En cuanto lo tuve entre mis brazos supe que todo el dolor que había pasado había merecido la pena. Sin duda, la imagen de Patch y Harrison juntos encabezan mi lista de momentos bonitos. Más tarde llegaron mi madre, Vee y Scott que no se ponían de acuerdo cuando les preguntamos a quién se parecía. Mi madre obviamente decía que se parecía a mí, Vee por otro lado decía que era clavado a Patch y Scott opinaba que no se parecía a ninguno de los dos. Desde mi punto de vista creo que en lo único que se parecía a mí era en el color de los ojos, en los otros rasgos tenía más parecido con Patch.
Estaba en mitad de un sueño cuando oí el llanto de Harrison. Miré el pequeño reloj que se encontraba en la mesita de noche y deduje que aún no había amanecido. El día anterior no había estado quieta en todo el día y me moría de sueño así que opté por llamar la atención de Patch.
- Patch.- lo llamé en un susurro mientras movía su hombro suavemente.
- ¿Mmmm?- contestó en un murmuro.
- Ve a ver qué le pasa a Harrison. No sé qué tiene hoy pero no para de llorar y yo fui la última vez, te toca.
- Shhhh.- el llanto parecía haber cesado.- ya se ha…- volvió a empezar con más fuerza.
- Déjalo ya voy yo.
Llegué a su cuna y lo cogí en brazos. Me miró con sus ojitos y pensé que me iba a derretir de tanta ternura que desprendía. No parecía que se fuera a dormir de nuevo así que bajé con él a la cocina y me tomé un vaso de agua. Después de un rato acunándolo entre mis brazos estaba más relajado e intenté ponerlo de nuevo en su cuna, pero cuando lo dejé empezó a llorar otra vez. Finalmente, luego de dos intentos más, conseguí que se quedara dormido.
Oí una voz que me parecía de lo más lejana, pero poco a poco mientras me iba despertando supe que era Patch hablándole al pequeño. Me levanté de la cama y me acerqué hasta ellos dándoles un beso a cada uno.
- Buenos días, Ángel.- me dijo y luego me miró con atención.- no tienes muy buena cara.
- ¿Por qué será? Ah, sí. Ayer cuando alguien estaba descansando plácidamente yo estaba intentado que este bichito de aquí- toqué la nariz de Harrison- se durmiera de nuevo.
Vi que Patch abría la boca para decir algo pero se lo pensó mejor y se limitó a sonreír.
- Me voy a comprar, no tardo.- le dije a Patch mientras colocaba a nuestro pequeño en sus brazos.
- Vale, no te preocupes por nosotros, estaremos bien.- me respondió antes de darme un beso. La verdad es que era la primera vez que se quedaba en casa a solas con el pequeño. Bueno, en realidad la segunda pero la primera vez cuando me fui Harrison estaba dormido en nuestra cama y cuando llegué estaba igual, solo que Patch estaba de la misma forma a su lado.
Subí al coche y me dirigí al supermercado más cercano. Estaba saliendo del coche cuando recibí una llamada, miré y vi que era de Patch.
- ¿Patch? ¿Qué ha pasado?
- Nada… Bueno, creo que Harrison tiene hambre y no encuentro la leche en polvo.
- Eres un desastre. Antes de irme te dije que estaba en el primer cajón del estante que hay debajo de la encimera.
- Oh, es verdad. Bueno te dejo que se está enfadando, te quiero.- me dijo tan rápido que casi no lo entendí, colgué y me reí divertida al imaginarme la situación.
Compré todo lo necesario y volví a casa. Cuando pasé la puerta de entrada me di cuenta que Vee estaba sentada en el sofá con Harrison en su regazo.
- ¡Hola! No te esperaba aquí. ¿Qué pasa? ¿El niño no paraba de llorar y Patch te ha llamado en busca de ayuda?- le pregunté.
- Mírala, por fin llegas. ¿Eh? No. ¿Por qué dices eso? He venido porque ya echaba de menos a este pequeño que por cierto cada día está más grande.
- Lo decía porque me he ido y no llevaba más de cinco minutos fuera que me ya ha llamado diciendo que no encontraba algo. Por cierto, ¿dónde está?
- En el jardín, jugando con Scott.- iba a decir algo cuando Harrison balbuceó algo ininteligible.- ¿Mamá no te dice nada?- dijo Vee dirigiéndose al pequeño pero mirándome a mí. Me acerqué a ellos y lo cogí con cuidado, su cara pareció cambiar a mejor.
Después de un rato hablando con ella de Harrison y de las cosas nuevas que poco a poco iba aprendiendo entraron los dos chicos que se sorprendieron al ver que ya había llegado. De pronto el llanto del pequeño de la casa nos avisó de que volvía a tener hambre y Scott se ofreció para ayudarme a preparar el biberón, una vez hecho quiso dárselo él mismo y su madre lo ayudó a hacerlo. Los dos pequeños se quedaron dormidos y nosotros seguimos hablando. Vee nos contó que la semana viniente vendría Gavin y se quedaría unas semanas ya que le habían dado vacaciones en el trabajo y sobretodo nos pidió que no se lo dijéramos a Scott porque quería que fuera una sorpresa. El resto de la tarde fue simplemente genial.
