Ya habían pasado tres semanas desde que Gavin se fue sin dar explicación alguna. Solamente se había molestado en dejar una nota pegada en la nevera donde explicaba que esto era demasiado para él, le reprochaba a Vee que pasara demasiado tiempo con sus amigos y argumentaba que él echaba de menos su vida en Inglaterra.

Cuando ella llegó alterada a nuestra casa para explicarnos lo sucedido, mencionó que recientemente habían tenido varias peleas, aunque ella nunca creyó que fuera capaz de marcharse de esa forma. Le preguntamos qué tenía pensado hacer, si iría tras él o si por lo menos intentaría establecer contacto, pero estaba demasiado dolida para hacerlo. Lo único que le preocupaba era Scott, que crecería sin padre, aunque últimamente podría decirse que ya era así debido a que Gavin sólo se concentraba en el trabajo y nunca tenía tiempo para él.

Esa mañana decidimos pasar por su casa, como hacíamos habitualmente desde el incidente, para pasar un rato con ella e intentar que no se sintiera tan sola. Los pequeños estaban distraídos jugando mientras nosotros hablábamos de los abuelos paternos de Scott. Nos comentó que sólo había visto a sus suegros dos veces, la primera vez en la boda y más tarde cuando nació el pequeño porque Gavin no mantenía una buena relación con sus padres.

- Nora, ¿cómo se llamaba tu papá?- preguntó de repente Scott que sin que nos diéramos cuenta había estado escuchando fragmentos de la conversación. Él ya sabía que mi padre no estaba aquí, pero nunca le habíamos contado las razones ni lo que había pasado realmente por su corta edad.

- Harrison.- contesté sin dudarlo.

- ¿Y también se fue a un viaje muy largo cómo el mío?- preguntó inocente. Supuse que Vee le había dicho una mentira piadosa para explicarle la ausencia de su progenitor. Nos quedamos todos en silencio sin saber qué contestar, pero él se olvidó rápido del tema al descubrir otra cosa.- ¡Ah! Pues se llama como su abuelo.- comentó refiriéndose a nuestro pequeño.- Mamá, ¿por qué yo me llamo así?- aún me asombraba la capacidad de los niños para llegar a esas conclusiones o preguntar cosas constantemente. Temía el día en que fuera nuestro propio hijo el que nos hiciera preguntas como esa y nosotros no supiéramos como responderlas.

- Porqué…- hizo una pausa buscando las palabras adecuadas- Un chico que conocimos Nora y yo se llamaba así.

- ¿Era guapo?- preguntó sin conformarse con la corta explicación que le habían dado.

- Sí, aunque tú lo eres más. ¿Pero sabes qué era sobretodo? Valiente. Muy valiente. Pensé que tú también lo serías, por eso te pusimos este nombre.

- Yo también soy muy valiente, mirad mi brazo.- dijo mientras alzaba su brazito e intentaba demostrar que los tenía grandes y fuertes. Todos sonreímos, pero a pesar de demostrar que todo iba bien con esa sonrisa, en los ojos de Vee no se veía reflejada la alegría. La conocía tan bien que supuse que estaría pensando en qué habría pasado si Scott siguiera vivo. Seguramente las cosas serían muy diferentes y ella y yo no hubiéramos estado siete años viviendo en diferentes continentes, y lo que es más importante, estoy segura de que él la habría hecho más feliz que el que aún era su marido. En pensar en eso me percaté que todavía no habíamos hablado de su divorcio, pero sabía que ese no era el mejor momento, por lo que intenté buscar algo que la animara. ¿Y qué mejor para animar a Vee que la comida?

- ¿Vamos a comer? Empiezo a tener hambre. ¿Qué os parece si vamos a comer una de esas pizzas que tanto te gustan?- casi por acto reflejo Harrison puso toda su atención en mí al oír hablar de comida. Si no lo hubiera llevado nueve meses en mi barriga juraría que era un hijo perdido de Vee.

- En teoría estoy a dieta, pero si acompaño la pizza con un batido de fresa ya me habré tomado mis tres frutas rojas del día. Sólo me faltaran las dos azules y alguna que otra verde.- por más increíble que pareciera seguía siguiendo la misma dieta que hacía cuando estábamos en el instituto, aunque sabiendo como la aplicaba, no se le podía llamar dieta.

Mientras comíamos Scott nos contó que en su clase había una chica a la que el otro día le había regalado una florecita amarilla que cogió en el patio del colegio y que ella le correspondió dándole un beso en la mejilla. Todos lo miramos con ternura y él con la inocencia que tiene un niño de seis años le pidió consejo a Patch para poder pedirle a la niña si quería ser su novia. Todos reprimimos una risa al recordar como nosotros a esa edad también queríamos imitar comportamientos que veíamos hacer a los adultos.

Después de comer nos dirigimos todos a nuestra casa para pasar la tarde disfrutando del sol en nuestro jardín.

- eeta.- dijo Harrison alargando la mano hacia la galleta que sostenía su padre. Poco a poco iba aumentando el vocabulario y hacía que nos quedáramos embobados mirándolo. De repente oímos como llamaban al timbre de la casa y Patch se ofreció para ir a abrir. Regresó acompañado de un chico que calculé que tendría unos veinte y pocos años y a decir verdad no estaba nada mal. Se presentó y tras nuestra petición, es decir de Vee y mía, conseguimos que se quedara un poco más. Resultó que acababa de mudarse al vecindario y quería conocer un poco a la gente. Vi como se sorprendía al ver que Patch y yo éramos tan jóvenes y ya teníamos un hijo, pero no comentó nada al respecto. Más extraño le iba a parecer ver como pasaban los años y nosotros no envejecíamos.

- Cerrad ya la boca, que os entraran moscas.- dijo Patch en cuanto el chico que se llamaba Dylan se había ido.

- Nunca tendría posibilidades con él, ¿no has visto como miraba a Vee?- dije para enojarlo un poco más.- pero tranquilo que aún que las tuviera tampoco querría, deberías saberlo ya.

- Madre mía, yo también quiero vecinos así.- opinó ella.

Y con eso quedó clara nuestra nueva misión: conocer más cosas sobre ese chico y si creíamos que estaba a su altura intentar que "accidentalmente" se volvieran a encontrar.

Porqué, según el refrán, ¿un clavo saca a otro clavo verdad?