Llegué a casa después de pasar un aburrido lunes soportando el mal humor de mis profesores y sus odiosas clases. Estuve a nada de gritar para informar que ya había llegado, pero me percaté de que mi hermana y Tyler estaban dormidos en el sofá con la televisión encendida. Recordé que Alice me había contando que irían de excursión, seguramente estarían agotados y se habían dormido mientras miraban alguna película.
Tyler era el hermanastro de Scott y sólo se llevaba doce días con mi hermana. Desde pequeños él y Alice habían pasado un montón de horas juntos y aún seguían haciéndolo. Al final Vee y mi madre habían logrado cumplir el deseo que tenían desde la infancia y se quedaron embarazadas casi al mismo tiempo. Por suerte, Vee había logrado rehacer su vida amorosa y se había casado con un hombre que sí la traba como ella merecía. Años atrás, cuando pasó todo lo de Gavin, el juez le había concedido la custodia total de Scott sin muchos problemas, pero posteriormente había tenido que pedir una orden de alejamiento, porque a Gavin no le había sentado nada bien perder el juicio y había intentado llevarse a Scott a la fuerza más de una vez.
Me dirigí a la cocina para saludar a mi madre, pero no había nadie allí. Supuse que estaría en el piso de arriba, pero antes de salir avisté una nota que se encontraba pegada en el frigorífico.
"Vee y yo tenemos que salir un momento y nos llevamos a Sarah con nosotras. Nos ha dado pena despertarlos, pero tranquilo, no creo que tardemos mucho. Si despiertan hazles la merienda por favor.
Mamá."
Genial. No tenía suficiente con tener un examen mañana que encima tendría que hacer de niñero.
Subí sigilosamente las escaleras para no despertarlos y entré en mi habitación. Me puse a estudiar, pero hasta las moscas parecían más interesantes que mi libro. Intenté resumir el tema, pero enseguida me cansé y descubrí que hacer dibujitos en el margen del papel era más entretenido. Cuando estaba terminando de dibujar alguna cosa sin sentido, mi móvil vibró alertándome de que había recibido un mensaje nuevo. Lo desbloqueé y sonreí al ver quien me había escrito.
Leah:
"Creo que me voy a tirar por la ventana. No entiendo nada y si vuelvo a suspender mis padres me matan."
Leah era mi mejor amiga desde que tengo uso de razón. Nuestro primer encuentro no fue muy agradable, mi madre la invitó a nuestra casa porque era nueva en el vecindario e insistía en que debía llevarme bien con ella porque aún no tenía amigos, pero cuando vi que tocaba mi moto de juguete, por puro impulso, le tiré el jugo que me estaba bebiendo encima. Por suerte mía en esa época ella no tenía el mismo carácter que tiene ahora, porque en ese caso no hubiera salido vivo de allí. Cuando ella era una niña era la persona más tímida que podía haber sobre la tierra, pero ahora ya no mantenía ningún parecido con la persona que había sido durante su infancia. Últimamente, aunque ella no lo quisiera admitir, manteníamos una relación más "especial" de la que mantienen los que son simples amigos.
Harrison:
"Vente. Estoy sólo en casa ;)"
Leah:
"A veces me das miedo".
Harrison:
"Es mentira. Está mi hermana y su amigo abajo, pero duermen. Te lo digo enserio, vente. Estoy muy aburrido"
Leah:
"Que sepas que voy a venir porque no puedo permitirme sacar malas notas otra vez, tampoco te emociones."
Harrison:
"Aquí te espero."
Llevábamos una media hora estudiando, pero Leah seguía sin entender la mitad del temario.
-A ver si sabes ésta. ¿Qué función tienen los glóbulos rojos?- le pregunté pensando que la sabría responder.
En realidad yo sacaba buenas notas en los exámenes, el único problema era que muchas veces me aburría en clase y me ponía a molestar, por lo que me echaban y solía acabar en detención. Otro problema era que me daba demasiada pereza hacer los deberes y no tenía costumbre de hacerlos, pero ahí mis poderes mentales jugaban a mi favor y me permitían engañar las mentes de los profesores para aprobar sin problemas.
Vi como se quedaba pensativa con cara de no tener ni idea y resoplé.
Primeramente pensé que ya lo había intentado todo y a no ser que por arte de magia se levantara sabiéndolo todo, iba a suspender. Pero de repente pensé que si suspendía sus padres la castigarían y por lo tanto no la vería más que en la escuela. Reflexioné y llegué a la conclusión que eso no podía pasar ya que ahora que por fin parecía que tenía la oportunidad de que fuéramos algo más que amigos no podía arriesgarme a que le quitaran el móvil o que la castigaran durante un largo tiempo.
- No sé si esto que haré será una locura, pero primero tienes que prometerme algo.
- Cada día que pasa me das más miedo. – me miraba seria pero en su mirada se veía una pizca de confusión.
- Primero prométeme que no te enfadarás. – le pedí.
- Pero…
- Sólo prométemelo.- la interrumpí más bruscamente de lo que pretendía.
- Vale… pues lo prometo.- contestó ella un poco desconcertada.
- También tienes que prometerme que no se lo contarás a nadie y sobretodo que no me tomarás por loco, ni te irás corriendo, ni nada por el estilo hasta que haya terminado de contarte, por favor.
Leah asintió y tomé una bocanada de aire.
Decidí que ya era el momento de que supiera sobre mis peculiares capacidades y sobretodo lo hice porque no me gustaba tener secretos con ella, ya que hasta donde yo sabía ella siempre me lo contaba todo. Tenía una gran confianza en Leah así que decidí contarle de una vez por todas sobre mis poderes mentales.
Primero me miró seriamente pero en seguida esbozó una pequeña sonrisa.
-Me habías asustado. Pensé que me ibas a contar algo serio.
Supe que no me había creído y lo entendí porque si yo estuviera en su situación seguro que me tomaría por loco. Tenía que hacer que me creyera así que mi último recurso era demostrárselo.
"No miento" le dije mentalmente.
Empalideció al instante y me di cuenta de que necesitaría tiempo para digerirlo. Se levantó muy lentamente y mientras se dirigía a la puerta de la habitación prometió llamarme esa misma noche.
Dejé de intentar estudiar al darme cuenta de que mi mente sólo estaba pensando en ella. Por otro lado también me preguntaba si no habría metido la pata contándoselo de esa forma. Seguía regañándome a mí mismo cuando oí a alguien gritar desde el salón.
- ¡Harrison! – bajé rápidamente las escaleras pensando que le habría pasado algo, pero ese no fue el caso.
- ¡No grites! – protestó Tyler que se frotaba los ojos somnoliento.
- Me muero de hambre.- contestó ella mordiéndose las uñas- ¿nos preparas la merienda? Yo quiero pan con Nutella.- pidió poniendo cara de niña buena.
Decidí divertirme un rato para distraer a mi mente y para eso molestar a Alice parecía ser la mejor medicina. Me acerqué a ella que estaba de pie encima del sofá y le susurré:
- No queda. Me la terminé esta mañana.- no tuve tiempo a reaccionar que ya la tenía en mi espalda golpeándome los hombros.
- ¡Te odio, te odio, te odio!- repetía mientras no paraba de golpear y patear en el aire.
De un momento a otro se bajó de mi espalda y con la ayuda de Tyler empezaron a tirarme todas las cosas blandas que encontraban a su alcance mientras me perseguían por todo el salón. Nuestras carcajadas se pararon en seco cuando oímos como se abría la puerta principal y vimos que por ella entraba la madre de Tyler, la nuestra y Sarah.
Vee y mi madre abrieron los ojos exageradamente, mientras que la pequeña aplaudía con sus pequeñas manos y se removía en los brazos de quien la sostenía para poder unirse a la "fiesta".
- Hola mamá- dijimos Tyler, Alice y yo al unísono poniendo la cara más angelical que pudimos.
