Templo Principal de Atlantis interrumpieron a los muchachos, al tiempo que un vozarrón masculino, hacía retumbar los cimientos de la ciudad marina.
-¡GARRA DEL TIGRE VIKINGO!- una explosión, seguida de un lluvia de escombro, obligó a los dos muchachos a tirarse al suelo para protegerse.
Tanto Isaak como Hyoga invocaron sus respectivas armaduras y se pusieron en guardia, en defensa del Soporte Principal. De entre el nubarrón de polvo, salió un guardia huyendo aterrorizado y fue alcanzado por una luz azul brillante, que lo traspasó de lado a lado, asesinándolo de inmediato.
-Pero –intentó preguntar el general de Kraken en el momento en que cuatro siluetas comenzaban a formarse de entre la polvreda- ¿qué sucede aquí?
-Ustedes invadieron nuestra tierra sagrada –dijo amenazante Syd de Mizard, acompañado de Mime de Benetach, Alberich de Megrez y Penrill de Alioth.
Al llamado de cosmo, Kaysa y Eo, llegaron para apoyar en el Soporte Principal, en donde Hyoga e Isaak, miraban desafiantes el arribo de los asgardianos.
-Nadie ha invadido tus tierras asgardiano –intervino Kaysa furioso- tú y los tuyos son los que profanan los dominios del dios del Mar…
-Ustedes se llevaron nuestra joya más preciada…
Los generales marina se quedaron de piedra -¿qué estás diciendo? –preguntó Eo con una ceja arqueada.
-Maldito servidor de Poseidón –los cuatro asgardianos encendieron sus cosmos al compás de las amenazas del Syd- devuélvenos a la señorita Hilda… o el hielo de nuestra tierra se esparcirá por la tuya…
Los atlantes retrocedieron ¿se habían vuelto locos los asgardianos?
Instalaciones de Deucalión
La habían torturado por horas.
Para cuando al fin sus captores se cansaron de provocarle dolor, la llevaron inconsciente a la celda que compartía con la única persona que aún la trataba. Algor la recibió en sus brazos, aterrado al reconocer las señales de tortura; la piel de la espalda hecha jirones, las manos desprovistas de uñas, las huellas del hierro caliente en sus piernas.
Con recelo, el gran caballero de Perseo, llevó en brazos a su lastimada compañera para acostarla en la única cama que había en la celda. La colocó boca abajo, levantó la blusa con cuidado y con un trozo de su propia camiseta, limpió las heridas abiertas. Algor sabía por qué la lastimaron; ellos querían el escudo de la Medusa y Kalia se había encargado de sacarlo del alcance de sus captores.
Y es que, al verse acorralados por los cuatro devastadores que los atacaron el día anterior, Kalia abrió un portal con su cosmo y envió la armadura de Algor al lugar que consideraba apropiado para mantenerla a salvo; el inframundo.
Algor no sabía por qué, pero se sentía culpable de cada herida abierta en la blanquísima piel de la sueca. Ella había jurado protegerlo a costa de su propia vida y estaba demostrando que era cierta su promesa. Si, tal vez el único interés de la peliceleste era cuidar la armadura, sin embargo, a veces parecía estar muy pendiente de su seguridad y confort.
-Esos malditos -Algor había pasado el pedazo de tela sobre uno de los latigazos de la espalda y un hilo de sangre resbaló por la curvatura de las costillas hasta que manchó las sábanas de la cama. El hombre se quedó estático mirando y como si aquella piel lo llamara, se acercó hasta sentir el calor del cuerpo ajeno y posó sus labios suavemente para confortarla.
-Parece... que nunca... has visto sangre
Algor abrió los ojos como platos, pensaba que Kalia estaba inconsciente -yo... yo... pues la... verdad... pensé... que... que estabas...
-Gracias -susurró ella débilmente- gracias... por tu compasión...
Si bien es cierto, su relación con ella no era precisamente de amistad y tampoco había comenzado como a él le gustaría, al pasar los días, ella le fue demostrando que era una buena persona. Aunado a los anterior, Kalia era una mujer hermosa, como no, si era la gemela de Aphrodite de Piscis, sin embargo, ella no poseía la belleza sobrenatural de él; ese brillo avasallador que llamaba como un imán las miradas y el corazón de cualquiera... no, Kalia era una chica normal y muy inteligente, pero con una pequeña... pequeñísima capacidad para tomar decisiones acertadas.
Si, Kalia era la persona que podía estar al frente del ejército más poderoso del mundo y hacerlo perder frente a una jauría de chimpancés.
-No debiste... te van a matar
-Algor -Kalia sonrió amargamente a la vez que las lágrimas resbalaban por sus mejillas- de todos modos... mi sentencia está dada... me aterra lo que me espera… lo único que quiero es que pase rápido..
-Tranquila, no digas eso -él volvió a besarle en la espalda- te juro que no lo permitiré...
Un estruendo se escuchó fuera del pabellón de celdas y el suelo se estremeció. Algor corrió hasta la puerta de la celda que ocupaba y se asomó por la ranura que constituía su único contacto con el exterior. Afuera, el caballero de Géminis peleaba con otro guerrero; un devastador, quien al parecer no había podido contra los ataques del griego.
Desde que fueron llevados a ese lugar, sus cosmos estaban bloqueados y por más que intentó llamar la atención del geminiano, nadie le respondió.
Rávena, Italia
Shaka estaba inquieto e irritable... en otras palabras... insoportable.
Un rato después de que escaparon de la prisión, Aioros, Aldaberán y por supuesto Shaka, tuvieron que huir como si de criminales se tratara, debido al desastre que ocasionaron en las instalaciones judiciales. Desde entonces, el siempre sereno Shaka, comenzó a notarse muy intranquilo, eso sin mencionar, que a partir de allí, no volvió a abrir los ojos.
-¿Qué te pasa? ¿te sientes mal? ¿te molesta algo?
-No sé cuál pregunta quieres que te responda primero Aioros...
-Cualquiera de las tres...
Shaka suspiró hastiado, era lo más expresivo que cualquiera lo hubiera visto nunca -primera respuesta, no sé, segunda, no sé y tercera, me molesta no saber qué responderte...
Aioros y Aldaberán rieron ante las respuestas del más joven y es que aunque Shaka no quisiera, escucharlo hablar, era todo un deleite.
-Con humildad tengo que reconocer que el que me cargues en tu espalda, es la peor humillación de mi vida Alde -continuó el rubio, en un arrebato parlanchín pocas veces visto en él- esta rodilla dañada, me permitió recordar que soy más humano de lo que quisiera...
-También recuerda que hace un par de años, te derrotó un caballero de bronce
-No era necesaria esa memoria -Shaka arrugó el ceño y apretó los párpados- sin embargo Alde... tengo que aclarar que Ikki solamente logró hacerme un pequeño corte en los dedos de una mano... realmente no perdí... solo fui víctima de la conmoción
-Eres un descarado Shaka -rió Aldaberán estruendosamente sin dejar de correr- te ganó y punto...
-A ti un liliputense como Seiya, te cortó un cuerno...
-Si, pero al menos yo acepto mi derrota... no digo que caí víctima de la conmoción y oye... ¿a qué se debe que de un pronto a otro llevas los ojos cerrados de nuevo?
-He visto todo lo que quería ver y es suficiente para mi...
Aldaberán rodó los ojos divertido -que antipático eres Shaka...
-¿Es que incordiarme, es ahora tu deporte favorito Aldaberán?
-Mi deporte favorito siempre ha sido molestar a Mu -dijo Alde riendo escandalosamente- pero por ahora me conformo contigo...
-Tus comentarios ácidos, no me afectan Aldaberán -el aludido dejó escapar una risotada.
-Ya chicos... dejen de pelear -Aioros levantó un brazo indicandoles que frenaran la marcha, el semblante del arquero se tornó preocupado de repente.
-¿Sucede algo Aio? -preguntó Aldaberán sentando a Shaka sobre una piedra- estás... -Shaka y Aldaberán estaban sorprendidos, el noveno guardián se había rodeado de un tenue brillo dorado- ¿estás hablando con alguien?
-Sí -Aioros se acuclilló para concentrarse, tenía los párpados apretados y una gota de sudor resbaló por su sien derecha, después de un rato de tensión, el arquero se incorporó con el semblante lleno de desasosiego- tengo que irme...
-¿A dónde piensas irte?
La expresión de Aioros se tornó preocupada y su voz se escuchó grave -al Santuario… hablaba con el maestro Dhoko,...
-Pero… ¿qué sucede?
Aioros suspiró agobiado -los tipos malos están atacando el Santuario
Santuario de Atena
-Geist... he venido a llevarte... Geist ¿estás allí?
-¿Quién es? -preguntó Geist extrañada. Desde que se diera cuenta de su estado, el Santo Patriarca le había prohibido salir de la habitación que ocupaba en el Sanatorio y Shaina era la única persona que podía hacerle visita.
-Soy yo -dijo Shaina asomándose por la puerta con una gran sonrisa. La amazona de Ofiuco se acercó a la pelinegra y la tomó fuertemente de un brazo- vámonos... que Angello se muere por verte...
Geist se soltó bruscamente del agarre -ajá... ¿y desde cuándo llamas a mi Angello por su nombre?
-¿Disculpa?
-Te he escuchado llamarlo de miles formas, pero jamás Angello...
-No sé de qué hablas... tenemos que irnos -un estruendo se escuchó desde afuera- rápido...
-No me iré hasta que me digas qué demonios sucede aquí...
Shaina miró a Geist con una mueca de odio tal, que deformó de manera sobrenatural sus bellas facciones -no te importa lo que pasa afuera- ordenó con voz gutural -Geist la miró con terror -deja de hacerte de rogar... tú vienes conmigo...
Geist esquivó el agarre de la mujer y corrió a toda velocidad siguiendo los pasillos del Templo Principal y en cada recodo se volvía solo para mirar con horror, aquella burla de Shaina, retorcida y asquerosa, que corría por pisos, paredes y techos como si de un insecto se tratara. Cerca del despacho del gran Maestro, se topó con una figura armada que la hizo trastabillar el paso y caer bruscamente, fracturándose un tobillo.
-¿No quieres colaborar amazona? -el devastador de Tauro se acercó amenazante a Geist, quien se arrastraba por el suelo, tratando de proteger su vientre- veo que voy a tener que sacarte ese bebé por las malas...
-No... por favor... te lo ruego -suplicaba ella entre lágrimas- ¿para qué quieren a mi hijo?
-El propósito de ese niño es tan grande como el universo que habitas... no necesitas saberlo
-Yo... no entiendo... es solo un bebé
-No pienso seguir perdiendo el tiempo explicándote lo que sigue... lo siento amazona, pero te interpones en mi camino más de lo que quisiera...
Cuando el devastador lanzó su ataque, usando toda la potencia de propulsión de su traje mecánico, su puño chocó con un objeto que parecía impenetrable.
-¿Pero qué? -se preguntó el muchacho asustado- ¿tú... tú quién eres?
-Soy Aioros de Sagitario amigo... y el que se mete con el hijo de un caballero dorado... se mete con todos sus tíos...
Santuario de Poseidón
Para cuando llegó al Soporte Principal, tuvo que encender su infinito cosmo para repeler el sonido ensordecedor de las notas del arpa mágica. Al pie de la gran columna, cuatro de sus generales y un ateniense, se tapaban los lados de la cabeza, intentando proteger sus oídos de aquella melodía asesina. Pasó la vista por la escena y encontró al responsable de aquello. Con rabia por la osadía, lanzó su tridente sagrado, traspasando a Mime de Benetach en el muslo derecho.
-MIME -gritó Hägen al ver caer a su rubio compañero, en medio de un doloroso gemido que acalló la melancolía del arpa sagrada- Mime... ¿pero quién...?
-¿Qué sucede aquí? -gritó la reencarnación de Poseidón furioso. Todos los involucrados, se volvieron a mirarlo con temor, incluso sus mismos generales marina.
-No tenía que hacer eso -reclamó Penrill, sosteniendo a Mime, quien temblaba del dolor- ustedes invadieron Asgard y secuestraron a nuestra princesa y al general mayor...
-No tienes nada que reclamar aquí -Poseidón levantó su brazo llamando a su arma- deja de amenazarme o le arrancaré la pierna a tu amigo -el tridente comenzó a moverse fuera del cuerpo de Mime, desgarrando la carne y el hueso, inmisericorde como el dios que lo portaba.
-¡No puede hacer esto Poseidón! -gritó Alberich furioso.
-Claro que puedo dios guerrero -Poseidón llamó a su arma de una sola vez, provocando que la pierna de Mime se abriera de lado a lado.
-Argggg -gruñó Mime a punto de desmayarse del dolor- cállate... Alberich -protestó agarrando su pierna herida, Hägen corrió a socorrerlo y miró con odio profundo al orgulloso Poseidón, quien continuaba erguido como si nada, frente a su Templo Principal.
-Nadie ha invadido tu tierra asgardiano -se defendió Eo, recuperándose del ataque que lanzara Mime- no tienes argumentos para venir a acusar a nuestro dios por eso...
-Tu princesa no está aquí -replicó Poseidón- ella ha sido mi invitada en otras ocasiones y como parte de nuestro acuerdo de paz, se le ha tratado con toda consideración, esto lo tomaré como una declaración abierta de guerra...y te aseguro dios guerrero, que mis huestes pueden destruir tu pueblo de un solo ataque...
-De acuerdo -dijo Hägen con voz amenazante- que sea guerra entonces...
Instalaciones de Deucalión
-¿Y tú qué me ves? -le preguntó Aphrodite a Samara, mientras corría al lado de ella.
-Nada… pero eres un grosero- realmente Samara no dejaba de verlo porque le llamó muchísimo la atención el parecido del sueco con Kalia.
-Poco me importa lo que pienses- contestó secamente Afro, e ignorando a Samara, se volvió hacia Kanon- ¿dónde está Camus?
El gemelo no contestó, pero después de doblar por un recodo en uno de los pasillos, llegaron a donde Camus agonizaba recostado en una pared.
-CAMI -gritó Milo, lanzándose con los brazos abiertos sobre el francés- Cami... aquí estamos, vamos a curarte... lo prometo -dijo el griego apartando los mechones turquesas de la frente empapada de su amigo.
-Mi... Milo -susurró febrilmente el francés, entre jadeos.
Angello se incorporó al ver entrar a Milo y miró impresionado hacia el pasillo de afuera. Detrás de Milo, Saga, Kanon, Aphrodite y Samara, entraron al laboratorio, seguidos de un gran alboroto que se escuchaba fuera -¿cómo...? pero... ¿cómo demonios llegaron ustedes aquí?
-Chicos... por favor -suplicó Milo a los demás, al comprobar que Camus se moría- lo veo muy mal...
-¡Krabba! ¿sabes qué le inyectaron? -preguntó el sueco a Angello, inclinándose a revisar los síntomas de Camus.
-El único que sabe qué le inyectaron, es ese cabrón -murmuró Kanon refiriéndose a Vincent- y no quiere decirnos nada...
-¿Ya lo amenazaste hermanito?
-Le amputé una mano... si quieres sigo con una pierna
-Eso suena bien, aunque me parece que Angello quiere su parte -bromeó Saga.
Rávena, Italia
Aldaberán bostezó por enésima vez. Habían pasado al menos dos horas desde que Aioros partió hacia el Santuario y desde entonces, Shaka permanecía en la más profunda meditación.
-Que aburrido me siento y lo peor es no poder ayudar en nada -Aldaberán miró a Shaka desde la cama que ocupaba al frente de la suya. El indio se mantenía en perfecta posición de loto y de no ser porque de vez en cuando su esternón se distendía por la respiración, el gran toro hubiera creído que el hombre había fallecido.
Con desidia se dio vuelta boca arriba y en medio de su ensoñación recordó a su sirena pelirroja;"pero que guapa era" se dijo y sonrió. Tratando de desviar la atención de sus recuerdos, encendió el televisor a pesar de las indicaciones de Shaka de que se mantuviera en silencio, estaba demasiado aburrido y era lo único para hacer. Cambiando y cambiando canales, se decidió por el canal de noticias, donde pasaban un avance de última hora.
-Según las declaraciones de la víctima, el intercambio con los sospechosos fue informal y él accedió, debido a que creía que solo eran excéntricos en busca de autos clásico para coleccionar.
-¿El hombre logró identificarlos? -preguntó el periodista en el estudio.
-Si compañero, según la poca información que tenemos, los sospechosos fueron grabados por la cámara de vigilancia de una estación de servicio -contestó el corresponsal- queridos televidentes, a continuación podrán observar a los supuestos terroristas, justo en el momento en que realizaban el intercambio con Alí Mahtam, el marroquí que casi muere a consecuencia de la bomba oculta en un reloj con el que estos hombres, aparentemente hermanos, le pagaron un auto"
Aldebarán se rió solo -pobre tonto... le pagaron el auto con un reloj bomba... a dónde ha llegado esta humanidad... seguramente Shaka diría...
-Aldebarán esas son banalidades, aleja tus ojos y mente de esa invención malévola llamada televisor...
Aldebarán se sorprendió al escuchar la voz de Shaka -exactamente lo que creía ibas a decirme, compadre- sin embargo su risa se apagó, cuando en la pantalla, reconoció a los tres supuestos terroristas; Milo, Saga y Aphrodite.
-Diablos Shaka -Aldaberán se tiró de la cama y comenzó a zarandear a su compañero- Shaka mira las noticias...
El rubio no dijo nada, solo se incorporó y alisó sus ropas.
-Shaka... son los chicos... míralos -insistió el brasileño señalando la pantalla.
Shaka se alejó de Aldebarán y se dirigió a un lado de la habitación -ellos sabrán salir de ese dilema... yo tengo otra misión que cumplir
-Pero... pero Shaka -Aldaberán se calló, cuando la señal de televisión comenzó a fallar y su compañero se rodeó de un aura dorada- Shaka...
La armadura de Virgo apareció de la nada, cubriendo por completo al rubio -me voy...
-¿Adónde vas?
-La persona más importante para mi me necesita... y no lo voy a dejar solo
-Pero Shaka...
El rubio bajó el semblante y suspiró -tarde o temprano lo entenderás
Instalaciones de Deucalión
-¿Lo encontraste?
Afro no le contestó a Milo, ya que estaba muy concentrado revisando los tubos de ensayo que encontró Kanon en el otro laboratorio. Aquello era como una rutina bien practicada, abría cada recipiente con cuidado, mojaba la punta de su meñique y probaba el líquido, luego, acercaba la nariz a la boca del frasco e inhalaba los vapores tóxicos del contenido. A Milo aquello lo estaba volviendo loco, el sueco era demasiado minucioso en su tarea y Camus parecía ponerse cada vez peor.
-Alumina... date prisa... Cami no resistirá...
-Milo -Saga lo tomó por el hombro- te aseguro que Krist sabe lo que hace... si se equivoca en el antídoto... puede matarlo... entiendo tu desesperación, pero tenemos que ser pacientes
Milo asintió angustiado, pero aceptó con respeto las palabras del mayor. Derrotado por la angustia, se dirigió a donde estaba Camus y se acuclilló a su lado para ayudar a Angello a cuidarlo. Kanon también se estaba desesperando, pero se mantenía recostado en una pared con los brazos cruzados mirando hacia un lado -que bien se te ve la armadura- le murmuró Saga acercándosele con una risilla -diría que te ves exageradamente guapo... pero no tanto como yo
-Tonto -dijo Kanon suspirando- ¿crees que lo logre? -preguntó señalando con la barbilla a Afro.
-Tiene que...
-El témpano no resistirá...
-Lo sé...
En ese momento, Afro terminó de probar antídotos y se dirigió con dos tubos de ensayo hacia donde se encontraba Camus. Sin decir nada, tomó una de las muñecas del muchacho e inhaló el aroma de la piel pálida, luego le revisó los ojos, jamás se le había visto tan concentrado en una tarea. Una detestable risa lo interrumpió y con una ceja arqueada, se volvió hacia el viejo Faure -¿qué te hace tanta gracia?
-Tu alquimia no será suficiente para encontrar el veneno que corre por sus venas...
-Desángrate rápido y déjame trabajar -Afro ignoró al tipo y continuó con su examen.
-¿Sabes cuál es el veneno?- preguntó Milo al verlo hacer un corte en la muñeca de Camus y probar la sangre.
-Yo sabía que era vampiro -murmuró Kanon con ironía, recibiendo a cambio, un codazo de parte de Angello- ¿qué?... míralo cangrejo... solo le faltan los colmillos
-Cállate Kanon...
-Quinina... apesta a eso... pero hay algo más -fue el veredicto del sueco- una dosis tan concentrada como para acabar con tres hombres comunes -de allí se volvió a Milo- necesito tu ayuda...
Milo lo miró extrañado -¿mi ayuda?
-Hay que perforarlo... en sus puntos cósmicos...
-Estoy bloqueado alumina...
-Entonces, tienes tres segundos para desbloquearte...
Santuario de Atena
June estaba acorralada, trataba de detener con su látigo a los dos devastadores que tenía a cada lado, sin embargo, esos tipos parecían tener un truco bajo la manga para detener cada ataque que ella les enviaba.
-Diablos -se quejó mirando a todas partes, sin saber por dónde empezar- ¿quiénes son ustedes?
-¿Dónde está la amazona preñada? -preguntó uno de ellos, que mantenía una especie de arma cortante, apuntando a la nariz de la asustada June.
La amazona se recompuso y se mostró desafiante -no contestaste a mi pregunta- dijo con severidad. El Patriarca fue muy enfático al girar instrucciones con respecto a la seguridad de Geist, quien, hasta donde trascendió, era el vientre del vástago de uno de los caballeros dorados -no voy a darte la información que me pides...
-Entonces tendré que rebanar esa máscara tuya, junto con el rostro que protege...
-Déjame envenenarla -pidió un ansioso devastador de Piscis- quiero probar mis pociones...
-Adelante Ewan... es toda tuya
El devastador azul se acercó a ella desafiante, desplegando unos extraños artefactos desde sus hombros y brazos, desde los cuales comenzó a salir un gas con un espantoso aroma a plantas podridas -que asco- protestó June tapándose la nariz.
-¿No te gusta?... que pena contigo... porque es tu última memoria aromática, antes de irte al infierno
June intentó volverse para escapar de aquella nube tóxica que comenzó a marearla, sin embargo, el otro devastador la tomó por la espalda neutralizando sus movimientos -suéltame cabrón- protestó ella pateando fuertemente, logrando golpear al tipo del veneno.
-Que caracter muñeca -contestó el hombre, detrás de su casco antigases- dicen que si conoces el rostro de una amazona... su destino queda irremediablemente unido al tuyo... ¿será que si retiro esta máscara, harás lo que yo te pida? -terminó de decir, sonriendo con lascivia.
-Deja de tocarme, hijo de tu...
De repente, se escuchó el filo de una navaja saliendo desde uno de los bosques cercanos. Una ráfaga de viento potentísimo, logró derribar de una sola vez al devastador de Piscis, quien rápidamente se incorporó furioso, buscando a quien lo atacaba.
El devastador de Leo retrocedió unos pasos, sin dejar de sostener a June. El cuerpo le temblaba por el estrés y June sonrió detrás de la máscara -¡ja!... ahora van a saber lo que es bueno- el devastador afianzó el agarre a la amazona, tanto que la hizo sentir que la amputaría.
-Déjala -ordenó una voz profunda y varonil que se acercaba, conforme la figura que se veía a través de la niebla púrpura se hacía reconocible- le tocas un pelo y te rebano los cojones...
-Usted -susurró June en medio de un suspiro y sonrió esperanzada desde detrás de la máscara.
-¿Quién eres engreído?
-Shura de Capricornio y espero tengas un buen escudo porque te voy a rebanar esa armadura...
Instalaciones secretas de Deucalión
-Tienes que hacerlo Milo... por él -le murmuró fraternalmente Afro al escorpión, al verlo esforzarse por encender su cosmo sin lograrlo- todo saldrá bien... ya verás...
Una carcajada conocida sonó al lado de los jóvenes -ustedes... si que son cómicos -Afro miró impasible a Faure, mientras que Milo frunció el ceño furioso- sus terapias alternativas no funcionarán contra ese veneno- el viejo Faure seguramente estaba delirando por la hemorragia y se volvía cada vez más insoportable- él está perdido... yo que ustedes me largo de aquí, antes de que los devastadores vengan todos...
-Ahora si me tocaste las bolas -se paró Milo para rematar al engreído francés.
-Déjalo -dijo Afro deteniéndolo por un brazo- lo más importante es sacar a Camus de esta... ese tipo tiene los minutos contados... la hemorragia lo matará...
-Bien y si me queda energía... Antares será para él...
-Ragazzi -llamó Angello entrando apresuradamente- tienen que hacer esto rápido, afuera es un hervidero... los gemelos los están deteniendo... pero son demasiados...
-Milo... dependemos de ti ¡ahora!
-Son demasiados...
-Me preocupa que estés desprotegido Saga...
-Tranquilo... por ahora son solo razguños -contestó Saga colocándose en posición de ataque- tenemos que detenerlos hasta que los chicos logren salvar a Camus...
-¿Y cómo?
-Destrucción sin sentido...
Kanon rió con malicia -esperaba que dijeras eso...
Ambos gemelos se pusieron en posiciones ofensivas, dispuestos a recibir la jauría militar que se les venía encima, los dos sonriendo confiados, con sus cosmos encendidos y el corazón lleno de júbilo.
-Los gemelos Vangelis, atacan de nuevo...
-ALBALI... HYDOR... SADACHBIA -al terminar con la estrella mayor, Milo fue apagando su cosmo de a poco, el viejo Faure, mientras tanto, miraba entre maravillado y aterrorizado, como aquel hombre se rodeaba del aura dorada y golpeaba con precisión quirúrgica, varios puntos en el cuerpo de su nieto, de los cuales comenzó a brotar un hilito de sangre.
-¿Listo bicho? -preguntó Angello.
-Listo...
-Perfecto... ahora el antídoto -Afro tomó a Camus cuidadosamente y lo hizo beber la tercera parte de la mezcla que hizo con el contenido de dos de los tubos de ensayo y a pesar de su estado, el pobre Camus, no pudo evitar hacer una mueca de desagrado- lo sé témpano... es espantoso... como la crema de hongos de Shaka...*
-Ni me la recuerdes -murmuró Milo con una mueca de desagrado.
-Si solo hay que esperar a que haga efecto, iré a ayudarle a aquel par de psicópatas afuera -intervino Angello.
-Angello...
-¿Qué se te ofrece pesce?
Afro se acercó a su amigo para hablarle más cerca -ten cuidado con esa pelirroja -advirtió refiriéndose a Samara- no confío en ella.
-Di acordo -murmuró el italiano- y tú no dejes al bicho cometer homicidio -dijo refiriéndose a la forma en que Milo observaba a Faure.
-Tranquilo brör -Afro volvió a ver a Vincent con una risita de burla-te prometo que si Milo se dispone a matarlo, lo obligaré a que te deje algo para que te diviertas -terminó cerrándole un ojo al viejo francés.
Santuario de Atena
Cerca de la madrugada, muchas armaduras doradas habían sido invocadas y la batalla no terminaba. Una a una, como estrellas fugaces, surcaron los cielos en busca de sus dueños; Géminis, Sagitario, Capricornio, fueron las primeras. Luego, Virgo,Tauro y Leo, los dos últimos guerreros, traídos y desbloqueados por la voluntad del Patriarca al Santuario, en ese momento, apoyando a sus colegas dorados y brindando seguridad y confianza a los de plata y bronce.***
Shion se hizo acompañar por Dhoko y Aldaberán para identificar a los caídos... tarea odiosa por lo demás. Sentía el hartazgo de un soldado que tiene años de estar en un frente de batalla, detestaba el aroma de la sangre, el color de la piel muerta, las expresiones de aquellos que habían sucumbido por la violencia.
-Es Marcia...
-No, estoy seguro de que es Ailene...
-No Alde, esta es Marcia... mira su cabello rojo
-Si al menos hubiera quedado algo del rostro... sería más fácil identificarla...
Shion miraba de soslayo sin decir nada, sentía presión en la cabeza y algo de nauseas. De todo lo sucedido, lo que más le alteraba era esa maldita niebla y por eso no le quitaba el ojo de encima. Mientras Aldebarán y Dhoko discutían, el lemuriano agudizó la vista y pudo notar, como la niebla se alejaba en una sola dirección y de pronto la armadura dorada que portaba, comenzó a vibrar.
Instalaciones de Deucalión
-¿Y bien? ¿es normal que sude tanto?
-Es necesario... así su cuerpo se deshace del veneno...
-¿Cómo lo ves alumina?
-Va a estar débil por un tiempo, pero se repondrá... dicen que mala hierba nunca muere...
Milo se recostó a un mueble metálico que usaban como respaldar -Camus no es malo... solo... un poco amargado y sabelotodo... pero es un buen chico...
-Sinceramente admiro la paciencia que te tiene Milo...
-Oye... tú tampoco te comportas de lo mejor -ambos muchachos rieron un poco más relajados por la charla y la evidente mejoría de Camus- ayer te nos perdiste un buen rato en la cafetería...
-Se mancharon mis pantalones...
-Ajá -Milo se incorporó para acercarse a Afro con una risilla bailandole en los labios- ¿te la cogiste?
Afro enrojeció hasta la raíz del cabello y gritó escandalizado -¿de qué hablas bicho?
-Sabes de qué hablo... te perdiste con la mesera más de media hora
-No me la voy a coger en tan poco tiempo... ella solo me ayudaba a limpiar mi ropa
-No te creo... ¿ni siquiera aprovechaste para darle un beso?
El chico de cabellos celestes se notaba evidentemente incómodo -bueno... yo...
-AJÁ... lo sabía -Milo se incorporó y comenzó a bailotear contento- ¡al fin... al fin!
Camus se removió entre sueños -cállate Milo- rió Afro levantándose para taparle la boca al escorpión, quien no paraba de bailar y palmear feliz -vas a despertar a Camus... Milo no seas inmaduro
-Anda... cuéntame qué le hiciste...
Afro seguía riendo y no podía defenderse de las habladurías de Milo -cállate... en serio no le hice nada... al menos nada que no quisiera -se confesó al fin el pez.
-¿La besaste? -canturreó Milo y Afro asintió con vergüenza- ¿le pasaste la mano por la curvatura de la espalda? -Milo se pasó la mano sensualmente por las caderas, mientras Afro reía de lo lindo y negaba avergonzado. Camus despertó de repente y quiso la diosa que lo hiciera justo en medio de tan superficial conversación.
-Afro... ¿Afro besó... a una chica? -balbuceó un aturdido Camus a sus compañeros.
-CAMI... CAMI -gritó Milo, lanzándose en un abrazo para Camus, quien solo atinó a darle un par de palmaditas desganadas en la espalda- estás bien... estás bien... estás bien y sí... el pez al fin besó a una chica...
-Viva... eso... es... es grandioso -celebró en un balbuceo cansado en de Acuario. El pobre francés tenía la piel, cabello y ropa empapados en sudor y estaba pálido como la muerte- ¿dónde...? ¿dónde estamos?
-En tu tumba...
Ni en sus más espantosas pesadillas, Camus de Acuario esperaba encontrarse con aquello. A su lado, Vincent Faure reía como un poseso, mientras se sostenía un muñón sangrante.
-¿Te acuerdas de mi, nietecito querido?
Atlantis, Santuario de Poseidón
Los ataques entre ambos bandos iban y venían sin control. Tanto asgardianos como atlantes, daban lo mejor de sí para derrotar al enemigo.
El gran Poseidón miraba todo con furia contenida, manteniendo el ceño del guapísimo Julián Solo, ceñido hasta juntar las cejas. No intervino más de lo que lo había hecho, ya que no quería caldear más los ánimos, con haberle cercenado la pierna a uno de los asgardianos era más que suficiente provocación.
De repente, como si de un mal agüero se tratara, una sombra se paseó por encima de todos los que estaban allí y rodeó la escena un par de veces, distrayendo a los combatientes y erizando la carne de los asgardianos. Un ser alado, ataviado con una impresionante armadura negra, aterrizó unos escalones más abajo de Poseidón y después de plegar sus enormes alas, se hincó delante del emperador del mar.
-¿A qué se debe el honor de tu visita Minos de Griffon?
-Me temo que soy portador de muy malas nuevas, señor Poseidón
Poseidón no contestó, pero golpeó el piso con su báculo e hizo vibrar todo el Santuario Marino -¡basta!- ordenó con voz de trueno a los combatientes -basta ya... de lo contrario los atravesaré a todos con mi tridente... míos y ajenos...
Los guerreros no se hicieron de rogar y cesaron las hostilidades.
-Habla Juez del infierno...
-Señór Poseidón... tuvimos una fuga en El Límite... me temo que se ha escapado Tifón...
-Pero -Poseidón empalideció, los asgardianos y atlantes murmuraban entre sí, impresionados por la noticia- eso no es posible... quiere decir que engañaron a otro de los centimanos...
-Desgraciadamente, usted está en lo cierto... nosotros...
Varios golpes estremecieron el suelo marino. Provenían del Soporte Principal. La Equidna había sentido la presencia de su amado Tifón y luchaba por escaparse.
En medio de todo ese caos, el Soporte Principal comenzó a agrietarse.
Instalaciones de Deucalión
Saga y Kanon se detuvieron de repente y se miraron con idénticas expresiones. Lo habían sentido, algo no andaba bien.
-Saga... no vayas...
Saga comenzó a correr hacia el laboratorio donde se encontraban los demás -tengo que ir...
-SAGA -gritó Angello corriendo detrás de él, junto a Kanon- NO LO HAGAS...
Al doblar en el siguiente recodo, los gemelos y Angello se quedaron de piedra al ver salir volando por una ventana a Afro, quien se estrelló fuertemente contra la pared de enfrente.
-Agrrr -se quejó el peliceleste al resbalarse hasta el piso.
-¡Pesce!... ¿qué sucedió? -interrogó Angello, tomando a su aturdido amigo por los hombros.
-Vete... de aquí -tartamudeó el peliceleste -no... no confíes- dijo ante de desmayarse en los brazos del italiano.
Saga retrocedió al ver desfallecer al sueco -tengo... tengo que detenerlo- murmuró y corrió hacia el interior del laboratorio, donde Milo protegía con su cuerpo a Camus de los objetos con que intentaban agredirlos.
Utilizando para ello toda su velocidad, Saga, sacó los objetos de su trayectoria, evitando así que hirieran a sus compañeros. De repente, algo o alguien lo golpeó con una fuerza impresionante. El ataque lo hizo tirar varios muebles, antes de quedar estrellado en un muro, el cual se derrumbó encima de él. Atontado, sacudió la cabeza para deshacerse del escombro que le cayó encima y a la vez, aclarar su mente para asimilar lo que estaba pasando.
-Saga de Géminis -la voz era varonil y a la vez melodiosa, demasiado querida para creerlo.
-¿Por qué? -la voz de Saga se quebró por el dolor de su alma- ¿qué... qué haces?
El impresionante guerrero se acercó al gemelo y lo tomó por la camisa para acercárselo y Saga se sintió derrotado por esa mirada inyectada de sangre y odio -vengo por tu linda cabeza...
Las lágrimas resbalaron por las mejillas del tercer guardián -no... tú no... no... no puedo
Aquel enemigo sonrió con una maldad propia de un demonio -tú así lo quisiste- dijo levantando su mano derecha y su cuerpo se rodeó de una terrorífica aura púrpura.
Kanon y Angello, corrieron hacia donde se encontraba Saga, alarmados por el escándalo y lo sucedido a Afro. Al ver la escena, Kanon se detuvo en seco, tomándose el vientre, deseando que aquello se tratara solo de una pesadilla.
-No... no... esto no -susurró Kanon con lágrimas en los ojos.
Con Saga entre sus manos, Mu de Aries se preparaba para degollarlo.
Continuará
No me odien por favor... estamos cerca del final
*¿Por qué Shun con Sahori?, bueno porque me gusta la pareja y segundo porque en los primeros capítulos de la serie, Shun se queda con Sahori en una cabaña al cuidado del casco de la armadura de oro ¿lo recuerdan?. Antes de que apareciera el caballero de fuego, están los dos muy pegaditos hablando en el balcón y al fondo se ven los restos de una cena para dos... a mi que no me digan, pero allí hubo fuego, jejejejeje
**En los asesinos de Arles, Mu le hace un comentario al respecto a Shaka, solo quería hacer la remembranza
***Paciencia, paciencia, habrá más combates para todos en el siguiente cap.
Muy agradecida con KarliCM gracias por tu review, (Dhorte no es traidora, de hecho las diosas la usaron vilmente como recipiente), beauty, doble agradecimiento, te reportaste dos veces y gracias por declararte fan, bueno los chicos tienen que divertirse ¿no?, diana, sé que aún no está del todo claro y no me odies por Mu ;(, un abrazo. Princess, Jabed, Derama17, Mariana Elias, PixysandLinxs (paciencia con Shaka, ya está pronto su momento), Kaito... gracias por tomarse el tiempo de dejarme un mensaje, en el transcurso de hoy y mañana, les estaré contestando.
