Perro Guardián
Resumen: Sirius no es el perro guardián de Draco, ¿o sí?
Yey, el segundo a la bolsa.
POV de Sirius (en tercera persona)
Desde que Draco había llegado a casa no ha dicho nada, y en ese momento tampoco parecía que iba a hacerlo, sentado y quieto como estaba ante Sirius. El animago no sabía lo que estaba pensando acerca del moretón que tenía alrededor del ojo izquierdo, pero la insistencia de su mirada le hacía desear gruñirle que dejara de observarle como si se tratara de un condenado insecto disecado.
Ni siquiera le había preguntado cómo se había golpeado, simplemente se había limitado a alcanzarle el pedazo de carne cruda que ahora cubría la mitad de su rostro (pues no tenían ingredientes para ninguna pomada curativa), farfullando acerca de los siete galeones desperdiciados y echados en la basura. Mentalmente, Sirius le agradecía su silencio, dado que no deseaba hablar.
¿Cómo iba a decirle que se lo había hecho transformado en perro, tratando de asustar a un sujeto que había dicho que todos los Malfoy deberían estar a la merced de los recientemente restituidos Dementores? No había pretendido lastimarlo seriamente, sólo vengarse un poco por meter a Draco en un saco que no le correspondía. Era cierto que el chico se había equivocado en el pasado, pero ese imbécil no había tenido derecho de ponerlo al mismo nivel de Lucius, quien es un adulto consciente de sus actos y no un muchacho con demasiada carga sobre sus hombres.
Ese tipo no había visto las cicatrices que Greyback había dejado en el cuerpo de Draco, maldecidas por el mismo hombre lobo para que fueran permanentes; no sabía de los meses que habían pasado antes de que le fuera permitido verlos.
El problema había sido cuando la hermana (suponía que lo era, pues era igual de desagradable a la vista que el otro) se había puesto histérica sólo con verlo y, sin apenas permitir que se acercara, le había golpeado en plena cara con un bolso que sintió relleno de piedras. Siendo positivo, debía apreciar el que no le hubiera roto el hocico.
Apartó el pedazo de carne de su rostro, sintiendo la zona izquierda un tanto entumecida por el frío al que había sido sometido, y a la vez adolorida cuando movió el parpado inconscientemente.
—¿Qué tan mal está?—inquirió en dirección al impasible rubio.
—La hinchazón bajó—informó Draco, todavía observándolo calculadoramente—, pero aún parece maquillaje para la Noche de Brujas.
—Gracias por la honestidad.—gruñó Sirius volviéndose a colocar su calmante.
Desde que su relación había empezado a llamarse como tal, hace apenas unas semanas, a pesar de que llevaban acostándose poco tiempo después de que Draco reclamara su herencia sobre la casa Black, a Sirius no dejaba de generarle dudas el comportamiento del Malfoy, lo cual no terminaba de calificar como algo bueno o malo.
Por otra parte, quizá no era nada sorprendente para Draco enterarse de que él había participado en una pelea, aunque no dejaba de ser desconcertante la total falta de curiosidad.
Si tan sólo pudiera dejar de observarlo de ese modo, resultaba irritante. Iba a espetarle que qué tenía de interesante verlo en esa situación, pero Draco se le adelantó, hablando seriamente:
—No era necesario que me defendieras.
De no ser porque estaba seguro de que le iba a doler, Sirius hubiera prolongado su gruñido fastidiado. Ahora lo entendía.
—¿Quién fue el chismoso que abrió el pico?—preguntó, pensando que en cuanto lo viera, le daría un golpe.
—Tu jefe me lo dijo.—contestó Draco, manteniendo su dejo imperturbable.
Al decir "tu jefe", Sirius sabía que se refería a George Weasley, ya que después de la guerra él había sido el único que le había ofrecido empleo. Estaba pensando en que debió darse cuenta de que el pelirrojo lo seguía tras dejar la tienda en persecución de aquél sujeto, cuando la repentina carcajada de Draco lo sacó de sus pensamientos.
—¿Una viejita con un bolso?—se rió el rubio, ante un animago sorprendido—. ¿No pudiste contra una viejita con un bolso? Por Merlín, Black, eres el peor perro guardián de la historia.
Y se siguió riendo de su desgracia, provocando que la indignación se encendiera en Sirius.
—¡Bien! ¡En ese caso me contentaré con maldecirlos en cuanto me den la espalda!—vociferó impulsivamente, tan furioso que no le importó el dolor en su cara.
La sonrisa burlona de Draco se desvaneció, en el mismo instante en que Sirius caía en cuenta de lo que acababa de decir. ¿Había insinuado que lo protegería, que le importaba lo que dijeran de él? Ninguno dijo nada que lo advirtiera, sólo mirándose confusos hasta que Sirius desvió la mirada.
—Lamento que se desperdicie la carne.—comentó de forma inexpresiva, rompiendo el ambiente tenso.
—No importa.—respondió Draco de igual manera, y nuevamente expresó una nota de humor al agregar—. De todos modos, era tu cena.
—Ah…
"Maldito rubio"
Se aceptan opiniones, consejos, críticas y maldiciones imperdonables. Gracias por leer.
Ahora se preguntarán, ¿qué rayos tiene que ver esto con la consagración? Bien, buscando en el diccionario caí en cuenta de que la virtud que me tocaba es la dedicación a una tarea o un asunto, como lo puedo ser cuidar de la dignidad de la pareja; de ahí pueden sacar la relación.
Virtudes faltantes: Caridad, Paciencia, Concentración, Desinterés, Pureza.
