Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable.

Advertencia:
Los chicos son un poco brutales peleando, pero es parte de su formación. Sin embargo, advierto por si menores de edad, acceden este fic.

Bueno, estoy de luto y llorando como magdalena -hecha un ovillo, mientras espero una nueva ocurrencia de los ingratos productores de SOG, casi no puedo soportarlo- es lo único que voy a decir

Dedicado a Mariana Elías por su cumpleaños, un abrazo y buenas vibras.


De asesinos a caballeros: historia de renacimiento y redención

Sorteando a la Muerte II Parte.

Santuario de Atena

-ESTIRGES -gritó alguien en la playa en el momento en que la bandada de malignas criaturas se lanzaban como proyectiles contra quienes aún peleaban en la playa. Al ser los más vulnerables, los soldados caían degollados porque la indumentaria militar no les protegía contra las zarpas de las aves míticas.

Aioros de Sagitario volaba sobre el mar, exactamente donde el enemigo intentaba sobrevivir en lo que quedaba de su impresionante flota naviera.

-¡Ptólemy, dispárales a las aves! -Aioros se estabilizó en el aire y comenzó a atacar los bichos, mientras Ptólemy hizo lo suyo con sus flechas. Sin embargo, las estirges dejaron de golpear directamente a las yugulares y comenzaron a levantar en garras a los soldados, para luego alzar vuelo y dejarlos caer desde gran altura.

Para cuando las estirges se expandieron por la playa, el lugar se había convertido en un verdadero caos. Los gritos aterradores de los soldados, desgarraban el cielo anunciando sus propias muertes. El sonido seco de los cuerpos estrellándose contra las rocas, era una tortura para los que aún continuaban con vida.

Aioria de Leo corrió hacia el frente -¡Aioros!... ¡los están estrellando contra las rocas!- con agilidad asombrosa, alzó vuelo con su propio impulso, justo a tiempo para tomar en brazos dos hombres que iban con rumbo a las rocas.

-¡Ayuden todos! ¡sin importar el bando… son humanos! -gritó Aioros con energía.

Los caballeros de bronce y plata, comenzaron a imitar las acciones del caballero de Leo y así muchos fueron salvados. Las técnicas de los dorados, resonaron más fuerte que los chillidos de las aves, sobre todo cuando el número de estas comenzó a mermar.

-AVE FÉNIX -fue el grito de guerra que precedió la destrucción del último grupo de aves, cuyas pocas sobrevivientes se dispersaron asustadas hacia las oscuras arboledas de los bosques colindantes.

-Bien hecho Ikki -Aioria le dio una palmada al de bronce en la espalda.

Ikki sonrió, sin embargo, su orgulloso semblante se ensombreció cuando lo que al parecer era una enorme masa de agua, comenzó a acercarse a ellos.


En el momento en que Aioros divisó a la gigantesca sombra nadando hacia la playa, voló por todo el campo de batalla para dar la alerta.

-Repliéguense… hay algo acercándose… ¡atrás! –luego se dirigió a sus compañeros de rango- ¡Alde!... ¡No ataques!... ¡Shura!

Cuando un remolino empezó a formarse tragándose tripulantes y barcos, la advertencia de Aioros detuvo apenas a tiempo el "Gran Cuerno". Sin embargo, Shura iba demasiado rápido y continuó con el curso de "Excalibur" sin frenar ni un poco. Cual pared de hierro, un tentáculo que emergió de las aguas detuvo el golpe de su espada con una resistencia tal, que lanzó el cuerpo del décimo guardián hacia unas colinas lejanas.

-¡Shura! –gritaron varias voces a la vez. Atemorizado por la suerte del español, Aioros quiso seguir la trayectoria del dorado, sin embargo, lo detuvo la visión de la inmensa mole que nadaba lentamente.

Ocho tentáculos, del mismo largo de un portaaviones, emergieron pesadamente de las aguas, tratando de abrirse paso entre tanto obstáculo metálico.

-Qué… demonios es eso –murmuró Aioros aún en el aire, mirando impresionado, como la masa que se movía lentamente, se llevaba consigo a casi toda la flota enemiga.

Un rugido largo, provocó que algunos se encogieran tapándose los oído. Tan potente que podría competir con el terremoto, el tornado o incluso la avalancha. La vibración fue tan poderosa que el pobre Aioros erró el vuelo y tuvo que aterrizar de sopetón en la playa.

-¡¿Estás bien?! –preguntó Aioria al ver arribar torpemente a su hermano.

-¡Me siento aturdido!... ¡sea lo que eso sea es demasiado grande… quizá más de lo que podemos enfrentar!

-Pues tenemos que derrotarlo chicos -intervino Alde- hay mucha gente inocente en los refugios… demasiados niños y enfermos…

Un ser antropomorfo, pero con una masa miles de veces mayor a la de un hombre, emergió con otro rugido ensordecedor, levantando ambos brazos a los costados para luego dejarlos caer de golpe, mientras se dirigía a tierra meneando la gigantesca cola.

-No puede ser -susurró Asterión en medio de los caballeros de bronce, mientras levantaban al unísono la cabeza para poder mirar el cuerpo completo de la bestia marina. Algunos pocos aún no habían huido despavoridos del lugar- eso... eso es

Los dos hermanos dorados miraron desafiantes al bicho y Aldaberán pasó saliva, antes de afirmar en un susurro- eso Asterión... es la devastación materializada...


Instalaciones de Deucalión

-Diablos -refunfuñó Algor, cuando al doblar por un recodo en un pasillo, sintió la presencia de varios cosmos muy poderosos, específicamente cosmos dorados.

-¿Qué sucede? -preguntó débilmente Kalia en brazos del caballero de plata. La amazona se miraba cada vez más acabada, su piel tenía un color amarillento y la respiración era irregular.

-Los caballeros dorados están aquí -Algor se apoyó en una pared para descansar unos instantes- Kalia -el muchacho se acuclilló para apoyar a la amazona en el suelo- dime una cosa -la chica balbuceó algunas palabras ininteligibles- además del evidente maltrato... ¿te dieron a tomar algo? -ella afirmó débilmente, confirmando las sospechas que le inquietaban; Kalia estaba bajo los efectos de alguna droga o toxina.

Algor bufó, las cosas no podían ponerse peores ¿o sí?

Una pequeña explosión resonó a unos metros de ellos, seguida del sonido de una alarma. De inmediato, las bombillas parpadearon unas cuantas veces hasta extinguirse, dejando todo el lugar apenas iluminado con la mortecina luz azul que emitían las lámparas de emergencia.

Sí, aquello estaba cada vez peor.


Mar adentro

El ataque del monstruo era contundente; simplemente arrasar con lo que se le atravesara en su camino. Sus tentáculos adheridos a la espalda, eran gigantescos latigazos acorazados, que golpeaban inmisericordes cualquier cosa que estuviera en un radio considerable de su cuerpo. La bestia blandía sus brazos, revolviendo salvajemente el mar, hundiendo navíos y hombres hasta el fondo del abismo oceánico.

-¡Todo a babor! -gritaba con desespero el capitán de un portaviones, al ver su espléndida nave, oscilar cual canoa en medio del océano enfurecido- ¡aseguren los aviones!

-¡Capitán... no importan los aviones... comprenda que los hombres no quieren subir a la pista!

-¡Eso no me importa... es su deber!

-¡Señor!... los dioses nos atacan a nosotros... ¿es que no lo ve?... usted tiene un gran instinto para estas cosas...

Instinto de supervivencia... ¿era tarde para eso?

El capitán, un hombre pelirrojo de barba poblada y mirada severa, sabía que el primer oficial tenía razón. Accedió a trabajar para Deucalión, porque la paga era el doble de lo que recibía en la fuerza naval inglesa y además James Parvatti, le habló de aliados tan poderosos, que la victoria contra el enemigo, era segura.

El viejo escocés no pudo evitar sentir temor, cuando se dio cuenta de que esos "aliados poderosos" a los que se refería Parvatti, eran seres divinos, cuya fuerza se comparaba solo con la devastación del tsunami o la avalancha -"¿son confiables?"- preguntó ingenuamente en aquella ocasión.

Parvatti había contestado con una sonrisa -ellos están bajo nuestro control absoluto... y dependen demasiado de nosotros como para traicionarnos...

Ahora el capitán se daba cuenta de que Parvatti estaba equivocado y lo peor de todo, es que había confiado en él.


Instalaciones de Deucalión

Las Keres eran adversarias terribles. Además de su enorme tamaño, poseían filosas zarpas en los dedos que les facilitaban el movimiento por superficies verticales, además de una dentadura poblada solamente de enormes colmillos. Para los caballeros dorados fue difícil enfrentarse a tantas a la vez y pronto se percataron de que atacarlas al torso era inútil, pues tenían una coraza natural que las protegía como si de una armadura se tratara.

-¡Camus!... ¡Krist! –gritó Saga- ¡protéjanse… no luchen ustedes!

-Pero…

-¡Ya les dije!... ¡están bloqueados! -gritó Saga furibundo. Kanon juntó su espalda con la de su hermano para resguardar ambas retaguardias, mientras lanzaban estupendos ataques de cosmos, sin embargo, las Keres les superaban en número.

-¡Tenemos que salir de aquí!

-¡¿Hacia dónde?! -Kanon miró a todas partes en busca de un lugar para atrincherarse.

-Demonios… hey… ¿qué te parece allá? -insistió señalando con la barbilla la entrada de un pasillo, el cual les serviría para huir de las Keres y quizá para planificar una estrategia o dar con una salida.

Saga asintió y Kanon corrió de primero hacia el sitio, tomando a un desprevenido Mu del hombro y haciendo señales a los demás para que lo siguieran.

Rápidamente todo el grupo se dirigió hacia el extenso pasillo, uno de los cientos que cruzaban el lugar. Todos lucían agitados y nerviosos avanzando a la máxima capacidad de sus piernas.

-¡Allá vienen! -gritó Hilda, quien iba tomada de la mano de Camus. El cansancio apremiaba, pero el sonido de las garras rechinando en las paredes de metal, les motivaba a seguir por sus vidas. El de acuario no respondió, sin embargo, afianzó el agarre para con Hilda y la mantuvo cerca de su cuerpo para que no sufriera daño alguno.

-¡Retrocedan! -se escuchó la voz de Kanon unos metros adelante- ¡doblen por la derecha!... ¡hay fuego aquí!


Cuando corría con Kalia en brazos, Algor se topó con un gran ventanal que daba al fondo marino. Algo gigantesco se deslizó por el agua y el plateado se atrincheró contra la pared movido por sus instintos.

-Es… es impresionante -murmuró al ver pasar los enormes tentáculos, tan gruesos como un barco- uh… demonios -el golpe en los cimientos del edificio lo hizo trastabillar el paso y estuvo a punto de caer de nuevo -estoy seguro de que eso nos chocó- pensó.

Más imágenes perturbadoras interrumpieron sus pensamientos y lo hicieron desear que aquello fuera tan solo el fruto de su imaginación. Frente a sus ojos, gran cantidad de escombro metálico pasó llevado por la corriente marina, dibujando irregulares espirales en el agua. Sin embargo, detrás de los restos metálicos, decenas de cuerpos, vivos o muertos, eran arrastrados ante sus ojos por el agua verdosa.

Como guerrero, Algor fue entrenado para no inmutarse en un campo de batalla lleno de cadáveres o agónicos, sin embargo, la desesperación de los que luchaban por no ahogarse, fue demasiado para él.

-Lo lamento -susurró negando con la cabeza, mientras quitaba la vista de un hombre que le miraba desde el otro lado de la ventana, suplicando por ayuda. Algor levantó a Kalia en brazos para alejarse de allí, mientras que en el agua, un hombre pelirrojo de barba poblada, golpeaba el vidrio con la esperanza de encontrar uno de esos "aliados divinos" que le prometieron, para que lo salvara de aquella muerte espantosa.


-¡Este lugar es un maldito caos! gritó Milo al frente de sus compañeros. El grupo corría tan rápido, que cada vez que giraban en un recodo, se deshacían de algunas de las Keres cuando estas se estrellaban contra las paredes.

-¡Milo!... ¡¿adónde te diriges?!

El bichito ignoró la interrogante de Camus. Lo único importante era sobrevivir a como diera lugar. Así que Milo se dirigió hacia un pasillo que tenía una puerta metálica que parecía fuerte.

-¡Síganme ilusos! -el resto siguió a Milo y una vez detrás de la puerta, Mu accionó el mecanismo para cerrarla, mientras miraban aterrorizados a las Keres acercándose como plaga de termitas.

-Ciérrate maldita sea -suplicó Mu accionando varias veces el botón rojo a un lado de la puerta. Saga se volvió a verlo con el rostro desencajado por semejante vocabulario- ¿qué?... es el estrés


Al contrario de los pobres diablos cuyas vidas eran arrebatadas en esos momentos por el agua, Argol tenía la esperanza de salir con vida del infierno desatado que era aquel lugar. Después de recorrer unos cuantos metros con una iluminación que dejaba mucho que desear, algo o alguien le cayó encima tirándolo con Kalia incluida al suelo.

Algor comenzó a defenderse lo mejor que pudo. Estaba seguro de que aquella cosa que parecía humana quería morderlo. Y es que era difícil para él defenderse a flor de piel, ya que su armadura continuaba en el Inframundo, allí donde Kalia la había escondido -quítate maldita cosa- gruñía intentando zafarse del bicho. En una muestra de la fuerza y agilidad, propia de su rango de guerrero, Algor logró lanzar un ataque lo suficientemente efectivo, como para estrellar al bicho en una pared contigua, dejándolo fuera de combate.

-Kalia… Kalia -intentó despertar a la chica, quien yacía semi- inconsciente, con la piel muy fría y empapada en sudor- mierda…

-Algor -balbuceó ella- sabes qué... tienes que... hacer -Algor sabía a lo que se refería Kalia. Una de las enseñanzas para la batalla, era dejar atrás a los caídos, aún si estaban con vida, eso para salvar la mayor cantidad de guerreros sanos posibles.

-Sabes que no lo haré tonta -ella acarició la mejilla del plateado, sonriendo débilmente.

-Tienes esperanza… yo no...

Algor tomó la blanca mano de su mejilla y la besó con fuerza. Con pesar porque sabía que Kalia tenía razón, levantó la mirada y en un destello de aquella luz azul, logró divisar una salida temporal a su predicamento; una puerta de emergencia.


Como último recurso para apurar el cierre de la puerta, Saga y Aphrodite comenzaron a empujar la gran mole de metal, logrando acelerar el proceso.

-¡Chicos… esperen! -gritó Mu al ver al hombre que corría hacia la puerta con una mujer en brazos.

-¡¿Que esperemos qué?! -gritó incrédulo Afro, al escuchar la advertencia del lemuriano.


Algor corrió lo más rápido que pudo. Para cuando entró por la hendija de la puerta de metal, sentía los zarpazos de las Keres, haciendo jirones en su camisa.

-Lo logramos bella -murmuró jadeando cuando la puerta se cerró detrás de él- casi dejo el culo afuera -murmuró con una risilla antes de percatarse de que era observado por varios pares de ojos curiosos -mierda- murmuró al distinguir las imponentes humanidades de seis caballeros dorados.


Bosque este, Santuario de Atena

-Maldita… sea –balbuceó apenas el español sacudiendo la cabeza, aturdido por el golpe. Con dificultad, se incorporó sobre los codos para volverse boca abajo, en ese momento todo le dolía.

-Coño… qué dolor de espalda -suspirando agotado, intentó acompasar la respiración, mientras pensaba en una forma para derrotar al monstruo que lo había atacado.

-Tentáculos inmensos… piel de coraza… esto va a estar difícil… si tan solo pudiera inmovilizarlo para cercenar el cuello -en ese momento la imagen de June al blandir su látigo, le cayó como un rayo de luz en la penumbra y sonrió.

Ese látigo, era la clave para derrotar al Kraken.


Instalaciones de Deucalión

-Bien... bien -Saga se cruzó de brazos- ahora si me van a explicar ¿quiénes son y qué hacen aquí? -preguntó con autoridad a los asgardianos y a Algor.

-¡Eso les íbamos a preguntar a ustedes! -gritó Siegfried señalando a Kanon, quien estaba detrás de Saga- no me extrañaría que éste tuviera algo que ver... -Kanon se señaló así mismo, con cara de inocencia fingida y Mu suspiró negando con la cabeza.

-¡Siegfried!- ante la evidente molestia de su señora, el aludido se dio media vuelta y se alejó del resto refunfuñando enojado.

-Discúlpelo por favor... soy Hilda de Asgard -aclaró la peliceleste- dos mujeres vestidas con extrañas armaduras arribaron al Valhalla... cuando desperté... estaba con Siegfried en una celda...

-¿Supieron la razón del secuestro?

-Nuestro único contacto en este lugar, fue un hombre de apellido Faure -Hilda bajó la mirada y Camus apretó la mandíbula- nos dijo que seríamos "la manzana de la discordia" entre atlantes y asgardianos...

-Ya veo -dijo Saga pensativo y se dirigió a Algor- ¿y tú?... el Patriarca me dijo que te culpan de la muerte de una amazona... y esa que traes allí es una amazona... ¿coincidencia?

Algor comenzó a ponerse muy nervioso, sobre todo cuando comprendió que la causa del semblante severo de Saga, era que creía que Kalia era una víctima suya -yo... no... no es lo que piensa señor... déjeme explicarle...

-¡¿Kari?! -se escuchó detrás de Hilda. Aphrodite se acercó a Algor, abriéndose paso entre todos los presentes, quienes lo miraron con desconcierto- ¡¿qué le has hecho?!

-Señor Aphrodite... por favor... créame yo... ella... yo no le he hecho nada

Aphrodite llegó hasta donde estaba el plateado, con toda la intención de matarlo. Un cosmo dorado, lleno de ira, le rodeó de a poco y la armadura sagrada de los peces cubrió su cuerpo de inmediato -calma, calma- Milo se colocó en frente de su compañero al ver esa determinación en él -déjalo hablar...

Enceguecido por sus sentimientos, el doceavo guardián no vaciló y por el contrario, hizo aparecer una rosa diabólica en su mano izquierda, de inmediato, el brazalete que lo bloqueaba, cayó al suelo calcinado -Krist... ¡basta!- exigió Saga sosteniéndolo y eso detuvo al sueco justo a tiempo, provocando que Algor soltara el aire que acumulaba en sus pulmones desde hacía un rato.

-Vamos Afro... ¿qué hay con esa amazona?

El peliceleste le contestó a Mu, pero parecía hablarle al aire -ella es mi hermana...


Stokohölm, Suecia

Sentado en su silla de ruedas, Klaus Rosenträgard bebía su acostumbrada copa de cognac para antes de dormir. Normalmente lo hacía, mientras su mirada y sus pensamientos se perdían frente al fuego de la chimenea, sin embargo, ese día escribía con afán en unas hojas azul claro.

-Parvatti es demasiado predecible -dijo de pronto sin dejar su tarea- sin embargo... he de decir que me sorprende que lo haya enviado a usted... es un honor tenerlo en mi casa Némesis... lamento las circunstancias...

-Digamos que a Parvatti... se le hizo imposible viajar a Suecia -la voz sobrenatural se escuchaba desde la penumbra, justo donde estaba el sofá de cuero burgundy- ¿siempre toma cognac para dormir?

-Algo así -contestó el viejo dando un sorbo más- y cuénteme ¿cómo va a ser?

-¿De verdad no le tiene miedo a la muerte señor Rosenträgard?

El viejo dejó escapar una amarga carcajada -tengo noventa y dos años, a esta edad uno anhela a la Parca...

-Bien -el pelirrojo se levantó del sofá y acomodó su elegantísimo traje italiano- entonces me retiro... buenas noches

El viejo se volvió en su silla de ruedas -¿eso es todo?

El desconocido sonrió sin mirarlo -disfrute su cognac... señor Rosenträgard...


Mientras tanto en uno de los comedores de la mansión Rosenträgard

-Ya te lo dije Cassi... me niego a contratar otra enfermera... papá es demasiado grosero con ellas, ya no hay quien lo soporte...

-Como si no lo supiera Debie...

El sonido de un vidrio al romperse, interrumpió la conversación de las mujeres. Para cuando las hermanas arribaron al estudio de su padre, la copa yacía hecha pedazos en el suelo y un caminito de sangre se escurría desde las comisuras del anciano.

En su mano derecha, quien fuera en vida Klaus Rosenträdgard, sostenía un sobre con el nombre de su único hijo varón.


En el bosque este, alrededores del Santuario de Atena

-Sus tentáculos son tan grandes que al azotar el mar, provocan enormes olas...

Shura corría por la playa, llevando a June tomada de la mano- tenemos que atarlo... así debilitaremos su defensa

June soltó una risilla -con esto será suficiente- dijo mostrándole su látigo, Shura enarcó una ceja con diversión.

-Es perfecto... sin embargo el Kraken es demasiado grande para ti sola presumida...

June hizo un puchero, hablaba entre jadeos debido a la carrera -bueno... Shun está cerca... al igual que Albiore, Dante, Reda y Spica... todos armados con cadenas...

-Exactamente de eso hablaba...


-ALDE... DE NADA NOS SIRVE ATACARLO DE FRENTE -el pobre Aldaberán se vio expulsado hasta la playa, debido al fuerte golpe del Kraken y Aioria corrió a auxiliarlo. Sin saberlo, el gran toro dorado tenía en vilo más de un alma, una de ellas pertenecía a su adorada sirena pelirroja, quien miraba escondida detrás de unas rocas.

-Alde... ¿por qué lo hiciste tonto?

-Mira a tu alrededor -Aioria giró la cabeza y se percató del caos que reinaba en la playa; guerreros y soldados, algunos heridos... muchos muertos. A su derecha Marín ayudaba a Shiryu a caminar y Seiya intentaba poner a salvo a un grupo de militares - ese bicho es capaz de terminar con todos ellos y continuar la masacre en los siete mares... recuerda a los inocentes que se esconden en las cuevas... tenemos que acabarlo antes de que…

-Termine con todos ellos

El león dorado suspiró, la verdad es que Alde tenía razón. Renovando fuerzas, ayudó a su corpulento amigo a incorporarse, exactamente en el momento en que Shura arribaba a la playa.

-Gato… toro…

-Shura

-Tenemos una posibilidad de acabarlo

-Se mueve demasiado para asestar un golpe certero...

-No te preocupes gatito -Shura se colocó el yelmo- ellos nos ayudarán -afirmó señalando con la barbilla a Dante y a los guerreros de la Isla Andrómeda formados en la playa en posición de ataque.


Instalaciones de Deucalión

Por fin, después de los tensos minutos que siguieron al ataque de ira de Afro, Saga y Mu habían logrado calmarlo para que no usara al pobre Algor como diana.

-Kari -murmuró Afro verificando los signos vitales de la amazona y tal como en su momento lo había hecho con Camus, aspiró el aroma que se desprendía de las muñecas- belladona... la dosis no es tan alta... pero está muy débil para resistirla

-¿Tienes antídoto?

-Lamentablemente no Saga -ambos dorados hablaban en susurros porque no terminaban de confiar en Algor, quien para ese momento se encontraba al otro lado vigilado por Milo- déjame preguntarle a ese -suplicó el sueco con maldad en la voz.

-Te dije que no... lo vamos a llevar preso... que sea Shion quien lo juzgue...

-De acuerdo -bufó el peliceleste con frustración- pero cuando lo condenen, quiero ser yo el que cobre su sentencia...

-¿Krist, has pensado que tal vez sea inocente?


-Informe de la situación –dijo Kanon apoyando las manos en las rodillas, para descansar un poco.

-Lo que sea nos golpeó desde afuera, provocó que el agua entrara más rápido –informó Camus mirando el agua que ya le llegaba a las rodillas.

-Intenté agujerear el techo –Milo se volvió hacia Mu- es inestable… podemos morir aplastados...

-Exploré el pasillo -añadió Mu- y desgraciadamente no lleva a ninguna parte…

-Genial -bufó Kanon.

-Nadie sabe dónde estamos, por lo tanto no hay esperanzas de refuerzos –siguió Siegfried.

-¿Alguna noticia alentadora? –insistió el menor de los gemelos.

-Estamos agotados y con hambre… pero medianamente ilesos –contestó Mu con desgano.

-¿Y la dama?

-Estoy bien… nada más con unos cuantos rasguños

-Y ustedes ¿qué tal? -le preguntó Kanon a Saga, quien se encontraba tratando de controlar la situación con Afro, el mayor de los gemelos se volvió a Kanon sin contestar- interpretaré tu silencio...

-Hay algo más –Kanon y Saga se volvieron hacia Siegfried con la misma interrogación en el rostro- cuando la señorita Hilda y yo salimos de la celda, dimos con unos tubos de ventilación que parecía daban al exterior...

-¿Y por qué no salieron?

-Pensé en buscar una forma más fácil de escapar...

-Y sí que la encontraste -Siegfried envió una mirada retadora a Milo, quien movió las cejas con coquetería.

-Bien… esto es lo que haremos –Kanon se acercó a los demás- saldremos de aquí y patearemos todos los culos que podamos, destruiremos el núcleo y huiremos hasta los conductos de ventilación que señaló mi amigo asgardiano…

-No soy tu amigo…

-Si lo eres... solo que no quieres aceptarlo -el asgardiano bufó con evidente molestia y es que Kanon podía ser exasperante cuando se lo proponía- a la cuenta de tres...¿de acuerdo?...¿Mu? -el ariano asintió cabizbajo, había estado un poco fuera de sí en la batalla- te necesito aquí...

-Y aquí estaré hermano...


-¿Qué vas a hacer Krist? -el aludido se mantuvo en silencio, porque no sabía qué contestar.

-¡Ellos la torturaron! -gritó Algor desde su lugar, ninguno pudo ignorar las lágrimas que pugnaban por salir de la mirada del moreno- ¡querían mi armadura para liberar a la madre... a Nix!

-¿De qué hablas Perseo? -preguntó Saga frunciendo el ceño. Todos los dorados a excepción de Aphrodite, quien cuidaba de su hermana, se acercaron al de plata con gestos interrogantes.

-Kalia trabajaba para ellos... cuando se enteró de que planeaban imponerse como régimen absolutista, decidió traicionarlos...

-¿Y tú? ¿qué tienes que ver con ella? -preguntó Afro con voz grave.

-Ella me rescató -Algor bajó la cabeza con tristeza- estaba encerrado en Sunión... me culpaban por la muerte de Dhorte de Columba, su mejor amiga -Algor señaló a Kalia con la barbilla- señor Aphrodite -el de plata se acercó al peliceleste, quien no dejaba de mirarlo con odio- sálvela por favor... usted sabrá cómo hacerlo y si puedo ayudarle en algo... haré lo que sea...

-¿Por qué te importa tanto? -Afro aferró a Kalia a su cuerpo.

-Porque... porque creo que la amo...


Santuario de Atena

-Caballeros... ¡hagan lo suyo! -ordenó Dhoko desde la playa, justo delante de los guerreros que utilizaban cadenas como arma. A la orden del dorado, Shun, June, Dante, Albiore, Reda y Spica, encendieron sus cosmos y con una sincronía perfecta, elevaron sus cadenas y las lanzaron con todas sus fuerzas contra el enorme monstruo.

-¡Resistan! -gritaron al unísono Dante y Albiore, los dos de más alto rango dentro del grupo. Los otros obedecieron y enredaron sus respectivas cadenas en diferentes puntos del cuerpo del enorme monstruo, con el fin de mantenerlo inmóvil para que lo atacaran los dorados- ¡no deben dejarlo que se mueva de aquí! -pujó Albiore, aquello les demandaba un esfuerzo terrible, debido a que la tremenda mole titánica parecía imparable y al sentir las cadenas sobre si, el bicho se revolcaba furioso.

-¡A las extremidades… los tentáculos no! -gritó Dante. Los cinco guerreros sostenían las cadenas, tratando de mantener sus pies anclados en la arena. Los más ligeros tenían que esforzarse para no salir disparados y las manos sangraban por el esfuerzo.

Shion corrió, hasta donde se arrinconaban los aterrorizados sobrevivientes y elevó un muro de cristal para protegerlos, sin impotarle el bando al que pertenecían; "Dhoko... todos están a salvo... siguen ustedes"

Aldaberán, Aioria y Dhoko tomaron posiciones y elevaron sus cosmos iluminando el cielo y compitiendo con la luna llena -bien queridos- dijo Dhoko con una risilla, que secundaron los otros dos -saquemos al grandote a bailar... pero a nuestra manera...

-CIEN DRAGONES DE ROZAN

-RELÁMPAGO DE VOLTAJE

-GRAN CUERNO

El golpe se fue directo al pecho y el monstruo rugió con furia desatada al sentir la agresión. Inmediatamente, Aioros sobrevoló sobre la cabeza del bicho y lanzó dos flechas que perforaron sus ojos -¡Shura!... voy por ti- el aludido se colocó en posición a la espera de que su compañero de Sagitario llegara. Sin embargo, aquello no fue posible. El ataque enfureció al monstruo de tal forma, que empezó a batirse salvajemente liberándose de las cadenas. Los caballeros que intentaban sostenerlo, salieron disparados por los aires.

-¡June! -gritó Shura al ver a su rubia caer sobre una pila de rocas.

-No podemos hacer nada por ella Shura... el monstruo está furioso y no podemos dejarlo escapar...

Shura bufó furioso y corrió junto con Aioros a reagruparse, lamentablemente el plan de herir mortalmente al Kraken, estaba en la cuerda floja.


Instalaciones de Deucalión

Las palabras de Algor habían dejado mudo al caballero de Piscis. Sin deshacer el abrazo para con Kalia, Afro encendió su cosmo hasta envolver con él a su gemela.

-He escuchado de esa técnica -susurró Mu a Milo y Kanon- mi padre me contó que Albafica la usaba...

-Vaya...

-Tienes que resistir -susurraba Algor, mientras que junto a los demás miraba el capullo formado por el cosmo del caballero de Piscis alrededor del cuerpo de Kalia.

Aphrodite se concentraba en su tarea, elevando su cosmo al máximo, aún así, era fácil notar que desde que Algor confesara sus sentimientos por Kalia, el peliceleste mantenía el ceño muy fruncido.

-¿Crees que lo logre? -murmuró Milo a Camus, quien abrazaba a una afligida Hilda.

-Es una buena técnica -contestó Mu al lado de ellos- el capullo funciona como cámara de regeneración... solo espero que esto no tarde mucho y podamos salir a tiempo -Mu miró hacia abajo, el agua le llegaba por las rodillas.

-Listo -dijo Aphrodite después de un momento, cuando los tallos de rosa que formaban el capullo, se secaron y se volvieron polvo sobre las ropas de Kalia, quien de inmediato comenzó a reaccionar débilmente. Al comprobar que ella sobreviviría, la besó en la frente y se dirigió a Algor -llévala contigo y cuídala -Afro lo tomó del cuello de la camisa- pero si la haces sufrir, volveré del mismo Infierno para acabarte... lento... muy lento

Algor sintió el miedo calarle los huesos, tembloroso tomó a Kalia en brazos una vez Afro lo hubo soltado. Los caballeros dorados siguieron con la mirada a su compañero de Piscis, quien se colocó en la puerta, listo para salir a la batalla.

-No me gustaría estar en los calzones de ese pobre -le murmuró Milo a Camus refiriéndose a Algor.

-Krist -Saga lo tomó del brazo- ¿estás seguro?

El aludido asintió en silencio, sin dejar a Saga descubrir en su mirada el dolor de su corazón.


-¿Listos gandules?

-Esperen... Siegfried –Camus se acercó hasta el asgardiano con Hilda tomada de la mano- sácala de aquí… por favor…

-Camus… no me estás tomando parecer…

El francés no respondió y ante la mirada ceñuda del guerrero Alpha y en contra sus modales, tomó a Hilda de las mejillas y la acercó hacia sí para darle un beso, un beso con sabor a despedida –no voy a permitir que mueras aquí…

–Te amo Camus- dijo Hilda en un hilito de voz –recuérdalo hasta el último momento...

Camus se volvió sin decir más y caminó hacia Milo con determinación en su mirada, encendiendo su cosmo para colocarse en el lugar que acordaron con Kanon para salir. Milo sonrió al ver a su mejor amigo cuando el hermoso ropaje de Acuario lo cubrió por completo.

-¿Listo?

-Vamos a patear traseros Mi... y espero que estés a mi lado...

-Y aquí estaré...


Santuario de Atena

Al ver al Kraken batirse con el fin de atacar a los guerreros de la Isla Andrómeda, Aldaberán interpuso su cuerpo entre ellos y el monstruo, el cual lo atrapó con uno de sus tentáculos sueltos y lo lanzó al agua, bastante lejos de la playa.

-¡Aldaberán! -gritó Aglaope, lanzándose de inmediato a rescatar a su amado toro- yo iré por ti... juro que no te dejaré solo- se decía, mientras nadaba rápidamente hacia donde divisó un brillo dorado en el agua.

Aldebarán estaba demasiado aturdido por el golpe como para intentar salir por sus propios medios y mientras se hundía, pudo distinguir la hermosa silueta brillante de la Luna de Cosecha, cuya luz traspasaba las aguas que se batían al compás de la tormenta.

Igual de bella que la Luna, la silueta de una sirena apareció recortada contra la luz plateada, batiendo las aguas al mover graciosamente su cola mientras se le acercaba -Alde- escuchó con una voz interpretada con virtuosismo sobrehumano.

Aglaope -el nombre de la pelirroja de sus sueños y pesadillas, resonó en su cabeza.

-Tenemos que huir amor mío -Aglaope lo tomó de una mano y nadó a una velocidad impresionante lejos de los mortíferos embates del Kraken.


Instalaciones de Deucalión

Seis caballeros dorados aguardaban la señal de Kanon para terminar con aquello. La estrategia era sencilla, tirar a matar, buscar el núcleo y destruirlo .Como caballeros dorados, los muchachos estaban conscientes de los riesgos y sabían que posiblemente no sobrevivirían. Por su parte, Siegfried aceptó bajo amenaza de Camus, encargarse de salvar a Hilda y Algor sacaría a Kalia.

La tensión estaba a redoble de tambor, cuando Mu accionó el mecanismo de la puerta y la gran mole de metal comenzó a abrirse perezosamente. Cada uno de los seis, encendió su respectivo cosmos y las armaduras brillaron tanto, que las primeras filas de Keres, cayeron enceguecidas por la luz dorada.

Altivos, imponentes y con un poder impresionante, los caballeros dorados corrieron hacia la batalla, sin mirar a quienes dejaban atrás; dos mujeres que ocupaban el corazón de un par de dorados, pero en formas distintas.

El número de enemigos no era problema, los dorados no titubearon en ningún momento y los ataques fulminantes, comenzaron a ganar terreno contras las garras y los dientes de los demonios.

-EJECUCIÓN DE AURORA -Camus salió de primero, con su mente en la batalla y su corazón con Hilda. De frente al enemigo, juntó las manos e invocó al cántaro sagrado, cuyo aire frío petrificó a los demonios bajo una delgada capa de hielo.

Al igual que los demás, Milo sabía qué hacer, era parte de su instinto. Inmediatamente después de Camus, el escorpión dorado corrió al lado del caballero de Piscis en perfecta sincronía. El griego, destruyendo las esculturas de hielo con los golpes de su aguja y el nórdico escabulléndose hacia adelante como un remolino de pétalos, desintegrando con sus rosas pirañas a las Keres que estaban más cerca del espejo maldito.

-MURO DE CRISTAL -Mu levantó un muro detrás de sus compañeros, para resguardar la huída de los asgardianos, Algor y Kalia, hacia los conductos de ventilación- ¡apresúrense!

Una tras una, las Keres cayeron fulminadas, bajo el poderío de los atenienses. Por su parte, Saga y Kanon hicieron alarde de las mejores técnicas de combate, uno defendiendo, el otro atacando, intercambiando la armadura de los gemelos, de acuerdo con sus roles en el combate.

-Son increíbles -balbuceó Algor orgulloso al mirar a los guerreros dorados desenvolverse de esa forma.

-Debo admitirlo -dijo Siegfried corriendo delante del segundo grupo- tienen una sincronía perfecta.


Los gemelos y Afro, llegaron de primeros al núcleo, conformado por la gran columna y el espejo que reflejaba solo oscuridad. Conforme las Keres de los pasillos, caían fulminadas, Milo, Mu y Camus, se acercaron al núcleo y continuaron la masacre allí, procediendo de la misma forma; congelándolas al salir del espejo y destruyendo sus cuerpos después.

-¡Pez! -llamó Kanon. El aludido comprendió perfectamente e hizo aparecer una alfombra de rosas diabólicas alrededor de la columna que sostenía el núcleo, lo cual provocaba que los bichos murieran no más al caer sobre las mortíferas flores.

-Caballeros -gritó Saga- haga cada uno los suyo

Los seis dorados rodearon la columna del núcleo y concentraron sus cosmos en un punto específico; el espejo por donde salían las Keres. Un brillo dorado inundó el lugar como si una supernova estuviera contenida en el edificio y el espejo maldito cedió ante la fuerza de los dorados, estallando en miles de pedazos, los cuales salieron disparados por todas direcciones.


El grupo de Siegfried, quienes ya habían llegado a los conductos de ventilación, se vieron de pronto en el suelo, empujados por la enorme onda de energía.

-Abajo de mi -gritó Siegfried, a unos pasillos de allí, protegiendo a los otros con el metal de su armadura.

-MIERDA -gritó Algor acurrucando a Kalia en su pecho- ¡espero que sean ellos!


Cuando el tremendo halo de poder mermó, las figuras de los seis dorados se distinguieron recortadas contra los llamarones producidos por las explosiones.

-¿Están bien?

Todos le contestaron Saga entre balbuceos. A pesar de que se atrincheraron para protegerse de los pedazos de cristal, muchos de esos trozos se les clavaron en el cuerpo.

-Estas heridas son muy dolorosas -suspiró Mu jadeando por el cansancio y el dolor- tenemos que encontrar la forma de salir... aún tenemos oportunidad

-Yo... me siento raro -Camus perdió el equilibrio y cayó de lado.

-¡Camus! -gritó Kanon, corriendo para auxiliar al menor- Saga... creo que estos cristales...

-Sí, ya me di cuenta -afirmó Saga revisando a Afro, quien tenía dos estacas en una pierna- el cristal sigue vivo... les hace mucho daño... hay que sacarlos pronto...

-Esta cosa arde muchísimo -murmuró Milo débilmente refiriéndose a la estaca que palpitaba en su muslo derecho- chicos... creo que no voy a poder seguir...

-No digan eso tontos -recriminó Kanon- lo haremos despacio... caminaremos hasta una salida... tenemos tiempo...

-Creo que eso no va a ser posible -balbuceó Afro al mirar cómo las paredes cedían al destruirse la columna que sostenía el espejo- creo que hablaste demasiado rápido...

-¡Somo unos hijos de puta! –gritó Kanon incorporándose para huir, cuando una inmensa masa de agua se les vino encima- ¡nos odio por esto!

-¡Suban! ¡suban! –gritó Mu, el agua llenaba el lugar rápidamente.

-¡Las paredes son lisas!... ¡no podemos escalarlas!

Mientras tanto en el exterior, un legendario monstruo marino se abría paso en el agua, arrastrando consigo todo lo que se atravesara a su paso, en cuenta aquel edificio. Los embates del enorme cuerpo, junto con el exceso de peso provocado por el agua que inundaba la estructura, hicieron mella de los cimientos. Así que cuando los caballeros dorados destruyeron el espejo, destruyeron también la columna que lo sostenía, la cual era el soporte principal de aquel lugar.

-Esto se mueve… y mucho -gritó Camus cuando la plataforma comenzó a inclinarse hacia un lado en medio de un fuerte y largo crujido- agárrense de donde sea…

-¡Recuerdo esta sensación! -gritó Milo, mientras la corriente los arrastraba con fuerza.

-Si... es como cada vez que Krist volcaba el Yugo -murmuró Saga con cansancio.

-¡Cami… no hagas eso!

Sin que el acuariano lo quisiera, la temperatura del agua comenzó a bajar abruptamente al solo contacto con su cuerpo.

-Pardon... est le stress

-He... de decirte -a Afro le temblaba la mandíbula al hablar- que ahora... si que te ganaste... todos los apodos que te... hemos puesto

-Toma esto como una venganza personal

-¡Pues tu venganza personal me va a dejar sin hijos!... ¡me criogenizaste el esperma!

-¡Deja de decir tonterías Milo! -regañó Mu, rozando la desesperación.

El agua comenzaba a solidificarse y pequeños témpanos flotaban sobre la superficie, pero la fuerza de su avance no mermaba, arrastrando consigo a los caballeros dorados, cuya resistencia estaba baja, gracias a la batalla y los cristales que tenían clavados en el cuerpo.

-Me… siento...agotado -dijo Mu aferrado a Saga.

-No enano… resiste -Saga abrazó con fuerza al lemuriano y le recostó la cabeza en su pecho -¡Kanon!- Saga se dejó arrastrar por la corriente hasta donde estaba el menor de los gemelos aferrado a unos tubos, tratando de acompasar su respiración agitada- Kanon -murmuró Saga anclándose a la misma tubería, aún aferrando a Mu.

-No vamos a salir de esta… ¿verdad? -Kanon apretaba con fuerza los párpados y los abrió para mirar a Saga.

Saga afirmó con un movimiento de cabeza y tomó con una de sus manos las de su hermano -lamento no haber podido sacarlos de esta- Saga, Kanon y Mu, se abrazaron con cariño, antes de que alguien los interrumpiera a gritos.

-¡Agárrense atenienses!

Los dorados se miraron con esperanza, por encima de ellos, Siegfreid y Algor les tendían la mano para ponerlos salvo.


Santuario de Atena, catacumbas

Mientras tanto, Geist y Seika, ayudaban a repartir té a los adultos y leche a los más pequeños. Algunos niños jugaban con Kiki de batallas sagradas, personificando a su caballero favorito, mientras los mayores relataban sus encuentros con uno que otro dorado en el pueblo.

El retumbar de un rugido acalló las voces de quienes se refugiaban en las cuevas aledañas al Santuario de la diosa Atena, haciéndoles un vehemente recordatorio de los que sucedía afuera.

-Geist -llamó Seika al notar a la amazona ida, mirando a la nada- ¿eso que sonó serán aviones o algo así?

Geist negó en silencio -hay algo más allí… y no es humano

-¿A qué te refieres? -Seika sentía que le temblaba el cuerpo completo, sobre todo cuando los movimientos del monstruo retumbaron en la cueva, provocando la caída de polvo y escombro sobre los refugiados, quienes comenzaron a murmurar palabras de desaliento y se llenaron de temor.

Kiki se aprestó a abrigar a Nube en su regazo y corrió a acunarse en Seika -¿qué pasa afuera?

-Nada Kiki… tranquilo -contestó la pelirroja, sin ocultar la mirada temerosa que dirigía hacia el techo de la cueva.

-Es el colmo que caigan en la desesperanza -dijo Geist en un arrebato de cólera, muy típico de ella- los caballeros y amazonas luchan por nosotros allá arriba, nuestro Patriarca está al frente de la batalla y nuestra diosa nos protege con su cosmo… ¿acaso no lo sienten? -Seika sonrió y miró a Kiki, las palabras de Geist eran alentadoras.

-Geist tiene razón -acotó Seika con determinación- ellos están afuera por nosotros…

-Mi maestro Mu y el maestro Shion, nos protegen al igual que los demás caballeros dorados… tenemos a los mejores -dijo Kiki dando saltitos.

-¿Pero qué podemos hacer nosotros? -preguntó un hombre que se equilibraba con una muleta.

-Confiar y elevar nuestras plegarias a la Victoria...


Instalaciones de Deucalión

Gracias a la intervención de Siegfried y Algor, los caballeros dorados salieron por las tuberías hasta la azotea del edificio, salvándose de lo que parecía una muerte inminente. Una vez fuera, se dieron cuenta de donde estaban; una inmensa plataforma sumergida en medio del mar, cuyos cimientos fueron arrancados desde el fondo. Un barandal que rodeaba la azotea, les sirvió de soporte para no caer a las turbulentas aguas y por lo tanto, todos se mantenían aferrados al hierro. En medio de todo aquel desastre, Aphrodite dirigió su mirada a Kalia, quien aún parecía no haber recobrado la conciencia y no pudo evitar sentir el corazón hecho un puño ya que sabía que si volvían a Atenas, Kalia estaría en serios problemas.

-Excelente -ironizó Saga, mirando el panorama. Tenían que hablarse casi a los gritos, debido al golpeteo del agua contra el edificio- si hubiera sido fácil... no seríamos nosotros...

-Diablos -exclamó Milo, al sentir un tirón violento en el suelo, seguido de un crujido nada alentador. Los presentes intentaban equilibrar sus cuerpos con dificultad- el mar está muy picado...

-Mu… ¿puedes estabilizarnos? -el lemuriano asintió y colocándose en la "proa" del edificio, comenzó a utilizar su telequinesis para mantenerlo a flote- en algún momento llegaremos a tierra... el mar nos llevará...

Milo, quien se había autonombrado capitán, se mantenía alerta a cualquier señal de tierra, cuando de repente divisó una gran mole que se alzaba frente a ellos -chicos… ¡tierra a la vista!

-¿Estás seguro bicho? -preguntó Aphrodite.

-¡Milo… yo creo que eso no es continente… de hecho... se está moviendo! -gritó Camus- ¡me parece que fue lo mismo que golpeó el edificio hace un rato!

Y Camus tenía razón, aquello no podía ser una isla o cosa parecida. Para infortunio de los caballeros dorados, su último obstáculo para estar a salvo, era nada más y nada menos que el legendario Kraken.

-¡Estamos en Atenas!

-¡¿Cómo lo sabes Milo?!

-¡Las doce casas... se ven desde aquí!... los chicos con cadenas tratan de inmovilizar a esa cosa... pero no lo logran...

Afro lo pensó unos instantes y luego comenzó a escalar hacia el extremo de la plataforma, justo desde donde Milo hacía de capitán, vigía y comandante de la improvisada embarcación.

-¡¿Qué vas a hacer Krist?! –el peliceleste seguía escalando, tomando para ello cualquier protuberancia que le permitiera subir un poco más.

-¡Confíen en mí!

La fuerza de la tormenta marina era terrible y a pesar de que Mu trataba de estabilizar la estructura, ésta parecía colapsar debido a los golpes de las olas provocadas por el Kraken. Camus por su parte, siguió a Aphrodite, dejando a su amada al cuidado de Siegfried, nadie dijo nada, parecía que todos se entendían a la perfección.

Cuando el caballero de Piscis llegó al extremo más alto de la plataforma, encendió su cosmo al máximo, haciendo alarde de su particular estilo de combate.

-¡ROSAS DIABÓLICAS REALES!


Santuario de Atena

¿Que cómo fue que lograron inmovilizar a la bestia?

Por más que luchaba por moverse, el Kraken no logró zafarse de los miles de tallos de rosa que lo mantenían prisionero, ya que cada vez que lo intentaba, infinita cantidad de espinas le rompían el cuero provocándole profundas y dolorosas heridas. Los caballeros armados de cadenas, volvieron al ataque y mientras los tallos tiraban al monstruo hacia atrás, ellos hacían la contrapartida hacia el frente. El Kraken estaba oficialmente amordazado, era ahora o nunca.

-¡SHURA!

De inmediato, Shura extendió los brazos y Aioros lo tomó rápidamente para elevarlo lo suficiente en procura de que el ataque del caballero de Capricornio, dañara lo más posible a la criatura.

Una vez arriba el de Sagitario sobrevoló cerca de la cabeza y soltó a Shura -haz lo tuyo hermano...

Shura se abalanzó con su cabeza por delante, seguro de sus movimientos y del alcance de su poder. Mientras tanto en la playa, el agua del mar despertaba con su suave caricia a la amazona de Camaleón -Shura- murmuró al ver cruzar por el cielo el destello dorado, acompañado de un grito de guerra invocando el nombre de una espada.

-EXCALIBUR...

El ataque fue contundente, un golpe al pecho y un corte profundo en el cuello, hizo trastabillar el avance de la bestia, que acabó derrumbándose en el agua, allí donde un aire tan frío como el cero absoluto, la encerró en un ataúd de hielo.

-ATAÚD DE HIELO...

Al instante y sin mediar orden alguna, Aioros se elevó en el aire y después de encender su cosmo, lanzó una flecha dorada que resquebrajó el hielo a la altura de la cabeza, al tiempo que Aioria y Dhoko corrieron a atacar el dorso.

-CIEN DRAGONES DE ROZAN

-RELÁMPAGO DE VOLTAJE- invocó el león dorado y el ataúd de hielo, se derrumbó en miles de pedazos, junto con el monstruo al que aprisionaba.


El grito de júbilo no se hizo esperar en la playa. Los testigos de tan impresionante espectáculo, vitorearon a los héroes celebrando la apabullante victoria contra el bicho mitológico.

Aioria y Aioros chocaron las palmas y Shura nadó hasta donde el agua le cubrió la cintura y luego caminó al encuentro de los otros dos -¡bien cabra!- lo recibieron los hermanos -fue un excelente corte…

-¿Y Alde? -preguntó Shura a los griegos, quienes se encogieron de hombros.

-El bicho lo había lanzado hacia mar adentro... pero su cosmo se siente bien y fuerte

-¡Hey chicos!

-Hablando del rey de Roma...

Era Aldaberán quien los saludaba, mientras salía del agua abrazado de una hermosa mujer pelirroja- estuvo increíble…

-WOHOO ALDE LO HICIMOS -gritó Aioria con júbilo.

-¡Tendremos Kraken para el desayuno!

Los dorados se miraron entre sí y negaron con asco -era un decir...

-¿Ella es...? -preguntó Aioria con curiosidad. Aldaberán confirmó las sospechas del león con una risotada, mientras se rascaba la nuca algo avergonzado.

-Aglaope… señor Aioria de Leo… mucho gusto

-Mu… mucho gusto señorita sirena -tanto los hermanos como Shura, enrojecieron ante la vista de la pelirroja, cuyas diminutas prendas cubrían apenas lo necesario. Shura se dirigió hasta Aldaberán y lo arrebató de los brazos de su novia para hablarle.

-¿Es ella la famosa pelirroja de París? - le preguntó en un susurro y Aldaberán asintió- ¿es confiable? -el toro se encogió de hombros- en Italia aseguraste que ella te había roto el corazón…

-Ella es... te lo aseguro

Shura compuso una mueca no convencido por las palabras del toro -eso lo he escuchado tantas veces de ti... después no te quejes...

-Alde... debo volver -adivinando la zozobra que provocaba su presencia, ella se dirigió al gran toro, sacudiendo una mano para despedirse.

-¿Te veré... otro día? -ella asintió al tiempo que caminaba hacia el mar y desaparecía en el agua.

-Te lo prometo...


En cuanto advirtió la magnífica derrota del legendario Kraken, el gran Patriarca deshizo el muro con el que protegía a quienes estaban en la playa y salió al encuentro de sus dorados. Los guerreros celebraron con alborozo el triunfo y los soldados se mantenían en silencio, a la espera de conocer qué les deparaba su destino a manos de los atenienses.

Shion estaba muy callado y no desviaba su mirada de un punto en el horizonte.

-¿Viste lemuriano?... los chicos lo hicieron maravilloso, se sincronizaron perfectamente y cada uno asumió su rol en el campo -una vez finalizó la batalla, Dhoko corrió a encontrarse con su mejor amigo, un poco más allá de la arboleda, sin embargo Shion no movió un músculo ante su presencia, era como si leyera algo en el cielo- ¿sucede algo?

La algarabía era mucha, sin embargo, todos guardaron silencio, cuando Shion se abrió paso y caminó ensimismado, hasta que el agua lo cubrió por la cintura.

-¡LEMURIANO! -gritó Dhoko y corrió detrás de su mejor amigo.

-¡No te acerques!... ¡aléjate de aquí!

-¿Qué sucede contigo?... ¡sabes que no te voy a dejar ir así… no eres buen nadador… Shion… no te alejes!

-Vete… dije

-¿Qué... qué pasa? -el chino se quedó de piedra al ver una gran sombra que se alzaba sobre el mar picado y que estaba a punto de caerle encima al lemuriano. Aioria y Aioros corrieron hasta donde Dhoko se mantenía estático.

-Maestro Dhoko ... ¿qué es eso?

-Lo mismo iba a preguntarles Aioros... pero...

-Tenemos que proteger a la gente de la playa que esto se nos viene encima -Shura se volvió corriendo a toda velocidad y Aioros partió por aire. Dhoko, siguió con la mirada aquello y emprendió la huída, muy a su pesar, ya que no podía volver por Shion.

-¡Huyan... todos... corran a protegerse! -gritó Aldaberán dirigiéndose a quienes estaban aún en la playa curioseando.


Al principio pensaron que aquello, era una de las embarcaciones militares de Deucalión. Sin embargo, los nervios afloraron, cuando quedaron en evidencia sus estrambóticas dimensiones.

Era en momentos como este que el Santo Patriarca, agradecía a la diosa el dominio de sus habilidades mentales, repudiadas en su juventud por la cantidad de voces que a veces parecía le iban a volver loco. Haciendo caso omiso de los gritos de advertencia de Dhoko, extendió sus brazos y encendió su cosmo, el cual rodeó aquella misteriosa nave para detenerla abruptamente y al hacerlo, levantó cantidades de arena y restos de metal pertenecientes a la flota de Deucalión.

Cuando todo se calmó, Dhoko corrió con desespero para cerciorarse de que Shion estaba bien -¡lemuriano!- Shion se volvió hacia el chino con una sonrisa que transmitía paz y tranquilidad -¿estás herido?

-No...

-¿Cansado?

-Algo...

-¿Qué es esa cosa?

Shion comenzó a caminar hacia atrás y atrajo con él al chino para poder dimensionar mejor la situación -algo me dice que no tenemos de qué preocuparnos...

-Maestro Shion... maestro Dhoko...

-Estamos bien Aioros -respondió Dhoko. Detrás de Aioros, llegaron Aldaberán, Aioria y Shura, con cara de angustia.

-No se preocupen, no siento hostilidad… de hecho… si se habían preguntado de dónde vinieron las rosas y el ataúd de hielo… he aquí la respuesta

-¡Hey! ¡aquí arriba! -todos los dorados presentes miraron hacia arriba, a lo que fuera había encallado en la playa, y en el extremo más alto divisaron a Milo, que les saludaba con la mano junto a Camus, adornando sus rostros juveniles con grandes sonrisas y detrás de Milo se asomó Kanon con su acostumbrada risita irónica.

-Por las canas de Hakurei -susurró Dhoko- ¡¿pero qué es esto?!

-Eso es encallar con estilo maestro Dhoko… ¡hola maestro Shion! -gritó Milo con una risita.

-Hola pa... -Shion levantó los puntitos y una media sonrisa adornó su bello rostro de lemuriano.

-Hola Kanon… te ves terrible

-Yo tambien te quiero...


Por otro lado, Saga, Mu y un muy serio Aphrodite, mantenían una conversación con Algor de Perseo.

-Algor -el aludido se acercó a Saga- ¿sabes lo que les espera? -el plateado suspiró y afirmó en silencio, Aphrodite se mantenía con la mirada baja detrás de Saga.

-Saga -Aphrodite negó con la cabeza- no debes...

-Mu -llamó el mayor de los gemelos, el más joven obedeció- necesito que esto quede entre nosotros ¿de acuerdo? -de inmediato Mu comprendió las intenciones de Saga y comenzó a encender su cosmo.

-No puedo enviarlos muy lejos... estoy demasiado débil para eso ...

-Señores -dijo Algor aferrando a Kalia contra su pecho- yo asumiré las consecuencias... no tienen que manchar su nombre...

-Asumiré la responsabilidad -dijo Saga- te debemos la vida Algor...

Afro se adelantó a Saga y se acercó al nervioso caballero de plata -ya te lo dije Algor... si me doy cuenta de que -Afro cerró ojos y puños con fuerza y bufó con frustración- solo... cuídala... por favor -enseguida el peliceleste se acercó a Kalia y besó su frente blanca- espero volver a verte algún día...

Mu abrió un pasaje y ambos plateados se esfumaron como si no hubieran existido.

-La volverás a ver Krist -Saga tomó la nuca de Afro con cariño- ten esperanza...


-Niños qué esperan, bajen de ahí… han provocado suficiente desastre por hoy…

-Esto definitivamente hay que celebrarlo… -las primeras claras del día iluminaban con un precioso gradiente el cielo y Aioros usaba su derecha para protegerse de los nacientes rayos del Sol- ganamos… ¿lo vieron?... esto merece unas cuantas rondas...

-¿Será que el lindo caballero de Sagitario nos invita también?

-Claro -saludó Aioros- los extrañamos mucho chicos…

La tripulación del maltrecho "navío", saltó uno a uno a la playa, el último fue Camus con Hilda en brazos. Para entonces, Mu había enviado a Algor y a Kalia a un sitio seguro, lejos del Santuario.

-Señorita Hilda -saludó Shion muy diplomáticamente al ver a la dama- es… es… una sorpresa…

-Señor Shion -una vez que Camus la depositó suavemente sobre la arena, se acercó a Shion sacudiendo su largo vestido púrpura y recomponiéndose con la dignidad de una princesa- una promesa es una promesa… le dije que estaría aquí para la Luna de Cosecha...


En el Sainokawara

-¿Cuándo soñaste eso?

-En mi casa... la última noche que pasamos allá…

Shaka y Angello se encontraban laxos, tirados en la hirviente piedra del suelo, dedicando sus exiguas fuerzas a una conversación que al parecer sería la última.

-¿Se lo contaste a alguien?

-A ti...

Shaka dejó escapar una risita cansada -¿sabes que ese sueño tuyo puede ser premonitorio?

-No quiero que mi hijo corra semejante suerte...

-Nadie quiere...

-Sabes buda…

-¿Ajá?

-Quería decirte que siempre pensé que estabas rematadamente loco…

-¿Ah sí? -Shaka enarcó una ceja, estaba comenzando a respirar con dificultad- y supongo que quieres disculparte…

-Para nada -Angello bufó con cansancio- te iba a decir que confirmé mis sospechas…

Shaka enarcó las cejas por la inesperada respuesta y no le quedó de otra que echarse a reír-eres un maldito…

-Lo sé...

Un rugido proveniente de lo más alto de la bóveda rojiza del lugar, interrumpió el casi imperceptible susurro de Shaka. Mientras la silueta de una gigante bestia, se acercaba rápidamente a ellos.

-Estamos en el valle de la Estigia y esa sombra debe pertenecer a un demonio -Shaka suspiró resignado y con una media sonrisa, extendió su mano al italiano- creo que es hora Angello... es un honor y un fastidio morir a tu lado...

-Lo mismo digo... amigo

Ambos dorados aspiraron el aire caliente a la espera de la muerte que parecía inminente, sin embargo, aquel demonio que iba a devorarlos fue interceptado y vapuleado por un impresionante ser, mezcla de ángel y demonio.

-¡Hey!... ¡Ashmita!... ¡Manigoldo!... ¡soy yo! -Angello enarcó una ceja y Shaka levantó levemente la cabeza.

-¿Quién es ese loco? -balbuceó el de cáncer al percatarse del tipo que se acercaba a ellos, montando un magnífico grifo negro.

-Ni idea...

-Espera buda... ¿ese bicho no es...?

Shaka asintió y sonrió -si Angello... ese es Biralo... ¿pero quien lo monta?

-Soy Priapo... del reino de Dionisios... y venimos por ustedes


Santuario de Atena, Grecia

La playa lucía contaminada por los remanentes de la batalla. Trozos de metal provenientes de barcos o aviones y algún cadáver que otro, eran arrastrados hasta la arena blanca por medio de la marea, la cual conforme avanzaba la madrugada, mermaba lentamente su intensidad.

-Hasta el mar está agotado por la batalla -pensó Shion contemplando la parsimonia del agua, al acariciar la arena.

Una vez Atena recibió la señal de parte de Shion para que desapareciera la cúpula, la guardia ateniense marchó hasta el centro del campo de batalla, para trasladar hasta el Sanatorio a los heridos y poner bajo custodia a los soldados enemigos. Unos cuantos se quedaron a recoger los cadáveres, los cuales extendieron en la playa.

-Mucha muerte para mi gusto -suspiró Dhoko al lado de Shion- esto no era necesario...

-Eran soldados Dhoko, conocían los riesgos... ¿contabilizaron nuestras bajas?

-Cuarenta y dos -Shion dibujó una mueca de decepción en sus labios- son demasiados...

-Once guardianas, dos aprendices y el resto de guardias...


Durante unas horas, ambos amigos recorrieron toda esa costa, mientras hacían un recuento de los daños. Para cuando la guardia y los guerreros de menor rango se retiraron, Shion se dirigió hacia Kanon, Saga y Mu, quienes dirigían la extracción de cadáveres -¿cómo se sienten?

-Cansados -dijo Kanon, posando las manos en las caderas- y mojado -el gemelo se estiró la camiseta, haciendo una mueca de desagrado, algunos de los otros dejaron escapar unas risitas.

-Estás terrible...

-Tú tampoco te ves precisamente como un galán -Kanon se cruzó de brazos enojado.

-¿Saga?

-Agotado... igual que todos... casi es de noche y no hemos probado bocado en varios días, la batalla absorbió nuestro cosmos y fortaleza física... algunos de ellos están heridos con esos malditos cristales negros...

-Pronto nos retiraremos... ya casi terminamos, te lo prometo... y en cuanto a los cristales, después de esto pasarán al Sanatorio...

-Estamos por terminar de extraer los cadáveres... Afro, Milo y Camus están mal heridos en sus piernas... caminan con dificultad... Aioros sigue sacando piezas grandes del agua, Aioria y Shura dirigen a los presos a los calabozos -Saga suspiró y se peinó los azules cabellos hacia atrás- Milo... pues Milo... ya sabes como es

-¿Haciendo vida social?

-Algo así... padre -Saga intentó hablar, pero Shion ya estaba cuestionando a Mu.

-¿Y mi pequeño? -preguntó el lemuriano dirigiéndose a Mu.

-Muy cansado... demasiado –Shion miraba a su hijo de frente, mientras lo tomaba de los hombros- ellos… ellos sacrificaron mucho por mi -Mu no podía disimular su tristeza.

-Eso iba a reportar señor -interrumpió Saga- lamentablemente Angello y Shaka, no lo lograron...

-Lo sé –dijo Shion con una media sonrisa- dejen que las cosas fluyan hijo –Mu miró a su padre extrañado- creeme, sé por qué se los digo... solo esperen...

Los trabajos de rescate y limpieza después de la batalla, se extendieron por varias horas más. Desde los más altos rangos, todos trabajaron en equipo para rescatar a los heridos y trasladarlos al Sanatorio u hospitales cercanos, dando especial prioridad a los habitantes de Rodorio.

Para ese entonces anochecía y el canto de las aves despidiendo al Sol, servían de fondo musical para las exageradas historias que narraba Milo.

-¡Si solo las hubieran visto!... ¡eran miles de ellas! –Milo imitó la forma amenazante con que las Keres mostraban sus garras y los dientes- Mu, las estrellaba con telequinesis, Cami las congelaba –decía el escorpión colocándose como para lanzar una ejecución de aurora- Afro y yo las perforábamos y los gemelos enviaban golpes por doquier –decía enviando puñetazos. Shion y Dhoko se volvieron a ver y sonrieron con complicidad, los otros dorados negaban con la cabeza o reían abiertamente.

-Milo no deja de ser un niño –rió Dhoko.

-Si dejara de serlo, ya no sería Milo ¿no crees?

Mientras tanto, Mu obedecía las indicaciones de Kanon, tratando en vano, de ocultar su dolor por la desaparición de Shaka -si estuvieras aquí –suspiró Mu con tristeza- seguramente callarías a Milo… y yo lo disfrutaría mucho- en ese momento una brisa ligera, bailó sus cabellos lilas y la sensación de aquella presencia tan amada, lo hizo mirar hacia el extremo izquierdo de la playa.

-¿Biralo? –gritó Mu al ver arribar en la arena a la que fuera su mascota, aleteando con bríos- estás… enorme -dijo en un susurro, los otros caballeros dorados advirtieron la presencia del grifo y Milo interrumpió su fabulosa retahíla para correr junto a los demás, hasta donde éste se encontraba.

-Creo que ya llegó tu encargo lemuriano...

-Si -Shion frunció el ceño con un poco de inseguridad- pero no los veo...

Dhoko tomó al peliverde del brazo y se dirigió con los demás hasta el grifo, el cual tenía extendidas sus grandes alas, mostrándolas con orgullo a su amo Mu.

-Biralo… te ves… tan grande e imponente…

-¿Priapo?... tú por aquí -señaló Shura con algo de resentimiento en sus palabras -si mal no recuerdo... nos echaste la última vez que nos vimos...

-Lo recuerdo mi querido El Cid...

-Shura...

-Cierto, cierto... lo que puedo decir como disculpa es que tu generación tiene un alarmante parecido con la generación de finales de los setecientos... pero bueno -Priapo se acercó a Shion, llamando la atención de todos los que estaban allí debido a sus patas de cabra- decidí venir a ayudar a mi querido amigo Sage...

-Shion... en realidad te obligó nuestro acuerdo de paz con Dionisios...

-Claro, claro, Shion -Priapo le propinó un par de manotazos en la espalda al Patriarca- magnífico ejemplar lemuriano...

-¿Cumpliste con mi encargo?

-Tan eficientemente como... como lo hubiera hecho él... ¿Cástor? -Kanon negó con la cabeza- ¿Defteros? -el gemelo negó de nuevo- no... ¿Alexander?... ¿Paris?... bueno él ¿eres uno de los gemelos?

-Sí...

-Entonces eres mandón por definición... -Kanon abrió la boca para replicar, pero Shion intervino a tiempo.

-Priapo... estás borracho ¿verdad? -preguntó Shion con una mueca de ironía.

-Tan borracho como este grandioso grifo -Biralo bufó y sacudió la cabeza negando- y más vivo que esos dos que se cobijan bajo sus alas...


Al escuchar las palabras de Priapo, Mu recorrió el lomo de Biralo llevado por un impulso, esperando haber interpretado correctamente el mensaje. Tembloroso de emoción, tanteó como un ciego hasta la base de las alas y allí se detuvo cuando sus manos se toparon con unos dedos largos y finos -¿Shaka?- dijo con emoción indicándole a Biralo con una palmadita que extendiera las alas. Para su grata sorpresa, allí donde comenzaba el plumaje del animalito, dos caballero dorados dormían tranquilamente uno apoyando su cabeza en la espalda del otro- ¿Angello?

Al escuchar a Mu, Aphrodite se acercó cojeando adonde estaba Mu -¿krabba?- dijo tomando a Angello por la espalda para bajarlo de su montura -krabba...

-Pesce… que puta sueño tengo...

-Krabba... amigo... brör... no puedo creerlo -Afro se acuclilló sobre la arena con el italiano en los regazos- no puedo creerlo...

-Por allí dicen que hierba mala nunca muere -señaló Milo, rascándose la nuca.

-Vete al demonio insecto -balbuceó Angello con voz ronca.

-Arácnido -corrigió Afro.

-Bah, váyanse al diablo los dos...

-Eso es buena señal -dijo Camus con una risita- bienvenido seas Angello, el aludido mostró su dedo medio y los demás se echaron a reír.


Mientras los otros se burlaban del mal genio del cangrejo, Mu esperaba paciente el despertar del caballero de Virgo. Después de unos instantes de contemplarlo mientras dormía, decidió apartarle unos mechones que parecían picarle la nariz, ya que la arrugaba de vez en cuando, cosa que lograba arrancar unas risitas al lemuriano.

-Ojalá tus sueños sean tranquilos -susurró Mu, provocando que el rubio comenzara a removerse levemente, aún sobre el lomo de Biralo.

-¿Dónde... estoy? -balbuceó, pestañeando para acostumbrar su vista a la poca luz- ¿Mu?¿eres tú?

El lemuriano asintió, en sus ojos se emposaban lágrimas de felicidad y en un gesto que demostraba la beldad de sus sentimientos, abrazó a Shaka con tanto cariño que el rubio se quedó paralizado, justo como cuando fue superado en las Doce Casas.

Sin entender bien cómo hacerlo, correspondió aquel abrazo con uno igual de sincero -Mu- susurró al oído del lemuriano- gracias...

-¿Por qué? -preguntó el lemuriano sin soltarlo.

-Por ser tan fuerte y volver...


Horas después, la Orden de Plata y de Bronce, así como la guardia se habían retirado de la playa, dejando solamente a los exguardianes de las doce casas terminando de recoger el desorden. Para el anochecer, los doce chicos se encontraba casi a la entrada del coliseo, donde los convocó Shion mentalmente. Por acuerdo mutuo entre ellos, se habían despojado de los ropajes sagrados para renunciar oficialmente a su cargo en presencia de la diosa.

Sucios, malheridos y agotados, marcharon cabizbajos, melancólicos por dejar aquello que hasta ese momento fue toda su vida. Kanon y Saga encabezaban la comitiva, ambos callados. Detrás de los gemelos, Shura, Aioros y Aioria, mantenían una conversación ligera para distraerse. Shaka y Mu caminaban juntos, ambos compartiendo sus pensamientos, un poco abstraídos de los demás.

-Caballeros... llegó la hora -suspiró Saga, antes de empujar las enormes puertas de madera- recuerden que además... mi padre impondrá un castigo a quienes llegaron de últimos...

-Legalmente Shaka y Angello llegaron de últimos -susurró Aioros con tristeza, de verdad le dolía la suerte de esos dos.

-Bueno -Angello se encogió de hombros y Shaka sonrió- la verdad... para cuando pase el año de castigo, estaré cambiando pañales y seguramente demasiado cansado como para pensar en mis poderes...

-Chicos -Aldebarán se unió a Shaka y Angello- ustedes llegaron de último por una gran causa -el brasileño miró a Mu y el lemuriano le devolvió una sonrisa- estamos con ustedes; si los castigan... tienen que castigarnos a todos...

Los doce chicos asintieron sonriendo -si es así... adelante muchachos...-Saga llenó sus pulmones de aire y empujó las puertas del Coliseo.


Gritos de júbilo y vítores recibieron a los muchachos dentro de la antigua estructura de piedra. El lugar estaba abarrotado; desde los aldeanos, hasta los caballeros de plata, todos aplaudían recibiendolos como héroes de leyenda.

-¡Que vivan los héroes!

Los doce muchachos entraron con la boca abierta, completamente sorprendidos de tan grato homenaje. Un grupo de niñas les lanzaban flores variadas, mientras algunas mujeres se acercaron con coronas de laurel, para colocarlas sobre las cabezas de los jóvenes guerreros.

-Yo traje al rubio y al malencarado -presumió Priapo desde la galería.

El ruido generado por la algarabía general, no fue obstáculo para que algunos perspicaces notaran la forma en que Shura le guiñó un ojo a la amazona de Camaleón, o el sonrojo de Seika cuando Aioros se le acercó al oído para decirle algunas palabras y el beso que Geist le lanzó a DeathMask desde la gradería. Algunos plateados no pudieron evitar una risilla, al mirar a la gran Shaina de Ofiuco colocar torpemente la corona de laurel al caballero de Piscis, quien no borraba una risita descarada en su rostro de ángel.

Mientras tanto en el balcón principal, Sahori ocupaba la silla Patriarcal, escoltada por Dhoko y Shion de pie, uno a cada lado del trono y a la derecha de la diosa, Hilda de Asgard, ocupaba otra silla, detrás de la cual, Siegfried se mantenía firme, incómodo por tener a Biralo acuchillado a sus pies. Una vez los héroes fueron coronados, la diosa se puso de pie arrancando más vítores de todos los presentes.

-Bienvenidos sean… guerreros atenienses, guardia real... querido pueblo de Rodorio –saludó la muchacha con alegría genuina- tenemos una victoria… una victoria importante contra quienes quisieron gobernar al mundo de forma totalitaria... usando para ello fuerzas muy antiguas que tienen miles de años en encierro –Shion sonrió orgulloso por la madurez que demostraba la niña al hablar- de ahora en adelante, las cosas serán diferentes… la humanidad sabe quiénes somos y qué hacemos… por eso, debemos hacer valer nuestro lugar como sus protectores… en cuanto a ustedes mis queridos muchachos –se dirigió ella a los doce, quienes de inmediato se postraron con una rodilla en el suelo- les dedicamos este homenaje- los aplausos de los presentes arreciaron abundantes –para pedirles… con todo el corazón... que vuelvan...

-Princesa... mi diosa -Sahori se quedó con sus palabras en la boca y Saga se puso de pie, los demás lo dejaron hacer -en los días oscuros... fui yo quien atentó contra su vida y puse a mis hermanos menores en contra de los principios de la Orden...

-Saga...

-Déjame terminar padre -Shion frunció el ceño con tristeza- sé que fue el poder de Ares el que gobernó mis acciones... sin embargo... no tuve la suficiente fortaleza de espíritu para reprimir al dios de la Guerra o sacrificar mi cuerpo para evitar que hiciera más daño -los murmullos no se hicieron esperar en las graderías- es por eso... que enfrente de todos ustedes y sobre todo de mis hermanos... a quienes arrastré conmigo... le suplico... me perdone por mis faltas y los acepte... como Caballeros Dorados...

Sahori sonrió condescendiente -de hecho... te iba a pedir a ti y a tus compañeros que vuelvan al Santuario... que vuelvan a ser la Orden Dorada –los doce chicos se miraron con sorpresa y Shion cerró los ojos y suspiró complacido- ustedes han demostrado que son los mejores... y no quiero perderlos... a ninguno... especialmente a ti... mi querido Saga...

-Atena...

De repente, en cuanto la diosa pronunció sus palabras, las efigies de las armaduras doradas que estaban en el Templo Principal comenzaron a tintinear. Los presentes miraban a todas partes buscando la causa de aquel hermoso sonido y guardaron silencio, cuando los cuerpos de los muchachos que estaban en el centro de la plaza, se rodearon de un enceguecedor brillo dorado.

Trece rayos dorados cruzaron el cielo en busca de aquellos que tenían el poder suficiente para ser dignos de ellos. Las armaduras vistieron a Dhoko y los muchachos que estaban en la arena y la algarabía fue total.

Después de unos minutos de expectativa, el resplandor cesó lo suficiente para que quienes estaban en la gradería disfrutaran de las imponentes figuras de los guerreros de más alto rango en el Santuario.

-Papá -gritó un chiquillo desde su asiento- mira... hay dos caballeros de Géminis

Y el niño tenía razón, Kanon miró asombrado a su hermano y luego a él mismo, ambos con armaduras idénticas, solamente que con la distribución de los dos tonos de dorado invertidos -padre... -pronunció apenas y miró hacia el palco, donde Shion sonreía sin ocultar el orgullo que aquel acontecimiento le causaba -¿fuiste tú?- el lemuriano negó desde su lugar.

-Siéntete dichoso hijo mío… por primera vez en la historia de la Orden, las dos estrellas de Géminis son dignas del ropaje dorado -escuchó el gemelo menor la voz de su padre en su cabeza- lo que ha sucedido… es la voluntad de la armadura y de la diosa…

-Kanon -corrió Mu a abrazar a su hermano- te ves muy bien- Kanon asintió con una sonrisa y todos los demás lo rodearon para felicitarlo.

-Bienvenido a casa, hermano- Saga se le acercó sonriendo y le propinó dos palmadas en el hombro.

-Pero la cama grande es mía...

-Si mal no recuerdas no tenemos ni templo, ni cama Kanon

En la arena, la Orden Dorada sonreía como agradecimiento por la bendición recibida y desde la gradería, desde donde la gente continuaba lanzando pétalos de flores, las frases de victoria no se dejaron de escuchar:

-¡Salven Atena y su Orden Dorada!

-¡Mil años a los héroes sagrados!

-¡Niké está con ellos y no serán vencidos!

-Jamás serán vencidos -pronunció Shion cuando los doce jóvenes en la arena unieron sus manos para levantar los brazos en señal de triunfo. Al volverse hacia Atena, ella afirmó con una sonrisa, confirmando la veracidad de sus pensamientos.


FIN


Bueno... he aquí el final de esta locura. En los próximos días publicaré un epílogo para hacer el cierre que me parece adecuado. No sé ustedes, pero a mi me quedan muchos cabos sueltos ;)

Cada fic es una aventura personal y agradezco en mi corazón, que con éste en especial, pude conocer mucha gente que se comunicaba conmigo a través de comentarios y mensajes privados. Sentir que una historia genera tanta expectativa e interés de parte de los lectores, es la mejor recompensa que un ficker obtiene al escribir.

Recibí comentarios muy positivos y es sorprendente cómo algunos se tomaron el tiempo para analizar realmente la historia... wow, eso si me dejaba con la boca abierta.

Gracias, gracias de todo corazón a itatechi (yo soy de Cartago, específicamente de San Ramón de Tres Ríos, gracias por leer compatriota), Amaranth9, Jabed, KarliCm (esa es una de las interrogantes que se quedan por allí sin resolver por ahora), Mary Yuet, Mariana Elías, 503, Ariscereth (espero haber contestado las interrogantes con este capítulo :) ), beauty (pues si, está a punto de terminarse, en el epílogo abordaré un poco más de eso que te interesa, un saludito), Artemiss90, Kaito, Pyxis and Linx, Melissia y Princess Virgo. Gracias, gracias a todos por seguir allí pendientes, un abrazo de verdad